@Alegrin
Neo había rastreado pokemon antes, pokemon que intentaban lastimarlo, que se escondían, que solo paseaban y éste caso era un ladrón que disfrutaba de su presa.
Neo miró al Deerling con la ropa interior en el hocico, este parecía demasiado feliz, pero no podía quedarse sin una prenda menos. Con la mochila y sus cosas sobre los hombros desnudos, Neo y Opal se acercaron con sigilo al ladrón, pasando entre los arbustos y evitando pisar las ramas caídas de los árboles para no generar algún ruido que alerte al pokemon.
El deerling salvaje no se dio cuenta de la emboscada que ambos prepararon hasta que fue demasiado tarde y entró en batalla utilizando camuflaje para mezclarse con el ambiente, Opal pudo identificar exactamente donde se encontraba y atacó con su letal movimiento de hielo. Deerling peleaba con la prenda hurtada entre los dientes y el pokemon de Neo intentaba no dañar la prenda. Las piernas del pokemon venado flaqueaban cada vez más ante los letales ataques de su oponente, y aunque los ataques de Opal fueron poderosos, éste no se salvó de recibir duros golpes propiciados por el pokemon rosáceo que trataba de defender lo que había conseguido. Se puso el punto final de desafió cuando el ataque níveo impactó el cuerpo del cuadrúpedo pokemon y se desplomó sobre el campo de batalla, que ahora presentaba un color blanco por el congelamiento y las hojas de esa zona presentaban escarcha en ellas.
Neo se acercó al Deerling, por un momento pensó en atraparlo, pero prefirió guardar esa pokeball para algún otro pokemon; había analizado la zona y estaba bastante interesado en atrapar cierto pokemon bicho y de cierto género que rondaba por la zona y había visto las pisadas de un pokemon tipo veneno, que según su tío era un excelente tanque.
Neo hubiera preferido que su ropa interior hubiera sido tomada prisionera por alguna chica o un chico, al fin y al cabo podría recuperarla sin problema, en cambio tener que quitársela a el Deerling era algo diferente. Retiró la ropa interior de entre los dientes y con mucho alivió se dio cuenta de que no estaba rota, y él sabía que no podía andar sin ropa interior, pero también se sentía culpable por quitarle su premio y dejar ahí tirado al Deerling salvaje.
Tomo al inconsciente pokemon y lo transportó a un lugar donde pueda estar escondido sin que se le pueda hacer algo malo; un tocón de árbol parcialmente desprendido de la tierra fue el lugar de recuperación. El chico le vendó la pata que se había herido en el combate y le colocó una cama de hojas para calentarse y poder recuperarse del ataque de Opal.
Cuando hubo terminado de ocultar y curar al Deerling, Opal apareció con el morro de la nariz manchado de azul y una baya transportada con bastante facilidad.
-Bobo, ¡¿Cuántas de estas ya te habrás comido?!
Colocó la baya cerca del Deerling para que al despertar tuviera un poco de alimento. Neo caminó hasta detrás de un árbol y se cambió la ropa interior, guardando la que había sido sustraída de su captor, se colocó las botas en cada uno de los pies y echó la mochila de viaje sobre sus fuertes y desnudos hombro y continuó adentrándose al bosque.
Neo había rastreado pokemon antes, pokemon que intentaban lastimarlo, que se escondían, que solo paseaban y éste caso era un ladrón que disfrutaba de su presa.
Neo miró al Deerling con la ropa interior en el hocico, este parecía demasiado feliz, pero no podía quedarse sin una prenda menos. Con la mochila y sus cosas sobre los hombros desnudos, Neo y Opal se acercaron con sigilo al ladrón, pasando entre los arbustos y evitando pisar las ramas caídas de los árboles para no generar algún ruido que alerte al pokemon.
El deerling salvaje no se dio cuenta de la emboscada que ambos prepararon hasta que fue demasiado tarde y entró en batalla utilizando camuflaje para mezclarse con el ambiente, Opal pudo identificar exactamente donde se encontraba y atacó con su letal movimiento de hielo. Deerling peleaba con la prenda hurtada entre los dientes y el pokemon de Neo intentaba no dañar la prenda. Las piernas del pokemon venado flaqueaban cada vez más ante los letales ataques de su oponente, y aunque los ataques de Opal fueron poderosos, éste no se salvó de recibir duros golpes propiciados por el pokemon rosáceo que trataba de defender lo que había conseguido. Se puso el punto final de desafió cuando el ataque níveo impactó el cuerpo del cuadrúpedo pokemon y se desplomó sobre el campo de batalla, que ahora presentaba un color blanco por el congelamiento y las hojas de esa zona presentaban escarcha en ellas.
Neo se acercó al Deerling, por un momento pensó en atraparlo, pero prefirió guardar esa pokeball para algún otro pokemon; había analizado la zona y estaba bastante interesado en atrapar cierto pokemon bicho y de cierto género que rondaba por la zona y había visto las pisadas de un pokemon tipo veneno, que según su tío era un excelente tanque.
Neo hubiera preferido que su ropa interior hubiera sido tomada prisionera por alguna chica o un chico, al fin y al cabo podría recuperarla sin problema, en cambio tener que quitársela a el Deerling era algo diferente. Retiró la ropa interior de entre los dientes y con mucho alivió se dio cuenta de que no estaba rota, y él sabía que no podía andar sin ropa interior, pero también se sentía culpable por quitarle su premio y dejar ahí tirado al Deerling salvaje.
Tomo al inconsciente pokemon y lo transportó a un lugar donde pueda estar escondido sin que se le pueda hacer algo malo; un tocón de árbol parcialmente desprendido de la tierra fue el lugar de recuperación. El chico le vendó la pata que se había herido en el combate y le colocó una cama de hojas para calentarse y poder recuperarse del ataque de Opal.
Cuando hubo terminado de ocultar y curar al Deerling, Opal apareció con el morro de la nariz manchado de azul y una baya transportada con bastante facilidad.
-Bobo, ¡¿Cuántas de estas ya te habrás comido?!
Colocó la baya cerca del Deerling para que al despertar tuviera un poco de alimento. Neo caminó hasta detrás de un árbol y se cambió la ropa interior, guardando la que había sido sustraída de su captor, se colocó las botas en cada uno de los pies y echó la mochila de viaje sobre sus fuertes y desnudos hombro y continuó adentrándose al bosque.
| Pokemon | Nivel | Vida | Experiencia |
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