El Quantum Ranger V El Abuelo Boxeador:
Deme sus nenes
Acto I:
Narnia CEPELANDIA: EL TOTODILEZORD, EL ABUELO Y LA TAQUERIA
En algún lugar lejano del mundo, existe una pequeña y desconocida nación llamada Cepelandia. En aquel hermoso país mágico coexisten una serie de individuos únicos y especiales –llamados así por sus padres- viviendo toda clase de desventuras diariamente. Y de entre toda esta clase de criaturas singulares, un chico destaca de entre los demás. Fakdoce Crownz, el Quantum Ranger encargado de proteger a Cepelandia de… sus propias burradas.
El día de hoy seguiremos las aventuras de este particular jovenzuelo de piel tan negra como el carbón, igual que su cabello, ojos y ropas –todo él era negro— cuando un suceso trágico tuvo lugar en el momento más inesperado.
…..
Era otro día normal para nuestro joven héroe Fakdoce Crownz; comía tacos en su taquería favorita “El sazón fujoshi de Thai y Gin” luego de haber tenido una pelea contra quien considera fue su más duro rival: Darumaka. El Quantum Ranger, nunca había conocido a un adversario de tallas colosales como lo era aquel temible ser, quien llegó a vencerlo cuatro veces antes de que alcanzara a derrotarlo milagrosamente –Darumaka se resbaló y cayó por un acantilado-
Para celebrar que cumplió el cometido asignado por el rey CPokémon, entonces se dirigió a la taquería, donde se hallaba, con su Totodilezord, un robot de dos metros de alto que tenía la apariencia de un Totodile. No había cosa en el mundo que Fakdoce amara más que ese robot, pues incluso había abandonado a su novia cuando esta le pidió elegir entre ella y su zord.
Disfrutaba de su taco favorito, la especialidad de la casa además, el “Ociponkuob” gustosamente, pensando en el que sería su próxima misión: Hallar a un agente del mal que causaba el caos en el país haciéndose pasar por otras personas. Un enemigo que ya había atentado múltiple veces contra la paz de Cepelandia: Áurico multicuentalocas. Un rival colosal que anteriormente necesito reunir el poder de los cuatro grandes moderadores para poder acabar con su reinado del mal y puteadas. Un enemigo para el que, sin duda alguna, Fakdoce necesitaría usar todo su Nigga Power para vencer.
Habiéndose acabado su taco, nuestro protagonista se dirigió a la caja a pagar. Allí atendía la pareja estelar del local: Ethan y Xpoke. Ethan era un muchacho de tez morena y pelo coco, que tenía los inyectados en sangre –como si estuviera drogado- , quien mantenía una forzosa sonrisa; por otro lado Xpoke parecía un chico sacado directamente del jardín de infantes: de rasgos aniñados y pelo revuelto mantenía un semblante serio tan serio como el que un bebe podría mantener.
—¡Muchas gracias por venir, lo esperamos de vuelta en otra ocasión, Fakdoce Senpai! —Le dijo Ethan mientras le entregaba el vuelto que le correspondía. En la parte trasera del billete Fakdoce pareció leer “Sácanos de aquí, por favor” pero al creer que seguramente se tratara de un error de imprenta, lo paso por alto –ya se darán cuenta de que nuestro protagonista no es la representación de la inteligencia misma—
—Muchas gracias por su atención ¡ya volveré! —Le respondió Fakdoce a la feliz pareja que se sostenían de las manos. Otra de las razones por la que le gustaba ir allí, era por la atención, pues verdaderamente se sentía querido en ese lugar: Cada vez que llegaba, los chicos lo recibían con felicidad y energía y cada vez que se iba parecían tan tristes que parecía que romperían a llorar en cualquier momento. Un lugar agradable de verdad.
Pero la felicidad de sentirse querido le duró poco. Al salir hacía el estacionamiento descubrió que su preciado Totodilezord no se encontraba estacionado en el lugar correspondiente. Una helada brisa golpeo a Fakdoce en el estómago y una serie de temblores recorrieron su cuerpo. Cerró los ojos una y otra vez esperando que solo se tratara de Fabri –un chico normal que tiraba la realidad cada vez que estornudaba— buggeando la realidad otra vez, pero la verdad era innegable: Su Zord no se encontraba allí.
—¡Nooooooo! —Se tiró al suelo de rodillas, mientras lágrimas caían por su rostro como cascada. Nunca en su vida había sentido un dolor tan arraigado en su corazón, aún ni cuando su preciada Academia Pokémon –un juego de rol que creó— fue superado y aplastado por el mejor rol de todos: Odisea Pokémon.
— ¿Qué sucede, guapo? ¿Por qué gritas afligido al aire? —Una voz aguda y delicada, que solo podía provenir de un ángel, susurró a su oído. Inmediatamente cautivado, Fakdoce alzó la cabeza para descubrir de quien era tan encantadora voz y, en seguida, cayó flechado por amor.
Una chica de lacio cabello rubio –del que la parte inferior se podían ver mechones de pelo negro, como si fuera una peluca— y de tez bronceada, con los brazos bien peludos, lo observaba. Llevaba la cara encantadoramente maquillada con talco y una sombra azul en sus ojos –que hacía relucir el color café de estos- que abarcaba mayor parte de su frente. Sus gruesos labios estaban delicadamente pintados con un labial rosa que surcaban un trazo desde la parte inferior de su barbilla, hasta su nariz. Su cuerpo era robusto y llevaba una blusa escotada morada que resaltaba sus rasgos más atrayentes: El pelo que le sobresalía del pecho y las tetas caídas. Sus piernas tampoco se quedaban atrás pues parecían el edén prometido para el hombre: Destacándose atraves de unos minis short que parecían, estar a punto de explotar bajo la presión del cuerpo que debían someter, lucía algunos trozos irregulares de bellos por aquí y allá.
Sin duda alguna, todo hombre cuerdo no podría resistirse al encanto natural de aquella guapa “mujer” y Fakdoce, por más que tenía gustos refinados, no fue la excepción.
—Y-o, y-o… —balbuceó, tratando de encontrar las palabras adecuadas— C-creo que han robado a mi Totodilezord; lo deje estacionado aquí, pero ya no está.
— ¡Oh! ¿Te refieres a esa monura de robot azul que mide así de alto? —Al estirar el brazo para repe presentar lo que decía, algo de cuero de su barriga se escapó de entre su blusa y Fakdoce, llevado por pensamientos pervertidos, tuvo que contenerse por no sufrir una hemorragia nasal y asentir— Oh sí, acabo de ver a un anciano montándose en él y llevándoselo; no sé a dónde se dirigía, pero hasta donde vi esa cosa parecía suya; sí hasta tenía las llaves.
¿Tenía… las llaves? Ante aquella premisa, el chico se tocó desesperadamente el bolsillo de los pantalones en busca de las llaves de su Totodilezord, pero solo hayo aire y una pelusa. ¡No la tenía! Fue entonces cuando cayó en algo… las había dejado olvidadas pegadas en el Zord.
—M-i, m-i, Totodile... —Lo devastaba aún más pensar que fue robado por su propio descuido—
—Oh, vamos guapura no llores; no soporto ver chicos tan candente como tú llorar ¿qué te parece si ayudo a recuperar a tu zord? Yo conozco al viejo que se lo llevo, es abuelo de uno de mis Ex — Con esa proposición, a Fakdoce le vino un recuerdo a la mente.
……
—Entonces Fak ¿qué es lo que decimos cuando un extraño se nos acerca a ofrecernos dulces? —Le preguntó su madre mientras le trenzaba el cabello—
—Le decimos que sí, le tomamos la mano y nos vamos con él— Le respondió con energía—
— ¡Así mismo! te has ganado el premio especial de la noche —Su madre le ofreció un trozo de carne y sin pensarlo, Fakdoce lo acepto. Era la primera comida que tenía luego de tres días sin nada; y pensar que su madre le había dado un trozo de carne sacado de los banquetes que diariamente se daba ella sola… ¡era tan buena y considerada con él!
…..
— ¡Acepto! —respondió Fakdoce a la chica, con una lagrima corriéndole por la mejilla gracias al nostálgico y feliz recuerdo que había tenido. Su madre era tan sabía, no podía estar equivocada respecto a los extraños; además aquella hermosura que parecía caída del cielo ¿qué mal le podría hacer? Seguramente había tenido mucha suerte, de haber sido ella quien se ofreciera a ayudarlo.
— ¡Buena elección ricura! —ella se abalanzó en su contra y le dio un fuerte abrazo. Fakdoce le pareció que había llegado al cielo, pues quedo aplastado entre el pecho de la chica, con algunos pelos de sus axilas acariciándole suavemente el rostro— Mi nombre es Marceline Abaader ¡un gusto en conocerte! —Se presentó luego de que, para infortuna del héroe, ella lo soltara—
—Y-o, y-o soy Fakdoce Crownz, el Quantum Ranger de Cepelandia —Marcelin pareció quedar sorprendida por su tímida declaración.
— ¿¡El Quantum Ranger!? Oh, que fortuna la mía, que fortuna. He escuchado muchas historias sobre ti, encanto, historias que hablan de tus muchas proezas —Los ojos se le volvieron corazones; Fakdoce pensó que tal vez se estuviera refiriendo a otro Quantum Ranger, pues su única verdadera proeza hasta ahora era haber sobrevivido a ese Darumaka. Igual, no tuvo el valor para decírselo ahora que la veía tan interesada en él—
— ¡E-n persona! —inflo el pecho, orgulloso—
—Muy bien, ahora que sé que viajo contigo, encanto puedo sentirme mucho más tranquila ¡mira que el camino para llegar a casa del abuelo no es fácil ni corto! —Le comentó para luego darle un abrazo— Deberemos atravesar los Bosques de Skov, ir más allá del Reino de los pantalones cuadrados y finalmente superar el Desierto Bug, antes de llegar a la casa del abuelo.
Fakdoce tragó seco ¿en serio debía pasar por todos aquellos lugares? Sabía que aquellos lugares representaban un gran peligro, sobre todo para su débil persona, pero aun así…
—¡Muy bien Marceline, entonces guíame! S-oy, soy todo tuyo por lo que resta de este viaje.
—¡Bien, cariñito! —Emocionada, lo agarró por la mano y se lo llevó lejos de la taquería.
Acto II:
REGRESAME A MIS NENES [En progreso...]