I
Sentía movimiento así que abrí los ojos. A los lejos pude ver farolas encendidas y algunas casas de algún pueblo desconocido que se iban aproximando. Alguien o algo me estaba cargando hasta allí pero estaba demasiado cansado aún para percatarme de que era.
Abrí los ojos de nuevo. Una cama reconfortante era mi suelo y un techo desconocido era mi cielo de ese día. Intenté recordar lo que había ocurrido. Apenas sin haber dormido la noche anterior, me desperté porque un Houndour intentaba robarme la comida, lo seguí y me vi envuelto en un combate contra otros cuatro Houndour por intentar salvar al pequeño. Luego apareció un Houndoom que, tras una breve charla de gruñidos que no pude entender entre el Houndour y él, escupió un ataque polución y cuando desapareció él y los otros cuatro Houndour también lo habían hecho, menos el pequeño Houndour, que decidió quedarse conmigo.
Una puerta se abrió y apareció una chica rubia de piel un poco bronceada con unos penetrantes ojos verdes de unos dieciséis años que sonrió al verme.
— ¡Qué suerte que estés ya despierto! — exclamó.
— ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado? — pregunté mientras me intentaba incorporar.
— Creo que antes de darte explicaciones deberías vestirte con algo— me advirtió. Alguien me había desvestido antes de meterme en la cama, solo llevaba la ropa interior— Tu ropa está en esa silla de ahí.
Se giró dándome la espalda y miré hacia la silla donde me indicaba. Allí estaban mi camiseta, pantalones y la mochila junto con las pokéballs. Me levanté y me intente poner los pantalones y la camiseta tan rápido como podía.
— Mi nombre es Mecawuento, pero puedes llamarme Meca.
— E-Encantada. Yo me llamo Hikari.
— Ya puedes mirar— le dije una vez había terminado de vestirme—. ¿Has sido tú quién me ha qui…?
— No, No, No— se apresuró a decir—. Fue mi madre…
— ¡¿Q-Qué?!
— Fue mi madre quien te desvistió— dijo mirando el suelo avergonzada—. Ella te encontró mientras exploraba con su Growlithe la ruta 260. Me dijo que te encontró en el suelo y creyó que estarías herido o enfermo, pero después de examinarte se dio cuenta que solo estabas durmiendo y como hacía frío decidió traerte a casa.
— Le tendré que dar las gracias— le agradecí mientras sacaba el mapa—. ¿Estamos en…?
— Pueblo Agab— dijo señalándolo en el mapa— ¿Hacia dónde te dirigías?
— Supongo que hacia aquí, aunque solo temporalmente. Ayer conseguí la licencia pokémon y quiero llegar a ser de la élite como entrenador— le dije mostrándola orgullosamente.
— ¡Vaya! ¿Y tienes pokémon fuertes?
— Bueno, tengo a Charmander, Ponyta y Houndour— le iba nombrando mientras los iba sacando de su pokéball.
— ¿Todos son pokémon de fuego, verdad?— preguntó mientras acariciaba la cabeza a Charmander.
— ¡Claro! ¡Pienso llegar a la élite como entrenador utilizando solo pokémon tipo fuego!— ella intentó decir algo pero la detuve—, sí, ya sé que vas a decir que es muy difícil conseguirlo de este modo, pero lo lograré.
— No iba a decir eso… — se excusó—. Veras, hoy en día es muy complicado ver gente que piense de esa manera. Creo que has llegado en el lugar correcto en el momento adecuado — dijo con una sonrisa—. Hoy celebramos el festival folklore del pueblo. ¡Tienes que venir, por favor, te lo enseñaré todo!
— Veras, es que no soy el único que consiguió su licencia ayer…— intenté excusarme—. También otros dos amigos míos de mi pueblo la consiguieron ayer, y ya deben haber pasado por este pueblo…
— ¡Te aseguro que no te defraudará! Acércate— dijo acercándose a la ventana— ¿Ves aquel templo de allí arriba?— le seguí el dedo con la mirada y vi un enorme edificio al final de unas largas escaleras—, se dice que si un entrenador piensa en tener solo pokémon de un tipo y quiere saber cómo le irá, debe ir allí a presentar sus pokémon. Se dice que si esa persona es reconocida, un gran evento ocurrirá. Ya hace mucho tiempo que nadie así se pasa por aquí en el día del festival, así que yo no sé qué es lo que pasa realmente, ¡pero pienso que tú si lo lograrías!
Me quede un rato pensando. Podría ser bueno idea quedarme para el festival, aunque eso hiciera que tanto Akane como Daiki cada vez estuvieran más adelantados, pero valía la pena para poder ver qué ocurriría una vez llegado en el templo. Un gruñido proveniente de mi estómago me sacó de mis pensamientos.
— ¡Oh, lo siento! Lo primero que tendría que haber hecho era ofrecerte algo de comida, debes estar hambriento.
— Un poco— le agradecí con una sonrisa.
Salimos de la habitación y la seguí hasta el comedor, donde me sirvió un plato con un gran trozo de pastel de carne y un gran cuenco de macedonia. Hikari se sentó conmigo en la mesa mientras yo iba comiendo y mirando de un lado y al otro de la casa.
— ¿Dónde está tu madre? —le pregunté al fin—, tengo que darle las gracias por haberme traído hasta aquí.
— Ella está durmiendo. Trabaja de noche vigilando la zona boscosa de la ruta 260, así que suele dormir durante el día. Quizá más tarde puedas verla.
— Me gustaría verla, para podérselo agradecer— declaré mientras me terminaba la macedonia.
— Claro. ¿Entonces quieres ir ya al festival? El alcalde hace el pregón antes del comienzo de la fiesta y después podríamos al templo, ¡será muy divertido! — expuso mientras se levantaba.
— ¿Por qué no?
— ¡Genial! Espera aquí, te traeré un kimono de mi padre.
— ¿Un kimono?
— Claro, ¿no querrás ir con esa ropa? ¡Es un festival!
— Tienes razón— declaré mientras me observaba en el espejo.
Ella salió de allí con una sonrisa y apareció poco después con un kimono largo color azul marino y un cinturón color naranja amarillento.
— Creo que este te irá bien.
— Seguro.
Me dejó el kimono encima del sillón y volvió a desaparecer para ponerse ella su kimono mientras yo me ponía el que me había traído. Me sorprendió al ver que me sentaba como un guante, parecía hecho a mi medida. También me até el cinturón con las pokéballs debajo de la ropa y me senté en el sillón esperando que volviera.
Estaba un poco nervioso por lo que podría pasar en el templo, pero no se pudo ni comparar con lo que sentí después que la puerta se volviera a abrir y apareciera Hikari. Llevaba un kimono granate con adornos florales y un bolso a conjunto; además, se había recogido el pelo en dos moños en lo alto de su cabeza, sujetándolos con sendas cintas rojas. Realmente estaba muy guapa.
— Siento haberte hecho esperar, ya estoy lista para irnos— hubo un silencio, realmente me había quedado petrificado ante ella—. ¡Oye! ¡No me mires así y di algo!
— Lo siento —me disculpe mientras intentaba recuperar la compostura—, te ves realmente bella con ese kimono.
— Gracias— agradeció ruborizándose y mirando el suelo—. Si queremos ver el pregón inicial tenemos que irnos ya.
II
Salimos juntos de la casa y nos dirigimos al centro del pueblo, con Hikari agarrándome del brazo. Había mucha gente vestida con kimonos y todos nos dirigíamos al mismo lugar: una plataforma alta que habían montado delante del ayuntamiento. Nos pusimos tan adelante como pudimos y esperamos junto con todas las personas. Al rato, apareció subiendo a la plataforma un hombre de unos cuarenta años, se acercó al micrófono y empezó a hablar.
— Habitantes y Visitantes de pueblo Agab, yo, como alcalde de Pueblo Agab, os quiero dar la bienvenida al 458º festival de dicho pueblo. Se dice que en la Región Odissey, Pueblo Agab fue el lugar que más visitas ha recibido de parte de todos los legendarios mencionados y conocidos en los libros pokémon.
El primero en aparecer fue Arceus, el creador del mundo pokémon y dios pokémon, o más bien unos cientos de sus miles de brazos que utilizó para dar forma a la región Odissey. El segundo en llegar fue su primer “hijo”, Mew, quien visitó todo el mundo para darle su opinión a su padre “Arceus”. Después nos visitó Dialga, quién nos concibió el tiempo tal y como lo conocemos. Más tarde nos visitó Palkia, quién creo el espacio donde nos encontramos todos — Hizo un silencio que aprovechó para beber agua—. También apareció Giratina, quien no estaba conforme con el mundo creado por Dialga y Palkia y empezó a destruirlo, pero consiguieron encerrarlo en otra dimensión antes de que los daños se hicieran irremplazables. Después aparecieron Kyogre, Groudon y Rayquaza, el trío creador, quiénes formaron lugares como el rio Rebe, el río más grande de la región, la tierra firme que estamos pisando ahora mismo y este cielo que el día de hoy nos deja un despejado día respectivamente. Más tarde aparecieron Azelf, Mesprit y Uxie, el trío del lago, quiénes hicieron surgir los sentimientos en el mundo, tales como la voluntad, las emociones y la sabiduría, dándonos creación a nosotros, los humanos, más tarde, alimentándonos de esos sentimientos, para vivir en paz y armonía entre todos. También se dice que algunos de los tres Regis, Regirock, Registeel o Regice ataron algunas cuerdas aquí para mover el continente en el que se encuentra la región Odissey. Luego apareció Shaymin, quién purificó el medio ambiente y transformó tierra firme en campos de flores. También Celebi, quién paso por aquí antes de instalarse un tiempo en el Bosque Dienerbo, bosque situado al oeste de las afueras del pueblo. Más tarde apareció Darkrai, quién nos provocó a todo el pueblo un tiempo de sueño sin fin y con horribles pesadillas de las que nadie se pudo escapar, pero por suerte apareció Cresselia, quién convirtió las pesadillas en sueños bonitos y pudo despertar a todo el pueblo.
Otro relato afirma que aparecieron Xerneas y Yveltal hace 5000 años, uno les daba energía vital a los seres vivos y el otro se la quitaba, pero no se ponían de acuerdo así que la energía que los seres vivos recibían y robaban estaban desequilibrada, mientras una parte de seres vivos rebosaban de fuerza vital otra parte casi no tenían, hasta que apareció Zygarde quién con sus poderes pudo equilibrar la fuerza de esos dos. También se dice que hubo una persona importante del pueblo que tenía contacto tanto con Latios como con Latias, pero nunca fue confirmado por otras personas, ya que como ya sabéis estos pokémon solamente son amistosos con las personas que conocen. En otra época donde la gente de pueblo Agab estaba triste y deprimida, se cuenta que apareció un Meloetta, quién hizo que el pueblo volviera a recuperar su energía y actividad de siempre. Otra historia cuenta que hubo otra persona que pudo pedir un deseo a Jirachi enganchándole en una nota y pegándosela en la cabeza; esa persona pidió que cada año se pudiera celebrar sin problemas un festival aquí justo como hoy, cosa que cumplió cuando se despertó hace 458 años — Otro silencio mientras pasaba página de su discurso y bebía otro trago de agua. Miré a Hikari, parecía emocionada con la historia, aunque probablemente la escuchaba todos los años—.
También varios legendarios se han visto por aquí desde que se empezó a celebrar este festival, como cuando la Torre Latón de Ciudad Iris fue alcanzada por un rayo, provocándose el gran incendio que quemó esa torre y en la cual habitaba Ho-oh hace 158 años, muchas personas vieron este pokémon, describiéndolo como un gran pájaro que dejaba tras de sí un gran arcoíris. Y, finalmente, hace 148 años, se pudieron ver cuatro legendarios juntos, en una de las muchas luchas que Moltres, Articuno y Zapdos han tenido por la dominación de las famosas tres islas del Archipiélago Naranja de la Región de Kanto que llego hasta aquí y apareciendo finalmente Lugia para calmarlos con su hermoso canto. Muchos de estos pokémon que he mencionado, se establecieron allí —dijo señalando el templo que Hikari me había dicho— el tiempo que estuvieron en Pueblo Agab. El templo Agab que se dice que fue construido hace veinte mil años y se cree que tiene poderes mágicos.
Y, finalmente, lo único que os puedo decir a todos, es… ¡Qué disfrutéis como niños un año más en Pueblo Agab!
III
Todos aplaudieron tras este largo y detallado pregón. La verdad es que estaba impresionado por tal devoción que tenía aquella gente y me contagié con ellos en ese gran aplauso. Hikari aplaudía emocionada a mi lado, con una gran sonrisa en su cara y algunas lágrimas que se le caían por la emoción.
— ¡Venga, vamos a probarte al templo!— sugirió emocionada, limpiándose las lágrimas con la manga del kimono.
— Bien, bien, pero no empujes— me quejé mientras intentaba zafarme de las dos manos que me empujaban hacia delante, haciendo que pisara a la otra gente.
Llegamos al principio de las escuelas que llevaban a dicho edificio y fuimos subiéndolas, igual que otras muchas personas que nos iban adelantando e íbamos adelantando. Finalmente llegamos arriba, el templo era enorme, pero solo de un piso, mediría unos diez metros de alto y solo tenía dos puerta conjuntas de unos ocho metros de alto y cuatro de ancho cada una, quizá estaba así hecho para que la gente se creyera que la historia que esos pokémon legendarios habían habitado aquel templo fuera verdad. Antes de llegar, había un gran patio, separado en caminos, donde cada camino empezaba con logos como agua, trueno, viento, fuego, etc., aunque el del medio no tenía ningún logo y llevaba al interior del templo. Algunas personas estaban haciendo cola en los caminos de los logos, mientras otras se dirigían al templo.
— Vamos allí, al camino del logo del fuego— indicó mientras se adelantaba—. Espera aquí, parece que hay alguien dentro —dijo mientras señalaba una hoja de papel que ponía “ocupado”.
Intenté mirar hacia el camino, había varias estatuas de pokémon legendarios de fuego, supuse que en los otros caminos habría otras estatuas con sus respectivos tipos de pokémon. De repente se oyó un fuerte gruñido y el papel de ocupado fue comido literalmente por una boca de roca que apareció de la nada.
— ¿Pero qué…?
— Parece que no ha habido suerte con la persona que estaba allí. Vamos, te toca.
— ¿Pero que no tiene que salir…?— pregunté aún desconcertado por lo que había pasado.
— No, por aquí no, salen por el otro lado— contestó Hikari con una risa divertida—. Vamos, coge el papel de “ocupado” y ponlo como estaba el de antes— dijo señalando con la mano una pata que también había aparecido de la nada y que tenía dicha nota entre los dedos.
Le hice caso y entramos dentro del camino. Lado a lado del camino vi estatuas de Moltres, Entei, Ho-oh, Heatran, Victini, Reshiram, Volcanion y Arceus y Genesect en sus formas de fuego cada una con su respectiva placa con el nombre de cada uno. Al final había una caseta, donde entramos. Era del tamaño de una habitación normal, con dos puertas, una de entrada y otra de salida. En un lado de la habitación había una estatua con todos los legendarios que habían en el camino y una hendidura en la parte del medio y en el otro lado un sospechoso círculo en el suelo.
— Tienes que poner tus pokéballs y tu licencia pokémon en esa hendidura y esperar de pie en ese círculo de ahí— me informó Hikari viendo que no sabía que hacer— si tienes el reconocimiento del poder mágico del templo algo deberá ocurrir, pero eso ya no lo sé.
— Me sorprende que sepas todo eso— observé asombrado ante toda la información.
— No te creas, es lo mismo todos los años. Años atrás era una guía para aquellos que venían aquí y les explicaba todo esto. Pero en los últimos dos años el alcalde decidió poner una hoja explicativa en un panel al principio de las escaleras. Perdón, estaba tan entusiasmada que no te deje leerlo.
— Así que era eso. No te preocupes— le disculpé—. Vamos a por ello.
Cogí las tres pokéballs de Charmander, Ponyta y Houndour y la licencia pokémon y las metí en la hendidura. Seguidamente me dirigí al círculo y esperé allí de pie. Pasaron unos segundos pero nada sucedió, cosa que hizo deprimirme.
— Vaya, parece que el templo no me reconoce como…
— ¡Espera! Aún no se ha decidido nada— me cortó Hikari mirando la estatua.
— Ya he hecho lo que me has dicho pero…— no seguí a lo que iba a decir porque escuché unas voces—. ¿Has dicho algo?
— No he dicho nada— dijo sin dejar de mirar la estatua.
— Te hemos preguntado si estás seguro de seguir este camino que has escogido. Valoramos tu fuerza y determinación, pero será un camino muy duro aunque puede que lo superes.
— ¿De dónde sale esta voz?— pregunté a Hikari mirando alrededor, pero parecía que no me escuchaba pues no se movió.
— Te hemos mandado a una dimensión un tanto diferente a la que estabas. Ahora, en esta dimensión, el tiempo corre, pero en la dimensión donde estabas antes el tiempo ha sido parado.
— ¿Quién eres?
— Somos el poder mágico residual que se ha quedado aquí después de nuestros viajes.
— No me querrás decir qué…
— Pero no podemos mantener mucho tiempo esta situación, queremos saber tu respuesta. Si vas por este camino sufrirás como entrenador, aunque al final puede que llegues a obtener el éxito deseado, solo si no te rindes ante los grandes sacrificios que tendrás que hacer de aquí en adelante que serán muchos, y puede que tantos sacrificios que tengas que hacer no valgan la pena. Tus pokémon son buenos acompañantes, pero tendrás que conseguir nuevos si quieres seguir adelante.
— ¿En serio me lo estáis preguntando? Es lo que llevo soñando desde que tengo uso de razón.
— Nos agradan las respuestas que tienes en tu cabeza y las acciones. Nos agrada tu determinación. Te respetamos como eres y lo que podrías llegar a ser. Te reconocemos. Es la hora de devolverte a tu dimensión, aunque no podrás recordar nada de lo que ha ocurrido en esta dimensión una vez vuelvas. Ahora cierra los ojos.
IV
Hice caso a esa voz y cerré los ojos. La primera cosa que escuché fue la voz de Hikari que me instaba a mirar la estatua.
— ¡Mira la estatua, mira!— gritaba entusiasmada—. ¡Esto no había pasado nunca! ¡Abre tus ojos ya! ¡¿Qué haces con los ojos cerrados?!
— Yo… No sé cuándo los cerré— declaré mientras los abría.
Lo que vi me dejo absorto, los ojos de cada pokémon de la estatua se iban iluminando uno tras otro. Fuera de la caseta se escuchaban exclamaciones de sorpresa de la gente.
— ¡Creo que deberíamos salir! Parece que algo pasa por ahí fuera— sugirió Hikari.
— ¿Ya me puedo mover del círculo?— pregunté.
— ¡Sí, corre salgamos!
Cogí las pokéballs y la licencia y salí afuera siguiendo a Hikari y de repente vi porque la gente exclamaba de sorpresa. Encima del templo había aparecido la figura gigantesca de un Heatran.
— ¡Un Heatran! ¡Un Heatran ha aparecido en el templo! ¡Un nuevo legendario ha aparecido en Pueblo Agab!— Miré hacia donde salía esa voz, era el alcalde que había hecho el pregón—. ¿Has sido tú? ¿Tú has podido convocar este Heatran?
— ¡Sí, ha sido él!— exclamó entusiasmada Hikari.
— Pero si… ¿No parece que es un holograma?— intenté excusarme.
— Claro, ha sido creado gracias a la magia del templo. Te ha reconocido. Tienes su respeto. Es la primera vez que ocurre. ¡Jamás pensé que lo vería algún día!
Todo el mundo empezó a acercarse y no sabía qué hacer. No me esperaba este resultado, realmente estaba impactado. El Heatran estaba ahí impotente, aunque no se moviera, daba la sensación de ser real, si no te dejas llevar por su tamaño, que era sobradamente exagerado. Pero había una pareja escondida entre unos matorrales que no parecía muy contenta con esto.
— Fíjate Ayami, y cuando he entrado yo no ha ocurrido nada. Maldito templo —dijo el chico.
— Tranquilo Hayato, esto debe de estar trucado, vamos dentro del templo a inspeccionarlo —le sugirió la chica.
V
La extraña pareja entró dentro del templo sigilosamente sin que nadie se percatara. Una vez dentro empezaron a examinar la enorme sala que se abría ante ellos.
— Tiene que haber algún botón por algún lado, así que inspecciona bien las paredes— dijo Ayami.
— Sí, ya lo sé— asintió Hayato.
Los dos empezaron a buscar cada uno por un lado de la gran sala. Pasaron un rato buscando, pero no encontraban nada hasta que, tras mover un banco, Hayato vio un botón y lo presionó. Un gran estruendo se oyó en toda la sala y se abrió un portillo en el suelo.
— ¡Qué susto me has dado, joder!— le recriminó Ayami.
— Mira Ayami, se ha abierto una trampilla ahí.
— ¿Qué? Oh, vaya, has descubierto el truco, bajemos.
Los dos bajaron por las escaleras que se habían abierto, hasta una sala más pequeña que la que dejaban y que estaba vacía, salvo por un pedestal que había en el centro que guardaba una extraña esfera azul del tamaño de un balón de fútbol.
— ¿Qué es eso?— preguntó Hayato.
— ¿Es que eres tonto?— replicó Ayami—. Está claro que es lo que es. Con esto han hecho que apareciera ese gran Heatran.
— Yo no lo veo claro…—dijo Hayato con muchos reparos hacia su compañera.
— Tú cógela y salgamos de aquí, rápido.
Hayato le hizo caso a Ayami y cogió la esfera metiéndola en una mochila que llevaba consigo. Los dos empezaron a correr hacia fuera antes de ser descubiertos. Afuera, toda la gente se había quedado quieta, pues el Heatran estaba empezando a desaparecer.
— ¿Qué ocurre?— empezó a preguntar alguien.
— Al final va a ocurrir que no le reconocieron. Vaya fraude—Dijo otra voz.
— ¿Qué ha pasado? ¿Por qué está desapareciendo?— pregunté a Hikari.
— Esto no debería estar pasando— dijo una voz áspera a nuestra espalda. La voz correspondía a una persona mayor, con una gran barba blanca— Lo único que se me ocurre es… Pero llevo haciendo el mantenimiento de la esfera mágica cada día desde que estoy aquí.
— ¿Pero quién es?— le pregunté en voz baja a Hikari.
— Es el gran maestre del templo. Se encarga del mantenimiento del templo y de ayudar a todas las personas que vienen.
Todos estábamos mirando hacia la entrada del templo cuando dos personas salieron de allí. Una de ellas era una chica que tenía el pelo azul y corto mientras la otra persona era un chico con el pelo negro y largo. Todos nos quedamos en silencio, mirándonos los unos a los otros, mientras el chico intentaba esconder una mochila que llevaba en su espalda.
— ¡Han sido ellos! ¡Seguro que han cogido la esfera mágica!— gritó el gran maestre.
— ¡Que no escapen! — ordenó el alcalde.
Entonces comenzó una gran persecución. Casi todo el pueblo y sus visitantes nos dirigimos rápidamente hacia ellos mientras escapaban tan rápido como podían.
— ¡Son muy rápidos!— se empezó a sentir entre la multitud.
— ¡Dejádmelos a mí!— dije mientras sacaba a Ponyta y me subía encima de ella—. Vamos Ponyta a por ellos.
Eran rápidos, pero no tan rápidos como mi Ponyta y los pude alcanzar poniéndome delante de ellos.
— ¡Mierda chico! ¡Hayato, yo me ocupo de él, tu sigue adelante!— Hayato hizo lo que le ordenó mientras Ayami sacaba una pokéball de su cinturón. ¡Ve, Venonat!
— ¿Quieres pelea? Bien, yo también. ¡Adelante, Houndour, Ponyta persigue al chico!
VI

Vs

Houndour nivel 6 Vs Venonat nivel 5
— ¡Venonat, confúndele con tu supersónico!
Unas ondas empezaron a salir del pokémon dirigiéndose hacia Houndour.
— ¡Cuidado Houndour, esquívalo!
Pero mi aviso llegó tarde y las ondas chocaron en Houndour, haciéndole confundir y atacando con ascuas a unas de las estatuas de los pokémon legendarios. Estaba pensando que podría hacer hasta que llegó corriendo Hikari.
— ¡Ten Houndour, una baya Caquiq, cómetela!— dijo mientras le metía la baya en la boca, curándole de la confusión.
— ¡Gracias Hikari! ¡Houndour, ascuas al Venonat!
Houndour abrió la boca y empezó a soltar pequeñas brasas hacia el vulnerable Venonat que iba retrocediendo y esperando las órdenes de Ayami.
— ¡Venonat, Polvo veneno!— Venonat, en vez de usar polvo veneno, miró a Ayami como si no supiera que hacer— ¿No conoces el ataque? ¿Chupavidas? ¿Paralizador? ¿Confusión? —Ayami iba enumerando los ataques, pero Venonat no se movía— ¡¿Pero que mierda pokémon me ha dado el jefe?!
Una de las ascuas alcanzadas por Houndour alcanzó a Venonat, quemándole, cosa que hizo a Venonat correr de un lado a otro intentando apagarse la pequeña flama que se había encendido en su cuerpo. De repente, un chorro de agua impactó en Venonat, salvándole.
— El pokémon no tiene la culpa de tener un dueño tan estúpido— Se oyó una voz. Era la de una mujer que tenía atado al chico que se había escapado y a su lado estaban mi Ponyta y un Wartortle.
— ¡Mamá!— Llamó Hikari—. ¡Has detenido al ladrón, que bien!
— Bueno, he tenido ayuda de este pequeño pokémon— dijo acariciando a Ponyta— ¿Es tuyo?— preguntó dirigiéndose a mí.
— Sí, señora. Le quería agradecer por…
— Por favor, no me llames señora que me haces sentir mayor. Mi nombre es Maki.
— Maki, querría agradecerle por haberme recogido la noche pasada.
— Oh, ¿así que eres tú? Perdón, no te había reconocido, anoche tenías peor cara. Con razón llevas un kimono de mi marido… —dijo dirigiendo la mirada a Hikari.
— No tenía un kimono que ponerse… — se excusó ella.
— Es culpa mía, yo estaba entusiasmado por poder venir a este festival y le convencí para que me dejara el kimono.
— Espero que te conviertas en un buen entrenador porque como mentiroso no tienes madera —dijo explotando de la risa—. Era una broma, lo entiendo. Mi hija se emociona con poca cosa.
— ¡Mamá!
— Bien, no pasa nada, creo que estos dos pasaran algún tiempo entre rejas. Nos vemos más tarde, cariño, voy a devolver lo que hay en esta bolsa y a llevármelos a un lugar seguro para todo el mundo. ¡Disfruta de lo que queda de festival! —dijo guiñándole el ojo.
— ¡Hasta luego mamá!
VII
Maki se fue dirección al templo, tal como había prometido, dejándonos a Hikari y a mí solos allí junto con Houndour y Ponyta.
— ¿Entonces hacemos lo que dijo tu madre? ¿Seguimos con el festival? — pregunté después de un silencio.
— ¡Sí, claro, me gustaría! Pero tú… —dijo mientras miraba hacia el templo.
— No te preocupes por eso. Que un Heatran haya aparecido por arte de magia no debería afectarnos para disfrutar del festival —dije tranquilizándola adivinando lo que pensaba decir.
— ¡Claro, vamos, te enseñare todo el festival! Vamos primero al puesto de la fortuna.
Me cogió de nuevo del brazo y me guió hacia la parada, que estaba situada un poco después de subir las escaleras del templo, intentando pasar inadvertidos entre la multitud que minutos antes se habían amontonado a mi alrededor. Cogimos cada uno una nota que nos ofreció la persona encargada del puesto, que era la nieta del gran maestre según me informó Hikari. “Hallarás muchos problemas en tu camino. Será mejor que escojas una buena compañía para seguir adelante o te quedarás estancado en ese camino”. Vaya con mi predicción… Mire a Hikari y vi como ella miraba su nota y luego a mí, sonriendo.
— ¿Qué pasa? ¿Qué pone en tu predicción? —pregunté intrigado.
— Nada, Nada —dijo haciéndose la inocente— ¿y la tuya?
— Nada tampoco —le contesté sin ánimos.
— Bueno, vayámonos de aquí y bajemos al pueblo a los puestos de actividades y a ver actuaciones.
Mientras bajábamos los escalones, una luz surgió de detrás de nosotros. Miramos y vimos que era el Heatran que había aparecido de nuevo, ya habían conseguido recuperar la esfera mágica. Nos esforzamos en bajar las escaleras lo más rápido que pudimos para no encontrarnos con gente que nos entorpeciera. El resto de la tarde nos la pasamos viendo actuaciones teatrales que hacían en las calles de supuestas apariciones de legendarios en Pueblo Agab y en puestos de juegos, donde conseguí el peluche de un Charizard, que le regale a Hikari. Cuando se hizo noche paramos en puestos de comida para cenar unas raciones de tempura, takoyakis y yakitoris.
La verdad es que estaba siendo uno de los mejores días de mi vida, al mismo nivel que el día anterior donde conseguí a Charmander, aunque ya estaba a punto de finalizar el día y el festival, solo quedaban los fuegos artificiales.
— ¿Quieres ver unas plantas que solo florecen una vez al año y que ese día es hoy?— Me preguntó de repente Hikari.
— ¿Eh?— dije desconcertado—. ¿No quieres ver los fuegos artificiales?
— Claro, pero también quiero enseñarte esas flores. Crecen en un lugar secreto.
— Bueno, vamos— dije finalmente después de pensármelo durante un rato.
— Bien, sígueme.
Seguí a Hikari pasando entre la multitud y alejándonos de allí. Se adentró en un pequeño grupo de árboles y la perseguí intentando no perderme y de repente se paró. Era un claro entre los árboles, con un pequeño estanque en el centro.
— Hemos llegado— informó.
— ¿Es aquí? ¿Y dónde están esas flores?
— Espera y las veras.
De repente se escuchó el sonido de un petardo, seguido de los fuegos artificiales en el cielo.
— Míralas— dijo señalando el estanque—. ¿No te parece que los fuegos artificiales florecen en el estanque? Es mi lugar favorito del festival.
— Ya las veo— dije en tono cariñoso—. Tienes toda la razón, estas flores son las más bonitas que haya visto en mi vida.
Me acerqué a ella y le cogí del hombro, reduciendo el espacio entre los dos, mientras veíamos como florecían en el estanque los fuegos artificiales.