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#1

Exploradores de los Deseos

EXPLORADORES DE LOS DESEOS

Agatha, una pequeña Skitty nacida en Ciudad Rozvernia, sueña con establecer una tiranía en la Región de Trophos pero está acomplejada por su apariencia. Debido a la burla de sus hermanas Delcatty y a una escasez aguda de Rocas Lunares, Agatha decide emprender un viaje para cumplir su sueño de dominación arrastrando a su mejor amigo Rubeus, un Scizor con más sentido común que ella.




DISCLAIMER
Pokémon y todos sus personajes pertenecen a Satoshi Tajiri, Gamefreak y Nintendo, ésto sólo es fanmade con la intención de entretener a otros seguidores de la franquicia.






¡Hola mundo!

Bueno, ya algunos cuantos saben de qué va este fanfic, que comencé a escribir para el Mundial Ficter organizado por Fabri. Lastimosamente, quedé por fuera por entregar tarde (típico de mi) así que ni modo... Lo bueno es que puedo continuar este proyecto que me ha entusiasmado bastante.

Ya que ahora puedo explayarme un poco, debo admitir que cuando me inscribí en el Mundial Ficter no tenía ni la más mínima idea de qué escribir, pero tenía que ser de pokémon... ¡Por favor! Admítanlo, hay un sinfín de cosas que uno se puede inventar con nuestros adorables bichines.

Como sea, recordé que hace tiempo había creado un par de personajes, pensando en usarlos para entrar en una especie de grupo de rol en deviantART basado en Mundo Misterioso (PMD-Explorers, por si les pica la curiosidad, aunque hace poco anunciaron su cierre). Jamás tomé suficiente valor del todo por ciertas cosas: 1) Quería dibujar la historia; 2) Eso requería mucho tiempo, del cual a veces carezco; 3) Escribir no era una opción porque en el grupo se hablaba inglés. Digo esto porque tiene una historia increíble de trasfondo, cosa que fue una inspiración para mí.

Agatha, que es nuestra protagonista, quedó intacta en personalidad. Rubeus, en cambio, fue un cambio total porque, para la historia del rol, era más como una especie de sirviente para Agatha y era un Scyther (en el rol tenías que comenzar con formas básicas). Ideas fueron surgiendo, personajes ya tienen vida en mi cabeza, la historia ya tiene su final planeado... ¡Así que a escribir!

Paulatinamente, iré haciendo dibujos, pero ya veremos, recuerden que ando con EGN también xD




ÍNDICE DE CAPÍTULOS
(26/09/2013)






Spoiler
1 - Méndiga roca
2 - Paso Uno
3 - Grita alto y fuerte






Capítulo 1

Méndiga roca



“El mundo. En su vasta extensión acuna a una cantidad innumerable de maravillas, que van desde una pequeña roca brillante hasta la más imponente de las montañas. Lo mismo sucede con los seres vivos que habitan en él, pues desde la más pequeña oruga con su seda hasta el más poderoso dragón con su rugido, son fascinantes, pues cada cual tiene su lugar y su propósito en este magnífico mundo…”




— Muy bien, eso es todo lo que me interesaba que escucharas. Dime, ¿has captado la idea?

Un elegante Persian cerró un inmenso libro, de hojas amarillentas y pesada cubierta, tenía un elegante cuello blanco ajustado con un broche que mostraba un escudo familiar. El felino miraba expectante, con sus intensos ojos carmesí, a una pequeña Skitty, quien le devolvía la mirada frunciendo levemente el ceño.

— Pues, no — refunfuñó la pequeña Skitty.

El Persian, obstinado, suspiró y la miró con reproche, pero su gesto era tan exagerado que era gracioso… Seguramente, tenía bastante tiempo hablando con la pequeña y ya estaba desesperado.

— Lo que quise que entendieras con esto es, sencillamente, que tengas paciencia. Yo no poseo una mina de Rocas Lunares ilimitadas para complacerte, Agatha, por lo que paciencia es lo que te hará falta si en verdad quieres evolucionar.

— Genial, pero díselo a mis hermanas — espetó Agatha, molesta — Ni siquiera debería de ser yo quien esté recibiendo el sermón.

— Tú eres quien se está dejando acomplejar por tus hermanas, necesitaba decirte algo para animarte.

Agatha se cruzó de brazos y le dio la espalda. El Persian suspiró de nuevo.

— Agatha, me gustaría tener todo el día para hacerte entender, pero tengo mucho trabajo pendiente — dijo el Persian y enrolló con su cola un pergamino — Esta charla no ha terminado.

Y abandonó la habitación, un suntuoso estudio repleto de libros y pergaminos, tapizado con una mullida alfombra roja, hermosos cuadros alusivos al mar y un magnífico escritorio de madera oscura pulcramente pulida.

Su padre era el dueño de una compañía que se encargaba de la obtención, fabricación y distribución de objetos evolutivos, la más grande en la región de Trophos.

Agatha suspiró para liberar su estrés. Había entendido perfectamente lo que su padre quiso decirle, algo muy parecido a “las grandes cosas vienen en paquetes pequeños”, pero eso le sabía a…

El problema es que ya estaba cerca de alcanzar la edad en la que era adecuado convertirse en Delcatty, pero eso era sólo la punta del iceberg. Tenía muchas ambiciones, la dominación mundial era una de las tantas, pero siendo una Delcatty su deseo de atemorizar a todos sus enemigos se hacía añicos… No quería imaginarse siendo Skitty eternamente.

“Cómo me hubiera gustado ser un Deino, sólo por tener un hambre insaciable ya me tendrían miedo”

El pensamiento la hizo sonreír y salió del estudio de su padre.

Agatha era la menor de cuatro hermanos, un hermano (de colores extraños) y dos hermanas. Su hermano era el mayor de todos y ayudaba a su padre con la compañía, ya tenía su propia familia por lo que no lo veía muy seguido. En cambio, sus dos hermanas ridículamente mimadas aún vivían allí. Todos eran Delcatty.

Su madre era una distinguida Delcatty, conocida por ser la autora de muchos de los proyectos que habían convertido a Rozvernia, la ciudad en la que vivían, en la potencia que era ahora. Congeniaban en perfecta armonía importantes industrias y envidiables zonas residenciales, pero con sus ideas había, además, logrado que Rozvernia fuera la ciudad más limpia y ecológica de la región. Todos deseaban vivir en Rozvernia.

Cualquiera pensaría que con tales padres, Agatha tendría suficientes influencias para lograr lo que quisiera, pero ella no albergaba muchas esperanzas en la herencia que estaban construyendo sus padres ¿Por qué? Tendría que compartirlo con sus hermanos y así era imposible el control total.

Muchas veces, se había cuestionado si esa necesidad de controlarlo todo se debía a algún complejo producto de su apariencia y concluyó que tendría que resignarse a lidiar con ello.

— ¿Qué tal te fue con la lectura de la roca más pequeña?

Aquellas palabras burlonas le erizaron los pelos de la rabia. Volteó y encontró a sus hermanas, Lyra y Misha, mirándola con una sonrisa de oreja a oreja.

— Papá también nos leyó eso alguna vez — señaló Lyra maliciosamente.

— Pero cuando lo hizo, nos entregó nuestras Rocas Lunares — dijo Misha, riendo entre dientes — ¡Espera! ¿A dónde vas?

No se molestó en contestarles.

Hasta ahí, ya estaba, había llegado al llegadero, la llevó quien la trajo, se armó la gorda… ¡Ya estaba cansada! ¡Estaba furiosa! Ya basta de la Agatha que pisoteaban por ser la más pequeña, ya era hora de luchar por sus sueños: destrozar los de otros.

Pero en el camino a su habitación, se tropezó… bueno, se estrelló contra alguien.

— ¿Agatha? ¿Te pasa algo?

Aquella voz… Agatha levantó la mirada y encontró a su mejor amigo, un Scizor llamado Rubeus, que la observaba extrañado.

En vez de responderle, Agatha sonrió de oreja a oreja, de una manera siniestra que advirtió a Rubeus de que algo malo estaba maquinando la retorcida cabecita de la Skitty.

— ¡Excelente, Rubeus! ¡No tienes idea de lo magnífico que es que hayas venido a mi casa hoy! ¡Sígueme!

— Pero… Agatha… – balbuceó Rubeus alarmado, pero ya la Skitty había desaparecido escaleras arriba — Ay, Arceus, ¿qué estará inventado ahora?

Rubeus subió tranquilamente las escaleras a pesar de su preocupación y se dirigió directamente a la habitación de Agatha. Como encontró la puerta cerrada, tocó por educación.

— ¡No seas tonto y pasa de una vez!

Rubeus se encogió de hombros al escuchar el grito y torció los ojos. Santa Blissey. Hizo como pudo para abrir la puerta, siempre ha tenido problemas con las perillas, y se agachó un poco para cruzar por el marco; sin duda, era una casa diseñada para felinos.

Al entrar, vio que Agatha iba de un lado a otro, revisando en sus cajones, en su armario y debajo de su cama, buscando quién sabe qué.

— Ehm... Sería bueno que comenzaras a explicarme lo que pasa — dijo Rubeus, cerrando la puerta detrás de él y siguiéndola con los ojos —. Por favor, dime que no es otro frenesí provocado por tus hermanas.

— Algo así — respondió Agatha, riendo nerviosamente, pero ante la mirada reprobatoria del Scizor, agregó: — No me mires así, ésta vez es en serio. Me voy a ir y comenzaré a armar mi futuro…

— ¿Ese en el que esclavizas a toda Trophos y obligas a tus hermanas a limpiar las calles de Ciudad Poluta con sus lenguas? — dijo Rubeus, cruzándose de brazos y levantando una ceja.

— Ese mismo — dijo Agatha con una gran sonrisa llena de satisfacción, haciendo que Rubeus deseara tener palmas para poder estamparlas contra su rostro.

— Agatha, yo sé que esto se debe a que no has podido conseguir una Roca Lunar — dijo él, finalmente — En serio, deberías ir con el Dr. Hypotius para que te revise, no es normal que cada dos por tres te entre la necesidad de irte a lo loco a recorrer el mundo…

— ¡El Dr. Hypotius es un pedófilo! ¿Te imaginas que yo vaya a su consultorio con ésta pinta que me gasto? — bufó Agatha, haciéndose la ofendida.

— Buen punto — dijo Rubeus, escandalizado porque sí que tenía la razón.

— Mi problema no es si evoluciono o no — suspiró Agatha, deteniendo la exhaustiva revisión de su cuarto — Mi verdadero dilema es que todo el mundo me subestima por como luzco, mi apariencia no me está permitiendo sumergir a la región en caos, dolor y desesperación.

— No puedo creer que en serio esas sean tus intenciones… — dijo Rubeus, deseando de nuevo tener palmas.

— No sólo mías — dijo Agatha, negando con la cabeza y dibujando una sonrisa que no le gustó para nada al Scizor — ¡Tuyas también! ¡Porque te vienes conmigo!

— ¡¿Qué has dicho?!

— Lo que escuchaste, así que mejor ve a tu casa a recoger tus cosas, porque partimos ésta noche — dijo Agatha con naturalidad, como si nada le pasara a su amigo.

— No lo haré, Agatha, no voy a salir de la ciudad para que luego lloriquees por regresar.

Rubeus se volvió a cruzar de brazos, frunciéndole el ceño. Agatha volteó a verlo y de sus ojos comenzaron a asomarse unas lágrimas.

— Ah, no — dijo el Scizor, frunciendo aún más el ceño — Yo sé perfectamente cuando estás llorando en serio y cuando estás usando Llanto Falso, así que no lograrás nada con…

Entonces, Agatha dejó de llorar y sus ojos se abrieron desmesuradamente.

Rubeus dio un paso hacia atrás.

Normalmente, un Skitty no abre sus ojos, no lo necesitaban, podían ver a través de sus párpados perfectamente, no se explicaba, pero lo hacían. Quizás los inmensos ojos violeta de Agatha eran tan escalofriantes por eso, era su mejor técnica de persuasión e intimidación, era bizarro que una cara tan adorable se volviera tan siniestra con sólo abrir los ojos… Rubeus lo detestaba con toda su alma.

— Está bien, está bien, iré contigo, pero ya cierra los ojos.

— ¡Excelente! — chilló Agatha eufóricamente, cerrando sus ojos al instante – Partiremos esta noche, así que ve a tú casa y recoge tus cosas. Nos vemos luego.

Agatha estaba tan emocionada que logró abrir la puerta y empujar a Rubeus fuera de su cuarto, dejándolo sólo en el pasillo con un intenso remordimiento de conciencia. Y él que sólo quería preguntarle si quería matar tiempo en el parque.

Suspiró y se propuso a hacer lo que Agatha le decía, estaba seguro que ella cambiaría de opinión y lo llamaría para cancelar, alegando que no podría vivir sin sus ponquecitos de chocolate rellenos de crema.

¿Pero y si no era suficiente para hacerla cambiar de opinión?

Caminó hacia las escaleras, pero se detuvo cuando se dio cuenta de que alguien estaba en el pasillo, mirándolo atentamente.

— Me lleva el Darkrai — musitó entre dientes al ver de quién se trataba.






Capítulo 2
Paso Uno



— ¡Por fin! — gritó Agatha alegremente.

Habían pasado dos semanas desde su partida de Rozvernia y por fin vislumbraban su destino a lo lejos. Alzándose hacia los cielos e incrustada en un valle estaba la ciudad más grande y la principal de Trophos: Ciudad Capital.

Uno de los mayores sueños de Agatha era conocer Ciudad Capital, por ello la emoción la invadía a tal punto que no podía dejar de pegar saltitos y murmurar incoherencias. En cambio, Rubeus veía con recelo la silueta difusa de la ciudad en la lejanía.

Él jamás había salido de Rozvernia, pero sabía lo suficiente de Ciudad Capital como para decidir jamás salir de su ciudad natal.

Ciudad Capital era una de las locaciones más populares de Trophos y a la cual todos deseaban ir a vivir. Ello se debía a la facilidad de encontrar algo en qué ocuparse, pues el Gremio de Exploradores más importante de la región tenía establecida ahí su sede principal, pero además estaba sobre poblada, no cabía ni un alfiler más, los servicios estaban colapsados, los habitantes eran el horror y, si te descuidabas, te robaban hasta el alma. Sin duda, todo un peligro.

Pensando en el infierno al que lo estaba arrastrando la Skitty, suspiró. Era difícil creer que Agatha en serio abandonara sus ponquecitos rellenos, su determinación repentina lo tenía anonadado.

Realmente, la hubiera sobornado con muchos de esos ponquecitos si no fuera por lo que aconteció luego de la conversación que tuvieron en la habitación de Agatha.


— ¡S-señora Amatista! — balbuceó Rubeus estupefacto.

Luego de cerrar tras de si la puerta del cuarto de Agatha se había percatado de la presencia de alguien más en el pasillo. Cuando notó que se trataba de la madre de Agatha, la elegante y hermosa Amatista, a Rubeus casi le da un infarto.

— Rubeus, ¿serías tan amable de acompañarme a mi estudio, por favor? — dijo Amatista serenamente y dándole la espalda.

La Delcatty se alejó por el pasillo, bajando las escaleras mientras se contoneaba con mucha gracia, desbordando carisma en cada sutil movimiento.

Rubeus tragó saliva y la siguió sin chistar, suplicando por lo más sagrado que Amatista no hubiera escuchado su conversación con Agatha; si fuera así, seguramente mandarían a su amiga al sanatorio... Ay, Arceus, ¿por qué?

La madre de Agatha lo condujo por el primer piso hasta detenerse frente a una hermosa puerta con decorativas flores talladas. Amatista abrió la puerta y le permitió a él entrar primero. Cuando Rubeus logró pasar, no sin cierta dificultad, la madre de Agatha cerró la puerta detrás de ella, haciendo ayuda de su cola.

— Iré directo al grano, querido Rubeus — dijo Amatista, acomodándose en un mullido sofá — Escuché todo lo que hablaron Agatha y tú.

¿Hola? ¿Doctor Hypotius? Salude a su nueva paciente y a una inminente demanda por abuso sex...

— Sra. Amatista, de verdad lamento que...

— ¡Ay, no te preocupes muchacho! — dijo Amatista con voz chillona y riendo entre dientes por el gesto de pánico en Rubeus, él ya no sabía ni dónde estaba parado, no podía con tanto… — Sé cómo es Agatha, querido, soy su madre después de todo, ¡doh!

— ¡Un momento! — soltó Rubeus de inmediato, estaba contrariado, pero acababa de recordar lo peculiar que era la madre de Agatha, nunca estaba seguro de qué esperar de ella — ¿Usted no está molesta por...?

— ¡Para nada, corazón! — dijo Amatista, desechando la preocupación del joven con el movimiento de su pata; aún así, su repentina voz chillona no ayudaba — De hecho, lo de Ciudad Poluta es épico, yo debería poner a unos cuantos en ello — agregó maliciosamente y con un tono de voz completamente distinto. No cabía duda de a quién había salido Agatha. Ella continuó: — Volviendo al tema, todos sabemos cómo es Agatha, querido. ¿Cuántas veces ha dicho que se va? Perdí la cuenta a partir de mi cuarta pata…

Él no pudo evitar fijarse en la falta de dedos de Amatista. Haciendo memoria y calculando, ella seguramente habría dejado de contar cuando estaban en el Nivel Básico de la Escuela de Entrenamiento, específicamente, al segundo día.

— Eso es muy cierto — suspiró Rubeus, sintiéndose aliviado de que el Dr. Hypotius se mantuviera lejos de su amiga — Lo de Agatha es una locura sin duda, jamás habla en serio. Me preocupaba que usted...

— Sin duda es una locura — dijo Amatista interrumpiéndolo, con una extraña sonrisa que no le gustó para nada a Rubeus — Pero ya es hora de que Agatha cambie un poco, tiene que plantar las patas sobre la tierra. Esa es la razón por la que te quiero pedir, muy encarecidamente, que esta vez la obligues a viajar.

La boca de Rubeus se abrió como si se le hubiese dislocado la quijada. No podía dar crédito a lo que estaba escuchando, no podía ser cierto… Ay, por favor, que esto solo sea culpa de un Darkrai que pasó por su ventana.

— ¿C-cómo ha dicho? No estará hablando en serio...

— Te equivocas, Rubeus, te lo estoy pidiendo de todo corazón, no es ninguna broma — dijo ella severamente, había algo de tristeza en sus ojos — Agatha me preocupa mucho, ¿sabes? Yo también tenía ideas descabelladas cuando era joven, pero lo de mi pobre hija es muy distinto... — suspiró y negó con la cabeza — Ella necesita esto. Tú eres un Scizor maravilloso y si no fuera por ti, mi hija sería alguien peor de lo que es ahora. Estoy segura que aprenderá mucho si viaja contigo, tú eres la mejor influencia para mi hija, pues con un padre ocupado en los negocios y una madre súper asombrosa pero descuidada como yo… Bueno, no ha recibido la atención necesaria.
>> Por eso te suplico que esta vez la arrastres fuera de Rozvernia si es necesario. Estoy segura que contigo mi hija cambiará para bien.


Y por ello terminó en camino a Ciudad Capital.

Rubeus había dado su palabra. Incluso, cuando salieron de Rozvernia, Agatha llegó un punto en que sucumbió a una crisis de remordimiento y él tuvo que arrastrarla por una hora al menos, como había predicho Amatista.

Recordando ello y viendo la felicidad que desbordaba ahora la Skitty, no pudo evitar sonreír. Quizás no sería tan malo después de todo.

— Rubeus, deberías quitarte esa tonta bufanda — dijo Agatha repentinamente, mirando recelosamente el accesorio negro que llevaba su amigo — Ni siquiera hace frío.

— ¿Para que vuelvas a confundirme con otro Scizor? — resopló él, frunciendo levemente el ceño — No, gracias.

— ¡Ay, eso fue sólo una vez! — chilló Agatha, ofendida.

— Han sido ochenta y siete veces. Y eso sólo en los dos años que tengo desde que evolucioné — puntualizó Rubeus mientras sacaba una libreta del bolso que se encargaba de llevar y revisaba unas notas — Y cuando era Scyther, me confundiste ochocientas treinta y siete veces, de las cuales ciento veinticinco eran hembras e igual insistías en que era yo, diciendo que era imposible que yo fuera tan feo.

— ¡Eres un mentiroso! — exclamó la Skitty inflando sus mejillas y sonrojándose hasta más no poder — Admite que sólo la usas porque te la hizo mi madre. Todo el mundo sabe que si no fueras un bicho, ella ya te hubiera cogi...

En menos de un segundo, de la cabeza de Agatha sobresalía un gigantesco chichón cortesía del Puño Bala de Rubeus.

— ¡Más respeto! ¡Se trata de tú propia madre, por amor a Arceus! — gritó Rubeus muy ofendido y probablemente sonrojado, pero era imposible saberlo — No puedo creer que difames a tu madre de esa manera… — resopló de muy malhumor por los malos pensamientos de Agatha; aunque si se detenía a pensarlo, la Sra. Amatista varias veces le… Jodida gata — En vez de preocuparte por una simple bufanda, deberías pensar en qué vamos a hacer con nuestras vidas, ya que nos metiste en este lío.

— Pero si ya lo tengo todo planeado — refunfuñó Agatha, acariciándose la zona adolorida y acomodándose el lazo negro que usaba en la oreja izquierda.

— ¿Ah, si? — bufó Rubeus, mirándola escépticamente.

— Por supuesto, ¿acaso creías que me lanzaría a la aventura sin tener algún plan?

— No me extrañaría.

— Lo primero que necesitamos es dinero...

— Tenemos suficiente entre los dos para un par de meses, al menos — señaló Rubeus, revisando el monedero — Claro, sólo si podemos controlar tu vicio de ponquecitos…

— Estás entendiendo mal — dijo Agatha con una sonrisa de autosuficiencia y moviendo enérgicamente su cola - El primer paso para la dominación mundial es...

— Esto tiene que ser una broma.

— ¡Calla y escucha! - gruñó Agatha, saltando sobre el hombro del Scizor y sonriendo maliciosamente — ¿Qué sucede cuando tienes toneladas de dinero?

— Generalmente, te vuelves un monstruo codicioso, pero en tu caso no habría mucha diferencia — respondió Rubeus irónicamente.

— ¡No, tontito! — dijo Agatha riendo pero dándole un fuerte manotazo en la nuca con su cola. Sí, el comentario le molestó — Cuando posees riquezas infinitas tienes PODER. Todo se mueve de acuerdo a como lo hagan las monedas y todos tienen precio. Así que el objetivo es: ganar mucho dinero. Es nuestro primer paso para el éxito y el primer paso de mis hermanas en Ciudad Poluta.

— ¿Y cómo pretendes obtenerlo? — preguntó él lacónicamente.

— Sencillo — dijo la Skitty sonriendo malévolamente y bajando del hombro de su amigo — En Ciudad Capital hay muchos idiotas que suplican desesperadamente por soluciones a sus problemas...

— ¡¿Planeas hacerte Exploradora?! — bufó Rubeus interrumpiéndola, muerto de la risa.

— ¡Por supuesto que no! — exclamó Agatha, deteniéndose y usando su cola para elevarse unos centímetros del suelo — Yo no voy a ser una idiota que aceptará cualquier trabajo. ¿De qué me viste la cara? ¿De la Madre Chatot de Filiplibus? Sólo tomaré los de aquellos que ofrezcan jugosas recompensas...

La risotada de Rubeus la hizo callar en seco, ganándose una mirada asesina de Agatha. No entendía qué era tan gracioso, estaba hablando más en serio que nunca.

— Me imagino que sabes que para poder tomar misiones debes registrar un equipo en el Gremio de Exploradores, ¿cierto? — preguntó Rubeus, aún riendo, pero se detuvo de sopetón y la miró severamente — Considéralo bien, Agatha. Te aseguro que no querrás ganarte problemas con el Gremio de Ciudad Capital, he escuchado que son muy severos y apegados a su código. Son capaces de hacer lo que sea para que se les respete…
— ¡Bah!, son puras mentiras — dijo Agatha espantando la idea con su patita — Los exploradores son todos unos mojigatos.

Rubeus resopló y torció los ojos. Le tocaría registrar un equipo a nombre de Agatha y él sin que ella lo supiera, él si estimaba su vida a diferencia de su compañera.

La Skitty quería convencer a Rubeus a toda costa y siguió intentándolo, pero él le hizo caer en cuenta de que comenzaba a anochecer y que lo mejor era buscar un lugar dónde hospedarse, muy al pesar de Agatha que aspiraba a pasar la noche en Ciudad Capital.

Siguiendo el camino un rato más a la par de que el cielo se teñía con tonos naranjas, vieron a lo lejos lo que parecía una posada.

— Pasaremos ahí la noche — informó Rubeus, acomodándose la bufanda — Ojalá tengan cuartos...

Cuando estaban cerca de la posada, vieron cómo la puerta principal se abría estrepitosamente y alguien era echado al camino.

— ¡Y no vuelvas, vieja loca!

Cerraron de un portazo en el momento en que Rubeus se apresuraba a auxiliar a quien fuera la pobre criatura desdichada, todo bajo la disgustada mirada de Agatha.

Rubeus se agachó y ayudó a levantar a una Jynx que sollozaba, profundamente afligida. Con unas inmensas lágrimas corriendo por sus mejillas, le agradeció al Scizor su generosidad mientras él la ayudaba a levantarse.

— Rubeus, tengo sueño — dijo Agatha quejumbrosamente, tratando de recuperar la completa atención del Scizor. No le gustaba esa Jynx y no quería perder tiempo por culpa de una vieja llorona.

— ¿Señora, se encuentra bien?

— No... no... No, no, no… — contestó la Jynx con voz temblorosa y sin dejar de negar con la cabeza.

— ¡Rubeus! — insistió Agatha, frunciendo el ceño.

— ¿Qué fue lo que sucedió? — preguntó Rubeus, ignorándola — No entiendo cómo son capaces de tratar a una señora como usted de esa manera...

— Creo que... fue mi culpa... — balbuceó la Jynx — Es que perdí un muy importante objeto y estoy desesperada por recuperarlo. Pero yo no puedo...

— ¡Rubeus, tengo hambre! — se quejó Agatha, tirándose en el suelo panza arriba y sacudiendo sus patitas.

— ¡Agatha, ya basta! — la reprendió Rubeus frunciendo el ceño, molesto y avergonzado hasta decir basta por la pataleta de su acompañante. Decidió volver a concentrarse en la pobre Jynx, haciendo uso de toda su paciencia para no golpear con otro Puño Bala a Agatha — Pero señora, indistintamente, nadie tiene el derecho de tratarla así. Son unos desgraciados…

— No pienses mal de ellos. Estoy profundamente desesperada… Insisto demasiado… Yo entiendo que mi terquedad le destruya los nervios a cualquiera… — lloriqueó la Jynx con un tono de voz que dejaba ver el profundo dolor que sentía — Es que perdí "mi precioso" en un lugar muy peligroso al que no puedo ir sola. Es horrendo, por eso nadie quiere ayudarme a pesar de que estoy ofreciendo una generosa recompensa...

— ¡¿Recompensa?! — saltó Agatha de sopetón, logrando que los otros dos de asustaran y pegaran un tremendo respingo — ¿Cuánto está ofreciendo?

— Agatha... — advirtió Rubeus.

— Ofrezco… cien… mil… monedas como… recompensa — contestó la Jynx, tratando de contener sus sollozos.

— Señora… — dijo Agatha con tanto vigor que Rubeus quiso llorar, pues sabía lo que iba a suceder — Tiene ante usted a quienes la ayudarán a encontrar "su precioso".




NUEVO
Capítulo 3


Grita alto y fuerte








A espaldas de Ciudad Capital se alzaba la imponente Montaña Avalon, abrazando el valle a sus pies con recelo y separándolo de las amplias costas de Ciudad Aguamarina.

La montaña lucía hermosa a la distancia, admirada por el esplendor que la envolvía cuando era tocada por los gráciles rayos de sol que lograban atravesar las nubes en la mañana. Pero más allá de su belleza, la montaña escondía en su follaje un gran peligro; una de las razones principales por las que Ciudad Capital se esparciera por el valle, pues Avalon estaba repleta de pokémon poco amigables, principalmente fantasmas o de aquellos que solían ser tan territoriales que estaban dispuestos a matar.

Pese a las advertencias de Rubeus, ahí estaban, escalando Avalon para alcanzar la cueva en donde la Jynx decía haber perdido su preciado objeto. El Scizor tenía reparos acerca de su misión, principalmente porque no tenían idea de lo que estaban buscando, la señora sólo les dijo que su "precioso" tenía un aura especial y que ellos mismos se darían cuenta.

Rubeus se preguntaba con recelo cómo es que una Jynx terminó escalando Avalon; era difícil imaginarlo, en especial cuando la exploración de una cueva mal conocida estaba de por medio. Pero eso a Agatha parecía no importarle mucho por su alegre caminar, incluso se daba el lujo de llamarlo paranoico.

— Esto nos está tomando algo de tiempo, pero cien mil monedas lo valen — comentó Agatha cuando el silencio se le hizo insoportable.

— Deberíamos permanecer callados — advirtió Rubeus en voz muy baja, pero lo suficientemente alta para que su compañera lo escuchara —. Mientras menos ruido hagamos, el riesgo de conseguirnos a otro pokémon será menor.

— ¿Y qué si eso llegase a pasar? Con tu Puño Bala es más que suficiente, ni siquiera sabrán qué los arrolló.

— Contra fantasmas, mi Puño Bala no es muy efectivo que se diga, Agatha — gruñó Rubeus.

Entrar en batalla le preocupaba a sobremanera. No tenía experiencia contra fantasmas, pero lo que realmente lo angustiaba era la Skitty, pues lo más seguro era que ella no pelearía.

Rubeus se dejó llevar un rato, hurgando en sus recuerdos. Jamás había visto pelear a Agatha, siempre se libraba usando Llanto Falso, el único ataque que le conocía. Pensando en ello, concluyó que si se descuidaban tendrían una muerte dolorosa.

— ¿En serio no te preocupa ni un poco la situación en la que estamos metidos por tu avaricia? — bufó Rubeus al rato, molesto por la pasividad y despreocupación de Agatha.

— ¿Qué clase de tirana sería si me dejara intimidar por un cúmulo gigante de tierra y hojas? — replicó ella, sonriendo maliciosamente, haciendo que el deseo de tener palmas resurgiera en el Scizor —. Además, los pokémon fantasma me parecen geniales, yo espero tener miles de ellos a mi servicio. Si son capaces hacer temblar como hoja a un pokémon tan soberbio como tú, no me imagino qué podría lograr si los controlase.

— Perdona a tu pueblo, Arceus… — canturreó Rubeus en son de burla.

Agatha iba a darle un bofetón con la cola, pero su atención fue robada de inmediato por lo que estaban buscando: la entrada a la Cueva de la Noche, la única que podía ser vista desde Ciudad Capital y lo más atemorizante de Avalon.

A pesar de saber que en sus entrañas engendraba incontables peligros, no pudieron dejar de admirar el increíble arco de bienvenida que formaban las rocas, tan magnífico que parecía haber sido tallado con cincel. Pero la intensa negrura en su interior encerraba una promesa que los hacía estremecer.

— Bueno... — balbuceó Agatha nerviosamente, tragando saliva — Vamos por nuestras monedas.

La Skitty avanzó con paso firme, pero se le notaba el nerviosismo por como temblaban sus orejas y su cola. Rubeus admiró la decisión de Agatha y no pudo evitar sentirse un poco mal consigo mismo, puesto que no había considerado que su amiga sí estaba asustada y que, probablemente, sus comentarios sólo buscaban tranquilizarlo... a su muy peculiar manera.

Rubeus agarró aire y alcanzó a Agatha, cortándole el paso. La Skitty alzó la mirada y le frunció el ceño, pero él le sonrió afablemente.

— Tranquila, todo saldrá bien, esas monedas son nuestras.

Agatha quedó boquiabierta ante el repentino cambio de actitud de Rubeus.

El Scizor no pudo evitar reírse de la mueca de su amiga y le echó un ojo a la entrada de la cueva. Se agachó, poniendo el bolso en el suelo, y comenzó a hurgar en su interior.

— ¿Qué buscas? — preguntó Agatha con curiosidad.

— Esto — contestó Rubeus, apresando con cuidado una pequeña esfera de vidrio que lucía muy frágil —. A diferencia tuya, me tomé la molestia de tomar previsiones.

— ¿Qué es?

— Una esfera de luz — dijo Rubeus, agitando la esfera que pronto comenzó a emitir una pálida luz amarilla —. Es artesanal y muy valiosa, sólo pueden ser elaboradas por Volbeat e Illumise… algunos Pikachu también, quizás. Contienen partículas de luz, así que sólo tienes que agitar y tendrás una linterna muy práctica, especialmente porque si se apaga, agitas de nuevo y listo.

— Igual que el trasero de un Volbeat — señaló Agatha riendo entre dientes.

— Si, justo como eso — asintió Rubeus, riendo también.

— Bien, bien, mejor pongamos patas y tenazas a la obra — dijo Agatha enérgicamente, parándose en la boca de la cueva — No sabemos lo que encontraremos, tampoco estamos seguros de si hallaremos al "precioso" de las cien mil monedas, pero que este día quede grabado en la historia como el día en que la Todopoderosa Agatha y su fiel lacayo, Rubeus, conquistaron la Cueva de la Noche...

— ¡Hasta ahí estábamos bien! — gruñó Rubeus, acomodándose el bolso y la bufanda, arrepintiéndose de subirle los ánimos a la Skitty —. Deja de decir tonterías y súbete a mi hombro para que lleves la luz. Será más sencillo de atacar o huir de esta forma.

Agatha rió maliciosamente, mostrando sus afilados dientes, pero no dudó en hacer lo que Rubeus le pedía, sosteniendo la esfera con sus patitas.

Ambos le dieron un último vistazo al cielo, que comenzaba a teñirse con los primeros rayos de luz del amanecer y, conteniendo la respiración, dieron el primer paso dentro de la mal afamada Cueva de la Noche.


Caminaron cautelosamente, abriéndose paso a través de la oscuridad con la ayuda de la trémula luz de la esfera, lanzando miradas nerviosas en todas direcciones por culpa de los extraños ruidos que les ponían los pelos de punta.

Era como si arañaran las rocosas paredes del pasillo por el cual avanzaban, ocasionalmente unas risillas burlonas los desorientaban y hacían que Rubeus se detuviera en seco, y otras veces sentían que les susurraban palabras inteligibles al oído.

— Estoy comenzando a considerar mandar esas cien mil monedas a la mierda — espetó Rubeus apretando los dientes, tantos sonidos que salían de la nada le tenían destrozados los nervios.

— Yo tampoco es que considero esto un paseo por un campo de flores, pero hay dinero de por medio — replicó Agatha, arrugando la cara —. Aguanta un poco, por suerte, no es de esas cuevas con un complejo sistema de túneles. Se supone que la Cueva de la Noche atraviesa Avalon. El otro extremo da, por supuesto, a Ciudad Aguamarina... — se detuvo de sopetón al notar la mirada de extrañeza que le lanzaba Rubeus — ¿Qué?

— Me sorprende que sepas algo así de importante y yo no — contestó él, con una sinceridad abrumadora que le hizo ganarse un coletazo en la nuca.

— ¡Yo también leo, grandísimo...!

Rubeus la mandó a callar, Agatha frunció el ceño pero él le estaba pidiendo con señas que alumbrara algo, así que la Skitty agitó la esfera para que la luz agarrara más fuerza e hizo lo que le pedían.

Frente a ellos estaba una columna que se alzaba hasta quién sabe donde, pues era engullida rápidamente por la oscuridad, pero era la silueta borrosa de una mano lo que era peculiar en ella.

— Se parece a la de la señora — musitó Rubeus, inspeccionando la marca en la rocosa superficie —. Es imposible que con solo posar su mano aquí haya dejado esta huella, probablemente se vio en la necesidad de pelear...

— ¿Tú crees? — bufó Agatha escépticamente —. Bueno, da igual. Si eso realmente pasó, quizás aquí fue donde perdió su "precioso".

— Al menos estamos de acuerdo en eso.

Rubeus caminó lentamente, tratando de cubrir los alrededores y observando minuciosamente cada rincón. Era indudable, en aquel lugar había ocurrido una batalla, pues las gigantescas rocas destrozadas y los innumerables manotones marcados en otras tantas daban fe de ello.

También prestaron atención por si encontraban algo en el suelo, pero no era más que tierra y piedras hasta que, finalmente, se tropezaron con algo interesante: la inmensa entrada a un pasillo alterno.

— La emboscaron — susurró Rubeus, frunciendo levemente el ceño.

— Quizás — concordó Agatha, asintiendo levemente con la cabeza y mirándolo seriamente —. Lo que buscamos podría estar ahí, pero... ¿estás seguro de querer continuar?

— Si ya llegamos hasta aquí... — respondió él, encogiéndose de hombros y sonriendo nerviosamente.

Rubeus comenzó el trayecto a través del pasillo, apretando los dientes a cada paso que daban. Sus perspicaces ojos notaron que la tierra a sus pies estaba compacta, por lo que sospechó que era un camino usado con frecuencia, el problema era: ¿Quién lo usaba?

De repente, Rubeus notó algo en lo más profundo de aquel estrecho pasaje… ¿Era luz? Intercambiaron miradas nerviosas y el Scizor hizo gala de sus alas para impulsarse velozmente, sólo aminorando cuando ya la luz iluminaba sus rostros y opacaba a la esfera.

Ante ellos estaba una cámara espaciosa, con una grieta en lo más alto que se abría hacia los cielos, dejando que se escabullera la potente luz del sol del mediodía. Pero más que deslumbrados por el brillo del sol, luego de tan intensa penumbra, estaban perplejos ante la inmensa cantidad de tesoros que se amontonaban en tal lugar.

Eran montones y montones de monedas de oro, piedras preciosas, joyas, jarrones, armas de plata y acero brillante, cuadros, perlas… y un sinfín de objetos invaluables, porque hasta un sencillo florero de cristal tenía detalles tan finos que eran dignos de la realeza.

— Me lleva el Darkrai… — musitó Rubeus con los ojos como platos.

— Que a mi no me lleve nadie porque ya llegué al paraíso — escuchó decir a Agatha.

Rubeus la miró de reojo y pegó tal brinco que logró que Agatha se cayera de su hombro, ya que había notado que la Skitty tenía los ojos tan abiertos como los suyos y eso era peor que encontrarse con un fantasma para él.

— ¡Auch! ¡Ten cuidado, Rubeus! — chilló ella, sobándose la nariz.

— Perdona… — respondió Rubeus con una risilla nerviosa, estaba apenado pero la Skitty tenía sus ojos cerrados de nuevo, así que era un alivio aunque casi matara a su amiga en el proceso.

— Bueno, no importa — rezongó Agatha, poniéndose en pie y echándole un rápido vistazo al lugar —. Es extraño que esto esté solo, en especial con un tesoro tan grande. Si yo fuese la dueña de algo así, primero me muero de hambre antes que descuidar estas montañas de poder — comentó, acercándose a la pila de monedas más cercanas e inspeccionándola con recelo —. Veamos si conseguimos el “precioso” aquí para irnos rápido de este lugar — se detuvo al percatarse que Rubeus la miraba boquiabierto —. ¿Qué?

— Estaba seguro que te olvidarías de la misión, convencido de que quedarías cegada por el deseo de apropiarte de todo — contestó él sin tener cuidado en sus palabras.

— Créeme, ganas no me faltan, pero no podemos cargar con nada — dijo Agatha, dando saltos para escalar la montaña y al llegar a la cima se volteó para agregar: —. Lo único que podemos hacer es ver si conseguimos el “precioso” y largarnos de…

— Disculpe, ¿dijo que busca a “precioso”?

Agatha gritó tan alto que casi hizo que las paredes se estremecieran, pegando un brinco tal por el susto que cayó de la montaña, estampando su rostro contra el suelo una vez más.

Rubeus corrió hacia Agatha, interponiéndose entre ella y la pila de oro, colocándose en posición de batalla, muy atento, pero no pasó nada.

La voz misteriosa que había espantado a Agatha volvió a hablar nerviosamente:

— ¡¿Se encuentra bien, señorita?! ¡No era mi intención asustarla!

— ¿Quién es? — espetó Rubeus — ¡Revélese!

— Mis más sinceras disculpas, no era mi intención asustarles… — repitió aquella voz misteriosa, su tono de voz masculino era delicado pero decidido, con un acento bastante peculiar... muy jovial —. Estoy aquí arriba, justo donde estaba la señorita.

Agatha se reincorporó, acariciándose nuevamente la nariz, y le lanzó una mirada de soslayo a Rubeus quien se la devolvió, preguntándole con ellos si deseaba averiguar de quién se trataba.

La Skitty frunció levemente el ceño, pero asintió con la cabeza y se subió en el hombro de Rubeus. Él dio un salto, impulsándose con sus alas, para alcanzar de nuevo la cima, pero al aterrizar no vieron a nadie.

— Estoy aquí, detrás del cofre.

Rubeus frunció el ceño, viendo el único cofre que estaba cerca. Se acercó prudentemente, preparando sus tenazas para cortar en dos todo lo que se le atravesara, pero al ver detrás sólo pudieron ver el mango de una espada sobresaliendo entre las monedas.

De repente, el mango parpadeó… ¡¿Parpadeó?!

Tanto Rubeus como Agatha pegaron un grito, haciendo que de la espada también surgiera uno tan estridente como el de ellos. El Scizor se calló, parpadeando repetidas veces mientras hacía lo posible para silenciar a Agatha.

— Señores, les agradecería que no volvieran a asustarme de esa manera… — balbuceó la espada agitadamente, reprochándolos con el único ojo azul que poseía.

— ¡¿Asustarte a ti?! ¡Por tú culpa casi me da un infarto! — chilló Agatha molesta, bajándose del hombro de Rubeus y encarando a la espada.

— Ya pedí disculpas por ello — recordó la espada, suspirando —. Es que le escuché que estaba buscando un “precioso”.

— Sí… — dijo Rubeus, inseguro de si debía responderle.

— Ah, bien, porque yo soy “precioso” — dijo la espada, frunciendo levemente el ceño.

— ¡Pues yo te veo bien feo! — espetó Agatha, haciendo una mueca extraña.

— ¡No estoy diciendo que sea hermoso! — exclamó la espada, furiosa, desorientando a Rubeus y a Agatha —. Yo soy EL “precioso”.

— ¿Eh? Pero se supone que estamos en una misión de recuperación, no de rescate — balbuceó Rubeus nerviosamente —. Jamás nos dijeron que el “precioso” era… ¡algo vivo!

— Por favor, les agradecería que desistieran de referirse a mi de tal modo, me produce escalofríos y me trae a la mente hórridos recuerdos — dijo la espada, cerrando su ojo solemnemente —. Llámenme Edgar, ese es mi nombre. Soy un humilde Honedge.

— Ehm… Un placer, Edgar… — balbuceó Rubeus contrariado, la situación era totalmente extraña y se sentía incómodo. Le pidió permiso con la mirada a Edgar y lo apresó con cuidado con su tenaza, rescatándolo del mar de monedas —. Supongo que esto es misión cumplida…

— ¡Nada de misión cumplida! — exclamó Edgar exaltadamente y Rubeus sintió cómo temblaba en su agarre —. Ustedes vienen en nombre de Fionella, ¿cierto?

— Jejejé, que nombre más feo — dijo Agatha, riendo entre dientes.

— Oh, sí, es tan horrendo como quien lo porta – corroboró Edgar, agitando una cinta azul que adornaba su mango y asemejaba una mano —. Si vienen a pedido de ella, bien déjenme reposar entre el oro y podrirme en él. Sino, tendré que tomar represalias en contra de ustedes…

— ¡Estás demente si piensas que te dejaré aquí botado luego de haber entrado a este lugar! — exclamó Agatha ofuscadamente, agitando su cola con vehemencia —. Además, a mi me están pagando por traerte de vuelta, así que me da igual lo que tú quieras…

— Señorita, se lo suplico por lo más sagrado que tengo, como lo es mi vida, que no me regrese a las sucias manos de esa demente — dijo Edgar con voz temblorosa.

— Lo siento mucho, Edgar, pero Fionella… — dijo Agatha, interrumpiéndose para acallar las risotadas que nacieron en su garganta al pronunciar el nombre de la Jynx — me está pagando por devolverte. Y luego de que montara un drama digno de los griegos, no tengo más opción que entregarte… Además, yo quiero mis cien mil monedas.

— Agatha, creo que Edgar tiene sus motivos para querer quedarse aquí — dijo Rubeus tranquilamente, tratando de apaciguar el malhumor que comenzaba a aflorar en su amiga —. De hecho, me da la impresión que ni siquiera te robaron, sino que aprovechaste para escapar.

— No digas tonterías, Rubeus — espetó Agatha apretando los dientes, abriendo los ojos y logrando que tanto Rubeus como Edgar pegaran un respingo del susto —. Yo quiero mis monedas y punto, me da igual lo que…

— ¡Eres un demonio! — chilló Edgar, muerto del miedo y temblando como hoja — ¿Desde cuando un Skitty abre los ojos y tiene una mirada infernal como la tuya?

— Lo sé, es horrenda — secundó Rubeus, haciendo todo lo posible para no salir corriendo.

— Señorita, en serio, se lo suplico — lloriqueó Edgar, cerrando su ojo para evitar que la penetrante mirada violácea lo llenara de miedo —. Si ustedes supieran… Lo admito, nadie me robó ni me secuestró, yo me escabullí cuando Fionella fue atacada… Mi intención era huir, pero los mismos que la atacaron me atraparon, tuve que hacerme pasar por una mundana espada para que no me hicieran pedazos… Todo por buscar mi libertad…

— ¿Y eso me importa por?

— Por favor, Agatha, no seas tan insensible y tenle algo de compasión — espetó Rubeus frunciendo el ceño. Dejó salir un suspiro y preguntó: — ¿Y por qué escapaste de Fionella? Me cuesta entender…

— Es demasiado vergonzoso… — musitó Edgar quien si tuviera lagrimales, seguramente estaría llorando.

— ¡Por favor! — bufó Agatha, cerrando finalmente sus ojos —. No puede ser tan malo…

— ¡Me usaba para satisfacerse sexualmente! — gritó Edgar alteradamente y chillando de horror.

Rubeus se estremeció y soltó de inmediato a Edgar, asqueado, y Agatha se había vuelto de piedra, totalmente pasmada.

Pero antes de que pudieran asimilar la revelación, se vieron rodeados de extrañas luces púrpura que daban vueltas rápidamente alrededor de ellos. Escucharon risas y comentarios burlones sin parar, ensordeciéndolos y provocando que el frío del miedo se aferrara a sus huesos. Empero, lograron escuchar una voz alzándose sobre todas las demás.

— ¡Miren qué gustosa sorpresa! ¡Más huesos que romper!

Rubeus abrió los ojos y vio, plantado en la única salida, a una enorme bestia cuya piel parecía echa de piedra, llena de cuernos por toda la espalda, feroz mirada negra como la noche y piel violeta como el más tóxico de los venenos. Un Nidoking.

Quienes no cesaban de dar vueltas alrededor de ellos, Rubeus logró distinguir que se trataban de Gastly, quienes sacaban sus lenguas para mofarse de ellos y relamerse con crueldad los colmillos que sobresalían en sus bocas.

— ¡Díganme…! — bramó el Nidoking, dando un paso en la habitación — ¿Quiénes son los imbéciles que se atreven a manchar con sus asquerosas manos el tesoro del poderoso Rhodas?

Oh, genial, estaba pasando exactamente lo que Rubeus quería evitar, el problema es que los superaban con creces en número y con todos estaba en desventaja, ya que sus ataques no les harían nada.

— Debí sugerirles que continuáramos afuera nuestra conversación — musitó Edgar sinceramente arrepentido —. Se me había olvidado Rhodas…

— Claro, porque olvidar a un matón de semejante tamaño es algo que le sucede a todo el mundo — espetó Rubeus lacónicamente, vigilando como podía el movimiento de los Gastly y de Rhodas.

De repente, escucharon que un montón de monedas rodaban, chocando entre ellas, y el golpe sordo de algo estrellándose contra el suelo. Extrañado, Rubeus se fijó que Agatha ya no estaba, así que corrió a asomarse y la encontró echada en el suelo.

Agatha se levantó, acariciándose la nariz, y Rubeus notó que unas cuantas lágrimas brotaban de sus ojos.

— ¿Cómo puede hablar de romper huesos frente a una niña como yo? – lloriqueó Agatha con una voz exageradamente aguda, dejando que las lágrimas rodaran por sus mejillas, entonces Rubeus cayó en cuenta de que ella estaba usando su famoso Llanto Falso. Estaba empleándolo a favor de ambos en esta ocasión, pero eso no evitó que la expresión de su rostro fuese todo un poema —. Señor, mis intenciones no eran arrebatarle nada… — continuó ella, poniéndose en pie y acercándose lentamente al Nidoking —. Yo sólo jugaba con mi primo lejano en el bosque y tenía tantas ansias de ganar que me escondí en su cueva… Yo jamás quise molestar a nadie… Yo…

Las palabras de Agatha fueron acalladas por un coletazo de Rhodas apenas la tuvo a su alcance, el cual la lanzó hasta el otro lado de la cámara, estampándola brutalmente contra la pared pues, más que conmoverlo, la Skitty le provocó náuseas.

Rubeus, con el corazón en la garganta, rugió de furia y se abalanzó sobre los Gastly, empleando su veloz Puño Bala para abrirse paso a través de ellos. Estaba cegado por la desesperación y la rabia, ni siquiera le afectó el feroz rugido de Rhodas que retumbó en las paredes… Sólo tenía en mente hacerlos pagar.

Rhodas corrió hacia él, buscando embestirlo, pero Rubeus era más rápido que aquella mole tóxica, así que logró esquivarlo. Pero, al hacerlo, fue golpeado por una Bola Sombra de un Gastly que estaba a su costado, incrustándolo en una montaña de monedas.

Rubeus no se dejó doblegar por ello y le respondió a su agresor con otro Puño Bala. Otro par de Gastly más se lanzó en dirección suya y él les respondió destrozándoles el rostro con un segundo Puño Bala.

Cuando despachaba a otros dos Gastly, sintió que alguien más se acercaba a él a sus espaldas. Estaba consciente de que no reaccionaría lo suficientemente rápido, así que se preparó para recibir el impacto de los crueles ataques de sus enemigos, pero los sonoros lamentos lo hicieron voltear de inmediato.

Ante sus ojos, vio cómo tres Gastly se desintegraban y se volvían en algo menos que aire. Detrás, estaba Edgar, quien sostenía su funda con el cinto de su mango, dejando ver el afilado acero que constituía su cuerpo. Edgar lo miró, suplicándole con su único ojo que confiara en él, y se abalanzó hacia otro par de Gastly que intentaban huir.

Rubeus estaba perplejo, no pensaba que Edgar fuese capaz de moverse por sí mismo, aunque no pudo detenerse por mucho a reflexionar al respecto, pues Rhodas se acercaba de nuevo, corriendo a una velocidad de vértigo para el tremendo tamaño que tenía.

El Scizor volvió a esquivar a su contrincante, desafiándolo al responderle con su ataque de costumbre. Sabía que no le haría mucho daño, pero tenía que darle a entender que no le tenía miedo.

El Nidoking intentó atestarle con la cola, pero de nuevo él fue más rápido y volvió a golpearlo con sus tenazas, esta vez acertando en la quijada. Rhodas trastabilló unos cuantos pasos hacia atrás, quejándose del dolor.

Rubeus sonrió cruelmente, lleno de satisfacción, pero su pequeña celebración interior fue interrumpida por un ataque a traición. Una Bola Sombra le dio en la espalda, tan de sorpresa, que logró hacerlo caer al suelo y privarlo.

Él se volteó, dispuesto a contraatacar, pero ya el Gastly frente a él tenía preparada una segunda Bola Sombra bien cargada. Rubeus contuvo el aliento, preparándose para soportar el dolor, pero una esfera de energía oscura impactó al fantasma por detrás y lo mandó a volar lejos de él.

Atónito, se incorporó de inmediato para ver quién le había ayudado y no pudo evitar bufar, asombrado, cuando se tropezó con Agatha. Sus ojos estaban abiertos de nuevo, mirando con odio a Rhodas, pero más que estar aterrorizado, sentía que en su pecho se disipaba una angustiosa presión que le acongojaba el corazón al saber que ella estaba bien.

Entonces, cayó en cuenta en algo y no pudo evitar quedarse boquiabierto: Agatha había atacado con una Bola Sombra… ¡¿Desde cuándo?!

— ¿Qué es esto? — exclamó Rhodas burlonamente y riendo, secundado por sus subordinados en la mofa, sin dejarse intimidar por la feroz mirada de Agatha — ¿Acaso crees que das miedo haciéndote la atemorizante con esos ojos? Sería interesante que usaras la mitad del esfuerzo que implementas en aparentar ser algo que no eres para pelear, porque así, quizás, me harías un rasguño pequeño.

— ¡Más te vale que te arrodilles y supliques mi perdón! — gritó Agatha apretando los dientes — ¡Hazlo por tu cuenta antes de que te haga pedazos!

— ¡Que no quede nada de ella! — bramó Rhodas y los Gastly no dudaron en lanzarse hacia la Skitty.

Rubeus trató de reincorporarse, pero dos Gastly lo alcanzaron e hizo maravillas para evitar el par de Bolas Sombras que le habían disparado. Cuando levantó la mirada, el pánico que sentía le hizo ver todo como si estuviera en cámara lenta.

Una horda de fantasmas se abalanzaba sobre Agatha, pero ella no se movía ni un ápice, mirándolos con todo el odio que su pequeño cuerpo podía albergar. Estando sus enemigos a escasos metros, ella inhaló profundamente, hinchando su cuerpecito a más no poder, cerró sus ojos fuertemente y, entonces, al exhalar, liberó un potente grito.

Pero no era un grito cualquiera, este hizo que las paredes de la habitación verdaderamente retumbaran, provocando que el polvo cayera sobre ellos como si de lluvia se tratase. Los Gastly se detuvieron en seco, cerrando fuertemente sus ojos ante tal ruido espantoso. Rhodas, Rubeus y Edgar también sucumbieron ante el alarido, retorciéndose para acallarlo como podían, pero era imposible.

A pesar de ello, Rubeus hizo uso de todas fuerzas para ignorarlo y ponerse de pie, sin importarle lo desorientado y mareado que estaba. Justo en ese momento, el bramido de Agatha cesó y escuchó que le gritaba:

— ¡Rubeus, ahora!

Él siguió la orden sin titubear. Se lanzó hacia Rhodas, preparando su último Puño Bala. Pero a mitad del camino, le sorprendió ver a su lado a Agatha, brillando como si fuera de plata, volando a la misma velocidad que él y golpeando al Nidoking con la misma fuerza que él.

Inmovilizado por la impresión, sólo fue capaz de observar a Agatha dar una vuelta en el aire a la par que su oponente se estrellaba contra una pared, inflando su pecho y liberando otro grito ensordecedor exclusivo para Rhodas.

De nuevo, la habitación tembló, crujiendo sobre sus cimientos. El Nidoking, aún desorientado, gritó de dolor, acallado cuando una inmensa porción del techo se desprendió y cayó sobre él.

Agatha cerró la boca justo cuando una nube de polvo los alcanzaba.

Rubeus, enceguecido, tosió ásperamente, totalmente desorientado. Sintió un peso en el hombro e, inmediatamente, supo que era Agatha.

— ¡Rubeus, corre!

Él acató de inmediato la orden, extendiendo una vez más sus alas y dejándose guiar por Agatha, atravesando y disipando la nube de polvo a su paso. Dejaron atrás a los Gastly, abriéndose camino a través del estrecho pasillo. Ni siquiera les importó la oscuridad, pues Rubeus estaba tan alterado que trazó el camino de vuelta por puro instinto.

Ansioso, distinguió la luz de la entrada y aceleró más, tanto que Agatha casi se cae de su hombro, pero le restó importancia y no se detuvo hasta que estaba de vuelta en el exterior.

Sus alas le fallaron y se estrelló contra el suelo, arrastrándose unos cuantos metros hasta detenerse. Respiraba entrecortadamente, sin poder creer que estuvieran vivos. A sus oídos llegó la agitada respiración de Agatha y comenzó a reír, liberando sus nervios, a lo que ella se le unió. Entonces escuchó una tercera risa.

— ¡¿Pero qué…?! — espetó Rubeus, levantándose del tiro y fijándose en Edgar, que estaba aferrado a la cola de la Skitty — ¡¿Tú…?!

— Ya… cálmate… ¿quieres? — pidió Agatha entrecortadamente, levantándose con una mueca de dolor el rostro —. Ay-ay-ay, me duele…

— ¡Y tú…! — bramó Rubeus enojado, mirándola de tal modo que en sus ojos parecía que ardiera fuego — ¿Desde cuándo tú…? ¡Tú no sabes pelear!

— No puedo creer que digas eso luego de lo que me viste hacer — refunfuñó Agatha, inflando sus mejillas.

— Jamás, en todo el tiempo que te conozco, te he visto usar otra cosa que no sea Llanto Falso para zafarte de todas las clases en las que conllevara esfuerzo físico o para intentar extorsionarme — dijo Rubeus rápidamente, temblando de la rabia — ¡Y ahora, de repente, te veo usando una Bola Sombra y gritando como si tuvieras un millón de almas en pena dentro del estómago!

— En realidad, yo no sé usar Bola Sombra. Usé Copión, que es distinto — explicó Agatha, sin dejarse afectar por la molestia del Scizor, dejándolo pasmado —. Y yo le montaba un teatro al profesor porque me parecía aburrido practicar con nuestros compañeros, además de que dudo mucho que Vozarrón sea un buen ataque para usar en un espacio tan pequeño como el de ese gimnasio. ¿Acaso no viste lo que le hice a esa cueva?

Agatha miró a Rubeus, esperando que volviera a reprocharle que mantuviera en secreto sus habilidades. Pero cuando él se agachó y la abrazó, ella fue la sorprendida.

— Pensé que te habían matado — balbuceó él, intentando contener las lágrimas que estaban esperando salir desde que Rhodas azotó a su amiga.

Agatha lo miraba, sobrecogida por lo sucedido y también lo abrazó como pudo.

— ¿Sabes que eres tremenda imbécil? — dijo él, cerrando los ojos.

— Si no lo fuera tú vida no sería interesante.

— Sin duda…

Se separaron y se sonrieron, levantándose y fijando su atención en Edgar, quien los miraba atentamente con un aire de tristeza en su ojo, profundamente afligido.

— Supongo que ahora me llevarán ante Fionella… — musitó sin molestarse en ocultar su dolor —. Si es así, no opondré resistencia. Por mi casi la hacen añicos, señorita, no puedo vivir con tal culpa, debo recibir un castigo y ese es el de volver a manos de Fionella, en especial porque la única razón de que se adentraran en tan horripilante y peligroso lugar, fue por mí… Estoy dispuesto a…

— ¿Podrías cerrar la boca? — espetó Agatha, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño. Rubeus la miró de soslayo, él también se sentía mal por Edgar pero la espada tenía un buen punto que la Skitty no dejaría de aprovechar. No se notó, pero ella le lanzó una rápida mirada a su compañero, suspiró y dijo: —. Sólo vete de una vez antes de que me arrepienta.

— ¡¿Cómo has dicho?! — exclamaron Edgar y Rubeus al mismo tiempo.

— Que eres libre — refunfuñó Agatha, dándole la espalda.

Rubeus no podía creer que Agatha prefiriera hacer feliz a Edgar antes que obtener una recompensa, no era propio de ella, en especial por su férrea decisión de obtener las monedas. Entonces, las palabras de Amatista revolotearon en su cabeza y, finalmente, les encontró significado.

— ¿L-lo dice en serio? — balbuceó Edgar, acercándose a la Skitty.

— Sí — contestó Agatha firmemente, volteando a verlo —. Pero si no te largas de una vez, pudiese cambiar de opinión.

— No hace falta — dijo Edgar, acercándose a ella y cerrando su ojo, dando a entender que estaba haciendo una reverencia —. Te estoy profundamente agradecido, me estás dando la libertad que tanto añoré y me rescataste a que me ahogara en mi propia miseria. Por ser ambos tan generosos, me gustaría unirme a uste…

— ¡Alto ahí!

La voz desconocida les disparó las alertas a los tres, pero cuando se dieron cuenta ya estaban rodeados de varios Poochyena y Growlithe que les gruñían amenazadoramente. Se juntaron, espalda contra espada, para encarar a los nuevos enemigos, pero sus ojos se fijaron rápidamente en el Gallade que se abría paso entre las filas de los caninos.

El Gallade se detuvo cerca de ellos, cruzándose de brazos y mirándolos altaneramente, con una sonrisa de medio lado en el rostro.

— ¡Qué alegría encontrarlos en un lugar tan agradable! Me ahorraron el trabajo de buscarlos y de tener que lidiar con el fastidioso de Rhodas — comentó el Gallade, con un tono de voz despreocupado pero que escondía algo de crueldad —. No tienen idea del problema en el que se acaban de meter.





Bueno, eso es todo por ahora. Espero tenerles pronto el Capítulo 4. Mientras, les dejo el único dibujo que he hecho hasta ahora de Exploradores de los Deseos:


Agatha


Pokiu!










EGN: Hoy es el fin del mañana
65 - Todo se paga
#2
Tu historia es simplemente divertida a pesar de que te inspiraste en MD que da mucho material, pero pocos lo pueden hacer divertido y llamativo como lo has logrado.

has creado personajes originales como un skitty lunatica con ansias de DOMINAR AL MUNDO sencillamente por tener complejos de ser tierna y ademas de que abre sus ojos XD y rubeus.... un scizor nunca me parecio tan sexy xD

solo tengo que decirte que es muy bueno y mereces cinco estrellas y ojalameste tambien llegue a ser VIP. Mucha suerte.

#3
Bueno, como hice con Tory voy a pasar los comentarios anteriores aquí y te dejo el del nuevo capítulo.


Capítulo 1:

Spoiler
Bueno, uno simplemente sabe que al toparse con tu fic se va quedar sin palabras un buen rato. No hay dudas que sabes cómo captar la atención del lector. El tema de los pokémon llevando una vida semihumana es un poco trillado aunque tendré que ver con el paso del tiempo que enfoque le das para decir si es original o no.

Tú y tus amados Scizors ^^ Jajaja, encima la actitud que le das es genial, me encanta.

La personalidad fuerte y posesiva de la pequeña Skitty me gusta mucho también, sin duda has logrado hacer unos personajes muy llamativos en pocas palabras.

Jo, noooooooooo, no puede haber terminado, se me hizo demasiado cortito, Onix D: Fucking Fabri y su límite de palabras ¬¬ En fin, sin dudas este fic está a la altura de la competencia. Dios, que difícil, no esperaba que empezaras con tanta calidad u.u



Capítulo 2:

Spoiler
A ver qué escribe la señorita.

Bien por ti al acelerar el proceso y ya enviar a los personajes directo a la acción, eso te hace más competitiva. Igualmente, trata de no ir demasiado rápido como para que los hechos queden forzados.

Pobre Scizor, obligado a seguir los caprichos de una niña mimada... o poco mimada ya que parece que los padres no le prestan atención.

A esto me refiero a hacer un fic con suspenso, aventura y comedia. Sólo te falta acción y romance en este capítulo y sería perfecto. La pelea de Rubeus con Agatha por las confusiones y la bufanda es simplemente magistral.

Bueno, un final realmente muy bueno. Los personajes de tu fic tienen vida propia, ¿cierto? O sea, sólo los creas y ellos hacen sus propios diálogos perfectos, ¿no? porque eso es lo que parece. Es un capitulazo y lo único que hace es darle ganas a los lectores de leer mucho más. Espero la continuación de este fic espectacular que será de los mejores sin dudas.



Capítulo 3:

Spoiler
Es increíble lo cobarde que es ese Scizor xD No jodas, un Scizor de naturaleza miedosa o cauta no sirve demasiado en batalla (?)

¿Por qué me hace acordar tanto al Señor de los Anillos la parte en que usan la esfera de luz?

Por cierto, muy bien detallada la incursión en la cueva. Las descripciones son asombrosas, están muy bien explicadas y sí que sabes darle vida a cada movimiento que hacen los protagonistas.

Un Honedge, interesante. A todos les ha gustado esa espada, he visto varios fics en donde ha aparecido ya, incluso ha aparecido y ninguno de los iniciales lo ha hecho.

o.o Ok, no esperaba que fueras a convertir ese pobre pokémon espada en un consolador. El pokémon consolador, muy pronto en la séptima temporada (?) Creo que la demente eres tú Onixa.

Ahora que lo veo en batalla a Honedge me pregunto como lo habrá usado la Jynx… auch, esa cosa es bastante ancha, incluso su empuñadura.

O.O Muy buena batalla, todo excelentemente comentado, los movimientos que describías de Scizor eran celestiales. A la Skitty realmente no la veo ágil luchando pero bueno, parece que saca la fuerza de algún lado xD

El final es asombroso, te deja esperando el maldito capítulo siguiente u.u Espero que el Llanto Falso funcione esta vez (?) Nos vemos en el próximo, Onix, y trata de no abusar demasiado de tu “precioso” esta semana mientras lo haces.

PD: El dibujo es sensacional O.O De verdad que da miedo con los ojos abiertos.


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#4
Solo tengo algo que decir ASOMBROSO Este fic es el mejor que he leido me gusto la idea de la skitty que queria dominar el mundo y eso y lo màs gracioso es el capitulo 3 cuando Agatha lucha y Rubeus se sorprende y me gusto la imagen de Agatha sigue asi Its Really Awesome

Ibuki Mioda <3
#5
Me ha parecido un comienzo bastante ligero y muy acertado, además que introduciendo a lo personajes de una manera que ya vas viendo de qué pasta están hechos, sobre todo por Agatha. Me ha resultado muy entretenida la idea de una Skitty terriblemente ambiciosa con planes malvados recorriendo su cabecita, a la par que adorable, eso debo añadir, y el contraste entre ella y Rubeus me gusta bastante.
En cuanto a la narración, es muy directa, no se detiene en detalles innecesarios y se agradece, además de que te sitúa perfectamente dentro del tiempo y el espacio de la trama, otra cosa que también se agradece.
Por ahora me he quedado sólo en el segundo capítulo, justo cuando van a ayudar a la Jynx a recuperar su "precioso" objeto (que me ha dejado con la curiosidad), así que en en cuanto me lea el tercero, doy mi opinión ^^

¡Un saludo!
Firma excede los 500px de altura.





"There is evil in this world. Hatred and Revenge"
#6
Está bastante bien el fanfic, me gustó el inicio además de enseñar a apreciar todo lo que uno puede experimentar, muy gracioso además me parece bastante interesante la personalidad de Skitty que es más lista de lo que aparenta. Los personajes son carismáticos sobretodo la mamá de Agatha, aunque Scizor siento que le falta algo solo estamos viendo el inicio.
Me gustaron mucho los chistes sobretodo el del pobre Edgar D: no puedo imaginarme el trauma que ha sufrido, todos quedan bien además de fluir con la historia sin ser forzados en ningún momento a pesar que hay uno que otro cliché es lo habitual, muchos cliché dan risa.
En cuanto a narración esto no es algo completamente serio además de ser mistery dungeon está perfecto las descripciones simples pero certeras para darle un ambiente, no encontré errores aunque ya sabía que sería difícil encontrar en cuanto tu buena escritura.
Me encanto el fan art síguelo que está muy bueno, lo malo es encontrar inspiración


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