Hera
Evaluación;
Antes que nada le agradezco a Onix por su ayuda. Admito que gracias a su asesoría y conocimiento, este fic tiene una mejor redacción. Espero seguir contando con su ayuda y me siga enseñando para poder mejorar.
Aquí les presento mi Fic;
Espero que les gustara.
Todas las criticas son bien recibidas.
Gracias Demian por permitirme publicarlo y por tus observaciones.
Spoiler
El Tema del Fic - 14/20 puntos
La Trama del Fic - 18/20 puntos
La Gramática, Ortografía y Estructura de la escritura - 20/20 puntos
La Narración del autor - 17/20 puntos
Las Descripciones del autor - 14/20 puntos
Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 0/5 puntos.
Puntaje total: 83/105 (Siendo 60 el mínimo)
Conclusión: Fan Fic y autor evaluados y listos para publicar, ¡felicidades!
La Trama del Fic - 18/20 puntos
La Gramática, Ortografía y Estructura de la escritura - 20/20 puntos
La Narración del autor - 17/20 puntos
Las Descripciones del autor - 14/20 puntos
Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 0/5 puntos.
Puntaje total: 83/105 (Siendo 60 el mínimo)
Conclusión: Fan Fic y autor evaluados y listos para publicar, ¡felicidades!
Antes que nada le agradezco a Onix por su ayuda. Admito que gracias a su asesoría y conocimiento, este fic tiene una mejor redacción. Espero seguir contando con su ayuda y me siga enseñando para poder mejorar.
Aquí les presento mi Fic;
Spoiler
HERA
Capítulo 1
Cuando las pesadillas se vuelven reales
“Me vi a mi misma flotando en un lago, con la mirada apagada, el agua tiñéndose lentamente de rojo a mi alrededor. Sobre mi, volaba un hombre del cual solo distinguía su silueta. Mis fuerzas se desvanecían y poco a poco la luz desaparecía, me di por vencida; podía escuchar como una voz gritaba mi nombre a lo lejos, pero a cada segundo se oía más y más lejos hasta que ya no la escuche más… Y después desperté y no pude dormir en lo que quedaba de noche…”
— Doctor, ¿por qué siempre tengo estas pesadillas? – dije mirándolo con preocupación.
— Daphne, luego de todas nuestras sesiones he notado que padeces de trastornos del sueño mixtos, entre insomnio y parasomnia – contestó él, dejando a un lado su libreta de apuntes y quitándose las gafas - Me refiero a que tienes comportamientos distintos a una persona normal dormida, una mente muy imaginativa que activa reflejos mientras duermes y ocasiona que te lastimes a ti misma, como la vez anterior, que te hiciste moretones en todo el cuerpo por la “pelea” que tuviste. Y luego está el que no puedas conciliar el sueño después de estas pesadillas, como insistes en llamarles... Te voy a recetar unas pastillas, son algo fuertes – agarró un talonario y comenzó a escribir a una velocidad inhumana - Si sientes que duermes mucho o notas efectos secundarios, podemos bajar la dosis. Las probaremos durante esta semana y si tienes dudas puedes llamarme a cualquier hora. Se lo informaré a tu madre, así que hazla pasar, por favor.
El doctor me indicó con la mano que podía retirarme, así que salí de su consultorio y le indiqué a mi madre que la solicitaban. Hablaron por unos cinco minutos mientras la esperaba en la recepción.
Hace aproximadamente un mes, tuve que acudir a un psiquiatra debido a las pesadillas que he tenido últimamente. Apenas duermo cuatro horas por culpa de ellas y desde la pesadilla pasada me estoy haciendo moretones involuntariamente; aunque el de anoche es el más épico por lo inexplicable que resulta, tengo dos enormes cardenales: uno en el abdomen y en la espalda, ambos al mismo nivel, como si me hubieran atravesado con algo invisible.
No le dije esto al doctor en esta sesión, por que aún estoy preguntándome cómo diantres me hice tal cosa. Si soy yo la culpable de mis golpes, cómo soy capaz de hacerme tanto daño y de esa manera. ¿Acaso me lanzo hacia la pared como si fuera un toro desbocado?
De hecho, amanecí toda magullada y con las articulaciones adoloridas, como si hubiera practicado algún tipo de arte marcial… Lo que básicamente hice, en mi sueño, porque peleaba contra una sombra.
Mi madre me comentaba lo preocupada que estaba mientras íbamos en el auto. Vagamente la escuchaba mientras veía el frasco de color naranja de las pastillas con cierto recelo.
Más que preocupada parecía molesta, reprochándome porque pensaba que era una etapa de rebeldía, ya que antes de que todo esto comenzara emprendí una investigación sobre mi padre “mágicamente” desaparecido… No sé qué conexión le encuentra mi madre con mi “trastorno”, pero yo que creía que tenía suficiente con no poder dormir como para que me achacaran los trastornos de mi madre…
Aún cuando llegamos a casa mi madre no detenía su alharaca. Me precipité a la cocina para buscarme un vaso con agua, me atraganté con las pastillas y subí rápidamente a mi cuarto, necesitaba dormir urgentemente.
Mientras esperaba a que las pastillas hicieran efecto, me puse mi pijama y me lavé la cara. Cuando me miré en el espejo, noté horrorizada lo demacrado de mi rostro. Contrastando eso con mi piel blanca y mi desaliñado cabello negro, no me ayudaban mucho a dar una buena impresión… Bueno, no es que sea una súper modelo ni nada por el estilo, pero me esmeraba lo suficiente como para evitar lucir como zombie.
Al regresar a mi cama y sentarme en ella, sentí que mis párpados se ponían más pesados de lo que podía soportar. Le di gracias al doctor, las pastillas estaban haciendo su trabajo de maravilla. Antes de sucumbir al sueño, pude ver que mi reloj marcaba las seis de la tarde.
De repente, sentí un frío atroz. Abrí los ojos lentamente y, atónita, supe la razón de que estuviera helada hasta los huesos.
¡Genial! Ahora estaba en algún recóndito lugar con nieve hasta los “teque-teques”.
“¿Que demonios estoy haciendo en un lugar así? ¡Y en pijama, para colmo de los colmos!”
Fue lo primero que pensé al notar en dónde me encontraba.
Cuando aún procesaba la situación, sentí un calor abrazador en mi brazo derecho. Me quejé de inmediato y al mirar tenía una pronunciada herida en la parta alta de mi brazo.
No tuve tiempo para fijarme si era profunda, porque frente mío había alguien a quien no se le podía ver el rostro, portador de la espada gigante que me había herido con su afilada punta.
¿Cómo es que podía cargar algo tan pesado? Eso no era humanamente posible, era exageradamente grande…
El extraño se abalanzó hacia mí, dispuesto a atravesarme con su descomunal espada. Pero repentinamente, una fuerte ventisca comenzó a soplar y nos envolvió…
Me desperté de sopetón. Aún agitada y respirando entrecortadamente, volteé rápidamente a ver el reloj. Apenas eran las once de la noche…
Felicitaba mentalmente al doctor por agregarle una sola hora a mi tiempo de sueño cuando noté que me dolía el brazo derecho. Posé mis ojos sobre mi brazo cuando la manga de mi pijama comenzaba a mancharse con sangre.
Fui velozmente al baño y encendí la luz, levantándome la manga. No era nada grave, gracias al cielo, podía encargarme yo misma de curarla sin molestar a mi madre.
Cuando terminé de limpiar y cubrir la herida con una gasa, decidí intentar conciliar el sueño de nuevo. Como me fue imposible, decidí matar el tiempo con un videojuego hasta que llegara la hora de arreglarme para ir al instituto.
Mi día transcurrió con total normalidad. Incluso, el profesor se enfrascó en un “interesante” monólogo acerca de cómo transcurriría una Tercera Guerra Mundial con el poderío nuclear de distintas potencias…
Admito que no le presté atención, preferí concentrarme en ilustrar en mi cuaderno la pesadilla que me atormentó anoche, aunque el dibujo no fuera mi fuerte.
Cuando amaneció, busqué en mi cuarto lo que pude haber usado para hacerme el corte en el brazo, pero no conseguí nada lo suficientemente filoso para hacer un corte tan limpio. No tenía explicación y comenzaba a volverme loca.
El profesor anunció que la clase había terminado, era la última del día, menos mal.
Me preparé y salí corriendo directo a mi casa, tenía tantas ganas de dormir… Caminaba por inercia, añorando mi almohada, y llegué en un abrir y cerrar de ojos a la zona en donde vivo. Casi de inmediato, noté algo extraño…
El viento no soplaba y la calle estaba desolada. No pude evitar compararlo con la típica escena de las películas de zombies o invasiones alienígenas, riendo nerviosamente.
Pensar en ello sólo me hizo dudar en si debía avanzar o no, pero cuando lo hice una voz femenina me detuvo.
— A que da miedo, ¿no?
Dejé escapar un gritito mientras pegaba un brinco y volteaba. Detrás de mí estaba una chica sonriéndome burlonamente y mirándome maliciosamente con sus ojos de un verde intenso. No sabía si asustarme y ponerme a la defensiva, era difícil decidir cuando estaba tan concentrada en la apariencia de la susodicha.
Es que… ¿Qué demonios llevaba puesto? ¿Acaso había una convención de disfraces por aquí cerca o algo así? Su atuendo parecía un traje sacado de una historieta japonesa, esas en las que las protagonistas tenían poderes y se cambiaban la ropa mágicamente por atuendos extravagantes.
Sinceramente, dudo mucho que alguien así pudiera asustarme, por lo que me sentí ligeramente avergonzada por el susto que me llevé por su culpa. Aunque, justo ahora, estaba demasiado concentrada viendo cómo las enormes orejas de conejo de su disfraz se unían a la perfección con la rubia cabellera de su peluca, que por cierto lucía tan real…
Mientras la observaba, alzó su mano y en ella comenzó a reunirse lo que parecía energía, una de un tono rosado y muy brillante.
Quedé asombrada, preguntándome cómo es que la chica había conseguido hacer tan asombroso su disfraz, incluyendo efectos especiales. Pero al notar la manera en que me miraba y que se abalanzaba sobre mí, entendí que eso no era para alabarse. No tendría tiempo de evitar el golpe, ella estaba muy cerca, así que simplemente cerré mis ojos, deseando que esto fuera una más de mis pesadillas.
Pero jamás sentí el golpe, sólo escuché un gritito ahogado seguido de un quejido.
Abrí de inmediato mis ojos y lo que encontré me hizo pensar de nuevo que había una convención de disfraces cerca, era tonto pero no podía evitar relacionarlo con ello. Ante mí, dándome la espalda, estaba un joven, con un traje tan extraño como el de la chica pero blanco como la nieve, su piel lucía delicada y era tan nívea como su atuendo y sus cabellos… eran plateados y resplandecían tanto como la luna llena.
Él había detenido a la “chica conejo” al golpearla en el estómago, lo cual parecía haberla dejado sin aliento y adolorida, por como se sujetaba. Aunque parecía que eso no la detenía, porque volvió a predisponerse para atacar, pero el chico se le adelantó y la detuvo sujetándola con fuerza del brazo derecho.
El cuerpo del chico comenzó a expeler una energía azul que me heló hasta los huesos, pero yo estaba demasiado sorprendida con los copos de nieve que comenzaban a danzar a su alrededor.
El brazo de la “chica conejo” comenzó a cubrirse de aguanieve y gimió, tratando de liberarse de la mano del joven. Él, alzó su mano libre con toda la tranquilidad del mundo y encontró la manera de dejarlo a centímetros de la espalda de la “chica conejo”.
— Si pretendías lastimarla, estás muy equivocada — dijo el joven con frialdad, tenía una voz profunda y suave — Tendrás que lidiar conmigo primero.
Dicho esto, él tocó a la “chica conejo” con su dedo. Atónita, observé cómo el cuerpo de la chica se convertía lentamente en un témpano de hielo.
Aún tenía la boca y los ojos abiertos de par en par cuando él la soltó y caminó hacia mí. En ese momento, pude fijarme en sus ojos, carentes de pupila y brillantes como un zafiro… Hmmm, parecía tener mi edad…
Estaba tan atontada por el bello color de sus lentes de contacto que no le presté mucha atención cuando se detuvo a mi lado y dibujó un círculo en el aire. Cuando me percaté de lo que estaba pasando, estaba siendo jalada por él a través de lo que parecía un portal.
En mi confusión, noté que los ojos de la “chica conejo” aún se movían. De repente, el hielo se cuarteó y de los hombros hacia arriba quedó libre. Pero era demasiado tarde, ya éramos engullidos por el portal, aún así, pude escucharla gritar:
— ¡Maldito mago! ¡Te juro que me las vas a pagar, grandísimo…!
No pude escuchar nada más.
De repente, sentí que un gran vacío en el estómago y cuando me di cuenta, caíamos desde el cielo. Sentí cómo la sangre huía de mi rostro al notar la pradera bajo mis pies, una que lucía como la de una maqueta que hice a escala miniatura.
Grité con todas mis fuerzas, sin poder evitar llorar de la desesperación. El joven, al menos, tuvo la delicadeza de notar mi perturbación antes de que muriéramos aplastados…
— ¡Uy! – soltó él… ¿En serio? ¿Eso es todo? ¡¿Me voy a morir y sólo dices “UY”?! — ¡Toma mi mano! — ¿Tienes paracaídas integrado? Lo miré con desconfianza, aunque no se si eso era lo que transmitía, porque estaba llorando tanto que veía todo borroso — ¡Confía en mi!
Supongo que no me tenía otra opción. Si voy a morir, al menos que sea agarrando la mano del chico sexy de la convención de frikis. Hice lo que me pidió y cerré con fuerza mis ojos, esperando la inminente estampada contra el suelo que me dejaría como carne molida.
Sentí de nuevo aquel frío inclemente y sentí cómo se me iban los tiempos…
Vaya, esas pastillas eran una maravilla, llevaba tanto rato en aquel sueño que ya hasta parecía real… pero ya el frío me molestaba. Abrí mis ojos lentamente, sin muchas ganas de levantarme, añoré tanto recuperar mis horas de sueño perdido… Pero al notar dónde me encontraba, me senté de sopetón.
No tenía idea de dónde me encontraba, tampoco distinguía nada, sólo la silueta de alguien a lo lejos que tenía sobre su cabeza un objeto que brillaba con mucha intensidad.
— ¡Despierta! ¡Ya viene!
La voz que retumbó en mi cabeza hizo que despertara de verdad.
Podía sentir la hierba en mi espalda mientras mis ojos enfocaban una nube en el cielo. Noté de inmediato que algo me hacía peso en el pecho y me tropecé con el chico friki, durmiendo plácidamente y usándome en plan “osito de peluche”.
Cuando reaccioné, simplemente grité y lo alejé de mi, pegando un salto con el cual quedé de pie en un santiamén.
— ¡Daphne! — gritó él, aún confundido.
Creo que iba a decirme algo más, pero por reflejo le pateé en la entrepierna y salí corriendo. Escuché su chillido de agonía, pero no me iba a detener a verificar si había hecho un buen trabajo destruyendo su descendencia.
Corrí y corrí, adentrándome en una arboleda… ¿En dónde demonios estaba? ¡Yo vivía en plena ciudad, Dios santo! Me detuve y entré en pánico, no tenía ni la más mínima idea de en dónde me encontraba.
Sucumbí de nuevo. Me dejé caer sobre mis rodillas y comencé a sollozar hasta que las lágrimas rodaron por mis mejillas. No bastaba con no poder dormir y que me echaran la culpa de que estuviera enferma, sino que ahora estaba perdida.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué una chica con jodidas orejas de conejo quería hacerme daño si ni siquiera la conozco? ¿Por qué un friki pervertido me secuestró y me llevó lejos de mi hogar? ¿En qué momento me drogaron? ¿Serían las jodidas pastillas?
No tenía respuestas a mis preguntas, pero no las quería, yo sólo deseaba algo con todo el fervor: Quería regresar a casa.
Me sequé las lágrimas, no solucionaba nada llorando. Al alzar la vista, noté de inmediato que algo andaba muy mal.
Estaba más oscuro de lo que recordaba. Me fijé que había terminado a las orillas de un arroyo y, sorprendida, me fijé en las luces azules que volaban y titilaban como luciérnagas sobre su superficie.
A pesar de lo hermoso que era, dentro de mí sentí que no estaba bien, que corría peligro, y la tensión de mi cuerpo lo reafirmaba.
Me levanté, dispuesta a regresar sobre mis pasos. “Más vale mal conocido que mal por conocer”.
Pero al darme la vuelta, me tropecé con otra chica. Ésta tenía una larga cabellera de color violeta pálido recogida en una cola de caballo y adornada con el tocado de una mariposa azul, tenía sus ojos vendados pero eso no desentonaba en nada con su extravagante traje de tonos violeta.
Atónita, me fijé que flotaba a unos centímetros del suelo. Sus pies eran acariciados por unas llamas azuladas y estaba rodeaba de cientos de mariposas morpho de alas azules, gigantescas y esplendorosas.
Alzó su mano y en ella nació una pequeña bola de fuego. De repente, esa pequeña y titilante llama cobró más fuerza y tomó la forma de una gigantesca hoz de brillante acero.
De la impresión, di unas pasos hacia atrás, trastabillé y caí sobre mis posaderas. De inmediato, algunas de las mariposas se acercaron a mí, algunas me rozaron con sus alas y sentí que me quemaban la piel.
Con mis ojos, seguí el camino del filo de la hoz cuando la chica la levantó…
¿Qué había hecho para que unos frikis quisieran matarme?

Capítulo 1
Cuando las pesadillas se vuelven reales
“Me vi a mi misma flotando en un lago, con la mirada apagada, el agua tiñéndose lentamente de rojo a mi alrededor. Sobre mi, volaba un hombre del cual solo distinguía su silueta. Mis fuerzas se desvanecían y poco a poco la luz desaparecía, me di por vencida; podía escuchar como una voz gritaba mi nombre a lo lejos, pero a cada segundo se oía más y más lejos hasta que ya no la escuche más… Y después desperté y no pude dormir en lo que quedaba de noche…”
— Doctor, ¿por qué siempre tengo estas pesadillas? – dije mirándolo con preocupación.
— Daphne, luego de todas nuestras sesiones he notado que padeces de trastornos del sueño mixtos, entre insomnio y parasomnia – contestó él, dejando a un lado su libreta de apuntes y quitándose las gafas - Me refiero a que tienes comportamientos distintos a una persona normal dormida, una mente muy imaginativa que activa reflejos mientras duermes y ocasiona que te lastimes a ti misma, como la vez anterior, que te hiciste moretones en todo el cuerpo por la “pelea” que tuviste. Y luego está el que no puedas conciliar el sueño después de estas pesadillas, como insistes en llamarles... Te voy a recetar unas pastillas, son algo fuertes – agarró un talonario y comenzó a escribir a una velocidad inhumana - Si sientes que duermes mucho o notas efectos secundarios, podemos bajar la dosis. Las probaremos durante esta semana y si tienes dudas puedes llamarme a cualquier hora. Se lo informaré a tu madre, así que hazla pasar, por favor.
El doctor me indicó con la mano que podía retirarme, así que salí de su consultorio y le indiqué a mi madre que la solicitaban. Hablaron por unos cinco minutos mientras la esperaba en la recepción.
Hace aproximadamente un mes, tuve que acudir a un psiquiatra debido a las pesadillas que he tenido últimamente. Apenas duermo cuatro horas por culpa de ellas y desde la pesadilla pasada me estoy haciendo moretones involuntariamente; aunque el de anoche es el más épico por lo inexplicable que resulta, tengo dos enormes cardenales: uno en el abdomen y en la espalda, ambos al mismo nivel, como si me hubieran atravesado con algo invisible.
No le dije esto al doctor en esta sesión, por que aún estoy preguntándome cómo diantres me hice tal cosa. Si soy yo la culpable de mis golpes, cómo soy capaz de hacerme tanto daño y de esa manera. ¿Acaso me lanzo hacia la pared como si fuera un toro desbocado?
De hecho, amanecí toda magullada y con las articulaciones adoloridas, como si hubiera practicado algún tipo de arte marcial… Lo que básicamente hice, en mi sueño, porque peleaba contra una sombra.
Mi madre me comentaba lo preocupada que estaba mientras íbamos en el auto. Vagamente la escuchaba mientras veía el frasco de color naranja de las pastillas con cierto recelo.
Más que preocupada parecía molesta, reprochándome porque pensaba que era una etapa de rebeldía, ya que antes de que todo esto comenzara emprendí una investigación sobre mi padre “mágicamente” desaparecido… No sé qué conexión le encuentra mi madre con mi “trastorno”, pero yo que creía que tenía suficiente con no poder dormir como para que me achacaran los trastornos de mi madre…
Aún cuando llegamos a casa mi madre no detenía su alharaca. Me precipité a la cocina para buscarme un vaso con agua, me atraganté con las pastillas y subí rápidamente a mi cuarto, necesitaba dormir urgentemente.
Mientras esperaba a que las pastillas hicieran efecto, me puse mi pijama y me lavé la cara. Cuando me miré en el espejo, noté horrorizada lo demacrado de mi rostro. Contrastando eso con mi piel blanca y mi desaliñado cabello negro, no me ayudaban mucho a dar una buena impresión… Bueno, no es que sea una súper modelo ni nada por el estilo, pero me esmeraba lo suficiente como para evitar lucir como zombie.
Al regresar a mi cama y sentarme en ella, sentí que mis párpados se ponían más pesados de lo que podía soportar. Le di gracias al doctor, las pastillas estaban haciendo su trabajo de maravilla. Antes de sucumbir al sueño, pude ver que mi reloj marcaba las seis de la tarde.
De repente, sentí un frío atroz. Abrí los ojos lentamente y, atónita, supe la razón de que estuviera helada hasta los huesos.
¡Genial! Ahora estaba en algún recóndito lugar con nieve hasta los “teque-teques”.
“¿Que demonios estoy haciendo en un lugar así? ¡Y en pijama, para colmo de los colmos!”
Fue lo primero que pensé al notar en dónde me encontraba.
Cuando aún procesaba la situación, sentí un calor abrazador en mi brazo derecho. Me quejé de inmediato y al mirar tenía una pronunciada herida en la parta alta de mi brazo.
No tuve tiempo para fijarme si era profunda, porque frente mío había alguien a quien no se le podía ver el rostro, portador de la espada gigante que me había herido con su afilada punta.
¿Cómo es que podía cargar algo tan pesado? Eso no era humanamente posible, era exageradamente grande…
El extraño se abalanzó hacia mí, dispuesto a atravesarme con su descomunal espada. Pero repentinamente, una fuerte ventisca comenzó a soplar y nos envolvió…
Me desperté de sopetón. Aún agitada y respirando entrecortadamente, volteé rápidamente a ver el reloj. Apenas eran las once de la noche…
Felicitaba mentalmente al doctor por agregarle una sola hora a mi tiempo de sueño cuando noté que me dolía el brazo derecho. Posé mis ojos sobre mi brazo cuando la manga de mi pijama comenzaba a mancharse con sangre.
Fui velozmente al baño y encendí la luz, levantándome la manga. No era nada grave, gracias al cielo, podía encargarme yo misma de curarla sin molestar a mi madre.
Cuando terminé de limpiar y cubrir la herida con una gasa, decidí intentar conciliar el sueño de nuevo. Como me fue imposible, decidí matar el tiempo con un videojuego hasta que llegara la hora de arreglarme para ir al instituto.
Mi día transcurrió con total normalidad. Incluso, el profesor se enfrascó en un “interesante” monólogo acerca de cómo transcurriría una Tercera Guerra Mundial con el poderío nuclear de distintas potencias…
Admito que no le presté atención, preferí concentrarme en ilustrar en mi cuaderno la pesadilla que me atormentó anoche, aunque el dibujo no fuera mi fuerte.
Cuando amaneció, busqué en mi cuarto lo que pude haber usado para hacerme el corte en el brazo, pero no conseguí nada lo suficientemente filoso para hacer un corte tan limpio. No tenía explicación y comenzaba a volverme loca.
El profesor anunció que la clase había terminado, era la última del día, menos mal.
Me preparé y salí corriendo directo a mi casa, tenía tantas ganas de dormir… Caminaba por inercia, añorando mi almohada, y llegué en un abrir y cerrar de ojos a la zona en donde vivo. Casi de inmediato, noté algo extraño…
El viento no soplaba y la calle estaba desolada. No pude evitar compararlo con la típica escena de las películas de zombies o invasiones alienígenas, riendo nerviosamente.
Pensar en ello sólo me hizo dudar en si debía avanzar o no, pero cuando lo hice una voz femenina me detuvo.
— A que da miedo, ¿no?
Dejé escapar un gritito mientras pegaba un brinco y volteaba. Detrás de mí estaba una chica sonriéndome burlonamente y mirándome maliciosamente con sus ojos de un verde intenso. No sabía si asustarme y ponerme a la defensiva, era difícil decidir cuando estaba tan concentrada en la apariencia de la susodicha.
Es que… ¿Qué demonios llevaba puesto? ¿Acaso había una convención de disfraces por aquí cerca o algo así? Su atuendo parecía un traje sacado de una historieta japonesa, esas en las que las protagonistas tenían poderes y se cambiaban la ropa mágicamente por atuendos extravagantes.
Sinceramente, dudo mucho que alguien así pudiera asustarme, por lo que me sentí ligeramente avergonzada por el susto que me llevé por su culpa. Aunque, justo ahora, estaba demasiado concentrada viendo cómo las enormes orejas de conejo de su disfraz se unían a la perfección con la rubia cabellera de su peluca, que por cierto lucía tan real…
Mientras la observaba, alzó su mano y en ella comenzó a reunirse lo que parecía energía, una de un tono rosado y muy brillante.
Quedé asombrada, preguntándome cómo es que la chica había conseguido hacer tan asombroso su disfraz, incluyendo efectos especiales. Pero al notar la manera en que me miraba y que se abalanzaba sobre mí, entendí que eso no era para alabarse. No tendría tiempo de evitar el golpe, ella estaba muy cerca, así que simplemente cerré mis ojos, deseando que esto fuera una más de mis pesadillas.
Pero jamás sentí el golpe, sólo escuché un gritito ahogado seguido de un quejido.
Abrí de inmediato mis ojos y lo que encontré me hizo pensar de nuevo que había una convención de disfraces cerca, era tonto pero no podía evitar relacionarlo con ello. Ante mí, dándome la espalda, estaba un joven, con un traje tan extraño como el de la chica pero blanco como la nieve, su piel lucía delicada y era tan nívea como su atuendo y sus cabellos… eran plateados y resplandecían tanto como la luna llena.
Él había detenido a la “chica conejo” al golpearla en el estómago, lo cual parecía haberla dejado sin aliento y adolorida, por como se sujetaba. Aunque parecía que eso no la detenía, porque volvió a predisponerse para atacar, pero el chico se le adelantó y la detuvo sujetándola con fuerza del brazo derecho.
El cuerpo del chico comenzó a expeler una energía azul que me heló hasta los huesos, pero yo estaba demasiado sorprendida con los copos de nieve que comenzaban a danzar a su alrededor.
El brazo de la “chica conejo” comenzó a cubrirse de aguanieve y gimió, tratando de liberarse de la mano del joven. Él, alzó su mano libre con toda la tranquilidad del mundo y encontró la manera de dejarlo a centímetros de la espalda de la “chica conejo”.
— Si pretendías lastimarla, estás muy equivocada — dijo el joven con frialdad, tenía una voz profunda y suave — Tendrás que lidiar conmigo primero.
Dicho esto, él tocó a la “chica conejo” con su dedo. Atónita, observé cómo el cuerpo de la chica se convertía lentamente en un témpano de hielo.
Aún tenía la boca y los ojos abiertos de par en par cuando él la soltó y caminó hacia mí. En ese momento, pude fijarme en sus ojos, carentes de pupila y brillantes como un zafiro… Hmmm, parecía tener mi edad…
Estaba tan atontada por el bello color de sus lentes de contacto que no le presté mucha atención cuando se detuvo a mi lado y dibujó un círculo en el aire. Cuando me percaté de lo que estaba pasando, estaba siendo jalada por él a través de lo que parecía un portal.
En mi confusión, noté que los ojos de la “chica conejo” aún se movían. De repente, el hielo se cuarteó y de los hombros hacia arriba quedó libre. Pero era demasiado tarde, ya éramos engullidos por el portal, aún así, pude escucharla gritar:
— ¡Maldito mago! ¡Te juro que me las vas a pagar, grandísimo…!
No pude escuchar nada más.
De repente, sentí que un gran vacío en el estómago y cuando me di cuenta, caíamos desde el cielo. Sentí cómo la sangre huía de mi rostro al notar la pradera bajo mis pies, una que lucía como la de una maqueta que hice a escala miniatura.
Grité con todas mis fuerzas, sin poder evitar llorar de la desesperación. El joven, al menos, tuvo la delicadeza de notar mi perturbación antes de que muriéramos aplastados…
— ¡Uy! – soltó él… ¿En serio? ¿Eso es todo? ¡¿Me voy a morir y sólo dices “UY”?! — ¡Toma mi mano! — ¿Tienes paracaídas integrado? Lo miré con desconfianza, aunque no se si eso era lo que transmitía, porque estaba llorando tanto que veía todo borroso — ¡Confía en mi!
Supongo que no me tenía otra opción. Si voy a morir, al menos que sea agarrando la mano del chico sexy de la convención de frikis. Hice lo que me pidió y cerré con fuerza mis ojos, esperando la inminente estampada contra el suelo que me dejaría como carne molida.
Sentí de nuevo aquel frío inclemente y sentí cómo se me iban los tiempos…
Vaya, esas pastillas eran una maravilla, llevaba tanto rato en aquel sueño que ya hasta parecía real… pero ya el frío me molestaba. Abrí mis ojos lentamente, sin muchas ganas de levantarme, añoré tanto recuperar mis horas de sueño perdido… Pero al notar dónde me encontraba, me senté de sopetón.
No tenía idea de dónde me encontraba, tampoco distinguía nada, sólo la silueta de alguien a lo lejos que tenía sobre su cabeza un objeto que brillaba con mucha intensidad.
— ¡Despierta! ¡Ya viene!
La voz que retumbó en mi cabeza hizo que despertara de verdad.
Podía sentir la hierba en mi espalda mientras mis ojos enfocaban una nube en el cielo. Noté de inmediato que algo me hacía peso en el pecho y me tropecé con el chico friki, durmiendo plácidamente y usándome en plan “osito de peluche”.
Cuando reaccioné, simplemente grité y lo alejé de mi, pegando un salto con el cual quedé de pie en un santiamén.
— ¡Daphne! — gritó él, aún confundido.
Creo que iba a decirme algo más, pero por reflejo le pateé en la entrepierna y salí corriendo. Escuché su chillido de agonía, pero no me iba a detener a verificar si había hecho un buen trabajo destruyendo su descendencia.
Corrí y corrí, adentrándome en una arboleda… ¿En dónde demonios estaba? ¡Yo vivía en plena ciudad, Dios santo! Me detuve y entré en pánico, no tenía ni la más mínima idea de en dónde me encontraba.
Sucumbí de nuevo. Me dejé caer sobre mis rodillas y comencé a sollozar hasta que las lágrimas rodaron por mis mejillas. No bastaba con no poder dormir y que me echaran la culpa de que estuviera enferma, sino que ahora estaba perdida.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué una chica con jodidas orejas de conejo quería hacerme daño si ni siquiera la conozco? ¿Por qué un friki pervertido me secuestró y me llevó lejos de mi hogar? ¿En qué momento me drogaron? ¿Serían las jodidas pastillas?
No tenía respuestas a mis preguntas, pero no las quería, yo sólo deseaba algo con todo el fervor: Quería regresar a casa.
Me sequé las lágrimas, no solucionaba nada llorando. Al alzar la vista, noté de inmediato que algo andaba muy mal.
Estaba más oscuro de lo que recordaba. Me fijé que había terminado a las orillas de un arroyo y, sorprendida, me fijé en las luces azules que volaban y titilaban como luciérnagas sobre su superficie.
A pesar de lo hermoso que era, dentro de mí sentí que no estaba bien, que corría peligro, y la tensión de mi cuerpo lo reafirmaba.
Me levanté, dispuesta a regresar sobre mis pasos. “Más vale mal conocido que mal por conocer”.
Pero al darme la vuelta, me tropecé con otra chica. Ésta tenía una larga cabellera de color violeta pálido recogida en una cola de caballo y adornada con el tocado de una mariposa azul, tenía sus ojos vendados pero eso no desentonaba en nada con su extravagante traje de tonos violeta.
Atónita, me fijé que flotaba a unos centímetros del suelo. Sus pies eran acariciados por unas llamas azuladas y estaba rodeaba de cientos de mariposas morpho de alas azules, gigantescas y esplendorosas.
Alzó su mano y en ella nació una pequeña bola de fuego. De repente, esa pequeña y titilante llama cobró más fuerza y tomó la forma de una gigantesca hoz de brillante acero.
De la impresión, di unas pasos hacia atrás, trastabillé y caí sobre mis posaderas. De inmediato, algunas de las mariposas se acercaron a mí, algunas me rozaron con sus alas y sentí que me quemaban la piel.
Con mis ojos, seguí el camino del filo de la hoz cuando la chica la levantó…
¿Qué había hecho para que unos frikis quisieran matarme?

Espero que les gustara.
Todas las criticas son bien recibidas.Gracias Demian por permitirme publicarlo y por tus observaciones.




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