XD me alegra que te gustara, y que comentaras, ya que la verdad habia olvidado que habia publicado esto por aqui.
No soy activo en foros, menos cuando ya no estoy de vacaciones, por lo que lo habia olvidado.
Spoiler
-Dentro de la prestigiosa academia Gaia en la republica de Revé – Curiosa -
– Ita… ¿enserio te crees ese rumor?
–No creo que sea mentira.
–Eres demasiado ingenua.
En medio de un estrecho pasillo, caminando sin dirección alguna, rodeadas de una cacofonía de sonidos a los cuales no ponían la más mínima atención, dos jóvenes estudiantes discutían sobre aquello que no había podido mencionarse durante clases. Una chica, cuyo apodo es Ita, de estatura media, con una tez morena clara haciéndole honor al título que llevan orgullosamente las gentes de su lugar de origen “raza de bronce”. Con el cabello largo hasta el final de su espalda, de un color castaño oscuro, que junto a unos hermosos ojos color miel, que por sí solos daban una sensación de misticismo a quien fuera que los viera directamente, le otorgaban una belleza antigua, haciendo recordar a mujeres de tiempos arcaicos fuera de la imagen común que dominaba sobre las demás jóvenes de su edad. Ella, intentaba convencer a su amiga, quien iba a su lado, de lo que había escuchado el día anterior.
–Pero tiene sentido. –decía emocionada –. Si el departamento no fue utilizado por más de diez años, era, seguramente, porque los instructores no sabían si habría algún peligro dentro de él. O quizá quien había vivido antes ahí dejo algunas cosas importantes, y prefirieron buscar a detalle dentro de él, para poder hacer que fuera “seguro” de nuevo.
–O podría ser que simplemente quisieron arreglarle los cimientos y la arquitectura, al igual que a ¡todos! los otros departamentos que fueron destruidos. –haciendo énfasis en la palabra “todos”, su amiga intentaba sacar a Ita de sus fantasías.
–Diana, podrías apoyarme en esto por lo menos.
Quien camina al lado de la joven Ita, intentando ponerse al mismo ritmo que ella, es su compañera y mejor amiga de siempre, Diana. Una chica mucho más alta que Ita, con la piel clara, más no pálida, con el cabello hasta los hombros de un color tan negro como la obsidiana. Posee unos grandes ojos de color rosa crema que siempre le han causado miradas extrañas hacia su persona, junto a un cuerpo muy bien tonificado de manera que su fuerza física fuera los bastante visible, que sumado a su altura, siempre le había hecho parecer amenazante, aunque fuera más comprensiva de lo que los demás pensarían.
Si bien ambas chicas sobresalían de entre las demás, Diana se mesclaba mejor entre la imagen del común de las jóvenes pues su vestimenta, a diferencia de su cuerpo, no era extravagante en lo más mínimo. Con una simple camisola blanca de manga corta, un pantalón deportivo y unos tenis blancos, daba la clásica imagen de una chica que hacía deporte. Por otro lado estaba Ita, quien sobresalía bastante por su ropa, arraigada a su cultura de origen, pues vestía una camisola blanca, con una falda larga debajo de esta, adornada con líneas y símbolos cerca del final de las mismas. Por encima traía un quechquemitl azul adornado con múltiples formas y patrones llamativos en sus orillas, finalmente, se adornaba su cabello con una pequeña mantilla de flores que le encantaba vestir siempre que salía.
–En cualquier caso. –decía Diana a manera de suspiro, intentando nuevamente hacer que su amiga calmara sus fantasías –. Nadie ha asegurado que los estudiantes de hace una década participaron en eso. Todo lo que sabemos, que está comprobado, es que la academia, al igual que todas las otras del mundo, fueron casi destruidas durante el ataque de los djay.
–Pero mucha gente dice que varios estudiantes se unieron al ejército de magos y guardianes que lucharon contra Aapep hace 13 años. –Convencida de sus palabras, Ita exclamó –. Además, ¿no se dice que quien pudo someter al mismísimo Aapep no fue otra que una estudiante de aquí? ¡Seria genial que el departamento donde estoy viviendo fuera el mismo que el de aquella estudiante heroína!
Diana miró a Ita directamente a los ojos, pero no pudo hacer otra cosa que suspirar ante la determinación que emanaba de su apasionada mirada.
–Incluso si es cierto que algunos estudiantes participaron en tal cosa, se dice que solo fue un reducido grupo de estudiantes quienes lo hicieron, menos de veinte seguramente, y las probabilidades de que alguno de los departamentos, de alguno de ellos, no fuera destruido durante el ataque es bastante baja, e incluso más aún si queremos pensar que el departamento de solo uno de ellos sobrevivió. Es un simple rumor, no te lo tomes tan enserio.
–Así empezó todo ¿no? En aquel entonces. –dijo Ita con una mirada pensativa, al parecer había ignorado casi, si no es que todo, lo que había dicho Diana.
–No empieces con eso otra vez. –Diana decía con un tonó que denotaba que sabía lo que se aproximaba.
–Sí, se dice también que “el fantasma de la biblioteca”, que era algo así como el que guió a los estudiantes a la batalla contra Aapep. Él al principio empezó a investigar un rumor de la academia y así se fue metiendo más al asunto, hasta terminar peleando con semejante demonio. ¿Crees que nos pase algo así si hacemos lo mismo que él?... ¿qué dices? ¿lo hacemos?... ¡sí, hay que hacerlo!
–No hagas preguntas a las que impondrás tus propias respuestas de antemano. –dijo Diana con cierto desdén.
–Hm… ¿de qué están hablando? –se escuchó desde detrás de las chicas.
–¡Instructora Kalipso! –exclamó Diana al verse sorprendida de la repentina pregunta que vino por detrás de su nuca.
Una instructora quien denotaba estar en sus mejores años, se había acercado a las chicas al haber pasado por enseguida de ellas y llamarle la atención su conversación al escuchar sobre “el fantasma de la biblioteca”.
–Instructora Kalipso, usted fue estudiante en esta academia hace algunos años ¿no? –Ita preguntó casi de inmediato, ignorando la pregunta que se le había hecho antes.
–Así es, me gradué hace cerca de 11 años. –dijo sonriente la Instructora.
–¡Entonces usted sabe algo acerca de lo que paso hace 13 años ¿verdad?! –dijo Ita emocionada.
–Ahhh…, están hablando de eso. –la instructora parecía comprender todo, y sin apartar la sonrisa de su rostro, respondió –. Ciertamente fui testigo de lo que paso en la academia hace tiempo, cuando fue atacada por djay, al igual que muchos de los instructores que están hoy aquí.
–¡¿Sabe algo de los estudiantes que participaron en la batalla contra Aapep?!
–Eso, ¿no es solo el rumor de moda? –dijo la instructora extrañada.
–Lo ves ahora Ita, incluso la instructora, que vivió en carne propia lo que paso hace más de una década, no cree que sea más que un rumor. –comentaba Diana, verificando así que lo que había dicho antes era lo más cercano a la verdad.
La instructora se rió levemente ante lo que había dicho Diana.
–Bueno, es un rumor. Los rumores siempre tienen algo de verdad, lo difícil no es creerlos sino saber bien qué es lo que hay que creer de ellos. –dijo la instructora con la risa entre dientes.
–¿Está diciendo que el rumor podría ser verdad? –preguntó Diana sorprendida.
–No digo que todo lo que se dice sea cierto, pero podría ser posible que alguna parte de él sea verdad.
Ita, quien se había quedado atenta a todo lo que decía la instructora, se encontraba pensativa con una sonrisa en su rostro, que mostraba que tenía algo entre manos.
–Instructora, ¿quiénes son los instructores que estudiaron en esta misma academia? – preguntó finalmente Ita.
–Supongo que te refieres a quienes estudiaron en la misma generación que yo… veamos. –Cavilando un poco, la instructora miró hacia los lados, para después de unos segundos mostrar una sonrisa picara, la cual nadie sabría cómo interpretar –. No recuerdo a muchos, ya que no los conocía a todos, pero la instructora Nez, y la instructora Ren son amigas mías desde hace mucho tiempo, ellas estudiaron y se graduaron junto conmigo.
–Las instructoras Nez y Ren…
–La instructora Nez… –Diana parecía preocupada mientras lo decía, mostrando así la incomodidad que le provocaba la instructora.
–Así es. Tengo que reunirme con ellas ahora mismo, hablando de, así que las veré en clase luego chicas.
La instructora se despidió con la mano al momento en que comenzaba a caminar, avanzando a paso normal hasta dejar a las chicas nuevamente solas.
–No lo hare. –dijo Diana al momento en que Ita estaba a punto de hablar.
– ¿Por qué no? –Ita rezongo haciendo pucheros, al verse interrumpida incluso antes de que pudiera pronunciar palabra alguna.
–Puedo acompañarte si quieres, y solo con la instructora Ren, sabes que no soporta a la otra. Y en cualquier caso, también tengo otras cosas que hacer.
–Está bien pues. –rindiéndose incluso antes de siquiera intentar convencerla, Ita dijo –. Iré sola a preguntarles entonces.
–La instructora dijo que se tenía que reunir con ambas, no creo que sea prudente que vayas a buscarles ahora, ¿por qué no te esperas y lo haces después?
–¡No! No tengo tiempo para esperar, también quiero ir a la biblioteca y averiguar sobre el fantasma ese, y quiero investigar fondo mi departamento, quizá los instructores dieron por alto algo.
Justo al terminar de decirlo, Ita salió corriendo en la misma dirección en que se había ido la instructora Kalipso, dejando a Diana parada en su sitio, solo pudiendo seguirla con la mirada.
–¿De dónde saca tanta energía? – pensó Diana mientras veía como Ita esquivaba a los estudiantes que iban caminando tranquilamente por el corredor.
Cuando Diana ya no pudo ver a su amiga, giró y decidió seguir su camino.
Ita corría velozmente por el pasillo, esquivando a todos los que pudieran ponérsele en frente, era mejor que intentar apartarlos seguramente. Ella intentaba alcanzar a la instructora que pocos minutos antes le había dado algo de información sobre lo que quería averiguar, pero después de pasar por todo el pasillo, llegando a unos de los jardines de la academia, no podía divisar a la instructora por ningún lado.
–¿Dónde se metió? –se preguntó a sí misma en la mente.
Giró la cabeza de izquierda a derecha varias veces, intentando dar con la silueta de la instructora, pero no tuvo éxito. Más al poco tiempo vio la inconfundible figura de la instructora que al inicio de las clases había hecho que se sobresaltara sobre su silla.
–¡Instructora Nez! –no pudo reprimir el impulso de decirlo, pero al parecer la propia instructora no la escuchó.
Ita sabía que la instructora Nez iba al mismo lugar que la instructora Kalipso, pues la instructora había dicho que tenía una reunión con ella, así que le siguió, no pudiendo alcanzarla debido al enérgico paso al que iba la instructora.
A diferencia de Ita, quien esquivaba a las personas mientras avanzaba por los pasillos, la instructora apartaba a todo aquel que se le pusiera enfrente, gritando a la vez.
¡Quítate!, ¡no estorbes!, ¡a ver pues!, era lo que decía la instructora al apartar a estudiantes e instructores por igual. Su pasó era veloz, por lo que Ita no logró alcanzarla en ningún momento, más nunca la perdió de vista.
–¡Instructora Nez! –gritaba Ita, tratando de alcanzarla.
La instructora Nez parecía estar ensimismada en sus propios pensamientos, pues a pesar de los constantes llamados de Ita, ella nunca pareció oírla. Parecía estar contra reloj, pues constantemente sacaba su celular para revisar la hora, y cada vez que lo hacía aceleraba más el paso.
Finalmente, después de unos extenuantes diez minutos, la instructora se paró frente a una sala de reuniones, donde abrió la puerta de golpe y la intento cerrar de la misma forma, azotándola.
¡Llegué! Fue todo lo que Ita pudo escuchar antes de que la instructora azotara la puerta.
Ita estaba algo apartada de la instructora, por lo que no logró escuchar el comienzo de aquella conversación, puesto que cuando por fin llegó a la puerta de la sala se dio cuenta de que no se había cerrado, seguramente por el portazo que había dado la instructora que había ocasionado que la puerta rebotara contra el seguro sin poderse cerrar del todo.
Ita pensó en tocar, y preguntar si podían atenderle unos minutos, pero antes de que tocara la puerta, escuchó lo que dentro se estaba diciendo y no pudo reprimir su deseo de oírlo todo.
–Así están las cosas ahora, al parecer pronto tendremos más información sobre esto, aunque no me dijeron quien nos la daría. –escuchó Ita que se decía dentro, pero no reconoció la voz de la persona de quien provenían esas palabras, aunque debido al tono de voz supo que era una mujer joven.
–¿Qué quieres decir con eso? –preguntó otra de las personas ahí dentro, por su voz, Ita la reconoció, era la instructora Kalipso.
–Que alguien nos dará más información, pero no sabemos quién es ese alguien.
–¡Que pendejada! –sin tener que prestar mucha atención Ita supo que esa era la instructora Nez.
–Deben de tener sus razones. –La única que faltaba por hablar, era la instructora Ren, quien fue quien dijo esto último.
Debido a no escuchar a nadie más, Ita concluyó que dentro solo estaban cuatro personas, las tres instructoras y la otra mujer que no reconocía por la voz. Algo en el interior de Ita la impulsó a ver dentro de la sala, pues la puerta seguía entre abierta.
–Apropósito, como ya sabrán, esta reunión dejo de ser privada hace unos minutos.
Justo cuando Ita estaba por poner un ojo en la pequeña abertura entre la puerta y la pared, esta se abrió por completo, exponiendo a Ita completamente.
Lo primero que ella vio fue a una hermosa mujer elfina, de cabellos blanco brillante, y ojos azul cielo, capaces de traspasar las almas de los que los miraran directamente.
Ita volteo a ver a las instructoras, quienes la vieron de distintas formas cada una. La instructora Kalipso le sonreía, como si hubiera estado consciente de que la seguía desde el principio. La instructora Nez la miraba de forma indiferente, mostrando fehacientemente que simplemente no entendía por qué Ita estaba ahí. Finalmente la instructora Ren la miró por un momento, para luego suspirar mientras colocaba los dedos de su mano derecha sobre su frente.
–Siempre habrá alguien ¿no? –comentó la elfina que estaba frente a Ita, mientras le miraba atentamente.
–Aunque la prudencia no parece ser el fuerte en esta. –dijo la instructora Ren casi suspirando al decirlo.
–No es ella, si se preguntan eso. –dijo la elfina, mientras le mostraba una hermosa sonrisa a la joven Ita.
Desconcertada y confundida, Ita quedó paralizada frente a las cuatro mujeres, quienes al parecer, sabían lo que ella había estado haciendo todo el tiempo.
“Estoy en problemas… estoy en problemas, ¿no?... quiero decir, debo de estarlo seguramente… esto parece importante y yo estaba literalmente espiando… sí, estoy en problemas…” Todo esto pasaba por la mente de Ita quien, cabizbaja, sentada en el suelo y con la boca entreabierta, no encontraba fuerzas para poder pronunciar palabra alguna.
–Ita... – dijo finalmente una voz de forma apacible, era la instructora Kalipso.
–¡¿S…sí?! – Ita respondió casi de inmediato, puesto que la voz de la instructora logró sacarla de sus pensamientos.
Ita levantó la mirada en un intento por hacer contacto visual con la instructora que le había llamado, pero fue en vano pues solo se encontró con la mirada de la elfina que, aun con una sonrisa en su rostro, la miraba fijamente, esto hizo que Ita volviera a bajar la mirada.
–La estas asustando. – finalmente indicó la instructora Ren mientras colocaba su mano derecha sobre el hombro de la elfina.
La elfina se movió de la entrada volteando a ver a la instructora que le había hablado, para por fin dejar de ver atentamente a Ita. Al notar esto, Ita no pudo evitar suspirar de alivio, pues cada vez que miraba el rostro de aquella elfina su mirada se plantaba sobre sus ojos celestes que parecían perforar su propia alma.
La instructora Kalipso se acercó a la entrada del salón, donde se encontraba Ita aun tirada en el suelo, y le ofreció su mano para ayudarla a levantarse. Ita acepto dudosa la mano que se le ofrecía y con un débil impulso de la instructora se repuso.
Ita no tenía idea de que pasaría a continuación, en su mente ella aun se convencía a si misma de que estaba en problemas y que debía preparase para ello.
Mientras pensaba en eso se dio un momento para mirar con atención a las instructoras.
La primera, obviamente por estar justo frente a ella, era la instructora Kalipso. Una media-elfina de poco más de 30 años que se encontraba en lo que parecían ser sus mejores días, de una tez grisácea clara, y unos ojos del mismo color, con el cabello blanco opaco, que siempre le gustaba recogerse en una cola de caballo que alcanzaba casi el final de su espalda. Su cuerpo es, sin lugar a dudas, una de las maravillosas creaciones de Jnum, dios alfarero que da base al cuerpo de las personas en sus moldes de barro. Una creación que solo puede ocurrir con la unión de dos mundos diferentes, posee un cuerpo hermosamente fino, muy característico de los elfos, pero con la fuerza y las curvas que solo una humana puede llegar forjar. Su exuberante pecho y su mirada apacible la volvían la fantasía de muchos hombres en la academia, instructores y estudiantes por igual, y probablemente también de alguna que otra mujer.
Por detrás estaba la instructora Ren. Una humana que, al igual que la instructora Kalipso, se encontraba en sus treintas, cabe mencionar que al ser de la misma generación de estudiantes, las tres instructoras tenían una edad bastante similar, por no decir que era casi la misma. Algo llenita pero con músculos muy bien formados, como habría de esperarse de una maestra en artes marciales; Con el cabello lacio de un color azul oscuro, tan largo que le llegaba casi a los tobillos, y unos ojos grandes, y penetrantes, de un color verde oliva. Tiene una perforación por debajo de sus labios, y en sus orejas tiene varias más. Viste siempre una diadema café, con una pequeña calavera roja en esta, para acomodarse su largo cabello; Su apariencia es bastante curiosa, por no decir algo ruda, pero siempre ha sido una mujer risueña y compresiva, que se preocupa por la seguridad de sus compañeras y sus estudiantes.
Recargada en la pared, cruzando los brazos, con la mirada un poco irritada y constantemente mirando a Ita de forma incomprensible, como si le recordara a alguien a quien le gustaría volver a ver solo para poder darle un fuerte golpe en el estomago, o quizá también en alguna otro lugar para hacerlo sufrir aun más, estaba la enérgica instructora Nez, balbuceando palabras incompresibles para los oídos de Ita. De piel clara, delgada y un cuerpo al que podrías llamar “común”, pues realmente no sobresalía de manera alguna, con una estatura un poco más baja que el promedio de las mujeres, con el cabello corto de un color azul zafiro, y unos ojos amarillos que adornaban su rostro de forma muy interesante. Esos ojos, por mucho, eran la pesadilla de toda la academia, puesto que la instructora Nez tiene una cierta reputación de destrozar las cosas solo con la mirada, algo que a Ita nunca le ha tocado ver en carne propia, por lo que para ella solo son rumores.
Al no ver rastro de algo que le diera una idea de lo que estaban hablando las instructoras, ya fuera en ellas mismas o en el salón, Ita se resignó a solo esperar su castigo. Pero por más que esperaba a que alguna de las instructoras dijera algo, nadie hablaba, todas simplemente la miraban, para Ita era exasperante y para quebrar ese silencio decidió ser la primera en pronunciar alguna palabra.
–Eh… ¿estoy en problemas? – Ita prefirió dejar eso en claro de una vez.
– ¿En problemas? ¿Por qué crees eso? – preguntó serenamente la instructora Kalipso.
–Pues porque… estaba espiándolas… ¿no?
–Hm… ¿y qué escuchaste?
–Realmente no mucho, solo que estaban hablando de algo de una información… realmente no escuche nada que pudiera comprender. –al darse cuenta Ita de que realmente lo que había escuchado no tenía nada de contexto, no pudo reprimir mostrarse algo irritada.
–Así que de cierta forma, nos espiaste, pero no sabes nada.
–Supongo que así es.
–Perséfone, ¿qué dices? – dijo la instructora Kalipso, al tiempo que volteaba a ver a la instructora Ren.
–Dice la verdad, realmente solo piensa en que está en problemas e intenta encontrar el contexto en lo que escuchó. –contestó la instructora Ren.
– ¡Instructora! No está permitido leer las mentes de sus estudiantes. –le reprochó Ita a la instructora Ren al darse cuenta que la instructora quien, como practicante de psicoquinesia, le había estado leyendo la mente todo el tiempo.
–Así como no está permitido espiar en conversaciones ajenas, Ita. –le contestó la instructora Ren.
Ita no supo que decir, por lo que simplemente decidió quedarse callada.
–Pensé que estabas interesada en el “fantasma de la biblioteca”, ¿qué no? ¿Por qué no vas a la biblioteca a averiguar algo? Si te quedas aquí no te puedo garantizar que salgas sin problemas. –calmadamente la instructora Kalipso le hacía dar a entender a Ita que ella no debería de estar ahí, y básicamente la estaba corriendo educadamente.
–S…sí. Iré ahora mismo. –diciendo esto, Ita decidió salir de ahí, al comprender lo que la instructora le quería decir.
Pero antes de salir del lugar, Ita se dio cuenta de la reacción de dos de las mujeres al escuchar: “el fantasma de la biblioteca”. La elfina, quien había estado viendo toda la escena desde de tras de la instructora Kalipso, sonrió de una manera extraña, como si rememorara algo en su mente; mientras que la instructora Nez, quien pocos segundos antes tenía aun esa mirada molesta, había abierto por completo los ojos justo al escuchar aquellas palabras, para después apartar la vista de la instructora Ren quien la miró al darse cuenta de su reacción.
Una vez empezó a caminar por el pasillo, de regreso a uno de los jardines de la academia, Ita comprendió que las instructoras no solo traían algo entre manos, sino que ellas parecían estar muy bien informadas de otras cosas, “ellas seguramente saben algo” pensó Ita mientras sus ánimos volvían a ella.
Cuando los pasos de Ita ya dejaban de escucharse por el pasillo fuera del salón, las instructoras y la elfina compartieron miradas la una con la otra, luego tres de ellas empezaron a soltar risas divertidas entre ellas.
–En serio, ¿qué fue eso? ¿Me van a decir que hay otro estudiante curioso en la academia? –decía divertida la elfina, aun con la risa entre dientes.
–No sé si ponerla al mismo nivel, pero podrías decir que sí. –dijo casi suspirando la instructora Kalipso.
– ¿Y qué hay con esa reacción Yoko? –dirigiéndose hacia la instructora Nez, preguntó la elfina. – ¿Desde cuándo algo así te afecta?
– ¡Cállate ¿quieres?! –contestó molesta la instructora Nez, quien fue la única que no se había echado a reír pocos segundos atrás.
–Ya, ya… no nos hará ningún bien revivir eso ahora. –decía la instructora Ren al intentar calmar la situación.
– ¿Piensas guiar a esa niña Kerani? ¿Qué harás si se mete demasiado? – preguntó la instructora Nez mirando a la instructora Kalipso, después de haberse calmado un poco.
–Creo que si encuentra algo será su decisión inmiscuirse o no, después de todo, no creo que encuentre nada en la biblioteca.
–En eso te equivocas Kerani –acercándose a la instructora, la elfina comenzó a hablar. –Yo no soy la única que vino hoy a Gaia.
–¿Qué quieres decir? –preguntó sorprendida la instructora Nez.
–Aun hay alguien con quien debemos encontrarnos, Kaunis esta aquí.
–¡¿Qué?! ¿Por qué no dijiste eso antes? ¡Esa pinche elfina de seguro está mejor informada que nosotras!
Tras decir eso la instructora Nez salió corriendo del lugar tan rápido como había corrido minutos atrás para llegar a la reunión, las instructoras y la elfina, quienes solo se quedaron mirando a la instructora Nez salir, nuevamente se miraron entre ellas y se rieron casi a carcajadas entre ellas.
–Quién lo diría, alguien tan precavido y discreto como él termino siendo bastante popular. –mencionó la elfina.
–No fue del todo su culpa –comentó la instructora Ren.
–Bueno, ya veremos que nos tiene preparado esta vez. Apropósito, Kerani, ¿cómo está tu hija?
–Muy bien, cumplirá sus cinco añitos el próximo mes…
Ita se encontraba caminando por el pasillo, aun queriendo descifrar algo de lo poco, o nada que había escuchado de la conversación de las instructoras, cuando una persona pasó por enseguida de ella tan rápido que apenas logró evitar que chocara con ella, antes siquiera de poder decir algo, Ita se dio cuenta de que era la instructora Nez corriendo increíblemente rápido. Ita se quedo desconcertada al no saber hacia dónde se dirigía la instructora, sintió el impulso de seguirla, pero lo supo reprimir, ya que no quería meterse en más problemas.
Sonando con un tono tenue, casi como el llamado de un ave que intenta encontrar algún compañero con el que volar a la deriva, se escuchó el aviso que se daba para dar a entender que se pronunciaría un mensaje para los estudiantes en la academia.
“El descanso ha terminado, estudiantes que aun no están en sus respectivas aulas, favor de dirigirse a su siguiente clase” se dijo por los parlantes de la academia.
Ita se resignó a ir a clases, y empezó a dirigirse al salón de prácticas, mientras aun pensaba en las instructoras y esa extraña elfina.
Se hicieron cinco, luego diez, hasta quince minutos tardó Ita en llegar al salón de prácticas, donde su clase ya había empezado. Entró cabizbaja, intentando que el instructor no se diera cuenta de que llegaba tarde, avanzando entre sus compañeros, quienes estaban frente al campo de demostración, viendo como dos estudiantes practicaban entre si sus técnicas en combate. Logró llegar hasta un lado su amiga Diana quien, apenas entró, se dio cuenta de quién era.
–Llegas tarde. –dijo Diana reprochándole a Ita sin mirarla.
–No es como si afectara, tenía el presentimiento de que no sería de los primeros en pasar. –dijo orgullosa Ita. – ¿Quiénes están en demostración?
–Mi hermano y Eloy.
–Ohhh… ¿otra vez? –comentó Ita con tono monótono.
–No entiendo el afán de mi hermano por querer vencer a Eloy.
–Sabes que tiene cierto complejo de inferioridad debido a ti.
– ¡Entonces que intente vencerme a mí! –dijo Diana molesta.
En el campo de demostración se encontraban dos chicos, uno estaba tirado en el suelo, mientras otro se regodeaba de sí mismo al ver a su oponente derrotado tras pocos minutos de enfrentamiento.
En el suelo se encuentra Daniyyel Leyva, hermano gemelo de Diana Leyva, con cuerpo atlético al igual que su hermana, con quien comparte los mismos rasgos, siendo bastante alto, un poco más que su hermana, el cabello corto y tan negro como la obsidiana, con los ojos de color rosa crema, que al igual que a su gemela, le han hecho ser víctima de miradas extrañas toda su vida. Si bien parecido físicamente a su hermana, Daniyyel carece de talento para el combate, algo de a lo que su hermana no le falta, por lo que se ha sentido inferior a ella toda su vida.
Frente a él se encuentra un elfo gris, Eloy de las montañas negras, un elfo con un talento innato para el combate, siendo así el mejor estudiante de su clase, y se dice, también de la academia. De tez grisácea oscura, de estatura promedio para los elfos, siendo un poco más alto que el común de las chicas humanas, pero no tan alto como los hombres humanos. Con ojos rojos penetrantes, y carentes de brillo, y de cabellos plateados atados a una corta cola de caballo que apenas le llega al final de la nuca.
Sintiendo a su encantamiento de protección estar al borde del colapso, Daniyyel se arma con todas las energías que le quedan para volver a tomar su arma, un mandoble de acero, y levantarse del suelo. Esta extenuado, con dificultad para respirar, sin heridas latentes debido al encantamiento, pero sintiendo el dolor de todos y cada uno de los golpes y tajadas que le ha ocasionado su adversario, Eloy.
– ¡Vamos Eloy! ¡Termínalo! – se escucha desde la audiencia de estudiantes, de parte de chicos y chicas por igual, apoyando al ídolo de la clase.
– ¡Acepta que perdiste, y ríndete! ¡Idiota! –gritó Diana hacia su hermano.
Los gritos de su hermana solo hacen que Daniyyel se niegue a rendirse, no quiere hacerlo, no se permite hacerlo, en su vida ha visto su hermana rendirse nuca, ¿cómo podría hacerlo él?
Daniyyel levanta su mandoble y comienza a embestir a Eloy, dos, tres, cuatro tajadas, todas fallan ante el ágil elfo gris, quien solo con un sable en su mano derecha, bloquea los desesperados ataques de su contrincante. Daniyyel gasta energía intentando darle a Eloy, cosa que no logra con su mandoble, por lo que al ver que Eloy bloquea uno de sus tajos con su sable, levanta el pie e intenta tomar por sorpresa al elfo con una patada, lo que logra funcionar. Eloy recibe por completo la patada de Daniyyel, quien se enorgullece de sí mismo al lograr dañar a su adversario. Esto enfurece al elfo.
El elfo se aparta con un salto hacia atrás, y toma su turno para atacar, los agiles tajos del sable de Eloy solo chocan contra el mandoble de Daniyyel, evitando que el mismo pueda contraatacar con su arma, al inmovilizar el arma de Daniyyel, Eloy solo busca la oportunidad de dar el golpe de gracia, pues sabe muy bien que su oponente está en la últimas. Tras pocos tajos, la oportunidad se abre ante sus ojos, al dar con el mandoble, Daniyyel comete el error de exponer mucho sus brazos durante el bloqueo, Eloy toma la oportunidad sin dudarlo y rápidamente golpea las muñecas de Daniyyel con el mango de su sable, haciendo que este mismo suelte su arma quedando a merced de Eloy, quien casi inmediatamente, golpea el estomago de su adversario con la palma de su mano izquierda, el golpe no es muy fuerte, pero es lo suficientemente duro como para acabar con el escaso encantamiento de protección de la ropa de Daniyyel, quien, al igual que Eloy, se dio cuenta de esto.
Técnicamente el encuentro termina, Eloy ya había ganado al terminar con el encantamiento de protección de su adversario, pero al no ver señal de que el instructor se diera cuenta de ello, decide terminar de una mejor manera.
– ¡Feude Uadyet Bōru!
La mano izquierda de Eloy, que se encontraba aun en el estomago de Daniyyel, comenzó a emanar un brillo rojo, esté segundamente empezó a emitir calor, era magia.
Al estar a quemarropa, Daniyyel no solo recibió todo el impacto de la bola de fuego de su oponente, sino que tuvo que soportar incluso la creación de la misma al roce de su piel, que luego fue expulsada con gran fuerza, quemándole la ropa y la piel. Daniyyel salió impulsado por la magia de Eloy, chocando contra la pared del salón de prácticas, donde quedó inconsciente.
El instructor, al ver las quemaduras de Daniyyel, por fin se da cuenta de que el encantamiento de protección de su estudiante había terminado, pero no sabe si lo había hecho antes o después de que Eloy usara magia, preguntar sería contraproducente, pues sería solo la palabra de Eloy contra la de Daniyyel, y sin pruebas, por lo que para ahorrarse problemas, simplemente declara vencedor a Eloy y manda que traigan ayuda para Daniyyel.
–Idiota… –suspiró Diana al ver a su hermano inconsciente recibir tratamiento curativo de una estudiante de magia.
Eloy al haber sido declarado ganador de la demostración, miró a su contrincante inconsciente y mostró una sonrisa arrogante, para luego empezar a bajar del campo de demostración, donde las alabanzas no se hicieron esperar, las que él ignoró, apartando a quienes se pusieran frente a él, como siempre había hecho.
–Arrogante. –Ita decía mientras le miraba bajar del campo.
–Esos dos nunca cambiaran. –mencionó Diana al escuchar a su amiga. –Así que mejor olvídate de ellos. ¿Y bien? ¿Descubriste algo con las instructoras?
–Sí. –al ver que Diana deseaba dejar de lado la demostración que acabada de ocurrir, Ita decidió decirle la conclusión a la que había llegado –. Ellas saben algo, estoy segura de ello.
.
…
…..
-En las afueras del valle de los grandes en el continente Kemet – Vida -
– ¿Ya terminó su visita señor? –me dijo una tenue voz, al verme salir de entre las tinieblas del interior del valle.
–Sí, hoy tampoco aparecerá.
– ¿No le parece extraño? La última vez que usted vino tampoco se apareció.
–Debe tener sus razones.
–Si usted lo dice. –dijo vacilante mi acompañante.
El crepúsculo se hacía presente en el desierto, a lo lejos logré observar una caravana que avanzaba con calma por las arenas, probablemente en busca de un lugar seguro para acampar. La tierra estaba en calma y el ligero soplido de los vientos de Shu, aunque calientes, me daban una ligera sensación de tranquilidad, me encontraba en paz conmigo mismo, pero realmente no sabía que debía hacer ahora.
El joven cuidador que me hacia compañía en la entrada del valle debió de haber notado esto, pues pareció tomar la suficiente confianza para hablarme coloquialmente.
–Señor, si perdona mi atrevimiento, ¿qué hará ahora que ha acabado con Sehaqueq?
–No sabría decírtelo. Realmente esperaba que se me informara algo esta vez.
– ¿Por eso vino a ver a la dama Per-a?
–Sí.
– ¿Se quedara a esperarla? Porque si es así, creo que sería mejor que fuera al gremio.
–No me quedare, si no puede verme ahora, estoy seguro que no podrá hacerlo en mucho tiempo.
–Entiendo.
Un silencio apacible se hizo entre los dos, no sé si fue debido a que el joven cuidador, al que le calculé poco más de 11 años, aun se sentía nervioso debido a mi presencia, o simplemente no tenía nada más que decirme.
–Dime. –decidí romper el silencio –. ¿Cuál es tu nombre?
–Neferren… –contestó cabizbajo, esperando la reacción común que solía recibir, algo que no le complacía del todo.
Para su desgracia, reaccioné de la misma manera que lo hacían todas las personas a quienes se presentaba el joven cuidador, me reí. No por burlarme de su nombre, pero sin duda su nombre tenía cierta gracia. Neferren significa “hermoso nombre”.
–Señor, le suplico que no se burle de mí, ya tengo que lidiar bastante con mis compañeros debido a la poca originalidad que tuvo mi madre al nombrarme. –replicó el joven cuidador, seguramente de una manera más educada a como lo haría frente a alguien más.
–Descuida, no me burlo de ti Neferren, pero me hace gracia tu nombre. De seguro lo entiendes. –dije aun con la risa entre dientes –. Pero vaya, se han vuelto populares los nombres con el prefijo Nefer.
–Según se dice, la moda comenzó debido a usted y a su novia. –dijo alegremente, pero al momento se jactó de la falta de respeto que acababa de hacer e ipso facto se disculpó con un ademan –. Per… perdone mi atrevimiento.
–Descuida. –le calmé colocando mi mano sobre su hombro y con un movimiento le dije que levantara la cabeza –. ¿Cómo esta todo en per-medjay? Neferren.
–Bastante tranquilo, la generalísima Perdu tiene todo en orden últimamente. También me dijeron que la princesa ha preguntado mucho por usted.
–Ya veo. –le dije con una sonrisa.
–Señor… no podría usted…
–Neferren. –le interrumpí, sabía lo que me quería decir, pero no era el momento de regresar con el gremio todavía.
–¡Sí! –contestó al instante.
–¿Puedes hacerme un favor?
–¡Lo que desee señor!
–Cuando te releven del valle, y vuelvas a per-medjay, quiero que le entregues esté mensaje a los generales: “Sehaqueq ha sido devorado. Los geniis volverán.”
–¿Es en enserio?... digo, ¡sí señor!
–Hasta que nos veamos nuevamente Neferren, aw ibek. –me despedí del joven, y me di la vuelta para volver a caminar por el mismo camino por el que había llegado horas atrás.
–Señor, sí, ¡ankh, udja, seneb! Que su corazón también se regocije hasta nuestro próximo encuentro. –dijo casi gritando el joven cuidador, que parecía estar bastante entusiasmado al haber recibido mi bendición.
Tras dar unos pocos pasos, volteé a ver al joven quien calurosamente agitaba sus brazos a manera de despedida, me hizo recordar a todos aquellos niños que en alguna ocasión tuve el placer de ser tutor, y por impulso levanté mi brazo de igual manera para despedirme de él.
No estoy seguro qué tanto fue lo que avancé, uno o dos kilómetros a lo mucho, el valle de los grandes, aunque aun relativamente cerca, ya se escondía a la distancia, confundiéndose entre las arenas que se levantaban por el viento de Shu y la noche sin luna que regalaba el cielo del desierto. Parecía que me toparía con una tormenta de arena dentro de poco, por lo que empecé a apresurar el paso, sabía que había un oasis con un escondrijo a unos pocos cientos de metros de donde me encontraba.
La tormenta había comenzado, esta empezaba a tomar fuerza tras cada minuto que pasaba, pero para mi suerte el oasis ya era visible. No tardé en llegar, cavé un poco con una de las palas que se encontraban hundidas en el oasis y abrí la trampilla oculta. El lugar parecía estar desocupado por lo que pasé sin miramientos, pero antes de que pudiera cerrar la trampilla, una voz me detuvo.
–¡Espere! ¡No lo cierre! –gritaba una voz.
Asomé mi cabeza por la trampilla pero no vi a nadie, la voz no se escuchaba lejos por lo que me desconcertó el no ver a alguien cerca, por un momento pensé que sería Neferren, el joven cuidador, corriendo tras de mí para decirme algo que se le habría olvidado, pero por más que buscaba no encontraba a nadie. No me podía dar el lujo de estar mucho tiempo con la trampilla abierto, puesto que el escondrijo podría llenarse de arena ante la tormenta. Pero antes de que empezara a cerrar la trampilla, algo me empujo hacia adentro, cerrando la trampilla de golpe, al yo tener agarrada la manija de esta al recibir el impulso.
Dentro del escondrijo, el cual debería de estar oscuro, vi una luz resplandeciente parpadear ligeramente enfrente mío. Al mis ojos haberse acostumbrado a la oscuridad de la noche y de dentro del lugar, me fue difícil distinguir qué era esa luz, pero algo me quedaba claro, esa luz era la voz.
–¡Le encontré, le encontré, le encontré, le encontré! –repetía una y otra vez, una voz chillona, parecida la de una niña pequeña.
Mientras mis ojos aun se aclimataban a la luz, sentí como unos pequeños y delgados brazos, tomándome por las costillas, me abrazaban sin llegar a alcanzar a rodearme por completo, y una pequeña cabeza, demasiado pequeña como para ser la de un infante humano, elfo o anningen, se restregaba en mi pecho.
Ante mi sorpresa agarre el pequeño cuerpo de la criatura con una sola mano, tenia forma humana pero obviamente era demasiado pequeña como para ser humana, tomándola entre el estomago y las caderas, que quedaban rodeadas completamente por mi mano, la levanté y la sostuve enfrente mío.
–No...no.. apriete… tanto… –decía la criatura ahogadamente.
Llamarla criatura a estas alturas ya no era necesario, una vez que mis ojos por fin se habían acostumbrado a su luz, pude observar una pequeña forma humana con alas, parecidas a las de una mariposa monarca que le brotaban desde su espalda. La luz que emitía era de un tenue tono verde, del mismo modo que su cabello, largo para su cuerpo pues caía incluso más por debajo que sus propios pies, compartía el mismo tono de verde, y con unos grandes ojos relucientes de color avellana que creaban una cara bastante infantil, muy parecida a la de una niña de poco más de seis años. Una pequeña geniis.
–Gracias… –suspiró la geniis, al yo aligerar la fuerza de mi mano con la que le sostenía.
–Bicho… –dije tajantemente.
– ¡No soy un bicho!
–Hm… ¿una anningen mariposa?
–No existen los anningen mariposa, ya debería de saber eso.
–Entonces un bicho.
– ¡No soy un bicho! No intente jugar conmigo, sé que no soy la primer geniis que ve en su vida. Le he estado buscando por los últimos 3 meses, señor protegido.
–¿Protegido? ¿Cómo sabes eso? ¿Te enviaron las horas, bicho?
–No, las damas hijas de Ra no me enviaron, me envió… ¡no soy un bicho!
–¿Cuál es tu nombre entones?
–Baket-Maat, soy una geniis sirviente de la diosa Maat.
–¿Maat?
–Sí, mi ama Maat me envió porque usted no ha hecho comunión con ella desde hace años.
–¿Por qué habría de hacer comunión con Maat seguidamente? No es ella quien me favoreció.
–Eh… señor protegido, usted está bajo el cuidado de los dioses… por lo que bueno… pensé que debería saber ya que es su deber parlamentar con ellos una que otra vez. –dijo dudosa, parecía no estar segura de sus palabras, y solo estaba intentando dar lógica a sus órdenes.
–¿Y qué quiere la diosa Maat conmigo?
–De hecho, solo me pidió que le acompañara en su viaje, pues le seré de ayuda con su siguiente tarea. –mencionó orgullosa, como una niña que se emociona por su primer encargo de ir sola a la tienda de la esquina.
–Así que me ayudaras a que los tuyos vuelvan a poder visitar el mundo con libertad.
–Así es.
–Entonces es tu culpa que no pueda ver a la dama Per-a.
–No estoy segura de ello, ella no me dijo nada de eso, podría preguntárselo a los dioses, no a mí.
–No fue una pregunta. –le dije con tono amenazante.
–Eh… –se sorprendió tras oír mi tono, y tras un lapso de silencio en el que se mostro espantada, empezó a reírse nerviosamente.
Realmente yo no estaba molesto, solo que desde que empezó a hablar sentí ganas de jugar con ella, y ciertamente es divertido hacerlo.
Le sonreí finalmente, dándole a entender que solo jugaba con ella, al darse cuenta de ello pareció molestarse un poco, y empezó a hacer pucheros mientras se movía golpeándome con sus pequeños puños, mostrando así su desdén.
–Así que realmente es así usted… –dijo tras suspirar levemente –. Después de todo el trabajo que me costó encontrarlo, usted solo se burla de mí.
Solté a la geniis, quien al liberarse se estiró para reponerse, y comenzó a volar por el lugar aleteando rápidamente sus alas. Empecé a divagar entre mis pensamientos, no entendía por qué tendrían que enviar a un geniis conmigo, en vista de los pocos geniis que actualmente pueden materializarse dentro de la realidad latente, no vi la necesidad en ello. Mientras vacilaba en mi mente no me di cuenta que la geniis intentaba hablar conmigo.
–Señor protegido… señor protegido… –me decía poniéndose cerca de mis oídos.
–¿Sí? –finalmente contesté al espabilarme de mis pensamientos –. Disculpa, realmente no estoy familiarizado con que me llamen así.
–¿Entonces cómo debería llamarle?
–¿No puedes simplemente llamarme por mi nombre?
–¡No! Sería vergonzoso.
–¿Vergonzoso?
–La… señorita dama Per-a solo me dijo… su verdadero nombre… –dijo nerviosa.
–Entiendo.
–¿Qué tal adalid?
–No.
–¿Vida?
–Seria un insulto.
–¿Sirviente de los dioses?
–Muy largo.
–¿¡Héroe!?
–Ni loco.
–Ohhh… ¿entonces cómo?
–Bien, dejémoslo en protegido, pero quita el “señor”.
–Está bien señ… protegido
Dentro del escondrijo del gremio, esperando a que la tormenta de arena se calmara, comencé a platicar con la pequeña geniis Baket-Maat, quien al parecer tiene la misión de ayudarme en mi tarea. No sé de quién fue esta idea, pero al menos agradezco tener un poco de compañía. Todo lo que puedo pensar ahora es que mi pregunta fue contestada de una forma de lo más inusual, algo común, si pienso en quién era la que debía responderme.