Briznas

*Originalmente publicado para Fanficslandia con fecha 23 de junio de 2013 bajo este mismo nickname*



Briznas.


No lo miraba con insistencia, sino casi con desprecio. Sus latidos descendían en rapidez conforme iba entendiendo que las cosas no iban a marchar como lo habían estado haciendo todos esos meses.

Sus ojos inquisitivos, sin embargo, no cesaban de seguir con amarga fiereza a la nueva adquisición. Un precioso Flareon correteaba por el pasto, siguiendo a la señorita Fany. Ese Flareon. El de su perdición y su caos. El de su desprecio.

Relamió sus labios, y sus pupilas perdieron su brillo característico. Es que ya no podía seguir contemplando tal escena. Rodaba cuesta abajo su pequeña mente de Eevee atolondrado, intentando absorber escenas del pasado que le atormentaban, le cegaban y le partían su inquieto corazón.
Ese Flareon que le había robado la gloria.

—¡A correr! —gritaba tenazmente la señorita Fany, haciendo lo propio entre las briznas y las hierbas frescas. El Flareon en cuestión, una poderosa criatura de fuertes músculos e intenso color carmesí y crema, trotaba con galanura, sus movimientos épicos le hacían ver más formidable de lo que ya de por sí era.

Echado sobre un montecito de tierra cercana, el Eevee contemplaba una escena desgarradora para él.
Quedaba poco menos que la marchita silueta de su desesperanza. Ahí iban corriendo tras de la señorita Fany los sueños truncados de un pequeño pokémon cuya frustración ya ni quería superar los límites. Ahí estaban, cortadas, las eternas aspiraciones de una joven criatura ilusa.

Cerró sus ojos con impotencia, con desgano y con las lágrimas golpeándole los párpados por dentro. ¿Era, pues, su culpa que la señorita Fany nunca lograra conseguir una roca evolutiva? ¿Cuántos meses a su lado, alimentándolo, velando su sueño por las noches? El Eevee no era una criatura que desembocara en pokebolas al ocaso. ¿Cuántas veces la señorita Fany lo hubo de peinar y acicalar para producirle mayor gracia estética al momento de los combates? Ah... y con qué ternura y con qué precisión cuidaba de sus dolores al término... Esa herida en la pata izquierda, ¿no se la había curado ella misma, con sus propias manos?
“Vas a ser todo un Flareon”, solía decirle con esmero, susurrándole palabras vacías al oído, promesas desencadenadas.

El Eevee asentía, solía asentir.

Ahora asentía ante el precio de la realidad, las dichas trocadas por la amargura de un presente en inestabilidad emocional. El precio de sus cuidados fue la vista de un enorme Flareon corriendo por la hierba tras la señorita Fany. Y aún detrás de ellos, una silueta que el viento dibujaba, una figura que la imaginación rolliza y antipragmática le imprimía. A cuatro patas trotaba, galopaba, se sumergía en lo invisible y velozmente los alcanzaba, un Eevee de aire, un Eevee de nada, un intento fallido de Flareon, un Eevee por las lágrimas secas en sus ojos. Un Eevee débil, hijo de la vergüenza.

La señorita Fany acariciaba la melena del Flareon. Luego le deslizaba su palma por la frente, encontrándola demasiado caliente. Quizá igual de caliente que la que la fiebre del pobre Eevee raquítico le concedía para amainar los sueños estúpidos.
El Eevee se echó panza arriba y dejó de verlos. Contemplaba las nubes caprichosas y pesadas, pesadas del manantial desbordante de sus espíritus. Aquella tenía forma de Flareon, un Flareon poderoso, un titán engullendo a su criatura, un tímido Eevee, demasiado pequeño para su especie, demasiado literal en su calidad de cachorro. Un pobre espécimen.

Ascuas se elevaron sobre el horizonte a primera impresión, el humo jaló la atención del Eevee. Aquello era simplemente magnífico.
Una llama gestada en la garganta del Flareon arrojaba ascuas, intentando atacar a las nubes quizá. La señorita Fany aplaudía complacida, con el gesto de la condescendencia en sus labios. Las palmadas alentaban el ego del Flareon, y el Eevee se hizo pequeño.
Un suspiro emanado de su interior le hizo encogerse más aún.
Y se dio cuenta que de su garganta jamás saldrían ascuas o llamaradas.

Porque la señorita Fany lo había olvidado. El Flareon era todo para ella. Pero no estaba nada mal tener un Eevee de colección.


Spoiler