No, ni lo he hecho ni lo haré.
No sólo porque no me gusta, ya bastante tengo con las chimeneas ambulantes que me he tropezado en la escuela, en la universidad (parecía que sólo iban a fumar) y en el trabajo, sino que en mi familia hay un buen historial de fallecimientos a causa de complicaciones respiratorias y adivinen a causa de qué: dos con cáncer de pulmón confirmado y el otro quedó en sospecha porque le mató una neumonia, pero si se recuperaba tenía que hacerse unos exámenes. ¿Qué tenían en común? En algún momento de sus vidas fumaban o fumaron al menos 3 cajas diarias.
Digamos que, a raíz de esto, tomé la decisión de no fumar, aunque esto de ser fumador pasivo no ayuda en nada. No solo porque me parece un hábito sin sentido, sino porque detesto el aroma. ¡Puagh!
De hecho, si conozco a alguien y en verdad me importa, lo molesto para que deje el vicio. Uno de esos es mi esposo, que si bien fuma lo hace cada mil años y me pide permiso, cosa que sólo hace cuando tiene un fuerte -pero muy fuerte- ataque de ansiedad.
Pokiu.