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#1

Posteo de Cortos [Evento Fan Fics Liga de Campeones]

Aqui se postearan los cortos para el evento de CP LIGA DE CAMPEONES.
Aunque la calificacion se les dara en el tema Oficial.
Pero para un mayor orden es mejor postear los Cortos en este tema.
Antes de postear deben tomar en cuenta los siguientes puntos:


1. El evento se considera como un evento de cortos de Fan Fics.
2. Se admite un solo corto por autor en un solo post
3. La trama debe concluir en el mismo capítulo
4. Pueden editar cuantas veces quieran, pero recuerden que si copian la idea de alguien serán descalificados.
5. En las votaciones (Primera fase) solo podran ser escogidos por el Jurado que seran: Jeankampeon. , Ana y Cony
6. El tema es libre siempre y cuando no rompa las reglas del foro
7. Los miembros del Jurado Calificador evaluarán, con un puntaje del 1 al 10 (siendo 1 el mínimo) a todos los cortos participantes en el concurso, y luego se sumarán los tres criterios de cada uno. El que obtenga mayor puntuación será el que pasara a la siguiente ronda.
8. El maximo de palabras permitidas es de 5000.
9. Durante las votaciones no se puede editar las historias.

Asi que se abre este tema para que postulen sus cortos!!



Para aclarar: Aqui se considera como una inscripcion asi que cualquiera puede postear!! Cualquiera!! aprovechen!!
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Smile!










#Creyente de Karla
#2
Yay!! soy la primera :3 Bueno... después de haberlo borrado si querer (si, soy tonta ._. ), editarlo, reeditarlo y re-reeditarlo aquí está por fin mi corto :3 (?)

No prometo nada:rolleyes: pero espero que al menos pasen el rato leyendo... no lo hice demasiado largo así que no será difícil de leer en demasía xD





TÚ, PEQUEÑO DIOS





Estaba próxima la media noche. El Teatro Liceo de Barcelona se encontraba en un estado de éxtasis y clavaba su mirada, sin pestañear si quiera, hacia el omnipotente escenario donde Marina Bautista, la más ilustre soprano de la ciudad, interpretaba despidiéndose de su hijo ficticio el tema más conmovedor de la obra Madame Butterfly “Tu, tu piccolo iddio”, al cual le seguiría un horrible suicidio por parte de la protagonista.

Marina era una mujer menuda, atractiva, con los dorados cabellos largos hasta la cintura y ojos color chocolate. Poseía una voz tan potente que resulta difícil imaginar que pudiese provenir de un ser con semejante constitución. En cambio, a pesar de lo joven que era (a penas28 años) se había granjeado una reputación sin tacha. Al mismo tiempo que recitaba las últimas sílabas de la canción reflexionó sobre lo que había llegado a ser, y todos aquellos esfuerzos que hizo… y sobre todo, en las cosas que había perdido. Mas no se arrepentía de ello.

Una vez terminado el acto, las paredes del grandioso hemiciclo retumbaban a causa de los potentes y sonoros aplausos que el público concedía, agradecido, a tan sublime actuación por parte de la cantante principal.


Volvió a casa después de otra estupenda representación que se repetiría mañana. Allí se encontraba su pequeño hijo Mauro, de cinco años y su fantástica hermana Alicia, dos años menor, quien guardaba un impresionante parecido con Marina, y que le había hecho el gran favor de cuidar del niño mientras trabajaba.

Las dos hermanas esperaron a que el niño recibiera la llamada de Morfeo y se acostase para hablar de un asunto que inquietaba sobremanera la vida de las dos adultas.

— ¿Te ha llamado? —preguntó Alicia.

Tras un tiempo de absoluto silencio y de meditación por parte de Marina, Alicia matizó la pregunta haciéndola aún más total:

— ¿Si o no? — dijo con desesperación en la voz.

— No… y no quiero que lo haga — contestó Marina bastante tranquila haciendo una pausa para tomar un sorbo de agua.

— Deberíais hablar… — le aconsejó su hermana. — pasado mañana es el juicio por la custodia de Mauro, y Pablo y tú no habéis vuelto a hablar siquiera desde la separación…

Marina no dijo nada ¿Por qué debería mantener una conversación con el hombre que los abandonó? Ni siquiera se molestó en ponerla al corriente de sus intenciones hasta que llegaron las cartas y los papeles de su abogado. Le rompió el corazón, y el niño… bueno, Mauro era demasiado joven para comprender nada.

Y como si fuera el único ente de aquella habitación, salió de ella negándose a que su hermana viese las lágrimas, a punto de escapar de sus párpados, y se dirigió a su dormitorio para irse a dormir definitivamente, no sin antes pasar por la habitación de su hijo para darle un beso de buenas noches, y contemplar su carita de ángel.


Al día siguiente Marina se despertó a causa de un desagradable y estridente sonido que, más tarde y no sin esfuerzo, descubrió que provenía de la puerta principal de la casa.

— ¡Ya voy, un momento! — gritó al tiempo que bajaba las escaleras de la casa apresuradamente para abrir la puerta.

Pero al hacerlo, se encontró con la imagen menos apropiada para ella en ese momento… el padre de Mauro. Un hombre atractivo, de constitución fuerte, alto y con la tez bañada por el sol. El hecho de verlo frente a ella tras tanto tiempo fue un duro e inesperado golpe que le trajo demasiados recuerdos dolorosos… apenas unas pequeñas arrugas en el contorno de los ojos le indicaron la diferencia entre su esposo y su ex marido. Perpleja, y sin mucho convencimiento, le invitó a entrar.

— He venido a buscar a Mauro para que pasemos el día juntos en el parque de atracciones…—Dijo Pablo con mucha naturalidad, como si tratase de informar al viento.

— ¿Cómo te atreves a venir hasta aquí y pedirme eso? — preguntó Marina retóricamente.

En poco tiempo y a raíz de esa pregunta, la ex pareja comenzó una acalorada discusión que cesó rápidamente, tal como había empezado, cuando los dos vieron al hijo de ambos al pie de las escaleras.

— ¡Papi! —gritó el niño mientras corría para estrangular a su padre en un fuerte abrazo.

— ¡Hola pequeño! — Dijo Pablo. — ¿Quieres venir conmigo a pasar el día al parque de atracciones hoy? — soltó de manera pertinente.

— ¡Claro! — Dijo el niño emocionado y con el brillo en los ojos— ¿Puedo, mamá?

Marina observó un instante a los dos y, finalmente cedió con impotencia.


Tras un difuso día, el crepúsculo ya se había apoderado de todas las calles de la ciudad, y a penas faltaban cinco minutos para el primer acto. La soprano estaba preocupada por lo sucedido aquella mañana, pero debía dejar su vida personal al margen para darlo todo en el escenario y salir de él, una vez más, victoriosa.

Después de otra intensa actuación, acabada de nuevo en un trágico suicidio, el teatro se volvió a inundar de la eufonía de los agradecidos aplausos…

Marina se fue lo antes posible a casa tras la función con la esperanza de poder ver a su hijo. Abandonó el teatro y corrió lo más veloz que le permitieron sus fundamentos hasta, una noche más, la casa de su hermana menor.

Cuando llegó encontró a su retoño ya arropado en la cama, pero ella se acercó para darle un beso en la frente. El tacto de los húmedos labios con la faz del niño provocó el despertar de este.

— ¿Mamá? —preguntó el niño adormilado.

— Dime, cariño— le contestó la madre con adoración al tiempo que le acariciaba los cabellos revueltos de color canela… idénticos a los de su padre.

— ¿Por qué nos dejó papá? — se preguntó el niño recordando el día tan perfecto que había pasado con su progenitor, y al recordar lo feliz que era cuando sus padres se querían.

Se produjo una elipsis mientras ella preparaba la respuesta. El niño esperaba expectante a que su madre respondiese a esa duda existencial que le había planteado, y justo cuando pensaba que no le contestaría, Marina dijo:

— Verás cielo, las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas. Pero la pregunta es si aciertan con ese cambio, y yo te voy a decir la respuesta… — hizo una pausa para mirar al niño—Cielo, cuando no sepas qué hacer, haz siempre lo que le parezca correcto a tu corazón, eso sí, al tuyo y al de las personas que te quieren… porque si lo hacen de verdad y les haces caso, no permitirán nunca que te ocurra nada malo. ¿Lo entiendes? — Preguntó la madre a sabiendas de la complejidad del consejo para un niño de su edad.

Pero el infante no contestó, y fue cerrando sus ojos poco a poco hasta quedar sumido en un profundo y placentero sueño… de esos que Marina no tenía desde hacía meses. Y mientras lo contemplaba deseando que su hijo pudiese vivir siempre en su mundo de sueños donde todo era perfecto, se puso de pie con sigilo y se marchó a su habitación.


El rehuido día llegó. Marina se vistió de traje para afrontar lo que podía ser el momento más difícil de su vida y salió a la calle dando un paso de duda, seguido de otro de convencimiento sucesivamente hasta llegar a los soberanos juzgados de Barcelona. Tuvo que hacer una pausa al pie de las escaleras para tomar fuerzas antes de reunirse con su abogado. Fue en ese momento cuando vio llegar a Pablo, quien le dedicó una sonrisa burlona, acompañado de una chica joven que lo agarraba del brazo… su nueva pareja, probablemente. Supo al instante lo que le había querido decir con aquél saludo. Tuvo que reconocerse a sí misma, a pesar de todo, que él estaba muy guapo… y fue entonces y sólo entonces cuando perdió toda seguridad en sus posibilidades.

La tensión podía cortarse con un cuchillo sin mayor esfuerzo en la sala de aquel cínico jurado. El magistrado, tras escuchar una serie de argumentos en contra y a favor por cada una de las partes, llegó a la conclusión final de que la custodia del niño debía ser para el padre, basándose en el hecho de que la madre, no tenía vivienda propia y en el excesivo tiempo que le ocupaba su trabajo.

Y así, con un golpe de martillo, la vida de Marina había perdido totalmente el sentido…


Horas de llanto y melancolía ocuparon todo el día de la soprano. Se formó ella sola una noche artificial en el cuarto que ocupaba en casa de su encantadora hermana. No probó bocado, no descansó… puesto que solamente podía dedicar sus pensamientos hacia su pequeño hijo, el cuál en apenas unas horas marcharía al extranjero con su padre. Lo peor de todo era que aquella noche debía aparecer, una vez más como Madame Butterfly en el Teatro Liceo; aunque más pálida, demacrada y ojerosa.


Comenzó la función.

Primer acto: mientras Butterfly se casaba con Pinkerton, Marina conmemoraba su boda con Pablo.

Segundo acto: Pinkerton abandonaba a Butterfly y se marchaba a Estados Unidos, entretanto Marina recordaba su estrepitoso divorcio.

Tercer acto: Pinkerton regresaba para llevarse al hijo de ambos. Marina especulaba en el juicio de aquella mañana.

Poco a poco la protagonista iba relacionando las similitudes entre su vida y la ópera que estaba representando. Boda, seguida de una separación con el peor final de una madre… perder a su hijo. Un final infinitamente peor que la propia muerte, ya que a estas mujeres les habían arrancado el alma.

La ópera llegaba a la escena final. La intérprete sujetaba la daga que desviaría solo unos centímetros para dar muerte a su personaje. El hemiciclo entero daba vueltas a su alrededor, las luces del escenario se ahogaron para el trágico momento. Marina quedó paralizada y, por unos instantes, pensó en atravesar la daga de verdad.

Quedaban pocos segundos para la acción. El público clavaba la mirada una vez más en el relevante escenario. Cesó la música…

Por fin, amedrentada por una cuerdísima demencia y sabiendo cuál era su destino agarró el puñal y lo clavó en el centro de su estómago al tiempo que terminaba de entonar “Tu tu piccolo iddio”, ésta vez despidiéndose de su verdadero hijo. Sintió la cuchilla fría y cortante atravesando sus entrañas mientras poco a poco caía al piso pensando, al tiempo en que moría, en el insignificante dolor que le producía la daga comparado con la pérdida de su piccolo iddio, su pequeño dios.

Mientras… el público se ponía en pie y aplaudía con extremo furor la mejor interpretación de Marina Bautista, sin saber que en realidad era su propia tragedia.


FIN




A la la long~~



Just me~