Recuerdos
Subo este fic que comenzó en el evento donde podréis leer los dos primeros capítulos siguiendo este enlace y buscando mi nombre en el primer post, aunque además os dejo aquí el spoiler para que hagáis menos esfuerzo, so par de vagos (??)
Una aclaración para Demian y todos los que lo lean, quisiera decir que los recuerdos de los demás fueron hablados. Es lo que le contaron a Zombino, por eso no aparece conversación, está hablando el tipo del recuerdo y contando su historia.
Y así es cómo termina la historia. No hay nada que me enfade mas que no poder esforzarme para conseguir saber cómo continúa lo que viví en el pasado.
Por suerte, es simplemente una laguna, y a partir de todo eso se perfectamente lo que hice estos últimos días, aunque ellos me dicen que no diga nada... No puedo desobecer, si no podría ocurrir algo muy malo.
Me siento rehén, no hay forma de salir de este lugar, desconozco lo qué es, pero mis amigos y yo nos referimos a esto como ''la prisión''.
Si, mis amigos, dije, hay mas gente que esta aquí conmigo, y todos compartimos una misma cosa... Recuerdos borrosos. Son esos que parecen que han quedado desvanecidos porque eran demasiado fuertes para seguir en tu mente.
Fuese cómo fuese lo que nos pasó, al menos estamos seguros de algo: salimos con vida. Aunque tampoco tenemos idea de cómo acabamos aquí, pero al menos podemos conversar entre nosotros. No damos muchos detalles del pasado, ya que es difícil hacernos a la idea de que nunca mas tendremos nuestras vivencias de vuelta con nosotros.
Acabo de despertarme. El agua de la ducha está muy fría hoy, seguramente la cortaron o se olvidaron de pagar la factura. Es común entre ellos, a pesar de tener dinero no ponen casi nada para hacernos una vida mejor. No creo que piensen mucho en nuestros sentimientos.
Lo último que he hecho ha sido secarme y vestirme con ese estúpido uniforme blanco que le dan a todos los encerrados en este cobijo. No soy mucho de modas, pero es fácil saber que esto no se lleva allá fuera, donde la gente hace la vida que quiere... No saben cuánto los envidio.
Ahora mismo me estoy mirando en el espejo. Estas últimas semanas no vinieron los encargados de la peluquería, así que mi cabello esta algo desaliñado y la barba pronto tendrá una gran cantidad de pelo. El castaño resalta en mi rostro, mis ojos son marrones y lo único que abandona esos pigmentos oscuros es mi piel clara.
Estaba a punto de salir de mi habitación, pero justo al abrir, tuve que cerrar fuertemente. Odio ese chirriante sonido, si no me equivoco lo llaman "la campana". Siempre que suena debemos levantarnos y estar preparados en menos de cinco minutos para hacer nuestra labor matutina. Cuando finalizó aquel molesto ruido, volví a abrir la puerta y me dirigí al lugar de siempre. Nunca paramos de hacer lo mismo, una rutina aburrida que hace que me pregunté "¿para que quiero seguir viviendo?" Te cuestionarías eso también si no fueses libre, un maldito preso que no puede sentir el aire fresco y está sometido a unas normas, porque de lo contrario te castigarían...
Estaba de camino a mi destino, cuanddo una dulce voz femenina me llamó:
— ¡Zombino!
Me giré para ver su rostro, aunque sabía perfectamente quién era. Estaba deslumbrante..., aunque solo puedo referirme al rostro y a su limpieza, ya que su vestimenta era la misma que la mía, con una pequeña diferencia que ajustaba el tejido a un cuerpo de hembra.
—No te me quedes mirando y espérame.
Realmente ya estaba esperándola, pues no di ni un único paso desde que la escuché.
Era mas hermosa de cómo recordaba: un hermoso cabello rubio que caía hasta su cadera, cuál semejaba estar completamente de forma paralela, menos por su bonito flequillo que iba inclinadamente hacia la izquierda, que a veces apartaba porque le molesta que toque su precioso ojo azul. Unos labios finos y rosados sin maquillar, que sacaban a relucir la belleza natural.
—Bueno, ya podemos seguir. Estas mudo hoy, eh —terminó entre risas.
—Perdona, Alex, me he despertado un poco antes de que sonara el "despertador" —comenté intentando sacarle una de sus tan elegantes sonrisas, y lo conseguí.
Fuimos directos hasta la meta, por llamarlo de alguna forma. Estuvimos todo el tiempo conversando, no intercambiábamos mucha información, ya que no hacíamos cosas muy distintas.
Simplemente escuchaba descuidadamente cada palabra que salía de su dulce boca mientras recordaba el día en que la conocí. Fue justamente en este lugar, cuándo llegué, ella ya estaba interna, así que le pregunté sobre esto. No me explicó demasiado, ya que incluso yo no podría contarte a ti como es la prisión. Creo que fue una de las pocas veces que le presté verdaderamente atención a lo que decía y no a su cuerpo. Aún siguen en mi mente cada palabra pronunciada...
Una noche fría... apenas podía sentir las yemas de mis dedos. Sentía que estaba congelada, presa de mis miedos, sin escapatoria, una puerta que no podía abrir y que si pudiera seguramente moriría...
Aún así, seguí intentándolo, sin ninguna posibilidad de conseguirlo. Vi perfectamente que el pestillo estaba echado, por lo que cambié de plan. Prefería morir antes de seguir allí mas tiempo, por lo que traté de quitarle el seguro a la puerta... Fracasé. Ese seguro simplemente aseguraba que la puerta no se abriera, pero no que yo estuviese a salvo...
Era obvio, ese trasto estaba en movimiento. Siquiera podía escapar por alguna ventana. Si salir por la puerta era mala idea, la ventana era peor. Además, estaban atrancadas, si salía por ahi terminaría clavándome los trozos de cristales rotos.
Me sentía tan agobiada, tanto como nunca antes me hube sentido. Creía que iba a abandonar este mundo con aquel sentimiento tan indeseado. Y realmente, lo hubiera deseado así. Antes que estar aquí..., mi vida ya no tiene sentido, y la tuya pronto tampoco lo tendrá.
El paisaje cambiaba muy rápido, pero no eran distorsiones, era por culpa de la velocidad. Ese vehículo iba demasiado veloz, tanto que duplicaba el límite permitido. Estaba muy asustada, pensaba que nos íbamos a chocar contra algo...
Nos encontrábamos justo en un monte, íbamos subiendo por la carretera, habían demasiadas curvas y unas vallas metálicas para impedir que nos saliéramos de la pista.
Sí, me encontraba dentro de un coche, y lo conducía la persona a la que mas odio en este mundo..., mi padre. Ese sentimiento hacia él es indescriptible, pero tenía razones para odiarle de tal manera.
Quería salir de ahí. Siquiera iba en condiciones para seguir conduciendo, apestaba a un olor, una fusión entre el humo del tabaco y el alcohol de lo que se hubiera tomado antes de meterme forzadamente en su carro.
Más de una vez le insistí en que me dejara llevarlo a mí, estaba en prácticas, no se me daba muy bien, pero lo cierto es que ambos estaríamos mas seguros, ya que no soy tan temeraria al volante.
Entonces grité... No pude sostener las ganas, aquello iba tan rápido que no le daría tiempo a tomar la curva... Rezaba a Dios para que las vallas que estaban allí colocadas sirvieran de algo... Pero no, Dios estaría dormido, porque nadie mas que yo escuchó mis predicaciones. El cacharro chocó con tanta fuerza que partió aquel mineral tan duro.
Caíamos ladera abajo... hasta que ya no hubo ladera. Íbamos en picado contra el suelo, el coche impactó, sabía que eso iba a explotar y no tenia tiempo para salir, así que me desabroché el cinturón, y caí de mala manera a la superficie. Me hice daño pero me haría mucho mas si eso llegaba a estallar, por lo que salí por aquella puerta destrozada y eché a correr por el bosque.
No conseguía ver nada, ahora tenia mas miedo, estaba ensangrentada, con cicatrices y rasguños que dudaba que pudieran curarse completamente. Me dolía tanto la pierna que cojeaba al ir deprisa, pero era lo único que me quedaba... huir de la muerte.
Ahora pienso que todo fue por mi culpa, tal vez si no hubiera chillado no habría perdido el control del automóvil... Pero ya era demasiado tarde, ya pasó y no podía hacer nada para impedirlo. No comprendo cómo no morí en el acto... Volteé todo mi cuerpo para ver lo que ocurrió detrás. Escuché una explosión y allí estaba... El cuerpo de mi padre en llamas, buscándome... Me encontró e iba a por mí. ¡Todo me parecía tan irreal!
Pero alguien quiso que uno de los dos muriera... y así fue, yo sigo viva así que ya imaginas quién se marchó... Le miraba aterrorizada, boquiabierta por todo lo sucedido, deseaba que fuera un mal sueño, ¡un puto y maldito mal sueño! Pero no fue así, ¡sabía que no fue así! Él cayó a la tierra, y entonces sopló una gran ráfaga de viento. ¡Estaba en el infierno! Aquel tremendo aire provocó que las llamas se extendieran hasta el árbol mas cercano. Desde ahí, se empezó a incendiar toda la zona forestal, tenía que huir de allí...
Le ocurre lo mismo que a mí... Justo en el momento peligroso, en el que parece que vamos a morir, ya no recordamos más. ¿Por qué pasa esto? ¿Será algo que nuestra mente quiso hacernos olvidar?¿No se da cuenta que con eso hace que queramos saber que es lo que pasó?
El camino se está haciendo largo y monótono. No tenemos mucho que contarnos... Tal vez si nos juntáramos menos sabríamos más cosas y tendríamos más tema de conversación, pero es la única que me hace sentir bien. Al pensar que tengo que cambiarla por otra persona, simplemente me pregunto "¿por quién?" Me relaciono con otros, pero no me dan esa sensación de tranquilidad que me aporta Alex.
Seguimos andando. La verdad es que voy acompañado y ya me parece eterno, me imagino como sería si estuviese yendo solo.
—Qué aburrido estás, Zombino. ¿No tienes nada que contarme? —esa incómoda pregunta que hace una mujer para meterte en un aprieto si le estás ocultando algo... Menos mal que no ocultaba nada.
—Pues no mucho, la verdad. ¿Qué sé yo que no sepas tú? Si hasta me pusiste el mote de Zombino por mi pasado —acabé riendo, para sacarle otra bella sonrisa a ella.
La verdad es que ninguno de mis compañeros me cree... Yo tampoco creería a alguien que me hubiera contado esa historia si yo no la hubiera vivido antes. Es normal, ¿no? Un mito de toda la vida como ellos, y ahora tener aquella experiencia... Es algo traumante, la verdad.
Aun así, ella me da voto de confianza y trata de hacerles ver a los demás que puede ser cierto que algún virus haya invadido la ciudad y que a nosotros no nos haya contagiado por estar aquí dentro. A veces dudan y piensan que puede ser así, ya que yo soy el integrante más reciente que ha llegado.
—Alex...
— ¿Sí? —preguntó cortésmente.
— ¿Tú crees que los peluqueros no han vuelto de hace tiempo porque..., porque el virus les ha tocado? —sí, parece absurdo, pero para mí es algo muy serio.
—Me gusta tu teoría, aunque realmente creo que es errónea.
¡¿Qué?! Me resultó bastante extraño que no me apoyara en mi hipótesis...
— ¿Por qué piensas eso?
—Porque vinieron ayer, ¿por qué crees que tengo el pelo tan bien hoy? ¡¿O es que no te has dado cuenta de cómo llevo el cabello?! —pocas veces gritaba y ponía cara de enfado... Conseguí que hiciera las dos.
—Ah, claro que me he dado cuenta, pero cómo no han ido a mi habitación...
—Normal, vinieron los que no son unisex.
— ¿Cómo?
—Solo saben peinar a las mujeres.
Se rio aunque a mí no me hizo tanta gracia. Ya podrían haber contratado a los que sepan para los dos sexos. ¿Se creen que me gusta esta barba tan "bonita"?
Me seguía pareciendo que tardábamos más de lo normal, incluso que estábamos tomando la ruta incorrecta, ya que todos los pasillos se parecen bastante, aunque no creo que Alex se equivocara con facilidad...
Iba a preguntarle si habíamos tirado por otro sitio distinto al común, pero entonces se escuchó el sonido de una puerta abriéndose. Desplacé la vista al lugar del que provenía y allí estaba... Tieso como un clavo hincado en la madera :
—Buenos días, señorito y señorita —mencionó con un tono burlón, sabiendo que no me gusta la palabra "señorito".
—Buenos días, Mike. Ya somos tres —dije riendo, pero no hacía el mismo efecto que con Alex... Me echó una mirada de odio tremenda.
—Oh, no. —rio desganado— Ya viene mi compañero de habitación, se estaba arreglando.
La verdad es que olvidé que él tenía un compañero. Y estuvimos esperándole un buen rato, tanto que me cansé de ver el rostro aburrido de ese chaval. Para tener dieciocho años, la vida no le había dado nada bueno. Con el físico que tenía poco habría ligado, tal cuál, le pregunté y me dijo que tuvo una relación, pero lo dejaron entre otras cosas porque "estaba esperando al amor de su vida"... Tal vez lo encuentre, pero no creo que él sea el amor de nadie. Sobretodo porque va a todas partes con su amigo.
El cuerpo que tiene es uno bastante gordito, tampoco llega a la extrema obesidad con más mollas que edad. La cara está llena de granos rojizos y algún que otro blanco que me hará vomitar cuándo se le salga todo ese líquido asqueroso. Tiene un largo cabello negruzco que se recoge simulando la cola de un caballo, pero por debajo de la nuca. Si a Alex le llega por la cadera, que ya es mucho, a este ni te cuento. Y no sé si tiene más oscuro el pelo o los ojos. Jamás vi un negro tan intenso en la mirada, que resalta con el uniforme blanco. Si fuese gótico creo que daría bastante miedo.
Al fin salió aquel ansiado y esperado ser y pudimos oír como se cerró la puerta. Alex suspiró:
—Qué bien va hoy.
—Siempre va bien, Alex. Y te lo agradece, nos trajeron un nuevo champú los peluqueros.
— ¡¿Qué peluqueros?! Alex, ¡¿no me dijiste que eran peluqueros para chicas?!
—Zombino, es que hoy vinieron los peluqueros para nosotros, por eso hemos tardado en salir.
Me cago en la... Para una vez que me despierto temprano, voy y me salto la cita. Y yo quejándome todo el día... Con todo lo que hemos tardado ya habrá pegado en mi puerta y se habrá ido al no haber respuesta.
Según mis cálculos ya estaríamos cerca. Alex comenzó a conversar con Mike para que no se sintiera solo, a pesar de que su amigo estuviera ahí al lado. Por lo que respeté a ambos e hice lo mismo que cuándo la vi a ella esta mañana... Retroceder al día en el que nos conocimos.
Era una noche demasiado oscura, todas las farolas apagadas porque hubo un corte eléctrico en toda la ciudad. No sabía hacia dónde iba pero aún así seguía corriendo, intentando huir de todo lo que me rodeaba.
Mi pasado... El presente y el futuro que me depararía si continuaba allí. No quería nada de eso.
Todo comenzó cuándo era pequeño. Estaba en la clase, con mis amigos. No había ningún síntoma de que algo estuviese yendo mal. Tocaba descanso, así que salimos todos a jugar. Iba con ropa rosa... Mis padres siempre quisieron a una chica, pero por problemas de salud ya no podían tener otro hijo y yo era el único, un varón. No tuvieron otra magnífica idea que comprarme todo como si fuese una nena de verdad: vestimentas ñoñas y estúpidas, algún que otro lazo que me negaba rotúndamente a llevarlo posado sobre mi cabeza y faldas que intentaba ocultar estirando la camiseta que llevase.
En ese momento, estábamos preparados para jugar al fútbol. Ninguno superaba los diez años así que éramos unos simples críos. Escogieron a los que iban a seleccionar los jugadores para su equipo. Cada uno cogía al mejor, como es lógico. Yo me había mudado por motivos de trabajo de mis padres, así que era el nuevo en la clase.
Había hecho muy buenas amistades... hasta ahí. Me dejaron para el último, y cuándo me tendrían que escoger sí o sí, me dejaron de lado y empezaron a jugar sin mí. Les pregunté que de quién era, que por qué no me habían escogido si los primeros días yo era siempre de los primeros. Pero hacían cómo si no me escucharan. Enfadado, me fui hacia un maestro, pero por el camino un amigo mío me dijo que era porque parecía una chica.
Ahora mi furia era mayor, y cuándo llegué al profesor no tuvo otra cosa que decirme que "entonces juega con las chicas". No pensé que eso pudiera afectarme de ninguna forma, así que fui con ellas. Me aceptaron alegremente y me pusieron a ser el papá. Tenía que cuidar a mi bebé y cosas de esas que hacían ellas para entretenerse. Hasta que me di cuenta que se estaban burlando de mí, no eran amigas mías, solo se estaban mofando y diciendo cosas como "este se cree que es una chica de verdad", "yo creo que de mayor tendrá más pechos tú", "¿le levantamos la falda y miramos si tiene lo que nosotras?"
Me puse en pie y me fui hacia la puerta de clase, ya estuvo a punto de sonar el timbre. Cuándo sonó y comenzó la siguiente asignatura fue un incordio, todos me miraban y se reían, los chicos comentaban que había jugado con las chicas, y las chicas seguían con sus tonterías.
Deseaba que llegara la hora de irnos a casa. Demoró bastante, hasta que ya pudimos salir.
Cuando llegué a casa no dudé ni un instante en contarle todo lo sucedido a mis padres. Entonces comenzaron a ser peores que los otros: "tienes que aceptar lo que te dicen, tal vez no se equivoquen", "ya sabes que para nosotros eres una nena, ¿por qué no dejas serlo también para los demás?" No comprendía a mis padres. ¡¿Cómo eran capaces de decirme tales boludeces?!
Me encerré en mi cuarto y empecé a llorar. En ese momento se abrió la puerta y pasó Félix. Intentó calmarme y lo consiguió. Sus palabras eran mas tentadoras que la de todos los demás, y fue él quién hizo que consiguiera aguantar diez años más en mi casa. En ese transcurso ocurrieron bastantes cosas, como el cambio de colegio y el paso de primaria a secundaria, luego al siguiente nivel de estudios.. Y lo que más fastidió a mis progenitores, mi cambio de estilo. Ahorré bastante con la paga que me daban cada semana. Era un punto bueno que tenían, mucho dinero en poco tiempo. Con todo eso me compré prendas más oscuras. Quería parecer lo que realmente era, un tío.
Eso desquició bastante a mis padres y comenzaron a insultarme y decirme grandes barbaridades. Las de menor grado eran frases como: "¡Con lo bien que te hemos educado! ¡¿Así nos tratas?! ¡Marimacho!" "¿Por qué nunca has querido hacernos felices? Solo queríamos una niñita y naciste tú, maldita escoria. ¡Podrías haberte pudrido en el infierno en vez de nacer y darme todos estos disgustos!"
Yo no podía más. Caí en depresión y comencé a comer demasiado. Mi novia me dejó porque estaba engordando y había perdido toda mi musculatura. Ni ella sabía por lo que estaba pasando... Solo Félix era capaz de comprenderme.
Un día llegué a casa y estaba todo tirado por los suelos. Mis padres me regañaron mucho y mi padre iba a darme una tremenda bofetada. No quería, pero lo tuve que contar:
"No fui yo... Enserio, fue Félix" "¿Otra vez estás con tu hipo?"
Pero no tenía hipo...
"No... No tengo hipo, papá" "¿Entonces quién es ese?"
No le encontraba ningún sentido a sus palabras.
"Mi... Mi mejor amigo" "¿Cuántas veces más vas a hacerlo, Luz?"
Así me llamaban...
"¿El qué?" "Mentirnos... Sabemos perfectamente que Félix no existe, nunca ha hablado contigo. ¿Y sabes por qué? ¡Porque es un simple hipopótamo!"
No podía dejar que menospreciaran así a Félix, así que me fui corriendo de casa. Era de noche y ya llevaba las cosas en la maleta porque venía de recogerlas del hogar de mi ex.
Se había ido la luz así que no sabía por dónde iba, todo era un caos. Sonaba a que más de un coche había chocado contra otro porque la carretera no estaba iluminada y sus luces delanteras no daban para mucho... Esas luces delanteras... Vi cómo un par de ellas se acercaban rápidamente hacia a mí y ahí fue... cuando me atropellaron.
Espero que os vaya gustando la trama ^^ (que no se sabe mucho por ahora xD )
¿Adivinan por qué un hipopótamo? ¿Eh? ¿Un usuario? (??)
Una aclaración para Demian y todos los que lo lean, quisiera decir que los recuerdos de los demás fueron hablados. Es lo que le contaron a Zombino, por eso no aparece conversación, está hablando el tipo del recuerdo y contando su historia.
Capítulo 1
Recuerdos..., todos vivimos de ellos. Nadie se salva, incluso el ser más minúsculo de la Tierra tiene estos pensamientos que te traen a la memoria algo experimentado en la vida. Pero no todos somos capaces de controlarlos a voluntad, es difícil manejar el cerebro para que considere que algo es demasiado importante como para no olvidarlo. Por ello, a veces quedan lagunas, lagunas que nos impiden saber si ciertamente lo que tenemos en mente ha ocurrido en la realidad, o simplemente es parte de la imaginación, lo que hace desecharlo al cubo de los pensamientos.
Claramente, sí hay diferencia entre uno u otro, uno es ficción, no es real, no ha pasado, incluso si creemos que puede pasar, sigue siendo un pensamiento. Pero es complejo, si en un futuro sigues recordándolo, pasa a ser un recuerdo..., un recuerdo sobre el pensamiento que maquinaste.
Pero como ya mencioné anteriormente, no es posible tener el control absoluto de esto, por lo que hay numerosos problemas que nos puede conllevar... ¿Acaso alguna vez no olvidaron una cita? Eso seguramente hizo enojar a la otra persona, ¿pero tenemos la culpa? No decidimos olvidarlo, así que no tiene por qué regañarnos.
Pero no cuento esto porque sí, no quiero daros una lección, quiero contaros algo íntimo y preocupante..., quiero contaros... mi historia.
— ¡Mierda, vienen más!
En aquel momento estaba corriendo demasiado rápido, tanto, que sentía cómo mi rostro se desfiguraba sutilmente por el viento que provocaba tal velocidad. A pesar de notar que mis piernas se estaban agotando y que pronto caería con un golpe seco al suelo, sabía perfectamente que no debía pararme ni un segundo, ya que ese segundo haría que le diese forzadamente la bienvenida a la muerte.
Era tarde, desconocía que hora podía ser, pero imagino que rondaba sobre las dos de la madrugada —si es que puedo considerar que las dos antes del amanecer se llame madrugada—. Hacía fresco, uno anormal para estar a mediados de verano, incluso afirmo con certeza que se aproximaba más a frío que a fresco.
Tenía miedo, tanto como nunca antes hube tenido. No comprendía ni un mínimo detalle de todo lo que estaba pasando. Y pensar que aquello era y será el lugar donde crecí... No consigo hacer memoria sobre el edificio exacto, siquiera de cuál es mi verdadero nombre... Por ello, todos me llaman de otra forma. Un mote, así lo llaman, yo le llamo identidad.
Debía volverme algo más nocturno si no quería caer dormido en mitad de aquella huida. Así que como cualquier animal que vive en la noche, hice uso de mis bastones oculares para poder agudizar mi vista ante tal oscuridad. Cómo si hubiese servido de algo, pude notar unos tres cuerpos más que estarían buscándome.
Me encontraba en un callejón, y la única salida eran esa o por donde había venido, pero por ahí vendrían más, podía escuchar sus pasos, sus gritos indescifrables, además, me estuvieron siguiendo de hace ya un buen rato por lo que nada me hacía pensar que no eran ellos.
Sin nada a mano, a pesar de mi ropa rasgada, inservible para cualquier decisión que tuviera que tomar en ese instante, tenía que apañármelas con lo primero que encontrara. Por suerte, vi perfectamente un gran contenedor de basura, tenía un tono verde muy oscuro, tal vez porque no le llegaba ningún rayo de luz. Las farolas y los focos estaban justamente por las entradas del callejón, y me encontraba prácticamente en el centro.
Sin dudarlo me acerqué al objeto en el que se acumulan cosas inservibles en su estado actual, debía esconderme si quería ver el próximo amanecer. Cuándo me posé frente a ello, me di cuenta que al lado había una gran escalera pegada a la pared. No tocaba el suelo, por lo que tenía que elevar más de la cuenta la pierna para llegar al primer escalón. Llegaba hasta el tejado del edificio marrón rojizo, pero al estar hecho de metal, y parecer algo oxidado, no sé si sería muy seguro, pero lo que sí sería es ruidoso, algo para nada bueno, ya que llamaría la atención de los seres que aún no captaron mi presencia porque no me encontraba en su nulo campo de visión.
No disponía de mucho tiempo para reaccionar, y menos para quedarme un buen rato pensando en la mejor opción que tomaría, por lo que recurrí a lo primero que se me paso por la mente. Levanté cuidadosamente la parte que tapaba el interior del contenedor, dejando el espacio justo para poder entrar yo. Surgió un problema, era más alto de lo que imaginé, y no podía meterme sin esfuerzo. A continuación, la abrí todo lo que pude, es decir, hasta que dio con la pared en la que estaba apoyada, y subí un poco la escalera para conseguir introducirme de un salto.
Rezaba con la poca fe que me quedaba para que no hubiera mucha suciedad ahí dentro, pero para eso tendría que haber venido recientemente algún limpiador que se encargara de llevar a reciclaje aquel contenido, pero cómo todos sabrían si estuvieran en mi piel, eso no ocurrió.
Iba perfecto, hasta que salté... La tapa se cerró fuertemente provocando un sonido algo alto e inesperado, y el material del que estaba hecho la superficie de la que me impulsé, chirrió lo suficiente para que los tipos de los que quería huir notaran mi presencia... y mi escondite.
La última oportunidad que me quedaba para sobrevivir era hacerles creer que no me encontraba allí metido, que se equivocaron al pensar que ya habían dado conmigo. No me quedaba otra, con todas las bolsas malolientes que me acompañaban empecé a ocultarme depositándolas sobre mí. Para colmo, incluso había algunas materias orgánicas sueltas, tocando mi piel cicatrizada. Algo ensangrentada, cabe destacar.
Terminé de esconderme en el momento en el que la tapa volvió a abrirse, pero esta vez, no por cosa mía. Era irónico que ahora agradeciese a Dios que nadie hubiera recogido esos desechos en ese día, justo cuando un minuto antes me quejaba por lo mismo.
Oía cómo alguien apartaba todo lo que yo había colocado para que no me visualizaran. ¿Acaso lo hicieron? No, era imposible... Pero rápidamente lo comprendí, fue un letal error mío, que puso en juego mi vida, no haberme limpiado la sangre... Ellos no se guiaban mucho por la vista, ya que escaseaban de tal, pero poseían un gran olfato como los perros.
Esos seres de piel seca, podrida, que se desprende a cachos cuando la tocas. Ellos, esos con cicatrices, con balazos que dejan que les contemples el cerebro que tan poco utilizan, ellos... Nadie creería que los había visto, pensaban que eran ficticios, incluso yo lo pensaba, pero ese día cambié totalmente de opinión. Y más aún, en el momento en el que dejaron mi cuerpo al descubierto, alcé la cabeza asustado y miré sus caras, asquerosas, con una mirada penetrante, un color verdoso que contrastaba con sus amarillentos dientes que sus agrietados y finos labios no podían tapar. Ellos, tenían olfato, pero sobretodo para la sangre como la mía. De eso se alimentan..., de sangre, y más aún de carne, poco tenía en mi escalichado cuerpo, pero lo suficiente para saciar la sed de esos, de esos a los que vulgarmente llamamos... zombies.
Claramente, sí hay diferencia entre uno u otro, uno es ficción, no es real, no ha pasado, incluso si creemos que puede pasar, sigue siendo un pensamiento. Pero es complejo, si en un futuro sigues recordándolo, pasa a ser un recuerdo..., un recuerdo sobre el pensamiento que maquinaste.
Pero como ya mencioné anteriormente, no es posible tener el control absoluto de esto, por lo que hay numerosos problemas que nos puede conllevar... ¿Acaso alguna vez no olvidaron una cita? Eso seguramente hizo enojar a la otra persona, ¿pero tenemos la culpa? No decidimos olvidarlo, así que no tiene por qué regañarnos.
Pero no cuento esto porque sí, no quiero daros una lección, quiero contaros algo íntimo y preocupante..., quiero contaros... mi historia.
Mi Recuerdo
[/center]— ¡Mierda, vienen más!
En aquel momento estaba corriendo demasiado rápido, tanto, que sentía cómo mi rostro se desfiguraba sutilmente por el viento que provocaba tal velocidad. A pesar de notar que mis piernas se estaban agotando y que pronto caería con un golpe seco al suelo, sabía perfectamente que no debía pararme ni un segundo, ya que ese segundo haría que le diese forzadamente la bienvenida a la muerte.
Era tarde, desconocía que hora podía ser, pero imagino que rondaba sobre las dos de la madrugada —si es que puedo considerar que las dos antes del amanecer se llame madrugada—. Hacía fresco, uno anormal para estar a mediados de verano, incluso afirmo con certeza que se aproximaba más a frío que a fresco.
Tenía miedo, tanto como nunca antes hube tenido. No comprendía ni un mínimo detalle de todo lo que estaba pasando. Y pensar que aquello era y será el lugar donde crecí... No consigo hacer memoria sobre el edificio exacto, siquiera de cuál es mi verdadero nombre... Por ello, todos me llaman de otra forma. Un mote, así lo llaman, yo le llamo identidad.
Debía volverme algo más nocturno si no quería caer dormido en mitad de aquella huida. Así que como cualquier animal que vive en la noche, hice uso de mis bastones oculares para poder agudizar mi vista ante tal oscuridad. Cómo si hubiese servido de algo, pude notar unos tres cuerpos más que estarían buscándome.
Me encontraba en un callejón, y la única salida eran esa o por donde había venido, pero por ahí vendrían más, podía escuchar sus pasos, sus gritos indescifrables, además, me estuvieron siguiendo de hace ya un buen rato por lo que nada me hacía pensar que no eran ellos.
Sin nada a mano, a pesar de mi ropa rasgada, inservible para cualquier decisión que tuviera que tomar en ese instante, tenía que apañármelas con lo primero que encontrara. Por suerte, vi perfectamente un gran contenedor de basura, tenía un tono verde muy oscuro, tal vez porque no le llegaba ningún rayo de luz. Las farolas y los focos estaban justamente por las entradas del callejón, y me encontraba prácticamente en el centro.
Sin dudarlo me acerqué al objeto en el que se acumulan cosas inservibles en su estado actual, debía esconderme si quería ver el próximo amanecer. Cuándo me posé frente a ello, me di cuenta que al lado había una gran escalera pegada a la pared. No tocaba el suelo, por lo que tenía que elevar más de la cuenta la pierna para llegar al primer escalón. Llegaba hasta el tejado del edificio marrón rojizo, pero al estar hecho de metal, y parecer algo oxidado, no sé si sería muy seguro, pero lo que sí sería es ruidoso, algo para nada bueno, ya que llamaría la atención de los seres que aún no captaron mi presencia porque no me encontraba en su nulo campo de visión.
No disponía de mucho tiempo para reaccionar, y menos para quedarme un buen rato pensando en la mejor opción que tomaría, por lo que recurrí a lo primero que se me paso por la mente. Levanté cuidadosamente la parte que tapaba el interior del contenedor, dejando el espacio justo para poder entrar yo. Surgió un problema, era más alto de lo que imaginé, y no podía meterme sin esfuerzo. A continuación, la abrí todo lo que pude, es decir, hasta que dio con la pared en la que estaba apoyada, y subí un poco la escalera para conseguir introducirme de un salto.
Rezaba con la poca fe que me quedaba para que no hubiera mucha suciedad ahí dentro, pero para eso tendría que haber venido recientemente algún limpiador que se encargara de llevar a reciclaje aquel contenido, pero cómo todos sabrían si estuvieran en mi piel, eso no ocurrió.
Iba perfecto, hasta que salté... La tapa se cerró fuertemente provocando un sonido algo alto e inesperado, y el material del que estaba hecho la superficie de la que me impulsé, chirrió lo suficiente para que los tipos de los que quería huir notaran mi presencia... y mi escondite.
La última oportunidad que me quedaba para sobrevivir era hacerles creer que no me encontraba allí metido, que se equivocaron al pensar que ya habían dado conmigo. No me quedaba otra, con todas las bolsas malolientes que me acompañaban empecé a ocultarme depositándolas sobre mí. Para colmo, incluso había algunas materias orgánicas sueltas, tocando mi piel cicatrizada. Algo ensangrentada, cabe destacar.
Terminé de esconderme en el momento en el que la tapa volvió a abrirse, pero esta vez, no por cosa mía. Era irónico que ahora agradeciese a Dios que nadie hubiera recogido esos desechos en ese día, justo cuando un minuto antes me quejaba por lo mismo.
Oía cómo alguien apartaba todo lo que yo había colocado para que no me visualizaran. ¿Acaso lo hicieron? No, era imposible... Pero rápidamente lo comprendí, fue un letal error mío, que puso en juego mi vida, no haberme limpiado la sangre... Ellos no se guiaban mucho por la vista, ya que escaseaban de tal, pero poseían un gran olfato como los perros.
Esos seres de piel seca, podrida, que se desprende a cachos cuando la tocas. Ellos, esos con cicatrices, con balazos que dejan que les contemples el cerebro que tan poco utilizan, ellos... Nadie creería que los había visto, pensaban que eran ficticios, incluso yo lo pensaba, pero ese día cambié totalmente de opinión. Y más aún, en el momento en el que dejaron mi cuerpo al descubierto, alcé la cabeza asustado y miré sus caras, asquerosas, con una mirada penetrante, un color verdoso que contrastaba con sus amarillentos dientes que sus agrietados y finos labios no podían tapar. Ellos, tenían olfato, pero sobretodo para la sangre como la mía. De eso se alimentan..., de sangre, y más aún de carne, poco tenía en mi escalichado cuerpo, pero lo suficiente para saciar la sed de esos, de esos a los que vulgarmente llamamos... zombies.
Capítulo 2
Fin del Recuerdo
[/b]Y así es cómo termina la historia. No hay nada que me enfade mas que no poder esforzarme para conseguir saber cómo continúa lo que viví en el pasado.
Por suerte, es simplemente una laguna, y a partir de todo eso se perfectamente lo que hice estos últimos días, aunque ellos me dicen que no diga nada... No puedo desobecer, si no podría ocurrir algo muy malo.
Me siento rehén, no hay forma de salir de este lugar, desconozco lo qué es, pero mis amigos y yo nos referimos a esto como ''la prisión''.
Si, mis amigos, dije, hay mas gente que esta aquí conmigo, y todos compartimos una misma cosa... Recuerdos borrosos. Son esos que parecen que han quedado desvanecidos porque eran demasiado fuertes para seguir en tu mente.
Fuese cómo fuese lo que nos pasó, al menos estamos seguros de algo: salimos con vida. Aunque tampoco tenemos idea de cómo acabamos aquí, pero al menos podemos conversar entre nosotros. No damos muchos detalles del pasado, ya que es difícil hacernos a la idea de que nunca mas tendremos nuestras vivencias de vuelta con nosotros.
Acabo de despertarme. El agua de la ducha está muy fría hoy, seguramente la cortaron o se olvidaron de pagar la factura. Es común entre ellos, a pesar de tener dinero no ponen casi nada para hacernos una vida mejor. No creo que piensen mucho en nuestros sentimientos.
Lo último que he hecho ha sido secarme y vestirme con ese estúpido uniforme blanco que le dan a todos los encerrados en este cobijo. No soy mucho de modas, pero es fácil saber que esto no se lleva allá fuera, donde la gente hace la vida que quiere... No saben cuánto los envidio.
Ahora mismo me estoy mirando en el espejo. Estas últimas semanas no vinieron los encargados de la peluquería, así que mi cabello esta algo desaliñado y la barba pronto tendrá una gran cantidad de pelo. El castaño resalta en mi rostro, mis ojos son marrones y lo único que abandona esos pigmentos oscuros es mi piel clara.
Estaba a punto de salir de mi habitación, pero justo al abrir, tuve que cerrar fuertemente. Odio ese chirriante sonido, si no me equivoco lo llaman "la campana". Siempre que suena debemos levantarnos y estar preparados en menos de cinco minutos para hacer nuestra labor matutina. Cuando finalizó aquel molesto ruido, volví a abrir la puerta y me dirigí al lugar de siempre. Nunca paramos de hacer lo mismo, una rutina aburrida que hace que me pregunté "¿para que quiero seguir viviendo?" Te cuestionarías eso también si no fueses libre, un maldito preso que no puede sentir el aire fresco y está sometido a unas normas, porque de lo contrario te castigarían...
Estaba de camino a mi destino, cuanddo una dulce voz femenina me llamó:
— ¡Zombino!
Me giré para ver su rostro, aunque sabía perfectamente quién era. Estaba deslumbrante..., aunque solo puedo referirme al rostro y a su limpieza, ya que su vestimenta era la misma que la mía, con una pequeña diferencia que ajustaba el tejido a un cuerpo de hembra.
—No te me quedes mirando y espérame.
Realmente ya estaba esperándola, pues no di ni un único paso desde que la escuché.
Era mas hermosa de cómo recordaba: un hermoso cabello rubio que caía hasta su cadera, cuál semejaba estar completamente de forma paralela, menos por su bonito flequillo que iba inclinadamente hacia la izquierda, que a veces apartaba porque le molesta que toque su precioso ojo azul. Unos labios finos y rosados sin maquillar, que sacaban a relucir la belleza natural.
—Bueno, ya podemos seguir. Estas mudo hoy, eh —terminó entre risas.
—Perdona, Alex, me he despertado un poco antes de que sonara el "despertador" —comenté intentando sacarle una de sus tan elegantes sonrisas, y lo conseguí.
Fuimos directos hasta la meta, por llamarlo de alguna forma. Estuvimos todo el tiempo conversando, no intercambiábamos mucha información, ya que no hacíamos cosas muy distintas.
Simplemente escuchaba descuidadamente cada palabra que salía de su dulce boca mientras recordaba el día en que la conocí. Fue justamente en este lugar, cuándo llegué, ella ya estaba interna, así que le pregunté sobre esto. No me explicó demasiado, ya que incluso yo no podría contarte a ti como es la prisión. Creo que fue una de las pocas veces que le presté verdaderamente atención a lo que decía y no a su cuerpo. Aún siguen en mi mente cada palabra pronunciada...
Recuerdo de Alex
[/b]Una noche fría... apenas podía sentir las yemas de mis dedos. Sentía que estaba congelada, presa de mis miedos, sin escapatoria, una puerta que no podía abrir y que si pudiera seguramente moriría...
Aún así, seguí intentándolo, sin ninguna posibilidad de conseguirlo. Vi perfectamente que el pestillo estaba echado, por lo que cambié de plan. Prefería morir antes de seguir allí mas tiempo, por lo que traté de quitarle el seguro a la puerta... Fracasé. Ese seguro simplemente aseguraba que la puerta no se abriera, pero no que yo estuviese a salvo...
Era obvio, ese trasto estaba en movimiento. Siquiera podía escapar por alguna ventana. Si salir por la puerta era mala idea, la ventana era peor. Además, estaban atrancadas, si salía por ahi terminaría clavándome los trozos de cristales rotos.
Me sentía tan agobiada, tanto como nunca antes me hube sentido. Creía que iba a abandonar este mundo con aquel sentimiento tan indeseado. Y realmente, lo hubiera deseado así. Antes que estar aquí..., mi vida ya no tiene sentido, y la tuya pronto tampoco lo tendrá.
El paisaje cambiaba muy rápido, pero no eran distorsiones, era por culpa de la velocidad. Ese vehículo iba demasiado veloz, tanto que duplicaba el límite permitido. Estaba muy asustada, pensaba que nos íbamos a chocar contra algo...
Nos encontrábamos justo en un monte, íbamos subiendo por la carretera, habían demasiadas curvas y unas vallas metálicas para impedir que nos saliéramos de la pista.
Sí, me encontraba dentro de un coche, y lo conducía la persona a la que mas odio en este mundo..., mi padre. Ese sentimiento hacia él es indescriptible, pero tenía razones para odiarle de tal manera.
Quería salir de ahí. Siquiera iba en condiciones para seguir conduciendo, apestaba a un olor, una fusión entre el humo del tabaco y el alcohol de lo que se hubiera tomado antes de meterme forzadamente en su carro.
Más de una vez le insistí en que me dejara llevarlo a mí, estaba en prácticas, no se me daba muy bien, pero lo cierto es que ambos estaríamos mas seguros, ya que no soy tan temeraria al volante.
Entonces grité... No pude sostener las ganas, aquello iba tan rápido que no le daría tiempo a tomar la curva... Rezaba a Dios para que las vallas que estaban allí colocadas sirvieran de algo... Pero no, Dios estaría dormido, porque nadie mas que yo escuchó mis predicaciones. El cacharro chocó con tanta fuerza que partió aquel mineral tan duro.
Caíamos ladera abajo... hasta que ya no hubo ladera. Íbamos en picado contra el suelo, el coche impactó, sabía que eso iba a explotar y no tenia tiempo para salir, así que me desabroché el cinturón, y caí de mala manera a la superficie. Me hice daño pero me haría mucho mas si eso llegaba a estallar, por lo que salí por aquella puerta destrozada y eché a correr por el bosque.
No conseguía ver nada, ahora tenia mas miedo, estaba ensangrentada, con cicatrices y rasguños que dudaba que pudieran curarse completamente. Me dolía tanto la pierna que cojeaba al ir deprisa, pero era lo único que me quedaba... huir de la muerte.
Ahora pienso que todo fue por mi culpa, tal vez si no hubiera chillado no habría perdido el control del automóvil... Pero ya era demasiado tarde, ya pasó y no podía hacer nada para impedirlo. No comprendo cómo no morí en el acto... Volteé todo mi cuerpo para ver lo que ocurrió detrás. Escuché una explosión y allí estaba... El cuerpo de mi padre en llamas, buscándome... Me encontró e iba a por mí. ¡Todo me parecía tan irreal!
Pero alguien quiso que uno de los dos muriera... y así fue, yo sigo viva así que ya imaginas quién se marchó... Le miraba aterrorizada, boquiabierta por todo lo sucedido, deseaba que fuera un mal sueño, ¡un puto y maldito mal sueño! Pero no fue así, ¡sabía que no fue así! Él cayó a la tierra, y entonces sopló una gran ráfaga de viento. ¡Estaba en el infierno! Aquel tremendo aire provocó que las llamas se extendieran hasta el árbol mas cercano. Desde ahí, se empezó a incendiar toda la zona forestal, tenía que huir de allí...
Capítulo 3.
[/b]Fin del Recuerdo
[/b]Le ocurre lo mismo que a mí... Justo en el momento peligroso, en el que parece que vamos a morir, ya no recordamos más. ¿Por qué pasa esto? ¿Será algo que nuestra mente quiso hacernos olvidar?¿No se da cuenta que con eso hace que queramos saber que es lo que pasó?
El camino se está haciendo largo y monótono. No tenemos mucho que contarnos... Tal vez si nos juntáramos menos sabríamos más cosas y tendríamos más tema de conversación, pero es la única que me hace sentir bien. Al pensar que tengo que cambiarla por otra persona, simplemente me pregunto "¿por quién?" Me relaciono con otros, pero no me dan esa sensación de tranquilidad que me aporta Alex.
Seguimos andando. La verdad es que voy acompañado y ya me parece eterno, me imagino como sería si estuviese yendo solo.
—Qué aburrido estás, Zombino. ¿No tienes nada que contarme? —esa incómoda pregunta que hace una mujer para meterte en un aprieto si le estás ocultando algo... Menos mal que no ocultaba nada.
—Pues no mucho, la verdad. ¿Qué sé yo que no sepas tú? Si hasta me pusiste el mote de Zombino por mi pasado —acabé riendo, para sacarle otra bella sonrisa a ella.
La verdad es que ninguno de mis compañeros me cree... Yo tampoco creería a alguien que me hubiera contado esa historia si yo no la hubiera vivido antes. Es normal, ¿no? Un mito de toda la vida como ellos, y ahora tener aquella experiencia... Es algo traumante, la verdad.
Aun así, ella me da voto de confianza y trata de hacerles ver a los demás que puede ser cierto que algún virus haya invadido la ciudad y que a nosotros no nos haya contagiado por estar aquí dentro. A veces dudan y piensan que puede ser así, ya que yo soy el integrante más reciente que ha llegado.
—Alex...
— ¿Sí? —preguntó cortésmente.
— ¿Tú crees que los peluqueros no han vuelto de hace tiempo porque..., porque el virus les ha tocado? —sí, parece absurdo, pero para mí es algo muy serio.
—Me gusta tu teoría, aunque realmente creo que es errónea.
¡¿Qué?! Me resultó bastante extraño que no me apoyara en mi hipótesis...
— ¿Por qué piensas eso?
—Porque vinieron ayer, ¿por qué crees que tengo el pelo tan bien hoy? ¡¿O es que no te has dado cuenta de cómo llevo el cabello?! —pocas veces gritaba y ponía cara de enfado... Conseguí que hiciera las dos.
—Ah, claro que me he dado cuenta, pero cómo no han ido a mi habitación...
—Normal, vinieron los que no son unisex.
— ¿Cómo?
—Solo saben peinar a las mujeres.
Se rio aunque a mí no me hizo tanta gracia. Ya podrían haber contratado a los que sepan para los dos sexos. ¿Se creen que me gusta esta barba tan "bonita"?
Me seguía pareciendo que tardábamos más de lo normal, incluso que estábamos tomando la ruta incorrecta, ya que todos los pasillos se parecen bastante, aunque no creo que Alex se equivocara con facilidad...
Iba a preguntarle si habíamos tirado por otro sitio distinto al común, pero entonces se escuchó el sonido de una puerta abriéndose. Desplacé la vista al lugar del que provenía y allí estaba... Tieso como un clavo hincado en la madera :
—Buenos días, señorito y señorita —mencionó con un tono burlón, sabiendo que no me gusta la palabra "señorito".
—Buenos días, Mike. Ya somos tres —dije riendo, pero no hacía el mismo efecto que con Alex... Me echó una mirada de odio tremenda.
—Oh, no. —rio desganado— Ya viene mi compañero de habitación, se estaba arreglando.
La verdad es que olvidé que él tenía un compañero. Y estuvimos esperándole un buen rato, tanto que me cansé de ver el rostro aburrido de ese chaval. Para tener dieciocho años, la vida no le había dado nada bueno. Con el físico que tenía poco habría ligado, tal cuál, le pregunté y me dijo que tuvo una relación, pero lo dejaron entre otras cosas porque "estaba esperando al amor de su vida"... Tal vez lo encuentre, pero no creo que él sea el amor de nadie. Sobretodo porque va a todas partes con su amigo.
El cuerpo que tiene es uno bastante gordito, tampoco llega a la extrema obesidad con más mollas que edad. La cara está llena de granos rojizos y algún que otro blanco que me hará vomitar cuándo se le salga todo ese líquido asqueroso. Tiene un largo cabello negruzco que se recoge simulando la cola de un caballo, pero por debajo de la nuca. Si a Alex le llega por la cadera, que ya es mucho, a este ni te cuento. Y no sé si tiene más oscuro el pelo o los ojos. Jamás vi un negro tan intenso en la mirada, que resalta con el uniforme blanco. Si fuese gótico creo que daría bastante miedo.
Al fin salió aquel ansiado y esperado ser y pudimos oír como se cerró la puerta. Alex suspiró:
—Qué bien va hoy.
—Siempre va bien, Alex. Y te lo agradece, nos trajeron un nuevo champú los peluqueros.
— ¡¿Qué peluqueros?! Alex, ¡¿no me dijiste que eran peluqueros para chicas?!
—Zombino, es que hoy vinieron los peluqueros para nosotros, por eso hemos tardado en salir.
Me cago en la... Para una vez que me despierto temprano, voy y me salto la cita. Y yo quejándome todo el día... Con todo lo que hemos tardado ya habrá pegado en mi puerta y se habrá ido al no haber respuesta.
Según mis cálculos ya estaríamos cerca. Alex comenzó a conversar con Mike para que no se sintiera solo, a pesar de que su amigo estuviera ahí al lado. Por lo que respeté a ambos e hice lo mismo que cuándo la vi a ella esta mañana... Retroceder al día en el que nos conocimos.
Recuerdo de Mike
Era una noche demasiado oscura, todas las farolas apagadas porque hubo un corte eléctrico en toda la ciudad. No sabía hacia dónde iba pero aún así seguía corriendo, intentando huir de todo lo que me rodeaba.
Mi pasado... El presente y el futuro que me depararía si continuaba allí. No quería nada de eso.
Todo comenzó cuándo era pequeño. Estaba en la clase, con mis amigos. No había ningún síntoma de que algo estuviese yendo mal. Tocaba descanso, así que salimos todos a jugar. Iba con ropa rosa... Mis padres siempre quisieron a una chica, pero por problemas de salud ya no podían tener otro hijo y yo era el único, un varón. No tuvieron otra magnífica idea que comprarme todo como si fuese una nena de verdad: vestimentas ñoñas y estúpidas, algún que otro lazo que me negaba rotúndamente a llevarlo posado sobre mi cabeza y faldas que intentaba ocultar estirando la camiseta que llevase.
En ese momento, estábamos preparados para jugar al fútbol. Ninguno superaba los diez años así que éramos unos simples críos. Escogieron a los que iban a seleccionar los jugadores para su equipo. Cada uno cogía al mejor, como es lógico. Yo me había mudado por motivos de trabajo de mis padres, así que era el nuevo en la clase.
Había hecho muy buenas amistades... hasta ahí. Me dejaron para el último, y cuándo me tendrían que escoger sí o sí, me dejaron de lado y empezaron a jugar sin mí. Les pregunté que de quién era, que por qué no me habían escogido si los primeros días yo era siempre de los primeros. Pero hacían cómo si no me escucharan. Enfadado, me fui hacia un maestro, pero por el camino un amigo mío me dijo que era porque parecía una chica.
Ahora mi furia era mayor, y cuándo llegué al profesor no tuvo otra cosa que decirme que "entonces juega con las chicas". No pensé que eso pudiera afectarme de ninguna forma, así que fui con ellas. Me aceptaron alegremente y me pusieron a ser el papá. Tenía que cuidar a mi bebé y cosas de esas que hacían ellas para entretenerse. Hasta que me di cuenta que se estaban burlando de mí, no eran amigas mías, solo se estaban mofando y diciendo cosas como "este se cree que es una chica de verdad", "yo creo que de mayor tendrá más pechos tú", "¿le levantamos la falda y miramos si tiene lo que nosotras?"
Me puse en pie y me fui hacia la puerta de clase, ya estuvo a punto de sonar el timbre. Cuándo sonó y comenzó la siguiente asignatura fue un incordio, todos me miraban y se reían, los chicos comentaban que había jugado con las chicas, y las chicas seguían con sus tonterías.
Deseaba que llegara la hora de irnos a casa. Demoró bastante, hasta que ya pudimos salir.
Cuando llegué a casa no dudé ni un instante en contarle todo lo sucedido a mis padres. Entonces comenzaron a ser peores que los otros: "tienes que aceptar lo que te dicen, tal vez no se equivoquen", "ya sabes que para nosotros eres una nena, ¿por qué no dejas serlo también para los demás?" No comprendía a mis padres. ¡¿Cómo eran capaces de decirme tales boludeces?!
Me encerré en mi cuarto y empecé a llorar. En ese momento se abrió la puerta y pasó Félix. Intentó calmarme y lo consiguió. Sus palabras eran mas tentadoras que la de todos los demás, y fue él quién hizo que consiguiera aguantar diez años más en mi casa. En ese transcurso ocurrieron bastantes cosas, como el cambio de colegio y el paso de primaria a secundaria, luego al siguiente nivel de estudios.. Y lo que más fastidió a mis progenitores, mi cambio de estilo. Ahorré bastante con la paga que me daban cada semana. Era un punto bueno que tenían, mucho dinero en poco tiempo. Con todo eso me compré prendas más oscuras. Quería parecer lo que realmente era, un tío.
Eso desquició bastante a mis padres y comenzaron a insultarme y decirme grandes barbaridades. Las de menor grado eran frases como: "¡Con lo bien que te hemos educado! ¡¿Así nos tratas?! ¡Marimacho!" "¿Por qué nunca has querido hacernos felices? Solo queríamos una niñita y naciste tú, maldita escoria. ¡Podrías haberte pudrido en el infierno en vez de nacer y darme todos estos disgustos!"
Yo no podía más. Caí en depresión y comencé a comer demasiado. Mi novia me dejó porque estaba engordando y había perdido toda mi musculatura. Ni ella sabía por lo que estaba pasando... Solo Félix era capaz de comprenderme.
Un día llegué a casa y estaba todo tirado por los suelos. Mis padres me regañaron mucho y mi padre iba a darme una tremenda bofetada. No quería, pero lo tuve que contar:
"No fui yo... Enserio, fue Félix" "¿Otra vez estás con tu hipo?"
Pero no tenía hipo...
"No... No tengo hipo, papá" "¿Entonces quién es ese?"
No le encontraba ningún sentido a sus palabras.
"Mi... Mi mejor amigo" "¿Cuántas veces más vas a hacerlo, Luz?"
Así me llamaban...
"¿El qué?" "Mentirnos... Sabemos perfectamente que Félix no existe, nunca ha hablado contigo. ¿Y sabes por qué? ¡Porque es un simple hipopótamo!"
No podía dejar que menospreciaran así a Félix, así que me fui corriendo de casa. Era de noche y ya llevaba las cosas en la maleta porque venía de recogerlas del hogar de mi ex.
Se había ido la luz así que no sabía por dónde iba, todo era un caos. Sonaba a que más de un coche había chocado contra otro porque la carretera no estaba iluminada y sus luces delanteras no daban para mucho... Esas luces delanteras... Vi cómo un par de ellas se acercaban rápidamente hacia a mí y ahí fue... cuando me atropellaron.
Espero que os vaya gustando la trama ^^ (que no se sabe mucho por ahora xD )
¿Adivinan por qué un hipopótamo? ¿Eh? ¿Un usuario? (??)

By: Yorm ^^

By: Blade : P

By: Mynor :3

By: Planta :3
Firmas

Who I am...



Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.

(por si acaso, yo voy por el 10)




