Encrucijada del Destino I
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"Encrucijada del Destino I"
¿Qué pasa cuando tu ser interior entra en dudas? Nicolás es un agente especial de la policía de investigación, tiene uno de los cargos más importantes en los que está obligado a organizar para encontrar criminales de potenciales delitos. Daniel King, importante empresario ha sido asesinado de una manera extraña, particular y con pistas que llevarán a Nicolás a equivocarse constantemente. Mientras tiene que lidiar con una relación de más que amistad con su compañera, especialista en psicología criminal. Por el otro lado está Joseph, un tipo adicto a los excesos, las drogas y a la noche que mantiene un vínculo con el empresario. Las decisiones que tome Nicolás serán vitales en el desarollo de la historia, pero ¿qué sucede cuando tu profesionalismo se ve comprometido por causas interiores y personales?
Serie I: La búsqueda
Serie II: Vida y Muerte
Capítulo I - Nicolás
"La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano."
—Friedrich Nietzsche
Dos hombres de aspecto agotado miraban con recelo a Nicolás, esperaban una respuesta de él que le diera la posibilidad de hacer algo y poder volver a casa. Pero Nicolás no los dejaba la situación se había salido de su control, mientras sus miradas se encontraban llenas de rencor y hostilidad, Nicolás pronunció la orden que esperaban:
—Ignoren el protocolo y vayan a investigar sin un equipo, no lo necesitan. Si surge algo en el camino llámame a éste teléfono —el jefe abrió un cajón de su escritorio y sacó un teléfono celular de aspecto antiguo y se lo pasó a uno de ellos— cuando me necesites, llámame al único número de la agenda, te responderé de inmediato. Cuando vuelvan, lo rompen y bótenlo en basureros separados por al menos dos manzanas.
—Jefe, yo no creo qu... —dijo uno de sus subordinados pero no lo dejó terminar.
—Nada que decir, tienen veinticuatro horas.
Ambos subordinados se pararon de sus asientos y salieron del despacho lo más rápido posible. Su mirada había cambiado cuando le habían dado órdenes, toda la hostilidad había sido reemplazada por extrañeza.
Pero la cara de Nicolás seguía manteniendo una misteriosa mezcla de preocupación, aversión y miedo.
En sus manos movía la placa que le habían entregado el día de su asenso como jefe de la brigada de investigación policial.
Se preguntó por un segundo cómo podría haber pasado aquello, momento siguiente tomó el arma que tenía en su cinturón y la cargó.
Nicolás se revolvía entre sus sábanas mientras en su mente se reproducían escenas antiguas de crímenes, sangre, niños decapitados, una investigación de más de cuatro años. Era uno de los peores casos que le había tocado enfrentar y aún tenía consecuencias: en la noche su subconsciente le hacía recordar cada detalle. El despertador chilló y se despertó de golpe, tenía húmeda toda la cara y la mitad de sus frazadas estaba en el suelo. Se levantó de inmediato al baño: no le costó nada despegarse de la cama, una práctica que había tomado desde su adolescencia.
Cuando estuvo enfrente de su espejo, se tomó el tiempo de observarse. Al menos podía dejarse una barba de dos días, su rango dentro de su trabajo lo permitía, además de ser un detalle demostraba superioridad, los subordinados tenían estrictamente prohibido tener barba. Miró sus ojos, el verde que antes solía ser brillante estaba cada vez más oscuro, su pelo con un corte perfecto, al menos no estaba nada mal para sus treinta y cuatro años.
Un día más de rutina —pensó, aunque amaba su trabajo el tiempo le había demostrado que estaba totalmente de acuerdo con un montón de reglas que debía seguir. Se hundió en sus reflexiones pero fue interrumpido cuando el teléfono sonó. Fue corriendo a buscarlo, sabía que podía ser una emergencia.
—Dime —respondió apenas contestó y revisó la hora al reloj: marcaban las 6:23 de la mañana, se volvió a cuestionar qué podía haber pasado para que lo llamaran tan temprano, era del trabajo.
—Tenemos un MB-12 con dos victimas fatales no confirmadas hasta el momento, te necesitamos de inmediato. Sucedió a las 3:51 de la madrugada cerca de las calles principales -el informante tomó un respiro- en la esquina de Centenario. Quizás deberías llegar lo más antes, necesitamos un jefe aquí, Nicolás. No es un caso como otro.
—¿A qué te refieres? —preguntó y prosiguió— tu conoces mejor que yo los procedimientos que se usan en un MB-12, esos casos no llegan a mí.
Nicolás albergaba los casos de mayor complejidad, los equipos que estaban a su disposición eran completamente aptos para realizar misiones de menor grado.
—Las dos víctimas están marcadas, en sus pechos tienen símbolos que nadie del equipo parece comprender. No hay ninguna huella dactilar completa, tampoco hay algún detalle que el posible asesino podría haber dejado, parece tener experiencia.
—¿Tenemos registrados casos con esas características?
—Ninguno, no tenemos nada parecido. No puede ser un serial, tamp...
—¿Por qué afirmas que es una sola persona? —interrumpió Nicolás.
—Las cámaras lograron captar algo pero después fueron intervenidas.
—Pero eso es imposible, las cámaras tienen un sistema de protección nuevo, la única manera sin dañar el fierro es desconectarlas desde la central de seguridad —prosiguió— ¿Identificaron a la víctima?
—Daniel King, un importante empresario del país. Se encontraba aquí por motivos de nueva fábrica. Jefe...
Pero Nicolás no lo dejó terminar.
—Llama a la psicóloga criminalista, tenemos un nuevo puzzle.
El subordinado al otro lado de la línea cortó el llamado.
Nicolás se preguntaba qué podía haber ocurrido. Los años de experiencia le repetían a gritos dentro de su mente que era imposible un asesinato se practicara así. Simbología, mutilación, una persona en específico. Las curiosidades eran la razón por qué Daniel King se encontraba en esa calle en especial y cómo la cámara se había intervenido, siendo únicamente controlada por los vigilantes a metros de ahí.
Nada encajaba, eran nuevos patrones que no conducían a ningún lado, pero la experiencia también le decía que debía estar atento: cuando algo comenzaba así significaba que se repetiría. Tendría que encontrar al asesino antes que ocurriera otro homicidio.
Necesitaba a Ana, especialista criminalista del departamento de la ciudad, ella le daría a entender un posible perfil y encontrarlo sería mucho más fácil. Pasadas investigaciones —todas con resultados excelentes— le habían demostrado cómo actuaban los psicópatas, toda la ayuda de Ana lo había llevado a situarse como un jefe criminalista a pocos años a comparación de otros. Era más joven que la mayoría de sus subordinados. Aún así todos le tenían un respeto profesional.
Ana le había contado que la mente de los psicópatas actuaba de manera brillante en mayoría de ocasiones, pero siempre se les escapaba algún detalle, la perfección estaba lejos del rango de su alcance y los eventos variables le hacían fallar en situaciones. Esta noche nada se había salido de control.
Nicolás maldijo.
No es tu día de suerte al parecer.
No, definitivamente no lo es.
También le dijo que los psicóticos o la gran mayoría desarrollaban fuerza de la nada por el hecho de que su cerebro ignora los límites establecidos por el subconsciente. Como último consejo le dijo que ellos mantenían su personalidad intacta en el fondo y seguían siendo ellos mismos, tan sólo veían las cosas de una manera diferente.
Quién pensaría que aquellos consejos le salvarían la vida.
—Ningún rastro, al parecer el criminal ha limpiado cada huella dactilar y usado guantes. La causa de muerte es aneurisma cerebral...
—Creí que había sido un asesinato —interrumpió Nicolás.
—Le inyectaron 20 gramos de endocaína, era fumador y posiblemente tuvo una lesión craneana.
—¿Cómo saben todo eso? —preguntó.
—Sus venas se colocaron azules después del atraco, la información sobre el tabaco estaba a disposición y la lesión es visible, realizamos un exámen toxicológico para comprobar.
Nicolás lo miró detenidamente.
—¿Para qué alguien mataría con una droga cuando podría hacerlo de una manera más fácil?
Para evitar la sangre.
—Para...
—Es un homicida, su misión es que muera, no le importa el medio a cómo llega a su objetivo.
Una patología extraña, quizás. Podría tratarse de algún trauma.
—Aún no tenemos la información necesaria para descartar que haya sido un sicario.
Hubieran llevado el cuerpo a otro lugar, oculto.
No, quizás querían un show mediático, era un empresario de renombre.
¿Qué hacía una persona de tal importancia en una avenida a esa hora?
—¿Estaba esperando a alguien?
—No tenemos acceso aún, lo más posible es que sí. No encontramos ningún rastro de alcohol.
—¿Cuándo llegará Ana?
—Estará aquí en veinte minutos aproximadamente —respondió el oficial— seguiré en la investigación.
Nicolás se quedó ahí mirando a todo su equipo desde lejos. Había una camioneta grande, como de ambulancia pero de un color oscuro que se mezclaba con la noche, afuera de ella habían instalado dos focos grandes -lo más posible cerca del cuerpo- para poder analizarlo. El equipo -un conjunto de 12 personas- se paseaban, algunos sacaban fotos a la escena mientras los demás veían el cuerpo o el alrededor del lugar, buscaban algo que llevara una conclusión clara. Se veía un bulto tapado cuidadosamente con una manta.
El oficial miró el cielo, la mañana estaba comenzando y aún no se veía ningún vehículo. El tráfico había sido cortado muchas calles antes. Miró a su alrededor.
No habían casas, sólo dos caminos gigantes separados por un estrecho vínculo de tierra y pasto germinando.
Las preguntas se revolvían en su mente: ¿Para qué vino aquí? ¿Cómo llegó? ¿Pretendía irse? ¿Dónde está cualquier aparato, como un celular? ¿Por qué lo asesinaron con una sobredosis y no directamente? ¿Qué eran esos símbolos? ¿Cómo la cámara había sido manipulada? ¿Por qué un empresario de renombre? ¿Quién?
A lo lejos se escucharon gritos, Nicolás levantó la vista mientras cada vez se volvían más audibles, se había perdido en un trance. Los policías lo llamaban, fue corriendo a la escena. No demoró minutos en llegar, los oficiales estaban destapando el cuerpo para mostrárselo.
—Véalo usted, es el símbolo con que lo marcaron.
(¿Un símbolo? -se dijo así mismo- ¿Lo mataron con sobredosis pero aún así lo marcan?)
Nicolás lo observó.
En ese exacto momento, juró por Dios que jamás había visto algo así.
"Este fic fue el ganador del Torneo Mundial Ficter 2013 desarollado por el alto mando Fabrix durante 12 semanas y contando con la participación de una docena de usuarios. Como resultado del la calidad, las rondas competitivas y la perseverancia se determinó dar como premio al primer lugar la entrada a Fics VIP"
"Encrucijada del Destino I"
¿Qué pasa cuando tu ser interior entra en dudas? Nicolás es un agente especial de la policía de investigación, tiene uno de los cargos más importantes en los que está obligado a organizar para encontrar criminales de potenciales delitos. Daniel King, importante empresario ha sido asesinado de una manera extraña, particular y con pistas que llevarán a Nicolás a equivocarse constantemente. Mientras tiene que lidiar con una relación de más que amistad con su compañera, especialista en psicología criminal. Por el otro lado está Joseph, un tipo adicto a los excesos, las drogas y a la noche que mantiene un vínculo con el empresario. Las decisiones que tome Nicolás serán vitales en el desarollo de la historia, pero ¿qué sucede cuando tu profesionalismo se ve comprometido por causas interiores y personales?
Serie I: La búsqueda
Capítulo 01: Nicolás 
Capítulo 02: Rojo Puro
Capítulo 03: Noches
Capítulo 04: Marionetas
Capítulo 05: Dudas y Preguntas
Capítulo 06: Escape
Capítulo 07: Joseph I
Capítulo 08: Quiebre
Capítulo 09: Conexiones
Capítulo 10: Joseph II
Capítulo 11: Lazos
Capítulo 12: Reyes y Dioses
Capítulo 02: Rojo Puro
Capítulo 03: Noches
Capítulo 04: Marionetas
Capítulo 05: Dudas y Preguntas
Capítulo 06: Escape
Capítulo 07: Joseph I
Capítulo 08: Quiebre
Capítulo 09: Conexiones
Capítulo 10: Joseph II
Capítulo 11: Lazos
Capítulo 12: Reyes y Dioses
Serie II: Vida y Muerte
Capítulo 13: El despertar
Capítulo 14: Joseph III
Capítulo 15: Gritos y Susurros
Capítulo 16: ¡La verdad duele!
Capítulo 17: Corazones Rotos
Capítulo 18: Anabella
Capítulo 19: Mentiras Verdaderas
Capítulo 20: Mente v/s Cuerpo
Capítulo 21: Caídas y Finales
Capítulo 22: Encrucijada del Destino
Capítulo 14: Joseph III
Capítulo 15: Gritos y Susurros
Capítulo 16: ¡La verdad duele!
Capítulo 17: Corazones Rotos
Capítulo 18: Anabella
Capítulo 19: Mentiras Verdaderas
Capítulo 20: Mente v/s Cuerpo
Capítulo 21: Caídas y Finales
Capítulo 22: Encrucijada del Destino
Capítulo I - Nicolás
"La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano."
—Friedrich Nietzsche
Spoiler
Spoiler
Despacho Principal — 14 de Septiembre del 2002
Dos hombres de aspecto agotado miraban con recelo a Nicolás, esperaban una respuesta de él que le diera la posibilidad de hacer algo y poder volver a casa. Pero Nicolás no los dejaba la situación se había salido de su control, mientras sus miradas se encontraban llenas de rencor y hostilidad, Nicolás pronunció la orden que esperaban:
—Ignoren el protocolo y vayan a investigar sin un equipo, no lo necesitan. Si surge algo en el camino llámame a éste teléfono —el jefe abrió un cajón de su escritorio y sacó un teléfono celular de aspecto antiguo y se lo pasó a uno de ellos— cuando me necesites, llámame al único número de la agenda, te responderé de inmediato. Cuando vuelvan, lo rompen y bótenlo en basureros separados por al menos dos manzanas.
—Jefe, yo no creo qu... —dijo uno de sus subordinados pero no lo dejó terminar.
—Nada que decir, tienen veinticuatro horas.
Ambos subordinados se pararon de sus asientos y salieron del despacho lo más rápido posible. Su mirada había cambiado cuando le habían dado órdenes, toda la hostilidad había sido reemplazada por extrañeza.
Pero la cara de Nicolás seguía manteniendo una misteriosa mezcla de preocupación, aversión y miedo.
En sus manos movía la placa que le habían entregado el día de su asenso como jefe de la brigada de investigación policial.
Se preguntó por un segundo cómo podría haber pasado aquello, momento siguiente tomó el arma que tenía en su cinturón y la cargó.
Departamento 173 — 11 de Marzo del 2002
Nicolás se revolvía entre sus sábanas mientras en su mente se reproducían escenas antiguas de crímenes, sangre, niños decapitados, una investigación de más de cuatro años. Era uno de los peores casos que le había tocado enfrentar y aún tenía consecuencias: en la noche su subconsciente le hacía recordar cada detalle. El despertador chilló y se despertó de golpe, tenía húmeda toda la cara y la mitad de sus frazadas estaba en el suelo. Se levantó de inmediato al baño: no le costó nada despegarse de la cama, una práctica que había tomado desde su adolescencia.
Cuando estuvo enfrente de su espejo, se tomó el tiempo de observarse. Al menos podía dejarse una barba de dos días, su rango dentro de su trabajo lo permitía, además de ser un detalle demostraba superioridad, los subordinados tenían estrictamente prohibido tener barba. Miró sus ojos, el verde que antes solía ser brillante estaba cada vez más oscuro, su pelo con un corte perfecto, al menos no estaba nada mal para sus treinta y cuatro años.
Un día más de rutina —pensó, aunque amaba su trabajo el tiempo le había demostrado que estaba totalmente de acuerdo con un montón de reglas que debía seguir. Se hundió en sus reflexiones pero fue interrumpido cuando el teléfono sonó. Fue corriendo a buscarlo, sabía que podía ser una emergencia.
—Dime —respondió apenas contestó y revisó la hora al reloj: marcaban las 6:23 de la mañana, se volvió a cuestionar qué podía haber pasado para que lo llamaran tan temprano, era del trabajo.
—Tenemos un MB-12 con dos victimas fatales no confirmadas hasta el momento, te necesitamos de inmediato. Sucedió a las 3:51 de la madrugada cerca de las calles principales -el informante tomó un respiro- en la esquina de Centenario. Quizás deberías llegar lo más antes, necesitamos un jefe aquí, Nicolás. No es un caso como otro.
—¿A qué te refieres? —preguntó y prosiguió— tu conoces mejor que yo los procedimientos que se usan en un MB-12, esos casos no llegan a mí.
Nicolás albergaba los casos de mayor complejidad, los equipos que estaban a su disposición eran completamente aptos para realizar misiones de menor grado.
—Las dos víctimas están marcadas, en sus pechos tienen símbolos que nadie del equipo parece comprender. No hay ninguna huella dactilar completa, tampoco hay algún detalle que el posible asesino podría haber dejado, parece tener experiencia.
—¿Tenemos registrados casos con esas características?
—Ninguno, no tenemos nada parecido. No puede ser un serial, tamp...
—¿Por qué afirmas que es una sola persona? —interrumpió Nicolás.
—Las cámaras lograron captar algo pero después fueron intervenidas.
—Pero eso es imposible, las cámaras tienen un sistema de protección nuevo, la única manera sin dañar el fierro es desconectarlas desde la central de seguridad —prosiguió— ¿Identificaron a la víctima?
—Daniel King, un importante empresario del país. Se encontraba aquí por motivos de nueva fábrica. Jefe...
Pero Nicolás no lo dejó terminar.
—Llama a la psicóloga criminalista, tenemos un nuevo puzzle.
El subordinado al otro lado de la línea cortó el llamado.
Autopista Principal — 11 de Marzo del 2002
Nicolás se preguntaba qué podía haber ocurrido. Los años de experiencia le repetían a gritos dentro de su mente que era imposible un asesinato se practicara así. Simbología, mutilación, una persona en específico. Las curiosidades eran la razón por qué Daniel King se encontraba en esa calle en especial y cómo la cámara se había intervenido, siendo únicamente controlada por los vigilantes a metros de ahí.
Nada encajaba, eran nuevos patrones que no conducían a ningún lado, pero la experiencia también le decía que debía estar atento: cuando algo comenzaba así significaba que se repetiría. Tendría que encontrar al asesino antes que ocurriera otro homicidio.
Necesitaba a Ana, especialista criminalista del departamento de la ciudad, ella le daría a entender un posible perfil y encontrarlo sería mucho más fácil. Pasadas investigaciones —todas con resultados excelentes— le habían demostrado cómo actuaban los psicópatas, toda la ayuda de Ana lo había llevado a situarse como un jefe criminalista a pocos años a comparación de otros. Era más joven que la mayoría de sus subordinados. Aún así todos le tenían un respeto profesional.
Ana le había contado que la mente de los psicópatas actuaba de manera brillante en mayoría de ocasiones, pero siempre se les escapaba algún detalle, la perfección estaba lejos del rango de su alcance y los eventos variables le hacían fallar en situaciones. Esta noche nada se había salido de control.
Nicolás maldijo.
No es tu día de suerte al parecer.
No, definitivamente no lo es.
También le dijo que los psicóticos o la gran mayoría desarrollaban fuerza de la nada por el hecho de que su cerebro ignora los límites establecidos por el subconsciente. Como último consejo le dijo que ellos mantenían su personalidad intacta en el fondo y seguían siendo ellos mismos, tan sólo veían las cosas de una manera diferente.
Quién pensaría que aquellos consejos le salvarían la vida.
Avenida Centenario (Escena del crimen) — 11 de Marzo del 2002
—Ningún rastro, al parecer el criminal ha limpiado cada huella dactilar y usado guantes. La causa de muerte es aneurisma cerebral...
—Creí que había sido un asesinato —interrumpió Nicolás.
—Le inyectaron 20 gramos de endocaína, era fumador y posiblemente tuvo una lesión craneana.
—¿Cómo saben todo eso? —preguntó.
—Sus venas se colocaron azules después del atraco, la información sobre el tabaco estaba a disposición y la lesión es visible, realizamos un exámen toxicológico para comprobar.
Nicolás lo miró detenidamente.
—¿Para qué alguien mataría con una droga cuando podría hacerlo de una manera más fácil?
Para evitar la sangre.
—Para...
—Es un homicida, su misión es que muera, no le importa el medio a cómo llega a su objetivo.
Una patología extraña, quizás. Podría tratarse de algún trauma.
—Aún no tenemos la información necesaria para descartar que haya sido un sicario.
Hubieran llevado el cuerpo a otro lugar, oculto.
No, quizás querían un show mediático, era un empresario de renombre.
¿Qué hacía una persona de tal importancia en una avenida a esa hora?
—¿Estaba esperando a alguien?
—No tenemos acceso aún, lo más posible es que sí. No encontramos ningún rastro de alcohol.
—¿Cuándo llegará Ana?
—Estará aquí en veinte minutos aproximadamente —respondió el oficial— seguiré en la investigación.
Nicolás se quedó ahí mirando a todo su equipo desde lejos. Había una camioneta grande, como de ambulancia pero de un color oscuro que se mezclaba con la noche, afuera de ella habían instalado dos focos grandes -lo más posible cerca del cuerpo- para poder analizarlo. El equipo -un conjunto de 12 personas- se paseaban, algunos sacaban fotos a la escena mientras los demás veían el cuerpo o el alrededor del lugar, buscaban algo que llevara una conclusión clara. Se veía un bulto tapado cuidadosamente con una manta.
El oficial miró el cielo, la mañana estaba comenzando y aún no se veía ningún vehículo. El tráfico había sido cortado muchas calles antes. Miró a su alrededor.
No habían casas, sólo dos caminos gigantes separados por un estrecho vínculo de tierra y pasto germinando.
Las preguntas se revolvían en su mente: ¿Para qué vino aquí? ¿Cómo llegó? ¿Pretendía irse? ¿Dónde está cualquier aparato, como un celular? ¿Por qué lo asesinaron con una sobredosis y no directamente? ¿Qué eran esos símbolos? ¿Cómo la cámara había sido manipulada? ¿Por qué un empresario de renombre? ¿Quién?
A lo lejos se escucharon gritos, Nicolás levantó la vista mientras cada vez se volvían más audibles, se había perdido en un trance. Los policías lo llamaban, fue corriendo a la escena. No demoró minutos en llegar, los oficiales estaban destapando el cuerpo para mostrárselo.
—Véalo usted, es el símbolo con que lo marcaron.
(¿Un símbolo? -se dijo así mismo- ¿Lo mataron con sobredosis pero aún así lo marcan?)
Nicolás lo observó.
En ese exacto momento, juró por Dios que jamás había visto algo así.
Spoiler
Ich gehe, weil ich bin langweilen von alles hier, Jian du bist ein Scheißer Ich danke allen, die mich all die Jahre unterstützt, Ich danke Samuz, Charro, für lehrt mich wettbewerbsfähige Schlachten. Ich danke auch Novelista für das helfen ich mit meinen Geschichten.
Von dass Flask ging, das Forum ist ein großes scheiße und Müll. Jetzt es gibt es drei Dummköpfen Moderatoren wenn meine Zeiten warne mehr als 8 und in Hackrom auch, und das war nutzlos
Ich gehe wie Demian, White sie sind groß hier. Jedenfalls ich nicht zurückkommen ich hoffe, dass alle hier erinnern mich als Slowbro
Jian du bist ein Stück Scheiße[/SPOILER]




