Retazos de Inmortalidad

Fragmentos de la memoria:
- Hermanos Nocturnos
- Gloria la eterna
- El muerto madrugador
- Alicia en el barrio de las pesadillas
- Luna rojiza
FARGMENTO PRIMERO
HERMANOS NOCTURNOS
Ethan y Jake son hijos de la noche, que contemplan la misma luna de formas distintas; uno es un vampiro, el otro un lobo. Ambos, a pesar de sus diferencias, poseen algo en cómun aparte de la misma negrura: fueron parientes de sangre cuando humanos y son renegados respecto a su nueva espécie.
HERMANOS NOCTURNOS
Ethan y Jake son hijos de la noche, que contemplan la misma luna de formas distintas; uno es un vampiro, el otro un lobo. Ambos, a pesar de sus diferencias, poseen algo en cómun aparte de la misma negrura: fueron parientes de sangre cuando humanos y son renegados respecto a su nueva espécie.
Prólogo
DE CÓMO PASA EL TIEMPO Y EL NARRADOR DE ESTA HISTORIA
Lo confieso, soy un vampiro. ¿No me creen? Bueno, realmente nadie en su sano juicio creería tal cosa. Lamentablemente, al menos para ustedes, digo la verdad. Pero no se hagan ilusiones, no diré que amo las jovencitas de instituto ni que me gusta repetir curso infinitamente para sentirme joven; así como tampoco diré que no soy peligroso igual que tampoco inmortal. Para empezar, el malentendido más común para seres como nosotros es el término entre inmortalidad y eternidad. Lo primero no existe, pues no hay nada en este mundo que no pueda ser destruido ni asesinado. A excepción, supongamos, de Dios en el caso de que llegue a existir. Por otra parte, lo segundo es el termino verdadero a lo que se atribuye todo aquello con vida eterna. En nuestro caso existen cosas que pueden destruirnos, pero si lográsemos prevalecer entonces nunca envejeceríamos ni "moriríamos" por causas naturales. A veces los términos parecen significar lo mismo, pero como pueden ver no es así. Desconozco si hubiera un método para ser las dos cosas, pero como ya he dicho dudo mucho que haya en el mundo un ser del primer tipo.
Y, créanme, con el paso del tiempo me he dado cuenta de que es mejor así.
Cuando hablo de tiempo, es muy distinto comparado con los humanos. Aunque a veces puede ser exactamente lo mismo, en ciertas cosas. Si bien el paso de las agujas del reloj ya no tiene significado alguno para un ser como yo, bien es cierto que no puedo negar cuando el instante de un beso a veces es más largo que toda una vida. Supongo que las emociones añaden ese toque mágico al asunto.
Si, gente, han oído bien: los vampiros tienen sentimientos.
¿Aterrador verdad? Créanme cuando les digo que tener humanidad siendo un monstruo es tan terrible y trágico como increíble y hermoso. Esto último, quizás, otra de las cosas que más miedo me dan. Y fue por eso, además de ciertas vivencias, que decidí no beber sangre humana; bueno, al menos no sin tener que matar a nadie y eso suele pasar muy a menudo.
Pero no he venido aquí para contar mis teorías respecto la vida eterna ni mis gustos culinarios, sino para explicarles una historia sobre dos hermanos. Dichos jóvenes marcaron un antes y un después en el mundo de la noche, desbarajustando todas las reglas y creencias que los "no-muertos" y otros seres sobrenaturales tenían en concepción de sus especies. Estos chicos fueros tachados de renegados, y aún hoy mucha gente los quiere ver destruidos por completo. El porqué de todo esto lo detallaré más adelante, pero podría decirse que fueron más humanos y no-humanos que cualquier otro ser. Y eso, precisamente, es lo que hizo que sucediera lo que nadie quería experimentar tras milenios de una vida en las sombras: darse a conocer.
Pero esto es adelantarse en los acontecimientos.
Hasta llegar a ese punto sucedieron muchas cosas. Tantas que, para poder comprenderlas bien, tendré que empezar desde el principio. No será fácil detallarlo todo, pues mi memoria no es precisamente buena y, además, pronto caeré en letargo de nuevo sin saber cuándo volveré a despertar. Así que siéntense, sírvanse una buena copa de vino y escuchen atentamente mi relato porque, les guste o no, esta será la única vez que lo cuente. Con todo esto, lo que hagan después de conocer la verdad tras mis palabras quedará bajo su propia responsabilidad. Digo esto porque, una vez termine, ya no volverán a ser los mismos que fueron antes de entrar por la puerta.
¿Todavía quieren seguir?
Entonces comencemos con la historia de Los Hermanos Nocturnos.
Tras el prólogo, aquí el primer episodio:
Capítulo 1

La noche caía en un bar de Sevilla, putrefacto de un olor a sudor varonil y el aroma de las prostitutas recién salidas del trabajo casual. En una barra llena de jarras cristalinas medio vacías, permanecía sentado cual pensador griego un joven delgado y de cabello castaño. Los ojos color miel del chico clavaban la mirada en el vaso que tenía enfrente de sus narices, inundado por un pintoresco zumo de tomate que poco encajaba en el antro alcohólico donde yacía.
—¿Lo vas a tomar o no?
El hombre a cargo de la barra, el cual era muy barbudo y llevaba un parche en el ojo izquierdo que recordaba a un pirata, contemplaba al muchacho que permanecía absorto ante aquél licuado vegetal. El crío, a sus ojos, tenía una incomprensible belleza; un aura que parecía atraer a todo el que prestara atención a su figura, y que a su vez les despertaba la sensación de alejarse lo máximo posible de la misma. Mientras tales emociones recorrían vagamente la mente del corpulento barman, el chico misterioso comenzó a sacar sus finas y pálidas manos de su negra chaqueta.
—Claro, perdona tío.— respondió el muchacho —¿Cuánto has dicho que era?
El hombre del parche se lo quedó mirando por unos instantes, extrañado del hecho de que quisiera pagar antes de tomar el pedido, y seguidamente respondió:
—Serán unos quince euros, chico.
El joven abrió los ojos, no fue lo suficientemente exagerado como para llamar la atención del barman pero sí lo suficiente como para notarse la sorpresa que mostraba en ellos.
—¿Quince pavos?— espetó —¿Es en serio?
El hombre del parche le dirigió una mirada molesta y respondió:
—No te quejes, para empezar viniste aquí pidiendo un maldito zumo de tomate; aquí solo se vende alcohol chico, así que te hice un Bloody Mary. Debería agradecerme por los quince, pues normalmente es más caro de lo que te cobro.
—Bloody Mary…
Los ojos color miel del muchacho parecieron iluminarse misteriosamente, como si el tono marrón hubiera adquirido un color parecido al carmesí; acto seguido, saco de su billetera unos veinte euros y se los dio al barman.
—Toma, quédate con el cambio… hoy me has alegrado la noche.
Dicho esto, el joven se tragó el largo vaso de un solo trago y se puso en pie. Mostrando una notable media sonrisa, que parecía sacada de un cómic debido a la falta de arrugas expresivas en su rostro, se dirigió hacia la salida del bar.
El barman, viendo como el chico se marchaba, no pudo evitar pensar en voz alta.
—Menudo crío más raro, si no fuera por el carnet ni me hubiera creído que era mayor de edad… Estos jóvenes de hoy en día cada vez me sorprenden más.
Pero algo sucedió antes de llegar a la salida.
Un hombre, de rubio cabello largo y gabardina grisácea, paró en seco al muchacho nada más verlo. Los ojos rojos del desconocido, iluminados tras sus gafas de montura metálica, eran tan rojos que parecieran bañados en el Bloody Mary recién tomado del excéntrico joven.
—¿Eres uno de los hermanos Collingwood?
El joven, como si hubiera sido afectado por alguna clase de afrodisíaco, echó una femenina mirada al hombre de melena rubia y puso su mano en el pecho de éste.
—Puede… ¿Qué se le pierde al señorito Malfoyado?
El individuo de la gabardina, ofendido tras aquellas palabras, agarró con fuerza la muñeca del joven y, estirando hacia si mismo, hizo que sus frentes chocaran cual peonzas de madera.
—¿De qué vas?
El joven moreno, sin dejar a un lado su morbosa sonrisa, murmuró:
—Vaya, parece que ya nadie lee Harry Potter…
Dicho esto, un rodillazo emanó de los ajustados y oscuros tejanos del muchacho moreno; impactando en el estómago del hombre rubio, pudo notarse la potencia del golpe al resquebrajarse los tablones de madera que formaban el suelo a sus pies. El individuo de la gabardina salió disparado hacia una esquina del bar, destrozando la pared correspondiente a ésta.
Gritos se oyeron por parte de las prostitutas, que despavoridas corrieron hacia las escaleras que daban al piso superior; otras en cambio decidieron quedarse a contemplar el espectáculo, una vez pudieron ver asombradas como el hombre rubio se levantaba ileso del suelo.
No era ninguna broma, el hombre no tenía ni un solo rasguño más que las roturas de la vestimenta.
—Eres de los persistentes eh…— murmuró el joven moreno, mostrando esta vez una expresión cálida que recordaba a una madre viendo a su retoño. Un rostro demasiado excéntrico respecto a la situación dada.
—No quería matarte delante de humanos, pero tú lo has querido.
EL hombre rubio se quitó la gabardina gris, y pudo contemplarse un cuerpo esbelto cubierto de una fina camisa blanca; casi tanto como la piel de mármol que acompañaba ésta, y que mostraba unos músculos cada vez más tensos.
Estaba preparándose para el contraataque.
—Mi nombre es Blaz y he venido a castigarte, hereje de las Creencias Ancestrales.
Por la mirada del muchacho, que permanecía rascándose su media melena con gesto de indiferencia, aquello no le sorprendía en lo más mínimo. De hecho, muy seguramente, ya conocía de qué iba todo aquello.
—¿Otra vez con esa mierda?— espetó con tono despreciativo —¿Pero qué os pasa a los creyentes? Estáis como una puta cabra, en serio.
Fue decir esto, y Blaz saltar a una velocidad sónica sobre el joven moreno. Le asestó un puñetazo tan potente que pudo verse como salió volando por los aires, terminando por estrellarse justo en la barra principal del bar; las estanterías, momentos antes llenas de botellas con bebidas alcohólicas, quedaron totalmente destrozadas tras el impacto. Un grito de rabia pudo escucharse por todo el bar, proveniente de los clientes que hacían de espectadores.
—Ya cállense, joder… malditos borrachos.
Del bolsillo en su negra chaqueta, el chico sacó una deslumbrante navaja; aquella arma claramente rompía las leyes en cuanto a longitud de hoja, por no mencionar ya que no estaba del todo limpia pudiéndose ver algo de sangre seca en ella.
El muchacho se levantó, y pudo verse cómo sus heridas se curaban en cuestión de parpadeos. Aquél joven no era humano, no podía serlo.
—Está bien, lo confieso…— comentó el chaval —Soy uno de los hermanos que mencionas, de hecho yo soy Ethan… el mayor de los dos.
Al escuchar esto, el hombre rubio quedó todavía más tenso y comenzó a echarle una mirada asesina al joven Collingwood.
—Desgraciado, no tienes vergüenza ninguna.¡¿Cómo puedes estar sonriendo?!
Ethan quedó pensativo por un momento y, tras darle muchas vueltas a la cabeza, cosa que realmente solo duró unos instantes, respondió:
—Una vez me dijeron que a mal tiempo, buena cara.
Y, dicho esto, como si se hubiera tele-transportado, apareció justo delante de Blaz y le cortó la cabeza bajo el afilado acero de su navaja; todo en un sencillo gesto que, como si de un tenista profesional se tratase, dejó entrever una elegancia tan sublime como contradictoria.
Un silencio inundó el bar por completo.
Las prostitutas observaban petrificadas al joven desde las escaleras, mientras el resto de la clientela, así como el servicio de camareros y camareras, luchaban por reaccionar estupefactos ante lo sucedido.
Guardando su navaja, una vez ya limpiada con un pañuelo que llevaba en el tejano, quedó mirando un poco extrañado alrededor y, dibujando de nuevo su amplia e inocente sonrisa, se dirigió al hombre del parche que aún permanecía en la barra.
—¡Ey barman!— exclamó —¡Una ronda de Bloody Mary para todos! Hoy invito yo.





