Historias de NewBabel: La Crónica de la Espada.
Y si, volver solo para esto... Bueno, al Cesar lo que es del Cesar, si vuelvo es solo para meter mierda.
Primero, un Aviso.
Primero, un Aviso.
Esta historia no es original, mía. Esta es una de tantas partidas de Rol de Mesa que desgraciadamente no masteree, pero si tuve la fortuna jugar. Les aviso que no voy a dar datos de PJ más allá del trasfondo en las fichas así que solo poetizo aquello que paso. Esta historia es muy bizarra. Muy bizarra. Piensen que tenemos una prostituta que puede controlar mercurio (No aparece aquí pero existe).
Mogart
Mogart era el heredero del reino Pharrael, un imperio caracterizado por su poderío militar y la naturaleza brutal de sus habitantes. Sin embargo, su futuro fue truncado cuando un grupo de desconocidos masacró a toda su gente en una sola noche. Sus últimos recuerdos de dicho incidente incluyen a un hombre con múltiples rayos comprendiendo una danza por sobre su cuerpo. Despertó hace relativamente poco en NewBabel con una garra metálica en donde solía estar su mano derecha. No se sorprendió mucho cuando descubrió que alguien le hablaba desde allí.
Mide 2.20 metros y su cuerpo parece esculpido por los mismísimos dioses. Un hermoso cabello negro junto con un ocre par de ojos negros.
Mide 2.20 metros y su cuerpo parece esculpido por los mismísimos dioses. Un hermoso cabello negro junto con un ocre par de ojos negros.
NewBabel
Luego de mucho tiempo, la tierra se abre a razas alienígenas y a todas las formas de magia imaginables. En New Babel, donde nada es lo que parece y tres dimensiones son pocas, todo lo extraño y poderoso de este cosmos se congrega caóticamente en un sólo lugar, dividido en 6 niveles según la altura de Babilonia:
→ Nivel 1: los verdaderos atraviezacielos, allí se encuentran los dominadores mundiales de fortuna inalcanzable, semidioses y poderosos embajadores extra humanos.
→ Nivel 2: Los adinerados, poderosos comerciantes pioneros en la tecnología extraterrestre, antiguas familias nobles de magos y familias de empresas tecnológicas.
→ Nivel 3: Los profesionales, la clase media, administradores políticos, profesores… En definitiva, la base “normal” donde se estructura el resto de la ciudad..
→ Nivel 4: hogar de los negocios turbios, prostíbulos, drogas y organizaciones criminales/bélicas, los barrios bajos influenciados por la tecnomagia.
Este nivel está dividido en 13 distritos, cada uno administrado territorialmente por un clan mafioso.
La organización Salamandra, principal distribuidora de la droga furor (capaz de aumentar las particularidades, positivas y negativas, de su consumidor al punto de darle habilidades superhumanas) extiende sus misteriosas redes por todo el nivel 4, su jefe Mefisto es conocido por ser muy poderoso.
→ Nivel 5: Aquí lo oculto bajo colosales capas de historia se reúne. Poderosos cultos de magia antigua, panteones de dioses olvidados, razas alienígenas que hace tiempo pisaron la tierra, la tertulia donde se reúne lo más extraño dentro de lo desconocido.
→ Nivel 6: ???
→ Nivel 1: los verdaderos atraviezacielos, allí se encuentran los dominadores mundiales de fortuna inalcanzable, semidioses y poderosos embajadores extra humanos.
→ Nivel 2: Los adinerados, poderosos comerciantes pioneros en la tecnología extraterrestre, antiguas familias nobles de magos y familias de empresas tecnológicas.
→ Nivel 3: Los profesionales, la clase media, administradores políticos, profesores… En definitiva, la base “normal” donde se estructura el resto de la ciudad..
→ Nivel 4: hogar de los negocios turbios, prostíbulos, drogas y organizaciones criminales/bélicas, los barrios bajos influenciados por la tecnomagia.
Este nivel está dividido en 13 distritos, cada uno administrado territorialmente por un clan mafioso.
La organización Salamandra, principal distribuidora de la droga furor (capaz de aumentar las particularidades, positivas y negativas, de su consumidor al punto de darle habilidades superhumanas) extiende sus misteriosas redes por todo el nivel 4, su jefe Mefisto es conocido por ser muy poderoso.
→ Nivel 5: Aquí lo oculto bajo colosales capas de historia se reúne. Poderosos cultos de magia antigua, panteones de dioses olvidados, razas alienígenas que hace tiempo pisaron la tierra, la tertulia donde se reúne lo más extraño dentro de lo desconocido.
→ Nivel 6: ???
Había tres candidatas en lo que a actividades favoritas se refería cuando hablabas con Mogart.
Matar era, por lo general, lo que primero le vendría a la cabeza a cualquiera. Es bastante sabido por cualquiera que lo conozca que liberar a las pobres almas de la prisión del cuerpo es el oficio de este personaje y bueno… uno debe de disfrutar de su trabajo.
En segundo lugar, destacaba la venganza. Mogart era un firme defensor de las antiguas costumbres ligadas a la frase “Ojo por ojo, Diente por diente”. Mogart por lo general buscaba sólo la compensación con un grupo específico de personas, pero no estaba molesto en incluir en su lista a cualquier idiota que se atreviera a incordiarle la existencia.
El robo era difícil de llevar a cabo puesto que, por lo general, Mogart era reticente a despojar de sus pertenecías a un cualquiera. Claro está, si podía demostrar que el poseedor de dichos bienes era un maldito o simplemente le caía mal, nuestro buen amigo estaría más que contento en dar un buen ejemplo de karma. Además, no es como si un cadáver fuera a necesitar lo que de todos modos perdería en la morgue. Él solo se llevaba lo que otros tomarían a posteriori.
Estas actividades son indispensables para la permanecía de un Mogart saludable y feliz. Por eso, no es de extrañar que este estuviera tan molesto aquella noche en la cual el destino, no contento con el resto de problemas en NewBabel, decidió enviar a nuestro compañero a una central mafiosa donde: todos estaban muertos, no había ninguna cara conocida y ningún robo se estaba planeando o llevando a cabo.
Más en concreto, nuestro Mogart se hallaba en el 4to piso de NewBabel, en la ex-sede de Oryamunra, junto a varias pilas de cadáveres de desconocida procedencia. La sangre de aquellos que aparentemente hace ya un tiempo habían abandonado este mundo, aún fluía por las paredes y el suelo, dándole a todo el edificio una peculiar sensación, solo igualada por la del mismísimo Infierno. Dicha sensación, se veía increíblemente agravada por el estado de algunos cuerpos. No faltaban los empalamientos, decapitaciones o crucifixiones. Algunos habían sido machacados hasta el punto en que sus huesos debían ser nada menos que un fino polvo pues su grosor era mínimo. Otros se encontraban carbonizados casi por completo y el humo aún salía de ellos. Incluso se podían ver como un par habían sido despellejados en su totalidad y por las muecas que poseían, el proceso debió de ser en extremo doloroso.
El silencio era casi total. Bueno, no exactamente. El casi hacía referencia a los débil gemidos de uno de los cuerpos crucificados. Alguien debía de seguir vivo. Bueno- pensó Mogart- a lo mejor aún puedo terminar un trabajo.
Se acercó al cuerpo y con su única mano levantó la cabeza del futuro cadáver, lo suficiente para mirarle a los ojos. El hombre involuntariamente escupe un poco de sangre y balbucea sin sentido…- Fue… Fue…
Como si de un mal chiste se tratase, su corazón dejó de latir, y sus últimos rastros de vida desaparecieron. Mogart tiro el cadáver al suelo y siguió registrando aquel lugar, esperando que la lógica estuviera de su lado. Por suerte, no tardó mucho en encontrar lo que buscaba en un principio. Algo que en un pasado había sido una flamante armería se veía ahora en sus últimas y lo que quedaba en pie apenas se podía utilizar, ni mucho menos vender. Sin embargo una pequeña esquina parecía no haber recibido daños. Un campo de fuerza que zumbaba y soltaba efímeros destellos rodeaba una espada que no tenía igual. La funda tenía miles de intrincadas runas por su superficie, y brillaba con un aura rojiza que casi parecía propia. De la punta del mango negro nacía una cadena que terminaba en una pequeña gema verde con una única runa tallada en ella.
No había forma de tomarla. A Mogart no se le había ocurrido ninguna forma de obtenerla, así que decidió seguir con la poca fructuosa inspección. O eso hubiera ocurrido si dicha espada hubiera seguido detrás del campo de fuerza.
Matar era, por lo general, lo que primero le vendría a la cabeza a cualquiera. Es bastante sabido por cualquiera que lo conozca que liberar a las pobres almas de la prisión del cuerpo es el oficio de este personaje y bueno… uno debe de disfrutar de su trabajo.
En segundo lugar, destacaba la venganza. Mogart era un firme defensor de las antiguas costumbres ligadas a la frase “Ojo por ojo, Diente por diente”. Mogart por lo general buscaba sólo la compensación con un grupo específico de personas, pero no estaba molesto en incluir en su lista a cualquier idiota que se atreviera a incordiarle la existencia.
El robo era difícil de llevar a cabo puesto que, por lo general, Mogart era reticente a despojar de sus pertenecías a un cualquiera. Claro está, si podía demostrar que el poseedor de dichos bienes era un maldito o simplemente le caía mal, nuestro buen amigo estaría más que contento en dar un buen ejemplo de karma. Además, no es como si un cadáver fuera a necesitar lo que de todos modos perdería en la morgue. Él solo se llevaba lo que otros tomarían a posteriori.
Estas actividades son indispensables para la permanecía de un Mogart saludable y feliz. Por eso, no es de extrañar que este estuviera tan molesto aquella noche en la cual el destino, no contento con el resto de problemas en NewBabel, decidió enviar a nuestro compañero a una central mafiosa donde: todos estaban muertos, no había ninguna cara conocida y ningún robo se estaba planeando o llevando a cabo.
Más en concreto, nuestro Mogart se hallaba en el 4to piso de NewBabel, en la ex-sede de Oryamunra, junto a varias pilas de cadáveres de desconocida procedencia. La sangre de aquellos que aparentemente hace ya un tiempo habían abandonado este mundo, aún fluía por las paredes y el suelo, dándole a todo el edificio una peculiar sensación, solo igualada por la del mismísimo Infierno. Dicha sensación, se veía increíblemente agravada por el estado de algunos cuerpos. No faltaban los empalamientos, decapitaciones o crucifixiones. Algunos habían sido machacados hasta el punto en que sus huesos debían ser nada menos que un fino polvo pues su grosor era mínimo. Otros se encontraban carbonizados casi por completo y el humo aún salía de ellos. Incluso se podían ver como un par habían sido despellejados en su totalidad y por las muecas que poseían, el proceso debió de ser en extremo doloroso.
El silencio era casi total. Bueno, no exactamente. El casi hacía referencia a los débil gemidos de uno de los cuerpos crucificados. Alguien debía de seguir vivo. Bueno- pensó Mogart- a lo mejor aún puedo terminar un trabajo.
Se acercó al cuerpo y con su única mano levantó la cabeza del futuro cadáver, lo suficiente para mirarle a los ojos. El hombre involuntariamente escupe un poco de sangre y balbucea sin sentido…- Fue… Fue…
Como si de un mal chiste se tratase, su corazón dejó de latir, y sus últimos rastros de vida desaparecieron. Mogart tiro el cadáver al suelo y siguió registrando aquel lugar, esperando que la lógica estuviera de su lado. Por suerte, no tardó mucho en encontrar lo que buscaba en un principio. Algo que en un pasado había sido una flamante armería se veía ahora en sus últimas y lo que quedaba en pie apenas se podía utilizar, ni mucho menos vender. Sin embargo una pequeña esquina parecía no haber recibido daños. Un campo de fuerza que zumbaba y soltaba efímeros destellos rodeaba una espada que no tenía igual. La funda tenía miles de intrincadas runas por su superficie, y brillaba con un aura rojiza que casi parecía propia. De la punta del mango negro nacía una cadena que terminaba en una pequeña gema verde con una única runa tallada en ella.
No había forma de tomarla. A Mogart no se le había ocurrido ninguna forma de obtenerla, así que decidió seguir con la poca fructuosa inspección. O eso hubiera ocurrido si dicha espada hubiera seguido detrás del campo de fuerza.










