Había perdido la noción del tiempo y de dónde estaba persiguiendo las huellas de los desconocidos que se habían llevado a Ninetales. Vulpix todavía se encontraba en mis brazos cuando se comenzó a revolver algo nerviosa. De repente escuché un gruñido, y algunas pisadas. Suponiendo que se trataba de eso lo que ponía a Vulpix nerviosa y teniendo en cuenta que ella vivía ahí comencé a sentirme en peligro y observada. Sin embargo no alcanzaba a ver a nadie a mi alrededor. A su vez la mayoría de mis pokemon se encontraban en sus pokeballs, pues estaban cansadas de dos días de excursión.
Cansada de mirar a todos lados y no ver a los que nos acechaban grité.
— ¡¿Quien anda ahí?! ¡Muéstrate cobarde!
Entonces fue cuando aparecieron.
Un Houndoom junto a dos houndour más pequeños se acercaron a nosotras por diferentes lados, rodeándonos e impidiéndonos escapar. Inmediatamente liberé a Mariette, Hikari y Luna. Las cuales salieron listas para el
combate, aunque todavía se las notaba un poco cansadas.
Mariette se movió deprisa, intentando atacar a uno de los cánidos más pequeños, sin mucha efectividad. Por otro lado Luna se colocó directamente contra el más grande, un Houndoom de lo más desarrollado que sabía utilizar el terreno a su alrededor a la perfección para cubrirse, lo cual lo hacía todo mucho más dificil.
Pero la que más destacó fue Hikari. Sin apenas dudar y a pesar de la desventaja de tipo se lanzó al ataque usando Doble rayo.
Al principio no parecía ser muy efectivo, pero entonces ocurrió. En mitad de la batalla una luz brillante rodeó a mi kirlia, dentro de esta podía ver como crecía y como su vestido blanco se alargaba hasta rozar el suelo suavemente.
Había evolucionado a un Gardevoir, y eso nos dio cierta ventaja en el momento. Sin embargo eso no evitó que Luna cayese debilitada por el fuerte Houndoom, que rugió con fuerza con anticipación por la victoria. Regresandola llamé a Momo, que después de asestar varios golpes y cuando ya solo quedaba el pokémon más grande tuvo que retirarse por el cansancio.
Sin dudarlo había lanzado una superball a uno de los Houndours, mientras que el otro había salido huyendo, tenía una ruta de escape pero Hikari no parecía dispuesta a rendirse.
Valientemente aguantó el potente último golpe de Houndoom, contraatacando al momento y debilitándolo. A penas había ocurrido eso cuando Rachel apareció corriendo en escena. Junto a varios profesores detrás de ella.
- ¡Lizzy! - Exclamó nada más verme, mientras mi Gardevoir caía de rodillas en el duro suelo, exhausta del combate. - ¿Os encontráis bien?
Preguntó dirigiéndose a mi pokemon para revisarla, sin sorprenderse por la evolución de esta.
- Si - Afirmé con confianza, a pesar de que casi nos habían derrotado unos pokemon salvajes - Todo bajo control.
Poco después un coche como el del científico apareció por el camino, siendo conducido por la profesora de ocultismo.
- Pensé que igual podría llevaros a la Academia chicas, parecéis estar cansadas, los profesores pueden encargarse a partir de aquí. - Esta era nuestra llamada, no podíamos hacer nada más, nos mandaban de vuelta.
Iba a dejar a Vulpix en el suelo, pero no quiso irse. Se agarró a mi, señalando mi mochila con su patita. Y al ofrecerle una Superball se metió directamente en ella sin necesidad de palabras. La profesora asintió como si ya hubiese sabido que iba a ocurrir y nos abrió la puerta sin decir mucho más.
Es triste que Vulpix renunciase a encontrar a Ninetales, o igual no eran tan cercanas después de todo. Con esos pensamientos y con Yuki de vuelta en mi regazo me quedé dormida de camino a la Academia.