Lo siento por la tardanza D: Aquí está el capítulo, te toca ahora @Thegamerlegend
Me tomé la libertad de tomar la cultura de Kalos como una referencia, todos sabemos que fue fuertemente influenciada por la Europa de nuestro mundo así que por ahí cae el cuento. Gracias por esperarme y disfruten el inicio del fin
Un escalofrío le recorrió la espalda con las vistas del miedo. El pánico naciente en la ciudad estaba calándose dentro de ella con rapidez, pero sabía que era en vano asustarse tan pronto. La conmoción de todos sus compañeros sólo avivaba las llamas del caos. No podía permitirse caer entre todos ellos por primera vez en su vida.
Aun pensativa vio como Chris le dejaba una nota cerca, la leyó con cierta calma mientras veía pasar a Poison aclarando que se marchaba y disimulando terriblemente la noticia de los walkie-talkies. Ana se mantuvo callada y asintiendo al hermoso Ekans más que a su dueña. Que nunca nadie se entere de su fascinación por los reptiles.
Y así vio perderse el ambiente de tranquilidad, aburrimiento, que había en el salón por un cínico escenario de supervivencia y fin de todos los tiempos conocidos. Hasta cierto punto se sentía salvada por el desastre. Nunca había sido muy partidaria de participar en una obra, excepto si era la escritora. Había perdido ya tiempo valioso por lo que necesitaba ordenar sus ideas para saber qué hacer.
“Podría ir por el walkie-talkie primero pero es caso seguro de que Poison irá allí” pensó con rabia ante la simple idea de trabajar con su competencia literaria “No, con la catástrofe en la boca de todos y el terror en la ciudad lo último que quiero es ponerme a discutir con esa pobre alma en desgracia”.
Dio un rápido vistazo a quienes quedaban en el salón, no los conocía a todos pero un porte familiar la hizo sentir en confianza. Jhon, el maniático de las armas, que siempre saludaba al encontrarse en el gimnasio ya fuera ella con sus prácticas de tiro, él en su esgrima, artes marciales o cualquier deporte que practicara. Sin dudarlo se acercó a él.
—Oh… Hola Jhon… —comenzó algo tímida, no era que hablaran demasiado pero seguro él la recordaba del gimnasio —Seguro escuchaste a Poison esparciendo veneno por ahí sobre un par de equipos de comunicación en Centros Pokémon —.
—Sí, ella tiene problemas —comentó con desinterés casi apurando las palabras de Ana.
—Bueno, es mentira lo del Centro Pokémon más cercano. Ahí si hay uno de los walkie-talkies —el joven la siguió escuchando vagamente, sabía de su tendencia a sentirse mejor que los demás y no iba a permitir que regodeara en frente de él —El punto es que no quiero encontrarme con ella por ahora, es peligroso salir así con la ciudad descontrolada así que pensaba buscar mi arco en el casillero del gimnasio… —¬.
Ana vio como Jhon cambió por completo su semblante mientras una sonrisa maquiavélica, como quien acaba de descubrir una gran idea por sí mismo, se dibujó en su rostro. El joven volteó a verla, ahora con su completa atención la dama. Ella, sin desaprovechar la oportunidad, continuó.
—Volaré hasta el gimnasio, tomaré mi arco y buscaré un Centro Pokémon, no sé si quieras acompañarme y buscar algo de esgrima para ti—.
—En algo tienes razón, no podemos estar desarmados en este gran problema —comentó ensimismado en ocultar la emoción que sentía por la aventura inminente —Iré contigo —.
Ana suspiró aliviada, al menos entre ellos compartían ese paradójico amor por las armas. Sin contar que él era candidato a participar en torneos de esgrima, famosos en toda la región de Kalos por su tradición. Y ella llevaba años practicando tiro con arco, no a nivel de competición pero lo suficiente para meterle miedo a cualquiera.
Ambos se acercaron a la puerta con disimulo, viendo la oscuridad de los pasillos ligeramente truncada por las luces del exterior. Por un instante todas las nefastas consecuencias de cualquier errada decisión pasaron por la mente de Ana.
Era arriesgado sin duda, pero era peor quedarse sin ayudar a quien ya le había tendido la mano. Con cuidado sacó la pokéball de su cartera, rogando que su osadía fuera la correcta, liberó al caballero blanco de los cielos, su querido Togekiss, para que les llevara volando hasta el gimnasio.
La dama se subió con ligereza, acostumbrada a las suaves plumas de su compañero. Jhon se subió un segundo después igual de maravillado. Y con un rápido aleteo salieron disparados hacia el gimnasio, rogando por lo bajo que nada los detuviera.
Me tomé la libertad de tomar la cultura de Kalos como una referencia, todos sabemos que fue fuertemente influenciada por la Europa de nuestro mundo así que por ahí cae el cuento. Gracias por esperarme y disfruten el inicio del fin

Capítulo 6: Hermano en armas
Spoiler
Un escalofrío le recorrió la espalda con las vistas del miedo. El pánico naciente en la ciudad estaba calándose dentro de ella con rapidez, pero sabía que era en vano asustarse tan pronto. La conmoción de todos sus compañeros sólo avivaba las llamas del caos. No podía permitirse caer entre todos ellos por primera vez en su vida.
Aun pensativa vio como Chris le dejaba una nota cerca, la leyó con cierta calma mientras veía pasar a Poison aclarando que se marchaba y disimulando terriblemente la noticia de los walkie-talkies. Ana se mantuvo callada y asintiendo al hermoso Ekans más que a su dueña. Que nunca nadie se entere de su fascinación por los reptiles.
Y así vio perderse el ambiente de tranquilidad, aburrimiento, que había en el salón por un cínico escenario de supervivencia y fin de todos los tiempos conocidos. Hasta cierto punto se sentía salvada por el desastre. Nunca había sido muy partidaria de participar en una obra, excepto si era la escritora. Había perdido ya tiempo valioso por lo que necesitaba ordenar sus ideas para saber qué hacer.
“Podría ir por el walkie-talkie primero pero es caso seguro de que Poison irá allí” pensó con rabia ante la simple idea de trabajar con su competencia literaria “No, con la catástrofe en la boca de todos y el terror en la ciudad lo último que quiero es ponerme a discutir con esa pobre alma en desgracia”.
Dio un rápido vistazo a quienes quedaban en el salón, no los conocía a todos pero un porte familiar la hizo sentir en confianza. Jhon, el maniático de las armas, que siempre saludaba al encontrarse en el gimnasio ya fuera ella con sus prácticas de tiro, él en su esgrima, artes marciales o cualquier deporte que practicara. Sin dudarlo se acercó a él.
—Oh… Hola Jhon… —comenzó algo tímida, no era que hablaran demasiado pero seguro él la recordaba del gimnasio —Seguro escuchaste a Poison esparciendo veneno por ahí sobre un par de equipos de comunicación en Centros Pokémon —.
—Sí, ella tiene problemas —comentó con desinterés casi apurando las palabras de Ana.
—Bueno, es mentira lo del Centro Pokémon más cercano. Ahí si hay uno de los walkie-talkies —el joven la siguió escuchando vagamente, sabía de su tendencia a sentirse mejor que los demás y no iba a permitir que regodeara en frente de él —El punto es que no quiero encontrarme con ella por ahora, es peligroso salir así con la ciudad descontrolada así que pensaba buscar mi arco en el casillero del gimnasio… —¬.
Ana vio como Jhon cambió por completo su semblante mientras una sonrisa maquiavélica, como quien acaba de descubrir una gran idea por sí mismo, se dibujó en su rostro. El joven volteó a verla, ahora con su completa atención la dama. Ella, sin desaprovechar la oportunidad, continuó.
—Volaré hasta el gimnasio, tomaré mi arco y buscaré un Centro Pokémon, no sé si quieras acompañarme y buscar algo de esgrima para ti—.
—En algo tienes razón, no podemos estar desarmados en este gran problema —comentó ensimismado en ocultar la emoción que sentía por la aventura inminente —Iré contigo —.
Ana suspiró aliviada, al menos entre ellos compartían ese paradójico amor por las armas. Sin contar que él era candidato a participar en torneos de esgrima, famosos en toda la región de Kalos por su tradición. Y ella llevaba años practicando tiro con arco, no a nivel de competición pero lo suficiente para meterle miedo a cualquiera.
Ambos se acercaron a la puerta con disimulo, viendo la oscuridad de los pasillos ligeramente truncada por las luces del exterior. Por un instante todas las nefastas consecuencias de cualquier errada decisión pasaron por la mente de Ana.
Era arriesgado sin duda, pero era peor quedarse sin ayudar a quien ya le había tendido la mano. Con cuidado sacó la pokéball de su cartera, rogando que su osadía fuera la correcta, liberó al caballero blanco de los cielos, su querido Togekiss, para que les llevara volando hasta el gimnasio.
La dama se subió con ligereza, acostumbrada a las suaves plumas de su compañero. Jhon se subió un segundo después igual de maravillado. Y con un rápido aleteo salieron disparados hacia el gimnasio, rogando por lo bajo que nada los detuviera.















