Mort dans la vie

No espero una gran aceptación de vuestra parte, incluso es posible que borren este tema debido a lo que estoy a punto de publicar; pero, aun así, de algún modo siento que debo hacerlo. Este no es más que un pequeño hueco, muy vacío y escarchado, de mi corazón; es la muerte en vida la que aquí reflejo, al menos así lo intento.
Como esta será una zona libre mixta, podrán observar todo tipo de publicaciones; desde poesías cursis, pasando por algún que otro drabble, hasta textos sin clasificación alguna. Uno de tales textos mencionados, curiosamente, será mi primera muestra para este tema. Espero haber sido lo suficientemente suave, dentro de lo allí dentro se cuenta.
Tras toda esta explicación, solo me queda dar gracias y decir que ojalá disfruten de mis palabras.
Caballero de lienzo blanco
Házmelo, suave y detenidamente; hazme olvidar el dolor, condena eterna en lo más profundo de mi corazón. Penetra mi ser hasta llegar al alma, busca en ella la respuesta a mi conducta; no importan las lágrimas, tienes mi sincero permiso.
Abrázame, pero hazlo de modo que no le recuerde; necesito dejar de pensar en él, de imaginarle cada vez que hago cualquier cosa. Puedo verle incluso en el reflejo del agua, de una simple cuchara. Me vuelve loca, vuélveme más loca para recuperar mi cordura. Lo necesito, hoy aquí, de tu cariño.
Me siento sucia, pero no piensas detenerte y no puedo controlarme; era necesario, el romper las cadenas de ésta forma tan deplorable. De no ser así jamás hubiera salido de la jaula de su esencia, pero tú como héroe recatas salvajemente a esta doncella. Poco a poco, acelerando, en un vaivén digno del viento de los cielos; un oleaje traído de los siete mares, ráfaga de truenos en mi cuerpo son más potentes que los del señor del Olimpo. No pares, no me abandones en mi huída.
Sécalas, así tan suave y cálidamente, mis lágrimas derramándose por las mejillas; saborea mi despecho antes de que reniegue de tu dotes, consúmelo hasta que no quede nada más que falsa y grata felicidad. La oscuridad, vieja aliada, te ayudará en tu fuerte batalla carnal. No descuides, podría ser fatal el que volviera a pensar; no dejes que piense, no debes. Vigila las muñecas heridas, su sangre todavía mancha las sábanas cual semana incómoda; bebe de ellas, toma mi alma y arráncasela de sus indignos brazos.
Dáme más, de tu adicta salvación; empiezo a perder la cabeza, mi cuerpo ahora es fuente de aguas termales; desembocando en tu océano, tan inmenso y místico. Di mi nombre otra vez, para que así sepa que no eres la voz que querría escuchar.
Abrázame, pero hazlo de modo que no le recuerde; necesito dejar de pensar en él, de imaginarle cada vez que hago cualquier cosa. Puedo verle incluso en el reflejo del agua, de una simple cuchara. Me vuelve loca, vuélveme más loca para recuperar mi cordura. Lo necesito, hoy aquí, de tu cariño.
Me siento sucia, pero no piensas detenerte y no puedo controlarme; era necesario, el romper las cadenas de ésta forma tan deplorable. De no ser así jamás hubiera salido de la jaula de su esencia, pero tú como héroe recatas salvajemente a esta doncella. Poco a poco, acelerando, en un vaivén digno del viento de los cielos; un oleaje traído de los siete mares, ráfaga de truenos en mi cuerpo son más potentes que los del señor del Olimpo. No pares, no me abandones en mi huída.
Sécalas, así tan suave y cálidamente, mis lágrimas derramándose por las mejillas; saborea mi despecho antes de que reniegue de tu dotes, consúmelo hasta que no quede nada más que falsa y grata felicidad. La oscuridad, vieja aliada, te ayudará en tu fuerte batalla carnal. No descuides, podría ser fatal el que volviera a pensar; no dejes que piense, no debes. Vigila las muñecas heridas, su sangre todavía mancha las sábanas cual semana incómoda; bebe de ellas, toma mi alma y arráncasela de sus indignos brazos.
Dáme más, de tu adicta salvación; empiezo a perder la cabeza, mi cuerpo ahora es fuente de aguas termales; desembocando en tu océano, tan inmenso y místico. Di mi nombre otra vez, para que así sepa que no eres la voz que querría escuchar.





Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
