[1er Reto] Regreso a lo absurdo
Bien, comienzo con los Retos de Demian por orden numérico; así que este es el reto primero en su lista y uno de los que me han parecio más interesantes, siendo sincero. Espero que les guste tanto a Demian como a todos los que lean este fanfic de Pokémon que, posiblemente, muestre un Mundo Pokémon desconocido para ustedes. Bueno, al menos eso espero, si más no al menos les parezca interesante. Dicho esto, aquí les dejo con Regreso a lo absurdo; un fanfic que, a pesar del título, será de una temática bastante seria.
AuriSkywem presents...
REGRESO A LO ABSURDO
Fausto es un joven que se ha pasado la vida vagando al margen de la sociedad, únicamente conectado al mundo a través de su computadora. Un día, mediante sus habilidades informáticas, entra por accidente en la base de datos del gobierno. Allí descubre algo que le cambiará para siempre, y con lo que más adelante vivirá toda una odisea llena de aventura y muerte: los planos de una máquina del tiempo.
DISCLAIMER: Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Game Freak y Nintendo, esto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia. Los personajes originales encontrados en este fanfiction NO pueden ser utilizados sin consentimiento de AuriSkywem.
NOTA: NO TOLERAMOS PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD QUE DISFRUTAN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI RIPEAS ESTE FANFICTION ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.
ÍNDICE DE CAPÍTULOS
- Prólogo
- Episodio 1
Un hombre caminaba entre las vastas llanuras de Alfalanza, donde la cumbre de la gran montaña plateada se avistaba todavía muy lejos. El calor provocaba un extenso y putrefacto hedor en la clara piel del viajero, humedeciendo su rojizo cabello y la espesa barba que adornaba su redondeado rostro. Las arrugas en su entrecejo quedaron acentuadas una vez su ceño se percató del riego corporal y, con vago ímpetu, alzo su mano para, posteriormente, restregarla por la mojada frente llena de arrugas. Unas de tanto tensar sus músculos ante el gran esfuerzo de la caminata, de la lucha y el agotamiento psicológico. No había dormido en tres días desde que la escasez de agua y comida delataba un final no planeado; así como la pérdida del Rapidash que tanto le había costado criar, y que ahora era pasto para Pokémon carroñeros en medio de la nada.
Una pierna le tembló, doblándola inconscientemente.
Cayendo de rodillas en la fraguante arena, notó de nuevo el peso de la espada en su robusta espalda. Mirando al horizonte, a esa montaña de plata que yacía en lo más lejano del paisaje, el hombre rezaba por un último aliento, por una nueva fuerza que lo hiciera seguir.
—No puedo morir aquí… por favor, gran Dios, dame una señal…
Justo entonces la tierra comenzó a temblar, el aire se hizo tan denso que podría haber sido tangible como el propio acero, y un sonido tan chirriante como estridente, tanto que no podía compararse con nada conocido, inundó el silencio que había reinado hacía tan poco en aquellas vastas llanuras. Tras la nube de polvo que se levantó de la tierra removida, una vez terminado el extraño ruido, pudo verse un artefacto de un material que recordaba el hierro.
En la vida el viajero había visto mecanismo semejante.
Lleno de engranajes y luces que parecían cosa de brujería, aquél artefacto metálico del tamaño de un Snorlax abrió la puerta que poseía tras un nuevo chirrido estridente. Después de aquello las luces desaparecieron, seguido de un chispeo y mucho humo en la parte trasera. De la puerta salió un joven de pintorescos ropajes, los cuales no parecían pertenecer a la región, que llevaba su violeta cabello todo enmarañado y caminaba tambaleándose cual borracho mareado tras ir en barco. Una vez el muchacho avistó al viajero, se dirigió como pudo hacia este.
—¿En qué año estamos?
El hombre, contemplándole atónito sin comprender a qué venia tan obvia pregunta, quedó mirando de reojo su excéntrico aspecto y el misterioso artefacto metálico que yacía detrás suyo.
—¡¿Maldita sea, en qué año estamos?!
Sorprendido de la actitud desesperada del joven, así como percatándose de las heridas que poseía en la cabeza y el resto del cuerpo, el viajero terminó quedando a un palmo del chico y, haciendo gran esfuerzo con su voz reseca por la sed, respondió a su pregunta:
—¿Qué tonterías vos cuestiona muchacho? Estamos en el año 327 de nuestro Señor.
El joven, iluminándosele los ojos, no pudo evitar soltar un par de lágrimas mientras mostraba una amplia sonrisa. Acto seguido, comenzó a pronunciar algo en lo que fue casi un murmullo.
—Ha… funcionado…
Dicho esto entre leves jadeos, el muchacho terminó tambaleándose más de lo normal y cayó al suelo inconsciente. Al ver aquello el hombre se apresuró a ver su estado. Cogiéndole con las pocas fuerzas que todavía conservaba, comenzó a caminar de nuevo por las vastas llanuras llevándole a caballito en su espalda; dejando atrás, con ello, el artefacto misterioso. Sus ojos verdosos, cuyo izquierdo era marcado con una notable cicatriz tallada en vertical, no quitaban su vista del Monte Plateado. Aquella mañana se hizo eterna, bajo el sofocante calor de un inmenso astro ardiente.
Mientras esto sucedía, una sombra desconocida se acercaba con sigilo hacia el monumento de hierro donde el joven había hecho acto de presencia. Su tétrica sonrisa recordaba la de un demonio bajo la capucha de color carmesí, que formaba parte de una larga túnica que casi se arrastraba por la tierra.
En lo más alto de la Torre Celestial, dos jóvenes mujeres permanecían sentadas en dos grandes tronos de piedra. Una tenía el cabello tan dorado como el oro, y la otra portaba una melena tan oscura como el azabache. La silueta que compartían en común podría haber llevado a la perdición incluso al hombre más noble, y las miradas celestes que poseían se fundían en un horizonte místico, pareciendo ser de otro mundo. Murmuraban juntas cosas ininteligibles en un lengua tan muerta como las creencias del Mundo Antiguo. Y un hombre de cierta edad, de cabello canoso y unas curiosas orejas tan largas como puntiagudas, comenzaba a temer lo peor de aquél nerviosismo que desprendía el aura de las aparentemente jóvenes musas. Nunca se las había visto tan alteradas, de hecho su serenidad nunca había sido interrumpida por muchas premoniciones y desgracias que vivieran.
—Grandes diosas de la muerte y el destino— interrumpió el hombre —, ¿qué ocurre o sucederá para tal actitud de temeroso apuro?
Las moiras, observando al atrevido presente, comenzaron a hablar en una lengua comprensible a este.
—Ha sucedido algo impensable.— dijo una.
—Nuestra historia alterada de forma intrigante.— prosiguió la otra.
El hombre, perplejo ante tales palabras, intentó preguntar el significado tras aquellas afirmaciones. Más no hizo falta, pues las diosas ya sabían bien aquello.
—Un héroe, de otro mundo ha venido.— mencionó la rubia.
—Desafiando las leyes del tiempo y el destino.— prosiguió la morena.
—Pronto la desgracia traerá y con ella la muerte.
—Y cuando eso suceda nadie quedará presente.
El huésped, aterrado de tales profecías, apretó con fuerza los puños. Recordó ciertas vivencias de guerra y fuego interminables, una época pasada donde una oscura emperatriz infestó de sufrimiento los reinos que antaño fueron prósperos.
—¿Cómo puede detenerse dicha desgracia, si todavía es posible tal cometido?
Las musas, descruzando sus largas y finas piernas para ponerse en pie, dejando ver mejor sus hermosos y provocativos vestidos de un estilo griego antiguo, respondieron al unísono mientras clavaban sus místicas y gélidas miradas en los ojos aguamarina del hombre canoso.
—Tú viajarás por el vasto mundo, y juntando las tablas sagradas traerás de vuelta el corazón de todo; la gema divina, aquella que otorga la vida, debe ser recuperada. Pues no hay otra forma de despertar al Monstruo Alfa.
—¡Por las barbas de los leviatanes!— exclamó el hombre —¿Tal es la gravedad de la catástrofe? Ni siquiera sabemos cómo reaccionaría tal deidad ante una invocación como esa…
Las moiras quedaron mirándole, comprendiendo su asombro en cierto modo; acto seguido, respondieron a sus palabras:
—Es necesario— dijeron al unísono de nuevo —, pero para lograr tal misión debes encontrar a un descendiente de Michina. Actualmente solo queda uno vivo, y fuerzas oscuras vagan por tierras lejanas tras él. Debes viajar al Reino de Sinjoh y traerlo hasta aquí, después nosotras nos encargaremos de daros las instrucciones para buscar las tablas elementales. Ahora, ve.
Y, tras decir esto, el hombre se dirigió hacia una cámara secundaria dejando atrás la sala principal; caminando con cuidado por el suelo de nubes, cogió sus cosas y las metió en un pequeño saco de piel. Acto seguido colgó en su espalda una aljaba de madera de roble llena de flechas, todas hechas manualmente, y con arco en mano se dirigió al pasillo principal en busca de la salida.
La fiesta no cesaba en la Aldea Nexus, donde jóvenes y niños danzaban alrededor del Árbol Sagrado. Había llegado la estación del fuego, donde ahora el calor permitiría reducir el tiempo de trabajo y bañarse en el río debido a la emigración de los Carracosta a zonas con un clima más fresco. En lo más alto del pueblo podía observarse el Templo del Origen, donde los sacerdotes tomaban un pequeño descanso tras toda una mañana de grabados en la piedra; allí dejaban por primera ver escritos la historia de sus gentes, así como de su místico y felino protector. Observaban desde lo alto de palcos de piedra como la gente festejaba la nueva temporada del año con sus bailes y la música de sus arpas.
Era un lugar hermoso.
Los verdes prados, llenos de flores en mil formas y colores diferentes, eran llenos de vida bajo el movimiento de la suave brisa veraniega y el destello solar que los iluminaba, potenciando así su belleza. El río era grande y amplio, de un azul tan cristalino que podía verse su fondo a simple vista; allí los Alomomola nadaban con suma gracia, pareciendo que saludaran a las parejas que pasaban cerca con sus acrobacias llenas de elegancia. También, a las fronteras de la aldea, podía avistarse una sabana tan extensa y brillante que parecía un portal infinito hacia el más allá.
Las gentes del pueblo, en concreto los adultos que acostumbraban a trabajar de las tareas más duras, ahora bebían y cantaban sonetos tan antiguos como la tierra misma donde vivían. Las caras de alegría no cesaban en la plaza principal, y por cada vez que la marcha aumentaba, el Árbol Sagrado parecía iluminar su follaje un poco más bajo la luz del atardecer.
Pero la felicidad no duraría para siempre.
Justo cuando el crepúsculo comenzaba a hacer acto de presencia, un grupo de gente encapuchada bajo una túnica carmesí apareció de la nada. Cuando el líder de la aldea, el cual yacía bebiendo humildemente junto a los soldados y carpinteros en medio de la plaza principal, se percató de que unos desconocidos permanecían allí, se dirigió junto a unos guerreros para darles la bienvenida. Para cuando hizo esto, uno de los encapuchados, el más corpulento de los siete, sacó un Honedge de plateada empuñadura, cuya hoja parecía haber sido forjada en sangre y, acto seguido, con una velocidad tal que pareciera la de un Zebstrika, rebanó el cuello del hombre sin piedad.
Los soldados, así como el pueblo presente, quedaron estupefactos y, para cuando quisieron reaccionar, ya estaban siendo masacrados con una facilidad abrumadora. Sus atacantes no parecieran humanos, pues la fuerza de cada uno de ellos hacía por la de diez hombres armados.
Cuando todo se veía perdido, algo sucedió.
Un pequeño ente fantasmal, de rosado pelaje y aspecto felino, apareció enfurecido y con lágrimas en sus azulados ojos. Con un poder psíquico más allá de lo conocido, hizo volar por los aires a tres de ellos de un solo movimiento. Pero, para cuando fue a por el resto, se topo con una desagradable sorpresa.
Un enorme ser se alzaba en la penumbra, sus alas negras escondían un torso de un rojo violeta luminoso. El grito que aquél monstruo dejó escapar no podía compararse a ningún rugido conocido, era el sonido desgarrador de un demonio; de la muerte misma, hecha carne y destrucción.
EDITADO [28/04/2014]:
Tras el prólogo, aquí el primer episodio:
Eran finales de primavera, y las calles de la Plaza Central presumían de gentío por todas partes. El sábado se avistaba largo, eterno, y un clima ni caluroso ni frío hacía perfecta harmonía para toda persona que quisiera disfrutar de su día libre.
Bueno, excepto Fausto.
Mientras la muchedumbre disfrutaba de las tiendas de moda, restaurantes de buen ver y paseos por plazas secundarias llenas de flores y monumentos dignos de cualquier museo, un joven en tejanos rotos y desdeñada camiseta de tirantes permanecía sentado en su cuarto; perdido en lo más profundo de un diminuto, destartalado y mugriento piso de alquiler. Pues la ciudad donde vivía podía parecer muy lujosa, pero realmente aquello no era más que una falsa apariencia; una de la cual, tristemente, vivían solo unos pocos adinerados. La “ciudad de la luz” no era más que una estafa, donde cada día que pasaba los pobres eran más desgraciados y los ricos más millonarios.
Lógicamente, esto no salía en las noticias; pero, en cambio, sí en Internet.
Y ahí es justamente donde Fausto tenía montada su vida, su mundo e incluso su propia mente: en la red.
Desde niño, le habían fascinado las computadoras. De hecho siempre fue bueno con ellas desde una temprana edad debido a su padre. Hijo de un importante contable, aprendió rápido a memorizar secuencias de números y patrones, y una vez descubrió el mundo de la informática lo aplicó con gran habilidad. Pero, en una ciudad donde lo importante es la apariencia, un trabajo como aquél no estaba bien visto. Igualmente, al joven nunca le importaron cosas como esas; no obstante, a su padre sí que le afectó bastante. Tras escuchar críticas respecto las aspiraciones de su hijo, decidió prohibirle tal futuro. Aunque, a pesar de sus esfuerzos por impedirle ser informático, tuvo que permitírselo una vez el hombre quedó en paro. A partir de ahí su visión del mundo cambió a una realidad muy distinta, y comprendiendo a Fausto le pagó sus estudios con lo que ganaba en trabajos de medio tiempo.
Pero, un día, el chico se quedó solo al morir su padre de una enfermedad.
A partir de entonces, decidió por voluntad propia aislarse de aquella sociedad hipócrita que les había dejado de lado y, trabajando a media jornada en una empresa de software, empleó una doble vida como hacker profesional en busca de algo que hiciera cambiar la visión de la sociedad.
Y allí estaba él ahora, encerrado en plena mañana de un fin de semana plantado delante de una pantalla de PC.
Quizá, si tan solo hubiera salido a tomar el aire aquél día, su vida no hubiera cambiado para siempre.
—Voira, ven a ver esto… ¡Eh, tú, chica hortera! ¿Me estás escuchando?
La melodía de Pockets N’ Monsters dejó de sonar en el reproductor estéreo, y tras unos instantes de silencio, interrumpidos por el ruido de varios tropezones, apareció por la puerta del cuarto una Gardevoir de lo más variopinta.
—¡¿Se puede saber qué te pasa?!— espetó mediante telepatía, que resonaba en el cerebro de su compañero humano como una metralleta —¿Qué quieres ahora, hermano mayor?
De un cabello azulado que parecía brillar por sí solo, bastante despeinado y poco usual respecto el corte, dejaba ver una cara de pasotismo total mientras le observaba con sus ámbares ojos, uno de ellos tapado por el flequillo. Se tocaba los pequeños pendientes negros en forma de anillo que llevaba en su oreja izquierda, y sus piernas quedaron en un gesto un tanto masculino, dejando ver bastantes roturas en la falda del blanquecino vestido, tan pálido como su piel.
—No se ni cómo lo hice, mi querida waifu— aquél comentario de Fausto pareció molestar bastante a la Pokémon —, pero… ¡Me acabo de meter en la base de datos del gobierno!
—¡Venga ya!— contestó incrédula Voira, siempre comunicándose mediante telepatía —¿Es en serio? Yo alucino.
—¡Que sí, de verdad! — exclamó el chico —¡Mira, mira!— añadió eufórico mientras enseñaba la pantalla de su portátil a su compañera psíquica.
Era cierto, la página que se mostraba pertenecía al GFK, que en siglas representaba el Gobierno Federal de Kalos. Allí había un apartado con montones de ficheros y carpetas, una de las cuales llamó la atención tanto de Fausto como de Voira.
La carpeta era titulada Proyecto R.A.L.A.
Intrigados, abrieron el fichero y lo que vieron allí les dejó estupefactos.
Eran los planos de una máquina del tiempo.
—¿Qué narices… es esto?
Junto a los planos de la supuesta maquinaria, habían recopilados un montón de datos respecto su mecanismo y origen. Pues, de hecho, el artefacto no parecía corresponder a la época actual:
Informe XXXXX
El mecanismo espacio-temporal es abrumador, de hecho podría decirse que fue construido con materiales actuales de no ser porque, según los análisis de antigüedad, consta de más de mil setecientos años desde su fabricación. Algo realmente inverosímil constando que, por aquella época, no existían ni los recursos ni los conocimientos necesarios para lograr un artefacto de tal calibre. Suponemos que, en un hipotético caso, alguien de una época futura y desconocida viajó a ese tiempo de algún modo junto a la máquina y, por alguna extraña razón, quedó atrapado allí sin poder regresar. Actualmente, es la única explicación posible, pues el mecanismo parece ser de nuestro planeta y no existen indicios de tecnología extraterrestre de ninguna clase. Lo más impresionante de todo esto, es que la máquina lleva grabadas las iniciales de nuestro propio proyecto futuro.
Fausto quedó atónito ante lo que había leído, permaneciendo callado y sin saber cómo reaccionar. No fue hasta que Voira rompió el silencio cuando volvió en sí.
—¿Esto es una broma verdad?— soltó de repente —Dime que te has equivocado y andas metido en un blog de nerds paranoicos de la conspiración.
Tras un breve retorno del silencio, cosa que puso todavía más nerviosa a la Gardevoir, el joven respondió.
—No, Voira— afirmó con suma seriedad—, lo he verificado antes y estamos en la base de datos del verdadero gobierno regional.— el chico hizo una pausa —¿Sabes qué? Creo que lo mejor es olvidarnos de esto…
—¡¿Pero tú te estás oyendo?!— exclamó la Pokémon —¿Apagar la computadora y hacer como que no hemos visto nada? ¡Venga ya hermano mayor! Eso no es propio de ti…
Fausto se puso a temblar.
—Y qué quieres que haga, ¿eh? ¡Qué quieres que haga! —el muchacho estaba de los nervios —¿Sabes la de gente que he oído desaparecer por revelar cosas como estas, cuando hasta yo los tomaba por locos y no me creía nada? — el chico comenzó a preparar el ordenador para desconectarlo —Imagínate lo que nos podría suceder si se enteran de que hemos visto esto, lo mejor será hacer como que nunca ha pasado y listo.
—Al menos haz una copia, no seas imbécil… quién sabe las cosas que hay ahí escritas… no te cuesta nada hacer eso, ¿verdad?
El muchacho, apartándose el morado flequillo de la cara, quedó mirando por un momento a su compañera Pokémon y, acto seguido, hizo una copia de los archivos para después desconectar la computadora.
Mientras hacía todo aquello, Fausto murmuraba bajo un leve suspiro:
—Solo espero no arrepentirme de todo esto…
Un hombre trajeado, de cierta constitución fornida, corría como un loco por los pasillos de la oficina principal. Apartando a todo aquél que tenía delante al grito de “abran paso”, mientras secaba el constante sudor que caía de su frente con un viejo pañuelo sucio, pareciera que le fuera a salir el corazón del pecho.
Una vez llegó a su destino, abrió la puerta sin siquiera preguntar.
—¡Señor!— exclamó en un grito ahogado, debido a estar exhausto —¡Alguien ha hackeado nuestra base de datos!
Un hombre elegantemente trajeado, de corte clásico, delgado y con una barba perfectamente rasurada, permanecía sentado en la mesa de su despacho; viendo al individuo que acababa de interrumpir su silencio, así como la gravedad tras sus palabras, pasó frustrado su mano por el moreno cabello engominado hacia atrás y, en un gesto firme, ordenó con una gélida mirada:
—Quiero a todo el mundo buscando a ese hijo de puta.
Pasaron más de tres horas hasta que, siguiendo un rastro prácticamente inexistente, lograron dar con una dirección IP encubierta. Según los archivos de la compañía telefónica, la cual era falsamente de procedencia extranjera, pudieron continuar indagando hasta encontrar cierta dirección domiciliaria.
Aquellos datos eran de un piso de alquiler, concretamente el de Fausto.
—¡Quiero a dos agentes de la brigada especial para esta operación!— exclamó el hombre del cabello engominado, el cual parecía ser el responsable de aquella división —Al parecer nos enfrentamos a un hacker profesional, conocido en todas las redes de la región como Le Garde. ¡Todo el mundo a sus puestos, ya!
Al poco llegaron dos agentes, uno era corpulento y parecía ser de origen ruso, el otro era pelirrojo denotando un fuerte acento escocés. Los dos iban en traje negro y gafas de sol a juego, recordando a esos espías de las series americanas.
Una vez hubieron hablado con el responsable de la operación, les fue encomendada la dirección así como los datos civiles de Fausto, entre ellos una fotografía e historial como ciudadano.
—No se preocupe señor— mencionó el pelirrojo, detendremos a este delincuente y se lo traeremos aquí cuanto antes.
—Creo que no me han entendido bien, agentes.— respondió el hombre del cabello engominado —Aquello que ha descubierto este criminal esta altamente clasificado por los altos cargos de la supremacía gubernamental. Este chico ha profanado secretos de Estado que no deben ser revelados a ningún otro país.— hizo una pausa para repasarse de nuevo el pelo y, tensando la garganta, añadió en voz baja: —Lo que les pido no es detenerle, sino ejecutarle por el bien de la nación.
Hubo un frío silencio, el cual duró unos breves instantes. Acto seguido, el hombre rubio y corpulento respondió:
—Está bien, haremos el trabajo.
—Ah, estoy hecho polvo… Oye, ¿vienes a comer o qué?
Fausto permanecía en la mesa del diminuto comedor que formaba la estrecha estancia principal del piso de alquiler. Esperaba a Voira, la cual se había quedado embobada mirando anime en la televisión; concretamente de esos donde hay peleas y mega-evoluciones por doquier, todo mientras el héroe camina en busca de las medallas de gimnasio y cosas por el estilo.
—Te dejo aquí la pizza que voy al baño, a ver cuándo vienes.
—¡Vale, un momento— respondió Voira —, que ahora por fin sale BUG-MAN!
El chico no pudo evitar soltar una risilla bajo la nariz, y mientras hacía sus necesidades urinarias en el baño dejaba ir algún que otro comentario.
—¿Ese Scizor shiny con una bufanda rojiza?— se notaba un ligero tono de burla en la voz de Fausto —En serio, me pregunto qué le ves a ese bicho.
—¡No es un bicho!— espetó Voira, sonrojada y molesta —Es un héroe insectuosamente de acero, que lucha por salvar a los ciudadanos del mal.
Fue oír aquello, y Fausto no pudo evitar echarse a reír.
—Eres un imbécil, ¿sabes?— exclamó la Gardevoir — Ya no me he enterado del final por tu culpa…
En aquél momento la puerta del piso se vino abajo.
Dos hombres de negro aparecieron junto a una pareja de Bisharp, los cuales comenzaron a mostrarse hostiles una vez avistaron a la joven psíquica.
—¡Hermano mayor nos atacan!
Fue decir esto y tener a los Pokémon siniestro encima, los cuales se llevaron una sorpresa al ver que Voira utilizaba el movimiento Brillo Mágico.
—¿Qué os parece?— comentó la Gardevoir —No esperaban que a mi nivel supiera una técnica feérica ¿eh?
Pero aquél ataque, a pesar de su potencia, no fue suficiente para parar a los Bisharp. De hecho, comparados con Voira, estaban a un nivel muy superior; por no mencionar ya que, a pesar de ser siniestros, a los Pokémon Filo no les era realmente eficaz el tipo hada.
—¡Voira, por aquí!
Fausto, a la otra punta del piso, indicaba a su Pokémon la ventana que tenía cerca; lo que tenía en mente, estando a unos cinco pisos de altura, habría sido un tanto suicida para algunas personas. Pero el chico tenía a una compañera tipo psíquico y todavía existía una posibilidad de huída; pues pasar por la puerta cuando hay dos hombres armados con pistolas, aparte de los Pokémon, era bastante más descabellado que su idea.
La Gardevoir asestó de nuevo su Brillo Mágico en los Bisharp y se dirigió a toda prisa donde permanecía su compañero. Todo esto mientras tanto ella como él evitaban ser dados de lleno por las balas de los agentes, que comenzaban a dejar el piso como un colador mientras, gracias a los silenciadores en las armas, nadie del edificio se enteraba de lo que ocurría.
—¡Vamos, atina bien joder! — exclamó el agente rubio y corpulento.
—Espera— dijo el pelirrojo —, cambiemos de táctica.
Tras un par de susurros, los hombres de negro comenzaron a perseguir a Fausto; todo mientras los Pokémon siniestros acorralaban a Voira.
—Estas muerto, chico.
Los hombres comenzaron a pegar a Fausto, quien logró escabullirse y huir hasta su cuarto como pudo. Allí, cuando el hombre rubio y corpulento entró, el chico le estampó en la cabeza una torre de computadora medio abierta y, acto seguido, cogió una lata de cola que había en la mesa y se la vació mientras enchufaba el aparato.
El hombre murió mientras le era freída la cabeza.
Fausto estaba aterrado por lo que acababa de hacer, a pesar de saber bien que no había tenido de otra para sobrevivir; pues aquella gente claramente habían venido a matarle, cosa que todavía no comprendía el porqué.
Bueno, no hasta que vio la placa del GFK cayendo del bolsillo del agente muerto.
Ahora todo cobraba sentido.
—¡Pero si no ha pasado ni medio día! ¿Cómo narices me han encontrado tan rápido? Si borré cualquier rastro posible… ¿Quién trabaja para esta gente? ¿Jonathan James?
Mientras pensaba en voz alta, se percató de que el otro agente intentaba entrar también en el cuarto; al ver esto Fausto quiso repetir la misma operación que hizo con el hombre corpulento, pero con los nervios no le dio tiempo.
—¡Te voy a matar cabrón!
El hombre apuntó a Fausto en la cabeza y apretó el gatillo, pero al parecer el arma se había quedado sin balas con los disparos anteriores. No obstante, sacó un cuchillo del traje. Al ver esto, instintivamente Fausto empujó al hombre mientras le trababa una pierna; lo hizo justo como había visto en uno de los animes que tanto le gustaban a Voira, y que nunca creyó que sirvieran para algo en la vida real.
El hombre se clavó el arma en el estómago, a causa de la mala caída.
—Nunca más me reiré de BUG-MAN…— murmuró el chico.
El hombre, desangrándose, se quitó el cuchillo para probar a clavárselo a Fausto en el tobillo; por suerte, al ver esto, el joven cogió la pequeña papelera de hojalata que tenía cerca y, preso de los nervios así como del pánico que seguía presentando la situación, golpeó con ella primero la mano del hombre para desarmarlo, y luego su cabeza hasta que se dio cuenta de que ya había muerto.
—Por todos los Pokémon— murmuró atónito, contemplando la sangre en sus manos y ropa —, me he convertido en un asesino… voy a ir al trullo por esto.
Entonces escuchó el grito de su Gardevoir, y el sonido de los Bisharp y del fatídico combate Pokémon que habían montado justo al otro lado de la puerta. Cogiendo la navaja que había dejado caer el agente en el suelo, se dirigió a echar una mano a su compañera.
Por favor, no duden en dejar sus comentarios, opiniones y pensamientos en sus respuestas, ya que seré muy influenciado por lo que sea que pongan para escribir los siguientes capítulos.
AuriSkywem presents...
REGRESO A LO ABSURDO
Fausto es un joven que se ha pasado la vida vagando al margen de la sociedad, únicamente conectado al mundo a través de su computadora. Un día, mediante sus habilidades informáticas, entra por accidente en la base de datos del gobierno. Allí descubre algo que le cambiará para siempre, y con lo que más adelante vivirá toda una odisea llena de aventura y muerte: los planos de una máquina del tiempo.
DISCLAIMER: Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Game Freak y Nintendo, esto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia. Los personajes originales encontrados en este fanfiction NO pueden ser utilizados sin consentimiento de AuriSkywem.
NOTA: NO TOLERAMOS PERSONAS SIN GOTA DE CREATIVIDAD O POCA DIGNIDAD QUE DISFRUTAN RECIBIR MÉRITO POR EL TRABAJO DE OTROS, ASI QUE SI RIPEAS ESTE FANFICTION ATENTE A LAS CONSECUENCIAS.
ÍNDICE DE CAPÍTULOS
- Prólogo
- Episodio 1
Prólogo
Llegada
Tierras de Sinjoh
Un hombre caminaba entre las vastas llanuras de Alfalanza, donde la cumbre de la gran montaña plateada se avistaba todavía muy lejos. El calor provocaba un extenso y putrefacto hedor en la clara piel del viajero, humedeciendo su rojizo cabello y la espesa barba que adornaba su redondeado rostro. Las arrugas en su entrecejo quedaron acentuadas una vez su ceño se percató del riego corporal y, con vago ímpetu, alzo su mano para, posteriormente, restregarla por la mojada frente llena de arrugas. Unas de tanto tensar sus músculos ante el gran esfuerzo de la caminata, de la lucha y el agotamiento psicológico. No había dormido en tres días desde que la escasez de agua y comida delataba un final no planeado; así como la pérdida del Rapidash que tanto le había costado criar, y que ahora era pasto para Pokémon carroñeros en medio de la nada.
Una pierna le tembló, doblándola inconscientemente.
Cayendo de rodillas en la fraguante arena, notó de nuevo el peso de la espada en su robusta espalda. Mirando al horizonte, a esa montaña de plata que yacía en lo más lejano del paisaje, el hombre rezaba por un último aliento, por una nueva fuerza que lo hiciera seguir.
—No puedo morir aquí… por favor, gran Dios, dame una señal…
Justo entonces la tierra comenzó a temblar, el aire se hizo tan denso que podría haber sido tangible como el propio acero, y un sonido tan chirriante como estridente, tanto que no podía compararse con nada conocido, inundó el silencio que había reinado hacía tan poco en aquellas vastas llanuras. Tras la nube de polvo que se levantó de la tierra removida, una vez terminado el extraño ruido, pudo verse un artefacto de un material que recordaba el hierro.
En la vida el viajero había visto mecanismo semejante.
Lleno de engranajes y luces que parecían cosa de brujería, aquél artefacto metálico del tamaño de un Snorlax abrió la puerta que poseía tras un nuevo chirrido estridente. Después de aquello las luces desaparecieron, seguido de un chispeo y mucho humo en la parte trasera. De la puerta salió un joven de pintorescos ropajes, los cuales no parecían pertenecer a la región, que llevaba su violeta cabello todo enmarañado y caminaba tambaleándose cual borracho mareado tras ir en barco. Una vez el muchacho avistó al viajero, se dirigió como pudo hacia este.
—¿En qué año estamos?
El hombre, contemplándole atónito sin comprender a qué venia tan obvia pregunta, quedó mirando de reojo su excéntrico aspecto y el misterioso artefacto metálico que yacía detrás suyo.
—¡¿Maldita sea, en qué año estamos?!
Sorprendido de la actitud desesperada del joven, así como percatándose de las heridas que poseía en la cabeza y el resto del cuerpo, el viajero terminó quedando a un palmo del chico y, haciendo gran esfuerzo con su voz reseca por la sed, respondió a su pregunta:
—¿Qué tonterías vos cuestiona muchacho? Estamos en el año 327 de nuestro Señor.
El joven, iluminándosele los ojos, no pudo evitar soltar un par de lágrimas mientras mostraba una amplia sonrisa. Acto seguido, comenzó a pronunciar algo en lo que fue casi un murmullo.
—Ha… funcionado…
Dicho esto entre leves jadeos, el muchacho terminó tambaleándose más de lo normal y cayó al suelo inconsciente. Al ver aquello el hombre se apresuró a ver su estado. Cogiéndole con las pocas fuerzas que todavía conservaba, comenzó a caminar de nuevo por las vastas llanuras llevándole a caballito en su espalda; dejando atrás, con ello, el artefacto misterioso. Sus ojos verdosos, cuyo izquierdo era marcado con una notable cicatriz tallada en vertical, no quitaban su vista del Monte Plateado. Aquella mañana se hizo eterna, bajo el sofocante calor de un inmenso astro ardiente.
Mientras esto sucedía, una sombra desconocida se acercaba con sigilo hacia el monumento de hierro donde el joven había hecho acto de presencia. Su tétrica sonrisa recordaba la de un demonio bajo la capucha de color carmesí, que formaba parte de una larga túnica que casi se arrastraba por la tierra.
Reino de Hoenn
En lo más alto de la Torre Celestial, dos jóvenes mujeres permanecían sentadas en dos grandes tronos de piedra. Una tenía el cabello tan dorado como el oro, y la otra portaba una melena tan oscura como el azabache. La silueta que compartían en común podría haber llevado a la perdición incluso al hombre más noble, y las miradas celestes que poseían se fundían en un horizonte místico, pareciendo ser de otro mundo. Murmuraban juntas cosas ininteligibles en un lengua tan muerta como las creencias del Mundo Antiguo. Y un hombre de cierta edad, de cabello canoso y unas curiosas orejas tan largas como puntiagudas, comenzaba a temer lo peor de aquél nerviosismo que desprendía el aura de las aparentemente jóvenes musas. Nunca se las había visto tan alteradas, de hecho su serenidad nunca había sido interrumpida por muchas premoniciones y desgracias que vivieran.
—Grandes diosas de la muerte y el destino— interrumpió el hombre —, ¿qué ocurre o sucederá para tal actitud de temeroso apuro?
Las moiras, observando al atrevido presente, comenzaron a hablar en una lengua comprensible a este.
—Ha sucedido algo impensable.— dijo una.
—Nuestra historia alterada de forma intrigante.— prosiguió la otra.
El hombre, perplejo ante tales palabras, intentó preguntar el significado tras aquellas afirmaciones. Más no hizo falta, pues las diosas ya sabían bien aquello.
—Un héroe, de otro mundo ha venido.— mencionó la rubia.
—Desafiando las leyes del tiempo y el destino.— prosiguió la morena.
—Pronto la desgracia traerá y con ella la muerte.
—Y cuando eso suceda nadie quedará presente.
El huésped, aterrado de tales profecías, apretó con fuerza los puños. Recordó ciertas vivencias de guerra y fuego interminables, una época pasada donde una oscura emperatriz infestó de sufrimiento los reinos que antaño fueron prósperos.
—¿Cómo puede detenerse dicha desgracia, si todavía es posible tal cometido?
Las musas, descruzando sus largas y finas piernas para ponerse en pie, dejando ver mejor sus hermosos y provocativos vestidos de un estilo griego antiguo, respondieron al unísono mientras clavaban sus místicas y gélidas miradas en los ojos aguamarina del hombre canoso.
—Tú viajarás por el vasto mundo, y juntando las tablas sagradas traerás de vuelta el corazón de todo; la gema divina, aquella que otorga la vida, debe ser recuperada. Pues no hay otra forma de despertar al Monstruo Alfa.
—¡Por las barbas de los leviatanes!— exclamó el hombre —¿Tal es la gravedad de la catástrofe? Ni siquiera sabemos cómo reaccionaría tal deidad ante una invocación como esa…
Las moiras quedaron mirándole, comprendiendo su asombro en cierto modo; acto seguido, respondieron a sus palabras:
—Es necesario— dijeron al unísono de nuevo —, pero para lograr tal misión debes encontrar a un descendiente de Michina. Actualmente solo queda uno vivo, y fuerzas oscuras vagan por tierras lejanas tras él. Debes viajar al Reino de Sinjoh y traerlo hasta aquí, después nosotras nos encargaremos de daros las instrucciones para buscar las tablas elementales. Ahora, ve.
Y, tras decir esto, el hombre se dirigió hacia una cámara secundaria dejando atrás la sala principal; caminando con cuidado por el suelo de nubes, cogió sus cosas y las metió en un pequeño saco de piel. Acto seguido colgó en su espalda una aljaba de madera de roble llena de flechas, todas hechas manualmente, y con arco en mano se dirigió al pasillo principal en busca de la salida.
Unova del Sur
La fiesta no cesaba en la Aldea Nexus, donde jóvenes y niños danzaban alrededor del Árbol Sagrado. Había llegado la estación del fuego, donde ahora el calor permitiría reducir el tiempo de trabajo y bañarse en el río debido a la emigración de los Carracosta a zonas con un clima más fresco. En lo más alto del pueblo podía observarse el Templo del Origen, donde los sacerdotes tomaban un pequeño descanso tras toda una mañana de grabados en la piedra; allí dejaban por primera ver escritos la historia de sus gentes, así como de su místico y felino protector. Observaban desde lo alto de palcos de piedra como la gente festejaba la nueva temporada del año con sus bailes y la música de sus arpas.
Era un lugar hermoso.
Los verdes prados, llenos de flores en mil formas y colores diferentes, eran llenos de vida bajo el movimiento de la suave brisa veraniega y el destello solar que los iluminaba, potenciando así su belleza. El río era grande y amplio, de un azul tan cristalino que podía verse su fondo a simple vista; allí los Alomomola nadaban con suma gracia, pareciendo que saludaran a las parejas que pasaban cerca con sus acrobacias llenas de elegancia. También, a las fronteras de la aldea, podía avistarse una sabana tan extensa y brillante que parecía un portal infinito hacia el más allá.
Las gentes del pueblo, en concreto los adultos que acostumbraban a trabajar de las tareas más duras, ahora bebían y cantaban sonetos tan antiguos como la tierra misma donde vivían. Las caras de alegría no cesaban en la plaza principal, y por cada vez que la marcha aumentaba, el Árbol Sagrado parecía iluminar su follaje un poco más bajo la luz del atardecer.
Pero la felicidad no duraría para siempre.
Justo cuando el crepúsculo comenzaba a hacer acto de presencia, un grupo de gente encapuchada bajo una túnica carmesí apareció de la nada. Cuando el líder de la aldea, el cual yacía bebiendo humildemente junto a los soldados y carpinteros en medio de la plaza principal, se percató de que unos desconocidos permanecían allí, se dirigió junto a unos guerreros para darles la bienvenida. Para cuando hizo esto, uno de los encapuchados, el más corpulento de los siete, sacó un Honedge de plateada empuñadura, cuya hoja parecía haber sido forjada en sangre y, acto seguido, con una velocidad tal que pareciera la de un Zebstrika, rebanó el cuello del hombre sin piedad.
Los soldados, así como el pueblo presente, quedaron estupefactos y, para cuando quisieron reaccionar, ya estaban siendo masacrados con una facilidad abrumadora. Sus atacantes no parecieran humanos, pues la fuerza de cada uno de ellos hacía por la de diez hombres armados.
Cuando todo se veía perdido, algo sucedió.
Un pequeño ente fantasmal, de rosado pelaje y aspecto felino, apareció enfurecido y con lágrimas en sus azulados ojos. Con un poder psíquico más allá de lo conocido, hizo volar por los aires a tres de ellos de un solo movimiento. Pero, para cuando fue a por el resto, se topo con una desagradable sorpresa.
Un enorme ser se alzaba en la penumbra, sus alas negras escondían un torso de un rojo violeta luminoso. El grito que aquél monstruo dejó escapar no podía compararse a ningún rugido conocido, era el sonido desgarrador de un demonio; de la muerte misma, hecha carne y destrucción.
EDITADO [28/04/2014]:
Tras el prólogo, aquí el primer episodio:
Capítulo 1
El hacker
Luminose City , Año 2036
Eran finales de primavera, y las calles de la Plaza Central presumían de gentío por todas partes. El sábado se avistaba largo, eterno, y un clima ni caluroso ni frío hacía perfecta harmonía para toda persona que quisiera disfrutar de su día libre.
Bueno, excepto Fausto.
Mientras la muchedumbre disfrutaba de las tiendas de moda, restaurantes de buen ver y paseos por plazas secundarias llenas de flores y monumentos dignos de cualquier museo, un joven en tejanos rotos y desdeñada camiseta de tirantes permanecía sentado en su cuarto; perdido en lo más profundo de un diminuto, destartalado y mugriento piso de alquiler. Pues la ciudad donde vivía podía parecer muy lujosa, pero realmente aquello no era más que una falsa apariencia; una de la cual, tristemente, vivían solo unos pocos adinerados. La “ciudad de la luz” no era más que una estafa, donde cada día que pasaba los pobres eran más desgraciados y los ricos más millonarios.
Lógicamente, esto no salía en las noticias; pero, en cambio, sí en Internet.
Y ahí es justamente donde Fausto tenía montada su vida, su mundo e incluso su propia mente: en la red.
Desde niño, le habían fascinado las computadoras. De hecho siempre fue bueno con ellas desde una temprana edad debido a su padre. Hijo de un importante contable, aprendió rápido a memorizar secuencias de números y patrones, y una vez descubrió el mundo de la informática lo aplicó con gran habilidad. Pero, en una ciudad donde lo importante es la apariencia, un trabajo como aquél no estaba bien visto. Igualmente, al joven nunca le importaron cosas como esas; no obstante, a su padre sí que le afectó bastante. Tras escuchar críticas respecto las aspiraciones de su hijo, decidió prohibirle tal futuro. Aunque, a pesar de sus esfuerzos por impedirle ser informático, tuvo que permitírselo una vez el hombre quedó en paro. A partir de ahí su visión del mundo cambió a una realidad muy distinta, y comprendiendo a Fausto le pagó sus estudios con lo que ganaba en trabajos de medio tiempo.
Pero, un día, el chico se quedó solo al morir su padre de una enfermedad.
A partir de entonces, decidió por voluntad propia aislarse de aquella sociedad hipócrita que les había dejado de lado y, trabajando a media jornada en una empresa de software, empleó una doble vida como hacker profesional en busca de algo que hiciera cambiar la visión de la sociedad.
Y allí estaba él ahora, encerrado en plena mañana de un fin de semana plantado delante de una pantalla de PC.
Quizá, si tan solo hubiera salido a tomar el aire aquél día, su vida no hubiera cambiado para siempre.
—Voira, ven a ver esto… ¡Eh, tú, chica hortera! ¿Me estás escuchando?
La melodía de Pockets N’ Monsters dejó de sonar en el reproductor estéreo, y tras unos instantes de silencio, interrumpidos por el ruido de varios tropezones, apareció por la puerta del cuarto una Gardevoir de lo más variopinta.
—¡¿Se puede saber qué te pasa?!— espetó mediante telepatía, que resonaba en el cerebro de su compañero humano como una metralleta —¿Qué quieres ahora, hermano mayor?
De un cabello azulado que parecía brillar por sí solo, bastante despeinado y poco usual respecto el corte, dejaba ver una cara de pasotismo total mientras le observaba con sus ámbares ojos, uno de ellos tapado por el flequillo. Se tocaba los pequeños pendientes negros en forma de anillo que llevaba en su oreja izquierda, y sus piernas quedaron en un gesto un tanto masculino, dejando ver bastantes roturas en la falda del blanquecino vestido, tan pálido como su piel.
—No se ni cómo lo hice, mi querida waifu— aquél comentario de Fausto pareció molestar bastante a la Pokémon —, pero… ¡Me acabo de meter en la base de datos del gobierno!
—¡Venga ya!— contestó incrédula Voira, siempre comunicándose mediante telepatía —¿Es en serio? Yo alucino.
—¡Que sí, de verdad! — exclamó el chico —¡Mira, mira!— añadió eufórico mientras enseñaba la pantalla de su portátil a su compañera psíquica.
Era cierto, la página que se mostraba pertenecía al GFK, que en siglas representaba el Gobierno Federal de Kalos. Allí había un apartado con montones de ficheros y carpetas, una de las cuales llamó la atención tanto de Fausto como de Voira.
La carpeta era titulada Proyecto R.A.L.A.
Intrigados, abrieron el fichero y lo que vieron allí les dejó estupefactos.
Eran los planos de una máquina del tiempo.
—¿Qué narices… es esto?
Junto a los planos de la supuesta maquinaria, habían recopilados un montón de datos respecto su mecanismo y origen. Pues, de hecho, el artefacto no parecía corresponder a la época actual:
Informe XXXXX
El mecanismo espacio-temporal es abrumador, de hecho podría decirse que fue construido con materiales actuales de no ser porque, según los análisis de antigüedad, consta de más de mil setecientos años desde su fabricación. Algo realmente inverosímil constando que, por aquella época, no existían ni los recursos ni los conocimientos necesarios para lograr un artefacto de tal calibre. Suponemos que, en un hipotético caso, alguien de una época futura y desconocida viajó a ese tiempo de algún modo junto a la máquina y, por alguna extraña razón, quedó atrapado allí sin poder regresar. Actualmente, es la única explicación posible, pues el mecanismo parece ser de nuestro planeta y no existen indicios de tecnología extraterrestre de ninguna clase. Lo más impresionante de todo esto, es que la máquina lleva grabadas las iniciales de nuestro propio proyecto futuro.
Fausto quedó atónito ante lo que había leído, permaneciendo callado y sin saber cómo reaccionar. No fue hasta que Voira rompió el silencio cuando volvió en sí.
—¿Esto es una broma verdad?— soltó de repente —Dime que te has equivocado y andas metido en un blog de nerds paranoicos de la conspiración.
Tras un breve retorno del silencio, cosa que puso todavía más nerviosa a la Gardevoir, el joven respondió.
—No, Voira— afirmó con suma seriedad—, lo he verificado antes y estamos en la base de datos del verdadero gobierno regional.— el chico hizo una pausa —¿Sabes qué? Creo que lo mejor es olvidarnos de esto…
—¡¿Pero tú te estás oyendo?!— exclamó la Pokémon —¿Apagar la computadora y hacer como que no hemos visto nada? ¡Venga ya hermano mayor! Eso no es propio de ti…
Fausto se puso a temblar.
—Y qué quieres que haga, ¿eh? ¡Qué quieres que haga! —el muchacho estaba de los nervios —¿Sabes la de gente que he oído desaparecer por revelar cosas como estas, cuando hasta yo los tomaba por locos y no me creía nada? — el chico comenzó a preparar el ordenador para desconectarlo —Imagínate lo que nos podría suceder si se enteran de que hemos visto esto, lo mejor será hacer como que nunca ha pasado y listo.
—Al menos haz una copia, no seas imbécil… quién sabe las cosas que hay ahí escritas… no te cuesta nada hacer eso, ¿verdad?
El muchacho, apartándose el morado flequillo de la cara, quedó mirando por un momento a su compañera Pokémon y, acto seguido, hizo una copia de los archivos para después desconectar la computadora.
Mientras hacía todo aquello, Fausto murmuraba bajo un leve suspiro:
—Solo espero no arrepentirme de todo esto…
Central del GFK
Un hombre trajeado, de cierta constitución fornida, corría como un loco por los pasillos de la oficina principal. Apartando a todo aquél que tenía delante al grito de “abran paso”, mientras secaba el constante sudor que caía de su frente con un viejo pañuelo sucio, pareciera que le fuera a salir el corazón del pecho.
Una vez llegó a su destino, abrió la puerta sin siquiera preguntar.
—¡Señor!— exclamó en un grito ahogado, debido a estar exhausto —¡Alguien ha hackeado nuestra base de datos!
Un hombre elegantemente trajeado, de corte clásico, delgado y con una barba perfectamente rasurada, permanecía sentado en la mesa de su despacho; viendo al individuo que acababa de interrumpir su silencio, así como la gravedad tras sus palabras, pasó frustrado su mano por el moreno cabello engominado hacia atrás y, en un gesto firme, ordenó con una gélida mirada:
—Quiero a todo el mundo buscando a ese hijo de puta.
Pasaron más de tres horas hasta que, siguiendo un rastro prácticamente inexistente, lograron dar con una dirección IP encubierta. Según los archivos de la compañía telefónica, la cual era falsamente de procedencia extranjera, pudieron continuar indagando hasta encontrar cierta dirección domiciliaria.
Aquellos datos eran de un piso de alquiler, concretamente el de Fausto.
—¡Quiero a dos agentes de la brigada especial para esta operación!— exclamó el hombre del cabello engominado, el cual parecía ser el responsable de aquella división —Al parecer nos enfrentamos a un hacker profesional, conocido en todas las redes de la región como Le Garde. ¡Todo el mundo a sus puestos, ya!
Al poco llegaron dos agentes, uno era corpulento y parecía ser de origen ruso, el otro era pelirrojo denotando un fuerte acento escocés. Los dos iban en traje negro y gafas de sol a juego, recordando a esos espías de las series americanas.
Una vez hubieron hablado con el responsable de la operación, les fue encomendada la dirección así como los datos civiles de Fausto, entre ellos una fotografía e historial como ciudadano.
—No se preocupe señor— mencionó el pelirrojo, detendremos a este delincuente y se lo traeremos aquí cuanto antes.
—Creo que no me han entendido bien, agentes.— respondió el hombre del cabello engominado —Aquello que ha descubierto este criminal esta altamente clasificado por los altos cargos de la supremacía gubernamental. Este chico ha profanado secretos de Estado que no deben ser revelados a ningún otro país.— hizo una pausa para repasarse de nuevo el pelo y, tensando la garganta, añadió en voz baja: —Lo que les pido no es detenerle, sino ejecutarle por el bien de la nación.
Hubo un frío silencio, el cual duró unos breves instantes. Acto seguido, el hombre rubio y corpulento respondió:
—Está bien, haremos el trabajo.
Calle de la Plaza Central número 92
—Ah, estoy hecho polvo… Oye, ¿vienes a comer o qué?
Fausto permanecía en la mesa del diminuto comedor que formaba la estrecha estancia principal del piso de alquiler. Esperaba a Voira, la cual se había quedado embobada mirando anime en la televisión; concretamente de esos donde hay peleas y mega-evoluciones por doquier, todo mientras el héroe camina en busca de las medallas de gimnasio y cosas por el estilo.
—Te dejo aquí la pizza que voy al baño, a ver cuándo vienes.
—¡Vale, un momento— respondió Voira —, que ahora por fin sale BUG-MAN!
El chico no pudo evitar soltar una risilla bajo la nariz, y mientras hacía sus necesidades urinarias en el baño dejaba ir algún que otro comentario.
—¿Ese Scizor shiny con una bufanda rojiza?— se notaba un ligero tono de burla en la voz de Fausto —En serio, me pregunto qué le ves a ese bicho.
—¡No es un bicho!— espetó Voira, sonrojada y molesta —Es un héroe insectuosamente de acero, que lucha por salvar a los ciudadanos del mal.
Fue oír aquello, y Fausto no pudo evitar echarse a reír.
—Eres un imbécil, ¿sabes?— exclamó la Gardevoir — Ya no me he enterado del final por tu culpa…
En aquél momento la puerta del piso se vino abajo.
Dos hombres de negro aparecieron junto a una pareja de Bisharp, los cuales comenzaron a mostrarse hostiles una vez avistaron a la joven psíquica.
—¡Hermano mayor nos atacan!
Fue decir esto y tener a los Pokémon siniestro encima, los cuales se llevaron una sorpresa al ver que Voira utilizaba el movimiento Brillo Mágico.
—¿Qué os parece?— comentó la Gardevoir —No esperaban que a mi nivel supiera una técnica feérica ¿eh?
Pero aquél ataque, a pesar de su potencia, no fue suficiente para parar a los Bisharp. De hecho, comparados con Voira, estaban a un nivel muy superior; por no mencionar ya que, a pesar de ser siniestros, a los Pokémon Filo no les era realmente eficaz el tipo hada.
—¡Voira, por aquí!
Fausto, a la otra punta del piso, indicaba a su Pokémon la ventana que tenía cerca; lo que tenía en mente, estando a unos cinco pisos de altura, habría sido un tanto suicida para algunas personas. Pero el chico tenía a una compañera tipo psíquico y todavía existía una posibilidad de huída; pues pasar por la puerta cuando hay dos hombres armados con pistolas, aparte de los Pokémon, era bastante más descabellado que su idea.
La Gardevoir asestó de nuevo su Brillo Mágico en los Bisharp y se dirigió a toda prisa donde permanecía su compañero. Todo esto mientras tanto ella como él evitaban ser dados de lleno por las balas de los agentes, que comenzaban a dejar el piso como un colador mientras, gracias a los silenciadores en las armas, nadie del edificio se enteraba de lo que ocurría.
—¡Vamos, atina bien joder! — exclamó el agente rubio y corpulento.
—Espera— dijo el pelirrojo —, cambiemos de táctica.
Tras un par de susurros, los hombres de negro comenzaron a perseguir a Fausto; todo mientras los Pokémon siniestros acorralaban a Voira.
—Estas muerto, chico.
Los hombres comenzaron a pegar a Fausto, quien logró escabullirse y huir hasta su cuarto como pudo. Allí, cuando el hombre rubio y corpulento entró, el chico le estampó en la cabeza una torre de computadora medio abierta y, acto seguido, cogió una lata de cola que había en la mesa y se la vació mientras enchufaba el aparato.
El hombre murió mientras le era freída la cabeza.
Fausto estaba aterrado por lo que acababa de hacer, a pesar de saber bien que no había tenido de otra para sobrevivir; pues aquella gente claramente habían venido a matarle, cosa que todavía no comprendía el porqué.
Bueno, no hasta que vio la placa del GFK cayendo del bolsillo del agente muerto.
Ahora todo cobraba sentido.
—¡Pero si no ha pasado ni medio día! ¿Cómo narices me han encontrado tan rápido? Si borré cualquier rastro posible… ¿Quién trabaja para esta gente? ¿Jonathan James?
Mientras pensaba en voz alta, se percató de que el otro agente intentaba entrar también en el cuarto; al ver esto Fausto quiso repetir la misma operación que hizo con el hombre corpulento, pero con los nervios no le dio tiempo.
—¡Te voy a matar cabrón!
El hombre apuntó a Fausto en la cabeza y apretó el gatillo, pero al parecer el arma se había quedado sin balas con los disparos anteriores. No obstante, sacó un cuchillo del traje. Al ver esto, instintivamente Fausto empujó al hombre mientras le trababa una pierna; lo hizo justo como había visto en uno de los animes que tanto le gustaban a Voira, y que nunca creyó que sirvieran para algo en la vida real.
El hombre se clavó el arma en el estómago, a causa de la mala caída.
—Nunca más me reiré de BUG-MAN…— murmuró el chico.
El hombre, desangrándose, se quitó el cuchillo para probar a clavárselo a Fausto en el tobillo; por suerte, al ver esto, el joven cogió la pequeña papelera de hojalata que tenía cerca y, preso de los nervios así como del pánico que seguía presentando la situación, golpeó con ella primero la mano del hombre para desarmarlo, y luego su cabeza hasta que se dio cuenta de que ya había muerto.
—Por todos los Pokémon— murmuró atónito, contemplando la sangre en sus manos y ropa —, me he convertido en un asesino… voy a ir al trullo por esto.
Entonces escuchó el grito de su Gardevoir, y el sonido de los Bisharp y del fatídico combate Pokémon que habían montado justo al otro lado de la puerta. Cogiendo la navaja que había dejado caer el agente en el suelo, se dirigió a echar una mano a su compañera.
Por favor, no duden en dejar sus comentarios, opiniones y pensamientos en sus respuestas, ya que seré muy influenciado por lo que sea que pongan para escribir los siguientes capítulos.
