Comentarios:
Nindog: Sin duda es un gran reto decir mucho con pocas palabras, a veces tendemos a explicarlo todo con la esperanza de ser más claros pero la simpleza es la clave si quieres claridad. Aunque me temo que debo romper mi regla de 1000 palabras por mi demora. Sé que debía recompensarles con algo, así que hice este capítulo más largo (1576 palabras) y espero que no me linchen por no ser tan corto >.<. Muchas gracias por leerme.
Thranduil: Sí, hay mucho trasfondo en esta historia y nuevos giros que probablemente se presienten desde ya en la narración. Espero que me perdones por el final de este capítulo pero prometo ser mucho más constante. Gracias por leerme.
Lisacabot: Me alegra que te guste y si es por largo, este capítulo te encantará. Ya poco a poco se va formando la historia, se llega un punto crucial y las explicaciones no se pueden dar fácilmente, pero todo se sabrá en su momento ya verás. Gracias por leerme.
Exerux: Anotado lo de los guiones, aún estoy mejorando y te agradezco que si ves otro fallo me avises. Muchísimas gracias.
Rocasaurio_: Trataré de continuarlo mucho más seguido y de verdad gracias por el apoyo, tus palabras y los demás comentarios me llenan de ánimo
antoniosan49: Gracias por la observación, creo que estaba tan emocionada por subir el capítulo que realmente no revisé todos los espacios. Me alegra mucho que les guste y espero que me sigan leyendo a pesar de la demora.
RapGomZ: Me alegran mucho tus comentarios, gracias por el apoyo. Por ahora este capítulo y el siguiente necesito que sean en 3ra persona pero luego continúa en 1ra (Es mucho por detallar que no pasarían por la mente de Ethan por ser parte de su “normalidad” en los últimos meses, como ubicación, su descripción física, esos detalles). También te agradezco por los comentarios en ortografía, sobretodo porque lo de corto es mi problema más grande. Si ves mis otros fanfics verás capítulos extra large, por eso el desafío. Espero que te guste el siguiente capítulo aunque me salga del límite de 1000 palabras (como regalo por la espera). Tus comentarios no me ofenden, sinceramente me gustaron mucho.
Photolinkeeper.: Gracias Keeper! Pues lo de Giratina hablando tendrá su explicación luego pero va conforme a la historia. Además de que con eso agrego un personaje legendario que representa tantas cosas al mismo tiempo que no podía dejarlo pasar

Espero que me sigas leyendo y mil gracias por los comentarios.
Shadow Ball:
El clarísimo cielo del oeste de Johto bañaba sus ojos de melancolía mientras lo arrullaba el lejano rugir de los torbellinos en las islas. Clavado en una poltrona de pencas acolchada de almohadones descansaba un joven entrenador. Ojos claros, cabellos oscuros, la piel blanca ligeramente rosada por el sol y la cabeza llena de vendas, al igual que su pie derecho y parte del torso. Aburrido a más no poder, con el ánimo por el suelo se dedicaba a pensar estrategias en el aire. La suave brisa del mar acompañaba sus tristes suspiros, en un intento de olvidar el pasar de los días.
Bueno, es lo típico. Sobrevivir a una caída de 15 metros, despertar en el hospital y en una semana querer retomar el entrenamiento que auspició la caída. Por supuesto que era un plan elaborado por el destino para no estar listo en el mejor momento de su vida pero ¿qué más se puede hacer que seguir retando al destino?
Escuchar a tu madre, por supuesto, ella no había viajado desde Hoenn para verificar que no se muriera sin su permiso ni menos que el incidente pasara sin el respectivo regaño épico. Aún pasados los días, y con ella devuelta en casa, le arden los oídos de recordarlo.
“¡Y hay que yo me entere que vuelves a entrenar en ese risco maldito! ¡No vas a salir de la playa jovencito!” escuchaba en su mente cada que el impulso de levantarse a hacer algo por su carrera de entrenador le embargaba.
Y así solía pensar horas y horas, mientras veía las olas del océano romper en la arena, solitarias, vacías en la playa de sus veranos. Cada cierto tiempo podía escuchar algo caerse en la casa o en el jardín, sin duda alguna obra de su tía Nani y la indudable torpeza que la caracterizaba y que su familia dudaba fuera hereditaria.
Una vez llegado el almuerzo, ella le llamaría y pediría ayuda de su Machoke para moverse desde la silla de playa del patio hasta el comedor, donde volvería a insistir, disimuladamente, si puede entrenar o no. Su tía, sin embargo, lo toreará hasta que no le quede de otra que salir de nuevo al patio a ver a lo lejos las Islas Remolino.
Pero aquel mediodía sería distinto, en el menor de los aspectos, porque al fin su pie ha dejado de dolerle tal y como el farmacéutico de la ciudad lo predijo. Todo su equipo Pokémon le vitoreo como si ya hubieran ganado la liga. Su Machoke, Ampharos, Stantler y Rhydon vitoreando en el comedor, en una esquina estaba el pequeño Duskull.
Qué raro había estado su preciado amigo fantasma, siempre precavido y nervioso como si Ethan fuera a desplomarse en cualquier instante y que fuera, inequívocamente, su culpa. Siempre cerca, y a la vez lejos. Le miraba extrañado, como esperando algo pero cada vez que el joven lo buscaba Duskull huía devuelta a su Pokébola, sólo para aparecer unas horas después pisándole los talones de nuevo.
Sabía que ocultaba algo y el imborrable recuerdo de una tierra maldita con un soberano aterrador no ayudaba a aplacar sus sospechas. Pero también sabía perfectamente que preguntarle no era una opción. Quizás jamás entendería el cambio repentino de su compañero, más esperaba que recobrara su confianza en cuanto retomaran el entrenamiento.
El entrenador agradeció a su equipo por la alegría compartida y procedió una vez más a rogar por el necesario entrenamiento. Esta vez la tía Nani aceptó, siempre y cuando comenzara al día siguiente en la playa sin alejarse de su casa. Ante toda condición aceptó, pues sabía que con el tiempo esas restricciones quedarían en nada y podría volver a entrenar como siempre.
El resto del día pasó lento pero seguro, la promesa del permiso para entrenar tenía al pobre Ethan emocionado, planeando todo lo que haría al día siguiente. La noche llego bendecida por miles de estrellas aunque sería la primera que no pensaría en verlas hasta tarde. Temprano estaba acostado el entrenador, pasando lista de su equipo en las improvisadas camas que tenían en la casa de su tía. Era una tradición extraña pero cumplida, revisar que cada uno estuviera cómodo antes irse a dormir. Una vez tranquilo se entregó al descanso confiado en una noche de paz.
Pero aquella noche sería todo menos tranquila. Sueños e ilusiones bailaron en la cabeza de Ethan hasta la medianoche, donde no pudo más con su mente. Lentamente se despertó, ojeando el cuarto en la penumbra de la noche. Pensando en volver a dormir comenzó su ritual pasando lista de sus compañeros Pokémon.
Los ronquidos de Machoke y Stantler los delataban, mientras la silueta de Rhydon estaba inmóvil a la luz inconsciente de la cola de Ampharos. Sin embargo, la suerte de los malos augurios estaba de su lado al notar que faltaba Duskull. Ethan estaba a punto de levantarse apresurado para buscarlo cuando notó su perfil en la ventana, mirando la luna. El joven entrenador, ya más calmado, pensó en dormirse de nuevo cuando vio a su compañero fantasma atravesar la ventana.
—¡Lo sabía...! —susurró suavemente mientras confirmaba la actitud extraña de su amigo.
Con mucho cuidado se levantó, no quería despertar a los demás. No era la idea más inteligente que tenía, pero sabía bien que la presencia de cualquiera de sus Pokémon alertaría a Duskull. Tenía que ser discreto si quería encontrar alguna respuesta.
Ethan se puso el abrigo negro, se armó con su mochila de entrenador y, en el apuro, por poco sale sin zapatos de la casa. Rogando no haber despertado ni a su tía ni a su equipo, vagó por las calles solitarias y arenosas de Cyanwood buscando su amigo. Un par de minutos caminando y ya estaba convencido del absurdo que realizaba ¿Cómo rayos iba a encontrar un Pokémon fantasma que podía desvanecerse a voluntad?
Justo cuando consideraba regresar a casa, presa de un malestar en el torso y el mal sabor de no pensar claramente las cosas, tuvo una luz. O mejor dicho una buena sombra. A la luz de la luna, justo después de pasar el gimnasio del viejo Chuck, vio como una sombra se colaba entre las casas y entraba veloz a la Cueva Acantilado.
Ethan se movió rápido, cauteloso, hasta llegar a la entrada de la cueva para dar un vistazo en su interior. Entonces lo vio, su compañero Duskull estaba sobrevolando las escaleras. Visiblemente nervioso miraba a todas partes antes de subir los siguientes peldaños, en una especie de danza ansiosa como si en cualquier momento pudieran atacarlo. El joven esperó que estuviera cerca de la salida superior para empezar a subir las escaleras, cuidando que no lo viera desde arriba. Con todo inconveniente, aun pudo seguirle la pista.
En la zozobra de la persecución, no había notado que estaba dirigiéndose al mismo risco donde hacía pocos días su vida se le escapaba de las manos. Cuando salió de la cueva y sintió la brisa del mar otra vez fue que lo descubrió. Recordaba pedazos de ese día pero el innegable aroma a sal y la fuerza de los vientos en esa altura le traían memorias de alerta.
Recobrando un poco de valor empezó a caminar lo más lejos posible del borde, pegado a la pared de roca, mientras seguía el rastro de su Duskull. Este parecía haber perdido un poco de paranoia pues dejó de observar si lo seguían para flotar rápidamente sobre el camino de la Ruta 47.
Ethan lo persiguió escondiéndose en los ángulos del risco, cada vez más ansioso y desesperado por saber dónde se dirigía. Finalmente, vio que el fantasma se detenía justo en el puente de la primera cascada, mirando los miles de litros de agua caer. Su compañero volvió a revisar todos los alrededores, esta vez más apurado y distraído, como si no hubiera más que revisar. Terminó su vigía mirando la cascada. El entrenador lo observaba desde lejos, había encontrado la manera de husmearlo sin que pudiera notarlo, con el abrigo negro a la sombra de las paredes de roca.
Cuando al fin todo parecía en calma, a pesar del amenazante rugido de las cataratas, el eterno clamor de las olas que se estrellaban con el risco y la orquesta de insectos que no callaban en las noches de verano, se sintió un gran estruendo. Ethan estaba realmente confundido. No había escuchado ningún escándalo pero sin duda percibió como una gran fuerza se liberaba y hacía estremecer la misma realidad.
Un instinto muy primitivo le decía desde el interior que era el mejor momento para correr. Pero no estaba loco para irse como un cobarde y dejar atrás a su compañero Pokémon, aun cuando este permaneciera impasible. Pasaron unos minutos pero Duskull no se movió. En cambio la tierra, el mar, la cascada, la estrella, la noche y hasta la luna parecían perder el equilibrio y turbarse ante el cataclismo.
En un abrir y cerrar de ojos la cascada se rasgó en dos y una negrísima espiral comenzó a girar en medio de la brecha. Así como las tinieblas se abrían paso entre las aguas, temblaron todas las cosas ante el frío que emanaba del abismo junto a una presencia aterradora que se dejó sentir con todo su poder.
Y allí, en medio de la sombría espiral, se dibujaron un par de ojos carmesí.
Sedientos.
Impuros.
Los mismos ojos fríos e indiferentes que, clavados en su memoria, hacían que su alma temblara.