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#1

Pokemon: El uso de los dones.

Bueno, dado que he vuelto, también me han vuelto las ideas a la cabeza y como el otro fan fic no pude terminarlo ( y la verdad me da pereza tener que retomarlo, a parte que está cerrad) pues voy a escribir otro, tengo las ideas y tal; así que que no se diga nada más.

No voy a hacer un prólogo, porque directamente me salió hacer el primer capítulo, aunque tiene bastante descripción y tal, así que es casi como un prólogo agrandado.

Cada vez que postee un capítulo nuevo, lo avisaré y colgaré el capítulo aquí, para que se vean todos seguidos y faciliten la lectura; los comentarios por supuesto dejadlos abajo!

Sin más miramientos...

Os dejo el primer capítulo.



Capítulo 1: El aviso
Era una mañana increíble, perfecta, casi de cuento, un sol espectacular, soplaba un poco de viento para sofocar el calor, en definitiva, se estaba muy bien.
En ciudad Calagua, casi toda la gente estaba en la playa, algunos conversaban con los marineros que llegaban, otros se despedían de los que se iban, otros estaban tumbados al sol, o simplemente los niños pequeños jugaban con sus pokemons en la arena. Practicamente, estaba la ciudad entera en la playa, ya que era el último día de la feria y por la noche era la Gran Fiesta, como la solían llamar allí; en esa Gran Fiesta, había de todo, los mejores concursos (por supuesto sin contar el Gran Festival), un gran torneo de combates, espectáculos de todo tipo, casetas de catas… Los únicos que no estaban en la playa eran los alumnos de la Academia de Enseñanza Calagua. Esta academia, al igual que todas las de todas las ciudades de todas las regiones, acogía a alumnos a partir de los 10 años, para prepararlos para todo tipo de profesiones, que aproximadamente se dividían en estas ramas: entrenamiento y coordinación, medicina, investigación, criación, comercio y transportes e infraestructuras. Algunas de las ramas no necesitaban necesariamente de pokemon, pero sus clases igualmente eran impartidas en las academias.

Los primeros cursos, se dividían en ciclos, es decir, cuando un alumno entraba (todavía sin pokemons) no tenía rango, ya que no era entrenador, cursaba dos años y al aprobar recibía su primer pokemon; el primer rango comienza con su primer pokemon y son dos años, después hay una prueba y se accede al segundo rango. El segundo rango también son dos años, pero la prueba se para acceder al tercer rango se puede hacer en cualquier momento de los dos cursos, u otra opción es aprobar todas las materias con más de un 7 y se accede. En el tercer rango, ya cada uno escogía una especialización de entre las ramas explicadas anteriormente, cursaba otros 3 años y elegía un ciclo, que se estudiaba en otro centro en ciudad Malvalona, o bien, en otra región.

Después de esta breve explicación, continuamos. Los alumnos de la Academia de Enseñanza de Calagua estaban en el centro, sólo se les permitía salir de él en un cierto horario y con autorización expresa de sus padres. Aunque ese día debían permanecer allí, no tenían clase ya que era festivo; algo que la mayoría aprovechó para domir la mona (después de la fiesta de la noche anterior), entrenar, adelantar los estudios, o simplemente pasar un buen rato con los amigos. Pero lo que todos, absolutamente todos sabían, era que esa noche nadie se iba a quedar en el centro, así que todos se preparaban.

La mayoría de chicas estaban encerradas en sus habitaciones decidiendo que vestidos ponerse, pasándose artilugios de maquillaje de unas a otras o hablando de los chicos con los que irían a la fiesta.

Como siempre, había quien no se atenía a la regla y estaba estudiando (también cuenta para los chicos).

La mayoría de chicos, por su parte estaban divididos en varios grupos, los que luchaban, en el patio, un jardín enorme, casi de unos 35 m de largo por 20 de ancho, cubierto de un manto verde de césped, un poco húmedo porque acababan de regar y perfectamente cuidado; los coordinadores, que también se encontraban en el jardín pero apartados de los entrenadores. Los chicos que estaban en los recreativos, una sala inmensa, con todo tipo de consolas, billares, futbolines e incluso una barra para que pudieran comprar golosinas y/o refrescos y por último, los que estaban en sus habitaciones destrozados después de la fiesta.

Bueno, por último no, había un chico que no se atenía a ninguna regla, no estaba en los recreativos, no estaba en su habitación, no estaba en el jardín, y por supuesto, no estudiaba. Se llamaba Labín, un chico rubio, de estatura normal, quince años, un poco introvertido, le gustaba estar con su Lucario a solas, tenían una gran historia juntos; desde el día que se conocieron. Era el día de la prueba para acceder al primer rango, ese año habían cambiado la prueba, y los entrenadores tenían que dispersarse por un enorme bosque, donde había todo tipo de paisajes y los pokemons no eran demasiado agresivos, para capturar a uno; pero Labín fue distinto, un Riolu se cruzó con él y simplemente estuvieron hablando un poco, y el pokemon quiso acompañarle, hubo una gran conexión desde el principio; seguidamente el chico accedió a hacer la prueba, pero sin capturar a ningún pokemon, porque ya tenía a uno, pero quería luchar un poco y Riolu también. Ese día, su pokemon evolucionó a Lucario. Desde ese momento, iban normalmente a la azotea de la escuela, donde les gustaba entrenar a solas o en su habitación charlando. También se reunían con algunos chicos en los recreativos y rara vez luchaban en el jardín.

Pero, seguimos por dónde íbamos, Labín y Lucario estaban en la azotea entrenando; el pokemon tenía los ojos vendados y su entrenador sólo le decía, siénteme, nota dónde estoy, aunque no veas, mírame, detéctame, tu puedes, amigo. El chico corría de un lado a otro de puntillas para no hacer ruido y tocaba a Lucario por los lados, el pokemon tenía que esquivarle o agarrarle el brazo. Después de un largo rato dejaron de entrenar y estaban volviendo por los pasillos hacia la sala de recreativos para estar allí con algunos de sus amigos. Estaban entrando en el salón y unos chicos les saludaron desde el futbolín:

— ¡Labín, Lucario, aquí! — les dijo Óscar, un chico moreno, alto, fuerte, muy sociable, muy popular, le gustaba mucho luchar, pero era honrado, normalmente estaba de risas con todo el mundo.
— Hola Óscar, saluda Lucario — saludó y riñó Labín.
— Has saludado por mí — le dijo Lucario (éste pokemon podía interpretar el lenguaje humano y hablaba como tal).
— Bueno, no peleéis, ¿queréis jugar? Machop y yo contra vosotros — les retó el chico con una sonrisa, sacando de su pokéball a un Machop.
— Vale, ¿qué te parece Lucario? — contestó Labín; a lo cual Lucario sonrió — ¿Y los demás?
— No sé, algunos creo que están el jardín, los demás estarán durmiendo la mona, menuda fiesta ayer; no sé cómo puedes levantarte temprano a entrenar — continuó la conversación Óscar.
— El alcohol no me afecta mucho jeje — contestó Labín riendo — ¡Vamos!

Comenzaron a jugar al futbolín, Labín y Lucario tenían una táctica secreta, pero la gente más o menos creía que sabían cual era, pero no podían explicárselo; ellos se entendían sin hablar, era como si se “leyeran” el pensamiento, seguramente sería de la conexión que tenían. Al poco de terminar algunas partidas hubo un gran estruendo, las paredes temblaron y muchos se asustaron, los chicos comenzaron a correr pasillo arriba en dirección al ruido, era como si algo o alguien hubiese destrozado la pared. En efecto, un Salamence había chocado con la pared y estaba muy furioso; muchos chicos vieron la oportunidad perfecta para obtener a un pokémon increíblemente fuerte y sacaron a los suyos para luchar. Muchos se dispusieron a atacar cuando un esfera aural cruzó el pasillo impactando en una pared y evitando que nadie atacar, sí, Lucario “había salvado” al Salamence. Labín se acercó al pokemon, el cual al principio rehusó un poco que el chico le tocara, pero este chico no era normal, tenía un don, el don de conectar, ya le pasó con Riolu, prácticamente antes de hablar y sin ningún gesto calmaba a un pokemon, era increíble. De ese modo, Labín le acarició un poco la cabeza al Salamence y le susurró al oído que nadie le atacaría. Muchos comenzaron a gritarle:

— Eh, deja al Salamence, que quiero capturarlo — gritó uno.
— Prueba a atacarle — contestó Labín prácticamente sin moverse de donde estaba y continuó hablando con Salamence.
— Vamos Combusken, lanzallamas — gritó el chico. Lucario, simplemente respondió usando psíquico y parando el ataque, no quería hacer daño, simplemente evitar que le dieran a Salamence.
— No te he visto atacar, ah, perdón, que no puedes — hizo una pausa Labín — dejad al Salamence, está herido, tiene un ala rota, por eso ha chocado con la pared.
— Mejor, más fácil de capturar — gritó un alumno mayor, que era muy conocido dentro del centro por sus habilidades como entrenador.
— ¿Eres idiota o qué? ¿Qué te pasa? ¿No puedes capturar un pokemon en una lucha justa? — contestó Labín sarcástico.
— Más que tú tengo, que sólo tienes a ese inútil Lucario y creo que no os he visto combatir nunca — se mofó el chico mayor. Lucario amenazó con soltar una esfera aural, a lo que el desafiante contestó sacando un Kadabra.
— Vale como tú quieras, vamos Lucario — dijo en alto Labín, dándole la espalda al Salamence— un segundo Salamence.

Pero el dragón no quiso que hubiese lucha, el chico ya había entrado en los sentimientos del pokémon, así que, simplemente se adentró un poco en el pasillo y le lanzó una garra dragón al Kadabra, prácticamente dejándolo fuera de combate.
— Vaya, parece que le he gustado — suspiró Labín — No quiero pelear, déjame tranquilo.
El chico se acercó al Salamence junto con Lucario y se montaron en su cuello.
— Ahora vuelvo Óscar, voy a llevar a este bicharraco al centro pokémon de aquí al lado, que no se enteren los profesores — no pudo terminar de decir esta última palabra porque una voz desde atrás gritó “eh, usted, vuelva aquí”, pero Labín hizo caso omiso y voló encima de Salamence hasta el centro pokemon de ciudad Calagua.

Entró por el jardín del centro pokemon, ya que el Salamence no cabía por la puerta, y obviamente como no era suyo no lo podía meter en una pokéball; la enfermera Joy apenas pudo acercarse a semejante dragón, con lo cual, el chico tuvo que aplicarle unas pomadas en donde tenía las heridas. Hubo una conversación entre la enfermera y Labín acerca del Salamence, a la enfermera le extrañó que semejante pokemon estuviera junto a él, “sólo tuve suerte” contestó Labín.

Pasada, aproximadamente una hora y media, el pokémon estaba totalmente recuperado (sus heridas habían sido muy leves) y desde su iniciativa propia golpeó una pokéball de Labín y se metió dentro. El chico estuvo increíblemente sorprendido, y se alegró de tener a semejante compañero; se acordó de que debía volver a la Escuela y sacó a Salamence para llegar hasta la azotea volando.

Una vez allí, intentó disimular, pero ya era tarde, un profesor le había visto y le llevó hasta el despacho del director.

— Hola Labín — dijo el viejo, la verdad que siempre se mostraba muy amable, y ésta no era una excepción.
— Hola, señor, sólo quiero decir — intentó hablar el chico.
— No, no digas nada, ha sido increíble, yo te he visto desde aquí, aunque parezca que no, veo muchas cosas desde esta torre, sólo di una cosa ¿cómo lo has hecho? — preguntó el director.
— ¿Hacer el qué? — se extrañaron Labín y Lucario (ya que siempre le acompañaba fuera de su pokéball).
— Vamos, calmar a ese Salamence, domarlo, muchos chicos, si no la mayoría, de los que están, no solo en primer rango, si no en Malvalona estudiando criación, no son capaces de domar a un dragón ¡y menos en ese espacio de tiempo y con la furia de ese pokémon! — comenzó el director.
— Bueno, sólo me acerqué, fui amable y Lucario me ayudó — dijo el chico sin apenas inmutarse.
— Todavía recuerdo cómo atrapaste a tu acompañante, también fue increíble, pero bueno, no hemos venido a hablar de cómo tratas a los pokémons, he de decirte, que tendré que castigarte por salir del centro sin permiso, aunque fuera por una buena causa — continuó el director.
— Ya lo sé, y acepto el castigo — agachó la cabeza Labín.
— Bueno, dadas las circunstancias, y dado que parece que te arrepientes, la sanción no va a ser muy grande, sólo informaré a tus padres y no podrás ir a la sala de recreativos en una semana ¿entendido? — sonrió el director.
— Vale, así lo haré — sonrió también chico mirándole a los ojos.
— Bueno, ya puedes irte, pero una cosa antes, tu primo, el chaval este que entrena, como se llama, ¡rayos! Nunca me acuerdo — dijo el director golpeándose la frente.
— Sí, Carlos — respondió Lucario anticipándose.
— Sí, ese, me ha llamado y dice que va a venir en un rato a verte, o mejor dicho, ¡pasa Carlos!— gritó el director hacia la puerta.
— Vaya, no sé como lo sigue haciendo usted, pero me detecta esté donde esté, igual que cuando estudiaba.

Carlos era castaño, un poco más alto que Labín, estaba estudiando el Malvalona entrenamiento y coordinación, sólo le quedaba un mes para terminar y había podido librarse de las clases para venir a la feria; el director le había contado la hazaña de su primo y él se había interesado en verle y comprobar que estaba bien. Nada más llegar se fundieron en un abrazo y siguió la conversación.

— Me ha contado el director que la has liado ¿no? — rió Carlos.
— Tú la lías más que yo en Malvalon y ningún director se queja — contestó veloz Labín.
— Bueno, a lo que verdaderamente importa. Labín, he de reconocer que tienes un don, como te he dicho antes, pocas personas pueden calmar así a un Salamence, y menos pueden ganarse la amistad de un Riolu hasta tal punto de evolucionarlo y menos en una sola tarde. He hablado con tus padres y están de acuerdo en llevarte a Ciudad Verde, allí está la mejor Academia de Enseñanza de todas las regiones, creemos que dadas las circunstancias te admitirán aunque ya haya empezado el curso y seguramente entrarás directamente en el primer rango — comenzó a contar el director.
— Espera… ¿Que me voy? — preguntó el chico casi como insultando — así, por las buenas, ¿sin avisar?
— Entiendo que te sea extraño, enano, pero ten en cuenta que tienes una habilidad y en Ciudad Verde vas a poder aprender mucho y fortalecerte — intentó aliviar la situación Carlos.
— A ver, Labín, vas a estar acompañado por tus pokemons, te dejaremos que esta noche te quedes para la feria, mañana para que prepares las maletas y el próximo día por la mañana te vas con tu primo hacia Ciudad Verde — concluyó el director.
— Vale, muy bien, me iré, pero primero encontradme — le dijo Labín mientras saltó de la silla y sacó a Salamence por la ventana; Lucario y el chico se montaron en el dragón y salieron volando de la estancia.
— No, déjale unos momentos para que lo asimile Carlos, mientras tanto, quédate aquí, quiero hablar contigo algunas cosas respecto a Ciudad Verde — dijo el director tornándose serio y agarrando al muchacho del brazo.

Mientras tanto Labín volaba con Salamence y Lucario hasta prácticamente el final de Ciudad Calagua, a un rinconcito oculto de la playa en el noreste, que pasando un rompeolas se estaba muy tranquilo sentado en las rocas, donde solía ir cuando podía con Lucario para estar verdaderamente solos sin escuchar a nadie; pero esta vez era distinto, necesitaba estar allí para estar sólo, pero no para entrenar con Lucario, si no para relajarse, necesitaba pensar y reflexionar.


17/5/2012
Capítulo 2: Música, combates y otras historias
Después de un largo rato tumbado en una gran roca, Labín decidió sacar de nuevo a Salamence, no conseguía relajarse pensando ni estando sólo así que no quedaba más remedio: había que entrenar. Primeramente el chico fue aprendiendo los movimientos que su dragón sabía utilizar (danza dragón, garra dragón, terremoto y colmillo ígneo), los cuales le agradaron bastante, luego comenzó a pulirlos, dándole algunas instrucciones de cómo utilizarlos y cómo aumentar la potencia. Poco a poco el chico se fue haciendo aún más con la amistad del Pokémon, hasta tal punto que tenía una conexión casi similar con la de Lucario, obviamente no podían hablarse, pero el nuevo compañero en ocasiones conseguía adivinar lo que Labín pensaba y ejecutarlo sin necesidad de palabras. El entrenamiento finalizó con la puesta de sol, aunque el chico no volviera a la academia en ese momento; estaba más calmado, pero todavía quería estar sólo. Lucario salió de su pokéball harto de estar encerrado y se tumbó al lado de su entrenador a hablar.

— Venga, anímate, tampoco va a ser para tanto — le decía Lucario.
— ¿Ah no? ¿Crees que es fácil? Allí no conozco a nadie, me ha costado mucho conocer gente, no se me da nada bien simpatizar — se quejó Labín.
— Que te crees eso, yo sólo tuve que mirarte y pensé en estar a tu lado y no separarme — le reprochó Lucario.
— No sé, con los Pokémon es distinto, puedo congeniar perfectamente, pero con las personas, me es muy difícil, conozco a algunos pero porque desde la guardería hemos estado juntos — continuó quejándose Labín.
— Tonterías, ¿qué te parece si cantamos algo? — le sugirió el Pokémon.
— Buena idea, sígueme — sonrió Labín.

El chico comenzó a cantar “Another day” de Malene Mortensen, en una versión que habían adaptado él junto con Óscar, Silvia (una chica castaña, alta, ojos marrones, muy guapa, con un gran cuerpo y de un carácter parecido al de su hermano menor Óscar), Hugo (un chico moreno, ojos verdes, de estatura recortada, que no destacaba mucho en nada, pero tenía un buen sentido del humor y ponía las bromas en el grupo), María(chica rubia, ojos azules, también de poca estatura, con un fuerte atractivo físico, pero muy seria y cortante con quien intentaba coquetear con ella y por ello se había ganado el desprecio de bastantes chicos) y Ana(la hermana menor de María, se parecían mucho, en la cara, ojos, su físico estaba un poco menos desarrollado, pero se parecía, aunque en el carácter eran muy distintas, a ésta le gustaba estar normalmente con compañía masculina, todo lo contrario que a su hermana). Todos se conocían desde la guardería y compartían la misma afición por la música y en especial por los mismos géneros, soul y jazz, aunque había ocasiones en las que tocaban algo de funk, pero eran pocas; hacía bastante tiempo que habían formado un grupo, aunque era bastante clandestino, poca gente conocía su existencia y esa noche en la Gran Fiesta querían dar una sorpresa con un concierto que habían preparado. Los instrumentos de cada uno eran por este orden, Óscar la batería, Silvia la voz, Hugo el saxo, María el piano, Ana el bajo y Labín trompeta y voz. También, dada la gran afición de Labín al rap, componía algunos párrafos y los cantaba bajo instrumentales de sus compañeros, pero sin salirse de la “esencia soul” del grupo.

Poco después de comenzar a cantar Labín recordó que tenía que volver para el último ensayo antes de tocar gracias a que vio a Hugo montado en su Swellow buscándole, lo llamó desde donde estaba y el chico y su Pokémon se acercaron.

– ¿Dónde te metes? Nos tenías preocupadísimos tío — le dijo Hugo.
— Eh lo siento, me he cabreado, además el director me había llamado por lo de esta mañana —intentó excusarse Labín.
— ¡Ah! Cierto, ya me ha contado Óscar lo de el Salamence, pero bueno, hay que volver a la de ya, que he tenido que esperar a que nos dejaran salir para venir a buscarte — metió prisa Hugo.
— Vale, vamos — dijo Labín incorporándose y sacando a Salamence.
— Vaya sorpresita chico, no te había visto capturar nunca — rió Hugo.
— No ha sido captura, es una historia extraña, anda vamos — rió también Labín.

Los chicos volaron hasta la azotea de la academia, era aproximadamente las nueve y media, la academia estaba casi vacía y podían aprovechar para tocar en el cuarto de Labín, ya que estaba en una esquina de la segunda planta y prácticamente no se escuchaba. Hugo junto con Labín, corrían por los amplios pasillos (prácticamente oscuros), que parecían no tener fin, hasta que llegaron a la esquina de la segunda planta donde los esperaban los demás.

— ¡POR FIN! Si te espero un poco más me muero enano —dijo Silvia, que siempre le bromeaba a Labín para intentar sacarle una risa, la chica tenía catorce años, sin embargo, le decía enano, siendo el chico mayor que ella. La chica llevaba un vestido negro, que le sentaba muy bien, le marcaba un poco el escote y le señalaba perfectamente la cintura.
— Bueno, no nos desesperemos, que ya ha llegado y hay que tocar — dijo Óscar.
— Sí, vamos a tocar, que ahora estoy más tranquilo — prosiguió Labín abriendo la puerta de su cuarto.
— ¡Oh, pobre! Es verdad, el director tiene que haberte formado una buena — dijo Silvia, besándole la mejilla a Labín, algo que hizo que se pusiera rojo.
— Bueno, toca tocar — dijo Hugo mientras entraba el último cerrando la puerta.

Como ya habían acordado de antemano, guardaban los instrumentos en el cuarto de Labín, que era donde normalmente ensayaban, aunque casi siempre se los llevaban de vuelta a su cuarto para practicar individualmente, esta vez los habían dejado allí, para descansar y no tener que estar moviéndolo todo. Tocaron algunos de los temas que más les gustaban (y que por lo tanto salían a la perfección) y los que peor salían para asegurar.

Serían aproximadamente las diez y cuarto, cuando decidieron parar de tocar para arreglarse(los que no se habían arreglado) antes de ir a la Gran Fiesta.

— Vale, ¿a qué hora quedamos? — preguntó Ana, que ya estaba preparada para irse a la Gran Fiesta, llevaba un vestido azul muy corto y ajustado, como casi siempre que salía.
— Pues teniendo en cuenta a los que vamos a participar en el torneo de batallas, creo que sobre las doce en el centro, al lado del museo — comentó Hugo.
— ¿Seguro? Yo diría que antes, no vais a llegar ni a semifinales — se burló Silvia.
— Pues aquí, un servidor piensa ganar, chiqui —contestó Hugo — porque ¿quién si no iba a ser el mejor?
— Pues Labín seguro — contestó Silvia rápidamente.
— Eso se verá ¿no?— respondió Hugo para disimular un poco la especie de ridículo que Silvia le había hecho, lo cual generó carcajadas.
— Vale, pues a las doce allí, que hay que hacer las pruebas de sonido y todo — dijo María.
— ¿De acuerdo todo el mundo? — dijo Labín. A lo cual hubo un “sí” general — Pues después de eso a beber se ha dicho.
— Quiero beber hasta perder el control — entonó Óscar.
— A ver, que no te enteras, que por muy hermanos que seáis la voz la pone Silvia cazurro — dijo Óscar, haciendo estallar carcajadas en todos.
— Cómo te gusta la ginebra Labín, pareces un borracho — le riñó Ana.
— Sólo bebo porque me gusta lo que bebo, no quiero emborracharme, simplemente disfrutar — respondió el chico intentando excusarse.
— Déjalo tranquilo, que beba si quiere— dijo Silvia abrazándole por la espalda.

Empezaron a salir todos recordándose la hora a la que habían quedado, y las chicas (que todas estaban preparadas) salieron hacia la ciudad. Óscar fue el último en salir y le dijo a Labín que en diez minutos le recogiera en su cuarto para ir juntos al torneo.

El chico se quedó sólo en su cuarto, sacó la ropa que iba a ponerse: su camiseta favorita (negra con una trompeta dibujada en medio), un pantalón vaquero ancho, sus zapatillas favoritas, unas townz y su gorra plana negra. Se duchó lo más rápido que pudo, se vistió y tardó un poco más de diez minutos en llegar a la habitación de Óscar, el cual ya había cerrado su cuarto y le esperaba para ir caminando.

— Ya se ha pasado un poco de y media, hay que ir rápido — dijo Óscar. Llevaba una camiseta blanca que ponía en la espalda “music or die” y unos vaqueros, nada especial.
— Sí, sí, vamos Lucario corre un poco holgazán — dijo Labín, provocando que su Pokémon le quitase la gorra y mostrara sus cabellos despeinados.
— Venga, no hay tiempo de tonterías que las inscripciones son a menos cuarto — dijo Óscar mientras salían por la puerta (dada la proximidad de su cuarto, planta baja, a la puerta).
— Tienes razón, este torneo lo ganamos — dijo Lucario sonriente.
— Que te lo has creído, vamos a ganar Swampert y yo — dijo Óscar golpeándose el pecho — a propósito, se me ha olvidado avisar a Hugo, por favor Lucario ¿puedes ir a su cuarto y decirle que nos hemos ido ya?
— Vale, iré directamente a las inscripciones Labín ¿de acuerdo? — le preguntó el Pokémon a su entrenador.
— Sí, sí, avisa a Hugo y si quieres ve con él, no pasa nada, mientras que estés allí para luchar, todo en orden jeje — dijo Labín riéndose. Una de las pocas veces que reía, ya que sólo estaba de risas con Óscar (su mejor amigo, casi como un hermano), con Hugo (por lo gracioso que era, aunque también era un amigo increíble), con el grupo al completo o cuando estaba a solas con Silvia, que era también muy especial para él y por supuesto con Lucario.

— Bueno sigamos — continuó Óscar con la conversación.

Caminaban por una calle muy ancha, prácticamente una avenida, que conectaba la escuela (noreste de la ciudad) con el centro y el sureste. La calle no era nada especial, excepto por unas plantas que tenía en medio de la carretera separando los carriles, por las que corría entre medio un riachuelo, de noche provocaban una gran vista. Las únicas luces que se veían, eran la de las farolas, dado que toda la ciudad estaba ya en el centro.

— Tengo que contarte algo tío — dijo Labín serio.
— Y yo también, pero tú primero — dijo Óscar poniéndose serio también.
— Me voy de Calagua, el director y mis padres han decidido que me vaya a ciudad Verde, porque como tengo “un don” para acercarme a los Pokémon, creen que allí podré aprender mejor — dijo Labín, casi como si escupiera las palabras.
— Eso es la bomba, la academia de ciudad Verde es increíble, de allí han salido, salen y saldrán los mejores, no debes desperdiciar esta ocasión, además te han admitido cuando ya ha empezado el curso, que estamos terminando el segundo trimestre — dijo Óscar alegrándose por Labín.
— Sí, pero me fastidia, allí no conozco a nadie, aunque aquí casi tampoco, no creo que pueda hacer amigos allí — dijo Labín bastante triste.
— Eh, vamos no te rayes, seguro que puedes conocer gente allí — dijo Óscar dándole una palmada en el hombro a Labín para consolarle.
— Sabes de sobra que no, que no puedo acercarme a nadie y menos a una chica — dijo Labín.
— Bueno, poco a poco amigo — dijo Óscar con un tono gracioso que propició una sonrisa de su acompañante.
— ¿Y tú? Tenías que decirme algo — se apresuró Labín, olvidándose por un instante de su problema.
— No, da igual, no es nada importante — dijo Óscar intentando disimular.
— Venga escúpelo, tampoco será para tanto — le insistió Labín.
— Es mi hermana, no sé qué le pasa contigo— dijo Óscar.
— No sé, ¿a qué te refieres? — se extrañó Labín.
— Es como si fueras muy especial para ella, no sé como si quisiera algo contigo, se lo he preguntado pero ha huido del tema, diciendo que ya lo sabría — dijo Óscar.
— Eh, vamos no te preocupes, tu hermana es mayorcita para saber lo que hace, tu casi siempre estás con alguna y ella no te dice nada — le sonrió Labín.
— No es lo mismo, de todas formas me preocupa que como ahora te vas se ponga mal o yo que sé como pueda ponerse — dijo Óscar todavía con la tez un poco sombría.
— Venga, da igual, esta noche, no hay problemas, no hay nada que pueda desanimarnos — dijo Labín.
— Sí ¡vamos a arrasar tío! — dijo Óscar alegrándose.
— Yo voy a beberme hasta las copas de los árboles — comenzó Labín a rapear “cantando” de Kase-o.
— Voy a tomar de todo menos decisiones — continuó Óscar.
— Suave como una nube, voy a ser vapor, un ave que sube y sube sin motor — concluyeron los dos al unísono, riendo y chocando los puños (un gesto que hacían normalmente cuando había una especie de complicidad en alguna broma o los dos reían por lo mismo…).

Llegaron al centro, después de andar unos siete minutos, todavía les daba tiempo de apuntarse y apuntar a Hugo para el torneo.

Había un ambiente increíble, todo estaba iluminado, la gente iba y venía sonriendo, con helados, golosinas, vasos… Había muchas casetas abarrotadas de gente comiendo, bebiendo y charlando, también había tómbolas, atracciones… Llegaron pronto al recinto donde se iban a celebrar los combates y se inscribieron, era una explanada enorme, donde no había edificios ni nada que pudiese entorpecer el combate, prácticamente no se podía alcanzar a ver el final de la explanada, únicamente iluminada por las farolas que estaban alrededor de los cuatro terrenos de combate y las gradas; para su sorpresa Hugo y Lucario ya habían llegado y los esperaban.

— Parece que va a estar lleno — dijo Hugo.
— Sí, espero poder hacer algo interesante — comentó Óscar.
— Bueno, nosotros vamos a hacer todo lo que podamos — dijo Lucario agarrando a Labín.
— Hombre, con el nuevo compañero, ¿quién no gana? — dijo Hugo de broma.
— Eh, que por mucho dragón que sea un rayo hielo lo rompe — dijo Labín quitando importancia.
— Bueno, callaos que va a comenzar — dijo Óscar tapándole la boca a sus dos amigos.

Una voz anunció los nombres de los participantes y los dividió en cuatro grupos, asignándole a cada grupo una zona para luchar. El sistema era el siguiente: en los grupos todos luchaban entre ellos, los dos mejores pasaban a los cuartos de final, y a partir de ahí eliminación directa.

El torneo comenzó sin muchos problemas para ninguno de los tres chicos (las chicas del grupo no querían luchar, simplemente se quedaron en las gradas animando), pasaron bien la fase de grupos que era de combates 1 vs 1 en las que sólo se permitía un Pokémon, es decir, todos los combates con el mismo. Llegaron los cuartos de final y ninguno de los tres chicos se cruzó, pero viendo la tabla, Labín y Óscar se podrían encontrar en semifinales y con Hugo únicamente en la final.

A Labín le tocó un chico de primer rango que había sorprendido en el grupo que popularmente se consideró más flojo. Se llamaba Juan, un chico castaño, de unos trece años como mucho, así lo hacía ver su estatura. A partir de los cuartos de final las batallas eran un acuerdo entre los entrenadores, acordaban el número de Pokémon y la forma de batalla (individual, doble o triple); en el caso de Labín fue un 1 vs 1. Sacó a Lucario (como en toda la fase de grupos, algo que sorprendió nuevamente a todos, ya que en esa ronda se podía escoger otro Pokémon distinto al de la fase de grupos) y su rival sacó un Grumpig.

El combate comenzó con psicocarga por parte de Grumpig, Lucario evitó fácilmente el ataque y usó pulso dragón, el Grumpig también esquivó el ataque. Los dos rivales estaban frente a frente estudiándose, ninguno quería aventurarse a atacar primero. Nuevamente Grumpig tomó la iniciativa usando rayo confuso, Lucario se quedó confuso un poco de tiempo, el necesario para que el rival atacara con psicocarga nuevamente. El Pokémon de Labín pudo levantarse sin muchos daños y continuar combatiendo; a pesar de ser de primer rango, era un rival duro. Esta vez fue Lucario el que tomó la iniciativa, se movió un poco y atacó con pulso dragón, haciendo que Grumpig para evitarlo se moviese, en el momento que se movió atacó con bola sombra; Juan pareció desilusionarse cuando vio a su Pokémon volar por los aires, pero éste pudo levantarse y seguir el combate con onda certera. Lucario, sin ningún problema nuevamente, volvió a evitar el ataque y finalizó el combate con bola sombra.

Labín saludó a Juan, le felicitó por el buen combate y se dirigió a las gradas donde Silvia, Ana y María les tenían reservado el sitio a Hugo, Óscar y él. En cuanto se sentó, Silvia que estaba a su lado le dedicó una preciosa sonrisa y le felicitó por el buen combate, también alabó su buena compenetración con Lucario, ya que apenas tenía que darle órdenes, algo que sorprendió a casi toda la grada. El siguiente combate fue el de Óscar contra un chico de tercer rango que era el favorito para ganar el torneo. El chico se llamaba Manuel, era alto, grueso, con la tripa un poco pronunciada, lucía unas gafas que a nadie le apetecía mirar de lo feas que podían resultar, el cabello negro despeinado y vestía de mala manera. Acordaron también un 1 vs 1; pero hubo algo que, aunque estaba permitido, no agradó a nadie, y menos a Óscar. En los 1 vs 1 para que nadie tuviese ventaja, los Pokémon salían a la vez y el azar decidía quién tenía el tipo más fuerte, pero esta vez Manuel amagó para sacar su Pokémon y se esperó a ver a Swampert, para sacar su Ludicolo.

El combate fue rápido, el tipo planta de Ludicolo (cuatro veces más fuerte) le dio una enorme ventaja; aunque Swampert intentó defenderse como pudo.

Ludicolo usó durante prácticamente todo el combate energibola, mientras que el Pokémon de Óscar, se defendía con protección y atacaba con rayo hielo; el ganador estaba claro desde el principio: Manuel. Toda la grada abucheó al chico mayor por su táctica mal vista de sacar después.

Cuando Óscar volvió a las gradas, estaba maldiciendo por lo bajo, pero todos le animaron; Silvia miró a Labín y le dijo que le venciera, a lo que el chico asintió.

Hubo un combate más antes del combate de Hugo, dos chicos de segundo rango se enfrentaron y ganó uno llamado Sergio con un Seviper.

Llegó el último combate de los cuartos de final, Hugo se enfrentó contra otro chico de tercer rango, pero pudo ganarle sin problemas gracias a su Charizard y sus buenas estrategias.

Pero cada vez se acercaba más el momento de la final, Hugo tenía que enfrentarse ahora contra el ganador del combate anterior: Sergio. Los Pokémon fueron los mismos, sacaron a Charizard y Seviper respectivamente. El combate estuvo poco reñido, Hugo ganó sin problemas, Charizard usó un par de veces lanzallamas y poco pudo hacer Seviper. Pero llegó el momento que casi todo el grupo esperaba, el combate de Labín contra Manuel.

— Vamos, tienes que darle — dijo Óscar golpeando el hombro de Labín.
— Ánimo — le dijo Silvia haciendo un gesto con la mano.
— ¿Qué tipo de combate quieres? ¿1 vs 1? — le preguntó Manuel mientras el chico ocupaba su posición en el terreno.
— Individual, dos contra dos — contestó Labín impasible, a él no se la iba a jugar, como mucho con el primer Pokémon.
— Pues de acuerdo, si tienes dos Pokémon, por mí perfecto — contestó Manuel viendo como su estrategia se hacía añicos.
— Vamos Lucario, te toca — dijo Labín haciéndole un gesto a Lucario para que se adelantara.
— Estúpido — susurró Manuel para sí mismo — vamos Blaziken.

Otra vez, Manuel se aprovechó del tipo, esta vez no fue abucheado ya que Labín había sacado antes a conciencia. La única sorpresa fue, nuevamente, que Lucario fuese el primer Pokémon escogido por el chico.

El combate fue intenso, Manuel creía que lo tenía todo ganado por la ventaja en tipo y por su experiencia como alumno de tercer rango, pero no contó con la buena actuación de Lucario y los ataques que también eran fuertes contra el tipo de Blaziken. El Pokémon de Manuel comenzó utilizando danza espada y seguidamente patada ígnea, Lucario apenas tuvo tiempo de saltar por encima de Blaziken para evitar el ataque. Lo siguiente fue un gancho alto de Blaziken, a lo que Labín respondió ordenándole a Lucario que usase psíquico; se notó el potente efecto del ataque en Blaziken, así que Manuel cambió de Pokémon y sacó a Sandlash.

— Comienza el baile Lucario — dijo Labín fuerte — Ven un momento.
El chico le colocó la misma venda en los ojos que cuando entrenaban en la azotea.
— Menudo idiota, creía que sabías luchar — bramó Manuel riendo.
La grada estalló en un “¿EH?” a lo que siguieron caras de desconcierto por la estrategia de Labín.
— Siéntelo, Lucario, sólo existimos tú, el Sandlash y yo — le dijo casi por pensamientos Labín a Lucario.

El combate continuó después de esta pequeña pausa; Sandlash usó excavar, primeramente Lucario estaba un poco desorientado y apenas pudo evitar el ataque, que le dio de costado. Manuel ordenó a su Pokémon volver a usar el mismo ataque. Labín tranquilizó a su Lucario y éste, más calmado, pudo detectar bien por dónde salió Sandlash para asestar un potente esfera aural que mandó al Pokémon tipo tierra por los aires hasta al lado de su entrenador. Manuel continuó con la misma estrategia; esta vez Lucario usó psíquico y sacó a su enemigo del agujero y cuando estaba en el aire terminó ese combate con esfera aural. Sólo quedaba Blaziken por parte de Manuel.

El Pokémon de fuego comenzó con danza espada igual que antes; pero esta vez Labín no iba a permitírselo, en cuanto comenzó a usar su movimiento, Lucario respondió con esfera aural y acabó el combate. La grada estalló, se puso de pie y aplaudió a Labín como si hubiese ganado el torneo. El chico, se limitó a llamar a Lucario e irse hacia las gradas sin saludar a Manuel que estaba muerto de rabia y vergüenza en medio del terreno de combate.

Hubo una pausa de quince minutos para que los entrenadores descansasen antes de la final y la gente se acercara a los kioskos para comprar todo tipo de refrescos y golosinas.

— Eres de lo que no hay — dijo Ana muy sorprendida por el gran combate de Labín.
— ¿Yo? Dirás Lucario — se quitó protagonismo Labín.
— Pero si eres el mejor, prepárate Hugo que va a darte fuerte — dijo Silvia arrastrando por el brazo a Labín.
— Eh, eh, eh, tranquila — dijo Labín un poco aturdido por la fuerza de la chica que le arrastraba por el brazo.
— Ven, vamos al kiosko ¿vale? — le dijo Silvia con una sonrisa que derritió al chico y no pudo negarse.

Después de comprar algunas golosinas y refrescos Labín se preparó para el combate contra Hugo. Primeramente se dieron la mano, se desearon suerte y se abrazaron. Después decidieron un 2 vs 2, ya que Labín sólo tenía a Lucario y Salamence; sacaron sus Pokémon y comenzó el combate.

Por parte de Hugo, salió Hariyama, mientra que Labín volvió a repetir con Lucario. El combate en todas sus fases fue muy intenso.

Hariyama comenzó usando sustituto y cargando puño certero; Lucario atacó con psíquico y destruyó el sustituto, seguidamente usó esfera aural a la vez que Hariyama usaba puño certero; ambos ataques chocaron y continuó el combate. La velocidad de Lucario era mayor y se notaba perfectamente, Hariyama apenas se defendía usando roca afilada y a veces intentaba tajo cruzado; mientras que Lucario lanzaba esfera aural o psíquico en cuanto tenía alguna ocasión. Ninguno de los Pokémon se hacía daño, esquivaban sus ataques y contraatacaban sin éxito. Cuando estaban quedando más agotados (sobre todo Lucario por los combates anteriores), Hariyama volvió con su táctica de sustituto y puño certero; esta vez Lucario rompió el sustituto pero apenas pudo usar esfera aural cuando tenía a Hariyama ya golpeándole.

Los dos Pokémon KO. El combate se iba a decidir en el siguiente asalto. Labín sólo tenía la opción de sacar a Salamence, sin embargo, Hugo sacó al Pokémon en que más confiaba:
— Vamos, Salamence — dijo Labín sacando al dragón. A lo cual la grada soltó un “oh” de admiración.
— Vamos, Charizard — contestó Hugo, sacándole una sonrisa a Labín.
— Con que Charizard ¿no? —hizo la pregunta retórica Labín.
— Más confianza que con él, con ninguno — contestó Hugo con una sonrisa.

Fue el combate más espectacular de la noche. Ambos Pokémon no dieron su brazo a torcer en ningún momento.

La lucha comenzó en tierra, para después desarrollarse en aire; ambos comenzaron reforzándose, danza espada por parte de Charizard, danza dragón por parte de Salamence. Tras esto el Pokémon de fuego atacó con garra dragón; pero Salamence (sobrepasando la velocidad del compañero de Hugo gracias a danza dragón) le evitó y sorprendió por la espalda con garra dragón; dejando a su rival boca arriba en el suelo. Pero esto únicamente es una ínfima narración de lo que fue el combate. Ambos se lanzaron garra dragón para intentar hacerse el mayor daño posible, pero era difícil golpearse, ya que ambos estaban atentos y evitaban los golpes intentando contraatacar; pero cuando el cansancio hizo mella en los contendientes, Charizard se lanzó a la desesperada con garra dragón de nuevo, Salamence bajó un poco su altura haciendo que el ataque le pasase por encima de la cabeza y pudiendo golpear él en el tronco de su contricante. El combate acabó y todos gritaron, alabaron a Labín y a su Salamence y hubo una invasión al campo para mantear al campeón.

En cuanto pudo encontrar un hueco, el organizador del torneo felicitó a Labín y le dio una pequeña copa en la que se leía “Campeón del torneo de combates Pkmn. De la Gran Fiesta de Ciudad Calagua”, el chico alzó la copa y junto con todos sus amigos (incluido Hugo) se pusieron a celebrarlo.

— Bueno, me he dejado ganar — dijo Hugo para intentar disimular la derrota.
— Que más quisieras — le contestó Labín pasándole la mano por encima del hombro.
— Hay que decir que Salamence da fuerte — continuó de nuevo Hugo para intentar maquillar el resultado de nuevo.
— Déjalo ya, te ha ganado y punto hombre, por lo menos habéis llegado los dos a la final; queda media hora para tocar, espero que los del ayuntamiento hayan llevado al escenario todos los instrumentos — dijo Ana cambiando de tema.
— Sí, yo les dije que estaban en mi cuarto, cómo llegar a mi cuarto, en la academia les habrán dado la llave. Vamos a acercarnos y nos ponemos a calentar un poco o algo — dijo Labín iniciando el camino hacia donde se encontraba el escenario (una esquina del recinto).

Después de unos diez minutos andando, hablando y Labín recibiendo felicitaciones de gente que se encontraba por el camino, llegaron al escenario. Todo estaba preparado para fortuna de los chicos, fueron a hablar con los técnicos de sonido y poco después cogieron los instrumentos detrás del escenario (excepto Óscar y María, que obviamente no podían bajar los instrumentos). Cada uno comenzó a hacer algunas técnicas de calentamiento para prepararse, cada vez quedaba menos; diez minutos, cinco… Los chicos no podían aguantar más y comenzaron a subir los más envalentonados. Labín tenía más nervios que cuerpo, el chico no temblaba, simplemente parecía una peonza lanzada con la mayor furia del mundo.

— No puedo, en serio, no puedo — decía Labín.
— Vamos, vas a poder de sobra tontorrón — le dijo Silvia intentando camuflar sus propios nervios mientras los demás subían.
— ¿Y si fallo? ¿Y si se me olvidan las letras? ¿Y si no me aguanta el labio durante el concierto? — repetía Labín para justificar sus nervios.
— Eres el que mejor memoria tiene, las letras te las sabes de sobra, y si no, se te da bien improvisar. Labio tienes de sobra, hemos llegado a ensayar más de cinco horas y apenas estaremos tocando una y media como mucho. Vamos estamos los dos nada más tenemos que subir — insistía Silvia para calmarle.
— No sé, me da miedo el escenario — dijo Labín intentando darse la vuelta para irse.
— Mira, no sé si esto te va a calmar pero lo necesito — dijo Silvia dándole la vuelta de nuevo a Labín para que la mirase.
— ¿Qué… — no pudo hablar Labín.

Silvia le besó, primeramente Labín pensó en quitar la cara, pero no pudo, no se atrevía, no podía, no tenía fuerzas, le temblaban las piernas, los brazos, las manos, los dedos... Pero correspondió el beso de Silvia, porque al fin y al cabo ella le gustaba desde hacía mucho y había deseado que llegase ese momento millones de veces. Se le olvidó el miedo, el viaje que tenía que hacer, que tenía que tocar delante de muchísima gente; todo, se le olvidó todo, se le olvidó incluso por un instante que él estaba allí y quién era. Ana volvió a bajar para ver por qué no subían y sin querer interrumpió ese momento; los dos se sonrojaron y comenzaron a andar hacia las escaleras.

— Vamos, no hay miedo que valga, hay que hacerlo y punto — le guiñó Silvia a Labín — yo voy a estar a tu lado.

“Yo voy a estar a tu lado”, fue como una frase mágica, el chico estaba muy rojo y los nervios volvían, pero algo, había algo, una especie de confianza que le brotaba que le hizo subir ponerse delante del público y tras una pequeña presentación del grupo por parte de Silvia, comenzar a dar las primeras notas como nunca las había dado, con su mayor seguridad y con la mejor calidad que pudo. Cada poco miraba a Silvia y ésta le devolvía la mirada con una sonrisa que le transmitía aún más seguridad de la que tenía. En la primera intervención vocal que tuvo que hacer (en un apoyo de un estribillo a Silvia), le sorprendió una maravillosa coincidencia que hizo que un fuego se encendiese dentro de él.

Siempre estaré a tu lado ♪


2/7/2012
Capítulo 3: Cambiando de aires
Fue un espectáculo para la memoria, todos los componentes del grupo dieron lo mejor de sí, no voy a valorar la actuación a nivel expresiva ya que eso es subjetivo, pero técnicamente estuvieron más correctos que nunca. Todos se llevaron un gran recuerdo de ese concierto e incluso Sonia se animó a bajarse del escenario y hacer un corro con el público para bailar. Todo el mundo sacaba a sus Pokémon, disfrutaban y hacían disfrutar a los demás.
Pasada aproximadamente la hora y media de concierto, comenzaron a bajar gritando, saltando y abrazándose unos a otros. Lo habían hecho, su primer concierto; pero, aún más que eso, habían gustado. Cada uno sabía a quién buscar: Ana abrazaba a su hermana María, Hugo y Óscar chocaron sus manos y buscaron a Labín que estaba abrazado a Sonia en un momento que incluso superó al anterior al concierto.
— ¡GUUUUAAAAAAAAAAAAU! — gritó Óscar mientras terminaba de bajar las escaleras.
— Bruto, ¿tenías que gritar así? — se burló Ana.
— Me da igual, lo hemos petado y estoy feliz así que guárdate tus chistecitos esta noche — le contestó Óscar con un guiño.
— Pues… ¡Esto hay que celebrarlo! — continuó Hugo.
— Venga pues desamarra a los tórtolos estos que parecen que se han pegado con pegamento fuerte el uno al otro — dijo Ana riendo y señalando a Labín y Sonia.
— Vamos, pareja — dijo Hugo acercándose.
— Manda a tu Swellow tonto a por las cosas — dijo Sonia lanzándole una mirada a Hugo que parecía querer asesinarle.
— Es que se pierde — contestó Hugo rápidamente.
— ¿Ves como es tonto? — dijo Labín haciendo estallar la carcajada general.
— Me da igual tenemos que ir a por todo, ¿os acordáis de donde está? — dijo Óscar intentando volver a la calma.
— Sí, en el patio trasero de la academia, mejor que vaya alguien volando —dijo María todavía riendo.
— Vale pues yo voy en Salamence — dijo Labín cogiendo la pokéball — ¿Te vienes?
— Encantada — contestó Sonia abrazándose al chico.
— No, ¿tú a por todo? ¡Ni de broma! Cuando llegues aquí ya no queda nada — rió Óscar.
— Yo le vigilo, tontito — dijo Sonia guiñando a su hermano.
— Pues rápido — dijeron Hugo, Ana y María.
Labín y Sonia se montaron en Salamence y se dirigieron a la academia. Los chicos estaban en su mundo, disfrutando de unos momentos increíbles, hasta que Labín volvió la realidad y recordó que se marchaba a Ciudad Verde y su rostro cambió completamente.
— Sonia… Yo… — intentó comenzar a hablar el chico mientras notaba que otra vez estaba apareciendo esa timidez que le impidió en un principio contarle lo que sentía a Sonia.
— Dime, ¿qué te pasa? — se extrañó la chica.
— Es que… verás… — tartamudeó Labín.
— Vamos suéltalo, puedes confiar en mí — le sonrió Sonia.
— Mañana es mi último día en Ciudad Calagua, después me iré a Ciudad Verde, me han mandado a la academia de allí, porque según dicen tengo un don para comunicarme con los Pokémon, de verdad que no quiero irme —dijo el chico casi llorando.
— Y te vas así, sin más — dijo Sonia con un rostro totalmente cambiado, que reflejaba angustia.
— Escucha... — intentó decir Labín.
— No, no quiero escucharte más, bájame ahora mismo — alzó la voz Sonia.
Labín no sabía que decir, que hacer, le había entrado un temblor y un sudor frío le recorría la espalda, no le dejaba pensar, no le dejaba hablar, su boca se secaba a la par que su cabeza se calentaba más por intentar pensar en algo, pero nada, se sentía vacío, incompleto ¿qué le pasaba? Nunca había sentido nada parecido. Finalmente aterrizó con Salamence porque habían llegado a la academia.
— Todo tiene una explicación y no todo es como parece — dijo al fin Labín bajándose de Salamence.
— ¡Ve a por eso ya y déjame tranquila! — le gritó la chica.
El chico se dio la vuelta y comenzó a andar hacia dentro de la academia con los ojos llorosos; cuando iba por el pasillo Lucario salió de su pokéball.
— ¿Eres tonto o qué? — le espetó Lucario.
— Sí, encima tírame más — dijo Labín mientras intentaba andar más rápido.
— Estás a su lado por fin y vas a dejar que os despidáis así ¿Quién eres? — comenzó a gritarle lucario mentalmente.
— Mira paso, ahora mismo no puede ni mirarme, tengo que ir al patio — dijo el chico girando la cara y también mentalmente (no querían que Sonia escuchase nada).
— Vale, vete — le contestó Lucario quedándose quieto.
— Quédate ahí, no me ha gustado nada ver Murkrow y Honchkrow ¿vale? Protégela por lo menos — le dijo el chico a su Pokémon mientras comenzaba a correr hacia dentro de la academia.
Labín iba con un paso acelerado hasta el patio interior, donde recogió lo pedido y comenzó a volver; justamente cuando iba por el pasillo principal algunos presagios se hicieron realidad, vio a los Honchkrow y Murkrow atacando a Sonia, por delante de la chica su Delcatty y al lado Lucario defendiéndola. El chico corrió hacia donde estaba Lucario dándole la orden mental de usar pulso dragón. En cuanto se pudo colocar para tener buena visión de todo (dentro de lo que la oscuridad nocturna permitía), vio que era una gran bandada, así que decidió sacar a su Salamence. Por otra parte Sonia estaba aterrada ya que Delcatty había sufrido bastantes ataques, pero por suerte en cuanto Labín llegó y sacó a su otro Pokémon los atacantes salieron volando despavoridos.
Los chicos se miraron y Sonia corrió a abrazarle casi llorando, poco después se disculpó por haberle tratado mal, ya que le había molestado que el chico se tuviese que ir, pero Lucario le había explicado todo; le agradeció la ayuda y volvieron a montar en Salamence para ir a la Gran Fiesta.
A los diez minutos aproximadamente estaban otra vez con todos reunidos, al lado del escenario desde donde habían volado primeramente.

— Llegaron, menos mal, estaba por ir a buscaros — dijo María.
— ¿Os lo habéis pasado bien? — dijo Ana con tono burlesco.
— Pues la próxima vez vas tú, idiota, que me han atacado una manada de Murkrow y Honchkrow — contestó Silvia seria.
— ¡Oh! Pobrecita, su principito ha tenido que salvarla — continuó Ana la broma.
— ¡Qué romántico! — dijo María riendo también.
— Anda, callaos, ¿lo traes? — dijo Óscar.
— ¿Qué esperabas? Vamos a la calle central que es donde está todo el mundo — contestó Labín rápidamente comenzando a andar.
De esa noche, no hay mucho más que destacar, todo lo que restó de noche fue fiesta y más fiesta, bebieron, rieron e intentaron pasarlo lo mejor posible, cualquiera que haya estado en una fiesta puede imaginarse perfectamente cómo fue.
A la mañana siguiente Labín se despertó en su cama al lado de Lucario, el cual se había preocupado de hacerle la maleta. El chico cogió la pokéball de Salamence y el móvil, vio un mensaje de su primo “enano, cambio de planes, nos vamos mejor hoy después de comer, tienes que instalarte hoy por la tarde y mañana dar clases sí o sí que empieza el tercer trimestre”. Este mensaje desanimó más al chico, pero ya había aceptado su partida aunque le doliese separarse de todos sus amigos e irse solo con sus Pokémon. Por lo pronto despertó a Lucario le contó las novedades y le dio de comer, seguidamente salió al patio para darle de comer a Salamence allí y por último se dirigió al comedor donde estarían sus amigos.
Acertó con el pronóstico, estaban allí todos, le había guardado un sitio; el chico cogió un plato y su desayuno (un par de tostadas y manteca) y se sentó. Mientras comían, estuvieron riendo y de broma, hasta que en cuanto terminaron de comer el chico contó que tenía que irse a Ciudad Verde. A los que no lo sabían les afectó la noticia pero se alegraron por él, por la oportunidad que tenía al igual que hizo Óscar la noche anterior.
Aproximadamente era media mañana, Labín estaba en su habitación hablando con Lucario, no aguantaba más. Quería salir, necesitaba salir de allí, ir a algún sitio a entrenar o algo; y así lo hizo. Salió junto con Lucario y sus otras cuatro pokéballs hacia el fondo sur de la academia, donde había una zona dedicada al entrenamiento en zona natural, se trataba de un aula donde únicamente podían entrar los de tercer rango que cursaban entrenamiento; pero el chico (igual que muchos otros) sabía por dónde entrar, debido a que había algunos pequeños túneles de anteriores alumnos que se dedicaban a entrar usando excavar.
Una vez dentro, sacó a Salamence, allí no había peligro, había mucho espacio, no había otros dragones (por la peligrosidad de enfrentamientos entre éstos) y no podrían molestar a nadie. Comenzó a entrenar allí (más bien no había ido a entrenar, quería sentir verdaderamente una captura y había ido a ver si algún Pokémon se le aparecía). Practicó un poco los ataques de Salamence ayudándole a potenciar poco a poco los movimientos, haciéndolos más devastadores, cuando el dragón se cansó, continuó con Lucario. Este entrenamiento era bastante más complejo, porque Lucario ya tenía un nivel de fuerza y velocidad más que correcto, en los tres años que llevaba con Labín, únicamente entrenando él, se había fortalecido mucho. Básicamente, lo único que entrenaba ya era estrategia, es decir, combinaciones de ataques adaptándose al medio, para sacar provecho de casi cualquier situación. La preferida de Labín era usar psíquico (y mandar el rival por los aires) y mientras caía esfera aural (asegurando el golpe).
Estuvieron entrenando hasta casi la hora del almuerzo, y poco antes de irse, involuntariamente Salamence se recostó en un árbol, con la mala suerte de que ese árbol no tenía las raíces bien ancladas en el suelo y lo derribó. Al hacer esto numerosos Pokémon que vivían debajo del árbol salieron; todos intentaron huir, excepto un pequeño Nincada que quedó atrapado en medio del tumulto de los demás que huían y atacó a Salamence usando golpes furia. Labín al verlo, se emocionó porque había encontrado lo que buscaba, un Pokémon para capturar.
El combate, comenzó con ese ataque de Nincada al que Salamence no pudo evitar (aunque tampoco le dañó mucho), seguidamente el dragón atacó con terremoto (Labín no quería dañar demasiado al nincada), siendo fácilmente evitado por el Pokémon salvaje; que poco pudo hacer ante la rápida respuesta del Salamence que volvió a atacar con garra dragón. Una vez nincada estaba un poco dañado Labín se aventuró a lanzar la Pokéball. El rival se cubrió de una luz blanca y entró, una vuelta, dos vueltas y al fin, el chico había capturado (con la intención propia de la palabra) a su primer Pokémon. La alegría le desbordó, recogió la esfera del suelo y sacó a su nuevo compañero, se presentó y seguidamente hizo lo propio con los demás Pokémon.
Se le había hecho un poco tarde, así que decidió dejar volar a Salamence a la azotea (previamente le había indicado un sitio donde guardaba comida) y se llevó a Lucario y Nincada para darles de comer y comer él mismo. Poco después de pasar por el comedor el chico se dirigió a su habitación, recogió la maleta y emprendió el rumbo por el pasillo al lado de Lucario, mientras conversaban distraídamente. Iba prácticamente por la salida, cuando recordó a Salamence, silbó lo más fuerte que pudo, afortunadamente el dragón apareció pronto. En la puerta estaba Carlos esperándole con el coche, el chico subió y se acomodó, tras saludar comenzaron a ir hacia el puerto.
Las calles estaban bastante vacías, se veían pocas personas caminando o en las terrazas de los bares, todavía se notaba la fiesta de la noche anterior. Los dos muchachos conversaban tranquilamente (Carlos sabía del poco interés de Labín en irse e intentaba hacer el viaje ameno). Había, lo que ellos mismos definían como “conversación circuito”, sólo se escuchaba, “¿Cuál has capturado?”, “¿Cuál te gustaría capturar?”, “¿Cuál ataque has utilizado?”, “¿Cuál quieres enseñar?” y sus correspondientes respuestas.
Llegaron al puerto, a lo lejos se distinguieron dos bultos, que parecían personas, poco a poco, al acercarse, se distinguió a los padres de Labín. Un hombre de poca estatura, pelo rubio y fornido que le sonreía, y una mujer de, también, poca estatura, pelo castaño y sonrisa preciosa.
*********—Hijo, ¿cómo estás? No te veo desde hace una semana — dijo su madre abrazándole.
— No soy un crío, de todas formas, ahora vas a tardar más en verme **— contestó el chico refunfuñando.
— Vaya, parece que Lucario se ha hecho más fuerte, ¿os habéis presentado a la batalla de la Gran Fiesta? — intervino rápidamente el padre cambiando de tema.
— Hombre, con un poco de ayuda de Salamence — contestó enseñando el trofeo.
— ¿A sí que también tienes un Salamence? Increíble — prosiguió su madre nuevamente.
— A ver, mamá, papá, no soy idiota, sé que sabéis todo esto, por eso me voy — dijo el chico tajantemente.
— Labín, tienes que entenderlo, queremos lo mejor para ti, allí podrás aprender mucho más y aprovechar tus habilidades — dijo su madre acariciándole la cara.
— ¡¿Qué habilidad?! ¿Qué puedo hablar con Lucario? ¡Por favor, eso es por la habilidad de Lucario! — se ofuscó Labín.
— Tal vez ahora no lo entiendas, pero tienes un don, puedes tratar con los Pokémon mejor que cualquier persona que conozcamos — dijo su padre sereno.
— ¿Y? ¡Eso es cuestión de personalidad! Es cierto, puedo acercarme más fácilmente, no entiendo qué tiene eso de don — continuó Labín.
— Amén de una coordinación exquisita para las batallas y saber en todo momento lo que necesitan tus Pokémon y cómo sacarles el máximo provecho — respondió tranquilamente de nuevo su padre.
— Vamos, a entrenar me han estado enseñando en la academia, que para algo es, y para tu información, papá, la coordinación con el Pokémon es parte del entrenamiento — contestó el chico volviendo un poco a la calma.
— Pero lo tuyo es increíblemente fácil, miras al Pokémon y antes de hablar sabes lo que piensa — volvió a acariciarle la cara su madre — vas a ir y punto, así que, por favor, móntate en el barco y dame un beso.
El chico se sacó a su madre de encima con un leve empujón, pasó de largo junto a Lucario y se montó en el barco. El navío era majestuoso (como la gran mayoría de los que tenían una amarra en el puerto de Calagua) era inmenso, aproximadamente unas quinientas habitaciones cuidadas con todo el lujo que el mejor hotel pudiese ofrecer, piscinas, jacuzzis, gimnasio… Estaba lleno de gente con sus Pokémon, aparte se podían observar Pokémon salvajes alrededor del barco y volando cerca de él.
Justo después de pasar la pasarela que conducía al barco, se podía leer perfectamente un cartel en el que estaba escrito el nombre del barco: S.S. Anne.
—Tenemos que ir a ciudad Carmín, luego desde allí cogeremos un tren hasta ciudad Verde y allí ya te instalarás. Aproximadamente son siete horas de viaje en barco, así que ponte cómodo, a las diez y media llegamos allí, tren a las once, hasta las doce y media, luego el director ya te llevará a tu cuarto y te explicará cómo va el asunto — dijo Carlos mirándole con una sonrisa.
— Vale, ¿ves normal lo de mis padres? — dijo Labín mirándole con cara triste.
— Quieren lo mejor para ti enano, es la mejor academia por algo — contestó Carlos abrazándole.
— La mejor academia, sin amigos, sin familia, sin nada, menuda academia — respondió veloz Labín.
— Por lo pronto voy a retarte a un combate, que quiero ver como pelea, ya después hablaremos — dijo Carlos dándole una pequeña colleja.
— Te vas a enterar *— dijo el chico riendo y girándose — Lucario, vamos.
— ¿Cuántos Pokémon tienes? — preguntó Carlos.
— Tres, así que prepárate — le dijo Labín desafiante mientras corría hacia una zona que estaba reservada para combates.
La zona era bastante amplia y descubierta, así que no había problema en usar cualquier tipo de ataque o Pokémon, había muchas personas por allí y algunas se acercaron para observar el combate.
El duelo entre primos comenzó con Lucario contra Electivire. Los primeros movimientos estaban cantados, una especie de tanteo. El compañero de Labín utilizó esfera aural, rozando a Electivire, éste contestó intentando usar meditación, poco antes de terminar el ataque, Lucario usó esfera aural de nuevo; Electivire no pudo evitarlo y le golpeó de lleno.
Lo siguiente fue prácticamente un monólogo de Electivire, reforzado por meditación usó primeramente puño trueno, fácilmente evitado por Lucario, que justo al caer del pequeño salto que dio se encontró con un fuerte terremoto que había usado el Pokémon de Carlos. Hubo un cambio, Labín sacó a Nincada, no podía permitir que Lucario cayera fácilmente, además era un buen momento para probar a su nuevo amigo.
El combate prosiguió con un puño hielo de Electivire, Nincada se cubrió con bofetón lodo, notándose el daño generado, continuó con golpes furia aprovechando la cercanía de distancia; Electivire pudo responder con puño hielo y a su vez Nincada quería utilizar bofetón lodo. Cayeron los dos. Lucario volvió a aparecer a escena, aunque todavía un poco dolido contra el Dragonite de Carlos (uno de sus Pokémon favoritos).
—¡Vamos , Dragonite, velocidad extrema! — gritó Carlos.
— Interesante, espéralo Lucario — dijo Labín, era una de las pocas veces que hablaba durante sus combates junto con Lucario.
— Caíste — contestó Carlos justo cuando Dragonite estaba al lado de Lucario — ¡Fuerza bruta!
“Psíquico y desvía el brazo, rápido” pensó Labín, ya no quería darle más facilidades a su primo, era bueno y no iba a permitir que le ganase. Lucario por poco pudo evitar el ataque de Dragonite, aunque una vez desviado atacó con pulso dragón, pillando por sorpresa a Carlos, que cambió a Dragonite.
—Buena jugada, enano, no me esperaba el pulso dragón — felicitó Carlos a su primo.
— No es de las mejores que tengo, saca, vamos — le incitó Labín.
— No tengas tanta prisa por perder, ¡vamos Heracross! — gritó Carlos.
Continuó el combate con un intento de psíquico por parte de Lucario, que Heracross evitó fácilmente aunque Labín siguió insistiendo con esfera aural, pero a su Pokémon no le dio tiempo a cargar la esfera, porque se le echó el bicho encima usando a bocajarro, inevitablemente Lucario estaba derrotado, pero justo antes de caer pudo usar psíquico y dañar al rival, aunque éste no cayese.
—Te queda uno contra dos, a ver qué haces — se mofó Carlos.
— Queda el más bestia ¡vamos, Salamence! — respondió veloz Labín.
El dragón entró con majestuosidad en el campo, sin ni siquiera abrir sus alas, todo fue rápido, Heracross intentó golpear con roca afilada, Salamence echó a volar y justo cuando tenía al bicho debajo con el brazo a punto de golpearle el ala, la replegó, giró sobre sí mismo y con la boca envuelta en llamas le golpeó con colmillo ígneo dejándole fuera de combate. Por último sólo quedaba Dragonite contra Salamence. Los dos se tenían bastante respeto, muy posiblemente por el tipo de los dos, pero Carlos rompió el hielo ordenando a su Pokémon usar rayo, Salamence lo evitó y usó danza dragón justo en cuanto Dragonite terminó de atacar; reforzado se lanzó a por él usando garra dragón repetidas veces. Su rival le fue evitando poco a poco y muy forzado hasta que finalmente utilizó cometa draco. Salamence le asestó el garra dragón a la altura del abdomen y se apartó replegando sus alas, haciendo que las piedras (meteoritos) del ataque pasaran a ambos lados del Pokémon sin llegar a dañarle.
Dragonite volvió a usar rayo, esta vez sí consiguió golpearle, seguidamente, usó velocidad extrema queriendo dejar el combate casi finalizado, pero fue su mayor error; en cuanto estuvo al lado del Pokémon de Labín, recibió un garra dragón que le mandó por los aires dejándole fuera de combate. Labín le había ganado a su primo, por primera vez. No podía creérselo.
— ¿Ves como eres demasiado bueno? — le dijo Carlos.
— O tú muy malo — rió Labín.
— No creo, bueno con las tonterías se ha pasado bastante tiempo, todavía quedan algunas horas, haz lo que quieras, ya sabes a qué hora llegamos, así que cuando lleguemos a puerto dirígete a la salida, no te pierdas — continuó con la broma el mayor.
— Lo mismo te digo — rió Labín.
Justo al finalizar el combate, el chico se dirigió a una especie de centro Pokémon que había en el barco, para comprobar que sus Pokémon se encontrasen bien; en efecto, estaban perfectamente, así que se dirigió a su camarote. Una vez allí se tumbó en la cama junto con Lucario y durmió un rato, luego dejó a Lucario suelto que hiciese lo que quisiera mientras él se puso a escribir con un cuadernito que siempre llevaba encima. Así se le pasó el tiempo hasta que llegaron a ciudad Carmín y sonó un aviso por los altavoces.


27/7/2012

Capítulo 4: Llegada
Un estruendo resonó por todo el barco: Clientes del S.S. Anne, la tripulación desea que hayan tenido un buen viaje, por favor diríjanse hacia la salida siguiendo los carteles de información.

Labín recogió el cuadernito y lo guardó en un pequeño bolsillo de la maleta, seguidamente salió de su camarote, intentó conectar con Lucario por pensamientos (podían hablar a mucha distancia) y silbó a Salamence para que se aproximase. Algunos pasajeros todavía felicitaban al chico por el gran combate contra su primo, a lo que el joven respondía sonriendo y quitándose mérito.

En cuanto consiguió pisar tierra comenzó a buscar a Carlos sin salir del puerto; en algo más de diez minutos pudieron encontrarse, ahora debían darse prisa, les quedaba algo más de un cuarto de hora para montarse en el tren.

—Enano, corre, la estación está en frente del puerto — le apresuró Carlos mientras ambos corrían de acera a acera como si se les fuese la vida en ello.
—Eso hago, ¿cuál es nuestro tren? — decía mientras se estaba casi ahogando Labín y penetraban en la estación sorteando personas.
—Número dos, venga que casi cierran la puerta — respondió Carlos entrando exhausto en el tren — justitos; no he corrido más en vida.
—No seas mentiroso, cuando le robaste la cartera a mi padre por poco no te recorres Calagua entera — rió Labín mientras recuperaba el aliento — ¿Estás bien Lucario?
—Sí, no te preocupes, puedo correr bastante más distancia que vosotros sin cansarme, vamos a sentarnos — contestó el Pokémon cogiendo la maleta de los chicos.

Se habían acomodado dentro del tren, asientos espaciosos y cómodos, hueco encima de los asientos para las maletas, suelo clásico, en general, lo típico de un tren. La gente se quedaba atónita mirando a Lucario, que aprovechando que en el tren había una mesa para cuatro personas por cada cuatro asientos y la estancia estaba muy vacía se había sentado al lado de Labín para no volver a su Pokéball. Los tres miraban por la ventanilla, observando la estación que mientras corrían no se habían parado a mirar. No era nada del otro mundo, siempre y cuando se conociesen más estaciones, había como cinco trenes parados, transeúntes caminaban por doquier, otras personas aprovechaban los bancos como camas, algunos se hacían fotos, personas que se encontraban, otras que se despedían… De repente, una voz que sonaba familiar le habló a Carlos mientras se aproximaba.

—Perdona, ¿eres Carlos? — dijo una figura alta y corpulenta, que vestía unos vaqueros y una camiseta azul, que conjuntaba perfectamente con el color de sus ojos y a la vez hacía contraste con el pelo castaño.
—Sí, ¿tú eres…? — preguntó el chico mientras se giraba — ¡Dios! ¡Rubén! ¡Hace un siglo que no te veo!
—¿Qué haces por aquí? Este quién es, ¿tu primo? Uf, está enorme — hablaba atropelladamente Rubén mientras abrazaba a Carlos y se acomodaba a su lado.
—Sí, verás, este es mi primo Labín, vamos a ciudad Verde, porque va a entrar en la academia de allí, yo tengo que ir a acompañarlo y ya de paso hago dos o tres cosas que me han mandado — comenzó a relatar Carlos.
—Vaya, ¡qué bien! Oye Labín, ¿te acuerdas de mí? Es que eras muy pequeño cuando me vine a Kanto —le dijo el nuevo al chico, que se estaba quedando dormido en el asiento.
—Mmm, ¿tú vivías en frente de la panadería de Manuel? — preguntó Labín.
—Sí, yo era el que de pequeño siempre estaba con el cabeza loca de tu primo en la academia y en todos sitios — contestó Rubén sonriendo.
—Sí, sí, ya me acuerdo jeje, la pregunta es ¿qué haces tú aquí? — prosiguió Labín.
—Pues estoy estudiando entrenamiento en Ciudad Verde, aunque casi siempre nos están mandando a dar vueltas por la región — respondió de nuevo el chico — y a ti Carlos, ¿cómo te va?
—Pues estudiando también entrenamiento, pero en Malvalona, no me puedo quejar, fiestas, Pokémon, casi siempre estoy de viaje, prácticamente aparezco para entregar informes de algo o para los exámenes teóricos — rió Carlos.
—La vida del estudiante, es muy dura — dijo Lucario, sorprendiendo a Rubén y haciendo estallar carcajadas.

Poco a poco la conversación se centró en eso, estudios; a Carlos y Rubén les quedaba menos de un mes para convertirse en entrenadores profesionales y ambos tenían pensado volver a reunir a toda la banda para ir a recorrer las regiones, empezando por Kanto y acabando por Hoenn para estabilizarse en casa después de los viajes. Hablaron de todo eso, de los Pokémon nuevos que habían capturado, de los antiguos, recordaron viejos tiempos y cuando quedaba poco trayecto de viaje, vino la pregunta que Labín y Lucario sabían que se iba a hacer.

—Una cosa, Labín, tú tienes ahora mismo unos quince años ¿no? — preguntó Rubén con su sonrisa habitual.
—Sí — contestó el chico brevemente.
—Es extraño que se venga gente nueva a la academia en medio de un rango, y más a mitad de curso — comentó Rubén — ¿estás en segundo rango?
—Me van a admitir en el tercero, también voy a estudiar entrenamiento — respondió alegremente el chico.
—Ahora me lo explico todo, es que no veas la que se ha formado, porque se ha corrido la voz por la academia de que un chico de Hoenn de segundo rango iba a entrar directamente en el tercero, y mucha gente se ha que dado impresionada, porque no es nada habitual que admitan a alguien a mitad de curso — continuó comentando Rubén.
—Sí, bueno, no es que me entusiasme mucho la idea de venir — dijo Labín girando la cabeza y mirando por la ventanilla mientras entraban ya en Ciudad Verde.
—Eh, no digas eso, ya verás que esto está súper bien, en serio, aunque ten cuidado, quien esté en esta academia, es porque es excelente en algo y los que están en entrenamiento muchos tienen subidos los humos y no agrada que llegue alguien desde fuera y hagas lo que estás haciendo, personalmente me da igual, pero hay algunos que se lo toman como una provocación — se puso serio Rubén.
—Bah, tranquilo, no vas a tener problemas, enano, ya verás, todo este rollo se pasa en unos días — dijo Carlos para animarle.
—Sí, normalmente estas cosas no duran mucho, yo sólo te aviso, de todas formas, apunta mi número, por si quieres cualquier cosa, salir un rato, un combate, ayuda con los deberes — dijo Rubén riendo.
—De acuerdo, lo tendré en cuenta — dijo Labín con cara burlona.
—Hemos llegado, seguidme, yo os llevo — se ofreció Rubén.
—El director nos iba a esperar a la entrada de la academia para explicarnos algunas cosas.
—Tengo el piso al lado de la academia, puedo llegar con vosotros hasta allí, hablo con Gary, el director y os enseño rápido la academia, luego nos podemos echar un ratito en mi piso o salir un poco, si queréis —continuó el ofrecimiento Rubén.
—Por mí perfecto, no tengo tampoco donde quedarme, jajaja, iba a pasar la noche en un hotel, ¿en tu piso hay sitio? — preguntó Carlos.
—¿Para ti? Espera que piense… En el suelo, ¡claro que hay sitio hombre! — dijo Rubén riendo — ¿tú qué dices Labín?
—Por mí vale, sólo tengo que soltar esta maleta — respondió el chico sonriendo — ¿quieres Lucario?
—Por supuesto — contestó el Pokémon con una sonrisa.

Los tres chicos y el Pokémon salieron, con sus respectivas maletas por la estación, tenían la sensación de que no se habían movido del sitio, todo estaba prácticamente igual que cuando salieron de Ciudad Carmín. Comenzaron a andar por unas calles casi desiertas, iluminadas por muchas farolas, hablaban en voz baja y caminaban deprisa. Labín no se había imaginado Kanto nunca, pero estando allí todo le pareció como Hoenn, las calles eran prácticamente iguales, mismas losas en el suelo, asfalto en la carretera, farolas… Pronto llegaron a un edificio gigante que estaba casi en una de las salidas de la ciudad, en la misma puerta estaba colocado un cartel en el que rezaba: Ilustre academia de enseñanza de Ciudad Verde, donde únicamente la excelencia podrá hacerte ser alguien. El edificio parecía un castillo, las paredes estaban hechas con unas piedras enormes, tenía algunas torres acabadas en punta, como si fuese un estilo gótico, vidrieras… A medida que se aproximaban se les hacía más inmenso el edificio, hasta que llegaron a una puerta, que más bien era una verja, en donde el director les estaba esperando. Este hombre no parecía nada del otro mundo, eso sí, vestía una camisa negra y un pantalón oscuro, llevaba agarrada en el brazo lo que parecía ser una bata blanca típica de investigador, lo cual indicaba que a priori era alguien importante.

—Buenas noches — dijo Rubén adelantándose un poco hacia el director.
—Buenas noches, Rubén, veo que conoces a estas personas — dijo el hombre de la camisa adelantándose y dejándose ver más gracias a la luz de una farola, lo cual permitió apreciar las canas que la edad iba dejando.
—Sí, somos amigos de la infancia, y me preguntaba si usted me permitiría enseñarle un poco la academia ahora y también la ciudad — dijo Rubén aparentando cortesía.
—Por supuesto, sólo te advierto algo, es tarde, la mayoría están en sus habitaciones, la habitación del chico es la trescientos dos, así que llévale hasta allí que suelte el equipaje y lo demás es cosa tuya, mañana las clases empiezan a las nueve, no hagas ruido — dijo el director dándole unas llaves a Rubén — Perdón, por mi indiscreción, soy Gary el director de la academia, encantado.
—Soy Carlos, el primo de Labín, he venido con él desde Hoenn, igualmente — dijo Carlos acercándose y estrechándole la mano a Gary.
—Tú debes de ser Labín ¿no? Me alegra conocerte, espero que te adaptes pronto y no tengas problema — dijo el director acercándose a Labín y estrechándole la mano mientras le sonreía.
—Yo también lo espero, encantado, este es Lucario — dijo el chico mostrándole a su Pokémon a la vez que intentaba esconderse un poco.
—Vaya, un Lucario, fascinante Pokémon, mucho gusto — continuó el hombre mientras finalizaba con las cortesías — Lo dicho Rubén, te hago responsable de cualquier tipo de ruido que pueda haber.
—No hay problema señor, tranquilícese — le dijo Rubén intentando ser muy formal.

Dicho esto, todos entraron, aunque Gary se despidió del grupo rápidamente y entró por un pasillo a solas. Primero cruzaron el jardín, era de lo poco que se podía apreciar gracias a las luces de las farolas, un jardín inmenso, seguramente como el triple de grande que el de la academia de Calagua, el césped estaba bien cuidado y a los lados(al lado de la verja y al lado del edificio) había parterres donde se cultivaban todo tipo de bayas para uso común de todos los estudiantes. Seguidamente entraron en el edificio principal para dirigirse a la nueva habitación de Labín, los pasillos estaban muy oscuros, Rubén tampoco se atrevía a encender la luz, pero recordó algo. Siempre a los dos lados de la puerta había antorchas y una caja de cerillas, siempre las dejaban ahí los estudiantes para que el que llegase tarde pudiese entrar mejor sin molestar. Esto hizo, cogió una la encendió y continuaron andando.

—Uf, esto es enorme, parecemos Indiana Jones en una cueva — comentó Carlos hablando a poco volumen.
—Esto es sólo el pasillo principal, es como el pulmón del edificio, este pasillo puede tener como doscientas habitaciones, pero tranquilo, pronto vas a saber donde está cada cosa, ahora no te agobies — dijo Rubén dirigiéndose a Labín y acariciándole la cabeza.

Todos continuaron andando, hasta que subieron unas escaleras, la luz de la antorcha no permitía ver mucho más de dos o tres metros por delante, aparentemente el pasillo era increíblemente ancho y largo, el suelo era de mármol y relucía cuando le tocaba la luz del fuego. Al poco de terminar de subir las escaleras giraron una esquina y llegaron a la habitación de Labín; Rubén le entregó las llaves a éste y el chico hizo los honores. En cuanto entró en la habitación justo a la izquierda de la puerta había un interruptor para la luz. Todos, excepto Rubén, quedaron fascinados, la habitación podía ser perfectamente como el salón de su casa, allí casi se podía librar un combate. La habitación era cuadrada, del mismo suelo que todo el pasillo, aunque tenía una alfombra de unos cinco metros por cuatro en el centro, un armario vacío estaba empotrado contra la pared del fondo y la recorría de esquina a esquina; una cama de matrimonio en la pared derecha, a los pies de la cama una mesita con varios cajones que, al abrirlos, tenían un gran número de Pokéballs, medicinas y otros objetos. Justo a la derecha de la puerta había un cuarto de baño, dentro de éste, lo típico de un cuarto de baño, aunque incluyendo algunos detalles como el jacuzzi. Por último, destacar que en la pared izquierda de la habitación había una ventana que daba al patio de entrada, desde donde se podía divisar, hasta donde permitiese la vista, el jardín. Labín se sintió como un rey, saber que podía contar con Rubén (gran amigo de su primo y por consiguiente de él) y esa habitación, le levantaron el ánimo decaído.

—Vaya tela enano, quéjate por venir, j ojo — comentó Carlos mientras le daba una palmada en la espalda a su primo.
—¡La leche! Esto es más grande que la sala de juegos de la academia Calagua — dijo Labín riendo.
—Espero que te guste, tengo que contarte algunas cosas, deja la ropa sucia aquí justo detrás de la puerta, cuando entre el servicio se llevarán las sábanas y la ropa sucia, al siguiente día te la volverán a dejar en la puerta del cuarto de baño. En la mesita esa hay Pokéballs, las puedes usar todas, aunque como sabrás puedes llevar sólo seis Pokémon encima, es decir, en ese cajón puedes tener todos tus Pokémon, pero sólo podrás llevar a la vez seis; aunque ya mañana seguramente Gary te enseñará donde están unas zonas habilitadas para dejar “al aire” los Pokémon que te sobran — le dijo Rubén.
—Labín, suelta la maleta ahí en el armario y vámonos un rato, jajaja quiero ver como es lo demás de la ciudad, a ver si es igual que este cuarto — dijo Lucario mientras reía y lanzaba la maleta al fondo del armario.
—Espera bruto, voy a dejar aquí al lado la trompeta, bueno, listo, podemos irnos Rubén — dijo Labín mientras comenzaba a andar hacia afuera de la habitación.
—Acuérdate de que la antorcha la tienes que esconder en tu cuarto, prepararla de nuevo y mañana dejarla donde mismo la cogiste, ahora que vamos a salir la dejaremos allí y después la utilizarás de nuevo para entrar, espero que recuerdes bien el camino — dijo Rubén saliendo también de la habitación.
—Sí, sí, no te preocupes, entrando, la Lu escalera a la derecha y justo esa esquina — rió Labín mientras andaban por el pasillo para ir hacia la calle.
—Eso es, muy bien enano — contestó Rubén haciéndole un guiño a Carlos.
—¡Jo! No vale, ahora me enfado— continuó la broma Lucario.

Los chicos salieron por la misma puerta que habían entrado y se dirigieron al apartamento de Rubén, que estaba justo a la derecha de la academia. Poco se puede contar de aquel rato, una típica quedada de amigos, bebieron algo, rieron y luego Labín se volvió con Lucario hacia la academia, pudo entrar sin problemas y llegar a la habitación. Una vez se tendió en la cama comenzó a pensar en sus amigos y se entristeció, pensó en escribirle a Óscar y a Sonia para que le pasaran la carta a los demás, aunque pensando esto se quedó dormido al lado de Lucario en la inmensa cama.
labin

Sexo: Macho
Nivel: 5

#2
Holasz, como en todo fic de escritor nuevo o seminuevo, aquí estoy... ¿o no? *desaparece* (¿). *Ejem*, ahora viene lo serio, voy a molerte a palos con mi crítica ó_o (?). Veo que tenemos una academia... ¿es cosa mía o se ven bastante últimamente? Porque la verdad, llevo tiempo viendo fics así. Vaya con el tipo este, no sólo evoluciona a un Riolu que acaba de conocer sino que encima calma y cura a un Mence sediento de sangre. Qué crueles el resto, el bicho tiene un ala rota, y solo piensan en capturarlo ya que es supuestamente más fácil D: Oh, y encima ha de irse... ¿qué ocurrirá? :/

El fic me ha gustado (¿obvio? (?)). No obstante tiene varios errores. Lo primero es que te faltaron ahí un par de descripciones de lo que es el lugar. Ten en cuenta que no todos saben cómo es Ciudad Calagua, lo suyo es describirla un poco (lo de la playa se sobreentiende, por el nombre, pero ¿y lo que hay más allá?). He visto también pequeños errores de tipeo que convendría intentar que no se repitan en próximos capítulos. No he visto claros errores de ortografía, aparte de que Pokémon se escribe con mayúscula y sin plural al ser marca registrada y la cosa esa asd, y bueh, creo que por lo demás el fic está bien

Si no me da flojera ten por seguro que voy a seguir leyendo esto ;D (?)

$xaosz$ and GG (?)

Spoiler
#3
Bueno, antes que nada te tengo que decir que ni bien el fic empieza utilizas demasiadas comas. Las comas son recursos interesantes, pero a veces en los cuentos lo mejor es escribir de corrido usando conectores para que no parezca que estás escribiendo apurado. Por ejemplo:

Cita:
Era una mañana increíble, perfecta, casi de cuento, un sol espectacular, soplaba un poco de viento para sofocar el calor, en definitiva, se estaba muy bien.


Esa oración puedes hacerla mucho más pausada y poética. Los primeros párrafos de todo escrito son muy importantes porque ellos son los que definen la imaginación del lector, si este ve que el fic está muy bien detallado dejará volar más su imaginación:
“Era una mañana increíble, perfecta podría decirse, casi de cuento con un sol tan espectacular y el viento soplando para sofocar el calor, ideal para pasarla muy bien”
La idea es que narres los datos que das y no sólo los envíes como información.
Te voy remarcando algunos errores:
*Primero, recuerdo que Pokémon es una palabra sin género ni número, por lo tanto da igual decir “el pokémon” que “la pokémon” o “los pokémon”. Nunca digas las pokémonas o los pokémons. Recuerda también que siempre lleva acento.
*Hay muchas palabras sin acento fáciles de corregir, tan sólo poniendo el corrector de Word las arreglas.
Me gustó mucho la forma en que explicaste cómo se cursaba en ese colegio. Me gustan los fics de pokémon que tienen un sistema novedoso, como este. Hay pocos fics de “escuelas pokémon”.
Este fic es muy prometedor, lo noto con sólo leer los primeros párrafos, lo estás armando de una manera muy ordenada, sin duda poco a poco vas a ir formando una exquisita historia.
Mmm, veo un poco raro que Labín se muestre tan presto a jugar al futbolín o a tomar alcohol siendo como lo describiste, como un chico introvertido, solitario y diferente a todos los demás.
En fin, me gustó esta especie de introducción al fic, es muy bueno y tiene un gran futuro si lo continúas. Hay algunos errores, pocos de ellos, pero igualmente trata de poner más atención, releer, usar el corrector y también usar palabras más neutrales o hablar con más propiedad (¿qué es eso de “dormir la mona”? Escribes con calidad, no uses frases coloquiales, afina el lenguaje y este fic se convertirá en algo serio)
Buena suerte, espero el próximo capítulo!


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#4
Menudo inicio! :amazed: Por pasitos:
No tengo acentos, sorry
-vi una falta, nada grave, te dejaste la A solamente:
~Tú la lías más que yo en Malvalon y ningún director se queja ~
Algun acento que te dejaste, nada grave.
Si sigue asi en 2 dias atrapa a rayquaza y a arceus!!!
Lo del alcohol y del futbolin ... Sobra.
Como dijo Demian, Quee es eso de dormir la mona?!?! Si te fijas un monton con el lenguaje, no pongas esas frases xD

Espero que lo sigas escribiendo, aunque sea cortito, ... Mejor dicho, si no lo terminas, con lo que me gusta, ... te RAJO ;)

Sal1_2~
#5
Bueno, casi van a hacer dos semanas del primer capítulo; me hubiese gustado postear antes, pero el capítulo se alargó (tiene como unas 5.500 palabras) y los exámenes finales están llegando. De todas formas ya está aquí (editaré el primer post para ponerlo también.)

Pero antes gracias a los lectores y a los críticos, aquí van mis respuestas.

Respuestas:

Mordeka
Bueno, no me he dado cuenta de que Pokémon se escribe tal y como lo dijiste, nunca lo he escrito así jajaja.
Es cierto, me ha faltado un poco de descripción, en este capítulo he puesto más ;) Bueno gracias por tu crítica y me alegra que te guste.


Demian
Ante todo gracias por tu crítica, de verdad me ha ayudado bastante. Así que ahora me toca responderte a todo xD. Lo de las comas, llevas bastante razón, tengo una especie de manía por poner comas, siempre creo que faltan. Como se escribe Pokémon me lo dijo ya mordeka, pero también se agradece. ¿De verdad faltan acentos? Siempre escribo en Word, de todas formas me fijaré mejor. Me parece que exageré la descripción de Labín :S quiero (o mejor dicho) quería que fuese un poco especial, pero igual exageré; también, ten en cuenta que con quien juega al futbolín y bebe son sus amigos de la infancia, normalmente una persona por muy introvertida que sea se suelta con personas que conoce desde siempre. Me refería un poco a que le gusta estar con sus Pokémon y no es muy dado a conocer gente nueva, espero habértelo aclarado, si no, en éste capítulo lo verás más claro todo.
“Dormir la mona”, se refiere a cuando los borrachos se quedan dormidos porque no se aguantan, es cierto es bastante coloquial, quería romper un poco la seriedad, pero en vez de eso parece que rompió todo lo bueno que hice :S El lenguaje lo tengo afinado (menos mal que no me escuchas hablando, porque escribiendo soy medianamente decente pero en el habla… Es lo que tiene ser andaluz jajajajajaj), así que no usaré ese tipo de frases.
Termino como he comenzado, dándote gracias por la crítica.


Jimics
Bueno, gracias por criticar, siempre viene bien. La “a” de Malvalona, me la dejaría escribiendo y no la vi después, pero buena observación ;) Lo de “dormir la mona” se lo expliqué a Demian arriba, así que si no te importa mucho léelo (y si te importa también xD).
El alcohol y futbolín sobran, bueno, es tu punto de vista y lo respeto, igual que le dije a Demian, la descripción de Labín va a cuadrar más en este capítulo que en el primero, porque en el primero casi únicamente se relaciona con gente muy cercana, su primo y un amigo de la infancia, como excepción tiene el encontronazo defendiendo a Salamence. Me alegra que te guste el fic y tranquilo, voy a continuarlo.


Capítulo 2
Después de un largo rato tumbado en una gran roca, Labín decidió sacar de nuevo a Salamence, no conseguía relajarse pensando ni estando sólo así que no quedaba más remedio: había que entrenar. Primeramente el chico fue aprendiendo los movimientos que su dragón sabía utilizar (danza dragón, garra dragón, terremoto y colmillo ígneo), los cuales le agradaron bastante, luego comenzó a pulirlos, dándole algunas instrucciones de cómo utilizarlos y cómo aumentar la potencia. Poco a poco el chico se fue haciendo aún más con la amistad del Pokémon, hasta tal punto que tenía una conexión casi similar con la de Lucario, obviamente no podían hablarse, pero el nuevo compañero en ocasiones conseguía adivinar lo que Labín pensaba y ejecutarlo sin necesidad de palabras. El entrenamiento finalizó con la puesta de sol, aunque el chico no volviera a la academia en ese momento; estaba más calmado, pero todavía quería estar sólo. Lucario salió de su pokéball harto de estar encerrado y se tumbó al lado de su entrenador a hablar.

— Venga, anímate, tampoco va a ser para tanto — le decía Lucario.
— ¿Ah no? ¿Crees que es fácil? Allí no conozco a nadie, me ha costado mucho conocer gente, no se me da nada bien simpatizar — se quejó Labín.
— Que te crees eso, yo sólo tuve que mirarte y pensé en estar a tu lado y no separarme — le reprochó Lucario.
— No sé, con los Pokémon es distinto, puedo congeniar perfectamente, pero con las personas, me es muy difícil, conozco a algunos pero porque desde la guardería hemos estado juntos — continuó quejándose Labín.
— Tonterías, ¿qué te parece si cantamos algo? — le sugirió el Pokémon.
— Buena idea, sígueme — sonrió Labín.

El chico comenzó a cantar “Another day” de Malene Mortensen, en una versión que habían adaptado él junto con Óscar, Silvia (una chica castaña, alta, ojos marrones, muy guapa, con un gran cuerpo y de un carácter parecido al de su hermano menor Óscar), Hugo (un chico moreno, ojos verdes, de estatura recortada, que no destacaba mucho en nada, pero tenía un buen sentido del humor y ponía las bromas en el grupo), María(chica rubia, ojos azules, también de poca estatura, con un fuerte atractivo físico, pero muy seria y cortante con quien intentaba coquetear con ella y por ello se había ganado el desprecio de bastantes chicos) y Ana(la hermana menor de María, se parecían mucho, en la cara, ojos, su físico estaba un poco menos desarrollado, pero se parecía, aunque en el carácter eran muy distintas, a ésta le gustaba estar normalmente con compañía masculina, todo lo contrario que a su hermana). Todos se conocían desde la guardería y compartían la misma afición por la música y en especial por los mismos géneros, soul y jazz, aunque había ocasiones en las que tocaban algo de funk, pero eran pocas; hacía bastante tiempo que habían formado un grupo, aunque era bastante clandestino, poca gente conocía su existencia y esa noche en la Gran Fiesta querían dar una sorpresa con un concierto que habían preparado. Los instrumentos de cada uno eran por este orden, Óscar la batería, Silvia la voz, Hugo el saxo, María el piano, Ana el bajo y Labín trompeta y voz. También, dada la gran afición de Labín al rap, componía algunos párrafos y los cantaba bajo instrumentales de sus compañeros, pero sin salirse de la “esencia soul” del grupo.

Poco después de comenzar a cantar Labín recordó que tenía que volver para el último ensayo antes de tocar gracias a que vio a Hugo montado en su Swellow buscándole, lo llamó desde donde estaba y el chico y su Pokémon se acercaron.

– ¿Dónde te metes? Nos tenías preocupadísimos tío — le dijo Hugo.
— Eh lo siento, me he cabreado, además el director me había llamado por lo de esta mañana —intentó excusarse Labín.
— ¡Ah! Cierto, ya me ha contado Óscar lo de el Salamence, pero bueno, hay que volver a la de ya, que he tenido que esperar a que nos dejaran salir para venir a buscarte — metió prisa Hugo.
— Vale, vamos — dijo Labín incorporándose y sacando a Salamence.
— Vaya sorpresita chico, no te había visto capturar nunca — rió Hugo.
— No ha sido captura, es una historia extraña, anda vamos — rió también Labín.

Los chicos volaron hasta la azotea de la academia, era aproximadamente las nueve y media, la academia estaba casi vacía y podían aprovechar para tocar en el cuarto de Labín, ya que estaba en una esquina de la segunda planta y prácticamente no se escuchaba. Hugo junto con Labín, corrían por los amplios pasillos (prácticamente oscuros), que parecían no tener fin, hasta que llegaron a la esquina de la segunda planta donde los esperaban los demás.

— ¡POR FIN! Si te espero un poco más me muero enano —dijo Silvia, que siempre le bromeaba a Labín para intentar sacarle una risa, la chica tenía catorce años, sin embargo, le decía enano, siendo el chico mayor que ella. La chica llevaba un vestido negro, que le sentaba muy bien, le marcaba un poco el escote y le señalaba perfectamente la cintura.
— Bueno, no nos desesperemos, que ya ha llegado y hay que tocar — dijo Óscar.
— Sí, vamos a tocar, que ahora estoy más tranquilo — prosiguió Labín abriendo la puerta de su cuarto.
— ¡Oh, pobre! Es verdad, el director tiene que haberte formado una buena — dijo Silvia, besándole la mejilla a Labín, algo que hizo que se pusiera rojo.
— Bueno, toca tocar — dijo Hugo mientras entraba el último cerrando la puerta.

Como ya habían acordado de antemano, guardaban los instrumentos en el cuarto de Labín, que era donde normalmente ensayaban, aunque casi siempre se los llevaban de vuelta a su cuarto para practicar individualmente, esta vez los habían dejado allí, para descansar y no tener que estar moviéndolo todo. Tocaron algunos de los temas que más les gustaban (y que por lo tanto salían a la perfección) y los que peor salían para asegurar.

Serían aproximadamente las diez y cuarto, cuando decidieron parar de tocar para arreglarse(los que no se habían arreglado) antes de ir a la Gran Fiesta.

— Vale, ¿a qué hora quedamos? — preguntó Ana, que ya estaba preparada para irse a la Gran Fiesta, llevaba un vestido azul muy corto y ajustado, como casi siempre que salía.
— Pues teniendo en cuenta a los que vamos a participar en el torneo de batallas, creo que sobre las doce en el centro, al lado del museo — comentó Hugo.
— ¿Seguro? Yo diría que antes, no vais a llegar ni a semifinales — se burló Silvia.
— Pues aquí, un servidor piensa ganar, chiqui —contestó Hugo — porque ¿quién si no iba a ser el mejor?
— Pues Labín seguro — contestó Silvia rápidamente.
— Eso se verá ¿no?— respondió Hugo para disimular un poco la especie de ridículo que Silvia le había hecho, lo cual generó carcajadas.
— Vale, pues a las doce allí, que hay que hacer las pruebas de sonido y todo — dijo María.
— ¿De acuerdo todo el mundo? — dijo Labín. A lo cual hubo un “sí” general — Pues después de eso a beber se ha dicho.
— Quiero beber hasta perder el control — entonó Óscar.
— A ver, que no te enteras, que por muy hermanos que seáis la voz la pone Silvia cazurro — dijo Óscar, haciendo estallar carcajadas en todos.
— Cómo te gusta la ginebra Labín, pareces un borracho — le riñó Ana.
— Sólo bebo porque me gusta lo que bebo, no quiero emborracharme, simplemente disfrutar — respondió el chico intentando excusarse.
— Déjalo tranquilo, que beba si quiere— dijo Silvia abrazándole por la espalda.

Empezaron a salir todos recordándose la hora a la que habían quedado, y las chicas (que todas estaban preparadas) salieron hacia la ciudad. Óscar fue el último en salir y le dijo a Labín que en diez minutos le recogiera en su cuarto para ir juntos al torneo.

El chico se quedó sólo en su cuarto, sacó la ropa que iba a ponerse: su camiseta favorita (negra con una trompeta dibujada en medio), un pantalón vaquero ancho, sus zapatillas favoritas, unas townz y su gorra plana negra. Se duchó lo más rápido que pudo, se vistió y tardó un poco más de diez minutos en llegar a la habitación de Óscar, el cual ya había cerrado su cuarto y le esperaba para ir caminando.

— Ya se ha pasado un poco de y media, hay que ir rápido — dijo Óscar. Llevaba una camiseta blanca que ponía en la espalda “music or die” y unos vaqueros, nada especial.
— Sí, sí, vamos Lucario corre un poco holgazán — dijo Labín, provocando que su Pokémon le quitase la gorra y mostrara sus cabellos despeinados.
— Venga, no hay tiempo de tonterías que las inscripciones son a menos cuarto — dijo Óscar mientras salían por la puerta (dada la proximidad de su cuarto, planta baja, a la puerta).
— Tienes razón, este torneo lo ganamos — dijo Lucario sonriente.
— Que te lo has creído, vamos a ganar Swampert y yo — dijo Óscar golpeándose el pecho — a propósito, se me ha olvidado avisar a Hugo, por favor Lucario ¿puedes ir a su cuarto y decirle que nos hemos ido ya?
— Vale, iré directamente a las inscripciones Labín ¿de acuerdo? — le preguntó el Pokémon a su entrenador.
— Sí, sí, avisa a Hugo y si quieres ve con él, no pasa nada, mientras que estés allí para luchar, todo en orden jeje — dijo Labín riéndose. Una de las pocas veces que reía, ya que sólo estaba de risas con Óscar (su mejor amigo, casi como un hermano), con Hugo (por lo gracioso que era, aunque también era un amigo increíble), con el grupo al completo o cuando estaba a solas con Silvia, que era también muy especial para él y por supuesto con Lucario.

— Bueno sigamos — continuó Óscar con la conversación.

Caminaban por una calle muy ancha, prácticamente una avenida, que conectaba la escuela (noreste de la ciudad) con el centro y el sureste. La calle no era nada especial, excepto por unas plantas que tenía en medio de la carretera separando los carriles, por las que corría entre medio un riachuelo, de noche provocaban una gran vista. Las únicas luces que se veían, eran la de las farolas, dado que toda la ciudad estaba ya en el centro.

— Tengo que contarte algo tío — dijo Labín serio.
— Y yo también, pero tú primero — dijo Óscar poniéndose serio también.
— Me voy de Calagua, el director y mis padres han decidido que me vaya a ciudad Verde, porque como tengo “un don” para acercarme a los Pokémon, creen que allí podré aprender mejor — dijo Labín, casi como si escupiera las palabras.
— Eso es la bomba, la academia de ciudad Verde es increíble, de allí han salido, salen y saldrán los mejores, no debes desperdiciar esta ocasión, además te han admitido cuando ya ha empezado el curso, que estamos terminando el segundo trimestre — dijo Óscar alegrándose por Labín.
— Sí, pero me fastidia, allí no conozco a nadie, aunque aquí casi tampoco, no creo que pueda hacer amigos allí — dijo Labín bastante triste.
— Eh, vamos no te rayes, seguro que puedes conocer gente allí — dijo Óscar dándole una palmada en el hombro a Labín para consolarle.
— Sabes de sobra que no, que no puedo acercarme a nadie y menos a una chica — dijo Labín.
— Bueno, poco a poco amigo — dijo Óscar con un tono gracioso que propició una sonrisa de su acompañante.
— ¿Y tú? Tenías que decirme algo — se apresuró Labín, olvidándose por un instante de su problema.
— No, da igual, no es nada importante — dijo Óscar intentando disimular.
— Venga escúpelo, tampoco será para tanto — le insistió Labín.
— Es mi hermana, no sé qué le pasa contigo— dijo Óscar.
— No sé, ¿a qué te refieres? — se extrañó Labín.
— Es como si fueras muy especial para ella, no sé como si quisiera algo contigo, se lo he preguntado pero ha huido del tema, diciendo que ya lo sabría — dijo Óscar.
— Eh, vamos no te preocupes, tu hermana es mayorcita para saber lo que hace, tu casi siempre estás con alguna y ella no te dice nada — le sonrió Labín.
— No es lo mismo, de todas formas me preocupa que como ahora te vas se ponga mal o yo que sé como pueda ponerse — dijo Óscar todavía con la tez un poco sombría.
— Venga, da igual, esta noche, no hay problemas, no hay nada que pueda desanimarnos — dijo Labín.
— Sí ¡vamos a arrasar tío! — dijo Óscar alegrándose.
— Yo voy a beberme hasta las copas de los árboles — comenzó Labín a rapear “cantando” de Kase-o.
— Voy a tomar de todo menos decisiones — continuó Óscar.
— Suave como una nube, voy a ser vapor, un ave que sube y sube sin motor — concluyeron los dos al unísono, riendo y chocando los puños (un gesto que hacían normalmente cuando había una especie de complicidad en alguna broma o los dos reían por lo mismo…).

Llegaron al centro, después de andar unos siete minutos, todavía les daba tiempo de apuntarse y apuntar a Hugo para el torneo.

Había un ambiente increíble, todo estaba iluminado, la gente iba y venía sonriendo, con helados, golosinas, vasos… Había muchas casetas abarrotadas de gente comiendo, bebiendo y charlando, también había tómbolas, atracciones… Llegaron pronto al recinto donde se iban a celebrar los combates y se inscribieron, era una explanada enorme, donde no había edificios ni nada que pudiese entorpecer el combate, prácticamente no se podía alcanzar a ver el final de la explanada, únicamente iluminada por las farolas que estaban alrededor de los cuatro terrenos de combate y las gradas; para su sorpresa Hugo y Lucario ya habían llegado y los esperaban.

— Parece que va a estar lleno — dijo Hugo.
— Sí, espero poder hacer algo interesante — comentó Óscar.
— Bueno, nosotros vamos a hacer todo lo que podamos — dijo Lucario agarrando a Labín.
— Hombre, con el nuevo compañero, ¿quién no gana? — dijo Hugo de broma.
— Eh, que por mucho dragón que sea un rayo hielo lo rompe — dijo Labín quitando importancia.
— Bueno, callaos que va a comenzar — dijo Óscar tapándole la boca a sus dos amigos.

Una voz anunció los nombres de los participantes y los dividió en cuatro grupos, asignándole a cada grupo una zona para luchar. El sistema era el siguiente: en los grupos todos luchaban entre ellos, los dos mejores pasaban a los cuartos de final, y a partir de ahí eliminación directa.

El torneo comenzó sin muchos problemas para ninguno de los tres chicos (las chicas del grupo no querían luchar, simplemente se quedaron en las gradas animando), pasaron bien la fase de grupos que era de combates 1 vs 1 en las que sólo se permitía un Pokémon, es decir, todos los combates con el mismo. Llegaron los cuartos de final y ninguno de los tres chicos se cruzó, pero viendo la tabla, Labín y Óscar se podrían encontrar en semifinales y con Hugo únicamente en la final.

A Labín le tocó un chico de primer rango que había sorprendido en el grupo que popularmente se consideró más flojo. Se llamaba Juan, un chico castaño, de unos trece años como mucho, así lo hacía ver su estatura. A partir de los cuartos de final las batallas eran un acuerdo entre los entrenadores, acordaban el número de Pokémon y la forma de batalla (individual, doble o triple); en el caso de Labín fue un 1 vs 1. Sacó a Lucario (como en toda la fase de grupos, algo que sorprendió nuevamente a todos, ya que en esa ronda se podía escoger otro Pokémon distinto al de la fase de grupos) y su rival sacó un Grumpig.

El combate comenzó con psicocarga por parte de Grumpig, Lucario evitó fácilmente el ataque y usó pulso dragón, el Grumpig también esquivó el ataque. Los dos rivales estaban frente a frente estudiándose, ninguno quería aventurarse a atacar primero. Nuevamente Grumpig tomó la iniciativa usando rayo confuso, Lucario se quedó confuso un poco de tiempo, el necesario para que el rival atacara con psicocarga nuevamente. El Pokémon de Labín pudo levantarse sin muchos daños y continuar combatiendo; a pesar de ser de primer rango, era un rival duro. Esta vez fue Lucario el que tomó la iniciativa, se movió un poco y atacó con pulso dragón, haciendo que Grumpig para evitarlo se moviese, en el momento que se movió atacó con bola sombra; Juan pareció desilusionarse cuando vio a su Pokémon volar por los aires, pero éste pudo levantarse y seguir el combate con onda certera. Lucario, sin ningún problema nuevamente, volvió a evitar el ataque y finalizó el combate con bola sombra.

Labín saludó a Juan, le felicitó por el buen combate y se dirigió a las gradas donde Silvia, Ana y María les tenían reservado el sitio a Hugo, Óscar y él. En cuanto se sentó, Silvia que estaba a su lado le dedicó una preciosa sonrisa y le felicitó por el buen combate, también alabó su buena compenetración con Lucario, ya que apenas tenía que darle órdenes, algo que sorprendió a casi toda la grada. El siguiente combate fue el de Óscar contra un chico de tercer rango que era el favorito para ganar el torneo. El chico se llamaba Manuel, era alto, grueso, con la tripa un poco pronunciada, lucía unas gafas que a nadie le apetecía mirar de lo feas que podían resultar, el cabello negro despeinado y vestía de mala manera. Acordaron también un 1 vs 1; pero hubo algo que, aunque estaba permitido, no agradó a nadie, y menos a Óscar. En los 1 vs 1 para que nadie tuviese ventaja, los Pokémon salían a la vez y el azar decidía quién tenía el tipo más fuerte, pero esta vez Manuel amagó para sacar su Pokémon y se esperó a ver a Swampert, para sacar su Ludicolo.

El combate fue rápido, el tipo planta de Ludicolo (cuatro veces más fuerte) le dio una enorme ventaja; aunque Swampert intentó defenderse como pudo.

Ludicolo usó durante prácticamente todo el combate energibola, mientras que el Pokémon de Óscar, se defendía con protección y atacaba con rayo hielo; el ganador estaba claro desde el principio: Manuel. Toda la grada abucheó al chico mayor por su táctica mal vista de sacar después.

Cuando Óscar volvió a las gradas, estaba maldiciendo por lo bajo, pero todos le animaron; Silvia miró a Labín y le dijo que le venciera, a lo que el chico asintió.

Hubo un combate más antes del combate de Hugo, dos chicos de segundo rango se enfrentaron y ganó uno llamado Sergio con un Seviper.

Llegó el último combate de los cuartos de final, Hugo se enfrentó contra otro chico de tercer rango, pero pudo ganarle sin problemas gracias a su Charizard y sus buenas estrategias.

Pero cada vez se acercaba más el momento de la final, Hugo tenía que enfrentarse ahora contra el ganador del combate anterior: Sergio. Los Pokémon fueron los mismos, sacaron a Charizard y Seviper respectivamente. El combate estuvo poco reñido, Hugo ganó sin problemas, Charizard usó un par de veces lanzallamas y poco pudo hacer Seviper. Pero llegó el momento que casi todo el grupo esperaba, el combate de Labín contra Manuel.

— Vamos, tienes que darle — dijo Óscar golpeando el hombro de Labín.
— Ánimo — le dijo Silvia haciendo un gesto con la mano.
— ¿Qué tipo de combate quieres? ¿1 vs 1? — le preguntó Manuel mientras el chico ocupaba su posición en el terreno.
— Individual, dos contra dos — contestó Labín impasible, a él no se la iba a jugar, como mucho con el primer Pokémon.
— Pues de acuerdo, si tienes dos Pokémon, por mí perfecto — contestó Manuel viendo como su estrategia se hacía añicos.
— Vamos Lucario, te toca — dijo Labín haciéndole un gesto a Lucario para que se adelantara.
— Estúpido — susurró Manuel para sí mismo — vamos Blaziken.

Otra vez, Manuel se aprovechó del tipo, esta vez no fue abucheado ya que Labín había sacado antes a conciencia. La única sorpresa fue, nuevamente, que Lucario fuese el primer Pokémon escogido por el chico.

El combate fue intenso, Manuel creía que lo tenía todo ganado por la ventaja en tipo y por su experiencia como alumno de tercer rango, pero no contó con la buena actuación de Lucario y los ataques que también eran fuertes contra el tipo de Blaziken. El Pokémon de Manuel comenzó utilizando danza espada y seguidamente patada ígnea, Lucario apenas tuvo tiempo de saltar por encima de Blaziken para evitar el ataque. Lo siguiente fue un gancho alto de Blaziken, a lo que Labín respondió ordenándole a Lucario que usase psíquico; se notó el potente efecto del ataque en Blaziken, así que Manuel cambió de Pokémon y sacó a Sandlash.

— Comienza el baile Lucario — dijo Labín fuerte — Ven un momento.
El chico le colocó la misma venda en los ojos que cuando entrenaban en la azotea.
— Menudo idiota, creía que sabías luchar — bramó Manuel riendo.
La grada estalló en un “¿EH?” a lo que siguieron caras de desconcierto por la estrategia de Labín.
— Siéntelo, Lucario, sólo existimos tú, el Sandlash y yo — le dijo casi por pensamientos Labín a Lucario.

El combate continuó después de esta pequeña pausa; Sandlash usó excavar, primeramente Lucario estaba un poco desorientado y apenas pudo evitar el ataque, que le dio de costado. Manuel ordenó a su Pokémon volver a usar el mismo ataque. Labín tranquilizó a su Lucario y éste, más calmado, pudo detectar bien por dónde salió Sandlash para asestar un potente esfera aural que mandó al Pokémon tipo tierra por los aires hasta al lado de su entrenador. Manuel continuó con la misma estrategia; esta vez Lucario usó psíquico y sacó a su enemigo del agujero y cuando estaba en el aire terminó ese combate con esfera aural. Sólo quedaba Blaziken por parte de Manuel.

El Pokémon de fuego comenzó con danza espada igual que antes; pero esta vez Labín no iba a permitírselo, en cuanto comenzó a usar su movimiento, Lucario respondió con esfera aural y acabó el combate. La grada estalló, se puso de pie y aplaudió a Labín como si hubiese ganado el torneo. El chico, se limitó a llamar a Lucario e irse hacia las gradas sin saludar a Manuel que estaba muerto de rabia y vergüenza en medio del terreno de combate.

Hubo una pausa de quince minutos para que los entrenadores descansasen antes de la final y la gente se acercara a los kioskos para comprar todo tipo de refrescos y golosinas.

— Eres de lo que no hay — dijo Ana muy sorprendida por el gran combate de Labín.
— ¿Yo? Dirás Lucario — se quitó protagonismo Labín.
— Pero si eres el mejor, prepárate Hugo que va a darte fuerte — dijo Silvia arrastrando por el brazo a Labín.
— Eh, eh, eh, tranquila — dijo Labín un poco aturdido por la fuerza de la chica que le arrastraba por el brazo.
— Ven, vamos al kiosko ¿vale? — le dijo Silvia con una sonrisa que derritió al chico y no pudo negarse.

Después de comprar algunas golosinas y refrescos Labín se preparó para el combate contra Hugo. Primeramente se dieron la mano, se desearon suerte y se abrazaron. Después decidieron un 2 vs 2, ya que Labín sólo tenía a Lucario y Salamence; sacaron sus Pokémon y comenzó el combate.

Por parte de Hugo, salió Hariyama, mientra que Labín volvió a repetir con Lucario. El combate en todas sus fases fue muy intenso.

Hariyama comenzó usando sustituto y cargando puño certero; Lucario atacó con psíquico y destruyó el sustituto, seguidamente usó esfera aural a la vez que Hariyama usaba puño certero; ambos ataques chocaron y continuó el combate. La velocidad de Lucario era mayor y se notaba perfectamente, Hariyama apenas se defendía usando roca afilada y a veces intentaba tajo cruzado; mientras que Lucario lanzaba esfera aural o psíquico en cuanto tenía alguna ocasión. Ninguno de los Pokémon se hacía daño, esquivaban sus ataques y contraatacaban sin éxito. Cuando estaban quedando más agotados (sobre todo Lucario por los combates anteriores), Hariyama volvió con su táctica de sustituto y puño certero; esta vez Lucario rompió el sustituto pero apenas pudo usar esfera aural cuando tenía a Hariyama ya golpeándole.

Los dos Pokémon KO. El combate se iba a decidir en el siguiente asalto. Labín sólo tenía la opción de sacar a Salamence, sin embargo, Hugo sacó al Pokémon en que más confiaba:
— Vamos, Salamence — dijo Labín sacando al dragón. A lo cual la grada soltó un “oh” de admiración.
— Vamos, Charizard — contestó Hugo, sacándole una sonrisa a Labín.
— Con que Charizard ¿no? —hizo la pregunta retórica Labín.
— Más confianza que con él, con ninguno — contestó Hugo con una sonrisa.

Fue el combate más espectacular de la noche. Ambos Pokémon no dieron su brazo a torcer en ningún momento.

La lucha comenzó en tierra, para después desarrollarse en aire; ambos comenzaron reforzándose, danza espada por parte de Charizard, danza dragón por parte de Salamence. Tras esto el Pokémon de fuego atacó con garra dragón; pero Salamence (sobrepasando la velocidad del compañero de Hugo gracias a danza dragón) le evitó y sorprendió por la espalda con garra dragón; dejando a su rival boca arriba en el suelo. Pero esto únicamente es una ínfima narración de lo que fue el combate. Ambos se lanzaron garra dragón para intentar hacerse el mayor daño posible, pero era difícil golpearse, ya que ambos estaban atentos y evitaban los golpes intentando contraatacar; pero cuando el cansancio hizo mella en los contendientes, Charizard se lanzó a la desesperada con garra dragón de nuevo, Salamence bajó un poco su altura haciendo que el ataque le pasase por encima de la cabeza y pudiendo golpear él en el tronco de su contricante. El combate acabó y todos gritaron, alabaron a Labín y a su Salamence y hubo una invasión al campo para mantear al campeón.

En cuanto pudo encontrar un hueco, el organizador del torneo felicitó a Labín y le dio una pequeña copa en la que se leía “Campeón del torneo de combates Pkmn. De la Gran Fiesta de Ciudad Calagua”, el chico alzó la copa y junto con todos sus amigos (incluido Hugo) se pusieron a celebrarlo.

— Bueno, me he dejado ganar — dijo Hugo para intentar disimular la derrota.
— Que más quisieras — le contestó Labín pasándole la mano por encima del hombro.
— Hay que decir que Salamence da fuerte — continuó de nuevo Hugo para intentar maquillar el resultado de nuevo.
— Déjalo ya, te ha ganado y punto hombre, por lo menos habéis llegado los dos a la final; queda media hora para tocar, espero que los del ayuntamiento hayan llevado al escenario todos los instrumentos — dijo Ana cambiando de tema.
— Sí, yo les dije que estaban en mi cuarto, cómo llegar a mi cuarto, en la academia les habrán dado la llave. Vamos a acercarnos y nos ponemos a calentar un poco o algo — dijo Labín iniciando el camino hacia donde se encontraba el escenario (una esquina del recinto).

Después de unos diez minutos andando, hablando y Labín recibiendo felicitaciones de gente que se encontraba por el camino, llegaron al escenario. Todo estaba preparado para fortuna de los chicos, fueron a hablar con los técnicos de sonido y poco después cogieron los instrumentos detrás del escenario (excepto Óscar y María, que obviamente no podían bajar los instrumentos). Cada uno comenzó a hacer algunas técnicas de calentamiento para prepararse, cada vez quedaba menos; diez minutos, cinco… Los chicos no podían aguantar más y comenzaron a subir los más envalentonados. Labín tenía más nervios que cuerpo, el chico no temblaba, simplemente parecía una peonza lanzada con la mayor furia del mundo.

— No puedo, en serio, no puedo — decía Labín.
— Vamos, vas a poder de sobra tontorrón — le dijo Silvia intentando camuflar sus propios nervios mientras los demás subían.
— ¿Y si fallo? ¿Y si se me olvidan las letras? ¿Y si no me aguanta el labio durante el concierto? — repetía Labín para justificar sus nervios.
— Eres el que mejor memoria tiene, las letras te las sabes de sobra, y si no, se te da bien improvisar. Labio tienes de sobra, hemos llegado a ensayar más de cinco horas y apenas estaremos tocando una y media como mucho. Vamos estamos los dos nada más tenemos que subir — insistía Silvia para calmarle.
— No sé, me da miedo el escenario — dijo Labín intentando darse la vuelta para irse.
— Mira, no sé si esto te va a calmar pero lo necesito — dijo Silvia dándole la vuelta de nuevo a Labín para que la mirase.
— ¿Qué… — no pudo hablar Labín.

Silvia le besó, primeramente Labín pensó en quitar la cara, pero no pudo, no se atrevía, no podía, no tenía fuerzas, le temblaban las piernas, los brazos, las manos, los dedos... Pero correspondió el beso de Silvia, porque al fin y al cabo ella le gustaba desde hacía mucho y había deseado que llegase ese momento millones de veces. Se le olvidó el miedo, el viaje que tenía que hacer, que tenía que tocar delante de muchísima gente; todo, se le olvidó todo, se le olvidó incluso por un instante que él estaba allí y quién era. Ana volvió a bajar para ver por qué no subían y sin querer interrumpió ese momento; los dos se sonrojaron y comenzaron a andar hacia las escaleras.

— Vamos, no hay miedo que valga, hay que hacerlo y punto — le guiñó Silvia a Labín — yo voy a estar a tu lado.

“Yo voy a estar a tu lado”, fue como una frase mágica, el chico estaba muy rojo y los nervios volvían, pero algo, había algo, una especie de confianza que le brotaba que le hizo subir ponerse delante del público y tras una pequeña presentación del grupo por parte de Silvia, comenzar a dar las primeras notas como nunca las había dado, con su mayor seguridad y con la mejor calidad que pudo. Cada poco miraba a Silvia y ésta le devolvía la mirada con una sonrisa que le transmitía aún más seguridad de la que tenía. En la primera intervención vocal que tuvo que hacer (en un apoyo de un estribillo a Silvia), le sorprendió una maravillosa coincidencia que hizo que un fuego se encendiese dentro de él.

Siempre estaré a tu lado ♪
labin

Sexo: Macho
Nivel: 5

#6
Holasz, como dicen en mi tierra, amo' allá (?). Vamos aquí a despedazar con una crítica (?). ¡Trolled troll ahí! Si es que el ser tramposo te acaba traicionando muy a menudo a_a. Interesante combate, lástima que no le pusiste toda la emoción que debería un escritor poner en semejante combate D: ¿Cómo saldrá el concierto? ¿Desafinará alguno, tendrá que haber improvisación? (??). Sobre argumento no sé qué más decir... así que pasaré a los errores

¡No, no, no y no! ¡¿Qué carajos hacen los Pokémon para hacer sus movimientos en combate, viciarse a la DS?! (?). Nah, en realidad lo sé, pero no creo que un novato lo sepa, te recomiendo que a la hora de narrar un combate describas los ataques que usan los Pokémon. El paréntesis no me gusta mucho para aclaraciones, yo prefiero ponerlo entre guiones, aunque bleh, no sé si se debería hacer o no... te lo dejo pasar de momento. Te faltan por ahí algunos signos de puntuación, generalmente comas y sin demasiada importancia, y sobre errores de ortografía... ¡Absolutamente nada! Te felicito ahí. Espero que sigas así, veo este fic como fic del mes de junio o julio y lo seguiré muy de cerca

$xaosz$ and GG~

Spoiler
#7
Bueno, parece que sí hay una gran mejoría, más que nada en los acentos. Aunque tengas Word, los acentos diacríticos no los corrige, tienes que encontrarlos tú.
Ante nada te recomiendo que no menciones canciones y esas cosas. Si el lector la conoce es muy bueno, pero si no la conoce o no le interesa ese género musical lo único que vas a lograr es perder al lector. Simplemente limítate a decir que es una canción famosa o algo por el estilo.
Otra sugerencia, cuando vayas a describir personajes, primero completa la oración que estas diciendo y luego los describes. Ej: …la versión que habíamos adaptado con Óscar, Silvia, Hugo, María y Ana. La primera era… y ahí te pones a describir a cada uno. Sino el lector se enlía demasiado y termina sin entender quien es quien. A pesar de todo, me gustó ese grupo, muy variado.
Otra cosa… describes a las protagonistas de manera muy sensual :baba: conoces mi punto débil.
Genial, me gustas eso de chicas, música y alcohol ^^
Ey, la parte de batallas es genial, las describes y las haces muy bien, pero te estás pasando un poco con la cantidad de narración. Faltan diálogos, recuerda que tienes que tratar de no monotonizar la escritura para que no aburra.
Ja, el combate contra Manuel fue increíble, aunque creo que abusaste un poco de la soberbia con esa venda en los ojos.
Ganó Labin, ja, no es ninguna sorpresa, estaba cantado, pero así mismo hiciste un buen trabajo con la descripción de los combates.
Apaaaa, un beso a estas alturas… Algo prematuro pero bien recibido, estaba al caer además.
Ohhh, los interrumpieron… Bueno, igual tendrías que haberle dado diálogo a Ana para que la interrupción fuera más notoria.
Un muy buen capítulo, no me arrepiento de haberle puesto la vista a este fic porque de verdad promete. Escribes muy bien y la lectura se hace corrida y fácil, sin duda te falta un poco de experiencia pero no dudo que la conseguirás luego de un par de capítulos. ¡Espero la continuación!


Gracias a todos por recordarme :) Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
#8
Buenos días/tardes (depende la hora a la que lo leas xD), pues nada vengo con otro nuevo capítulo que entre los exámenes y la flojera pues ha tardado un poco más de lo que yo quería.
Lo siento, he escrito sin tener en cuenta vuestros comentarios :S gracias de todas formas por leer y criticar, se agradece, pero no me he fijado y por consiguiente no hay respuesta, en los próximos capítulos prometo que sí que va a haber respuesta:)

sin más os dejo el capítulo y lo editaré también en el primer post.

capítulo 3: Cambiando de aires
Fue un espectáculo para la memoria, todos los componentes del grupo dieron lo mejor de sí, no voy a valorar la actuación a nivel expresiva ya que eso es subjetivo, pero técnicamente estuvieron más correctos que nunca. Todos se llevaron un gran recuerdo de ese concierto e incluso Sonia se animó a bajarse del escenario y hacer un corro con el público para bailar. Todo el mundo sacaba a sus Pokémon, disfrutaban y hacían disfrutar a los demás.

Pasada aproximadamente la hora y media de concierto, comenzaron a bajar gritando, saltando y abrazándose unos a otros. Lo habían hecho, su primer concierto; pero, aún más que eso, habían gustado. Cada uno sabía a quién buscar: Ana abrazaba a su hermana María, Hugo y Óscar chocaron sus manos y buscaron a Labín que estaba abrazado a Sonia en un momento que incluso superó al anterior al concierto.

— ¡GUUUUAAAAAAAAAAAAU! — gritó Óscar mientras terminaba de bajar las escaleras.
— Bruto, ¿tenías que gritar así? — se burló Ana.
— Me da igual, lo hemos petado y estoy feliz así que guárdate tus chistecitos esta noche — le contestó Óscar con un guiño.
— Pues… ¡Esto hay que celebrarlo! — continuó Hugo.
— Venga pues desamarra a los tórtolos estos que parecen que se han pegado con pegamento fuerte el uno al otro — dijo Ana riendo y señalando a Labín y Sonia.
— Vamos, pareja — dijo Hugo acercándose.
— Manda a tu Swellow tonto a por las cosas — dijo Sonia lanzándole una mirada a Hugo que parecía querer asesinarle.
— Es que se pierde — contestó Hugo rápidamente.
— ¿Ves como es tonto? — dijo Labín haciendo estallar la carcajada general.
— Me da igual tenemos que ir a por todo, ¿os acordáis de donde está? — dijo Óscar intentando volver a la calma.
— Sí, en el patio trasero de la academia, mejor que vaya alguien volando —dijo María todavía riendo.
— Vale pues yo voy en Salamence — dijo Labín cogiendo la pokéball — ¿Te vienes?
— Encantada — contestó Sonia abrazándose al chico.
— No, ¿tú a por todo? ¡Ni de broma! Cuando llegues aquí ya no queda nada — rió Óscar.
— Yo le vigilo, tontito — dijo Sonia guiñando a su hermano.
— Pues rápido — dijeron Hugo, Ana y María.

Labín y Sonia se montaron en Salamence y se dirigieron a la academia. Los chicos estaban en su mundo, disfrutando de unos momentos increíbles, hasta que Labín volvió la realidad y recordó que se marchaba a Ciudad Verde y su rostro cambió completamente.

— Sonia… Yo… — intentó comenzar a hablar el chico mientras notaba que otra vez estaba apareciendo esa timidez que le impidió en un principio contarle lo que sentía a Sonia.
— Dime, ¿qué te pasa? — se extrañó la chica.
— Es que… verás… — tartamudeó Labín.
— Vamos suéltalo, puedes confiar en mí — le sonrió Sonia.
— Mañana es mi último día en Ciudad Calagua, después me iré a Ciudad Verde, me han mandado a la academia de allí, porque según dicen tengo un don para comunicarme con los Pokémon, de verdad que no quiero irme —dijo el chico casi llorando.
— Y te vas así, sin más — dijo Sonia con un rostro totalmente cambiado, que reflejaba angustia.
— Escucha... — intentó decir Labín.
— No, no quiero escucharte más, bájame ahora mismo — alzó la voz Sonia.

Labín no sabía que decir, que hacer, le había entrado un temblor y un sudor frío le recorría la espalda, no le dejaba pensar, no le dejaba hablar, su boca se secaba a la par que su cabeza se calentaba más por intentar pensar en algo, pero nada, se sentía vacío, incompleto ¿qué le pasaba? Nunca había sentido nada parecido. Finalmente aterrizó con Salamence porque habían llegado a la academia.

— Todo tiene una explicación y no todo es como parece — dijo al fin Labín bajándose de Salamence.
— ¡Ve a por eso ya y déjame tranquila! — le gritó la chica.

El chico se dio la vuelta y comenzó a andar hacia dentro de la academia con los ojos llorosos; cuando iba por el pasillo Lucario salió de su pokéball.

— ¿Eres tonto o qué? — le espetó Lucario.
— Sí, encima tírame más — dijo Labín mientras intentaba andar más rápido.
— Estás a su lado por fin y vas a dejar que os despidáis así ¿Quién eres? — comenzó a gritarle lucario mentalmente.
— Mira paso, ahora mismo no puede ni mirarme, tengo que ir al patio — dijo el chico girando la cara y también mentalmente (no querían que Sonia escuchase nada).
— Vale, vete — le contestó Lucario quedándose quieto.
— Quédate ahí, no me ha gustado nada ver Murkrow y Honchkrow ¿vale? Protégela por lo menos — le dijo el chico a su Pokémon mientras comenzaba a correr hacia dentro de la academia.

Labín iba con un paso acelerado hasta el patio interior, donde recogió lo pedido y comenzó a volver; justamente cuando iba por el pasillo principal algunos presagios se hicieron realidad, vio a los Honchkrow y Murkrow atacando a Sonia, por delante de la chica su Delcatty y al lado Lucario defendiéndola. El chico corrió hacia donde estaba Lucario dándole la orden mental de usar pulso dragón. En cuanto se pudo colocar para tener buena visión de todo (dentro de lo que la oscuridad nocturna permitía), vio que era una gran bandada, así que decidió sacar a su Salamence. Por otra parte Sonia estaba aterrada ya que Delcatty había sufrido bastantes ataques, pero por suerte en cuanto Labín llegó y sacó a su otro Pokémon los atacantes salieron volando despavoridos.

Los chicos se miraron y Sonia corrió a abrazarle casi llorando, poco después se disculpó por haberle tratado mal, ya que le había molestado que el chico se tuviese que ir, pero Lucario le había explicado todo; le agradeció la ayuda y volvieron a montar en Salamence para ir a la Gran Fiesta.

A los diez minutos aproximadamente estaban otra vez con todos reunidos, al lado del escenario desde donde habían volado primeramente.

— Llegaron, menos mal, estaba por ir a buscaros — dijo María.
— ¿Os lo habéis pasado bien? — dijo Ana con tono burlesco.
— Pues la próxima vez vas tú, idiota, que me han atacado una manada de Murkrow y Honchkrow — contestó Silvia seria.
— ¡Oh! Pobrecita, su principito ha tenido que salvarla — continuó Ana la broma.
— ¡Qué romántico! — dijo María riendo también.
— Anda, callaos, ¿lo traes? — dijo Óscar.
— ¿Qué esperabas? Vamos a la calle central que es donde está todo el mundo — contestó Labín rápidamente comenzando a andar.

De esa noche, no hay mucho más que destacar, todo lo que restó de noche fue fiesta y más fiesta, bebieron, rieron e intentaron pasarlo lo mejor posible, cualquiera que haya estado en una fiesta puede imaginarse perfectamente cómo fue.

A la mañana siguiente Labín se despertó en su cama al lado de Lucario, el cual se había preocupado de hacerle la maleta. El chico cogió la pokéball de Salamence y el móvil, vio un mensaje de su primo “enano, cambio de planes, nos vamos mejor hoy después de comer, tienes que instalarte hoy por la tarde y mañana dar clases sí o sí que empieza el tercer trimestre”. Este mensaje desanimó más al chico, pero ya había aceptado su partida aunque le doliese separarse de todos sus amigos e irse solo con sus Pokémon. Por lo pronto despertó a Lucario le contó las novedades y le dio de comer, seguidamente salió al patio para darle de comer a Salamence allí y por último se dirigió al comedor donde estarían sus amigos.

Acertó con el pronóstico, estaban allí todos, le había guardado un sitio; el chico cogió un plato y su desayuno (un par de tostadas y manteca) y se sentó. Mientras comían, estuvieron riendo y de broma, hasta que en cuanto terminaron de comer el chico contó que tenía que irse a Ciudad Verde. A los que no lo sabían les afectó la noticia pero se alegraron por él, por la oportunidad que tenía al igual que hizo Óscar la noche anterior.

Aproximadamente era media mañana, Labín estaba en su habitación hablando con Lucario, no aguantaba más. Quería salir, necesitaba salir de allí, ir a algún sitio a entrenar o algo; y así lo hizo. Salió junto con Lucario y sus otras cuatro pokéballs hacia el fondo sur de la academia, donde había una zona dedicada al entrenamiento en zona natural, se trataba de un aula donde únicamente podían entrar los de tercer rango que cursaban entrenamiento; pero el chico (igual que muchos otros) sabía por dónde entrar, debido a que había algunos pequeños túneles de anteriores alumnos que se dedicaban a entrar usando excavar.

Una vez dentro, sacó a Salamence, allí no había peligro, había mucho espacio, no había otros dragones (por la peligrosidad de enfrentamientos entre éstos) y no podrían molestar a nadie. Comenzó a entrenar allí (más bien no había ido a entrenar, quería sentir verdaderamente una captura y había ido a ver si algún Pokémon se le aparecía). Practicó un poco los ataques de Salamence ayudándole a potenciar poco a poco los movimientos, haciéndolos más devastadores, cuando el dragón se cansó, continuó con Lucario. Este entrenamiento era bastante más complejo, porque Lucario ya tenía un nivel de fuerza y velocidad más que correcto, en los tres años que llevaba con Labín, únicamente entrenando él, se había fortalecido mucho. Básicamente, lo único que entrenaba ya era estrategia, es decir, combinaciones de ataques adaptándose al medio, para sacar provecho de casi cualquier situación. La preferida de Labín era usar psíquico (y mandar el rival por los aires) y mientras caía esfera aural (asegurando el golpe).

Estuvieron entrenando hasta casi la hora del almuerzo, y poco antes de irse, involuntariamente Salamence se recostó en un árbol, con la mala suerte de que ese árbol no tenía las raíces bien ancladas en el suelo y lo derribó. Al hacer esto numerosos Pokémon que vivían debajo del árbol salieron; todos intentaron huir, excepto un pequeño Nincada que quedó atrapado en medio del tumulto de los demás que huían y atacó a Salamence usando golpes furia. Labín al verlo, se emocionó porque había encontrado lo que buscaba, un Pokémon para capturar.

El combate, comenzó con ese ataque de Nincada al que Salamence no pudo evitar (aunque tampoco le dañó mucho), seguidamente el dragón atacó con terremoto (Labín no quería dañar demasiado al nincada), siendo fácilmente evitado por el Pokémon salvaje; que poco pudo hacer ante la rápida respuesta del Salamence que volvió a atacar con garra dragón. Una vez nincada estaba un poco dañado Labín se aventuró a lanzar la Pokéball. El rival se cubrió de una luz blanca y entró, una vuelta, dos vueltas y al fin, el chico había capturado (con la intención propia de la palabra) a su primer Pokémon. La alegría le desbordó, recogió la esfera del suelo y sacó a su nuevo compañero, se presentó y seguidamente hizo lo propio con los demás Pokémon.

Se le había hecho un poco tarde, así que decidió dejar volar a Salamence a la azotea (previamente le había indicado un sitio donde guardaba comida) y se llevó a Lucario y Nincada para darles de comer y comer él mismo. Poco después de pasar por el comedor el chico se dirigió a su habitación, recogió la maleta y emprendió el rumbo por el pasillo al lado de Lucario, mientras conversaban distraídamente. Iba prácticamente por la salida, cuando recordó a Salamence, silbó lo más fuerte que pudo, afortunadamente el dragón apareció pronto. En la puerta estaba Carlos esperándole con el coche, el chico subió y se acomodó, tras saludar comenzaron a ir hacia el puerto.

Las calles estaban bastante vacías, se veían pocas personas caminando o en las terrazas de los bares, todavía se notaba la fiesta de la noche anterior. Los dos muchachos conversaban tranquilamente (Carlos sabía del poco interés de Labín en irse e intentaba hacer el viaje ameno). Había, lo que ellos mismos definían como “conversación circuito”, sólo se escuchaba, “¿Cuál has capturado?”, “¿Cuál te gustaría capturar?”, “¿Cuál ataque has utilizado?”, “¿Cuál quieres enseñar?” y sus correspondientes respuestas.

Llegaron al puerto, a lo lejos se distinguieron dos bultos, que parecían personas, poco a poco, al acercarse, se distinguió a los padres de Labín. Un hombre de poca estatura, pelo rubio y fornido que le sonreía, y una mujer de, también, poca estatura, pelo castaño y sonrisa preciosa.
— Hijo,¿cómo estás? No te veo desde hace una semana — dijo su madre abrazándole.
— No soy un crío, de todas formas, ahora vas a tardar más en verme — contestó el chico refunfuñando.
— Vaya, parece que Lucario se ha hecho más fuerte, ¿os habéis presentado a la batalla de la Gran Fiesta? — intervino rápidamente el padre cambiando de tema.
— Hombre, con un poco de ayuda de Salamence — contestó enseñando el trofeo.
— ¿A sí que también tienes un Salamence? Increíble — prosiguió su madre nuevamente.
— A ver, mamá, papá, no soy idiota, sé que sabéis todo esto, por eso me voy — dijo el chico tajantemente.
— Labín, tienes que entenderlo, queremos lo mejor para ti, allí podrás aprender mucho más y aprovechar tus habilidades — dijo su madre acariciándole la cara.
— ¡¿Qué habilidad?! ¿Qué puedo hablar con Lucario? ¡Por favor, eso es por la habilidad de Lucario! — se ofuscó Labín.
— Tal vez ahora no lo entiendas, pero tienes un don, puedes tratar con los Pokémon mejor que cualquier persona que conozcamos — dijo su padre sereno.
— ¿Y? ¡Eso es cuestión de personalidad! Es cierto, puedo acercarme más fácilmente, no entiendo qué tiene eso de don — continuó Labín.
— Amén de una coordinación exquisita para las batallas y saber en todo momento lo que necesitan tus Pokémon y cómo sacarles el máximo provecho — respondió tranquilamente de nuevo su padre.
— Vamos, a entrenar me han estado enseñando en la academia, que para algo es, y para tu información, papá, la coordinación con el Pokémon es parte del entrenamiento — contestó el chico volviendo un poco a la calma.
— Pero lo tuyo es increíblemente fácil, miras al Pokémon y antes de hablar sabes lo que piensa — volvió a acariciarle la cara su madre — vas a ir y punto, así que, por favor, móntate en el barco y dame un beso.

El chico se sacó a su madre de encima con un leve empujón, pasó de largo junto a Lucario y se montó en el barco. El navío era majestuoso (como la gran mayoría de los que tenían una amarra en el puerto de Calagua) era inmenso, aproximadamente unas quinientas habitaciones cuidadas con todo el lujo que el mejor hotel pudiese ofrecer, piscinas, jacuzzis, gimnasio… Estaba lleno de gente con sus Pokémon, aparte se podían observar Pokémon salvajes alrededor del barco y volando cerca de él.
Justo después de pasar la pasarela que conducía al barco, se podía leer perfectamente un cartel en el que estaba escrito el nombre del barco: S.S. Anne.

— Tenemos que ir a ciudad Carmín, luego desde allí cogeremos un tren hasta ciudad Verde y allí ya te instalarás. Aproximadamente son siete horas de viaje en barco, así que ponte cómodo, a las diez y media llegamos allí, tren a las once, hasta las doce y media, luego el director ya te llevará a tu cuarto y te explicará cómo va el asunto — dijo Carlos mirándole con una sonrisa.
— Vale, ¿ves normal lo de mis padres? — dijo Labín mirándole con cara triste.
— Quieren lo mejor para ti enano, es la mejor academia por algo — contestó Carlos abrazándole.
— La mejor academia, sin amigos, sin familia, sin nada, menuda academia — respondió veloz Labín.
— Por lo pronto voy a retarte a un combate, que quiero ver como pelea, ya después hablaremos — dijo Carlos dándole una pequeña colleja.
— Te vas a enterar ¬— dijo el chico riendo y girándose — Lucario, vamos.
— ¿Cuántos Pokémon tienes? — preguntó Carlos.
— Tres, así que prepárate — le dijo Labín desafiante mientras corría hacia una zona que estaba reservada para combates.

La zona era bastante amplia y descubierta, así que no había problema en usar cualquier tipo de ataque o Pokémon, había muchas personas por allí y algunas se acercaron para observar el combate.

El duelo entre primos comenzó con Lucario contra Electivire. Los primeros movimientos estaban cantados, una especie de tanteo. El compañero de Labín utilizó esfera aural, rozando a Electivire, éste contestó intentando usar meditación, poco antes de terminar el ataque, Lucario usó esfera aural de nuevo; Electivire no pudo evitarlo y le golpeó de lleno.

Lo siguiente fue prácticamente un monólogo de Electivire, reforzado por meditación usó primeramente puño trueno, fácilmente evitado por Lucario, que justo al caer del pequeño salto que dio se encontró con un fuerte terremoto que había usado el Pokémon de Carlos. Hubo un cambio, Labín sacó a Nincada, no podía permitir que Lucario cayera fácilmente, además era un buen momento para probar a su nuevo amigo.
El combate prosiguió con un puño hielo de Electivire, Nincada se cubrió con bofetón lodo, notándose el daño generado, continuó con golpes furia aprovechando la cercanía de distancia; Electivire pudo responder con puño hielo y a su vez Nincada quería utilizar bofetón lodo. Cayeron los dos. Lucario volvió a aparecer a escena, aunque todavía un poco dolido contra el Dragonite de Carlos (uno de sus Pokémon favoritos).

—¡Vamos , Dragonite, velocidad extrema! — gritó Carlos.
— Interesante, espéralo Lucario — dijo Labín, era una de las pocas veces que hablaba durante sus combates junto con Lucario.
— Caíste — contestó Carlos justo cuando Dragonite estaba al lado de Lucario — ¡Fuerza bruta!

“Psíquico y desvía el brazo, rápido” pensó Labín, ya no quería darle más facilidades a su primo, era bueno y no iba a permitir que le ganase. Lucario por poco pudo evitar el ataque de Dragonite, aunque una vez desviado atacó con pulso dragón, pillando por sorpresa a Carlos, que cambió a Dragonite.

—Buena jugada, enano, no me esperaba el pulso dragón — felicitó Carlos a su primo.
— No es de las mejores que tengo, saca, vamos — le incitó Labín.
— No tengas tanta prisa por perder, ¡vamos Heracross! — gritó Carlos.

Continuó el combate con un intento de psíquico por parte de Lucario, que Heracross evitó fácilmente aunque Labín siguió insistiendo con esfera aural, pero a su Pokémon no le dio tiempo a cargar la esfera, porque se le echó el bicho encima usando a bocajarro, inevitablemente Lucario estaba derrotado, pero justo antes de caer pudo usar psíquico y dañar al rival, aunque éste no cayese.

—Te queda uno contra dos, a ver qué haces — se mofó Carlos.
— Queda el más bestia ¡vamos, Salamence! — respondió veloz Labín.

El dragón entró con majestuosidad en el campo, sin ni siquiera abrir sus alas, todo fue rápido, Heracross intentó golpear con roca afilada, Salamence echó a volar y justo cuando tenía al bicho debajo con el brazo a punto de golpearle el ala, la replegó, giró sobre sí mismo y con la boca envuelta en llamas le golpeó con colmillo ígneo dejándole fuera de combate. Por último sólo quedaba Dragonite contra Salamence. Los dos se tenían bastante respeto, muy posiblemente por el tipo de los dos, pero Carlos rompió el hielo ordenando a su Pokémon usar rayo, Salamence lo evitó y usó danza dragón justo en cuanto Dragonite terminó de atacar; reforzado se lanzó a por él usando garra dragón repetidas veces. Su rival le fue evitando poco a poco y muy forzado hasta que finalmente utilizó cometa draco. Salamence le asestó el garra dragón a la altura del abdomen y se apartó replegando sus alas, haciendo que las piedras (meteoritos) del ataque pasaran a ambos lados del Pokémon sin llegar a dañarle.

Dragonite volvió a usar rayo, esta vez sí consiguió golpearle, seguidamente, usó velocidad extrema queriendo dejar el combate casi finalizado, pero fue su mayor error; en cuanto estuvo al lado del Pokémon de Labín, recibió un garra dragón que le mandó por los aires dejándole fuera de combate. Labín le había ganado a su primo, por primera vez. No podía creérselo.

— ¿Ves como eres demasiado bueno? — le dijo Carlos.
— O tú muy malo — rió Labín.
— No creo, bueno con las tonterías se ha pasado bastante tiempo, todavía quedan algunas horas, haz lo que quieras, ya sabes a qué hora llegamos, así que cuando lleguemos a puerto dirígete a la salida, no te pierdas — continuó con la broma el mayor.
— Lo mismo te digo — rió Labín.

Justo al finalizar el combate, el chico se dirigió a una especie de centro Pokémon que había en el barco, para comprobar que sus Pokémon se encontrasen bien; en efecto, estaban perfectamente, así que se dirigió a su camarote. Una vez allí se tumbó en la cama junto con Lucario y durmió un rato, luego dejó a Lucario suelto que hiciese lo que quisiera mientras él se puso a escribir con un cuadernito que siempre llevaba encima. Así se le pasó el tiempo hasta que llegaron a ciudad Carmín y sonó un aviso por los altavoces.


Bue, espero que os guste, sinceramente no es de los mejores capítulos que he escrito ni escribiré xD seguramente el próximo me va a gustar más (ya tengo la idea) y también será muuuuuuucho más entretenido.

Un saludo ;)
labin

Sexo: Macho
Nivel: 5

#9
T_T Con lo que me esforcé en destriparte con mi crítica y ni la leíste... ¡pto >_>! (?). *Se toma una pastilla* asdasdasd ._. Me levanté tarde y mal, pero vamos allá

Oh... qué bonito... D: Una chica dejando a un chico porque este se va... Y sin embargo, la salva de una amenaza... qué f*ckin bonito p_p. Pero... ¿la chica cómo se llama, Sonia o Silvia e_e? Dura despedida... y duro el prota con sus padres por mandarlo lejos de su hogar. ¡Pedazo de combate! Has encontrado mi punto débil (los buenos combates), ¡sigue, sigue y sigue así O:! Y bueh, no sé qué más decir... Pasemos a fallos

He estado a punto de no leerte siquiera, tenía pinta de que me daría flojera de lo largo que es el capi e__e. Como ya dije, te has hecho por ahí un lío con los nombres... Mencionas de repente a una Silvia a la que no conocemos en realidad. ¿Es una que pasaba por allí o la hermana de cuisi o algo de eso? (?). También he visto errores de puntuación, para nada graves, y un ligerísimo error de ortografía que ni siquiera merece la pena comentar. Sigo diciendo que no me gustan nada los paréntesis en un fic, aunque sigo sin estar seguro... yo, personalmente, prefiero un guión. Y sigues sin narrar los combates como deberías... porque un novato que te lea probablemente piense: "¿cómo hacen los Pokémon sus ataques? ¿Juegan a la DS, o algo así? No entiendo". Te sigo pidiendo que describas con la máxima precisión los ataques y demás

Veo que esto se alarga... un poco más y te libras de mí e_e (?)

$xaosz$ and GG

Spoiler
#10
Bueno, lo prometido es deuda, primeramente las respuetas.

Respuesta a Mordeka
Siento no haberte respondido la otra vez :(, tus críticas siempre son bien recibidas.
Que ilusión te ha llegado a la patata la despedida *.*

¿Me paso de con los capítulos? Digo, ¿los hago demasiado largos? No sé, como al principio me dijiste que eran cortos... XD

Liada tremenda lo de los nombres... Fail total mío, bueno espero que no me pase más -.-

Te haré caso para los próximos combates y los narraré así, seguramente quedarán mejor, no se me había ocurrido describir los ataques.

Gracias :)


Gracias a todos los que lo hayan leído aunque no hayan criticado :)

Espero sinceramente que os guste este capítulo nuevo:

Capítulo 4: Llegada
Un estruendo resonó por todo el barco: Clientes del S.S. Anne, la tripulación desea que hayan tenido un buen viaje, por favor diríjanse hacia la salida siguiendo los carteles de información.

Labín recogió el cuadernito y lo guardó en un pequeño bolsillo de la maleta, seguidamente salió de su camarote, intentó conectar con Lucario por pensamientos (podían hablar a mucha distancia) y silbó a Salamence para que se aproximase. Algunos pasajeros todavía felicitaban al chico por el gran combate contra su primo, a lo que el joven respondía sonriendo y quitándose mérito.

En cuanto consiguió pisar tierra comenzó a buscar a Carlos sin salir del puerto; en algo más de diez minutos pudieron encontrarse, ahora debían darse prisa, les quedaba algo más de un cuarto de hora para montarse en el tren.

—Enano, corre, la estación está en frente del puerto — le apresuró Carlos mientras ambos corrían de acera a acera como si se les fuese la vida en ello.
—Eso hago, ¿cuál es nuestro tren? — decía mientras se estaba casi ahogando Labín y penetraban en la estación sorteando personas.
—Número dos, venga que casi cierran la puerta — respondió Carlos entrando exhausto en el tren — justitos; no he corrido más en vida.
—No seas mentiroso, cuando le robaste la cartera a mi padre por poco no te recorres Calagua entera — rió Labín mientras recuperaba el aliento — ¿Estás bien Lucario?
—Sí, no te preocupes, puedo correr bastante más distancia que vosotros sin cansarme, vamos a sentarnos — contestó el Pokémon cogiendo la maleta de los chicos.

Se habían acomodado dentro del tren, asientos espaciosos y cómodos, hueco encima de los asientos para las maletas, suelo clásico, en general, lo típico de un tren. La gente se quedaba atónita mirando a Lucario, que aprovechando que en el tren había una mesa para cuatro personas por cada cuatro asientos y la estancia estaba muy vacía se había sentado al lado de Labín para no volver a su Pokéball. Los tres miraban por la ventanilla, observando la estación que mientras corrían no se habían parado a mirar. No era nada del otro mundo, siempre y cuando se conociesen más estaciones, había como cinco trenes parados, transeúntes caminaban por doquier, otras personas aprovechaban los bancos como camas, algunos se hacían fotos, personas que se encontraban, otras que se despedían… De repente, una voz que sonaba familiar le habló a Carlos mientras se aproximaba.

—Perdona, ¿eres Carlos? — dijo una figura alta y corpulenta, que vestía unos vaqueros y una camiseta azul, que conjuntaba perfectamente con el color de sus ojos y a la vez hacía contraste con el pelo castaño.
—Sí, ¿tú eres…? — preguntó el chico mientras se giraba — ¡Dios! ¡Rubén! ¡Hace un siglo que no te veo!
—¿Qué haces por aquí? Este quién es, ¿tu primo? Uf, está enorme — hablaba atropelladamente Rubén mientras abrazaba a Carlos y se acomodaba a su lado.
—Sí, verás, este es mi primo Labín, vamos a ciudad Verde, porque va a entrar en la academia de allí, yo tengo que ir a acompañarlo y ya de paso hago dos o tres cosas que me han mandado — comenzó a relatar Carlos.
—Vaya, ¡qué bien! Oye Labín, ¿te acuerdas de mí? Es que eras muy pequeño cuando me vine a Kanto —le dijo el nuevo al chico, que se estaba quedando dormido en el asiento.
—Mmm, ¿tú vivías en frente de la panadería de Manuel? — preguntó Labín.
—Sí, yo era el que de pequeño siempre estaba con el cabeza loca de tu primo en la academia y en todos sitios — contestó Rubén sonriendo.
—Sí, sí, ya me acuerdo jeje, la pregunta es ¿qué haces tú aquí? — prosiguió Labín.
—Pues estoy estudiando entrenamiento en Ciudad Verde, aunque casi siempre nos están mandando a dar vueltas por la región — respondió de nuevo el chico — y a ti Carlos, ¿cómo te va?
—Pues estudiando también entrenamiento, pero en Malvalona, no me puedo quejar, fiestas, Pokémon, casi siempre estoy de viaje, prácticamente aparezco para entregar informes de algo o para los exámenes teóricos — rió Carlos.
—La vida del estudiante, es muy dura — dijo Lucario, sorprendiendo a Rubén y haciendo estallar carcajadas.

Poco a poco la conversación se centró en eso, estudios; a Carlos y Rubén les quedaba menos de un mes para convertirse en entrenadores profesionales y ambos tenían pensado volver a reunir a toda la banda para ir a recorrer las regiones, empezando por Kanto y acabando por Hoenn para estabilizarse en casa después de los viajes. Hablaron de todo eso, de los Pokémon nuevos que habían capturado, de los antiguos, recordaron viejos tiempos y cuando quedaba poco trayecto de viaje, vino la pregunta que Labín y Lucario sabían que se iba a hacer.

—Una cosa, Labín, tú tienes ahora mismo unos quince años ¿no? — preguntó Rubén con su sonrisa habitual.
—Sí — contestó el chico brevemente.
—Es extraño que se venga gente nueva a la academia en medio de un rango, y más a mitad de curso — comentó Rubén — ¿estás en segundo rango?
—Me van a admitir en el tercero, también voy a estudiar entrenamiento — respondió alegremente el chico.
—Ahora me lo explico todo, es que no veas la que se ha formado, porque se ha corrido la voz por la academia de que un chico de Hoenn de segundo rango iba a entrar directamente en el tercero, y mucha gente se ha que dado impresionada, porque no es nada habitual que admitan a alguien a mitad de curso — continuó comentando Rubén.
—Sí, bueno, no es que me entusiasme mucho la idea de venir — dijo Labín girando la cabeza y mirando por la ventanilla mientras entraban ya en Ciudad Verde.
—Eh, no digas eso, ya verás que esto está súper bien, en serio, aunque ten cuidado, quien esté en esta academia, es porque es excelente en algo y los que están en entrenamiento muchos tienen subidos los humos y no agrada que llegue alguien desde fuera y hagas lo que estás haciendo, personalmente me da igual, pero hay algunos que se lo toman como una provocación — se puso serio Rubén.
—Bah, tranquilo, no vas a tener problemas, enano, ya verás, todo este rollo se pasa en unos días — dijo Carlos para animarle.
—Sí, normalmente estas cosas no duran mucho, yo sólo te aviso, de todas formas, apunta mi número, por si quieres cualquier cosa, salir un rato, un combate, ayuda con los deberes — dijo Rubén riendo.
—De acuerdo, lo tendré en cuenta — dijo Labín con cara burlona.
—Hemos llegado, seguidme, yo os llevo — se ofreció Rubén.
—El director nos iba a esperar a la entrada de la academia para explicarnos algunas cosas.
—Tengo el piso al lado de la academia, puedo llegar con vosotros hasta allí, hablo con Gary, el director y os enseño rápido la academia, luego nos podemos echar un ratito en mi piso o salir un poco, si queréis —continuó el ofrecimiento Rubén.
—Por mí perfecto, no tengo tampoco donde quedarme, jajaja, iba a pasar la noche en un hotel, ¿en tu piso hay sitio? — preguntó Carlos.
—¿Para ti? Espera que piense… En el suelo, ¡claro que hay sitio hombre! — dijo Rubén riendo — ¿tú qué dices Labín?
—Por mí vale, sólo tengo que soltar esta maleta — respondió el chico sonriendo — ¿quieres Lucario?
—Por supuesto — contestó el Pokémon con una sonrisa.

Los tres chicos y el Pokémon salieron, con sus respectivas maletas por la estación, tenían la sensación de que no se habían movido del sitio, todo estaba prácticamente igual que cuando salieron de Ciudad Carmín. Comenzaron a andar por unas calles casi desiertas, iluminadas por muchas farolas, hablaban en voz baja y caminaban deprisa. Labín no se había imaginado Kanto nunca, pero estando allí todo le pareció como Hoenn, las calles eran prácticamente iguales, mismas losas en el suelo, asfalto en la carretera, farolas… Pronto llegaron a un edificio gigante que estaba casi en una de las salidas de la ciudad, en la misma puerta estaba colocado un cartel en el que rezaba: Ilustre academia de enseñanza de Ciudad Verde, donde únicamente la excelencia podrá hacerte ser alguien. El edificio parecía un castillo, las paredes estaban hechas con unas piedras enormes, tenía algunas torres acabadas en punta, como si fuese un estilo gótico, vidrieras… A medida que se aproximaban se les hacía más inmenso el edificio, hasta que llegaron a una puerta, que más bien era una verja, en donde el director les estaba esperando. Este hombre no parecía nada del otro mundo, eso sí, vestía una camisa negra y un pantalón oscuro, llevaba agarrada en el brazo lo que parecía ser una bata blanca típica de investigador, lo cual indicaba que a priori era alguien importante.

—Buenas noches — dijo Rubén adelantándose un poco hacia el director.
—Buenas noches, Rubén, veo que conoces a estas personas — dijo el hombre de la camisa adelantándose y dejándose ver más gracias a la luz de una farola, lo cual permitió apreciar las canas que la edad iba dejando.
—Sí, somos amigos de la infancia, y me preguntaba si usted me permitiría enseñarle un poco la academia ahora y también la ciudad — dijo Rubén aparentando cortesía.
—Por supuesto, sólo te advierto algo, es tarde, la mayoría están en sus habitaciones, la habitación del chico es la trescientos dos, así que llévale hasta allí que suelte el equipaje y lo demás es cosa tuya, mañana las clases empiezan a las nueve, no hagas ruido — dijo el director dándole unas llaves a Rubén — Perdón, por mi indiscreción, soy Gary el director de la academia, encantado.
—Soy Carlos, el primo de Labín, he venido con él desde Hoenn, igualmente — dijo Carlos acercándose y estrechándole la mano a Gary.
—Tú debes de ser Labín ¿no? Me alegra conocerte, espero que te adaptes pronto y no tengas problema — dijo el director acercándose a Labín y estrechándole la mano mientras le sonreía.
—Yo también lo espero, encantado, este es Lucario — dijo el chico mostrándole a su Pokémon a la vez que intentaba esconderse un poco.
—Vaya, un Lucario, fascinante Pokémon, mucho gusto — continuó el hombre mientras finalizaba con las cortesías — Lo dicho Rubén, te hago responsable de cualquier tipo de ruido que pueda haber.
—No hay problema señor, tranquilícese — le dijo Rubén intentando ser muy formal.

Dicho esto, todos entraron, aunque Gary se despidió del grupo rápidamente y entró por un pasillo a solas. Primero cruzaron el jardín, era de lo poco que se podía apreciar gracias a las luces de las farolas, un jardín inmenso, seguramente como el triple de grande que el de la academia de Calagua, el césped estaba bien cuidado y a los lados(al lado de la verja y al lado del edificio) había parterres donde se cultivaban todo tipo de bayas para uso común de todos los estudiantes. Seguidamente entraron en el edificio principal para dirigirse a la nueva habitación de Labín, los pasillos estaban muy oscuros, Rubén tampoco se atrevía a encender la luz, pero recordó algo. Siempre a los dos lados de la puerta había antorchas y una caja de cerillas, siempre las dejaban ahí los estudiantes para que el que llegase tarde pudiese entrar mejor sin molestar. Esto hizo, cogió una la encendió y continuaron andando.

—Uf, esto es enorme, parecemos Indiana Jones en una cueva — comentó Carlos hablando a poco volumen.
—Esto es sólo el pasillo principal, es como el pulmón del edificio, este pasillo puede tener como doscientas habitaciones, pero tranquilo, pronto vas a saber donde está cada cosa, ahora no te agobies — dijo Rubén dirigiéndose a Labín y acariciándole la cabeza.

Todos continuaron andando, hasta que subieron unas escaleras, la luz de la antorcha no permitía ver mucho más de dos o tres metros por delante, aparentemente el pasillo era increíblemente ancho y largo, el suelo era de mármol y relucía cuando le tocaba la luz del fuego. Al poco de terminar de subir las escaleras giraron una esquina y llegaron a la habitación de Labín; Rubén le entregó las llaves a éste y el chico hizo los honores. En cuanto entró en la habitación justo a la izquierda de la puerta había un interruptor para la luz. Todos, excepto Rubén, quedaron fascinados, la habitación podía ser perfectamente como el salón de su casa, allí casi se podía librar un combate. La habitación era cuadrada, del mismo suelo que todo el pasillo, aunque tenía una alfombra de unos cinco metros por cuatro en el centro, un armario vacío estaba empotrado contra la pared del fondo y la recorría de esquina a esquina; una cama de matrimonio en la pared derecha, a los pies de la cama una mesita con varios cajones que, al abrirlos, tenían un gran número de Pokéballs, medicinas y otros objetos. Justo a la derecha de la puerta había un cuarto de baño, dentro de éste, lo típico de un cuarto de baño, aunque incluyendo algunos detalles como el jacuzzi. Por último, destacar que en la pared izquierda de la habitación había una ventana que daba al patio de entrada, desde donde se podía divisar, hasta donde permitiese la vista, el jardín. Labín se sintió como un rey, saber que podía contar con Rubén (gran amigo de su primo y por consiguiente de él) y esa habitación, le levantaron el ánimo decaído.

—Vaya tela enano, quéjate por venir, j ojo — comentó Carlos mientras le daba una palmada en la espalda a su primo.
—¡La leche! Esto es más grande que la sala de juegos de la academia Calagua — dijo Labín riendo.
—Espero que te guste, tengo que contarte algunas cosas, deja la ropa sucia aquí justo detrás de la puerta, cuando entre el servicio se llevarán las sábanas y la ropa sucia, al siguiente día te la volverán a dejar en la puerta del cuarto de baño. En la mesita esa hay Pokéballs, las puedes usar todas, aunque como sabrás puedes llevar sólo seis Pokémon encima, es decir, en ese cajón puedes tener todos tus Pokémon, pero sólo podrás llevar a la vez seis; aunque ya mañana seguramente Gary te enseñará donde están unas zonas habilitadas para dejar “al aire” los Pokémon que te sobran — le dijo Rubén.
—Labín, suelta la maleta ahí en el armario y vámonos un rato, jajaja quiero ver como es lo demás de la ciudad, a ver si es igual que este cuarto — dijo Lucario mientras reía y lanzaba la maleta al fondo del armario.
—Espera bruto, voy a dejar aquí al lado la trompeta, bueno, listo, podemos irnos Rubén — dijo Labín mientras comenzaba a andar hacia afuera de la habitación.
—Acuérdate de que la antorcha la tienes que esconder en tu cuarto, prepararla de nuevo y mañana dejarla donde mismo la cogiste, ahora que vamos a salir la dejaremos allí y después la utilizarás de nuevo para entrar, espero que recuerdes bien el camino — dijo Rubén saliendo también de la habitación.
—Sí, sí, no te preocupes, entrando, la Lu escalera a la derecha y justo esa esquina — rió Labín mientras andaban por el pasillo para ir hacia la calle.
—Eso es, muy bien enano — contestó Rubén haciéndole un guiño a Carlos.
—¡Jo! No vale, ahora me enfado— continuó la broma Lucario.

Los chicos salieron por la misma puerta que habían entrado y se dirigieron al apartamento de Rubén, que estaba justo a la derecha de la academia. Poco se puede contar de aquel rato, una típica quedada de amigos, bebieron algo, rieron y luego Labín se volvió con Lucario hacia la academia, pudo entrar sin problemas y llegar a la habitación. Una vez se tendió en la cama comenzó a pensar en sus amigos y se entristeció, pensó en escribirle a Óscar y a Sonia para que le pasaran la carta a los demás, aunque pensando esto se quedó dormido al lado de Lucario en la inmensa cama.
labin

Sexo: Macho
Nivel: 5