Aquellas bestias se acercaban lentamente, liberando poco a poco sus garras y lamiendo sus labios.
Hildebrand, que esta aturdido por tal escenario, no podía reaccionar, su mente estaba vacilante y nublada.
Con celeridad una de aquellas bestias se poso en cuatro patas, como si fuera un lince, y cargo contra Hildebrand.
Aquel demonio que venia aproximándose salto, dejando su sombra cegando a Hildebrand.
El intrépido nativo reacciono, rodó hacia un costado y dejo que esa perversa bestia aterrizara de su lado.
Rápidamente desvaino su cuchillo, siendo este la única arma capaz de sacar, y rasgo un poco de su pelaje.
Hildebrand intento levantarse, pero el mortífero demonio lo volvió a derribar, que a su vez, desarmo a Hildebrand de su cuchillo.
Sus otros tres compañeros observaban en la lejanía, riéndose a carcajadas mientras señalaban a Hildebrand, haciendo muecas que expresaban su deseo de asesinar.
- ¡Hálfviti, hálfviti, heimskur deyr manna! – Grito el demonio que rasgaba la armadura de Hildebrand.
Hildebrand furioso por la situación y desconcertado por el idioma de aquel mounstro tomo un pequeño cuerno de su enemigo y tiro con su última fuerza para un costado.
Seguidamente el demonio yacía tumbado en el suelo, Hildebrand lo estrangulo fuertemente del cuello e inicio a golpear desesperado en el rostro siniestro de aquella bestia.
Sus otros compañeros, sorprendidos por la situación, adquirieron una forma cuadrúpeda y se dirigieron hacia Hildebrand.
Hildebrand volteo su atención hacia los otros demonios, que venían a toda prisa, en ese preciso instante el demonio que yacía en el suelo rajo la pequeña bolsa donde se encontraba el corazón del Mörk’Zvel.
- ¡No! – Grito Hildebrand
La bolsa cayo al suelo y se abrió, quedando al descubierto el negro corazón del Mörk’Zvel.
El demonio que había rajado la armadura de Hildebrand se recupero, miro fijamente a la perversa gema y se espanto.
Hildebrand desvaino su hacha de su espalda y la tiro a suelo, liberando un gran peso.
- ¿Qué les pasa? – Dijo dudoso Hildebrand
Las bestias de piel negra exclamaron un fuerte grito, sus caras estaban horrorizadas al sentir la presencia del corazón.
- ¿Les espanta? ¡Le tienen miedo! – Exclamo el nativo
Hildebrand tomo su arco y una flecha, volvió a recoger el corazón y lo ato a su flecha.
Acto seguido tenso su arco y disparo al demonio mas herido.
Las bestias estaban heladas, no se movían en presencia del corazón.
La flecha alcanzo al lomo del demonio, que este cayo rendido al suelo.
Sus otros compañeros producieron alaridos e iniciaron a escapar, resbalándose por el miedo y volviendo a levantarse desesperadamente.
Sus gritos se escuchaban en la lejanía, Hildebrand estaba seguro que no volverían mientras el corazón del Mörk’Zvel este aquí.
Hildebrand observaba el lugar donde se encontraba, derruido e incendiado.
Cayó sobre con sus rodillas sobre un charco de sangre, junto a un aldeano muerto.
Mientras su cordura se nublaba se quito las hombreras y el espaldar, luego el codal y los guanteletes.
Finalmente se quito peto, quedando el torso al desnudo, y se arrastro humillado hacia el fuego más cercano.
Abatido en el suelo, miro fijamente el corazón del Mörk’Zvel.
- ¿Por qué no le escuche? – Se pregunto Hildebrand - ¿Por qué no hice caso al Mörk’Zvel?
Las palabras del Mörk’Zvel retumbaban en su cabeza: Fatalidad y desgracia.
Poco a poco fue cerrando sus parpados, y su última visión fue el viento apaciguando el fuego.
Al día siguiente Hildebrand despertó rendido, miro su reflejo en un charco de sangre cercano, sus ojos amarillos le recordaron el fuego de aquella noche.
Miro hacia arriba, los cuervos volaban alrededor del sol burlándose del destino.
Extenuado, Hildebrand intento levantarse y intentando caminar fue hacia un jarrón de agua.
Con gran fuerza lo levanto y dejo caer el agua, limpiándose de la sangre.
- Falle – Murmuro Hildebrand – Les falle a todos
Sus ojos miraban segadamente a un cuervo devorando un cadáver.
<Hildebrand>
Un susurro cruzo los oídos de Hildebrand.
- ¿Quién? – Hildebrand giro rápidamente a donde se producía el sonido, solo era viento en una copa de un árbol.
Distraído, Hildebrand recordó unas palabras de su maestro en el Soturit Klaani.
<Disciplina, Coraje, Fuerza, Respeto, Sabiduría, Justicia, Lealtad, Sinceridad y Honor.
Esas son las 9 estrellas que conforman nuestro clan, no importa en que situación estés mientras las recuerdes letra por letra.
Disciplina para mantener tu cordura y resistencia física a la media.
Coraje para afrontar a la muerte misma.
Fuerza para proteger a la creación.
Respeto por tu enemigo y todo tu entorno.
Sabiduría para no ser cegado por el odio y la angustia.
Justicia para tomar las decisiones mas justas.
Lealtad por tus compañeros, guerreros y amigos.
Sinceridad para mantener tu vida en la luz de la verdad.
Y finalmente Honor, la esencia de todo guerrero, el compás espiritual que te guía hacia los Dioses, sin honor no somos nadie.>
Luego con su mano mojada, herida y sucia toco el tatuaje de tres puntas en su ojo.
- La primera punta por la familia, la segunda por la tradición, y la tercera por el honor – Murmuro Hildebrand
<Familia y Tradición, Coraje y Fuerza>
- Recibirán el entierro que se merecen – Dijo Hildebrand mientras apreciaba el cielo de Otoño.
Hildebrand tomo el resto del día para limpiar la aldea, tapando cada charca de sangre con tierra y quitando los escombros.
Armas rotas y armaduras rasgadas, rastros de pelea por todo el lugar, los otros guerreros habían defendido con su vida la aldea ¿Pero quienes eran esas criaturas tan fuertes como para vencer a todo un clan?
Al llegar a su casa que topo con una sorpresa, el ya había examinado todo el pueblo pero no había encontrado rastro de algún familiar suyo.
Su choza, ahora totalmente derruida e incinerada, no poseía rastro alguno de cadáveres, faltaban provisiones y otras pertenencias.
- ¿Ellos escaparon? ¿Aun están vivos? – Se pregunto Hildebrand
- ¡Mi padre! ¡El es un gran hechicero, no puede haber muerto fácilmente! – Dijo alarmante
Aprisa se encamino hacia el santuario de su padre, que este no se encontraba incendiado o en ruinas, estaba intacto.
El único detalle que sobresalía eran marcas y símbolos arcanos en el suelo, como si fuera un rastro de magia.
Todos los objetos dentro del santuario, bastones, tambores chamánicos, libros, y otras decoraciones estaban en el suelo, gran mayoría destruidos, y en el centro de todo el lugar se encontraba el cofre negro que contenía todos los escritos de Itzamatul.
- ¡El contenido del cofre! – Grito Hildebrand - ¿Eso querían?
Entre los escombros del cofre y otros objetos un color sobresaltaba, un pétalo de rosa escondido entre tanto desperdicio, Hildebrand lo tomo y lo volteo.
- Den’ Dryadale – Hildebrand nombro lo que estaba escrito en el pétalo.
- Den’ Dryadale, ¿El Bosque? – Murmuro dudoso.
Den Dryadale era en antaño el gran imperio elfico, grandes leyendas cruzaron por las hojas de ese inmenso bosque.
Según su padre, un día de invierno la oscuridad asalto la frondosidad de aquel bosque, tiempo después se transformo en la morada de seres arcanos.
En su tribu estaba estrictamente prohibido acercarse, muchos de los aldeanos que intentaron cruzar nunca regresaron, desde entonces se nombro a Den’ Dryadale como ‘El Bosque de los Perdidos’.
- ¿Huyeron al Bosque? ¿Cómo lograran sobrevivir? – Dijo alarmante, aunque su padre fuera un gran conocedor de fuerzas esotéricas de artes mágicas el bosque de los Perdidos era un lugar desconocido, permaneció exiliado del mundo hacía ya generaciones.
- ¡Tengo que buscarlos! – Grito – Pero primero…
Tomo las pocas provisiones y se dirigió al centro de la aldea, tomo una pala de madera y empezó a cavar un poco al Oeste de la aldea, donde había un terreno totalmente amplio.
En ese momento, segundo tras segundo, minuto tras minuto, hora tras hora, cavo y cavo.
Tardo cuatro días, pero Hildebrand finalmente cavo cuarenta y dos tumbas, cuarenta y dos cadáveres enterrados.
Luego de que el funesto terreno se haya convertido en un cementerio, Hildebrand coloco el corazón del Mörk’Zvel en un gran pilar, asegurando que ningún demonio o bestia profanara el ahora funesto cementerio de su tribu.
Ya de noche, Hildebrand se encontraba en el centro de su aldea frente a la última fogata que se encendería allí.
Alrededor del agrio fuego que acompañaba a la soledad de la noche, Hildebrand preparaba todo para su viaje al bosque de los Perdidos.
- Solo una cosa mas… - Dijo Hildebrand
Hildebrand tomo del suelo su armadura y desarraigó con gran furor el signo del águila.
- No me lo merezco, aun no – Murmuro
Seguidamente lanzo hacia el norte la brillante insignia que lo representaba, sus ojos brillaban con ira.
Con fuerza tiro la armadura de cuero que se le había otorgado al fuego.
- No usare una armadura que no he ganado – Murmuro Hildebrand
Tomo su hacha y la clavo en el suelo.
- Necesitare moverme ágilmente por el bosque – Dijo con seguridad – no se lo que me espera.
Tomo una mediana mochila de cuero llena de provisiones, envaino su espada y subio a su caballo.
- ¡Esperadme! – Grito con fuerza
Comenzó a cabalgar hacia el norte, donde a la lejanía se podía observar las inmensas siluetas del bosque, tomaría días llegar hasta allí.
Lejos, la ultima luz iluminaba lo que solía ser su hogar, Hildebrand estaba determinado a llegar al fondo de todo.
Un último susurro rompió su concentración.
<Hildebrand, zúrivosť, syn bylín.>