[Oneshot] En sombras quedó
¡Hola mundo! ¿Qué tal están?
Como parte del evento de Halloween de Centro Pokémon, decidí optar por hacer un "creepypasta"... La verdad no es un creepypasta, no soy tan ingeniosa como para agarrar algo y hacerlo... creepy...
Sin embargo, quise agarrar una teoría que me gusta mucho, ya sabrán cuando lean. Lo de lo que estoy segura es que quise intentar escribir de una manera diferente, así que creo que no salió tan bien... ya me dirán ustedes :P
“No regreses tarde” le dijeron, pero la pequeña disfrazada de Bunneary sus dulces quería. Tanta fue su avaricia que fue más allá de lo que conocía, ahora cargaba dos bolsas repletas y ninguna idea de dónde se encontraba.
Cuando decidió tratar de regresar sobre sus pasos estaba calmada, pero a medida que avanzaba su corazón se aceleraba, no reconocía nada y eso la desolaba. A cada paso que daba, más asustada estaba, llorar quería pero nadie la escucharía. El camino solo estaba y ninguna casa cerca tenía, sólo árboles de espantoso aspecto en la cercanía.
En el momento que las lágrimas comenzaron a brotar, un ruido la hizo saltar. Al voltear nada horrendo encontró, sólo era un Clefable que la vio y la saludó. Su afable mirada la tranquilizó y su sonrisa la cautivó.
Con sus pequeños ojos negros, el pokémon la interrogó: “Sola por aquí no puedes estar, si extraviada estás te puedo ayudar a regresar”.
Sus ojos azules recelaron. “No confíes en extraños” le habían enseñado. Pero se trataba de un pokémon, dulce y quizás grandulón; a su lado nada la atacaría, a aceptar no se resistía.
Asintió y el Clefable su mano le tendió.
“Qué celosos estarán mi amigos cuando les cuente que a mi casa me llevó un pokémon”, eso pensó cuando la suave mano aprensó.
Caminaron lado a lado, yendo a buen paso, pero de un momento a otro, un frío repentino a hacerle estragos en sus huesos comenzó. La pequeña abrigarse con su disfraz de algodón intentó, pero el gélido frío la tela sin problemas atravesó. La mirada al Clefable alzó y le preguntó:
“¿No tienes frío?”
El pokémon sonrió, de una manera extraña le pareció, su otra mano abanicó e intuyó que contestó: “El frío hace tiempo de importarme dejó”.
Frunció el ceño, decidida a imitar al pokémon y hacerse la fuerte, pero a cada paso que daba más pesada estaba, el frío la acalambraba. Sus articulaciones sonaban “trac-trac-trac”, hasta que llegó el momento en que no pudo más.
Se detuvo para descansar, mientras su aliento veía flotar. La mano del bondadoso pokémon soltó, recuperar el aliento intentó y en sus rodillas se apoyó.
Trató y trató, pero sus pulmones sólo aire frío pudieron recoger, entumeciéndose hasta más no poder. Su mirada elevó y con lo que se encontró nada le gustó.
El dulce Clefable le sonrió, sus enormes dientes le mostró y en sus ojos una luz carmesí brilló. Todo rastro de bondad se borró, la demencia lo suplantó, sólo maldad quedó.
“Mira bien, porque será lo último que verás. Mira detenidamente mis ojos, no hay marcha atrás. A la luz de la luna, tu tumba se erguirá. No diré que por tu desobediencia pagarás, pues eso me da igual. No eres más que alguien a quien vi pasar”.
Gritar fue su deseo, pero de su garganta no salió ni eso. Su dulce escolta en una densa sombra se convirtió, con sus ojos la aterrorizó y sobre ella la sombra se lanzó hasta que la cubrió.
Cuando la encontraron nadie la reconoció, pues su piel pegada a sus huesos quedó, pálida como la Luna que aquella noche en el cielo brilló. Gracias a su disfraz se supo de quien se trataba, adoloridos estaban mientras su madre sobre su traje lloraba.
Nadie es capaz de suponer lo que sucedió, pero de lo que seguros estaban, es que una carcajada interminable en sus oídos retumbaba.
Como parte del evento de Halloween de Centro Pokémon, decidí optar por hacer un "creepypasta"... La verdad no es un creepypasta, no soy tan ingeniosa como para agarrar algo y hacerlo... creepy...
Sin embargo, quise agarrar una teoría que me gusta mucho, ya sabrán cuando lean. Lo de lo que estoy segura es que quise intentar escribir de una manera diferente, así que creo que no salió tan bien... ya me dirán ustedes :P
En sombras quedó
“No regreses tarde” le dijeron, pero la pequeña disfrazada de Bunneary sus dulces quería. Tanta fue su avaricia que fue más allá de lo que conocía, ahora cargaba dos bolsas repletas y ninguna idea de dónde se encontraba.
Cuando decidió tratar de regresar sobre sus pasos estaba calmada, pero a medida que avanzaba su corazón se aceleraba, no reconocía nada y eso la desolaba. A cada paso que daba, más asustada estaba, llorar quería pero nadie la escucharía. El camino solo estaba y ninguna casa cerca tenía, sólo árboles de espantoso aspecto en la cercanía.
En el momento que las lágrimas comenzaron a brotar, un ruido la hizo saltar. Al voltear nada horrendo encontró, sólo era un Clefable que la vio y la saludó. Su afable mirada la tranquilizó y su sonrisa la cautivó.
Con sus pequeños ojos negros, el pokémon la interrogó: “Sola por aquí no puedes estar, si extraviada estás te puedo ayudar a regresar”.
Sus ojos azules recelaron. “No confíes en extraños” le habían enseñado. Pero se trataba de un pokémon, dulce y quizás grandulón; a su lado nada la atacaría, a aceptar no se resistía.
Asintió y el Clefable su mano le tendió.
“Qué celosos estarán mi amigos cuando les cuente que a mi casa me llevó un pokémon”, eso pensó cuando la suave mano aprensó.
Caminaron lado a lado, yendo a buen paso, pero de un momento a otro, un frío repentino a hacerle estragos en sus huesos comenzó. La pequeña abrigarse con su disfraz de algodón intentó, pero el gélido frío la tela sin problemas atravesó. La mirada al Clefable alzó y le preguntó:
“¿No tienes frío?”
El pokémon sonrió, de una manera extraña le pareció, su otra mano abanicó e intuyó que contestó: “El frío hace tiempo de importarme dejó”.
Frunció el ceño, decidida a imitar al pokémon y hacerse la fuerte, pero a cada paso que daba más pesada estaba, el frío la acalambraba. Sus articulaciones sonaban “trac-trac-trac”, hasta que llegó el momento en que no pudo más.
Se detuvo para descansar, mientras su aliento veía flotar. La mano del bondadoso pokémon soltó, recuperar el aliento intentó y en sus rodillas se apoyó.
Trató y trató, pero sus pulmones sólo aire frío pudieron recoger, entumeciéndose hasta más no poder. Su mirada elevó y con lo que se encontró nada le gustó.
El dulce Clefable le sonrió, sus enormes dientes le mostró y en sus ojos una luz carmesí brilló. Todo rastro de bondad se borró, la demencia lo suplantó, sólo maldad quedó.
“Mira bien, porque será lo último que verás. Mira detenidamente mis ojos, no hay marcha atrás. A la luz de la luna, tu tumba se erguirá. No diré que por tu desobediencia pagarás, pues eso me da igual. No eres más que alguien a quien vi pasar”.
Gritar fue su deseo, pero de su garganta no salió ni eso. Su dulce escolta en una densa sombra se convirtió, con sus ojos la aterrorizó y sobre ella la sombra se lanzó hasta que la cubrió.
Cuando la encontraron nadie la reconoció, pues su piel pegada a sus huesos quedó, pálida como la Luna que aquella noche en el cielo brilló. Gracias a su disfraz se supo de quien se trataba, adoloridos estaban mientras su madre sobre su traje lloraba.
Nadie es capaz de suponer lo que sucedió, pero de lo que seguros estaban, es que una carcajada interminable en sus oídos retumbaba.




Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.








