Dyfir Doherty - Día 1
Dyfir Doherty - Día 1
@Abdy
@Sophie Smith
Pokiu.
@Abdy
@Sophie Smith
— Gracias —dijo Nathan sonriéndole a Dyfir de esa forma que tanto la perturbaba.
Dyfir contuvo sus enormes ganas de salir corriendo y dejar a que se lo comieran los bichos en el Bosque, no era lo correcto aunque no le gustase la actitud del niño.
La chica le indicó con un ademán que la siguiera y así emprendieron la caminata de vuelta a la Academia. Al principio, Dyfir estaba algo preocupada porque no conseguía el camino de vuelta (la presencia de Nathan tampoco le permitía concentrarse adecuadamente), pero logró hallarlo y lo siguió a paso veloz.
Si estuviera sola, admiraría de nuevo lo hermoso que era lo que la rodeaba, pero sentía la penetrante mirada grisácea de Nathan taladrándole la nuca, estaba harta de él, quería quitárselo de encima lo más pronto posible.
Ese niño no podía ser normal y a partir de esa premisa la cabeza de Dyfir comenzó a volar, creando un sinfín de teorías que explicasen por qué tanta mala vibra con Nathan.
Podría tratarse de un ánima, un antiguo estudiante que murió luego de perderse en el Bosque, su cuerpo nunca fue encontrado y ahora vaga entre los árboles buscando arrastrar a otros por su mismo destino. Muy disimuladamente, Dyfir le echó otra ojeada a Nathan por encima del hombro, forzando una sonrisa cuando sus miradas se cruzaron. Tenía el uniforme que usaban los Abra actualmente, así que eso quedaba descartado.
¿Qué más podría ser? ¿Un demonio? ¿Un alien? ¿Un pokémon gastándole una broma? ¿O un simple novato que le estaba tomando el pelo para ganar respeto ante los veteranos de su División? Fuese lo que fuese, Dyfir deseaba con cada milímetro de su ser que se hubiera conseguido a otra víctima a quien fastidiar; ella no toleraba mucho las situaciones “paranormales”.
Quizás fue por todo lo que se cruzaba por su cabeza que sintió que tardó más en regresar de lo que le había tomado encontrar al Pidgey… ¿o sólo eran jugarretas de su cabeza? Cual fuese la razón, lo único que le importaba ahora es que ya estaban de vuelta al Jardín y pronto podría deshacerse del niño “creepy”.
Nathan no había pronunciado ni una sola palabra en todo el trayecto.
“Claro, estaba muy ocupado tratando de matarme del susto” pensó Dyfir con amargura mientras atravesaban el Jardín en dirección al Campo Deportivo.
Y justo cuando volteó para despedirse, Nathan se le adelantó:
—Gracias por ayudarme, ahora debo irme —y sin decir nada más, echó a correr hacia el Campo Deportivo, desapareciendo rápidamente.
¡¿Qué?! ¡¿Se iba así sin más?! Cuando cayó en cuenta de lo que estaba pensando ante la repentina despedida de Nathan, Dyfir se estampó la mano contra la cara, reclamándose por ser tan masoquista.
De nuevo, la curiosidad le ganó la partida, tenía que verificar si se encontraba con alguien mayor en su División, así que caminó hasta donde lo había perdido de vista y lo buscó con la mirada… pero nada.
Suspiró, liberando la frustración y toda la tensión que había acumulado por ayudar a Nathan. No tenía ánimos para buscarlo, de hecho, era mejor si se perdía y no volvía a verlo nunca más. Además, tenía otros asuntos que atender.
Sacó de su cinturón la pokebola que contenía al Pidgey y la otra que tenía a Fuzzyt y las contempló. Si Fuzzyt había tenido suficientes fuerzas para luchar y evitar ser capturada, entonces podía esperar algunos minutos más mientras entregaba al pajarraco loco a Henry.
Con esa idea en mente, fue a buscar al prefecto para entregar al pollo. Necesitaba arreglar su problema de retraso para incorporarse rápido a las clases y ponerse al día. Además, así aprovecharía de asesorarse con Henry para pedir una habitación privada (y aventurarse a pedirle si quisiera compartirla, sólo para sacar de quicio a Susana).
Dyfir contuvo sus enormes ganas de salir corriendo y dejar a que se lo comieran los bichos en el Bosque, no era lo correcto aunque no le gustase la actitud del niño.
La chica le indicó con un ademán que la siguiera y así emprendieron la caminata de vuelta a la Academia. Al principio, Dyfir estaba algo preocupada porque no conseguía el camino de vuelta (la presencia de Nathan tampoco le permitía concentrarse adecuadamente), pero logró hallarlo y lo siguió a paso veloz.
Si estuviera sola, admiraría de nuevo lo hermoso que era lo que la rodeaba, pero sentía la penetrante mirada grisácea de Nathan taladrándole la nuca, estaba harta de él, quería quitárselo de encima lo más pronto posible.
Ese niño no podía ser normal y a partir de esa premisa la cabeza de Dyfir comenzó a volar, creando un sinfín de teorías que explicasen por qué tanta mala vibra con Nathan.
Podría tratarse de un ánima, un antiguo estudiante que murió luego de perderse en el Bosque, su cuerpo nunca fue encontrado y ahora vaga entre los árboles buscando arrastrar a otros por su mismo destino. Muy disimuladamente, Dyfir le echó otra ojeada a Nathan por encima del hombro, forzando una sonrisa cuando sus miradas se cruzaron. Tenía el uniforme que usaban los Abra actualmente, así que eso quedaba descartado.
¿Qué más podría ser? ¿Un demonio? ¿Un alien? ¿Un pokémon gastándole una broma? ¿O un simple novato que le estaba tomando el pelo para ganar respeto ante los veteranos de su División? Fuese lo que fuese, Dyfir deseaba con cada milímetro de su ser que se hubiera conseguido a otra víctima a quien fastidiar; ella no toleraba mucho las situaciones “paranormales”.
Quizás fue por todo lo que se cruzaba por su cabeza que sintió que tardó más en regresar de lo que le había tomado encontrar al Pidgey… ¿o sólo eran jugarretas de su cabeza? Cual fuese la razón, lo único que le importaba ahora es que ya estaban de vuelta al Jardín y pronto podría deshacerse del niño “creepy”.
Nathan no había pronunciado ni una sola palabra en todo el trayecto.
“Claro, estaba muy ocupado tratando de matarme del susto” pensó Dyfir con amargura mientras atravesaban el Jardín en dirección al Campo Deportivo.
Y justo cuando volteó para despedirse, Nathan se le adelantó:
—Gracias por ayudarme, ahora debo irme —y sin decir nada más, echó a correr hacia el Campo Deportivo, desapareciendo rápidamente.
¡¿Qué?! ¡¿Se iba así sin más?! Cuando cayó en cuenta de lo que estaba pensando ante la repentina despedida de Nathan, Dyfir se estampó la mano contra la cara, reclamándose por ser tan masoquista.
De nuevo, la curiosidad le ganó la partida, tenía que verificar si se encontraba con alguien mayor en su División, así que caminó hasta donde lo había perdido de vista y lo buscó con la mirada… pero nada.
Suspiró, liberando la frustración y toda la tensión que había acumulado por ayudar a Nathan. No tenía ánimos para buscarlo, de hecho, era mejor si se perdía y no volvía a verlo nunca más. Además, tenía otros asuntos que atender.
Sacó de su cinturón la pokebola que contenía al Pidgey y la otra que tenía a Fuzzyt y las contempló. Si Fuzzyt había tenido suficientes fuerzas para luchar y evitar ser capturada, entonces podía esperar algunos minutos más mientras entregaba al pajarraco loco a Henry.
Con esa idea en mente, fue a buscar al prefecto para entregar al pollo. Necesitaba arreglar su problema de retraso para incorporarse rápido a las clases y ponerse al día. Además, así aprovecharía de asesorarse con Henry para pedir una habitación privada (y aventurarse a pedirle si quisiera compartirla, sólo para sacar de quicio a Susana).
Pokiu.



























