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#1

◘-Saikyo-◘

Bien si para, los que me conocen, sep se viene uno mas de los mios xDDD, espero poder completar este nuevo fic y seguir con los otros. Para los que no me conocen, pues, BIENVENIDOS! a una nueva produccion de Drengist :D
(Producciones sin Talento SA de CV... "Cero talento, pero el esfuerzo esta garantizado!"(?))Esta es mi nueva idea, espero que les guste n_n, por su puesto, si les gusta el genero de "Fantasia medieval" sin duda este es su fic!

ay, he jugado demasiado Skyrim...

Bien aqui os presento!
SAIKYO

Prologo:



Las 5 leyendas
1ro de Octubre de la era Poctina, año 1402, Finalmoon.





En los tiempos del Minith, existieron cinco leyendas, creadas por 5 hombres legendarios, destinados a convertirse en un mito que rivalizaría con los dioses mismos, que reiniciaría el mundo y crearía una nueva era, todo porque estos 5 hombres nacieron y unieron fuerzas para enfrentar a los más grandes retos y vivir sus feroces y siniestras aventuras en el Acath, el mundo visible. Este es el mito de aquellos 5 personajes, el mito de los Saikyo…


-Elf-hen






Capitulo 1: De la Muerte.





De la Muerte

14 de Marzo de la era Poctina, año 1400, Veras.



La bruma del ocaso cubría el suelo mientras que las últimas luces del sol dibujaban el contorno de las montañas, dentro de un claro al pie de las montañas blancas de Pie helado, un hombre encapuchado con un aura oscura caminaba en dirección a una mina abandonada en la espesura del bosque. Caía una llovizna densa pero tranquila sobre el claro, empapando la capa negra de la sombría figura que caminaba lentamente, de una manera siniestra, sin alma.

Todos los animales del bosque habían huido al menos a 1 kilómetro a la redonda de ese hombre, sentían ese miedo instintivo a la muerte intensificado infinitamente por la presencia del encapuchado. Aquel sujeto portaba la maldición de la muerte, todo lo que lo rodeaba moría sin razón alguna y de manera instantánea.

Todos los relatos, cuentos y rumores que circundaban alrededor de esta figura encapuchada decían que aquel hombre había nacido muerto, pero que su espíritu le había plantado cara a Drogionoth el señor de los muertos y había huído de las profundidades de Eterí el lugar donde moran los muertos inocentes y había vuelto de la tumba habiendo así roto las leyes de los dioses, habiéndosele escapado a Drogionoth en sus narices y que por tal insolencia el señor de los muertos le había maldecido obligándolo a cargar el espíritu de la muerte a donde quiera que fuera. Otras historias decían que era el propio Driogonoth en su forma mortal o su hijo quien había decidido entrar al mundo mortal por cualquieras fueren sus siniestras razones. Pero lo que aquel hombre sabia sólo eran dos cosas y ninguna de esas estaba relacionado con esos relatos alocados de los que hablaban los pueblerinos sobre él. La primera: Su nombre, que era Montock Le Blanc . Y la segunda: que todo lo que sabía sobre su maldición era que lo mataba todo, sin excepción. Las flores y el pasto marchitaban a su alrededor y se secaban hasta volverse polvo y todo animal o persona que pasara demasiado cerca de él aunque fuera por un instante caía al suelo sin vida y empezaba a pudrirse a una velocidad macabra.

Pero por eso él se encontraba al filo de esa mina. De esa mina era bien sabido que estaba conectada a unas ruinas de los Dex-Elih, los eruditos entre las montañas. Una raza pérdida de monjes eruditos que vivía refugiada entre las montañas, siguiendo las enseñanzas de Eutheri diosa del viento y la sabiduría. Construían sus templos en lo alto, en los límites del mundo mortal, lugares donde ningún hombre, enano, orco, trasgo o cualquier ser vivo pudiera pisar además de un Dex-Elih.

Los Dex-Elih eran conocidos por su bastedad de conocimientos sobre todo lo que existe en el Acath, Tokath, Enkath y Sucath, las tierras donde moran los mortales y las que moran los Mennag; los inmortales. Esto para Montock, era una luz de esperanza casi cegadora, porque tenía la certeza de que si los Dex-Elih no conocían el significado de su maldición, solo los dioses sabrían porque había nacido marcado por la muerte. Incluso de ser así, los monjes eruditos habían dejado su gran colección de conocimientos dentro de ciudades en el interior de las montañas que moraban, ahí habría algún libro que ilustrara las doctrinas del viento y Montock podría aprender a comunicarse con Eutherí y ella por sobre los demás dioses, sabría decirle cuál era su mal. Montock disponía de todo el tiempo del Acath, pues él era la muerte, no necesitaba comer, beber, ni siquiera necesitaba respirar, no podía morir, porque ya estaba muerto.

Montock dio su primer paso dentro de la mina abandonada y un viento le azotó la cara con todas sus fuerzas, tumbándole la capucha, alborotando su cabello del color de la nieve blanca. Ese viento era frio y triste, a Montock le daba la sensación de que esa ráfaga era como si la mina se lamentara de su prescencia, como si él hubiera entrado en un momento en el que no debía de haberlo hecho, rompiendo con la intimidad en de la mina, se sentía como si hubiera algo ahí que no debería verse, que no debería ser descubierto.

Dio un segundo paso dentro de la mina, entonces hubo un fogonazo blanco y Montock se quedó ciego, empezó a perder la sensibilidad de sus brazos y piernas, el sonido de las agujas de pino meciéndose a sus espaldas y el vacío de la mina empezaron a apagarse, incluso el olor de la tierra mojada y la piedra dura y seca desapareció. Sintió como si le hubieran desprendido de su cuerpo por un instante hasta que pudo sentir de nuevo, pero todo era diferente, estaba hincado en un suelo que no era de piedra, era suave y no sabría decir que era, sus manos estaban atrapadas con unos pesados grilletes, también sentía todo el peso de cadenas aplastando su espalda, forzándolo a permanecer hincado como estaba. Su audición todavía no había vuelto por completo y aún permanecía ciego.

Montock permaneció en silencio, no estaba seguro de lo que había pasado, se daba cuenta de que era prisionero. Todo esto podría ser obra de un ilusionista que lo había capturado apenas había entrado en la mina, pero él no podía ser humano, podría ser un Mennag oscuro, un demonio de ilusiones, los demonios estaban exentos de la muerte mortal, por lo que no podían morir a manos de la maldición de muerte que Montock cargaba, solo un dios, otro demonio o un emisario divino podría darle fin a un demonio.
Se escuchó una voz gutural sobre su cabeza. Hablando un idioma extraño del que Montock jamás había oído, sonaba como si un dragón gruñera e hiciera gorgojos sobre s cabeza.

Sonó de nuevo la voz, ahora como un rugido, atronadora, colérica.

-Lo siento, no entiendo –dijo Montock con toda calma, como ya se había dicho, él era la muerte, por lo que no necesitaba temerse a sí mismo.

La voz habló en un tono interrogativo que parecía indignado e irritado.

-Lo siento, no entiendo –repitió calmado.

-¡¿Te atreves a hacerme hablar una lengua mortal Eru?! –La voz cambio por completo se volvió una voz firme, imperiosa, poderosa, casi intimidante, tenía un acento perfecto y hablaba con mucha fluidez el idioma Acath.

Montock no respondió, no tenía porque, él no era Eru

-Creí que había sido tu fin Eru, y el mío también –continuó la voz, como si ignorara el hecho de que no le había respondido-. Pensé que ya habías desaparecido, muerto para siempre. Ahora dime, ¿Por qué de pronto sentí tu espíritu, acercándose a uno de mis santuarios? –Le interrogó el hombre de la voz.

Montock siguió prestando silencio, negándose a hablar.

-¡Responde! –Vociferó la voz.

-Yo no soy Eru –Respodió Montock en un murmullo.

-¿Pero qué…? –Gesticuló la voz

Montock escuchó como algún aparato mecánico se accionara y un objeto muy pesado se moviera, un segundo después hubo rugidos coléricos que estallaron en el lugar y la tierra empezó a temblar. Se oían murmullos aquí y allá, gritos y suplicas. Fuera donde fuere que estaba Montock, había caído en el caos total. Incluso para él esa atmosfera que se suscitó tan repentinamente, era abrumadora, pero permaneció en calma, esperando a que la tormenta amainara, porque estaba consiente de él no podía hacer absolutamente nada, estaba inmovilizado.

-¡ERES UN HUMANO! ¡UN HUMANO! –Rugió la voz tan imponente que podría haber tumbado a un jinete de su corcel con silbido-. ¡DIME POR QUÉ TU ESPIRITU ES EL MISMO QUE EL DE ERU O JURO QUE CALCINARÉ TU ALMA MORTAL, HASTA QUE NISIQUIERA LOS CUERVOS DE DROGIONOTH SE ATREVERÍAN COMERSELA!

¿Calcinar el alma?, eso tomó a Montock por sorpresa. Solo las Divinidades y los demonios más poderosos podrían jugar con el alma de los seres vivos a gusto.

-¡RESPONDE! –Exigió la voz.

Montock sintió un escozor se apoderaba de sus entrañas, que pronto se convirtió en un ardor tal que sentía que su sangre se hubiera convertido en ácido. Trató de retorcerse pero el peso de las cadenas se lo impedían, tenía que sufrir esa tortura, ahí quieto, sin poder mostrar su sufrimiento.

De pronto percibió como perdía el control de su mente, veía ante sí recuerdos que no había evocado, pensamientos que no eran suyos, sentía que alguien estaba revolviendo su cerebro mientras su cuerpo era quemado por dentro. Jamás había sentido tanta desesperación en ningún punto de su vida como aquel.

De repente todo se detuvo, el dolor se esfumó y su mente volvió a estar en su lugar. Sintió tanto alivio que soltó todos los músculos de su cuerpo y dejo tranquilamente que las cadenas los aplastaran un poco más.

-Así que eres Montock Le Blanc –Dijo la voz ya más calmada con un deje de satisfacción en su tonada, lo que sea que le hubiera hecho a su mente, había encontrado lo que buscaba-. Por lo que vi, ahora todo tiene sentido, entiendo porque tú tienes un espíritu similar al de Eru, y toda esa muerte que te sigue como grilletes a donde sea que vas.

-¿Quiés eres? –Pregunto entrecortado Montock, jadeando, aun recuperándose del espantoso tormento que había sufrido.

-¿Eh? –La voz volvió a sonar indignada-. ¿Acaso no reconoces a tu dios, pequeño humano?... ¡Ah! Es cierto –se mofó-. Ustedes mortales jamás aprendieron a ver, tampoco a escuchar, sólo a sentir, no es de extrañar que no me veas, después de todo no sabes cómo verme.

>>¡Yo soy Irinih!, supongo que eso te basta, humano.

Inirih, el dragón. Montock se sintió realmente tonto, Eru, ¿Cómo no se había dado cuenta?, Aquel “Dios” que le hablaba, no era si no la mitad de un dios, el bi-dios de la guerra Irinih-Eru, un dios hecho de dos partes. Irinih-Eru era el patriarca de todos los dioses, él era la representación del conflicto entre fuerzas opuestas que le daba sentido al universo. Si no existieran fuerzas que se opusieran las unas a las otras, el universo no existiría, por eso las dos mitades del dios estaban destinadas a pelear la una con la otra, las cuales eran Inirih y Eru respectivamente. Pero era imposible, Eru no podía morir, si el moría, Inirih también desaparecería. Una idea así era inconcebible.

-Humano –le llamó-. Desde ahora tú me perteneces, tu piel, tu carne, tu espíritu… tú maldición, ahora cada parte de ti me pertenece. Desde ahora tú serás mi siervo más fiel. Serás el emisario divino de Irinih.

-¿Qué? ¿Por qué? –Montock no entendía porque de repente el Dios de la guerra lo había tomado bajo su ala, todos sabían que los Emisarios divinos de los dioses eran personas que regentaban el poder de los dioses sobre los mortales y también servían de mediadores entre ambos, exponiendo los problemas terrenales a los dioses celestiales. Un Emisario divino es similar a un sacerdote, pero su conexión con los dioses no es a través de la fe, si no que era una conexión directa con el dios a quien representabas. Un emisario divino, podría entrar en el palacio de un emperador y decirle que le besara los pies sin que el emperador pudiera negarse.

-Eso no te corresponde a ti saberlo mortal –replicó con furia el dios-. Pero sé que un desdichado maldito como tú, jamás ha creído en la justicia de los dioses. Sé que nunca confiaras en nosotros como lo haría un Emisario real. Pero puedo ofrecerte algo a cambio de tu servidumbre.

-Esclavitud –susurró Montock amargamente. Nunca le tuvo simpatía a los dioses, después de todo, el jamás había tenido a nadie, su madre había muerto dándolo a luz, su padre también había muerto cuando lo sostuvo entre sus manos en el primer momento y todo aquel quien se le hubiera acercado también había perecido. La justicia divina solo era para aquel a quien a los dioses les conviniera. Sin embargo Montock sabía que a pesar de ser inmortal, provocar a un Dios era una estupidez tremenda, los dioses tenían poderes que superaban la comprensión humana. Pero el replicarles en la cara, le producía una satisfacción inmensa, aunque fuera solo un segundo.

-No, pequeño humano –Comenzó Inirih-. Nosotros los dioses, siempre tenemos algo que ofrecer a cambio de los favores mortales, nosotros somos poderosos y mi regalo es algo que no podrás rechazar, pues conozco todos tus deseos. Tú y yo sabemos que remover la maldición de la muerte es el deseo que tú pides a gritos… pero que hay de ese deseo que haz encerrado en tu corazón y lo has acallado junto con tus verdaderos sentimientos. Dime ¿qué es lo que realmente deseas, remover tu maldición o a aquella niña… Aura?

Al oír ese nombre, el rostro de Montock se demacró, lucia infinitamente más viejo y cansado que de lo que en verdad estaba, tenía el semblante de alguien que había sido golpeado por la vida un sinfín de ocasiones.

-Ningún alma mortal deberá regresar al Acath una vez perecido. De ser un muerto pecador este será enviado al Enkath la tierra de la oscuridad entre las estrellas, si es un muerto que ha cometido en favor de los dioses se le permitirá la entrada al Tokath el centro de la tierra donde reside el mundo divino, en el caso de ser un muerto inocente será enviado al Eterí para prestar servidumbre a Drogionoth señor de los muertos quien juzgará a las almas y decidirá si van a Enkath o a Tokath. Toda alma que infrinja las leyes de la muerte será calcinada. Eso, es lo que establece la ley divina –Respondió fríamente Montock sin demostrar el mas mínimo rastro de emoción en su rostro.

Inirih soltó una poderosa carcajada

-Desafías a tus sentimientos con la lógica –admiró Inirih-. Sin duda alguien cómo tú está más que calificado, para servirme. Bien cumpliré ese deseó por el que tanto pides. Pero yo no puedo remover una maldición como la que te acosa, está por fuera de mis poderes, por supuesto, por razones que no necesitas saber mortal…

Por más pequeña que fuese la esperanza que hubiese albergado Montock, se había esfumado, ni siquiera el patriarca de los dioses le podía asegurar remover su maldición.

-Siempre ha sido de mortales la inhabilidad de poder ver más allá de lo obvio –se quejó el dios con un gruñido, como si percibiera la decepción de Montock-. No puedo quitarte tu maldición, pero sí puedo proteger a todo los demás seres vivos de ella.

Montock levantó la cabeza tanto como podía con esas cadenas sobre su cuerpo, en un esfuerzo completamente inútil, pues estaba ciego y no podía ver nada, pero estaba asombrado.

-No dañaras a nadie mientras sigas teniendo mi bendición –prosiguió Inirih-. Eso sí aceptas servirme, lealmente. Aunque por supuesto, yo no soy ningún demonio, podras hacer lo que te plazca mientras no estés a mi servicio, podrás disfrutar de una vida mortal, casi normal.

Montock no lo pensó, no necesitaba hacerlo, desde que había nacido su único propósito había sido librarse de aquel mal que le acosaba, todo lo que hubiera más allá de ese propósito no le importaba.

-Sí, te serviré Irinih, primera mitad del equilibrio del universo, patriarca de las deidades y de los mortales, dios de la guerra y la razón –Montock pronunció su juramento, tan inexpresivo como siempre. Si había esperanza se aferraría a ella con todas las fuerzas que tuviera.

Inirih dio un gruñido de aprobación.

-Desde ahora serás el emisario divino de Irinih, portaras el fuego blanco en mi nombre y cumplirás mi palabra sobre los mortales y el Acath. Montock Le Blanc, desde ahora serás conocido entre los mortales como el sacerdote de la lógica y el verdugo del patriarca, todos los seres inferiores a ti deberán conocerte como Saikyo el muerto, solo tus iguales te llamaran por tu nombre…

***

Montock sintió aquella sensación de vacío a través de su cuerpo, esfumándose y sus sentidos recobrarse lentamente, comenzó a oír el agua fluir suave mente a su alrededor, el olor a piedra dura y seca estaba en el aire de nuevo y también podía sentirla roca bajo su cuerpo. Pronto se dio cuenta de que estaba recostado sobe una loza de piedra. Abrió los ojos y comprobó que su vista había vuelto por completo. Montock se vio a sí mismo en el altar de una gran capilla subterránea dedicada a la parte blanca de Irinih-Eru, todo era de piedra tallada a mano y cada una de las decoraciones estaba hecha de mármol blanco, los detalles eran exquisitos, se podría comparar con los templos de los 12 estados-capital del impero Ennahrio. Además de que la estancia estaba iluminada con una suave luz azulada gracias a cientos de lámparas de Brodick, mucho mejores que las lámparas de gas o las velas, pues estas estaban hechas con una pasta luminiscente, que no era inflamable, aunque sí muy costosa. Pues se necesitaba una sarta de ingredientes exóticos y un alquimista bien adiestrado para fabricarlas. Pero para los sacerdotes ese lujo no era un problema, no solo porque las iglesias fueran acaudaladas, sino porque los alquimistas abundaban en los templos e iglesias. A la alquimia se le consideraba como el centro de la religión, por una simple razón. La alquimia es la ciencia que estudia las propiedades místicas del universo, por lo tanto las leyes alquímicas eran lo mismo que las leyes celestiales, las leyes de los dioses.

Montock miró a su alrededor y vio que a su derecha había otro altar como en el que estaba apoyado, una réplica exacta, solo que los detalles de ese altar y de todo el lado derecho de la capilla no eran de mármol blanco, sino de mármol negro, lo que significaba que ese era el altar dedicado a la parte negra de Irinih-Eru. Estaba seguro de que se encontraba al interior de la mina en algún lugar de la ciudad de conocimientos de los Dex-Elih. Era obvio, pues todas las paredes a su alrededor estaban cubiertas con letras jeroglíficas que según la tradición de los Dex-Elih deberían ser conocimientos sobre los dioses, pues ellos tenían la costumbre de llenar todas sus paredes de conocimiento.

Montock se apresuró a ir a la parte trasera del altar de Inirih, pues según las instrucciones del dios, atrás del altar encontraría un baúl lleno de objetos. Inirih le había dicho que cualquiera que fuese el objeto que tomara, este se convertiría en un amuleto que lo conectaría a él directamente con el patriarca de los dioses y que mientras él tuviera ese amuleto y la bendición de Inirih, su maldición jamás volvería a cobrar ni una vida más.

Llegó a la parte trasera del altar y vio un arcón de mármol negro hermosamente decorado con pintura dorada. La tapa era muy pesada pero pudo retirarla con presteza. Dentro había muchos objetos clericales, destinados a la adoración de Inirih-Eru, como una balanza de doble contra peso, un cáliz de oro y plata, ropas de sacerdote, un bastón de mármol con una figurita en la punta que representaba a los dos dragones serpientes, uno blanco y otro negro, quienes eran una de las formas optadas por Irinih-Eruh, pero Montock no quería eso, quería que su amuleto fuera algo practico que pudiera llevar a todas partes y no fuera una carga. Entonces vio algo que superaba todas sus expectativas. Un brazalete de plata que sólo usaban los Dex-Elih de más alta categoría o los sacerdotes para ceremonias especiales. Este Brazalete no solo era fácil de llevar y liviano, sino que en el extremo tenía una piedra parecida a un zafiro, que en realidad era pasta Bronick cristalizada, la cual no solo era una bonita gema, eso también podría servir como una lámpara durante la noche y no solo eso, por alguna razón el Bronick ahuyenta a los diablillos y a los moradores de la oscuridad como los trasgos, las gárgolas y cualquier otro de los siniestros merodeadores de las sombras.

Montock tomó el brazalete de inmediato y se lo puso en el brazo derecho. Podía sentir como la emoción calentaba su corazón hecho de fría piedra, endurecida y curtida por muchos años de soledad y desdicha. Por lo que se dirigió de inmediato hacia la salida.

A pesar de estar muy ansioso, Montock tardó un par de horas en salir de la mina, debido a la razón de que no sabía el camino de regreso desde la capilla de Inirih-Eru hasta la superficie y de hecho ni siquiera salió por donde había entrado, sino que salió por alguna de las entradas secundarias de la mina. Pero eso era perfecto, porque por ahí él no había pasado, entonces podría verificar perfectamente sí Irinih realmente había controlado su maldición.

Montock se plantó frente a un árbol, él había notado que la hierba a sus pies no había muerto, pero quería verificarlo más directamente, así que alzó su palma, no le temblaba, estaba calmado, sabía que dejarse llevar por las emociones sería una tontería, no celebraría hasta no saber si el amuleto funcionaba.

Tocó el árbol con la palma de su mano y no pasó nada. Montock sintió satisfacción y admiración en ese momento, por fin podía tocar sin matar y más que eso, bajo su mano, podía sentir la vida del árbol correr por su interior, era maravilloso, sentir la vida.

Montock sonrió de manera sincera como nunca lo había hecho durante tantos insufribles años cargando con la muerte.

Pero su regocijo no duró mucho, Irinih le había encomendado una misión, tenía que cumplirla, le gustase o no. Era por su bien, y por el de Aura…



Espero que les haya gustado xD, disculpen si fue largo, pero estoy seguro de que la lectura es fluida por lo que no aburre demasiado, proximo cap, proxima semana, esperen con ansias :7

Comenten! se aprecian sus comentarios... me deprimo si no me comentan ;_;(?)

Bueh es todo, Byes!!

P.D: lol las 2 am, asd siempre se me da estrenar en la madrugada P_P.










Spoiler

Grax Rene, quedo Rlz xD

Grax cell esta buena :D


#2
Dren! Hace cuanto que no leía algo tuyo...... Aunque sea una idiotez en el shout (?)

Sin duda, una historia original, pero con un toque clásico.
Pobre Montock, debe ser un infierno tener esa maldición, pero le debe estar eternamente agradecido a Irinih por bloquearla con sus poderes.
Tienes imaginación de más, creas tantas cosas que ya me mareo XD Pero eso me gusta.
Mmmmmm ¿Quién será Aura? ¿Su amada? ¿Su hermana? ¿Su roca mascota? (?)
Errores de ortografía no vi ninguno, y sobre lo largo del capítulo, ni lo noté. Cuando llegué al final dije: "¿Ya se terminó?" Es una historia que atrapa, espero el próximo capítulo con ansias.

Firma: El pinguino que te dice Drenaje, Zombie Yaoi, etc (?)


Spoiler






#3
Dreni, tus nombres me confunden >:c Era uno tras otro ;_; creo que deberías ir más lento en ese aspecto o os lectores se confundirán... o tal vez soy el único wn.

Bueno, fuera de eso, me gustó mucho la parte de él caminando a la mina matando todo a su paso aunque él no quiera :3. También, el concepto de "mitad de un dios" O: Se ve bastante prometedora la obra, a ver cuál será esa gran misión, y quién será Aura :3.


___

No presté mucha atención, pero esto encontré:

sobre s cabeza.

su.

porque estaba consiente de él no podía hacer absolutamente nada, estaba inmovilizado.

de QUE el no podia ... ?

Pronto se dio cuenta de que estaba recostado sobe una loza de piedra.

sobre

PD: Ja lo leí, y tú creerías que no lo haría :3, ahora a ver si scas un cap más de esto o lo abandonas como los demás xDD.
#4
Bueno, por fin algo decente a lo que hincarle el diente... o la tecla (?). Comencemos.

Estructura: Has ordenado el fic por párrafos, y eso es algo que poca gente hace, muy a mi pesar. Pero algunos párrafos se hacen un poco pesados, por falta de comas o puntos. También hay otros que deberías haber desglosado mejor para un buen entendimiento del lector.

En cuanto a las descripciones he de decir que lo detallas muy bien, de modo que al leerlo nos podemos hacer una idea de cómo lo imaginas tú en tu cabecita.

Ortografía: bueno, aquí no me puedo quejar, porque solo he visto algún fallo de tipeo y dos faltas de ortografía. Siempre recomiendo escribir antes en Word o Acróbat para ver las faltas por ti mismo y mejorarlas. También me gustaría que escribieses los números con letras, que queda más estético.

Trama e historia: excelente, me ha encantado el mundo que has creado, con sus razas, dioses, etc. Casi pensaba que leía un libro publicado y de éxito tipo señor delos anillos o similar. Te diría que debes ir explicando paso a paso los detalles de ese mundo, de hecho lo hiciste muy bien, pero ten en cuenta que al mínimo detalle, aunque sea insignificante que dejes sin escribir, la gente se perderá en ese mundo de fantasía sin llegar a comprender en su totalidad. Por cierto, me cuesta imaginar como ha podido sobrevivir desde bebé sin ayuda de nadie (puesto que no se podía acercar a ellos...) los bebés son personas dependientes.

Bueno, bueno... no le he podido sacar mucha sangre porque es de los mejores que he leído últimamente. Mi puntuación general un ocho, y créeme que no suelo ser tan generosa en mis críticas (si ves alguna por ahí sabrás por qué lo digo). Esperaré pacientemente la segunda entrega de este maravilloso fic. No se si ya lo dije, pero me ha gustado mucho.

Eso es todo... de momento OwO. Saluditos y abracines!! ^^




A la la long~~



Just me~


#5
Buenas buenas, manos a la obra, o mejor dicho, ojos a la lectura O.O (?
Bueno, este fic, sin duda, es uno de los mejores que he leido por estos lados. La trama es muy interesante, y más que nada porque amo los relatos relacionados con el tema, como los escritos de J.R.R. Tolkien o la gran historia de Warcraft y demás. El relato es realemnte muy fluido, tiene mucho de imaginación y el tema de los nombres, ubicaciones, dioses y todo eso es muy atrapante.}
En cuanto a las descripciones, son muy muy buenas. Me gusta que hayas planteado absolutmente todo el tema relacionado con los mundos, los dioses, etc. Hablando de las descripciones de los pensamientos y sensaciones de los personajes, son excelentes. Hacía mucho que no leía descripciones con tal nivel de complejidad. Son muy buenas
Inirih-Eru, es un Dios muy bien planteado. Me gusta que tenga algo del yin yang. Me hice acordar mucho a pokémon blanco y negro.
El lengujae que usaste es avanzado y de un muy buen escritor. Ocupas muy bien los tiempos y hacer que los personajes dialoguen en los momentos justos y precisos.
Sin duda alguna es una de los mejores Fics que he leido.
Sin nada más que decir, espero con muchas ansias el próximo capítulo, que estoy seguro que va a estar muy bueno.
Abrazos y felicidades ^^
#6
Bueno, aquí estamos para ver este fic.

¡Enhorabuena! Me ha encantado la trama, queda el suspense de ¿qué pasará? Realmente es intrigante.
Tienes una imaginación exquisita, has creado tu propio mundo y lo has descrito de tal forma que parece real, es increíble :)
En ortografía no puedo ponerte pegas, creo que vi algo por ahí, pero nada grave, "well done".

Como consejo estético.
Usa alt + 0151 (guión del teclado numérico) para poner el guión largo y así los diálogos quedan más estéticos y mejor marcados.
Pruébalo y haber que pasa jajajaja.

Bueno, no hay mucho que objetar, está muy bien, espero un nuevo capítulo :D
labin

Sexo: Macho
Nivel: 5

#7
Ya-hoo! Jinzai-sama wo Kimashita!... oh esperen esa era la mi intro kawaii de anime p_p bien empecemos de nuevo y en español (Traduccion, encoders, timing, etc by Zero jinzai Fansub(?))

Buenas a todos! Seh, por fin pude terminar el segundo cap, bueh.. de hecho no, este cap iba a ser mousntrosamente largo por lo que lo dividi en dos Actos, cierto tambien quería traerles un mapa para que se ubicaran maso menos como es el Imperio Ennahrio, pero ya no pude, en él siguente cap se los traigo y tal vez de una vez el mapa del continente °3°!

Por supuesto! siguiendo la antigua tradicion de la seccion de Fanfics de Cpokemon foros! respondere a sus comentarios antes de pasar al capitulo... sean agradecidos!!(?)

Marinela (seh ese el feo que se llama empoleonmaster)(?)
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Se te agradece que no comentaras mis estupideces del shout(?), nah, me alegra verte aqui marinela, uff hace una eternidad que desapareci y ya volvi, me agrada que me comentes... me hace sentir menos miserable ;_;, tanto como la de Montock(?) y quien sera Aura?... buena pregunta, espero responderla algun dia(?).

Renelzio!!
Spoiler
ES UN MILAGRO!! TU COMENTANDO! Me siento agradecido de que uno de los claros indicadores de que el 2012 se acerca (me refiero a la fecha del 21/12/12 trolles que me quieran correjir ¬¬). Vaya los errores me los hiciste notar y ni cuenta me había dado y sí, tu eres el unico weon que se marea con tantos nombres ademas de marinela.. pero almenos él ve el lado rico de la vida! como los Chocorroles :awesome: (???)

Akane
Spoiler
Muchas gracias por comentar mi fic cuando te lo pedi O:, ademas se nota que sabes de esto, me agrada tener un lector experimentado como tú n_n. Muchas Gracias por la calificación, en especial por que te has querido hacer a la reputacion de calificador estricto.

EMPOLEON
Spoiler
Que genial :G otro leector experimentado, comentaste y ni siquiera te pedi que lo hicieras ;_;! me siento feliz, parece que este proyecto si vale la pena C: Seh, soy muy tolkienista en lo que al ambito de hacer historias de Fantasia medieval como Skyrim o:, Muchas gracias estoy muy halagado por lo que dijiste.. uno de los mejores ;_;! Espero seguir contando con tu avida lectura :G

Labin
Spoiler
Otro mas que comenta y no se lo he pedido :D! me alegra mucho que me comentaras :G, lo de los guiones lo tendre en cuenta o:, muchas gracias a tu comentario, espero y siga habiendo mas n_n!


Bien en este capitulo de Saikyo! *voz de narrador* Ash ketchum...(?) ejem! Quiero decir, en el capitulo anterior vimos al primer hombre legendario comocido como Montock Le Blanc, esta semana entraremos en lo que es el segundo, Astrid, mejor comocido como Himmir, conoceremos su historia y ascenso en el imperio y un poco de las costumbres de su pueblo más la introduccion a los tragicos eventos que se conocerian bajo el nombre de "Aurora Roja" en los cuales Himmir fue protagonista :G

Sin más, el segundo capitulo!

De la Guerra
Acto Primero: Las canciones de Himmir


Spoiler

Astrid, conocido como el Himmir, la espada de la emperatriz y también llamado por el nombre de Astrid flecha legionaria. Astrid era el auxiliar del ejército imperial de más alto rango que jamás hubiese existido en la historia del imperio Ennahrio, su importancia para la legión imperial era tan grande como la de un comandante, algo que resultaría inconcebible si Astrid fuese un auxiliar como cualquiera de los otros. Los auxiliares eran mercenarios a sueldo del imperio, solo que con un nombre más bonito, aquellos mercenarios eran personas que servían para cumplir con los asuntos “no oficiales” del imperio. Cosas que el imperio no se atrevería a decir abiertamente. Pero no Astrid, contrario a los otros auxiliares, él era una figura pública, era un héroe de guerra, del que se cantaban canciones en las posadas y tabernas, de quién los viejos contaban relatos fantasiosos a los pequeños niños del imperio, e incluso en regiones más allá.

Astrid se había forjado una leyenda por sí mismo.

Cuando solo era un crío de dieciséis años que se creía inmortal, había huido de su casa en rumbo a la capital del imperio Ennahrio, Valtriste, en ese momento conocida como el próspero Reino de Ennah, después de haber oído el rumor de que la nueva reina de la región había declarado la guerra a un reino vecino y que ahora la reina colibrí, como se llamaba a ella misma, estaba reclutando a todos los soldados que le fuera posible, pero no solo era por la razón de derrotar a su oponente en la guerra, sino que se decía entre susurros, que la reina Colibrí planeaba emprender una campaña titánica en busca de la conquista del mundo. Esto para Astrid significaba una sola cosa: Batallas, batallas dignas de recordarse para siempre, el tipo de batallas que serían cantadas alrededor de las fogatas por cientos de años y él, Astrid, sería el verso central de todas ellas.

Astrid destacó rápidamente entre todos los reclutas que se presentaron al alistamiento, pues era asombrosamente rápido y ágil. Lo cual no era para nada extraño. Él no era del todo humano, de hecho él era una raza distinta a los humanos, se podría decir que su raza era prima de los humanos. Él era un Edmunita. Los Edmunitas eran los velocistas de arena. Una raza de nómadas que vivía en el desierto de Roca arenisca en el sur, muy lejos del imperio, ellos se caracterizaban por su piel de un rosa tostado, su cabello rubio con un tono rojizo ardiente, que vivían casi cuatro veces lo que un humano normal, pero por sobre todo, por su velocidad y resistencia casi inhumana a la hora de correr. Los Edmunitas cazaban todas sus presas a pie y la mayoría eran bestias enormes entre las que se encontraba el búfalo gris del desierto, del cual habían llegado unos pocos ejemplares al imperio y cada uno de ellos retrataba a monstruos de metro y medio de alto y casi cinco de largo. Los nomadas del desierto podían tener una carrera pareja contra un caballo de guerra sin sudar una gota. Todas estas grandiosas habilidades atribuidas al pueblo del desierto, eran producto de Umûl, el dios de la justicia, tal y como decía la tradición…

En el inicio cuando Inirih-Eru esculpió a todas las razas mortales de la arcilla etérea y las puso en diferentes rincones del Acath. Umûl uno de los primeros hijos de Inirih-Eru protestó: “Padre, te equivocas. No les estas dando a todos lo mismo. Como tus segundos hijos deberías darles el mismo amor a cada uno de ellos como lo has hecho a cada uno de nosotros. Tráelos con nosotros a nuestro reino. Aquí ellos serán tan felices como nosotros”.

A lo que Inirih-Eru contestó: “Pero ¿quién morará el Acath, si no son ellos, mis segundos hijos? ¿No crees que el Acath necesita tanto amor como se lo merecen mis hijos?, después de todo, el mundo también es mi creación, por eso le entrego a mis segundos hijos, para demostrarle cuanto lo amo”.

Umûl caviló un momento como si tratara de decidir quién merecía más el amor de Inirih-Eru, pero al no encontrar una respuesta dijo: “Pero los mortales en el norte se congelan y en el sur mueren de hambre porque no encuentran que comer entre las arenas. Ellos no pueden desobedecer las leyes naturales, si ellos no tienen el don para sobrevivir, no duraran mucho tiempo en el Acath, se extinguirán como un alma en la oscuridad y el Acath quedara de nuevo solo, sin nadie que lo habite”.

Inirih-Eru miró a su hijo con compasión y luego sonrió: “Umûl, siempre he sabido, qué tú por encima de todos tus hermanos, eres él que admira y ama todo lo que yo he creado de la arcilla, sea algo hermoso o algo terrible. Por lo que es a ti, a quien le encomiendo el deber de darle los dones necesarios a mis segundos hijos para sobrevivir en el Acath y velar por todos aquellos a los que les falte el don para sobrevivir”

Y en ese entonces fue cuando Umûl impartió la Primera Justicia, en la cual dotó a todos los seres mortales con las habilidades necesarias para sobrevivir en cada uno de sus ambientes. Y fue al pueblo del desierto a quien trató con más cariño, pues en medio de las arenas imperecederas necesitaban habilidades, protección y conocimientos para sobrevivir. Umûl les dio piernas más agiles que cualquier otro humanoide, los vistió con una piel especial para soportar las crepitantes llamas del sol y por último se quedó con ellos, moró entre sus casas enseñándoles donde y cuando buscar su alimento, construir sus refugios, a defenderse, pero por sobre todo, les enseño a apreciar la justicia y a tener amor y compasión por todo lo demás.

Desde entonces en todos los mitos Edmunitas, Umûl había sido tratado como el padre de todos ellos, siendo su razón por la que no hubieran muerto en el desierto desde el inicio de las eras. De hecho el nombre de los Edmunitas provenía del vocablo antiguo: Ed-Umûl “Desde Umûl”.

Para Astrid, estas historias no eran más que charlatanería de ancianos, irónico pues, Astrid por encima de todos los demás Edmunitas, era a quién más destacaban estos dones de supervivencia que les había otorgado el dios de la justicia. Cosa cual le dio un pase de entrada instantáneo a las filas de la legión y un ascenso vertiginoso entre los puestos militares, además de la admiración de todo el imperio Ennahrio.

Pero Astrid curtido tras más de ciento cincuenta años de liderar la campaña de conquista del imperio Ennahrio, se encontraba bañado en gloria, en la cima del honor. Su fuerza y osadía ya habían sido motivo de innumerables canciones que lo aclamaban, diciendo que era el hombre más rápido del Acath, que la velocidad de sus piernas podía compararse con las alas batiendo de los ángeles siervos de Eutheri. Sin embargo a Astrid ya no le importaba que nueva canción sobre él fuera creada, ya no era el niñato ingenuo que esperaba que lo enviaran al campo de batalla para que él pudiera hacer nacer su leyenda. Pues ahora Astrid conocía el precio de la gloria, y en la guerra, el costo era aún más doloroso. ¿Cuántos de sus amigos habían caído bajo las espadas enemigas?, ¿cuántos rostros familiares había visto entre las pilas de cadáveres?, no podía contarlos. El tormento de ver a sus conocidos morir era mucho más grande que cualquier regocijo que le pudiera traer la admiración de todo un imperio. Tras ciento setenta y cinco años de la Guerra de Conquista, Astrid tuvo suficiente y desertó de las líneas del ejército imperial. Pero no abandonó el imperio Ennahrio, sabía que si dejaba el imperio, la fe de las personas en la emperatriz y el ejército se desplomaría, se haría pedazos como una roca que cae de un peñasco. Y Astrid era lo suficientemente viejo como para darse cuenta que incluso la fe de las personas en sus gobernantes podría hacer caer al imperio. A pesar de odiar el hecho de que sus amigos habían muerto por su causa, Astrid amaba el imperio, especialmente porque él era uno de los que había contribuido en su creación. Por eso es que él se volvió un auxiliar del imperio. Pero aun así ya no era igual que antes.

Astrid decidió abandonar su nombre de Edmunita, él ya no era el hijo de la justicia y la compasión como sus demás hermanos en el desierto. Él era Himmir, la espada del imperio, la que utilizaba la legión para degollar a sus enemigos, romper los escudos de los que se le oponían y para hacer arrodillarse a todo aquel que negara el mandato del Imperio.

Durante veintitrés años Himmir sirvió como el leal auxiliar de la emperatriz Otona II. Años en los que cumplió tareas de todas clases, como el títere que le levantaba la moral a los ciudadanos y soldados, como un matón destinado a encargarse de asuntos en los que ni la emperadora ni el parlamento querían estar involucrados. A pesar de eso Himmir aún iba al frente de los ejércitos, pero esto era diferente a los tiempos en los que fue un soldado oficial, pues en entre esos batallones no había nadie a quien llorar cuando una espada cortara una garganta, ahora él marchaba solo frente a las filas de la legión.
Sin embargo para los enemigos del imperio, el hecho de que Himmir se hubiera convertido en un auxiliar no cambiaba nada, pues todos sabían que si veían a Aeoros la armadura del luto, a Hesper el escudo ariete, a Samble la flecha espada o por sobre todo esto al dueño de todos ellos; Himmir marchando bajo los estandartes del imperio, podían estar seguros de que en esa batalla no perderían… serían humillados y aplastados por las botas del hombre que había construido el imperio con sangre y acero a la sombra de la emperatriz.

Pero hubo un día, exactamente el sexto día después de su cumpleaños, en el veintitresavo año como auxiliar y el ciento noventa y ocho aniversario de servicio al imperio, que llegó la nota a los cuartos de Himmir informándole de su nueva misión. Debía de dar caza a un pequeño pelotón de orcos quienes habían estado saqueando y quemando aldeas del imperio en la frontera norte. Una tarea un tanto irrelevante para Himmir pues los orcos como sus primos los trasgos, eran unos brutos que no entendían nada de estrategias, una emboscada por un escuadrón de los soldados más tontos los habría exterminado en un santiamén. Pero la nota tenía el sello del colibrí, una buena razón para no ignorar esa orden.



-¡Señor! –Anunció un soldado de la avanzadilla siete días más tarde cuando Himmir hubo arribado a la provincia norte del imperio-. ¡Es un honor recibirlo en nuestro escuadrón!

Himmir miró los alrededores del campamento examinando la situación, no era precisamente lo que esperaba de los soldados legionarios. Había demasiados heridos, muchos como para ser la obra de una panda de orcos comunes. Incluso se notaba que habían reclutado soldados a nivel local para llenar las filas. Pues había varios individuos que se movían más como granjeros que como soldados.

-Soldado deme un reporte general de la situación –le ordenó al soldado mientras caminaba hacía las tiendas del capitán para tener una charla con él y conseguir mejores detalles de la situación.

-¡Hasta el momento ha habido catorce bajas de nuestro bando, se desconocen el número de enemigos y sólo dos bajas de su bando han sido reportadas por nuestros soldados! ¡Nuestro último enfrentamiento fue en la arboleda al oeste del campamento, se sabe que se dirigen hacia el sureste, hacía Asphet, un pueblo que esta de ese lado detrás de las colinas, Señor! –El soldado señalo hacia el sur hacia unas colinas llenas de peñascos y rocas por todas partes, un terreno difícil. Si los orcos llegaban a esos parajes les resultaría imposible darles caza antes de que llegaran al pueblo que había nombrado el muchacho.

Himmir miró el terreno al oeste, pudo ver un pequeño bosque donde suponía que se había librado el enfrentamiento, seguramente los orcos se encontrarían acampando en este, frente a la arboleda se extendía una pradera plana que llegaba a los pies de la colina donde se encontraba el campamento, era un buen lugar para el enfrentamiento.

Himmir entró a la tienda del capitán y dejó atrás al soldado.

-He inspeccionado el terreno, podemos emboscarlos para que salgan del bosquecillo y matarlos a todos los que queden en la pradera –propuso Himmir sin miramientos ni presentaciones al cápitan apenas y entró en la tienda. Y pudo ver como el capitán alzaba la vista de la mesa en la que estaba apoyado, viendo asombrado ante sí la leyenda viviente del Imperio.

-Con todo respeto señor –replicó el capitán; un hombre calvo de pasados años que llevaba una armadura de acero con detalles en oro, capa verde y unas medallas incrustadas en su pechera señalando su rango en el ejército, la típica indumentaria imperial-. Estos no son orcos normales y míreme que yo sí sé de orcos. He visto a los orcos amarillos que viven en las praderas, a los orcos glaciares, de esos peludos que se la pasan matando morsas en el ártico, incluso los orcos caníbales de los trópicos que no saben distinguir entre su hermano y el desayuno. ¡No señor!, estos son orcos negros, pero tampoco son orcos negros cualquiera.

-¿Qué quiere decir con eso capitán? –le miró Himmir extrañado plantándose frente a él al lado de la mesa donde había un mapa de la región con piedritas negras y otras verdes. Las verdes representaban a los legionarios sobre la colina y otros más en los alrededores y las negras, representando a los orcos, tal como lo había sospechado Himmir, estaban todas apiñadas dentro del bosque cercano.

-Sí, a mí también me extrañó tanto como a usted cuando me asignaron a este puesto. “¿Una panda de orcos negros generando todo este alboroto?”; eso fue lo que pensé, pero tal y como usted, en ese momento todavía no los había visto. ¿Señor ha oído usted los rumores de Limo Volcánico?

-Patrañas –espetó Himmir.

Limo Volcánico era una región al noreste del imperio que se situaba al otro lado de la sierra de Pie Helado, más allá de los límites imperiales, que según los viajeros que cruzaban por el paso de Moroh, había un campamento militar a los pies de los volcanes trillizos. Decían que del Lago Ardiente -el basto lago de lava-, habían salido unos soldados de oro macizo, cada uno tan majestuoso como los ángeles guerreros de Irinih-Eru. También hablaban de que en Limo Volcánico, en esos campamentos estaba creciendo un poder militar preparado para destruir y apoderarse de las tierras del Imperio Ennahrio. Por supuesto que eso seguro eran cuentos de algún explorador ebrio que había difundido por todas las posadas que visitiba.

-Como ya le había dicho señor –insistió el capitán-. Yo fui igual de escéptico que usted cuando llegue aquí. Pero no se puede negar. Lo vi con mis propios ojos cuando fuimos a indagar sobre la posición del enemigo.

-Bien, cuéntemelo todo capitán –dijo con desdén Himmir.

-Fuimos a las llanuras más al norte del bosquecillo donde ahora están ocultos los orcos, para ver si podíamos dar con su campamento durante la noche, y vaya que sí los encontramos. Era un campamento enorme, no conté menos de veinte cabezas en lo que era una de sus fogatas y eran cuatro hogueras. Pero –agregó rápidamente el capitán pues notaba que este Himmir estaba a punto de responder, porque los orcos no tenían la costumbre de moverse en grupos numerosos, preferían moverse en sigilo dentro de las tierras de los humanos-. Eso no era ni por mucho lo más extraño de estos orcos. Cuando los vi no creí que fueran orcos de verdad, ni siquiera hubiera creído que fuesen humanos.

-¿Qué quiere decir con eso capitán? –pregunto Himmir, no sin cierta curiosidad.

-Civilización Señor, civilización. En el pasado hubiera mandado a la horca por demencia a cualquiera que me hubiera dicho que los orcos eran civilizados. Pero lo que vi hace cuatro días fue eso mismo y por más que lo desee es innegable.

>>Esos orcos vestían pulcras armaduras doradas, tan bellas como las que podrían haber hecho las manos de los enanos. Los vi comiendo muy ordenados frente a las fogatas sin chillar ni aullar o estar riñendo como los barbaros que deberían ser. Sus tiendas no eras simples pilas de ramas con pieles encima, eran de tela blanca limpia, tanto que la podíamos ver fácilmente en la noche. Pero si cree que eso fue lo que más me perturbo y míreme que soy un hombre duro de armas tomar, está completamente equivocado. Lo más incongruente entre estos engendros era que en el centro del campamento tenían una capilla portátil, los vi orando y rezando…

-¡¿Pero que son esas majaderías?! –exclamó Himmir conmocionado-. ¡Los orcos no adoran a ningún dios, no creen en nada ni en nadie, sólo adorarían como dios a aquel que los esclavice y los obligue a adorar! Pensar que incluso tienen religión. ¿Se da cuenta de lo que dice capitán?

-¡Me doy mucha cuenta de lo que digo señor, aun no estoy tan viejo como para ser senil! Si lo desea puede mandar llamar los reclutas que me acompañaron esa noche, sus nombres son Heppo y Luke –dijo tajante el hombre con un brillo en los ojos de que estaba dispuesto a defender el honor de sus palabras.

-Está bien, continúe capitán –concedió Himmir suspirando.

-Bien –el capitán carraspeó-. Su campamento está fuertemente defendido, sabemos que patrullan y hacen rondas todo el día y noche, desde que su campamento fue avistado hacía dos semanas hemos recibido noticia de que cada 2 noches trasladan su campamento, el motivo por el cual se desplazan tan lentamente, no lo sabemos, sin embargo estamos seguros de que cuando estén a menos de cinco kilómetros de Asphet atacarán y saquearan la aldea.

-¿Entonces qué tiene planeado capitán? –Himmir se le quedó mirando con cierto escepticismo-. ¿Cómo piensa contraatacar a esta “Legion Orca”?

-Qué planeo… No lo sé… -suspiró-. Estoy seguro que por eso lo llamaron a usted para resolver esta situación tan complicada, ¿o acaso no está ante mí al hombre a quién todos los niños del imperio adoran y a quién los bardos alaban con sus canciones?

-Me alegra que no tenga un plan capitán –dijo Himmir complacido, pues muy en el fondo de Himmir el poderoso guerrero aún vivía Astrid, aquel mocoso entusiasta que había viajado desde Roca Arenisca por todo el camino a Valtriste en busca de aventuras. Y muy en el fondo también, sentía mucha curiosidad por los orcos que había mencionado el capitán-. Porque ya tengo un plan para enfrentarlos.

-¿Cuál? –dijo el capitán sin disimular su asombro.

-Si usted conoce a los orcos caníbales de los trópicos, supongo que también conoce a la tribu humana de los Ewëk de la misma región.

-Sí –afirmó el capitán.

-¿Conoce las catapultas rudimentarias que usaron los Ewëk para repeler la fallida invasión hacia los trópicos del imperio? De ser así por favor, necesito saber si reclutaron a algún carpintero entre los locales que alistaron –añadió Himmir.

El capitán lo miró con los ojos bien abiertos- ¡S-Sí, hay algunos! ¿Pero cómo es que usted sabe?

-Capitán –dijo con un deje de irritación en la voz-. Se distinguir entre un soldado entrenado en los cuarteles del imperio y un granjero que apenas se está acostumbrando a llevar una espada en el dorso.

>>Pero ya que ha sido tan amable de responder –prosiguió-, le diré cuál es mi plan.

>>Le daré a uno de los carpinteros reclutados instrucciones de cómo construir una catapulta Ewëk, también le diré que le de las mismas instrucciones a los otros para que en total puedan haber al menos 5 catapultas para esta tarde. También necesitare que envíe a algunos hombres a las colinas pedregosas para que tomen piedras, de al menos el tamaño de una rueda de carreta. Quiero que las catapultas estén listas y alineadas, apuntando directamente a los lindes de la arboleda donde se asentaron los orcos antes de que el sol se ponga. Lo que haremos será que enviaremos a un señuelo como un mensajero entre la legión y los orcos, si son orcos bien dichos, lo perseguirán apenas y lo vean y los conducirá fuera del bosquecillo, pero si son civilizados como dice, entonces tendrá que crear un alboroto en el campamento para obligarlos a que lo persigan y así los sacaremos de su escondite y los eliminaremos uno por uno como vayan saliendo o a todos juntos con las catapultas.

-¡¿Pe-pero quién de mis soldados planea enviar en semejante empresa suicida?! –exclamó horrorizado el capitán.

-A quien más si no es a mí mismo –delegó Himmir aún más complacido que antes.

-¡Pero señor! –el capitán ahora se sentía incluso aún más espantado, enviar al mejor soldado que tenían. Aceptaba que Himmir fuese un hombre admirable, pero no creía que por más canciones que cantaran de su coraje, fuerza y velocidad se salvara enfrentándose a una centena de orcos fueran civilizados o no.

-Capitán, entre todos sus hombres, yo soy el más calificado para ir y volver de ese lugar con vida –dijo Himmir tajante-. Esta noche iré a su campamento y los sacaré a la fuerza si es necesario. Y que no se hable más…

Y como se diría Himmir horas más tarde. “La curiosidad mató al gato y a todos sus compañeros de por medio también”…



Bueno eso es todo para esta semana, esperen que la proxima hay mas °3°!

Es todo Byes!!









Spoiler

Grax Rene, quedo Rlz xD

Grax cell esta buena :D


#8
Dejé de hacer spam en el shout para venir a hacerlo acá (?)
Bueno, me leí los dos capítulos y me di cuenta que pude leer y entender el segundo sin leer el primero xD
Es genial la forma en que describes las cosas, usando palabras que nunca había escuchado antes. La trama es intrigante y te atrapa aunque te dé pereza leer, así que tienes que leer aunque no quieras (?)
La historia de Montock me provocó curiosidad en cuanto al pasado del mismo y el porque fue confundido con la otra parte del medio dios.
La de Himmir fue muy distinta, un hombre que consiguió la fama con sus habilidades y que finalmente se convirtió en leyenda. ¿por qué los ogros eran civilizados? ¿cómo se involucrará Himmir con Montock (si es que lo hacen)?
Espero las historias de los otros xD
Suerte escribiendo y sigue con esa imaginación~
#9
Primero que nada, Hola ^^
Segundo, no hace falta que me alagues de esa forma Drengist, me haces sonrrojar .. e.e
Y tercero, vamos al Fic.
Realmente lo tuyo es increible. No puedo creer que tengas tanta imaginación y relates de tal forma. Sólo note algunos errores de puntuación tan diminutos que por la narración y la trama de la historia se me olvidaron. Cuando leí el orígen del nombre de la raza de los Edmunitas quedé fascinada. ¿Acaso te has inventado una lengua o algo por el estilo? También quedé perplejo con el tema de los dioses, como siempre.Los ángeles y todo eso me fascinaron.
El tema de la geografía, es sin duda muy buena. Me gustaría saber si has hecho algun mapa o algo así de todas las regiones, y si no, estaría bueno que te plantearas hacer un mapa para verlo.
Sin duda alguna, tenes un toque muy Tolkienista. Admiro este Fic y lo voy a seguir como ninguno. Espero que sigas escribiendo de esta forma porque lo haces muy bien.
Saludos y espero el próximo capítulo con muchas ansias.

P/D: ¿No has pensado pantentarlo? Aólo por las dudas. Es una historia muy sólida y, sin duda, tendría mucho exito si fuera publicada por ejemplo. Un abrazo.
#10
Hoy sí que te voy a sacar las tripas... *trollface* nah, no te preocupes, solo voy a ser clara y directa. Dicho esto a modo de introducción, vamos al lío:

Estructura: La primera mitad del semi-capítulo se me ha hecho muy cargante... el contenido de la primera mitad está todo apiñado... no has separado bien los párrafos, por lo que la lectura al principio es eterna. Conforme va avanzando la lectura se vuelve más fluida, eso sí.

Otro fallo en cuanto a estructura es que no he entendido muy bien tu método de poner los " << "... técnicamente cuando un personaje va a contar una historia bastante larga se pone un párrafo más abajo del diálogo, creando así la sensación de que ahora el narrador de la historia es el personaje que la está contando y no tú, que eres el Narrador (lo pongo con mayúscula para distinguirte el narrador general), o bien se utiliza el recurso de poner la historia narrada por el personaje (la táctica de combate por ejemplo) entre comillas, separándola del relato... no se si me he explicado bien xD.

Ortografía:
Te odio xD has tenido un montón de fallos, seguro que no has hecho caso de mi consejo de escribir primero en Word o Acróbat para ver los fallos y mejorarlos (o lo has hecho y has prestado poca atención...)
Bueno, el caso es que he encontrado un fallo de tipeo (visitiba ---> visitaba) y he detectado cinco faltas de ortografía, mira: te las pongo ya corregidas (necesitaré, legión, perturbó, vasto, nómadas...) aunque la mayoría son tildes.

Se me olvidó comentarte que utilizases el guión largo que queda mucho mejor estéticamente.

Contenido, trama e historia:
Por lo que ha comentado Cynda sobre la relación entre los dos primeros capítulos quiero añadir que es genial que desde el principio ya existan historias paralelas, que por supuesto, se juntarán en algún momento. Ese recurso literario está muy bien porque durante los capítulos en los que no hables de Montock los lectores estarán intrigados a cerca de su historia... y en los que no hables de Himmir estarán ansiosos por saber de éste.

¿Semejanzas entre los dos personajes principales? Pues ambos son leyendas vivas... uno por haber sido un "fundador" y "protector" del reino, y el otro por cargar con la mismísima muerte a sus espaldas. Igualmente los dos tienen misiones muy importantes.

Por cierto, buen aporte el de las razas, me ha gustado la historia en lo referente a los Edmunitas y como has sabido buscarle hasta una procedencia lingüística (?)

Esto es todo... solo te diré que te has descuidado un poco... no sé si es debido a que lo escribiste con prisas o qué, pero lleva cuidado con descuidarte mucho o la gente perderá el interés por tu fic... Estaré al acecho del siguinte capítulo (semi-capítulo más bien xD), todavía tienes mucho más para dar. Espero haber sido de ayuda, y como siempre que no te haya molestado mi crítica ^^ Saludos y besitos!




A la la long~~



Just me~


#11
Hola Drengist!

Ya al fin comentado xD Necesitaba un tiempo para analizarlo

En terminos generales....Me encanto!!!!
No hay muchos fanfics que me dejen con ganas de mas desde el principio pero este es uno -w-!
He leido pocos fanfics de esta indule pero realmente es de los mas interesantes.

Tienes una que otra falta de ortografia cosa que considero normal xD
No te preocupes , pero siempre sersiorate de leerlo una vez publicado.
Hay veces que las faltas o (el hecho que se escriba y se piense no tenga el mismo ritmo) se pierde xD Comiendose lo importante o dejando ideas de estralla prosedencia sin sentido xD!

Curioso el Genero "Fantasia Medieval" Es de mi favoritos xD, Aunque tu registro de produccion realmente te hace reir xD Realmente le has hechado mucho esfuerso chico!

Ten encuenta que no muchos estan familiarizados con este tipo de lectura, eso de las explicaciones de las cosas y de los detalles ayudan mucho a los nuevos lectores xD
Leeme haz Click!

Prologo:
En promera te deja pensadndo ¿Por que tiene dos años de diferencia del capitulo 1? ¿Quien es Elf-Hen? ¿Donde y como sera Finalmoon?
Es un buen prologo que hace crecer la curiosidad del lector por querer cubrir los pequeños detalles.

El mito de los Seikyo es un gran grado por lo que veo en el primer capitulo
realmente un buen inicio como prologo, aunque no se si este bien redactado xD

Capitulo 1:
¿El dibujo es a pluma o a lapiz? Si es a lapiz esta un poco sucio, si es a pluma es bueno fijarse bien en las direcciones de las rayaz o se pierde la dinamica de la vestimenta.

Me agrada tu manera de escribir, y de describir los detalles.
Aveces creo que seria bueno usar un poco los "..." .
Mmm...no se que mas comentar de este capitulo xD
Me agrado mucho en si este capitulo y el personaje Montock
Aunque aqui va una duda ¿Como rayoz Sabe su nombre??
Pero bueno supongo que lo descubrire en el futuro xD

Por cierto la descricion de Inirih-Eru se me iso conocido, no se...Tiene cierto aire de familiaridad.

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Umul
Euthreri
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Capitulo 2:
El impremento de los dioses me ha soprendido de nuevo ¿Cuantos se menciona por capitulo? Necesitare hacer una lista para no olvidarlos jeje.
Neh.. es broma llevamos pocos .
Vamos a ver Astrid o Hemmir buen personaje. Me agrado este este capitulo tiene mas elementos no solo de la historia del personaje si no tambien del ambiente y el lugar donde se encuentra.
Ademas de su vida que es relativamente larga e Interesante.

Orcos Civilizados? Segundo fanfic que leo que los describen asi, realmentete una lokura literal pero algo que intriga aun mas
Ya que uno nunca se imagina bien como seran realmente.


Otro dato curioso: En tu fanfic mensiona 5 tierras , 4 habitadas por mortales (¿?).

Quisiera comentar mas...pero no tengo mucho en donde comentar xD


Espero con ansias otro capitulo -w-!
Creo que sera bueno jeje

Saludos!



Se Buscan Shiny!


Se busca Pokemons Shiny 4° Gen! Y Pokemon de Evento!

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/cambio pokemon de evento :3!
#12
Me encantó la pequeña "discusión" entre su padre y su hijo de nombre raro :3, me gusta bastante el argumento por el cual recibieron tantos "regalos", a pesar de que originalmente estarían destinados a morir apenas fuesen creados xD.

Y sus sueños de joven, que al final no fueron tan buenos O: Aunque me hubiese gustado más detalle y extensión en esa parte (ya sabes más gore, más sufrimiento psicológico (?))

Así que monstruos con adornitos (?) dorados, me recuerda a Umineko y la bruja dorada, no te acuso de plagio ni similar, pero desde eso me llaman la atención xD.

"Y como se diría Himmir horas más tarde. “La curiosidad mató al gato y a todos sus compañeros de por medio también”… "

Eso significa que falló y murieron así nomás ;_; ?!

__

Wii se me hizo corto, no noté nada de ortografía. Sigue así Dreni, la verdad ahora prefiero más detalles en especial en las muertes ! (?), lol no, en general pudo tener más, aunque está adecuado para entenderlo, varias partes se disfrutarían más con detalles extra.
#13
Asd, me retrasé con el comentario por culpa de mi vago interior, que poco a poco me va matando al comerse mi mente (?)
Mmmmm...... No se si es por mi vagancia o este capítulo se me hizo un poco pesado de leer, pero no fue mucho, apenas.
Todos los errores que vi son iguales, el tilde es tu peor enemigo XD. Sigue este consejo: Hacele caso a Mr. World o sufrirás las consecuencias (?)
Me gustó la historia de este personaje, ¿Se unirá a Montock o serán dos historias paralelas? Exijo la respuesta ya, pero ya, o sea, ¡rai nau! (?)
Un hijo que se opone a la decisión del padre, y encima cuando el padre es el dios supremo. Listo, Umûl es mi favorito (?)
Orcos de distintos tipos, incluso caníbales p_p Esos orcos negros se ven fuertes e inteligentes, si es verdad eso de que se organizan para comer, cosa que ni yo hago (?)
Esa frase del final me llamó la atención ¿Los orcos mataron a todos, incluso a Himmir? ¡Por Inirih-Eru! Deja vivir a alguien por lo menos un capítulo XD
Espero el próximo capítulo, zombie afeitado con cara de chimpancé drogado (?)


Spoiler






#14
MWAHAHAHA!! por fin termine el tercer cap del Fic! Bueno la segund parte del segundo cap p_p sin Embargo el cap anterior fue como la cola de la ballena xD, esta semana se viene algo mounstroso! no se preocupen que es entretenido... (Drengist seal of aproval(?))!

Bien primero respondere a los buenos users que me comentaron y Spam hero n_n(?)

Cyndaquil
Spoiler
Gracias por comentar, aunque fuera por obligación(?) Bien sin duda tienes una buenas interrogantes suerte que varias seanrespondidas en cap xD


EMPOLEON
Spoiler
Gracias de nuevo por tu comentari n_n. La verdad que lo de lenguaje no me lo he planteado mucho en crearlo bien bien, pero si he hecho una que otra palabra suelta segun tengo necesitad xD, pero nada consitente xD, SIN EMBARGO el mapa! si lo he hecho pronto lo veras, mas pronto de lo que crees(?). Muchas Gracias, por esa pasion asia fic ;_; bueno ver a alguien que le gusta mucho este fic xD


Akane
Spoiler
Siempre tan necesaria una leectura experimentada por aca xD, realmente me sorprendio qume calificaras mas bajo este cap, crei que de hecho habia mejorado xD.En lo que dices de los ">>" yo tenia entendido que se usaban para continuar el dialogo cuando cambia de tema, osea cuando en el dialogo hay un punto y aparte xD, sin embargo la mayoria de conocimiento los obtuve leyendo vez de en clase de español que mejor no me voy por las ramas xD. Se agradece tu calificacion, espero poder mejorar con cada cap xD.


Colodife
Spoiler
Un nuevo lector O:!gracias por comentar xD. Sep el ritmo en la obra es uno de mis grandes males a la hora de escribir pues como dije no tengo mucha formacion en lo que al arte de escribir respecta xD. Tambien me hace feliz que te guste xD.


Renelzio
Spoiler
LOL te parecio corto o: xD, vaya eso es una sorpresa... Y HASTA HUBO PARTES QUE TE GUSTARON! *inglip*, bueh se te agradece tu coment xD, la verdad pens estaba bien en el detalle xD, pero me esforzare xD, Umineko y la bruja dorada, dafuq? bueno xD, no son adornos dorados, son Armaduras xD, ademas de que no teno idea de quienes hablas xD. Espero que este cap, este a la altura de tu gore-gusto(?)
Y espero ver tu fic pronto... o si no!(?)


Marinela
Spoiler
Hmmm a ti se te hizoo pesada la lectura D:, es contradictorio xD, pero espero que este cap te sea de mas agrado...por que hay sangre tal y como te gusta(?) Hmm muchos me preguntaro sobre la relacion de los presonajes, pero en este capitulo hay algo "Oh!" para quien este atento, asi que ponte atenton pinguino!(?)


Bien ya estan los comentarios xD, fue dificil, por sobre todo por que mi internet me trollea D: xD
Sin embargo les traigo un regalo :D! EL MAPA DEL IMERIO ENNAHRIO xD. Se los dejo en un link para que lo vean que es bastante grande y para que le puedan hacer zoom o:.. A Tu salud EMPOLEON! xD



Y bueh, por fin el cap P_P!

De la Guerra


Acto segundo: Aurora Roja
De la Guerra

Acto Segundo: Aurora Roja.


Los Atalan, espíritus invisibles que rondan la tierra, observando el Acath con ojos juiciosos. Sólo los Dex-Elih, aquellos monjes sabios entre los más sabios conocían de su existencia. Los Atalan eran seres etéreos, no poseían vida ni un cuerpo el cual morar, solo eran pensamientos que volaban de aquí allá sin que nadie jamás se llegara a dar cuenta de su existencia. Eso estaba bien por los Atalan, no se preocupaban por los mortales ni les importaba en lo más mínimo ellos.

Los Atalan sólo amaban una cosa; todas las plantas de la tierra, a los árboles en especial. Ay, cómo amaban los bosques y todos esos lugares donde los mortales no habían puesto sus impuros pies. Las plantas son seres vivos sin mente en los cuales los Atanalan se podían hospedar y tomarlos como su piel y sentir el mundo a través de ellos, junto a ellos.

Puede que los árboles no tengan ningún pensamiento al cual albergar, pero podían sentir emociones y los Atalan las sentían también cuando estaban dentro de ellos. Podían percibir el canto entusiasta de un retoño saliendo de su semilla soñando con ser un gran árbol, la pasión de dos flores que intercambian polen con la ayuda del viento y las abejas, o el regocijo de un manzano que veía a sus hijos crecer en sus ramas, para luego partir dentro de la seguridad de sus frutos. Incluso también podían sentir el espantoso miedo de un árbol que estaba a punto de caer bajo el filo de un hacha y su horrorosa muerte lenta, golpe tras golpe, hasta que el árbol cedía después de su dolorosa tortura. Aún después de tanto maltrato los árboles seguían resistiendo, negándose a morir. Era en sus últimos momentos en los que los Atalan del bosque se congregaban, entraban dentro del árbol y trataban de consolarlo mostrándole su tristesa, hasta que falleciera o el monstruo que lo había matado se lo llevara. Este acto tan cruel enfurecía y volvía locos a los Atalan.

Ellos odiaban a todo aquel quien dañara a sus preciosas amigas. Por eso odiaban a los humanos más que a ningún otro ser vivo. Los repudiaban y no les gustaba acercarse a ellos, pues el sólo ver sus hogares hechos con entrañas de árboles muertos, les horrorizaba. Y el hecho de que ellos no pudieran hacer nada en contra de esos engendros solo mantenía con vida la flama de su ira. Pero un día todo eso cambió…

Una voz les habló a los Atalan, una voz poderosa y amigable, que les dijo cosas que no sabían de ellos mismos. Les aseguró que tal y como ellos podían entrar en los árboles, podían entrar en otras cosas como las rocas —cosa que ya sabían, pero no hacían pues todos los contenedores que no sean plantas, no sienten—, sin embargo les dijo que podían entrar en cosas más sutiles cómo las sombras y la luz, pero no se limitarían a solo habitar en ellas, si no que a cosas tan puras como la luz o la oscuridad las podían manipular, mover a voluntad, que podían convertir en su cuerpo. Y no solo eso, la voz les recitó hechizos oscuros y saberes arcanos que podrían usar cuando tuviesen un cuerpo. Entonces tan repentinamente como vino, la voz desapareció, pero los Atalan aceptaron como un valioso regalo los conocimientos que les había dado.

Una noche los Atalan que moraban en el bosque se reunieron en los bordes del cielo esperando a que el momento llegara. Estaban más que decididos cuando las serpientes verdes aparecieron en el cielo, los reptantes listones de la aurora que danzaban en un hermoso espectáculo celestial. Los Atalan tomaron las luces y con ellas tejieron un cuerpo, terrible y poderoso destinado únicamente a la venganza. Le dieron la forma del mayor asesino de los humanos, uno de esos hombres de metal que llevaban una rama larga y plana, tan afilada como una de esas terribles hachas. A este recipiente que crearon con la oscuridad de sus corazones y la luz de la aurora le llamaron Fuzzal el hacha de los humanos.

Después de la creación de Fuzzal, muchos Atalan se arrepintieron de haber creado un ser tan maligno destinado únicamente a la muerte, por lo que lo encerraron de nuevo en la aurora de la que había nacido, procurando que jamás volviera a salir. Pero ellos sabían que sus corazones estaban conectados a Fuzzal y él podía sentir su ira cuando los hombres mataban árboles, y eso lo despertaba de su sueño, lo hacía luchar por salir de su prisión. Los Atalan sabían que algún día, toda esta ira que albergaban liberaría a Fuzzal de sus cadenas, dejándolo a sus anchas en el mundo, sabían que ese día sería terrible…

Hubo un día en que los Atalan se sentían muy inquietos, desde hacía varias horas unos orcos vestidos con oro habían estado talando árboles sin descanso, los quemaban y hacían herramientas con ellos sin escrúpulos y no solo eso, los humanos habían llegado desde una colina y empezaron a tumbar los arboles más delgados y altos que encontraran, mientras aún vivían, los humanos los mutilaron y les dieron otra forma, convirtiéndolos en sus complejas maquinas asesinas. Todo esto hizo llorar, maldecir y gritar a los Atalan. Estaban tan iracundos que no les importó lo que fuera de Fuzzal. Si se liberara, por ellos era perfecto, cercenaría a todos esos insolentes humanos y orcos que maltrataban los bosques, cortaría a todos en pedazos como ellos a los árboles y les enseñaría su lección. Pero Fuzzal no salió de su prisión cuando ellos le llamaron para detener esa locura, en cambio hubo un espectáculo nunca antes visto en el cielo esa noche, una Aurora Roja.


El tono grisáceo del cielo indicaba que esa noche habría una tormenta. Eso a Himmir le preocupaba, una batalla en medio de una tormenta sería tan difícil como tratar de pelear contra un oso estando desnudo. También se preocupaba por las catapultas que había mandado hacer, unas catapultas tan rudimentarias no estaban hechas para soportar tanto maltrato, de hecho las catapultas Ewëk solo podían ser disparadas tres veces antes de que colapsasen. Eso los pondría en desventaja si alguna de esas maquinarías reventaba en medio del combate y aplastaba a los soldaos.

—¡Señor! —Uno de los escoltas que caminaba junto a Himmir lo sacó de su ensimismamiento—. ¡Estamos por llegar al campamento enemigo!

Himmir inspeccionó el área; era un bosquecillo de abedules altos y secos, sin hojas, evidente señal de que estaban a finales del otoño. La atmosfera era gris y fría, no había ningún sonido que delatara vida a los alrededores y el hecho de que en esos momentos fuera ya casi de noche no ayudaba en nada a la visión de Himmir. Pero se relajó, no había señales de guardias que anduvieran merodeando en las cercanías, seguro se encontraban más adentro en la arboleda.

—¡FUEGO EN LA TIERRA! —gritó Kartis, otro de sus escoltas.

—¿Qué sucede? —Himmir se puso en guardia, esperando ver lo que había visto el escolta y que no lo tomara desprevenido.

—No creía que fuera real pero… —dijo entrecortado Kartis—. ¡Fíjense en los alrededores!

—¿Eh? —Himmir no entendía de que hablaba su subordinado, pero en cuanto hecho una ojeada profunda en el lugar donde estaban, se dio cuenta de que hablaba.

Todos los abedules alrededor estaban muertos, tan descompuestos que se habían encorvado, ennegrecido y resquebrajado su corteza incluso la madera por dentro estaba rajada. El pasto en el suelo también estaba negro y seco, se hacía polvo al tacto. Se notaba que la naturaleza muerta seguía un patrón, toda esa muerte seguía la forma de una línea que se dirigía hacia el norte hacía el pie de la sierra de Pie Helado.

—Uno de los caminos del Emisario de la Muerte —dijo el escolta Heppo en un susurro temeroso, casi inaudible.

Sí, Himmir había oído hablar de esa leyenda también. Un hombre que había nacido muerto y se había escapado de Drogionoth, dios de los muertos y la verdad, que después había sido maldecido por este con el espíritu de los muertos, el Emisario de la Muerte. Mataba a todo aquello que le rodeara con solo su presencia, había sido objeto de muchas siniestras historias que se oían en noches de tormentas. Sin duda el hombre más peligroso con el que te podrías encontrar.

Nadie sabía que fuera lo que hacía el Emisario de la Muerte, pero sabían que vagaba por el Imperio Ennahrio, yendo de aquí a allá sin rumbo aparente, dejando una estela de muerte ahí por donde pasase. Esos lugares que había transitado se conocían cómo Agoth etera “los caminos fúnebres”. En estos caminos jamás volvían a crecer las plantas, tal y como si hubiesen sembrado la tierra con sal. Himmir sólo había visto tres de estos caminos en su vida, pero ninguno que estuviera tan “fresco” como este, el pasto que había estado bajo sus pies aún no se había convertido en arena. El Emisario de la muerte se encontraba cerca. Por sus pisadas podía ver que se dirigía hacia la zona de una mina de cobre en la que habían descubierto…

—¡URRZ KOTAH! —Un alarido orco los sacó a todos de sus pensamientos lúgubres sobre el camino fúnebre.

Himmir alzó su escudo y se puso en pose defensiva, mientras les hizo señas a sus escoltas para que se posicionaran detrás de él. Inspeccionó el área esperando ver las manchas amarillentas que señalaran la presencia del orco.

Por más cauteloso que luciera Himmir, por dentro sentía una curiosidad muy pero muy intensa por descubrir si las palabras del capitán eran del todo ciertas.

—¡URRZ KOTAH! —por fin el orco se dejó ver. Salió de una espesa mata de arbustos con un arco tenso y una flecha dispuesta a disparar en dirección a Himmir y sus escoltas. El orco era impresionante, no era un orco cualquiera; chaparro y deforme, no, este era un orco que valía por dos. Era tan alto como Himmir y eso ya era bastante especial para un orco, pues a Himmir sólo le llegaban a la barbilla las personas normales. El orco vestía una espléndida armadura de color dorado, pero Himmir se dio cuenta por las luces rojas reflejadas en el metal de que ese metal no era oro en absoluto, era Sormita refinada, un metal que rivalizaba en dureza al acero, pero que en cambio era muy raro, sólo se encontraba en lugares donde hubiera volcanes, además de que era un metal muy difícil de manipular en las forjas. Eso sin duda volvía real la posibilidad de que los orcos proviniesen de Limo Volcánico.

Himmir, se quedó estupefacto, su armadura era demasiado imponente y bella como para haber sido concebida por las manos de los herreros orcos que solo sabían hacer armaduras con placas de metal doblado y cuero rasgado. Sólo las hombreras eran elegantemente poderosas y el casco tenia facciones afilas muy hostiles, pero bien hechas. La única razón por la que Himmir no tendría envidia de que un orco tuviera una armadura tan esplendida, era que Aeoros, su armadura, había sido hecha de Adamantina (uno de los metales más fuertes que había en esta parte del mundo) y además había sido hecha en las Forjas Reales de Ingroh el rey enano de Forgon.

Sin embargo un orco es un orco al fin y al cabo, y bajo esa armadura se podían ver partes de su piel negra llena de ronchas y escamas. En el espacio que se dejaba libre en el casco para la boca se notaban sus facciones deformes y tenía una cortada ya vieja en los labios que dejaba al descubierto sus dientes y encías suicidas y oscuras. De la cicatriz se podía ver cómo caían hilillos de saliva negra y purulenta de su boca.

—¡¿KAKKOLZ DE URRZ KOTAH?! —exclamó el orco en su carraspeoso lenguaje.

Himmir vaciló con su escudo en alto, mirando como el orco le apuntaba con su flecha directo al corazón. Sabía que desde esa distancia fácilmente podría mandar a volar al orco con una carga de su escudo. Después de eso sería fácil cortarle la garganta para matarlo y silenciarlo. Pero en vez de eso, decidió poner a prueba una vez más las palabras del capitán.

Himmir se devanó los sesos pensando cuales eran las palabras en lenguaje orco que necesitaba para exponerle su idea al orco guardia, esto probaría si era civilizado o no y además les ahorraría tener que abrirse paso a espadazos hacía el campamento orco.

—Kreigz… —dijo finalmente Himmir recordando todas las palabras orcas que había oído en los calabozos imperiales, cuando tuvo que interrogar a ciertos orcos. “Kreigz” significaba “líder”—. Bazz… no… ¡Shutzza! —¡Eso era! “Kreigz shutzza” significaba “Hablar líder” en un orco muy básico.

Aumentando la estupefacción que a Himmir tanto frustraba, el orco bajo el arco, demostrando evidentemente que había captado su idea e iba a dialogar.

—¿Kakkolz de urrz Kotah gath; Kreigz de Koshutzza?

Himmir asintió, sinceramente no tenía ni idea de lo que había respondido el guardia. Pero confiaba en las palabras del capitán, ahora más que nunca y que el guardia hubiese captado la idea.

—Kotah gath sutuzz —el orco hizo un ademán de que lo siguieran y así hicieron. Helados cada quien por su cuenta, debido a la innaturalidad que presentaba este orco comportándose de una manera tan bizarramente razonable.

Lo siguieron a través de los árboles. Los escoltas de Himmir se mantuvieron detrás de este como dos conejos asustados. Conforme avanzaban en la floresta, los orcos que veían se incrementaban. Los miraban recelosos desde distintos puntos, todos estaban fuera haciendo guardia. Cada uno de ellos era diferente en su complexión y tamaño, un rasgo común entre orcos. Pero ninguno de ellos era demasiado chaparro, todos eran tan o más grandes que una persona promedio.

De repente la arboleda se detuvo, mucho antes de lo que le indicaban los mapas, y era evidente que los mapas no se habían equivocado o algo por el estilo. Si no que había tocones aquí y allá, cientos y cientos de árboles derribados.

Había una buena cantidad de orcos equipados con hachas grandes y filosas talando frenéticamente los arboles. Himmir se preguntaba porque necesitarían tanta cantidad madera, pero esa pregunta no rondo mucho por su mente, puesto que era apenas la menor de sus interrogativas.

El guardia se detuvo y les hizo señales para que ellos también pararan la marcha. Ya estaban frente del campamento orco. Sinceramente Himmir se sintió reducido por el esplendor de ese campamento. Tiendas de tela blanca, soportes llenos de lanzas y espadas, muñecos de entrenamiento y las decenas de orcos marchando de aquí allá ordenadamente. Esto no era para nada normal. Lo que Himmir y cualquier ser humano pensaría de un campamento orco no serían nada más que tiendas hechas con ramas y pieles mal cortadas, peleas en cada rincón y aullidos y alaridos grotescos en todo el campamento. Era tan extraño que la realidad superaba a Himmir, de no ser porque la situación le apremiaba, seguramente hubiera entrado en una crisis existencial. ¡Esos orcos estaban mucho mejor entrenados que los soldados imperiales!

Uno de los orcos que vigilaba el flanco del campamento se acercó al guardia que los había guiado. Hablaron de manera calmada en su idioma gutural y al final el vigilante orco asintió y dejo pasar a Himmir y compañía.

Cada vez Himmir se preocupaba de que sí su plan tendría éxito o no. Estaban rodeados por orcos muy capaces, no dudaba que ni siquiera esos orcos pudiesen alcanzarlo una vez que él empezara a correr. Pero le preocupaban sus escoltas, por que como iban las cosas hasta el momento, se verían obligados a causar un tumulto para que los orcos fuesen tras ellos y para sobrevivir a eso uno debía ser muy pero muy apto. Dos soldados rasos no podrían con estos orcos.

Himmir maldecía la terquedad y cuidado del capitán por no querer dejar ir a su mejor soldado solo al campamento enemigo.

Avanzaron por entre las tiendas y podía ver de reojo los sacos de dormir de los soldados orcos tan hermosos como cada una de sus posesiones. Más allá pudo ver el objeto por el que más sentía curiosidad entre todo este irracional campamento. Su capilla portátil. En ella había hileras de bancos de madera de los cuales unos cuantos eran usados por soldados orcos que estaban escuchando en silencio a un sacerdote vestido en túnicas negras con dorado. Oraba en el lenguaje orco y no se entendía nada aparte de sus horribles sonidos que provenían de su garganta. Esta imagen era la que más atrapó a Himmir, pues se sentía transportado a un mundo diferente donde todo era al revés. Orcos adorando a un dios ¡Que locura!

Pronto llegaron a lo que eran los cuartos del líder orco. Su tienda era tres veces más grandes que las demás tiendas además de que la entrada estaba guardada por dos orcos bien firmes con las lanzas en alto, aunque vestían una armadura más ligera, pero igual dorada de sormita refinada.

—Kotah de Kreigz gath Koshutzza —dijo el orco que acompañaba a Himmir y compañía.

Al oír sus palabras uno de los orcos guardianes entro en la tienda y salió casi al instante.

—Kotah fuzzta —respondió el vigilante.

Himmir entendió que los dejaban pasar a ver al líder orco. Y ya no le sorprendió que estuviera elegantemente vestido con túnicas de poliéster adornadas con hilos de oro y detalles exquisitos, o que su habitación tuviera una cama con sabanas de algodón y un cobertor de pieles.

Pero el líder orco no podía evitar destacar a los ojos de Himmir pues era como un marrano vestido con ropas de noble. Tenía su piel escamosa y negra, llena de ronchas y cicatrices. Además de su nariz ganchuda y torcida, orejas puntiagudas, una de ellas casi destrozada por la mitad.

—Ah… ¡Kotah! —exclamó el elegante orco—. Lozz invitados.

Les hizo señas para que se sentaran en unas sillas que se encontraban frente al escritorio del líder y obedecieron silenciosos.

—Dizcrulpenme zzi mi dominio del idioma humano no ezz muy bueno —siseó el líder esbozando una sonrisa que pretendía ser amable, pero en su cara solo se veía vulgar—. No hay muchozz Orcrozz que dominen este idioma. Por zzierto mi nombre ezz Okrazzt, ezz un gusto mizz zzeñores…

Le ofreció la mano a Himmir quien se la estrechó vacilante sin evitar pensar que se le podría infectar, por el contacto con una piel tan horrible.

—Himmir, caballero de Valtriste, ex comandante supremo de las fuerzas unidas del imperio y auxiliar al servicio de su alteza la emperadora Otona II —Respondió tratando sonar lo más cortés que pudo.

—Zzupongo que vinieron a ofrecernozz zzu oferta de rendizzión, mizz zzeñores —esta suposición sacó de su lugar a Himmir, pero no extrañó a ninguno de sus escoltas.

—¿Qué? ¿Rendición? ¿Qué insinúa… Okrazzt? —Himmir tuvo ciertos problemas para pronunciar el nombre del orco, en especial dado el shock.

—Ah, ¿No ezz azzí? —no había pizca de decepción en la voz de Okrazzt, de echo su tono escondía una alegría macabra— Zzupongo que eso nozz fazzilita lazz crozzas señor Jrimmir. Ahora no habrá nezzezzidad de tomar prizzioneros. Para zzerle honezzto zzeñor Jrimmir, me parezzía un fazztidio penzzar en tranzzportar a tantozz prizzioneros.

—¡¿No cree usted que tengamos ninguna oportunidad contra ustedes panda de orcos asesinos?! —de repente Heppo estalló frente a todos parándose de su asiento alzándole el puño al líder orco.

—Uzzted no entiende maezze…

—Heppo —respondió con desprecio.

—ZZí, Jreppo —el orco volvió a sonreír de manera vulgar tomándose las manos—. No ezz que nozzotros estemos zzeguros de venzzerlos a uzztedes Humanos. No. Nuezztra victroria fue vatrizzinada por nuestro dios. De hecho, nozz ha dado lazz instrucionezz nezzesarias para nuezztra victroria.

Tanta prepotencia por parte del orco inflamó a Himmir también. Incluso toda la curiosidad que le había dado vueltas en la cabeza se esfumó. Pero conservó la calma, estaba plenamente consciente de que sí las cosas se salían de control, ninguno de ellos saldría ileso del campamento y menos del bosque.

—Diga cuáles son sus motivos para entrar en las tierras del imperio Ennahrio y atacar a su gente —cuestionó Himmir con un tono altamente imperioso, seco y frío, quitando de su camino toda la prepotencia de Okrazzt.

Okrazzt sonrío y se acarició su enmarañada y larga barba negra, característica de los orcos negros.

—Conkrista, tomar el dominio de todazz sus tierrazz, zzeñor Jrimmir. Ezz lo que nuestro dios desea y azzí zze hará… ¡Chruzt! ¡Aparaax utruuh! —terminó Okrazzt levantando las manos al cielo añadiéndole religiosidad a su última frase.

—¡CHRUZT! ¡APARAAX UTRUUH! —Los guardias de afuera repitieron al unísono después que su líder.

Okrazzt hizo un sonido gutural y gorgojeante, aparentemente un llamado para sus guardias. Quienes entraron y empezaron a intercambiar palabras grotescas en Orco con su líder.

Himmir y sus escoltas estaban ahí con la sangre hirviendo, por sobre todo Himmir quien sentía que su alma ardía una llama roja como la sangre y tan poderosa como un volcán. Le decían que tomarían las tierras del imperio, las pertenencias de la emperatriz, el hogar de todos ennitas, su propio imperio. Inaceptable, ¡imperdonable!

—Lezz he dado indicrasiones a mis guardrias —Okrazzt se dirigió a ellos de nuevo una vez sus soldados se retiraron—. Empezaremozz a marchar hazzía la pradera donde su ejército se está alistando. No lezz harán daño a ustredezz en zzu camino de regrezzo. Cronzzidérenlo un regalo de mi partre, podrán morir Jrunto a sus crompañeros humanos —terminó con una malévola sonrisa y una reverencia de despedida demasiado teatral.

Se pararon. En ese momento Himmir hubiese podido empalar al orco con su espada, decapitarlo o tan siquiera cortarle un brazo, pero se contuvo como pudo y le puso la mano en el hombro a Heppo para señalarle que se retiraban, pues sabía que él pensaba casi lo mismo. La vida del líder orco no valía tanto como la de sus escoltas, por eso prefería evitar una escaramuza innecesaria a cargar a sus escoltas maltrechos y apenas con vida de vuelta al campamento.

Se retiraron con un aura sombría sobre ellos. Los orcos que deambulaban ordenadamente por las tiendas en el campamento ya no estaban. Más rápido que el rayo todos se habían congregado en un solo batallón al este del campamento dejándose ver sobre un campo de abedules talados como una masa dorada de armaduras, lanzas y espadas. La batalla era cada vez más inminente. Pero a Himmir le preocupaba la proporción de bajas de catorce de su propio bando a sólo dos de los orcos. Esos números eran preocupantes.

Himmir le ordenó a Kartis que se adelantará hacía la posición del batallón de la legión para darle las noticias al capitán del choque inminente. También le dio aviso que optaran por la formación de zarzas, pues era necesaria para que Himmir pudiera hacer su trabajo.

Kartis era un Edmunita igual que Himmir, por lo que era apropiado enviarlo a él, pues Himmir no pretendía dejar solos a sus soldados tan cerca de los orcos. Él correría junto a Heppo y lo llevaría a salvo hasta las filas de la legión. Pero ese retraso podría hacer que la formación de zarzas fuese inútil si Himmir no llegaba antes del choque entre ambos batallones. Estimaba que Kartis siendo Edmunita tardaría unos diez minutos en llegar a la pradera, si fuese él tardaría unos tres minutos. Pero a la velocidad de una persona normal, incluso un imperial bien entrenado como Heppo, tardarían quince minutos en arribar. Por eso invito a Heppo a que corriera como si fuese un Edmunita o si no lo amordazaría, ataría de piernas y manos y lo ocultaría en algún lugar del bosquecillo, para luego buscarlo cuando la batalla hubiese terminado.


—¡Pisa con la punta del píe primero y luego el talón, hasta los niños saben hacer eso! —le gritaba Himmir a Heppo mientras corrían por el bosque a una velocidad que a Himmir le parecía sosa y a Heppo una tortura.

En cinco minutos estuvieron sobre el Agoth Etera. Desde esa distancia llegarían a la pradera en cinco minutos más y tardarían otros tres en cruzarla. Iban bastante bien al parecer de Himmir, se había percatado de que habían dejado atrás a los orcos, pues el tronar del metal chocando contra el metal de sus armaduras se había convertido en un rumor distante. Les tenían buena ventaja.

Entonces comenzó la tormenta.

En un instante el terreno firme del bosque se había convertido en un lodazal, por la poderosa caída de gotas gruesas y numerosas, inclusive la niebla empezaba a salir de su escondite y cubría el suelo de la arboleda.

Heppo se tropezó varias veces con la tierra tan húmeda y las raíces que empezaban a salir excavadas por la lluvia y la tercera vez que cayó, a Himmir le colmó la paciencia, decidió tomar a soldado, ponerlo sobre sus hombros y echar a correr por su cuenta. No quería retrasos, si los orcos los alcanzaban podría significar la derrota de la legión. Aunque no culpaba a Heppo, a un edmunita común le costaría bastante correr en un terreno como aquel, pues ningún edmunita nacido en el desierto jamás había sufrido condiciones como estas. Pero Himmir había ganado experiencia con los años, sabía que si el suelo era demasiado blando, podía pisar una raíz de árbol en vez o sí no había raíces, solo tenía que alargar sus zancadas y pisar con más fuerza para mantener la estabilidad.

Así en dos minutos salieron del bosque y estuvieron a la mitad de la pradera. Contrastados enormemente con sus ocho minutos predichos por Himmir anteriormente. Sin duda corriendo por su cuenta Himmir iba a mayor velocidad a pesar de estar cargando un fastidioso bulto de noventa kilos sobre el hombro. Pronto avistaron a los legionarios formados bajo la colina.

Ya todas las filas del frente estaban formadas por columnas de tres entrelazados, cubriendo todos los lugares posibles con lanzas, siendo esta la menciona formación de zarzas. Y el resto en la retaguardia estaba preparado para el ataque. Más atrás se podían ver las toscas figuras de las catapultas ewëk. Había cuatro, una menos de lo que Himmir hubiese deseado.

Tan pronto como llegó frente a los soldados Himmir soltó a Heppo y lo tiró al suelo, quien soltó un bufido por el brusco golpe con la tierra empapada, sin embargo no se quejó ni nada, pues le faltaba el aliento después de esa brusca carrera y la brusca acarreada.

—Lleven a este soldado a la retaguardia —ordenó entre jadeos. Correr tan rápido y con un hombre en los hombros lo había fatigado—. No podrá pelear con todas sus fuerzas hoy.

Cansado como estaba se acercó al capitán que estaba al frente de la legión sobre su caballo, sosteniendo el estandarte verde del colibrí representando al imperio.

—Vaya que sí me sorprendí cuando regresó Kartis —le gritó el capitán por sobre el ruido del tormenton—. Pensé que usted y Heppo estarían muertos por lo que me contó. Pero me alegra ver de vuelta al Himmir del imperio sano y salvo.

—¿Todos sus hombres están al tanto de cómo funciona la Cuchilla Ennahria? —se limitó a decir Himmir sujetándose del caballo, tratando descansar sus músculos cuanto pudiera.

—Por supuesto que sí —la vista del capitán miraba hacía el frente con la mirada en alta denotando todo el aire de un líder decidido—. Nadie la ha visto con sus propios ojos, ni siquiera yo mismo. Pero todos sabemos lo que la formación de zarzas significa, lo hemos oído en historias y canciones desde que éramos críos —el capitán sonrió. Esto a Himmir lo hacía sentir que si fracasaban y eran derrotados se sentiría más desdichado que en sus tiempos oscuros cuando fueron derrotados en el Camino del Trópico—. Sinceramente Astrid, me sentiría temeroso al enfrentar a estos orcos si no contáramos con la ventaja única que nos das con la Cuchilla Ennahria.

En efecto, la Cuchilla Ennahria era un movimiento que únicamente podía ser realizado si Himmir se encontraba al frente de las filas del ejército. Por este mismo movimiento era que se había ganado su título como el Himmir, que significaba “punta de espada”, ya que él mismo era quien penetraba entre las filas del enemigo y las dividía a la mitad para dar paso a la carga de soldados que penetraba en la abertura que Himmir había dejado separando a los enemigos y envolviéndolos en una marea incontrolable de espadas y escudos que era prácticamente imposible de contrarrestar por un ejército normal. La clave de este movimiento era la velocidad extrema que él podía alcanzar siendo edmunita y la gran fuerza que había obtenido tras los años de cruentas batallas. “Los hombres volaban como trapos tras la poderosa plata de Hesper, dejando una herida mortal al enemigo. Pues la poderosa punta de espada es indetenible y las mandíbulas del imperio son poderosas e inmisericordes” según lo que decían los cuentos.

Sin embargo Himmir no pretendía dejar la suerte volando en el aire. Esos orcos no eran normales y no pensaba darles oportunidad o misericordia a esas bestias amaestradas. Haría que las catapultas los aplastaran como nueces doradas apenas el primer pie saliera de ese bosque, y dejaría que un aluvión de flechas cayera junto con la lluvia sobre ellos. Y para cuando estuvieran heridos y débiles, les asestaría el golpe final con la Cuchilla Ennahria. No perdonaría a quienes subestimaran a su imperio de esa manera.

Todos los hombres se pusieron en guardia cuando el aire retumbo y la lluvia fue silenciada por los fuertes aullidos del cuerno enemigo. Estaban aquí.

La lluvia los empapaba, las gotas corrían sobre el metal y los hombres exhalaban vahó. Todo era la tensión que espera a la batalla, hombres que pueden jugarse las vidas con solo la orden de su líder. Este era el Ejército Ennahrio, ellos eran soldados el ejército más vasto y poderoso de Eyarde. Preparados para enfrentar a los enemigos de la Empreratriz, para pelear por la tierra que habían nacido, por la gente inocente que necesitaba la protección del imperio, por sus padres, parejas e hijos, por los dioses, por todo lo que ellos tenían, por todo lo que ellos conocían y amaban. Por eso Himmir deseaba pelear.


—¡DISPAREN LAS CATAPULTAS! —vociferó Himmir poniendo su espada en alto apenas y vio los destellos dorados en los lindes del bosque.

Esto encendió las llamas de todos los hombres quienes vitorearon a la primera roca que salió volando hacía los orcos, a la cual le siguieron otras tres que se precipitaron contra el bosque.

Los orcos que estaban en el frente y todos los abedules frente a ellos fueron aplastados por las rocas. Los enemigos rugieron indignados ante tal ataque despiadado, no les habían permitido siquiera el derecho de organizarse para el ataque. A esto los orcos respondieron con una descarga de flechas efectuada por los que tuvieron la oportunidad de escapar a las rocas.

Las flechas volaron por encima de los legionarios, muchos se cubrieron como pudieron. Himmir recibió un flechazo en el hombro, pero su armadura de adamantina era más resistente que la punta de sormita de la flecha, por lo que simplemente rebotó y se quebró. Todos los soldados que vieron esto vitorearon a Himmir y comenzaron a entonar a toda voz la canción Verso Cuerno, la cual era la canción más famosa sobre Himmir. Esto confundió a los orcos y entusiasmo a los soldados volviéndolos una marea hirviente que para los orcos resultaba intimidante. El mismo Himmir hervía de fervor, ya no sentía que la proporción de bajas catorce a dos fuese demasiado para él y sus soldados.

Las catapultas soltaron su segunda carga.

El fervor de los legionarios fue disminuido pues una de las catapultas se quebró bajo el peso de roca que habían cargado causando que los legionarios cercanos se replegaran para no ser aplastados por la estructura de madera y la roca que ahora rodaba alejándose en dirección opuesta a la que debió haberse dirigido.

Los orcos aullaron y se rieron del percance de los humanos, mientras sus soldados aun terminaban de salir del bosque. Esto nivelo la moral entre las dos facciones y caldeó los ánimos adecuados para la batalla.

Era ahora mismo el momento para hacerlo, los soldados no estaban perdidos en las nubes cantando canciones o deprimidos por la imponencia del enemigo. Estaban atentos a los orcos y dispuestos a atacar. Era el momento de efectuar la Cuchilla Ennahria.

Himmir inspiró hondo y recitó las palabras que alguna vez había oído decir a su padre y que a él lo habían acompañado como un amuleto que le recordaba a su hogar en el desierto, le daba valor para entrar dentro de las filas enemigas y por sobre todo las palabras que le recordaban a Aura…

—Que mi corazón sea verdad —susurró.

Himmir gritó con todas sus fuerzas y alzando su escudo corrió tan rápido como se lo permitían sus pies entre los charcos y las ráfagas de gotas. Fue tan veloz que el mundo pareció apagarse un segundo antes Himmir chocara contra al primero de sus enemigos. Mientras que los soldados lo seguían gritando desde atrás empuñando sus lanzas desplegando la forma triangular de la formación de zarzas. Y más árboles y orcos eran aplastados por las catapultas.

Pero la Cuchilla Ennahria no pudo ser efectuada, ni tampoco los orcos pudieron defenderse de esta. No. El campo de batalla se congeló mientras Himmir aún estaba a mitad de su carrera. Él mismo se había detenido como todos los demás, para escuchar y mirar al cielo.

El aire había sido contaminado con un chillido fantasmal y melancólico, fuerte y espantoso. Había dejado de llover por completo y las nubes se abrían dando paso al cielo, revelando la aurora del norte danzando en el firmamento bañado de estrellas. Una aurora roja.

***

En los bosques los Atalan lloraban y se escondían aterrorizados. Los árboles talados por los orcos, las maquinas asesinas hechas por los humanos y los abedules inocentes que habían sido alcanzados por las rocas que solo estaban destinadas a matar orcos inmundos. Esto había sacado de sus cabales a los Atalan, y ahora lo lamentaban en lo más profundo de sus almas. Fuzzal había respondido no a sus llamados verbales, si no a sus llamados de cólera. Se había despertado y había teñido la aurora de rojo sangre buscando la venganza para la que fue creado.

Lo que más les pesaba a los espíritus del bosque era que una vez que Fuzzal saliera de aurora ya jamás podría ser encerrado por ellos, ya no estaría a su alcance. Soltaría toda su oscuridad sobre los humanos con las magias oscuras que los Atalan le habían otorgado. Causaría tanta muerte que la tierra se tiñería de rojo.

El dolor y el lamento de los Atalan era inmenso, esa noche desearon no haber caído en la oscuridad de sus corazones y haberla vertido en esa abominación.

***

—Es… ¿la aurora está cayendo? —señaló uno de los soldados que permanecía más cerca de Himmir.

Tal como lo decía la Aurora roja parecía que se acercaba a la tierra como si cayera desde el cielo, era algo innatural, muy perturbador y por alguna razón los presentes se sentían sofocados por una sensación de pesar y tristeza. Pero el chillido que se oía sobre ellos era agudo y hacia saltar la piel de los hombres y hacerles temblar el corazón.

—¡DEMONIOS! —exclamó otro entrando en pánico—. ¡ES TAL COMO ESTA ESCRITO EN LA CREACIÓN DIVINA! ¡VIENE DE LA OSCURIDAD ENTRE LAS ESTRELLAS!

—¡Iluso! —respondió un tercer soldado antes de que Himmir interviniera—. ¡Las auroras son las luces de nuestro señor Gomot padre del hielo y la paciencia, no hay forma de que un demonio pueda tocar a la aurora! ¡Y tú! —dijo dándole un golpe a uno de sus compañeros que se había arrodillado en el suelo lodozo—. Rezar no te salvara contra esto, seguramente es hechicería de algún tipo…

Eso era cierto o bien podía ser una ilusión. Pero Himmir no podría concebir a ningún ilusionista que pudiese ser capaz de meter a dos batallones dentro de tal ilusión más que al legendario asesino Owl de los ojos de esmeralda, maestro de todas las ilusiones. Y dudaba que entre los orcos hubiera ilusionistas y menos hechiceros, aunque fuesen civilizados. Además que siendo Orcos y Humanos hacía más difícil la tarea de ilusionismo pues los orcos tienen una mente diferente a la humana y a mente diferente, diferente forma de ilusionar. Y hechizar a la Aurora, no pareciera que existiera mortal que pudiera lograr algo tan grande. No, eso era otra cosa y Himmir temía por sus hombres.

La Aurora descendió lentamente hasta tocar el suelo, al mismo ritmo que los susurros de inquietud se multiplicaban en el lado de Himmir, mientras que los orcos observaban en silencio muy atentos al ofuscante espectáculo.

Una vez sobre la tierra mojada, la aurora se precipitó entera hacía abajo en un torbellino de luces multicolores, hasta dejar un bulto en el suelo hecho de la misma luz de la aurora. El chillido cesó por completo y el silencio calló sobre todos que miraban ansiosos lo que habían dejado las luces del norte en el suelo.

Unos canticos en un idioma que nadie conocía empezaron a salir del bulto que se movía espasmódicamente. Sonaban como una respiración entrecortada y sofocada, parecían las murmuraciones de un espectro.

De repente unas manos le salieron a la masa de aurora y todos los que estaban tras Himmir retrocedieron asustados. Himmir les susurró enojado que mantuvieran sus posiciones. No quería que sus hombres atrajeran la atención de lo que fuere esa cosa y se convirtieran en su objetivo. Pero por sobre todo, tenía curiosidad, mucha curiosidad por lo que era ese bulto de aurora.

La masa de aurora se levantó usando sus dos extremidades y reveló su verdadera forma, parecía como si un hombre vistiera con una manta hecha de la aurora que le cubriese cada parte de su cuerpo, pero tenía protuberancias que le daban aires de que estuviera portando una armadura debajo de la manta. De sus manos crecieron más deformidades que estas efectivamente eran; una espada y un escudo. No había duda para ninguno de los que presenciaron ese acto sobrenatural. Era un caballero, El Caballero de la Aurora roja.

Uno de los orcos que estaba al frente de los suyos perdió todo su aplomo y tiró sus armas para escapar de la escena. Pero fue interceptado por dos de sus camaradas que se negaron a dejarlo ir y en cambio lo arrojaron en dirección al Caballero mientras pataleaba para intentar liberarse. Fue evidente que lo estaban sacrificando para ver de qué era capaz la extraña figura luminosa.

El orco empezó a gritar, aterrado de lo desconocido. El espectro lo miró atraído por su llanto de terror y estiró su brazo para tomar al orco. Pero este se alzó a trompicones víctima del pánico tratando de escapar.

El orco cayó desecho en una nube de polvo gris y del cual sólo quedó su armadura vacía en el suelo lodoso. El temor de los hombres se esparció como pólvora encendida quienes empezaron a retroceder espantados, la batalla contra los orcos había sido borrada por el miedo. Estaban cayendo al fondo de sus instintos de supervivencia mientras se enfrentaban a algo que no conocían.

—¡MANTENGAN SUS POSICIONES! —Vociferó HImmir rompiendo el pesado silencio.

Lo había oído, pues él se encontraba más cerca del Caballero, había pronunciado conjuros antes de que el orco se deshiciera en el aire. Estaba utilizando hechicería muy poderosa. Tenía que mantenerlos fuera de la atención del espectro de aurora. El único problema ahora era que haber gritado tan fuerte hizo que el Caballero se fijara en él.

Tenía que deshacerse de ese monstruo de alguna forma, o sería convertido en ceniza como aquel orco infeliz. Sin embargo inesperadamente los orcos le hicieron un favor.

Los orcos descargaron sus flechas contra esa cosa y una de ellas dio en el blanco, atravesando el brazo del Caballero. Este comenzó a soltar gritos desgarradores y macabros que inundaban de oscuridad el corazón de Himmir. El resto de las flechas que aun volaban hacia su objetivo fueron convertidas en un destello luminoso que desapareció a medio camino.

El Caballero alzó la mano que sostenía su espada y en un furioso movimiento que recorrió a todos los orcos frente a él. Uno a uno fueron cayendo en nubes de polvo gris aunque no los hubiera tocado.

El Caballero empezó a matar orcos con su hechicería. Sus armas y armaduras se derretían fundidas con un fuego invisible y luego eran convertidos en muñecos de ceniza que se caían a pedazos en vueltos en una neblina blanca de polvo, que se acrecentaba más y más con cada orco muerto por el Caballero. Peleaban para salvarse, pero no parecían tener oportunidad contra aquel ente tan poderoso. Ese era el momento para Himmir.

—¡RETIRADA! —gritó a los soldados quienes al oír esto rompieron filas y comenzaron a dispersarse en la pradera como conejos asustados. Quiso ordenarles que se mantuvieran en grupo, pero su corazón se aligeró al ver que el capitán se esforzaba por reagruparlos, mientras emprendían la huida.

Los orcos notaron el escape, sea por su sanguinaria naturaleza o el hecho de les enfurecía que el enemigo los dejara ahí para morir frente a la amenaza del Caballero de la aurora. Pero empezaron a disparar flechas hacia los legionarios —los que podían—.

—¡NO! —Himmir vio como algunos de los soldados cayeron salpicando la tierra lodosa, atravesados por flechas en la espalda. Algunos habían muerto, otros seguían con vida pero estaban demasiado heridos para seguir adelante—. ¡MALDITA SEA!

Los arqueros legionarios no se quedaron callados, ellos mismos respondieron con una lluvia de flechas. Pero apuntar mientras corres no es simple, y no muchas de sus flechas no llegaron a su objetivo, una de ellas casi le da a Himmir, pero eso no era lo que lo había hecho soltar una exhalación de espanto. Tres de las flechas fueron a parar al Caballero de la Aurora. Dos en la espalda y una en la pantorrilla.

¡No! Himmir se sumió en la desesperación. Ahora los legionarios serian el objetivo de esa cosa y recoger a los heridos no ayudaba a su escape.

No tenía otra alternativa, tenía que jugarse la vida haciendo de carnada, captando toda la atención del Caballero para que dejara en paz a sus hombres y estos pudieran escapar de la hechicería asesina de este.

—¡QUE MI CORAZON SEA VERDAD! —gritó su amuleto y se lanzó a la carga contra el Caballero tal y como si estuviera haciendo la Cuchilla Ennahria. Alzando su escudo justo para embestir al espectro.

El Caballero pronunció palabras en su terrorífico lenguaje, ahora siendo Himmir el centro de su atención. Conjuro un hechizo que ya le había hecho a las armaduras de los orcos.

Himmir sintió que el agarre y el metal de adamantina comenzaban a calentarse estrepitosamente. Sabía lo que trataba de hacer, estaba intentando derretir su escudo. Pero eso no le sería nada fácil. La adamantina era un metal que se derretía a una temperatura tres veces mayor a la del acero. Sin embargo su guante derecho comenzaba a humear y sentía la horrible quemazón en su mano. Pero siguió adelante y no dudó. Su mano no valía lo que la vida de todos los soldados que protegía.

Estaba a punto de golpearlo, solo unos metros más y lo mandaría volar, dándole tiempo precioso a sus compañeros, los salvaría.

Entonces el Caballero gritó y el escudo de Himmir se licuó convirtiéndose en un chorro líquido rojo ardiente, que le envolvió la mano y derritió también la armadura en su brazo.

Himmir cayó al suelo revolcándose y gritando de dolor antes pudiese tocar al Caballero. La tierra húmeda crepitó ante el metal derretido del brazo de Himmir, liberando gases y vapor. El caballero se quedó mirando como bailaba de dolor sobre la tierra. Himmir cerró los ojos. Era el final de su leyenda…

Pero no pasó nada, el caballero lo pasó de largo y continuó en persecución de los legionarios. Muy probablemente lo había dado por muerto, y esto era más cierto de lo que Himmir hubiera pensado. Pues el hecho de caer era lo mismo que la muerte para ese Caballero de Aurora. Todo lo que caía al suelo estaba muerto, pues ese era el único tipo de muerte que él conocía y eso lo llevo a ignorar a los heridos que aun forcejeaban en el suelo tratando de escapar o a los soldados que tropezaban en su carrera histérica. Esta idea llegó a la mente de Himmir, pero no la llegó a entender totalmente, pero sin duda se dio cuenta de lo que significaba.

Se paró tan rápido como pudo, tratando de hacer a un lado el horrible dolor de su brazo calcinado y entre jadeos de dolor trató de gritar.

—¡TIREN…! —pero no logró completar la oración, fue detenido por un dolor punzante en su espalda. Miro hacia atrás, había sido alcanzado por una flecha orca. El dolor le inflamo el cerebro, se mareó y se sintió sin fuerza para hablar, pero quería gritar, de nada sirvió, no podía. Se sintió como acabara de haber visto la luz y se la hubiesen arrebatado de repente de una manera cruel e injusta—. Ma-malditos orcos —pronunció mientras caía al suelo y perdía la conciencia.


Horas más tarde Himmir recuperó la conciencia. Ya era muy entrada la noche, estaba lloviendo de nuevo. Se sentía frio, sus extremidades estaban entumecidas y el dolor de su brazo derecho se había calmado, en cambio ya no sentía su brazo derecho. Estaba teniendo síntomas de hipotermia, sin embargo su alma ardía con odio hacia esos orcos.

Se levantó con muchas dificultades después de permanecer inmóvil en el suelo. Y por fin pudo ver el desolado panorama que se extendía a su alrededor, cientos de armaduras huecas, doradas y de acero gris, desperdigadas en el suelo hundidas en un mar de ceniza gris húmeda. Tanto legionarios como orcos habían sido exterminados por el Caballero de la Aurora Roja. En aquella pradera desolada no había señales del caballero en ningún lado, probablemente se había marchado creyendo a todos muertos.

Después de mirar el paisaje con una expresión vacía se decidió a buscar a los vivos entre los cuerpos que no habían sido desintegrados por la magia oscura del Caballero. Pero fue completamente inútil, todos los heridos por las flechas y dejados inmóviles ahora estaban fríos y silenciosos. No quedaba nadie ahí. En el fondo deseaba que alguien se hubiera salvado, que hubiera logrado escapar. Pero ,¿era realmente posible escapar de esa cosa?, ya no lo sabía, ya no sabía nada…

Oyó sonidos a la distancia y pudo divisar a tres figuras doradas borraras que vagaban entre los restos de la tragedia. Eran orcos, orcos que habían sobrevivido, tal vez se hubiesen dado cuenta del truco de que tirarse al suelo los salvaría. Pero eso no le importaba a Himmir. ¡Tres orcos se habían salvado, pero ningún humano! ¡Era injusticia!, por qué ellos y no lo suyos. Era un sentimiento de frustración, de odio contra sí mismo y los demás. Tenía que hacer algo, tenía que vengarse, tenía que remediar esto que no estaba bien.

Himmir había entrado en las puertas de la locura.

Se arrancó la flecha de su espalda y tomó una de las espadas regadas en el suelo.

Cuando los orcos lo vieron acercarse se sorprendieron mucho, pero cuando salieron de la impresión le comenzaron a lanzar flechas. Pero ninguna llego a golpearlo en algún punto débil de su armadura como la que había atravesado la parte más delgada de su armadura en la espalda baja.

Al ver como sus flechas rebotaban y se hacían pedazos contra Himmir entraron en pánico y salieron corriendo, creyendo que él sería algo como él caballero que había matado a todos sus compañeros. Esto activo la sed de sangre de Himmir quien los persiguió apenas estos retrocedieron. El primero que no reaccionó a tiempo fue decapitado en un instante sin poder ver cuando Himmir se puso frente a él y blandió la espada sobre su cuello. Los otros dos fueron más perspicaces y utilizaron los últimos segundos de vida de su amigo para emprender la carrera de huida y dirigirse hacia las Colinas Pedregosas, donde Himmir no los podría atrapar tan fácilmente a pesar de su ventaja como edmunita a la hora de correr.

Así durante varias horas Himmir los persiguió saltando y corriendo de aquí a allá cegado por el dolor y la ira. Hasta que él y los orcos se adentraron en las profundidades del Bosque de Asphet, al norte del gran pueblo con el mismo nombre.

Esos orcos eran muy listos, sabían evadir a Himmir como libres saltarinas que escapaban de un zorro hambriento. Sin embargo de manera inesperada uno de ellos de repente cayó al suelo inmóvil con una flecha atravesada en el cuello. El otro se detuvo por la impresión y fue en ese momento que Himmir lo empaló con su espada, atravesándolo por la espalda. Así el último de los orcos murió.

—¡¿Por qué merodeas mis bosques cazando de orcos?! —Himmir vio a una figura alta encapuchada al fondo de la arboleda, sosteniendo el arco que había ultimado al primer orco. Tenía mucha pinta de ser cazador

Sin embargo Himmir no respondió a su pregunta, en cambio, comenzó a gritar con todas sus fuerzas soltando todo su dolor en el aire. Siguió gritando, hasta que por fin, él cansancio, el dolor y la conmoción terminaron con él y cayó desmayado de nuevo.



Bien eso todo por esta semna °3°, la proxima semana será el turno de Grimback!, y les aseguro que su intro no es tan larga como la de Himmir xD por lo que solo tendra uncapitulo xD

Por cierto estoy retomando un proyecto que tenia hace unos meses, los que deseen pasar a Checarlo °3°

http://www.cpokemon.com/foro/threads/23084-Cat-Bond-Cat-1

Bueno
Es todo, Byes!









Spoiler

Grax Rene, quedo Rlz xD

Grax cell esta buena :D


#15
¿Qué puedo decir? Fue un capítulo increíble. Me atrapó mucho, ya no veía la hora de ver lo que pasaba con Himmir, sabes como hacer una historia que atrape XD
Que jodido que es Fuzzal, haciendo todo polvo como si nada p__p
¡Himmir estuvo apunto de cruzarse con Montock! O:
Errores de ortografía, vi algunos, generalmente tildes. Por ejemplo: Pusiste "nivelo" en vez de "niveló". También te faltaban algunas letras como en "liebre", que pusiste "libres".
¿Son tres personajes? ¿Montock, Himmir y ese tal Grimback?
Como última cosa respecto al capítulo....... ¡¿Himmir también conoce a Aura?! Entonces no es solo algo de Montock ¿Triángulo amoroso o cuadrado? (Por Grimback) ¿O tal vez otra cosa? Quiero saber D:

¡Yes! Vas a continuar Cat Bond, nunca comenté, pero lo leí XD

Saludos Zombie gay con cara de chimpancé drogado con un moco colgando en la nariz (?)


Spoiler






#16
Bueno, de nuevo por aquí esperando serte de ayuda n_n Antes de comenzar con la crítica del capítulo quiero comentarte eso de lo que te hablé (lo que estaba investigando...)

¡Irith-Eru! ¡Ya sabía yo que me sonaba mucho ese nombre! Supongo que como buen Tolkienista que eres habrás leído "El Silmarillon"... bien, pues resulta que el dios supremo de El Silmarillon (por así decirlo) se llama Ilúvatar Eru :o me hizo gracia porque también encontré otras similitudes entre esa obra y Saikyo del mismo tipo. Deverías leerlo si no lo hiciste... es un libro fantástico.

Otra de las cosas que te quería comentar fue lo de la técnica de los >>. Nunca había visto ninguna obra que lo utilizase, ni había oído hablar de ello, así que he estado investigando por la red en foros de escritores y otras páginas similares. El caso es que no he encontrado absolutamente nada que le haga referencia, pero me fiaré de ti xD

He tardado en postear por eso, quería estar totalmente segura antes de decírtelo. Sin más dilación vamos al capítulo...

ESTRUCTURA:

Has mejorado mucho lo de la separación de párrafos n_n no me puedo quejar en absoluto. Las descripciones son expléndidas, como siempre... nunca te tuve que criticar ese aspecto, ¡Sigue así! (?) (nah... sigue mejor todavía)

Sin embargo debo recordarte que las aclaraciones que el narrador incluye entre los diálogos comienzan con mayúscula.

Te dejo algunas oraciones que, por su estructura carecen un poco de sentido:

"Eso estaba bien por los Atalan, no se preocupaban por los mortales ni les importaba en lo más mínimo ellos." <---- sustituye ese "por" por un "para", la segunda parte de la oración también quedó algo rara, quizás quedaría mejor si dijeses "no se preocupaban por los mortales ni les importaban ellos en lo más mínimo" o algo así, pero eso mejor lo dejo a tu elección.
"Ay, cómo amaban los bosques y todos esos lugares donde los mortales no habían puesto sus impuros pies"
<--- o bien pones exclamación en el "ay" a modo de interjección, o bien lo englobas todo en las exclamaciones, pero es una oración exclamativa a la que no pusiste exclamaciones xD
"Himmir se preguntaba porque necesitarían tanta cantidad madera"<--- ¡Te faltó la preposición "de"!
"Fue tan veloz que el mundo pareció apagarse un segundo antes Himmir chocara contra al primero de sus enemigos"<--- Antes DE QUE Himmir...
" Pero por sobre todo, tenía curiosidad, mucha curiosidad por lo que era ese bulto de aurora."
<--- te sobra la preposición "por" y a no ser de que trates la aurora como un nombre propio te falta el artículo demostrativo.
"Se sintió como acabara de haber visto la luz y se la hubiesen arrebatado de repente de una manera cruel e injusta" <--- se sintió COMO SI se la hubieran...
Esos son los fallos más gordos... hay otros, pero no merece la pena nombrarlos.

ORTOGRAFÍA:

Seré breve... Fallos de tipeo (ya corregidos, por supuesto): tristeza, emperatriz, lodoso, envueltos...
Fallos ortográficos: cánticos, éste, rondó, hecho, si, tormentón, retumbó, hacía...

Mi oferta de trabajar con mis amigos Word y Acrobat sigue en pie (?) xD

TRAMA E HISTORIA:
Me pareció genial, por fin tenemos una conexión entre los dos personajes principales de Saikyo... esto se pone interesante OwO.
Por supuesto no ibas a asesinar a un personaje tan elaborado como Himmir tan pronto... a no ser que sea un personaje de Juego de Tronos, claro (?) xDD

Pobre orcos... encima de que se molestan por civilizarse vas y los matas D: por cierto... ¡Una secta, una sectaaa! Unos orcos a los que les han lavado el cerebro para que adoren a un dios y además se adentren en conquistas... no dejas de sorprenderme.

Bueno, como siempre espero que mi crítica te ayude en algo... no creas que solo quiero desmotivarte (pues sí, así es como yo me quito a la competencia de encima (?) creo que el día que postee mi fic os lanzaréis sobre mí como aves de carroña xDD (?)) La semana que viene espero más y mejor, ya tu sabes... Saluditos y abracines ^^




A la la long~~



Just me~


#17
Hola de nuevo, hacía algún tiempo que no entraba al foro por algunos motivos de estudio y demás, pero comencé a jugar al World of Warcraft de nuevo, entonces me acordé de tu gran Fic y es por eso que heme aquí..
Vamos a empezar a ser un poco más ordenado con mis comentarios, como lo es Akane ^^
Aquí vamos..

ESTRUCTURA
La estructura estuvo bien dentro de todo. En mi caso, se me hizo muy largo el capítulo aunque las descripciones que empleaste sin duda son muy buenas y de un trabajo excepcional. Espero que sigas con esas estructuras y las mejores también.


ORTOGRAFÍA
Sin mucho que decir, errores comunes, pero te recomiendo que utilices el Word para poder así evitar lo errores.

TRAMA
Bueno, la trama es realmente increible. Sigo pensando que toda esa información no puede caber en tu cabeza. Es muy buena la forma en que los personajes comienzan a enlazarse. Me gusta que hayas usado un idioma natal de la raza Orca, es algo muy formidable. En especial me gustó que aunque sea en una parte pequeña del capítulo se cruzó Montock por ahí, y no lo mencionaste pero supongo que fue él ^^
Estoy maravillado con la historia y con la forma de contarlo que tienes, sin duda sos muy Tolkienista y eso me asombra y me gusta mucho de tu parte.. Espero que sigas así


Muy buena la historia, espero el próximo capítulo. Por cierto, el mapa te ha quedado grandioso. Repito, deberías patentar la historia.
Saludos