¿Qué hacen o les gusta hacer en su tiempo libre?
Fácil. Suelo hacer esto:
LAS COSAS DE AURI-SAN
Las clases habían terminado, y Auri estaba impaciente por llegar a casa; se sentía cansada, ya que durante las clases no había parado de hacer prácticas de grabación y la noche anterior no había dormido muy bien. Cómo hacerlo, cuando aquél chico misterioso se había presentado en la cornisa de su ventana, a la tenue luz de la luna. Con aquellos ojos tan rojizos, tan brillantes que parecieran rubíes; lo mismo con su tez pálida, pero de un toque algo quemado, dando una extraña sensación a su piel. Ella no comprendía de dónde había salido ese chico musculoso, que se esforzaba por hablar bien varonil mientras echaba hacia atrás su larga melena y repasaba sus rudas manos en la barba de tres días al no afeitarse.
—Ah... me pregunto si es el ser de las leyendas... el Hombre Metalero.
Pero aquello parecía imposible. Ya que desde hacía más de cien años nadie había visto jamás a un metalero; de echo, ni siquiera el abuelo recordaba la existencia de otro estilo de música más allá del Reaggetton y el Justin-Pop que arrasaba desde antes de nacer sus ancestros. Pero ella había visto a un hombre muy parecido a cómo lo relataban los libros de brujería e historia antigua. ¿Sería él? ¿Existía de verdad?
—Hola Auri, ¿quieres que te acompañe?
Era Manolo Cabezahuevo, su amigo hipster que siempre le daba la tabarra cuando menos ganas tenía de hablar con nadie; además, desde que descubrió su no-homosexualidad quedó realmente impresionada. Nunca se imaginó que a un hombre pudieran gustarle las mujeres, mucho menos las guapas; le daba un poco de miedo hablar con él, ya que nunca había conocido a uno de esos que a los que la gente llama "normales" entre burlas.
—Lo siento, Manolo, pero tengo prisa.
Auri se sintió una tonta horrible por dejarle allí plantado. ¿Acaso era mala persona? Pero tampoco era como si tuviera ganas de hablar, y menos pensar en todo aquello que la atormentaba. Cogió el Electro-Bus y se dirigió a su casa. Estuvo haciendo deberes durante un buen rato, rozó (por lo bajo) su bolígrafo intensamente cuando vio un anuncio de asiáticas masajistas en bañador por Mega-Internet y, dos horas más tarde, decidió quedar con sus compis-de-la-muerte (incluido Manolo, aunque tampoco vino debido a estar ocupado cuidando de su madre; la pobre andaba enferma de vaguitis aguda y no podía hacer ninguna tarea doméstica).
Y así, la tarde se pasó volando.
Una vez hubo cenado, lavado los dientes, coquetear con sí misma en el espejo, ver de nuevo el anuncio de masajistas asiáticas en bañador por Mega-Internet, volver a verlo de nuevo, y otra vez pero ahora con un retulador carioca más grueso, luego mirar "Cómo conocí a vuestra tataratataratarataratartartatra abuela" en la New3DSTV, al final terminó acostándose (no, no de ese modo) con su peluche Orejitas.
Mientras le entraba el sueño, de esos que te implantas vía wi-fi en el chip del cerebro implantado por el MI-5 y la polémica desaparecida CIA que todo el mundo sabe todavía existe, Auri pensaba en las leyendas respecto el Hombre Metalero; sus poderes mágicos donde invocaba el Diablo, el valor de romper una guitarra tras erminar un concierto, tocar con una moneda en vez de una púa, o con las uñas, o con los dientes; incluso una habilidad donde mover la cabeza como un poseso, la cual parece ser servía de pinta-paredes profesional. Todo aquello sonaba tan increíble, tan magnífico... ¡Si hasta se decía que componían sus propias canciones! ¡Y se decía que su música no era comercial y hasta criticaba la sociedad! ¿Acaso eso era siquiera podía existir? parecía algo imposible.
En ese momento, algo golpeó la ventana.
De nuevo, el mismo sonido.
Auri levantó la persiana, confusa, y una vez retiró el cristal pudo verle.
Era el tipo melenas y pecho lobo del la noche anterior, de nuevo bajo la luz de la luna.
—Buenas noches, nena.— dijo él con su grave voz de macho cabrío.
—¿Otra vez por aquí, a estas horas?— espetó ella —¿Pero tú quién Eren y qué haces en Mikasa?
Entonces, con los ojos iluminados y una expresión de locura, el hombre respondió:
—Soy Rakhan; hijo de Ziltoidian Rakhan, nieto del Viejo Rakhan, de la estirpe rockera y el verdadero Metal.
Auri se lo quedó mirando.
—Pos oc— dijo con cara de sobada —, vuelve mañana.