Te despertaste debido a los suaves golpecitos de Yashiro, apenas habían pasado un par de horas y aunque tu siesta te había ayudado a recobrar fuerzas, todavía no era suficiente como para decir que estabas al cien porciento.
La luz del alba se filtró por la vieja ventana de madera de la cabaña y pudiste ver como el cielo viraba de un azul violáceo a naranja y después lentamente todo se transformaba en un azul claro que se asentaba lentamente hasta que ya había amanecido. Te levantaste de la cama en la que pasaste la noche y te sacudiste todo rastro de polvo y suciedad.
Saliste de la cabaña justo a tiempo para ver a un pokémon acercarse en donde te encontraba. El pokémon en cuestión estaba cubierto por un pelaje de color gris oscuro con mechones rojos en lo que parecía ser larga cabellera. El pokémon te miró sorprendido, pues era muy raro para él ver humanos; luego su expresión cambió a una más sombría y amenazadora.
— ¡Largo de aquí humana, no eres bienvenida! —dijo el pokémon, lo cual te sorprendió, pues existían muy pocos pokémon con la capacidad para hablar y a menudo tenían poderes superiores a los de la mayoría.
El grito del pokemon me extraño, pero acababa de despertarme y estaba agotada de la noche tan larga que llevaba. Por lo que me planté, no dispuesta a irme sin haber solucionado esto más que nada por cabezonería.
Sin embargo antes de poder decir nada y explicar el porque de mi presencia en el lugar el extraño pokemon atacó.
Kaname se interpuso entre el pokemon y yo, distrayéndole. Con un movimiento mio Momo ya se encontraba volando en dirección al pokemon, lista para golpearle, pero este le rechazó con Lanzallamas demasiado potente. Antes de poder ordenar nada más Yashiro se lanzó con una rueda fuego, aguantando el lanzallamas como si no se tratase de nada. El golpe afectó al pokemon gris, el cual dio un paso hacía atrás por la sorpresa. Tras recuperarse del ataque, respondió con un pulso umbrío, demasiado potente para que Yashiro lo aguantase. Inmediatamente Saya salió en su defensa, terminando el combate con un colmillo fuego.
- ¿Vas a escucharme ahora? - Dije, dirigiéndome al pokemon que ahora estaba tirado en el suelo intentando recuperar fuerzas mientras devolvía a Yashiro y Momo a sus pokeballs. - Ya he tenido que aguantar que me tirasen bolas de barro, intentasen asustarme, me transformasen en un fantasma sin preguntar y me pidan ayuda para hacer que tu, dejes ir el pasado y a tu pequeña amiguita fantasma. Y he aceptado para ayudarte no para que me ataques.
Resoplando alisé mi pelo despeinado por haber estado durmiendo mientras esperaba su reacción. Pero este solo me miró, extrañado y dolido. Por lo que me senté a su lado y le conté toda la historia.
- ¿E-ella dijo eso? - Preguntó tartamudeando.
- Si, se nota que todavía se preocupa por ti.
La conversación no duró mucho más. Zoroark, pues así se llamaba el pokemon, se fue y se sentó en el muelle, dándome la espalda y terminando la conversación. Esperaba que hubiese sido suficiente, porque era obvio que no iba a poder hacer más. Con eso en la cabeza reuní a mis pokemon y caminé de vuelta a la escuela.