Con cada paso que daban atraves de aquel camino oscuro, podían sentir como los vellos de su cuerpo se erizaban y como sus huesos eran pinchados por un frío que soplaba silbante entre ustedes. Elwood dejaba que Elisa lo guiara entre la oscuridad, pues era consciente de que si él marcaba el camino terminarían perdidos irremediablemente y en vez de llegar a la Academia, terminarían en un Volcán o en Bolivia, sin mar, o algo muchísimo peor: En Venezuela, con Maduro.
Sin embargo, a pesar de su pésimo sentido de la orientación, Elwood sentía que solo estaban caminando en círculos; al principio solo era una sospecha ligera infundada porque había visto 3 veces seguidas el mismo tallado de corazón en un árbol. “Total, puede que solo hayan sido unos adolescente excitados que no podían dejar de tallar cosas” pero aquella suposición se fue por el drenaje al ver el mismo símbolo por cuarta vez seguida.
—Eh… señorita Elisa —no sabía si ya podía dejar de decirle señorita, pero prefería no arriesgarse— No quiero cuestionar sus dotes de guía, pero me parece que estamos caminando en círculos, desde hace un buen rato. —La chica guardo silenció ante su comentario, y siguió caminando como si no lo hubiera escuchado. — ¡Eh! ¿Elisa, me oyes? Responde por favor… ¡no quiero creer que fuiste poseída por el cuco, o algo peor!
—Te oigo… —contestó en un susurro— La verdad… ¡es que sé que estamos perdido! Lo siento, lo siento en serio… creo que debí decirte que sufro del síndrome de desorientación espacial ¡no sé a dónde rayo vamos!
Y aquello hizo que la cara del chico con orejas puntiagudas palideciera. Su corazón comenzó a latir rápida y fuertemente como solo de batería de Metallica; hubiera preferido que la poseyera el cuco a eso. De todas las personas, venir a parar secuestrado con alguien con peor sentido de la orientación que el suyo… parecía como si los dioses se hubieran adelantado el día de los inocentes.
—Yo… yo… ay mi Dios —terminó por decir, mientras comenzaba a hacerse la señal de la cruz— Entonces creo que tendré que guiar yo; espero que no le tengas mucho aprecio al mar, o a la comida en dado caso, porque no estoy muy seguro de a donde vayamos a parar —dijo haciendo referencia a los dos países citados anteriormente—
La chica asintió, como haciéndose a la idea de que no le esperaba ningún destino lindo. Y así comenzó la nueva marcha, con Elwood guiándola esta vez; Elisa le seguía muy de cerca, evitando separarse mucho por miedo a separarse del muchacho.
Así dos par de desorientados, se sumergían cada vez más en el corazón del bosque, cuando su destino original era salir de allí, sin saber que lenta y seguramente se dirigían al destino al que sus captores esperara que llegasen.
Pronto un amplio claro se abrió ante ellos; la plateada luna resplandecía sobre la abertura, iluminando levemente con sus rayos a las violetas que se esparcían por la amplitud del lugar y sobre las que unas cuantas luciérnagas hacían sus espectáculos de luces. Además algunas cuantas sombras de los árboles del alrededor reposaban sobre el suelo, reglando un constate de claro oscuro al brillo lunar, y sumado al colorido de las violetas y el brillo de las luciérnagas casi parecía que un trozo del cielo nocturno había caído sobre la tierra.
Pero aparte del esplendor de la zona, algo más había allí que simple colores. Personas, al menos una docena de ellas estaban esparcidas por todo el escenario de fantasía. Algunas sentadas, otras paradas, todas parecían variar en edad y en sexo, calculando Elwood que al, menos, debían haber 6 hombres y 6 mujeres repartidos allí.
—¡Ustedes dos! ¡Si ustedes dos malditos! Han sido quienes nos han traído aquí ¿no? ¿No? ¡No traten de mentirnos desgraciados, es inútil! ¡LOS VOY A MATAR! — Y como un animal, el muchacho que les gritaba se abalanzó sobre ellos y levanto a Elwood por el cuello de la camisa para levantarlo, como si de una simple hoja se tratara, y amenazarlo con golpearlo con la otra.
El chico apenas pudo hacer algo más que ver los rasgos del chico. Alto y corpulento, macizo como una pared, con un físico que podría competir con el de un fisicoculturista. Tenia una gran cantidad de pelo cayéndolo, en cascada desde la cabeza, que se le enredaba con los que le nacían desde otra partes del cuerpo: Barbilla, pecho, brazo espalda. Parecía casi como si un mono hubiera tenido un hijo con una enredadera, algo así.
—Ay Dios, ay Dios, por favor —habló, de entre todos los reunidos, un tipo larguirucho y flaco, con la piel como si la hubieran cubierto con talco; tenía los labios pintados de rojo y un cabello castaño claro— ¿Podrías hacernos el favor de calmarte a todos, amor? ¿Qué no ves que solo son niños? Como van a ser estas ternuritas las que nos trajeron aquí —Dijo tras acercarse y con su brazo, bajar la mano que alzaba otro tipo—
—¡Tú…! ¡No me digas amor, y ni siquiera me toques, cosa rara! —Aun cuando le reclamó de esa manera, no le puso oposición alguna y, de mala gana, bajó a Elwood de vuelta al suelo —
—¿Estas bien primor? Disculpa la conducta de ese incivilizado, nunca le enseñaron modales. —Elwood se sentía un poco incomodado por la extraña presencia de aquel sujeto— Supongo que ustedes dos están aquí por la misma razón ¿no? Despertaron sin saber dónde estaban, o tal vez… ¿¡puede ser que estuvieran haciendo cosillas enamorados!? Ay estos jovencitos de hoy en día ¡llevando su amor hasta el límite, hacen que mi corazón arda con pasión! —Comentó haciendo movimientos extraños que asemejaban a los que, tal vez, pudiera hacer una anguila.
—¡No, no, no, no, definitivamente no hemos estado haciendo nada! —Negó, agitando a la vez su cabeza de un lado a otro con una fuerza tal que parecía que se la iba a desprender—
—Tranquila chica, no tienes que negarlo; a tu edad mi novio y yo hacíamos las mismas cosas ¿no es cierto cariñito? —dijo de repente una chica blanca y de cabello rubio, con rasgos físicos que podrían competir con una modelo, que estaba acostada sobre las piernas de un muchacho rellenito, pecoso y de lentes
—Claro que si nena, aunque aún seguimos siendo alocados y traviesos —Dijo el gordito, tratando de sonar lo más cool posible. Elwood pudo escuchar como la chica le decía “Oh, Edward” y acto seguido aparto la vista porque empezaron a hacer cosas raras frente a todos.
—¿No creen que deberíamos concentrarnos en lo que de verdad importa? —Interrumpió, ahora, una muchacha de cabello morado y largo; vestía con un traje y llevaba unos lentes que ocultaban sus azulados ojos— ¿Cómo fue que todos hemos llegado hasta aquí? ¿Quién es el responsable tras de todo esto?
—Jijijiji, con gusto yo le responderé eso, no se preocupen. Pero primero reciban a sus dos últimos compañeros —la voz resonó por todos lados, con su característico tono infantil. De pronto unos niños, que no debían tener más de 10 años, aparecieron de entre las sombras del bosque, un niño y una niña que compartían rasgos similares… tenían que ser gemelos. El niño lloraba a cantaros, mientras la niña trataba de calmarlo— Ahora que estamos todos los amiguitos reunidos ¡viene siendo tiempo de que me conozcan, Jujuju!
Una última persona apareció detrás de los niños, una que le quitó al aire a todos. Bueno, decir persona no era del todo correcto… más bien era...
Barney, el dinosaurio feliz.
Promedio
pkmn-bulbasaur (Nv13) pkmn-sandshrew (Nv14) pkmn-gligar (Nv19) pkmn-scraggy (Nv14) pkmn-wingull (Nv15) = 15