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#1

Pokemon Battle Online

¡Hola! Soy Jovat, y como se darán cuenta soy nuevo en el foro. Esta historia se basará en Pokemon, pero con una idea de lo que es el anime Sword Art Online, que es sobre un mundo virtual ene lq ue se puede jugar. Bueno, no tengo mucho que decir ésta vez. Simplemente me gustaría que se animaran a leer la historia, y espero que tengan un buen día. :)



POKEMON BATTLE ONLINE - 1






Súbitamente, todo se volvió de un color oscuro. Mi vista se nubló por completo, la orientación se perdió sobre mí y no pude hacer otra cosa más que esperar.
Enseguida, una delgada línea horizontal de un tono verde fosforescente comenzó a parpadear en el entorno. Se mantuvo así por algunos segundos más, aunque un poco más tarde, la sustituyó la palabra “CARGANDO…” .

Noté cómo la emoción comenzaba a invadir mi cuerpo y la adrenalina por comenzar esta nueva experiencia comenzaba a fluir por mis venas.

En un abrir y cerrar de ojos, aquel ambiente negro y misterioso dio lugar a un blanco que lastimó mi vista por algunos segundos. No sabía lo que pasaba hasta que me di cuenta que unas letras negras aparecieron frente a mí: “INICIAR SESIÓN” y “REGISTRARSE”.

Escogí la segunda opción, puesto que era apenas un novato adentrándose a un nuevo mundo. Y me sorprendí al ver que la consola leía mis pensamientos, ya que escogió automáticamente la segunda opción sin siquiera yo haber hecho algo; había escuchado por ahí que el cerebro manda impulsos al casco y éste interpretaba tus decisiones en el juego. Simplemente increíble.

A pesar de que aún no se cambiaba aquel fondo claro y cegador, apareció el logo del juego y una bienvenida.


POKEMON BATTLE ONLINE.

BIENVENIDO A LA MÁS GRANDE EXPERIENCIA EN BATALLAS.



Aquello me resultó tan emocionante que no sabía cómo reaccionar al ver que me daban cinco opciones a elegir: LUCHADOR, MAGO, ESPADACHÍN, ARQUERO y SANADOR.

Mi mente estaba tan impaciente por comenzar el juego, que no pude procesar aquella información por un rato. Parecía que estas opciones eran para ver qué tipo de combate utilizaría en batalla. ¿Pero qué no el juego se trataba sobre aquellas criaturas magníficas y extrañas de las que tanto se rumoreaba? Bueno, esto parecía que me excitaba aún más.

La opción de luchador parecía tentarme, pero jamás fui bueno en artes marciales, combate cuerpo a cuerpo y todas esas cosas; de hecho, creo que jamás me he peleado en el mundo real, así que descarté aquella opción.

¿Mago? Bueno, esto sí que era una poderosa opción. Me resultaba intrigante la idea de hacer magia, ya que en el mundo real eso era prácticamente imposible. Aunque algunos llaman “magia” a la ilusión óptica, pero poder lanzar fuego, levantar rocas con la mente o cualquier otra cosa tan increíble era mejor que el simple hecho de hacer un truco de baraja.

El ser espadachín sin duda era también otra opción a elegir, puesto que no sólo podías luchar con una espada y un escudo como en la antigüedad, sino que podrías mejorar con el tiempo hasta un momento en el que llegarías a ser invencible debido las técnicas con tu espada. Aparte, sería entrar al combate con mi criatura ayudándome; dos ejes de ataque que sin duda complicarían al rival.

Muchos me han dicho que tengo buena puntería, y el ser arquero fortalecería aún más aquella habilidad. ¿Se imaginan el ser un arquero experto? Podría incluso cerrar los ojos y dar con mi oponente a cientos de metros de distancia. Mientras mi criatura lucha cuerpo a cuerpo con el oponente, yo podría ser el que complique las cosas combatiendo de lejos.

El sanador, aunque muchos lo ven como una opción no tan confiable, de hecho puede ser la que mejor resulte a la hora de combate. Mientras aquel monstruo que pelea a tu lado se encarga de luchar con el oponente, tú puedes respaldarlo aumentando su salud; es como si nadie le estuviese haciendo daño. Increíble.

Sin embargo, cuando lo pensé por unos breves momentos, supe que la mejor opción a elegir era la que más se adaptaba a mi perfil.

Una vez hice mi elección, otro letrero de letras mayúsculas y oscuras apareció alrededor de mi vista:

“ELIGE EL TIPO ELEMENTAL DE POKEMON QUE QUIERES PARA LAS BATALLAS. UNA VEZ QUE LO ELIGAS, NOSOTROS TE DAREMOS AL AZAR A UN POKEMON DE ESTE TIPO. SIN EMBARGO, ÉSTE SERÁ EN SU PRIMERA EVOLUCIÓN. (PARA LOS USUARIOS BETA LES SERÁ OTORGADO UN POKEMON DE SEGUNDA EVOLUCIÓN)”.

Genial, esto simplemente se reduce a la palabra: “genial”. Aunque lo había meditado por algún tiempo, sabía que esta era mi opción favorita y una de las más fuertes, sin duda alguna. Una lista apareció frente a mí, para poder escoger el tipo elemental de Pokemon que se me iba a proporcionar.
ACERO
AGUA
BICHO
DRAGÓN
ELÉCTRICO
FANTASMA
FUEGO
HADA
HIELO
LUCHA
NORMAL
PLANTA
PSÍQUICO
ROCA
SINIESTRO
TIERRA
VENENO
VOLADOR


Sin duda alguna elegí el tipo elemental correcto, y sabía que era la mejor opción.

Entonces, aquella pantalla nuevamente se torno oscura. El letrero de “CARGANDO…” apareció nuevamente y unos breves instantes después apareció un ambiente increíble. Mis ojos se cegaron un momento no sólo por la luz tan repentina que golpeaba mis retinas, sino que el paisaje era tan maravilloso que no podía creerlo.

Estaba listo. Estaba preparado para este juego; había encontrado por fin algo de entretenimiento, pero lo más importante era que sin haberlo planeado había encontrado al menos algo que le iba a dar sentido a mi vida, aunque en el pasado jamás lo hubiera pensado. Sí, ya sé que esto es absurdo; un muchacho de 17 años que no tenía metas ni logros en la vida, dependa de un juego virtual y se haya identificado con él, pero esto es lo que me hace feliz y lo que me cambiará la vida en un futuro no muy lejano. Es hora… Esta será la primera vez que haré historia en Pokemon Battle Online.





— ¡No lo hagas! —una mujer gritaba con más desesperación que miedo— ¡Por favor, no lo hagas!

— ¡Ya basta! Estoy cansado de que me grites así.

Un contacto fuerte seguido de un sonido con la misma identidad resonó por toda la habitación. El mozo no estaba tan seguro si se había tratado de lo que sus ojos habían visto o si sólo era un producto de su imaginación. Sin embargo, estaba ya tan acostumbrado a este tipo de situaciones que ya no le impresionaba en lo absoluto.

Afuera, una tormenta se estaba desatando. Eran buenas noticias para el pequeño, ya que se alivió al ver que estaba refugiado bajo un techo y con la chimenea calentado sus rosadas mejillas. No obstante, también eran malas noticias para él, y vaya que eran las que más temía. Su miedo más grande era el de los truenos que se desataban por toda la ciudad; no sólo el gran sonido ensordecedor que producían los rayos lo estremecían, sino que aquel mismo sonido a veces sonaba exactamente igual a los golpes que el hombre le proporcionaba a aquella mujer. Empero, eran ya tantas las veces que veía esta situación, que ya no sabía distinguir entre un trueno y un golpe.

Lo más curioso era que para aquel muchacho, los rayos también lo hacían más fuerte y a veces lo calmaban. ¿Por qué? Porque siempre después de que aquel hombre le hubiese dado una pequeña lección a la hermosa dama y se fuera a beber alcohol alrededor de las calles de la ciudad, el retoño corría a los brazos de ella y se refugiaba en ellos, mientras los rayos retumbaban y hacían temblar los vidrios del hogar.

— Todo va a estar bien, Ash —susurraba aquella persona, con una voz débil, cortante y triste.

Así que a pesar de que los relámpagos lo hacían recordar cada golpe que su padre le daba a Delia, era más fuerte el sentimiento de que éstos los iba a recordar como un refugio, como una esperanza después de haber sufrido, como una sonrisa a pesar del dolor, a pesar de que su hijo sabía lo que pasaba y que lo había visto.

Pero un día el sujeto hizo que Delia actuara y se diera cuenta de que tenía que escapar de ese hombre. Ese día él llegó ebrio como todos los días y comenzó a discutir con la mujer de cabellos castaños y el contacto brusco comenzó de nuevo; sin embargo, esta vez Ash supo que no podía seguir soportando aquello. Sabía que si no le ponía un alto a todo esto, él la iba a asesinar tarde o temprano, a pesar de ser su esposa… a pesar de ser su padre.

— ¡Basta! —Ash se interpuso en su camino justo cuando le iba a dar una cachetada— Ya me harté de no hacer nada mientras veo como tú la tratas de esa manera.

— Ash… —el señor soltó una risotada— Venga, no te metas en mis asuntos.

— Cállate —Ash no le tenía miedo a su padre.

— ¿Qué dijiste, mocoso?

—Que te calles. Ella es mi mamá. Y juro que si la vuelves a tocar te…

A pesar de que era un muchacho de 10 años, su padre no dudó ni un momento en darle una cachetada que le hizo perder el equilibrio.

— ¿Juras que me vas a matar? —Su padre terminó la frase— ¡No seas ridículo!

Sin embargo, Ash no pudo hacer nada más que ver como su padre se reía, mientras el azabache lucía indefenso observando cómo nuevamente él volvía a hacer la rutina diaria con su madre.

Empero, Delia supo que esa fue la gota que derramó el vaso; el haber golpeado a un niño de diez años, y sobre todo a su hijo, la hizo actuar de inmediato.

— Delia… ya llegue —el hombre abrió la puerta de la casa, pero al ver que no había nadie nombró de nuevo a la mujer— ¡Delia! ¡Ash!

El hombre sabía que ellos se habían ido, que habían desaparecido. A pesar de todas las advertencias, amenazas para no denunciarlo y toda la autoridad que había impuesto sobre Delia, se había marchado muy lejos junto con su hijo…

Sin embargo, tan sólo le duró siete años a Delia el haber vivido tranquilamente, puesto que su padre los encontró en un tal Pueblo Paleta. Y aunque el Profesor Oak, que era un científico muy amigo de ella, se enteró de que él había dado con su localización, ya era demasiado tarde para escapar.

— Hijo, quiero que te vayas muy lejos de aquí —Ash repentinamente entró en confusión— Lo más lejos que puedas.

— No mamá, no voy a abandonarte. Si él viene, lo vamos a afrontar juntos.

Súbitamente, su madre acarició el rostro de su retoño. La mirada de ambos se encontró por un buen rato, contemplando sus rostros y sabiendo que ella no cambiaría de opinión. Tenía la sensación de que era la última vez de que vería a su hijo.

— Cuánto has crecido, Ash —las lágrimas comenzaron a brotar por las mejillas de la mujer.

— Madre, no te voy a abandonar.

— Él viene por los dos. No quiero que tú salgas lastimado — Delia sacó un boleto de avión que sorprendió al moreno—. Sabía que tarde o temprano iba a encontrarnos, así que planeé todo para ponerte a salvo.

— No… no… n-no puedo aceptar…

— ¡Ash Ketchum! —las manos de Delia apretaron su rostro, mientras más lágrimas caían de su barbilla— ¡Soy tu madre y me harás caso quieras o no! ¡Quiero ponerte a salvo! ¡Eres mi hijo y no quiero perderte!

— Ma…

— Irás a la región de Kalos, en Ciudad Luminalia. Ahí estarás a salvo.

— Pero… ¿En dónde viviré?

— Ten esta dirección —le depositó un pedazo de papel en su mano, donde venía el domicilio de la morada.

— ¿Y cómo vas a pagar todo esto? ¿Cómo piensas…?

— No te preocupes por el dinero, lo importante es mantenerte a salvo.

Nuevamente se quedaron mirando por un largo rato. Delia sabía en lo más profundo de su ser que si quería mantener a su hijo a salvo, tenía que mantenerlo lejos. Estaba consciente de que era la última vez que lo iba a ver.

— Te amo Ash —ambos se abrazaron.

— Yo más, mamá —Ash no pudo soportar el llanto y lo dejo salir, mientras los dos se abrazaban como si no hubiera mañana.








— ¡¿Hay alguien ahí?! ¿HOLAAAAA? ¿ALGUIEN EN CASA? —toqué nuevamente la puerta tres veces, pero nadie me respondía—. Creo haberme equivocado de dirección— chequé nuevamente aquel pedazo de papel.

— No, es la dirección correcta —estaba tan concentrado revisando la dirección que no me había percatado de haber escuchado la puerta abrirse—. Lamento no haber respondido, pero estaba haciendo del baño. Creo que no iré más a comer frijoles con doña Juana, aunque me haya regalado un cupón al 2x1, ten.

— Gracias —me sentía un poco avergonzado por lo que había mencionado, aunque recibí el cupón.

— Bueno, ¿y tú debes de ser Ash Ketchum, no es así? Soy el profesor Ciprés, un gusto. ¡No te quedes ahí parado! ¡Pasa! A fin de cuentas esta es tu nueva casa.

Al pasar, me sorprendí al ver que era una casa muy pequeña. A mi izquierda se encontraba un sofá cama de un tono verde oscuro. Frente a ella se encontraba un escritorio de computadora, de una madera oscura y fina, y pude ver que este pequeño cuarto lo podían cubrir un par de persianas, ya que estas estaban abiertas; al parecer el sofá cama iba a ser mi lugar para dormir. A unos metros frente a mi estaba la cocina. No constaba de mucho, tan sólo de una estufa, un lavaplatos y un microondas —que era lo esencial para mí—. Y a la derecha había una puerta cerrada, supongo que era el baño.

— Sí, te sugiero que no abras el baño —el Profesor Ciprés estaba avergonzado.

— Como sea. ¿Usted es amigo de mi…? —se me enchinaba la piel al recordarla.

— Sí, me dijo todo lo que pasó. Y no te preocupes por el dinero, el profesor Oak le prestó para comprar esta pequeña casa. No es mucho, pero al menos podrás dormir seguro.

— Está bien, me gustó la casa.

— ¿Qué más? ¡Ah, sí! En tu cuenta bancaria tu madre ya había depositado desde antes suficiente dinero para tus provisiones —comida, agua, emergencias, ropa, etc— durante algún par de años, aunque no para siempre, así que aprovéchalo bien.

— De acuerdo.

— Bueno, pues… —el silencio incómodo se hizo presente—, creo que es tiempo de que me vaya.

— Entiendo… bueno, adiós.

— Adiós —el profesor Ciprés de encaminó hacia la puerta y se volteó durante unos segundos para verme— Ash… tu madre… sé que ella estará a salvo. Te lo prometo.

Yo tan sólo me limité a sonreír tristemente y a agradecerle. Después de eso cerré la puerta y me mantuve en aquel silencio que me brindaba mi nuevo hogar.

Me entró un poco de rabia al recordar que mañana sería mi primer día en otra escuela distinta. Así que estaba un poco nervioso. Sabía desde pequeño que no era bueno haciendo amigos y que jamás había tenido uno en mi vida, excepto Gary —el hijo del profesor Oak—; cómo lo extraño.

La depresión comenzó a invadirme, así que para impedirla salí un rato a pasear durante aquella nueva ciudad donde la atracción más llamativa era sin duda aquella gigantesca torre. Sin duda era extraordinaria.

— ¡Hey! ¿Ya vieron esa nuevo consola? —escuché a un muchacho decir a lo lejos.

Me acerqué un poco para escuchar más de cerca. Al parecer estaba recargado sobre un vitrina, donde al otro lado se encontraba un casco electrónico y una pequeña caja que parecía ser un videojuego.

— ¡Dicen que esta nueva consola es sobre la realidad virtual! ¡Y el videojuego ni se diga!

— ¿Sobre qué es el videojuego? —cuestionó otro chico muy intrigado.

— Se dice que adoptas a una criatura llamada Pokemon y que puedes retar a otros oponentes en una batalla. Ellos lucharán por ti. El juego se llama… ¡Pokemon Battle Online!

— ¡Yo quiero la consola!

— Lo sé, yo igual. Aunque… aún no está a la venta. Ésta que se está mostrando tan sólo una de las cuantas que hay en la ciudad que están en exhibición. En dos semanas saldrá a la venta la consola junto con el juego.

— ¡Genial!

Cuando uno es nuevo en la ciudad, está aburrido y sobretodo tiene dinero en una cuenta bancaria que te podrá mantener durante unos cuantos años, aparte de que no sale mucho y no es bueno haciendo amigos. ¿Qué otra cosa más podría hacer en estos momentos? Tan sólo necesitaré convencer al encargado de la tienda para que me venda la consola de exhibición…

— ¿Qué le parece si le doy diez mil yenes?

— Lo siento, pero esta consola tan solo es de exhibición. Aparte de que su precio normal será de setenta y siete mil yenes.

- Mierda… Le doy ochenta mil yenes y mil yenes extra para usted.

— Dos mil yenes.

— Mil quinientos.

— Mil setecientos.

— Mil quinientos y un cupón para los frijoles de doña Juana.

— Hecho.







Y es así como esto iba a comenzar. Mi nuevo “hobbie”, mi nuevo sueño, mi nueva forma de vida. Sé que es algo fuera de lo normal, pero por fin encontré algo donde podré sacar esa rabia que le guardé muchos años a mi padre ¿Y qué mejor manera de hacerlo en un videojuego? Sé que mi madre estará a salvo y sé que estará pensando en mí, así como yo lo hago con ella. Sé que aunque no volveré a ver a mi madre más, tengo las esperanzas de algún día pueda ir por ella. Sé que ella siempre me ha protegido de los truenos, a pesar de que ellos me recuerden a ella. Sé que la espada que tengo sobre mi mano me hará más fuerte en el juego, a pesar de ser un novato aún.

— ¡PIKACHU, YO TE ELIJO!

Un roedor amarillo salió de la pokebola y sin pensarlo le lanzó una tacleada a un Zigzagoon que había estado desconcentrado durante la batalla.

— Pikachu, ¡usa impactrueno!

Unas chispas de electricidad comenzaron a aparecer sobre sus mejillas rojas, seguido de una luz cegadora y un estruendo ensordecedor, mientras recordaba los truenos que sonaban en mi infancia.

…Pero sobretodo sé que estoy a punto de tener una gran aventura.
#2
¡Hola! Sé que es algo temprano para publicar el siguiente capítulo. Espero no les moleste. Cualquier duda, error o comentario, son bien recibidos. Gracias, y que tengan un buen día, noche o lo que sea xD




2 - Versión Beta​


Spoiler

El ardor que comenzaba a sentir en los pulmones comenzaba a ser insoportable. La respiración agitada era algo que mi garganta comenzaba a ser incapaz de soportar. Me sentía agotado y el sudor corría debajo de mis patillas y sobre mi frente. Jamás me había gustado correr; de hecho, nunca fui bueno para los deportes. Sí, no era la persona más atlética del mundo, y sabía que eso era un punto negativo que tomaban en cuenta las mujeres. ¡Bah, qué más da! Aun así fuera el mejor atleta del mundo ellas jamás se fijarían en alguien como yo.

Por fin había parado. Me consideraba suertudo al darme cuenta de que nadie me había atrapado corriendo por los pasillos, sino hubiera tenido pésima suerte. Empero, de que tenía mala suerte la tenía, puesto que había llegado tarde en mi primer día de clases. ¡Vaya estupidez!

Alcancé a escuchar una voz al otro lado de la puerta. Al parecer era de la maestra, ya que era muy femenina y estaba mencionando algo sobre algunos números y sumas.

En la ventana opaca de la puerta se encontraba un número; parecía ser el número del aula.

En lo más profundo de mí, una pequeña voz me decía que no debía de tocar. Por supuesto que no quería recibir todas las miradas de mis compañeros nuevos, además del regaño de la maestra por haber llegado tarde y agregando mi presentación frente a todos. Sería una vergüenza. Supongo que me lo merezco por no haber puesto mi despertador y haberme quedado toda la tarde jugando PBO.

Me armé de valor y toqué la puerta tres veces. La voz se detuvo por unos segundos y sentí una punzada en mi corazón. Unos pasos de tacón sonaron al otro lado y la manija comenzó a girar.

— ¡Oh, tú debes de ser el alumno nuevo! ¿O me equivoco?

Tan sólo asentí con nerviosismo.

Aquella maestra era alta, delgada, de tez pálida como la nieve, con unos lentes que ocultaban aquellos orbes esmeralda, mientras su cabello castaño oscuro lo tenía recogido perfectamente. Parecía tener elegancia, puesto que portaba un saco grisáceo y una falda larga de un color más oscuro.

La maestra me hizo una reverencia con la mano para que pasara, y a mis espaldas ella cerró la puerta. Mientras caminaba hacia el centro de la sala, pude notar la mirada penetrante de varios alumnos. Sentí un pequeño rubor en mis mejillas, y el sudor que parecía haber parado después del largo maratón que había hecho desde mi casa hasta acá parecía haber reanudado a causa del nerviosismo excesivo.

Me quedé parado ahí, sin más. La profesora se me quedó observando al igual que mis demás compañeros; el silencio invadió la sala por unos breves instantes, aunque esos pequeños segundos fueron los más vergonzosos que había tenido jamás.

— Alumnos, quisiera presentarles a su nuevo compañero. Él es Ash Ketchum, de Pueblo Paleta. Al parecer vienes desde muy lejos ¿no es así? —Asentí de una forma estúpida— De acuerdo. Espero que se lleven bien con él y que le demuestren que aquí en Luminalia somos unas personas educadas y amigables. Toma asiento Ash, por favor.

Miré alrededor del aula y me crucé con algunas miradas de pocos amigos. Noté un lugar vacío al lado de la ventana, ni muy hasta atrás del salón ni tan hasta adelante.

Me encaminé hacia aquel asiento, pero algo se interpuso en mi camino que no pude ver con claridad: el pie de un chico había sido como una roca en mi camino, y tropecé; mis manos habían reaccionado a tiempo, sin embargo, las risas se hicieron presentes a pesar de no haberme golpeado ni mucho menos.

— Ten más cuidado, idiota —mencionaba un muchacho con cabellera verde; parecía ser el que mandaba por aquí.

Yo lo ignoré y finalmente me senté en mi lugar.

Mientras la maestra reanudaba su clase, comencé a analizar a las personas que tenía a mi alrededor: Delante de mí se encontraba una chica de tez pálida, y con una cabellera anaranjada recogida en una liga; no pude ver su rostro con exactitud, puesto que estaba de espaldas y sobretodo estaba recostada en su pupitre. A mi derecha se encontraba un chico de tez morena y unos cabellos castaños alborotados, sus ojos estaban tan rasgados que no supe apreciar si en verdad estaba dormido o despierto. Y detrás de mí no supe de quién se trataba, ya que no tuve el valor para voltear y analizar su rostro. No quería parecer un tipo extraño.

La maestra había dicho cosas que aunque me resultaban interesantes, simplemente no podía prestar mi atención, debido a que era más mi interés por volver a casa y jugar PBO. Después de un rato, el timbre sonó y todos comenzaron a irse. Sin embargo, fui el último en quedarme para no llamar mucho la atención. Recogí mis libros y miré un rato a la ventana para matar el tiempo. Me acordé que desde el principio de la clase quería ver a la persona que se situaba detrás de mí, pero ya había sido demasiado tarde.

A pesar de que la profesora les había dicho a los alumnos que se comportaran amablemente conmigo, algunos no lo hacían; desde el momento en que me caí con el pie de aquel molesto muchacho ya me habían agarrado como el débil y tonto de la escuela. Algunos otros simplemente se comportaban amables, pero no trataban de hacer alguna amistad conmigo.

Sí, la escuela tampoco era mi fuerte; tampoco lo eran las amistades. Creo que en nada era bueno excepto en PBO. Ahí comenzaba a darme cuenta que estaba hecho para el juego, y éste estaba hecho para mí. Empero, también tenía que acostumbrarme al mundo real, ya que era donde vivía en realidad.

No sentí raro al sentarme solo en una mesa para almorzar, ya que estaba acostumbrado. Pueblo Paleta no era un pueblo tan grande, por lo que no hice muchos amigos. Me acostumbré a estar tan solo la mayoría del tiempo que poco a poco comenzó a gustarme más la soledad que la compañía.

— Hola —ya se había tardado aquel joven de mata esmeralda en aparecer— Voy a tomar esto —agarró la manzana que aún no había mordido y mi pequeño plato de puré de papa que estaba a punto de comer — ¿Tienes algo que decir al respecto?

Me quedé ahí por unos instantes. Sabía que si me paraba de mi asiento y me defendía, iba a ser hombre muerto. ¿Pero qué más daba?

Me paré bruscamente y sin haberme dado cuenta ya tenía una espada en la mano; esta era blanca como la nieve, tan cegadora y reluciente que no podías verla fijamente; alrededor de la grisácea empuñadura aparecían repentinamente unas pequeñas chispas potentes, breves y con ganas de salir. El filo de la espada comenzó a desprender unas ondas eléctricas invisibles; debido a su potencia, los vellos del brazo del muchacho brabucón se erizaron por completo. Levanté aquella espada y sin pensarlo le lancé un tajo que hirió al chico…

— ¿No tienes nada que decir? —sus ojos esmeralda aún seguían mirándome con gracia.

— No, yo… —salí de aquella fantasía y me di cuenta de que él y sus dos amigos “guardaespaldas” se estaban burlando de mí.

— Pobre idiota —se fue dando un mordisco a mi preciada manzana, mientras lanzaba algunos trozos de ella al aire debido a las risotadas que se iban alejando.

No valía la pena luchar con unos idiotas como ellos. Sabía que yo era delgado, de estatura promedio, y aunque mi mamá siempre me dijo que era muy apuesto, mi personalidad jamás me ha ayudado. Sin embargo, sé que tengo algo que ellos no tienen: inteligencia.

Sin embargo, antes de que dieran el toque para volver a clases, la vi…

Iba caminando por la cafetería, y no sé si había viento o no, pero aquellos cabellos castaños claros se movían al compás de éste. Sus ojos azules me hipnotizaron por completo, y la sonrisa que tenía dibujada en su delicado rostro hizo que dentro de mí sintiera algo extraño. Creo que jamás lo había sentido a lo largo de mi vida. El uniforme que llevaba, a pesar de ser una camisa blanca, un suéter beige, agregando un pañuelo rojo en el cuello que era el adorno que distinguía a las mujeres de los hombres, la falda azulada corta y las calcetas blancas, lo que resaltaba en ella no sólo era la belleza que poseía, sino la seguridad y simpleza con la que caminaba al lado de mí. Pude notar un aroma dulce cuando su cabello pasó a unos centímetros de mí. Era perfecta.

No obstante, sabía que no tenía oportunidad con una chica. Jamás en la vida la tendría. Un chico como yo no podría estar con la más linda de la escuela. Era en contra de las leyes de la naturaleza; lo sabía.

Y no sólo yo noté su belleza al andar, sino que también otros chicos se mostraban idiotizados, e incluso uno le regaló una rosa mientras ella la aceptaba con una sonrisa. Después de eso el chico no supo cómo reaccionar ante tal perfección y se alejó avergonzado. ¿Acaso me quería ver como aquel chico? ¿Cómo alguien ridículo y petrificado al ahora de tomar la iniciativa? No, gracias.

Llegué un tanto distraído a la clase, y tomé asiento. Miré un rato al patio de la escuela, que era la vista que me ofrecía la gran ventana. El profesor entró y preparó su clase, mientras los demás alumnos llegaban. Noté que el chico de ojos rasgados se sentó a mi lado y a aquella chica de cabellos anaranjados con cara de pocos amigos enfrente de mí. Parecía que en esta ciudad nadie era amistoso a pesar de que la maestra dijo lo contrario.

Pero algo me sorprendió bastante cuando alguien entró y se sentó atrás de mí. En un principio, sabía que a la persona que tenía a mis espaldas no la había notado en lo absoluto, pero al verla de frente sentí una punzada grave en el estómago. Los nervios me paralizaron y quería esconder la cara, pero lo único que hice fui mirarla automáticamente.

Ella era, la chica por la cual me había petrificado y que tenía un aroma dulce. ¡Era ella! ¡La mujer más linda de la escuela se sentaba atrás de mí! ¿Acaso era una señal para que por primera vez tomara la iniciativa en mi vida? ¿O sólo era una mera coincidencia? No, esto no podía creerlo. ¿Cuántas oportunidades como estas se presentaban en la vida?

Sin embargo, no me había dado cuenta de que la estaba mirando, a pesar de que ella se me quedó viendo algo extrañada. Pero a pesar de ello me regaló una sonrisa y se sentó en su respectivo lugar. Por mi parte, me quedé todavía petrificado en mi lugar, sin prestar atención el resto de la clase.

¡Me había sonreído! Era nada más y nada menos que la sonrisa de un ángel caído del cielo. ¿Pero por qué lo habrá hecho? ¿Acaso le daba gracia mi rostro? ¿O sólo fue una sonrisa educada? ¿O acaso le gustaré? No lo sé. Tan sólo sé que por primera vez una chica me sonreía de buena manera, y mejor aún, la chica que me atraía.

Ahora era el momento para romper el hielo. ¿Pero qué podría decir? No quería parecer un estúpido, y menos cuando aquel brabucón de cabellos verdes siempre me andaba vigilando para ver cuándo cometía un error. Tenía que pensarlo bien y dirigirle la palabra educadamente, con una sonrisa y con toda la naturalidad del mundo; sin embargo, con un solo error que cometiera, todo se iría a la mierda.

Me volteé a verla. Ella estaba atenta a la clase, pero al ver que giré mi cabeza para observarla, dirigió sus ojos azulados hacia mí. Sabía en el fondo que me paralizaría, por lo que me quedé viéndola con la boca abierta, esperando a que las palabras fueran pronunciadas. No obstante, me volteé rápidamente y miré al pizarrón.

— Mierda —susurré con lamento.

Nuevamente mi oportunidad para causar una buena impresión se había esfumado. ¡¿Qué demonios me pasaba?! ¿Por qué me quedé paralizado sin decir nada? Tan sólo tenía que decir: “Hola, soy Ash” o “¿No tienes un lápiz que me prestes?” y lo demás era pan comido. Empero, sus ojos azules eran tan hermosos y angelicales que me hipnotizaron por completo. Al parecer era imposible el hablar mirándola a los ojos. Creo que la próxima vez le hablaré mirando a otro lado, si es que hay otra próxima vez.

¿Cuál habrá sido su impresión al verme como idiota y luego voltearme sin decir nada? Al parecer me habrá catalogado como un imbécil… Si eso era lo que menos quería que pasara.

El toque de la campana tocó más rápido de lo que esperaba, mas me quedé ahí paralizado en mi lugar viendo a la ventana con toda aquella tormenta de pensamientos que invadían mi cabeza.

Noté cómo aquella chica se iba alejando, sin siquiera mirarme… Creo que me odia.

Llegué a mi casa cuando el sol se estaba ocultando por el horizonte. Sin siquiera pensarlo fui a la cocina y me preparé un emparedado de mermelada y mantequilla de maní; sin duda mi comida favorita.

Enseguida, me senté en mi escritorio y tomé el casco negro que era aquella famosa consola que saldría pronto a la venta para todo el mundo, mas yo ya la tenía y eso me hacía un hombre afortunado.

Convertí mi sofá en cama y me acosté para después ponerme la consola en mi cabeza y adentrarme a aquel mundo virtual…




Corría por un bosque donde unos pinos gigantescos de más de diez metros de altura abundaban por un bosque frío y desértico. Pero éste no estaba tan desértico como pensaba, ya que estaba persiguiendo a un Pokemon que no podía identificar; sin duda quería tenerlo en el equipo, puesto que a primera vista me parecía alguien fuerte y ágil.

Pikachu, el roedor amarillo eléctrico, iba a mi lado e incluso iba más rápido que yo, para poder alcanzar a aquel Pokemon.

Pero un unos gritos se hicieron presentes a lo largo del bosque. Y no se me hizo raro, ya que los árboles estaban escaseando y dando lugar a un pequeño pueblo. Y estas exclamaciones no eran de horror o de socorro, sino que tenían un toque de euforia que yo podía entender perfectamente: una batalla Pokemon.

— Pikachu —mi compañero paró al tiempo en que yo lo hacía—, creo que dejaremos por esta ocasión escapar a ese Pokemon; he escuchado una batalla.

Nos desviamos de dirección y corrimos hacia donde las casas eran reemplazadas por los árboles. Los gritos eran cada vez más fuertes, y mis ganas por luchar incrementaban con cada paso que daba.

— ¡Usa lanzallamas! — pude escuchar una orden alrededor de una multitud que no me dejaba ver con claridad.

Sin embargo, cuando una gran llamarada de unos veinte metros hizo retroceder a la gente, los gritos se callaron. Aquellas llamas desprendieron una onda de calor extraordinaria y la gente incluso se sorprendió por el poder que el Pokemon había tenido. El fuego abrazó a su rival e incluso a la persona con la que batallaba; en un abrir y cerrar de ojos el Pokemon y el usuario se esfumaron y se partieron en pedazos, dejando rastros de ellos por el suelo, y poco a poco éstos se convirtieran en polvo para así no dejar nada más.

— ¡Sí, hemos ganado Cyndaquil! —una voz gritó con emoción— ¡Venga, quién más quiere pelear! Ustedes me harían un favor al incrementar mi nivel… ¿Nadie? ¡Venga, ¿acaso son tan débiles?!

A pesar de que el juego aún no salía por completo a la venta, me sorprendió ver la cantidad de usuarios que estaban alrededor de la batalla e incluso me impacté al ver el nivel de aquella persona por encima de su cabeza.

— ¿Nadie? —Repitió aquella persona— ¡De qué les sirve obtener antes el juego si no van a luchar como se debe!

— Yo lo haré —mi voz sonó tan repentina y segura de sí misma que toda la multitud volteó a verme con sorpresa.

— ¿Ahh? —Aquel joven se exaltó y me miró por encima de la multitud—. Bien… por fin hay alguien con valentía.

Me encaminé hacia el centro y miré a aquel muchacho. A pesar de su nivel tan incrementado, parecía ser una persona con sed de poder… eso era malo.

— Gracias por presentarte como voluntario, pero sobre todo gracias por ayudarme a incrementar de nivel. Espero que cuando pierdas y te quites el casco, no vayas a llorar como una niñita. ¡Cyndaquil, al ataque!

Cyndaquil dio un paso al frente y escupió una llamarada de fuego al aire para intimidarme. Yo no tuve la necesidad de nombrar a Pikachu para saber que lo elegía.

“Sé que en el mundo real soy algo raro, tímido e incluso no tan amigable como los demás quieren que sea…”

— ¡Le haré como a todos a los que me he enfrentado! ¡Te venceré de un ataque...! ¡CYNDAQUIL, USA LANZALLAMAS!

La multitud nuevamente gritó de euforia e incluso pude ver a algunos lamentando por mi “Game Over”, pero eso era lo que creían.

— Veo que eres nivel 12. Y para un usuario beta como tú no está tan mal; incluso me has sorprendido —mencioné con seriedad.

Envainé rápidamente mi espada y la velocidad con la que lo hice hizo desaparecer la mayoría de las llamas. El resto del fuego dio con unas casas que estaban a mis espaldas y comenzó a haber un incendio.

— ¿Ehh? Un momento… ¿Por qué no aparece tu nivel sobre tu cabeza? —El joven se sorprendió y comenzó a lanzar bolas de fuego de sus manos— No importa, ¡aún así serás pan comido! ¡Vamos Cyndaquil!

El muchacho comenzó a correr y mientras lo hacía lanzaba bolas de fuego, al igual que Cyndaquil lo ayudaba con su lanzallamas.

— Hazlo Pikachu.

Sin haberse dado cuenta, mi Pokemon hábilmente se había colado a sus espaldas y éste lanzó un impactrueno tan poderoso que no dejé rastro de ellos.

La multitud quedó boquiabierta, pero a decir verdad a mí no me importaba lo que pensaran de mí.

— Puede que tu nivel 12 sea espectacular… pero no me llegas ni a los talones.

“Sí… pueda que sea otra persona en el mundo real, pero aquí..., aquí soy lo opuesto. Aquí puedo mostrar mi verdadero yo sin problemas.”

— ¿Quién es él? —mencionaba alguien de la multitud.

— No lo sé, pero ni siquiera se movió para vencer a su rival. Ha de tener un poder impresionante…

— ¡Pero si apenas salió la versión Beta ayer!

— Eso es lo que me impresiona…
#3
Hola, vengo con la tercera parte. Espero que disfruten del capítulo, y sin más los dejo deseándoles un buen día. ¡Nos leemos!

3 - Amigos Virtuales​


Spoiler
Abrí mis ojos y lo primero que vi fue el techo de mi habitación. Traté de recordar lo que había soñado anoche, pero me era prácticamente imposible.

Me levanté y mis ojos aún me pesaban, mis cabellos estaban alborotados exageradamente, como de costumbre. Di un largo y gran bostezo capaz de devorar a un animal y me paré con pereza hacia el baño.

Me miré al espejo por un momento antes de desnudarme por completo. Mi rostro estaba totalmente horrible, aunque no me sorprendió en lo absoluto, ya que esto era común cada mañana. Sin embargo, no hay nada que pueda arreglar un buen baño y el arreglarse un poco. Sí, aunque haya mucha gente que le cuesta tiempo arreglarse para verse hermosa, yo solamente necesitaba un par de minutos. Era linda por naturaleza; tenía los ojos de mi madre y la sonrisa de mi padre… Por un segundo sacudí la cabeza para alejar aquellos pensamientos que sabía que estaban por venir. Me metí a la regadera y esperé a que el agua aumentara de temperatura.

— Buenos días, hija —mencionaba una señora de tez pálida, ojos azules como un hermoso océano y cabello castaño oscuro.

— Buenos días mamá —le sonreía a mi madre una vez que me aparecí por la cocina.

Ella me vio y esbozó otra sonrisa, mientras el desayuno me esperaba en la mesa.

Aunque no me había tardado mucho en arreglar, mi problema siempre era escoger qué sombrero ponerme, debido a que era mi prenda favorita de todas. Cada día usaba un sombrero distinto y hermoso; sé que es algo fuera de lo normal, pero era así. Mi madre a veces me decía que era muy vanidosa y materialista por la cantidad de ropa que tenía en mi habitación, aunque yo no le hacía caso, ya que en verdad me encantaban las prendas y mucho más los sombreros. Hoy sin embargo, me había puesto mi sombrero favorito: constaba de un sombrero de lana muy femenino debido al tono rosado que portaba, mientras una franja negra y gruesa rodeaba a éste. Casi siempre usaba lentes de sol cuando andaba por la ciudad, pero con el paso del tiempo este accesorio comencé a usarlo de adorno sobre el sombrero, hasta que se tornó en un hábito.

— Sabes que no te dejarán usar el sombrero en clase, Serena —mi madre nuevamente lo repetía.

— Tranquila mamá, jamás lo he usado en la escuela. De hecho, me agrada no usarlo ahí. No quiero que la gente se burle de él.

— ¡Pero si es un sombrero hermoso!

— Lo sé —sonreí —, pero más vale no arriesgarse.

Sé que puede sonar gracioso, pero cuando nadie me veía era una persona alegre y normal. Incluso con mi madre me agradaba ser así. Puede que nadie conozca esta faceta de mí, y al parecer nadie lo hará. ¿Por qué? Bueno, digamos que en la escuela, me he ganado el papel de la más popular y hermosa de la escuela. Sé que no es algo que se pueda obtener fácilmente, pero si quiero seguir manteniendo el rol de la más linda, tengo que actuar conforme a él; no puedo darme el lujo de dejar salir la personalidad que tengo con mi madre y cuando estoy a solas.

— Hola Serena —ni siquiera había estado a diez metros de la entrada del instituto y un chico había venido hacia mí—. Bueno, sé que esto es algo repentino… y este… bueno, no quiero robarte mucho de tu tiempo… pero quería ver si querías tener una cita conmigo.

— Eres muy tierno —le dediqué una sonrisa angelical— Lo pensaré y yo te aviso ¿vale?

No tuve tiempo de voltear a ver su rostro cuando me fui. Aunque hubiera sido interesante salir con aquel chico, en realidad ya estaba tan acostumbrada a las propuestas que incluso me aburrían, así que no quería desperdiciar mi tiempo. Aparte, todos los chicos con los que he salido sólo buscan sexo. Suena extraño que piense esto, pero en realidad me gustaría salir con un chico que en realidad me quiera por mi verdadera personalidad y no por la que tengo aquí en la escuela, pero sé que jamás pasará esto. Si dejo salir a flote mi verdadero yo, mi reputación como la más popular se esfumaría de la noche a la mañana.

Había llegado al salón, no sin antes rechazar otro par de propuestas de algunos chicos más, y me senté en mi asiento. Delante de mí estaba nuevamente aquel chico nuevo que hace un par de semanas me había volteado a ver y se había petrificado por completo; me resultaba un poco extraño, ya que a pesar de que me había dado gracia al principio su actitud por comportarse de esa manera, no volvió a voltear ni siquiera a hablarme. ¿Acaso lo había espantado? Quién sabe. Lo peor es que no hablaba con nadie y la mayoría del tiempo se la pasaba observando hacia la ventana.

— Serena, sé que por enésima vez te lo digo, pero creo que tú y yo tenemos algo en común. No sé, algo que creo que se llama DESTINO.

Brock, aquel muchacho moreno de ojos rasgados nuevamente se venía al ataque. Simplemente yo me reía, mientras la chica con cara de pocos amigos y de cabellos anaranjados le daba un puñetazo para que se callara.

A pesar de que me consideraba linda, también era inteligente. Me gustaba poner atención a las clases y tomar apuntes. Pero jamás participaba en clase, puesto que no me gustaría ser siempre la que tomaba la palabra. Por fortuna, ese papel ya había sido arrebatado por la cerebrito del salón.

— ¿Alguien me puede decir la respuesta? —la profesora no se sorprendió cuando la única que había levantado la mano era una chica de cabello castaño.

— 123, maestra.

— Muy bien, May.

Sí, no sé que haría si no hubiese alguien que respondiera todas las respuestas que yo ya sabía.

— Dawn… Pasa al frente a explicarnos cómo se resuelven las ecuaciones integrales, por favor —la maestra estaba mirando a aquella chica, que la mayoría del tiempo se la pasaba charlando.

Ella, sin embargo, era mi más grande rival. Según se rumorea en la escuela, compite conmigo para robarme el puesto. Afortunadamente, si yo no hubiera existido, ella sería la más hermosa. Lo peor de todo es que aparte es la líder del equipo de porristas en la escuela, por lo que todavía me resulta más difícil competir contra ella.

Después de que un gran número de chicos me regalaran detalles, de unas clases interesantes, de chismes de los que me había enterado por medio de amigas mías y alguno que otro suceso no tan importante, el timbre de salida había sonado y suspiré de alivio.

Caminaba por las calles con suma alegría, ya que nuevamente podía ser como era, sin rechazar chicos ni fingir que era el centro de atención o la última coca cola del desierto. Me coloqué mi sombrero, y hacía una combinación perfecta con el uniforme de la escuela.

Sin embargo, mientras caminaba por la avenida central de la ciudad, noté a una gran multitud cerca de una vitrina. Más que una multitud, era una fila larga de varias personas; bastante larga a mi parecer.

Noté que varios de ellos llevaban montones de billetes en la mano, y la mayoría de ellos eran chicos. Algunos luchaba por adelantarse en la fila, otros estaban tan emocionados que no sabían cómo reaccionar, y otros impacientes por la larga espera.

— ¿Qué pasa por aquí? —cuestioné.

Uno de los chicos se me quedó mirando, aunque parece que había hecho mi pregunta en otro lenguaje o no sé por qué se había quedado petrificado en su lugar al verme. Varios de ellos se sorprendieron por mi presencia, hasta que uno de ellos dijo con algo de nerviosismo.

— Estamos aquí para comprar la “Virtual Console”, junto con el videojuego que ha causado sensación.

— ¿Virtual Console?

— Sí… es un casco que te manda a un mundo virtual, aunque en realidad tú no estés ahí.

— Ya veo, ¿y de qué trata el videojuego?

— Es un mundo donde viven los Pokemon. Éstas son criaturas extrañas pero simpáticas, que luchan a tu lado para vencer a tu oponente.

— ¿Criaturas simpáticas, ehh? —parecía un juego prometedor. Sé que es una ñoñez de primer nivel para alguien como yo, pero tenía que tener mi mente ocupada con algo. No quería pensar en mi pasado…—, ¿Me esperarían aquí un minuto? Vuelvo en seguida.

Ellos se atontaron cuando les guiñé un ojo y corrí enseguida por el dinero, sin que mi madre me viera. Cuando volví a aquella fila larga que encaminaba hacia la tienda de videojuegos, llegué con mis compañeros y me resultó exageradamente fácil convencerlos para que me dejaran meter en la fila. Algunos de los que estaban tras de mí querían reclamar, pero cuando les dediqué una sonrisa de oreja a oreja se tragaron sus reclamos. Por suerte no tardé mucho para comprar aquella consola. De hecho, era de las últimas que quedaban por hoy, puesto que estaban casi por agotarse.

No sé por qué diablos estaba haciendo esto. ¿Comprar un videojuego? ¿Cuándo demonios había jugado un videojuego en mi vida? Me resultaba extraño el haberlo comprado, pero en el fondo sabía que lo hacía para que fuera una mera distracción, ya que no quería volver a deprimirme como hace mucho tiempo. Incluso mi madre me había dicho que necesitaba salir con amigos, o distraerme con lo que fuera con tal de no estar en mi cama sin hacer nada todo el día, pero la realidad era que tenía varios “amigos”, pero ninguno era mi verdadero amigo. Y los chicos tenía de sobra, pero a pesar de ello aún podía seguir pensando en el pasado; ninguno me entretenía en realidad y ninguno me ha resultado interesante a lo largo de mi vida. Es por eso que compré esta consola, a pesar de que resulte extraño en una mujer como yo, puede que esto me desvíe aunque sea por algunas horas.

Mi madre me gritó desde la cocina cuando oyó la puerta abrirse, pero la ignoré y subí rápidamente a mi cuarto. Nuevamente me sentí algo estúpida al notar una pequeña emoción por comenzar a jugar, pero no podía ocultarlo.

Coloqué el disco de aquel juego de Pakomen —o cómo fuera que se llamara— en una abertura que tenía en casco, me quité mi sombrero y me acosté en mi cama…







Me sorprendí al ver que aquellos efectos parecían tan reales. Las letras que se mostraban ante mí, con efecto de tercera dimensión y las opciones que podía escoger sin siquiera mover un “mouse”, puesto que mis pensamientos hacían todo el trabajo.

Me dieron a elegir entre cinco opciones: sanador, guerrero, espadachín, mago y arquero. Sin duda el tener habilidades con una espada me resultaría útil y sentía que así me desenvolvería como en realidad soy, así que la elegí sin pensarlo mucho.

Empero, lo que más me sorprendió fue que me iban a dar un Pokemon al azar cuando eligiera el tipo elemental. Aquí fue donde me tardé un poco, pero al final me decidí por el fuego. ¿Por qué? Porque sentía que yo era el fuego; una llama que a pesar de los malos momentos jamás se iba a apagar…

BIENVENIDO A POKEMON BATTLE ONLINE

LAS REGLAS SON SENCILLAS: HAY 100 PISOS. EN CADA UNO DE ELLOS TENDRÁS QUE DERROTAR A UN POKEMON, PERO NO SERÁ TAN SENCILLO —INCLUSO EN ALGUNO DE ELLOS PODRÍA HABER UN POKEMON LEGENDARIO, QUIÉN SABE—. SIN EMBARGO, EL PRIMERO QUE COMPLETE LOS 100 NIVELES OBTENDRÁ UN PREMIO. ¿QUÉ CLASE DE PREMIO? NO, EL PREMIO NO SERÁ VIDA ETERNA, SER INVENCIBLE O CUALQUIER OTRA COSA RELACIONADA CON EL JUEGO. EL GANADOR VA A SER CONTACTADO Y EL DUEÑO DEL JUEGO PERSONALMENTE LE DARÁ LA RESPECTIVA RECOMPENSA. ¿SERÁ DINERO? ¿SERÁ UN VIAJE A GRATUITO A OTRA REGIÓN? ¡NADIE LO SABE! SÓLO LO SABRÁ EL GANADOR. ¡BUENA SUERTE!​

Inmediatamente aparecí en un pueblo. No sabría decir con exactitud qué clase de pueblo, ni en qué región ni algo por el estilo. Simplemente aparecí ahí, con un atuendo que no llamaba la atención —una playera de tirantes rosa, y unos pantalones de mezclilla ajustados—. A pesar de era una novata, me sorprendió que no tuviera mi espada y mi Pokemon. ¿A dónde diablos tenía que ir?

Súbitamente, una mujer apareció frente a mí y me sonrió. Yo parecía un poco extrañada, pero ella comenzó a recitar un par de instrucciones. Parecía que era una persona “virtual”, por así decirlo.

— Bienvenido a Pokemon Battle Online. Muchas gracias por tomar esta aventura con nosotros y esperemos que disfrutes del juego. Primeramente comenzaré a darte los controles del juego.

Esta vez, unas señales aparecieron frente a mí. Una flecha pequeña y escondida apareció a mi izquierda, pero al tocarla con mi índice apareció un menú que podía manipular fácilmente. Dentro de ella hubo varias opciones que aquella señora comenzó a explicarme, pero me perdí un poco. Sin embargo, no quería molestarme en que me repitiera todo de nuevo. Escuché que mencionó algo de que mi HP la podían ver mis jugadores encima de mi cabeza, además de mi nivel. Lo último que explicó fue que tenía que ir hacia un laboratorio donde me iban a dar a mi Pokemon aleatorio.

Sin dudar fui ahí. Noté cómo algunos otros jugadores novatos peleaban con sus nuevos Pokemon, aunque no pude identificar las criaturas porque era la primera vez que veía a un ser como ellos. Me sorprendí, pero finalmente me pareció que aquellas criaturas eran amigables y después de todo no tenían una apariencia tan extraña como yo suponía.

El pueblo parecía tranquilo. Las casas estaban hechas de ladrillo y su techo a base de madera. No eran tan altas las construcciones, pero sí que eran en abundancia. Lo que me impactó fue que podía entrar a cada una de las casas a pesar de que eran muchos los rincones que podía explorar. Sin embargo, parecía imposible visitar y explorar todo en un día, y apenas era el primer pueblo.

La gente lucía amable y con una sonrisa dibujada en el rostro; algunos eran carpinteros y otros simplemente llevaban carga de un lado a otro; otros vigilaban sus puestos de comida y vendían productos para los usuarios; los demás eran gente del pueblo que más que nada era para que no se sintiera vacío el lugar; aunque de hecho en el fondo sentía que eran personas reales. Sin embargo, me sorprendí por la cantidad de usuarios conectados que iban y venían; unos con sus nuevos Pokemon, otros con un nivel ya considerablemente alto y otros como yo: sin nada de nada.

También me llevé la sorpresa de notar una fresca ráfaga de viento. En un principio pensé que las sensaciones no iban a sentirse como en el mundo real, pero aquella ventisca me pareció totalmente como si estuviera en el mundo real. Ya me imagino cuando pierda toda mi vida… no quiero ni pensarlo, ha de doler bastante. No obstante, la mujer del principio me mencionó que al hacer “Game Over” simplemente se reiniciaba el juego y sólo sentías una pisca de dolor insignificante… Ya lo sabré cuando pierda.

Entré al laboratorio, aunque parecía más un taller de carpintería. Un señor regordete con un bigote inmenso y canoso estaba atendiendo a otro par de usuarios, aunque a pesar de eso me vio y enseguida comenzó a buscar en un montón de papeles desordenados lo que parecía ser mi nombre de usuario.

— Tú eres Misako-chan ¿no?

Asentí. Tenía que escoger un nombre de usuario que combinara conmigo, y el nombre de Misako en realidad significa “Niña bonita”. Espero que después no me arrepienta de mi decisión.

— Aquí tienes tu espada y tu Pokemon —me dedicó una sonrisa, seguido de la risotada común de un regordete.

La espada apareció virtualmente en mi mano y una esfera bicolor en otra. Al parecer en la esfera estaba dentro el que sería mi nuevo compañero.

— Esa es una pokebola. Ahí dentro esta tu nuevo Pokemon. Con respecto a la espada, será con la que inicien todos los espadachines. Está hecha a base de acero un tanto oxidado; espero no sea molestia.

— No se preocupe. De todas maneras a lo largo del juego conseguiré mejores espadas ¿No es así?

— Eres una chica lista — finalizó para seguir con varios usuarios más.

Cuando salí, estaba un tanto nerviosa por saber qué Pokemon me tocaría, pero no quería hacerlo en un lugar lleno de gente. Me dirigí a la posada más cercana y al entrar noté a algunos usuarios comiendo y platicando con otros, mientras sus Pokemon descansaban; me pareció algo extraño ver comer a la gente, a pesar de que en realidad eso no te saciaba el apetito. Algunos otros usuarios entraban para curar a sus Pokemon heridos, al igual que querían curarse a ellos mismos por haber recibido daño en las batallas.

Me asusté un poco al pensar qué es lo que pasaría en mi primera batalla, pero sacudí mi cabeza y me senté en la primera mesa vacía que vi.

Observé aún nerviosa a través de la ventana a las demás personas virtuales que seguían con sus respectivas actividades. Por un momento noté mi reflejo en la ventana y solté un grito que llamó la atención de unos cuantos usuarios.

Me di cuenta de que tenía un aspecto totalmente diferente al de la realidad; mi cabello era de un tono rosado y estaba recogido en una coleta; mis ojos tenían el color de una llama rubí encendida. Si mi madre me viera, no me reconocería en lo absoluto. A fin de cuentas esto era un videojuego, así que el usuario tenía que ocultar su verdadera identidad con otra personalidad física más fantasiosa. De hecho, aunque aquella apariencia me había tocado aleatoriamente, me había agradado.

Sin darle mucha vuelta al asunto, traté de pensar en otra cosa y tomé la pokebola donde se encontraba mi nuevo compañero. Dudé por un momento y cerré los ojos a causa de la emoción y los nervios, pero enseguida la abrí.

Cuando vi a un pequeño zorro amarillo con unas grandes orejas rojizas y peludas gruñir alegremente, su información apareció flotando sobre mi mesa. Se llamaba Fennekin y parecía ser del tipo fuego en su primera evolución. La descripción decía: “Fennekin mordisquea una ramita mientras camina, como si de un aperitivo se tratase. Intimida a su enemigo expulsando aire caliente por las orejas.”

Cuando hizo contacto visual conmigo, sonrió y se recostó enseguida en mi regazo. En un principio, pensé que aquellos Pokemon eran solamente una mascota virtual que te ayudaría a ganar una batalla, pero cuando sentí el calor de Fennekin en mi regazo, supe que no sólo los Pokemon eran compañeros virtuales, sino algo más…
#4
Me parece una idea interesante y me fascinaron todos esos guiños que hiciste al anime, Brock enamoradizo, Misty le pega, etc. Pero hay una cosa que no me quedó clara, ¿los que pelean son los Pokémon, las personas o ambos? Me agradó la historia de fondo que tiene Ash, su padre golpeador y todo eso. La narración está bien y con detalles precisos, mi alcance sería que tuvieras cuidado de leer lo que escribes, porque vi varias palabras que estaban escritas juntas como si fueran una sola. Lo demás lo encontré bien. Esperaré otro capítulo. Ciao.


Lean mi fic: La Historia de Jack Evans
Soy Elven king
(Por si alguien no me reconoce)


#5
Hola. Bueno aquí vengo con el cuarto capítulo. Muchas gracias a Elven King por la crítica, y con respecto a tu duda: Los Pokemon y los humanos luchan juntos. Conforme pasen los capítulos te darás cuenta en las batallas de que ambos pelean :) Bueno, espero disfruten y no está de más dar una opinión. ¡Gracias y buen día!



4 - Un Milagro Cumplido


Spoiler
Han pasado ya tres semanas desde que fue mi primer día de clases. Sinceramente esperé que la escuela fuera mucho más difícil con lo que respecta a lo académico, pero con lo que respecta a las amistades no he sido muy bueno. Sí… ya se va a cumplir casi un mes y no he hablado con nadie. Bueno, puede que sí haya hablado con alguien, pero más de lo normal no lo he hecho. A veces me siento un estúpido por ser muy callado y tímido, pero sé que en el fondo me gusta ser así y puede que nunca cambie.

Por su parte, aquella chica que me ponía los nervios de punta cada que la miraba, con el paso de las clases averigüé su nombre. Se llamaba Serena; ella no me había hablado ni aunque fuera atrás de mí en el salón, ni siquiera trata de hacer equipo conmigo cuando hay que hacer algún trabajo en parejas. De hecho, la mayoría de estos trabajos los he hecho solo.

Cada noche que me voy a la cama, he tratado de tomar el valor para acercarme y hablarle a aquella muchacha, pero siempre fallo; no me sorprende. En realidad, cada noche me duermo con la idea de que al día siguiente no sólo le dirija la palabra a ella, sino que haga por lo menos un amigo… Hace mucho tiempo que no sé lo que significa la amistad. No obstante, en el juego virtual que se volvió mi adicción, ya he agregado a varios contactos que se han impresionado por mi poder, pero sólo eso. A pesar de que me sienta confiado y amigable en el juego, la gente se acerca a mí nada más con el afán y la curiosidad de competir contra mí para ver si pueden ganar, aunque lo intenten por enésima vez.

El timbre llegó a mi cabeza como una sacudida para mis pensamientos, y todos se levantaron de su lugar para salir del aula. Como era habitual, yo fui el último en salir, pero me sorprendió que Drew —aquel chico brabucón—, se quedara y clavara su mirada amenazante en mí, como solía hacerlo.

— Oye tú, idiota—me señaló—. Para mañana quiero mi tarea de nuevo.

Yo no dije nada y tomé su libro. En verdad me molestaba hacer sus deberes, puesto que me quitaba tiempo para jugar PBO.

— Así me gusta.

Sin embargo, antes de que saliera del salón, tropecé torpemente y sus libros cayeron. Éstos no se dañaron ni mucho menos, pero sí que le afectó el ver sus útiles caer bruscamente.

— ¡Oye Ash! ¡¿Qué acaso no puedes dejar de ser un inútil?! ¡Mis libros los tienes que cuidar o me quedaré con los tuyos!

— Lo siento… — susurré con la mirada abajo, mientras recogía con velocidad sus libros.

— ¡A la próxima te…!

— ¡Ya basta Drew! —una repentina voz apareció en la entrada; en un principio pensé que era una autoridad mayor o algo así, pero me había equivocado—. ¡Déjalo en paz! Apuesto a que tú eres el inútil por aquí, ya que no puede hacer ni su propia tarea.

El peliverde se quedó callado por un momento; sus amigos que lo respaldaban se pararon de su asiento junto con él y caminaron hacia la persona que había defendido a Ash.

— ¿Qué has dicho? —su voz parecía intimidante.

— No lo volveré a repetir.

Parecía una gran batalla de miradas, en la que ninguno tenía miedo y estaban a centímetros uno del otro; sus ojos resistieron por varios segundos ahí, pero al final Drew no lo soportó y se fue refunfuñando junto con su par de amigos.

— Vale, déjame ayudarte — noté cómo aquel chico se agachaba y recogía mis libros.

— Gracias — era todo lo que podía decir, no se me ocurría otra cosa.

— Soy Brock.

— Ash.

— Lo sé, te sientas a mi lado —el soltó una pequeña carcajada, pero yo no encontraba la gracia—. No dejes que traten así. Drew es un idiota de primera.

— Lo sé.

— De acuerdo. Voy de camino a la cafetería, supongo que tú también ibas para allá ¿no es así?

Asentí y me reincorporé para poder acompañarlo. Comenzó a hablarme de él de camino al almuerzo; solamente me dedicaba a escuchar, ya que no me gustaba hablar mucho de mí. Me decía que él era el mayor de una familia donde no tenía padres, así que él era el que asumía todas las responsabilidades y demás cuestiones. Ya me imagino lo que ha de sufrir cuidando a sus ¿dijo tres o cuatro hermanos? Qué más da. También me mencionó que ya llevaba un tiempo aquí en la escuela, por lo que era conocido, sobre todo con las chicas. ¿Acaso era como Serena de popular? ¿Es cierto que era un Casanova y cualquier mujer se rendía a sus pies? Lo dudo, pero puede que me ayude tratando de por lo menos a hablarle a Serena.

— No quieres mi manzana, estoy lleno —Brock me ofreció su fruta y yo la acepté con gusto, aunque no se me ocurría nada más que decir mientras le daba un mordisco—. Vaya, sí que eres callado…

— Lo siento.

— Vale, no te preocupes. Cualquier persona al principio es tímida con gente nueva, pero una vez que la conoces tu verdadera personalidad sale a flote.

— Esta es mi verdadera personalidad.

— Quién sabe. A lo mejor ni tú mismo conoces tu verdadera personalidad.

Sin embargo, antes de contestarle, Serena entró a la cafetería y pasó detrás de Brock, lo que hizo desviar mi mirada hacia ella y ver su rostro. Por un momento crucé la mirada con ella, pero rápidamente la desvié y sentí una gran punzada en el estómago. No podía soportar aquella mirada por más de un segundo. ¡Sí que era un estúpido!

— Ya veo… así que mis dudas eran ciertas.

Yo hice una mueca de confusión, puesto que no sabía de lo que hablaba.

— En la clase te he estado observando y cada que Serena entra o sale del salón eres siempre el primero y el último que se le queda viendo. ¿Te gusta, no?

— No... n-no, no me gusta. No, yo sólo… no ella no…

— ¡Vamos, no me digas que no! ¡Si se te cae la baba al igual que todos los chicos de por aquí!

— Está bien. Es hermosa… pero no soy su tipo.

— Eso me queda claro. Al igual que todos los alumnos del instituto —Brock se me acercó al oído— Dicen que nadie ha podido conquistarla realmente; que todos los hombres con los que ha salido se le hacen aburridos… ¡Aunque yo la he invitado un par de veces y ha picado el anzuelo, pero se hace del rogar!

— ¿En serio?

— ¡Sí! ¡Yo sé que ha estado enamorada secretamente de mí por mucho tiempo!

— No, no… lo de que nadie le resulta interesante. ¿Es en serio?

— Oh… sí. ¿Tú crees? A que es un reto complicado ¿eh?

— Supongo que sí… es por eso que no soy su tipo. Yo no podría ser un chico interesante; de hecho, hasta mi propia vida me ha resultado aburrida.

— Bueno, todos nos decimos lo mismo.

— No, de verdad. Aparte, va atrás de mí y no puedo ser capaz de hablarle.

— ¿Y por qué no lo haces? No pierdes nada con invitarla a salir.

— No… no, yo no. ¿Salir con ella? No… no, es demasiado.

— Vale, creo que eres más tímido de lo que imaginé.

Aquel comentario me entristeció un poco. Aunque por supuesto sabía en el fondo que era demasiado tímido, jamás me había imaginado escucharlo de otra persona. Supongo que me quedaré así el resto de mi vida. ¿Pero qué más daba? Lo único que me hacía feliz era llegar a mi casa, comer un emparedado de crema de maní y mermelada, y jugar Pokemon Battle Online. No necesitaba salir con chicas que lo único que te hacían era complicarte la vida.

— ¿Quieres que te ayude a hablarle a Serena? Puedo darte algunos tips de cómo hacer que las chicas se rindan ante alguien como yo.

O tal vez sí necesite salir con al menos una chica, podría tomar ese riesgo.

— Puede que me resulte útil.

— ¡Genial! Vas a ver que no te decepcionaré — una sonrisa se iluminó en el chico de ojos rasgados—. Comenzaremos justo ahora. ¡Llamaré a Serena!

— ¿Qué? No espera… ¡No lo hagas! —jamás había pensado que al decir "sí" a sus consejos fuera a comenzar tan rápido. Necesitaba tiempo para armarme de valor y para practicar aquellos consejos ¡Ni siquiera me había dado un consejo y ya la estaba llamando para presentarme con ella!

Noté cómo el moreno iba hacia la mesa de Serena, donde varias de sus amigas estaban riendo y contándose secretos. Brock llegó e interrumpió a la castaña, pero no alcancé a escuchar lo que le dijo, aunque bastó con señalarme a mí para que adivinara lo que estaba diciendo.

Sus amigas soltaron unas risas de pena y Serena sonrió amablemente, aunque no sabría decir con exactitud si lo hacía por educación porque le daba risa yo.

Sin embargo, no pude resistir los nervios. La sangre comenzó a hervir por mis mejillas y sentí cómo mi corazón se abría paso entre mi pecho para poder salir. Las mariposas en mi estómago se hicieron presentes y por un momento pensé que la ciudad estaba sufriendo de un terremoto, pero tan sólo era mi cuerpo que no podía parar de moverse.

Y como si de un maldito cobarde se tratara, salí huyendo de la cafetería. No pude voltear atrás para ver las reacciones de Brock y Serena que ya se estaban encaminando hacia mi mesa. Con una caminata rápida, abandoné los pasillos y salí a tomar aire fresco en las avenidas de ciudad Luminalia.

Por un momento traté de imaginarme lo que habría sido hablar con Serena. ¿Qué le habrá dicho Brock para que sus amigas se rieran discretamente? ¿Y habrá sido otra impresión mala que Serena haya tenido sobre mí? No había estado preparado, es todo. Tenía que pensar más en lo que podría decirle, en cómo poder enamorarla. No tenía que apresurarme tanto como Brock lo había hecho. ¿Qué mierdas le pasaba?

Me senté en una banca que a espaldas de ella se encontraba la gran torre que era un centro turístico de la ciudad.

O en realidad Brock estaba en lo correcto, sólo que yo era demasiado cobarde para enfrentarme a las cosas y poder batallarlas por mí mismo. Sabía en el fondo que todas eran excusas para no poder afrontar ese miedo que le tenía a la timidez; sabía de antemano que el haber escapado del cafetería había sido lo más cobarde que había hecho en mucho tiempo. Una oportunidad nuevamente se me estaba ofreciendo; había estado a punto de que Brock me presentara a aquella chica, pero como siempre no tuve el valor para afrontarme a ella. ¿Pero qué pasa si me quedaba callado? ¿Qué es lo que iba a pensar de mí? No quería quedar como todos los demás chicos; no quería ser un chico "aburrido", como Serena pensaba de todos. ¿Pero qué tenía que hacer para no resultarle aburrido? ¿Acaso necesitaba dinero? ¿Fama? ¿Regalos? No lo sé. Ni PBO me resultaban tan difícil como aquel cuestionamiento.

Después de haber estado un tiempo ahí sentado en el asiento lamentándome, me dirigí de una vez a mi casa; no pensaba regresar a la escuela. ¿Qué es lo que Brock y Serena podrían decirme después de haberme escapado? Bueno, tal vez mañana se les olvide.

Una vez que llegué fui a la cocina y unté el cuchillo lleno de mermelada en el pan; cuando le di un mordisco me coloqué el casco al acostarme en el sofá.






— ¡¿Has escuchado los rumores?! ¡Nadie ha podido vencer al jefe del nivel 1! —un chico estaba totalmente sorprendido, aunque yo ya sabía que era casi imposible hacerlo.

— Lo sé… no sé cómo lo vamos a poder derrotar. Apenas y es el nivel 1. Ya me imagino los demás niveles.

— El premio para el ganador del juego debe ser muy valioso como para que el juego sea difícil desde el primer nivel.

Y vaya que lo era. Algunos habían dicho que el premio constaba de millones y millones de billetes que podrían hacerte millonario a ti y a tus futuras generaciones por mucho tiempo. Otros decían que la consola tenía un chip que mandaba unas señales a tu cerebro y automáticamente te volvías más inteligente. Otros rumores decían que podía ser el revivir a un ser querido, o el llevar tus poderes al mundo real, ser reconocido por todo el mundo, e incluso había escuchado que el premio era que tu Pokemon podía convertirse en un ser vivo en la realidad. A pesar de todo, yo no creía en ninguna de esas tonterías. Sinceramente, no podía imaginarme el premio hasta averiguarlo, por lo que tenía mucho trabajo y recorrido por hacer…

Sin embargo, apenas era el nivel uno y grandes entrenadores Pokemon no podían vencer al monstruo que aguardaba en la montaña alta del pueblo. Ni siquiera los que llevaban más tiempo en el juego eran capaces de escalar la cima de aquella montaña y matar a la criatura. Se dice que tenía grandes alas y que los ecos de sus rugidos a veces llegaban a retumbar en las casas de ladrillos del pueblo. No obstante, si eras alguien listo, sabrías cómo poder derrotarlo.

— He escuchado que varios usuarios se han reunido para atacar al "boss" — mencionaba un chico de cabellos plateados, mientras en su cabeza iba montado un Pidgey.

— ¿Te refieres a las "party"? Sí, he escuchado que Masato está llamando a jugadores fuertes para que se unan a su party.

— ¿Masato? ¿Acaso no es el espadachín que ha llevado invicto 38 batallas? ¡Deberíamos unirnos a su party!

— No creo que acepte a cualquiera.

No alcancé a escuchar más, ya que seguí mi camino por aquel pueblo lleno de NPCs (Personaje no Jugador) y llegué a las afueras del pueblo, donde comenzaba la escalada a la gran montaña empinada. El camino comenzaba a ser desértico y lleno de tierra. A pesar de ser el nivel 1 parecía bastante atemorizante el paisaje, pero a mí no me preocupaba.

En el camino noté a un muchacho que estaba teniendo dificultades con otro entrenador.

— ¡Onix, usa atadura! — el gran Pokemon de roca en forma de serpiente gigantesca, abrazó con fuerza a un pobre Blitzle que comenzó a perder HP rápidamente; el entrenador entró en acción y sacó a Blitzle de las ataduras del Onix, pero cuando éste estaba a salvo junto con el usuario, ambos se dieron cuenta de que un muchacho de cabellos castaños y largos se encontraba detrás de ellos. Noté como un aura poderosa y grisácea se concentraba en su puño y golpeó al jugador con enorme potencia. Éste no duró varios segundos en el aire, puesto que se rompió en varias trizas y desapareció. Automáticamente su Pokemon también lo hizo; una ventaja es que puedes hacer perder primero al jugador y tu compañero Pokemon como no tiene a quién más obedecer, desaparece igualmente.

— ¡Así se hace Onix! — el muchacho fortachón alzó el puño y la chocó con la cola del Onix.

El joven lo reconocí al instante. Era Brock; su apariencia era casi igual que en la vida real, solamente que se había dejado crecer el pelo un poco más y estaba mucho más corpulento y fuerte. Llevaba una camisa de tirantes de un color verde, unos pantalones rotos hasta la rodilla y unas botas no tan llamativas de un color marrón.

— Oh… veo que hay un espectador ¿no quisieras luchar un rato? — me preguntó.

— No gracias, veo que ese Blitzle sufrió mucho con tu Onix. Y por supuesto que a mí no me convendría luchar con esa bestia —le señalé a mi Pikachu como desventaja, ya que era del mismo tipo eléctrico que el Pokemon que acababa de derrotar.

— Ya veo… soy Takeshi — al parecer él no podía reconocerme, ya que mi apariencia era bastante diferente al de la vida real. Mis cabellos azabaches eran del mismo color, pero lo tenía un poco más largo y alborotados, mientras que el color de mis ojos era de un grisáceo vacío. Aunque resulte impresionante, el peinado diferente y el color de ojos pueden cambiar la apariencia de alguien bastante. Sin embargo, los ojos rasgados de Brock me hicieron recordarlo al instante.

— Soy Satoshi.

— Oh, ya veo. Bueno, creo que seguiré mi camino en derrotar al jefe del nivel 1. Dicen que es duro, pero confío en mí y sé que podré derrotarlo.

— Eres bastante chistoso —le sonreí a Takeshi, de verdad era muy iluso.

— Ríete ahora, pero te quedarás con la boca abierta cuando lo haga.

— ¿Puedo acompañarte a ver cómo lo derrotas? Me resultaría interesante ver si luchas tanto como hablas.

— ¿Quieres apostar? Si gano, me dices tu truco.

— ¿Truco?

— ¿Acaso crees que soy tan tonto como para pensar que el nivel 1 que se muestra sobre tu cabeza es tu verdadero nivel? Sé que eres de un nivel mucho mayor, lo puedo sentir.

— Vaya… creo que se te ha zafado un tornillo o algo —mencioné con nerviosismo.

— Vale, vale. Podrás hacerte el tonto, pero si le gano al jefe, me lo dirás, Satoshi.

— De acuerdo, aunque no sé de qué hablas. Pero si yo gano… me prometerás que no volverás a hacer alguna estupidez más como enfrentar tú sólo a un jefe ¿vale?

— ¡Ja! De acuerdo, maldito iluso. Por cierto, agrégame en tu lista de amigos… tengo que irme.

— De acuerdo. ¿Tan pronto te vas?

— Sí, mañana tengo que ir a la escuela y aparte tengo que hacer la cena para mis hermanos.

— Oh, lo entiendo… la escuela.

— Sí, de hecho hoy tuve un día duro… Necesito ayudarle a un amigo en una tarea.

— ¿Qué clase de tarea?

— Bueno, digamos que tiene pánico escénico y timidez extrema, pero le prometí ayudar a superar su miedo.

— Ya veo —sonreí—. ¿Pero por qué tanto el interés en ayudarlo?

Él se quedó callado por un momento, pero sonrió y finalmente respondió:

— Porque eso es lo que hacen los amigos. ¿Cierto?

Puede que no crea mucho en los milagros; sin embargo, aunque cada noche me voy suplicando de que algo inesperado y bueno pase al día siguiente, siempre pasaban las cosas que en fondo sabía que pasarían. Ésa vez, uno de aquellos milagros habían sucedido; finalmente todas esos deseos de haber hecho un amigo finalmente se habían cumplido.
#6
Saludos, joven... bah, dejemos los formalismos de lado, aunque nunca los uso (?)

No he visto SAO, así que no puedo ver qué tantas similitudes hay entre este y tu historia, algo que me podría hacer dudar de la originalidad del contenido porque todo va a ser nuevo para mí, pero qué más da.

¿Y sabes por qué da igual? Porque no escribes para nada mal (qué lindo, me salió un verso sin mucho esfuerzo).

Hablando en serio, es así, no me tuve que estar pensando en " Esto está mal", "Qué error tan ortográfico tan garrafal", "¿Es que no sabe que existen las comas?", "Pero que personaje tan soso", "Le faltó un acento" y todo porque ya por tu cuenta lo haces solito. Sólo tuve que sentarme y leer con tranquilidad, disfrutando de la historia más que de estar pendiente de los detalles.

Debo decir que mi parte preferida de los 4 capítulos que has publicado hasta ahora es el inicio del primer capítulo. Me gustó mucho cómo el protagonista fue explicando su exoeriencia al usar por primera vez el juego, así como su análisis sobre qué tipo de jugador le sentaría mejor. Fue realmente encantador. Eso y tu forma de escribir fueron lo que hicieron que continuara leyendo.

Las descripciones que usas tanto para personajes, entorno y acciones son justo las necesarias y las haces muy bien, quizás la única queja que tenga es que en el primer capítulo, cuando el jugador ve por primera vez su entorno, se limita a decir que es el paisaje "más hermoso". No sé si lo dejaste así para que cada lector imagine lo que es hermoso para ellos, pero hubiera sido bueno ver lo que el personaje consideraba hermoso.

Ahora, hay algo que si no me gustó demasiado y es que usaras a Ash y compañía, en especial cuando los pones en un entorno en que los pokémon no existen. Claro, les das un toque distinto al cambiarle las historias personales, haciéndolas más trágicas por lo que veo (algunas, como la de Brock, ya estaban así por su cuenta). Sea como sea, lo cierto es que me hubiera gustado más ver personajes nacidos de tu pluma que Ash y Serena. Pero esa soy yo, porque muchos de los personajes del anime no me gustan para nada, en especial Ash, y el como lo pintas en esta historia me hace detestarlo más, en especial esa timidez que demuestra hacia las chicas cuando, en realidad, no les da pie con bola (o sea, ni pendiente).

Por lo demás, luce interesante el rumbo que está tomando este fic y el modo en que escribes lo hace digno de ser visto y comentado. Espero que pronto otros usuarios se animen a leerlo, ojalá alguien que haya visto SAO xD

Estaré pendiente de cuando publiques el siguiente capítulo. Ya sin más que agregar, me despido.

Pokiu.

P.D.: Eres la primera persona con la que me tropiezo que también usa "empero" para dejar descansar el "sin embargo". En tu caso, deja descansar a "empero" de vez en cuando xD

EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga