Síndrome de Ondine
Antes de meterme de lleno en el mundo del Fanfic, querría compartir con vosotros algunas de mis pequeñas historias y de las que me siento gratamente orgullosa, y bueno, a ver qué os parecen. En este en concreto quise describir un poco lo que sentiría una persona que no puede dormir tranquilo porque deja de respirar (personas que padecen el síndrome), y me quedé al final con un relato corto y bastante inquietante.
¡Sin más dilación, aquí os lo dejo!
"Tengo miedo de irme a dormir."
Con cada susurro todo parecía tornarse más espeluznante a su alrededor. Las sombras parecían bailar claqué sobre su cabeza y sus profundas y ensordecedoras ojeras, marcando ligeramente los malares de sus mejillas en una imagen de un joven decrépito, destartalado, que apenas probaba bocado.
Se le ocurrió tocar el violín de nuevo para ocupar sus noches de insomnio voluntario, como hacía desde que tenía cinco años, pero en aquel momento también le atemorizó la idea. El viento golpeó con fuerza las tejas de pizarra negra que cubría su techo y el ulular de las lechuzas, esas hermosas damas de plumaje dorado que venían a posarse en el roble de su madre, hacían que todo fuera una sinfonía pura de escalofríos provocados y pesadillas crecientes.
Temía de nuevo que le encontrasen esa noche con la máscara puesta. Temía que esos dedos negros y huesudos le despojasen de ella para divertirse después con la dramática escena que él mismo protagonizaría. Una agonizante sátira para aquellos endiablados. Risas y desconcierto.
Temía no volver a despertarse.
Pero aquella súcubo que cariñosamente había llamado Selene le alumbró como una amante marchita en su colchón. Acarició su rostro con ternura, rozó sus labios con plata fina y luces de nácar, enredó sus níveas manos entre su cabello oscuro y, como cada noche desde que se conocían, le invitó a conciliar el sueño a su vera. Él nunca podría resistirse a la más hermosa damisela jamás creada por sus terrores nocturnos y, dejando que le pusiese la máscara de silicona, se recostó sobre sus almohadas y la contempló: tenía los ojos tan estrellados como la capa de Morfeo, y reconoció varias constelaciones antes de que sus párpados decidieran dejarse caer como delicados telones de carne. Cansados. Muy cansados.
Sus ojeras suspiraron de alivio.
"Tengo miedo de irme a dormir… y no volver a despertarme." dijo una voz infantil en su cabeza, y dejó de luchar para caer derrotado entre los brazos de Selene. Sus pulmones se paralizaron de manera progresiva y, lentamente dejó de respirar, pendiendo del hilo que conectaba su máscara a aquel aparatejo que le proporcionaba el oxígeno que no era capaz de inspirar por las noches.
Entonces, la diablesa blanca esperó unos minutos contemplando el dulce tentempié de aquella noche. Un alma en hipoxia era un pastelillo agridulce y tierno para su paladar caprichoso. Por ello mismo, desconectó la máquina y, relamiéndose los labios, besó por última vez a aquel pobre enfermo de muerte que la había conquistado eones atrás.
"Ondine". Suspiró él, y dejó que, poco a poco, el amor de su vida acabara con lo que quedaba en su maltrecho cuerpo.
Su alma parpadeó frenéticamente y desapareció por la garganta del demonio.
En el roble, las lechuzas murieron también.
¡Acepto cualquier tipo de consejo, opinión o comentario!:meowla:
¡Sin más dilación, aquí os lo dejo!
Síndrome de Ondine
"Tengo miedo de irme a dormir."
Con cada susurro todo parecía tornarse más espeluznante a su alrededor. Las sombras parecían bailar claqué sobre su cabeza y sus profundas y ensordecedoras ojeras, marcando ligeramente los malares de sus mejillas en una imagen de un joven decrépito, destartalado, que apenas probaba bocado.
Se le ocurrió tocar el violín de nuevo para ocupar sus noches de insomnio voluntario, como hacía desde que tenía cinco años, pero en aquel momento también le atemorizó la idea. El viento golpeó con fuerza las tejas de pizarra negra que cubría su techo y el ulular de las lechuzas, esas hermosas damas de plumaje dorado que venían a posarse en el roble de su madre, hacían que todo fuera una sinfonía pura de escalofríos provocados y pesadillas crecientes.
Temía de nuevo que le encontrasen esa noche con la máscara puesta. Temía que esos dedos negros y huesudos le despojasen de ella para divertirse después con la dramática escena que él mismo protagonizaría. Una agonizante sátira para aquellos endiablados. Risas y desconcierto.
Temía no volver a despertarse.
Pero aquella súcubo que cariñosamente había llamado Selene le alumbró como una amante marchita en su colchón. Acarició su rostro con ternura, rozó sus labios con plata fina y luces de nácar, enredó sus níveas manos entre su cabello oscuro y, como cada noche desde que se conocían, le invitó a conciliar el sueño a su vera. Él nunca podría resistirse a la más hermosa damisela jamás creada por sus terrores nocturnos y, dejando que le pusiese la máscara de silicona, se recostó sobre sus almohadas y la contempló: tenía los ojos tan estrellados como la capa de Morfeo, y reconoció varias constelaciones antes de que sus párpados decidieran dejarse caer como delicados telones de carne. Cansados. Muy cansados.
Sus ojeras suspiraron de alivio.
"Tengo miedo de irme a dormir… y no volver a despertarme." dijo una voz infantil en su cabeza, y dejó de luchar para caer derrotado entre los brazos de Selene. Sus pulmones se paralizaron de manera progresiva y, lentamente dejó de respirar, pendiendo del hilo que conectaba su máscara a aquel aparatejo que le proporcionaba el oxígeno que no era capaz de inspirar por las noches.
Entonces, la diablesa blanca esperó unos minutos contemplando el dulce tentempié de aquella noche. Un alma en hipoxia era un pastelillo agridulce y tierno para su paladar caprichoso. Por ello mismo, desconectó la máquina y, relamiéndose los labios, besó por última vez a aquel pobre enfermo de muerte que la había conquistado eones atrás.
"Ondine". Suspiró él, y dejó que, poco a poco, el amor de su vida acabara con lo que quedaba en su maltrecho cuerpo.
Su alma parpadeó frenéticamente y desapareció por la garganta del demonio.
En el roble, las lechuzas murieron también.
¡Acepto cualquier tipo de consejo, opinión o comentario!:meowla:











