La mercenaria del relámpago.
Y este es mi primer proyecto para expandir mis músculos de escritor (? despues de tanto tiempo seguido de no escribir. Definitivamente quería empezar con algo de Pokemon, así que espero que disfruten el comienzo de esta historia. Va a haber bastante más después de esto 
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El tren era el pedazo de metal en peor estado que había visto en su vida, y eso era decir algo.
Shadi se encontraba acurrucada en el extremo de uno de los deteriorados asientos de cuero, brazos alrededor de su propio cuerpo en un inútil intento de conservar algo de calor. Las paredes metálicas del andén estaban heladas, y la joven se estremecía cada vez que las sacudidas del tren la hacían chocar contra ellas. Una casi imperceptible línea de vaho escapó de sus labios al exhalar, bloqueando su visión momentáneamente.
-No puedo creer que esté haciendo esto.- Habló con sí misma, voz apenas un susurro.- El frío debe estar congelándome el cerebro.
Sus ojos se pasearon por el resto del andén, pero nada había cambiado; estaba totalmente vacío. Los únicos sonidos que podían escucharse eran los gruñidos de las ruedas y los engranajes del tren girando y rozándose contra las vías del tren. Shadi bufó, y se envolvió aún más con su chaqueta violeta; quizá podría haber descansado un poco antes de llegar a su destino, si no fuera por el estado precario del tren.
Subió la vista hacia la puerta hacia el próximo andén, apenas a unos tres asientos de donde se encontraba. Está bien, había otra razón por la cual no podía dormir durante el viaje; no era la única en el tren. Si bien tenía todo un compartimiento para sí misma, estaba segura de que había más gente en los demás. Había visto sus siluetas al abordar el tren en Celadon, y de vez en cuando sus sombras eran visibles a través del vidrio translúcido de la puerta del andén.
Tragó saliva, sintiendo su garganta extremadamente seca. No había tenido el coraje de acercarse hacia los demás andenes aún, ya que no estaba segura de quiénes se encontraban allí. En cierta forma esperaba que ellos vinieran a su compartimiento, aunque no estaba en ninguna condición para ser sociable.
¿Cuántos serían? Shadi había visto al menos tres siluetas entre el tercer y cuarto vagón, pero imaginaba que debía haber más. Se preguntó si estarían allí por la misma razón que ella, o si eran simplemente pasajeros comunes que tuvieron que tomar el tren magnético en el medio de la noche.
Su mano se deslizó hacia el bolsillo de su chaqueta, sintiendo el pedazo de papel que tenía guardado allí. Esa carta… algo le decía que no podía ser la única que la recibió. Si el trabajo que describía realmente era tan importante y pagaba tan bien… bueno, podían llamarla paranoica, pero no veía porque querrían contactar sólo a alguien cómo ella para algo tan ambicioso.
¿Y si no era así? ¿Y si aquella gente estaba allí para espiarla? La oferta era demasiado buena para ser cierta. Una idea apareció en su cabeza, y su cuerpo entero se estremeció, lo cual no tenía nada que ver con el frío. Era posible que la carta fuera una trampa, una forma de sacarla de su escondite, así podían…
Su respiración se volvió inestable, y sus puños se cerraron con fuerza sin que ella lo notara. Estaba en problemas, si había aún una mínima posibilidad de que la hayan encontrado entonces tenía que bajarse de aquél tren lo más rápido posib…
“¡En este momento nos acercamos a la estación de Saffron! ¡Próxima estación: Goldenrod! ¡Por favor aléjense de las puertas y nuevamente, disfruten su viaje!”
El corazón de Shadi casi saltó de su pecho, y la joven se movió tan rápido que se dio la cabeza contra el cargador de equipaje encima de ella. La voz electrónica había venido de la nada, sacándola de forma demasiado violenta de sus propios pensamientos.
Shadi sintió un calor subirse a sus mejillas, junto al dolor en su nuca. Realmente era afortunada de que nadie estuvo con ella para ver algo tan vergonzoso.
La joven se puso de pie, mejillas rojas, y se acomodó la ropa, fingiendo que nada de eso había pasado.
-Estas dejando que tus miedos te controlen.- Volvió a decirse a sí misma, cerrando los ojos.- Basta. No tenemos tiempo para eso.
Era cierto, la paranoia no iba a ayudarla ahora. Si ellos supieran donde se encontraba cómo para enviarle una carta, nunca se hubieran molestado en crear un engaño tan elaborado. Hubieran ido a buscarla sin dudarlo. Además, estaba completamente seca de dinero; necesitaba ese trabajo. Y si realmente había alguien buscándola…
Sus dedos se deslizaron hacia el lado izquierdo de su cinturón, donde dos pequeñas esferas de metal se hallaban. Si necesitaba pelear, tenía a sus dos Pokemon para ello. No eran lo mejor que había, e incluso había conseguido a uno de ellos muy recientemente, pero aún así estaba segura de que podría hacer lo que sea con esos dos pequeños si la situación lo requería.
Echó un vistazo al esquema pintado sobre el costado del tren, indicando todas las paradas y destinos. Parecía que Saffron (o “affro”, ya que la pintura estaba increíblemente desgastada) iba a ser la última parada durante varias horas antes de que llegaran a Goldenrod, su destino. Necesitaba alguna forma de pasar el tiempo o iba a volverse loca.
Tomó una larga bocanada de aire, intentando tranquilizarse, y volvió su vista nuevamente hacia la puerta que estaba cerca de ella.
-Ve a introducirte. Si vamos a hacer este trabajo con otras personas, tenemos que conocerlos primero.- Se alentó a sí misma, con voz decidida.- Y deja de hablar sola, van a pensar que estás loca.
Decidida, salió de su asiento y se dirigió hacia aquella puerta, corazón en la garganta. Estiró uno de sus brazos hacia la barra de ésta para abrirla, y sus dedos casi rozaban el metal cuando se detuvo.
Shadi frunció el ceño; las siluetas a través de la ventana habían dejado de moverse, y los inentendibles susurros que escuchaba de vez en cuando se habían extinguido. La joven tardó unos momentos en darse cuenta de lo que estaba pasando, hasta que notó que el piso debajo de sus pies había dejado de moverse.
El tren se había detenido, y alguien había abordado. A través de las manchadas ventanas del tren podrían verse las pocas luces de la estación de Saffron, la ciudad durmiendo en la mitad de la noche. Silencio envolvió el tren entero, de forma casi innatural.
Shadi no tuvo tiempo de darse cuenta de lo que estaba pasando; ese extraño silencio se extendió por lo que pareció una eternidad, aunque había durado menos de lo que se tarda en respirar.
Un escalofrío recorrió la espalda de la joven, y esta abrió los ojos cómo platos, todos sus instintos activándose al mismo tiempo.
Pero no tuvo tiempo de reaccionar. El tren se estremeció con una fuerza colosal, y el rugido de una explosión pudo escucharse a través de toda la estación. El cuerpo de Shadi se deslizó hacia el piso metálico del tren, dándose un fuerte golpe en su brazo derecho. Con dolor trató de ponerse de pie, pero en ese instante la puerta del andén se abrió.
Shadi no tuvo tiempo de ver quién había entrado, porque en ese momento todas las luces se apagaron, dejándolos a ambos en el medio de aquella fría oscuridad.

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Capítulo 1: Frío y metal.
El tren era el pedazo de metal en peor estado que había visto en su vida, y eso era decir algo.
Shadi se encontraba acurrucada en el extremo de uno de los deteriorados asientos de cuero, brazos alrededor de su propio cuerpo en un inútil intento de conservar algo de calor. Las paredes metálicas del andén estaban heladas, y la joven se estremecía cada vez que las sacudidas del tren la hacían chocar contra ellas. Una casi imperceptible línea de vaho escapó de sus labios al exhalar, bloqueando su visión momentáneamente.
-No puedo creer que esté haciendo esto.- Habló con sí misma, voz apenas un susurro.- El frío debe estar congelándome el cerebro.
Sus ojos se pasearon por el resto del andén, pero nada había cambiado; estaba totalmente vacío. Los únicos sonidos que podían escucharse eran los gruñidos de las ruedas y los engranajes del tren girando y rozándose contra las vías del tren. Shadi bufó, y se envolvió aún más con su chaqueta violeta; quizá podría haber descansado un poco antes de llegar a su destino, si no fuera por el estado precario del tren.
Subió la vista hacia la puerta hacia el próximo andén, apenas a unos tres asientos de donde se encontraba. Está bien, había otra razón por la cual no podía dormir durante el viaje; no era la única en el tren. Si bien tenía todo un compartimiento para sí misma, estaba segura de que había más gente en los demás. Había visto sus siluetas al abordar el tren en Celadon, y de vez en cuando sus sombras eran visibles a través del vidrio translúcido de la puerta del andén.
Tragó saliva, sintiendo su garganta extremadamente seca. No había tenido el coraje de acercarse hacia los demás andenes aún, ya que no estaba segura de quiénes se encontraban allí. En cierta forma esperaba que ellos vinieran a su compartimiento, aunque no estaba en ninguna condición para ser sociable.
¿Cuántos serían? Shadi había visto al menos tres siluetas entre el tercer y cuarto vagón, pero imaginaba que debía haber más. Se preguntó si estarían allí por la misma razón que ella, o si eran simplemente pasajeros comunes que tuvieron que tomar el tren magnético en el medio de la noche.
Su mano se deslizó hacia el bolsillo de su chaqueta, sintiendo el pedazo de papel que tenía guardado allí. Esa carta… algo le decía que no podía ser la única que la recibió. Si el trabajo que describía realmente era tan importante y pagaba tan bien… bueno, podían llamarla paranoica, pero no veía porque querrían contactar sólo a alguien cómo ella para algo tan ambicioso.
¿Y si no era así? ¿Y si aquella gente estaba allí para espiarla? La oferta era demasiado buena para ser cierta. Una idea apareció en su cabeza, y su cuerpo entero se estremeció, lo cual no tenía nada que ver con el frío. Era posible que la carta fuera una trampa, una forma de sacarla de su escondite, así podían…
Su respiración se volvió inestable, y sus puños se cerraron con fuerza sin que ella lo notara. Estaba en problemas, si había aún una mínima posibilidad de que la hayan encontrado entonces tenía que bajarse de aquél tren lo más rápido posib…
“¡En este momento nos acercamos a la estación de Saffron! ¡Próxima estación: Goldenrod! ¡Por favor aléjense de las puertas y nuevamente, disfruten su viaje!”
El corazón de Shadi casi saltó de su pecho, y la joven se movió tan rápido que se dio la cabeza contra el cargador de equipaje encima de ella. La voz electrónica había venido de la nada, sacándola de forma demasiado violenta de sus propios pensamientos.
Shadi sintió un calor subirse a sus mejillas, junto al dolor en su nuca. Realmente era afortunada de que nadie estuvo con ella para ver algo tan vergonzoso.
La joven se puso de pie, mejillas rojas, y se acomodó la ropa, fingiendo que nada de eso había pasado.
-Estas dejando que tus miedos te controlen.- Volvió a decirse a sí misma, cerrando los ojos.- Basta. No tenemos tiempo para eso.
Era cierto, la paranoia no iba a ayudarla ahora. Si ellos supieran donde se encontraba cómo para enviarle una carta, nunca se hubieran molestado en crear un engaño tan elaborado. Hubieran ido a buscarla sin dudarlo. Además, estaba completamente seca de dinero; necesitaba ese trabajo. Y si realmente había alguien buscándola…
Sus dedos se deslizaron hacia el lado izquierdo de su cinturón, donde dos pequeñas esferas de metal se hallaban. Si necesitaba pelear, tenía a sus dos Pokemon para ello. No eran lo mejor que había, e incluso había conseguido a uno de ellos muy recientemente, pero aún así estaba segura de que podría hacer lo que sea con esos dos pequeños si la situación lo requería.
Echó un vistazo al esquema pintado sobre el costado del tren, indicando todas las paradas y destinos. Parecía que Saffron (o “affro”, ya que la pintura estaba increíblemente desgastada) iba a ser la última parada durante varias horas antes de que llegaran a Goldenrod, su destino. Necesitaba alguna forma de pasar el tiempo o iba a volverse loca.
Tomó una larga bocanada de aire, intentando tranquilizarse, y volvió su vista nuevamente hacia la puerta que estaba cerca de ella.
-Ve a introducirte. Si vamos a hacer este trabajo con otras personas, tenemos que conocerlos primero.- Se alentó a sí misma, con voz decidida.- Y deja de hablar sola, van a pensar que estás loca.
Decidida, salió de su asiento y se dirigió hacia aquella puerta, corazón en la garganta. Estiró uno de sus brazos hacia la barra de ésta para abrirla, y sus dedos casi rozaban el metal cuando se detuvo.
Shadi frunció el ceño; las siluetas a través de la ventana habían dejado de moverse, y los inentendibles susurros que escuchaba de vez en cuando se habían extinguido. La joven tardó unos momentos en darse cuenta de lo que estaba pasando, hasta que notó que el piso debajo de sus pies había dejado de moverse.
El tren se había detenido, y alguien había abordado. A través de las manchadas ventanas del tren podrían verse las pocas luces de la estación de Saffron, la ciudad durmiendo en la mitad de la noche. Silencio envolvió el tren entero, de forma casi innatural.
Shadi no tuvo tiempo de darse cuenta de lo que estaba pasando; ese extraño silencio se extendió por lo que pareció una eternidad, aunque había durado menos de lo que se tarda en respirar.
Un escalofrío recorrió la espalda de la joven, y esta abrió los ojos cómo platos, todos sus instintos activándose al mismo tiempo.
Pero no tuvo tiempo de reaccionar. El tren se estremeció con una fuerza colosal, y el rugido de una explosión pudo escucharse a través de toda la estación. El cuerpo de Shadi se deslizó hacia el piso metálico del tren, dándose un fuerte golpe en su brazo derecho. Con dolor trató de ponerse de pie, pero en ese instante la puerta del andén se abrió.
Shadi no tuvo tiempo de ver quién había entrado, porque en ese momento todas las luces se apagaron, dejándolos a ambos en el medio de aquella fría oscuridad.



