Las escaleras aparecían ante Aurora con una iluminación, que poco tenia de divina y mucho de libertad. Como todo en aquel pútrido lugar, aquello no estaba despejado de escoria y deshechos. Una pila de basura se amontonaba en la base de las escaleras, debería trepar sobre ella para llegar a las escaleras.
Aurora miró la luz del exterior que se filtraba por el hueco de las escaleras. Le tendió Daio a Dante, el cual lo sujeto cuidadosamente con sus zarpas, se sacó la sudadera y la ató a su cintura. Aseguró que sus Pokeballs no se soltarían y sujetó bien la mochila a su espalda.
Se acercó a la basura y comenzó a trepar, poco a poco la mugre amontonada comenzó a moverse, adoptando la forma de cuatro Pokémon. Con un rápido reflejo, sacó a Frouen, quien se mantuvo encima de aquella montaña con total tranquilidad.
- Cúbreme la espalda, colega -sonrió ladeadamente a su azulada rana, la cual asintió.
La entrenadora continuó ascendiendo, el murciélago con la ratita amarilla, esperaba donde comenzaban las escaleras.
El Frogadier apartó de su amiga los Pokémon que se le acercaban, eran expulsados con sus potentes ataques de agua. La rana azulada, acabó y esperó a su entrenadora en las escaleras. Aurora llegó sin esfuerzo, pero notaba el cansancio en el cuerpo, aun así trepó con ansia.
El viento fresco y limpió del lugar abandonado golpeó su cara. La joven abrió los brazos dando la bienvenida al aire que la golpeaba, sus Pokémon salieron del hueco de las alcantarillas mientras ella saboreaba la libertad.
- LIBERTAAAAAAAAAAAAD -gritó la joven con júbilo.
Aurora estalló en risas y abrazó a sus Pokémon.
- Ahora el problema... Es como carajo volvemos a la Academia -Aurora se cruzó de brazos-. Bueno chicos, me temo que tendremos que dormir aquí.
Cogieron unas maderas que se habían caído de algunas casas e hicieron una pequeña hoguera, que encendió Nature. La joven devolvió a la ball al pájaro de fuego y se acomodó en el suelo, después de tender unas cuantas telas de cortina que encontró en una de las casas cercanas. Puso al Pokémon bebé encima suyo y se tapó con la sudadera. Frouen se acercó a ella, dispuesto a descansar y hacer de guardia. El murciélago hizo lo mismo, pero se colgó de la viga de una casa cercana.
El cielo estaba despejado y plagado de estrellas, era precioso. Aurora apoyó la cabeza en la mochila, que usaba de almohada y miró a sus Pokémon.
- Mañana debemos ver como llegar a la Playa, ya que no sabemos como ir a la Academia. Así al menos, podremos quitarnos el mal olor...
Volvió a levantar la vista al cielo nocturno, la joven no podía pegar ojo, pero aprovecharía ese extraño momento de calma.