The Life of a Mutant
¡Buenas! Aquí vengo yo, con un nuevo Fic. Un Fic sobre Súper Héroes. No es nada del otro mundo, es un Fic que escribo para matar un poco el tiempo y salir un poco de la rutina. Sin más preambulos, aquí va, el prólogo.
Somos catalogados como los héroes del día a día. Somos homenajeados por todo el mundo, hacen comics, películas, y series en nuestro honor. Pero nadie se fija de la vida que vivimos tras nuestra fachada, de la carga que llevamos por ser sus héroes, del dolor que soportarnos, todo eso a ellos se les pasa por alto.
No es que discrimine a los humanos comunes por no entender nuestra realidad, es mejor que todo sea así, si ellos solo supieran algo sobre nuestra vida privada, nos odiarían al instaste. ¿Qué harían si supieran que muchos de sus súper héroes favoritos sobornan a los villanos para que los dejen ganar? ¿Qué pensarían si supieran que muchos de sus héroes pertenecen a las mafias del mundo? Después de todo, el bien no siempre domina sobre una persona, y muchos héroes no son las excepciones a esto… incluyéndome.
Desde que obtuve mis poderes eh estado luchando contra lo que consideramos el Ying y el Yang. Nunca eh sabido que camino me corresponde, igual que a otros como yo. Siento un impulso para proteger a las personas normales de cualquier amenaza siempre que estoy presente en algún incidente. Pero también siento el impulso de hacer el mal, por culpa de mis codiciosos deseos, aunque nunca eh llegado a caer tan bajo como otros “héroes”. Siempre eh seguido mi propio camino.
Pero creo que ya aburró con todo esta charla ¿no? Ustedes solo quieren saber mi historia ¿cierto? Pues vamos halla, comencemos con el día que obtuve mis poderes.
[/SPOILER]
No es muy largo, lo sé. Pero aquí va el Día/Capitulo 1
Lo recuerdo todo con exactitud. Aquel día, el día que obtuve mis poderes, el día en el que destino jugo en mi contra. No sé exactamente porque me paso esto a mí, pero ya no tengo tiempo para arrepentirme, lo que paso ya paso, y debo aceptar mi futuro, como un hombre… no como un hombre no, como un Súper Héroe.
Todo inició aquel día. Estaba en el liceo donde estudiaba, bien conocido como el “Básico” pero llamado en realidad “Eloy Guillermo Gonzales”. Un nombre curioso, tal vez Guillermo fue el fundador del liceo, no lo sé con claridad, nunca me ah importado la historia del liceo y supongo que a ustedes tampoco.
El “Básico” era un liceo común. En el se daban las etapas de: 1er año, 2do año, 3er año, 4to año y 5to año. Pero para ser más específicos, se cursaba desde la etapa básica hasta salir del bachillerato. Yo cursó el 4to año, solo me falta poco para salir de este lugar e ir al infierno, o mejor conocido como universidad.
La arquitectura del liceo era común. Un edificio de dos plantas, con una amplia terraza a donde los alumnos iban cuando no querían entrar a alguna asignatura, y el lugar preferido de las parejas para hablar… yo digo que hacían algo más que hablar. Tenía un extenso patio, que se dividía en tres sectores: El campo donde los alumnos practicábamos agricultura, horticultura y fruticultura, tres materias que para mi opinión se impartían solo para que hasta los alumnos más vago pudieran superar el grado sin problemas. El sector del Gimnasio, el lugar donde obviamente todos los alumnos practicábamos educación física. Y finalmente el sector preferido de todos, el área de descanso, era un lugar amplio, que como indica su nombre sirve para descansar. Es un lugar abierto, con algunos árboles que sirven a los estudiantes para que no se quemen con el intenso sol y con varias mesas que usan los estudiante para sentarse a conversar o simplemente desayunar o almorzar la comida que trajeron de casa o que compraron en el cafetín
Y esa es toda la descripción del liceo ¿Se ve bien, no? Pues si, es un paraíso. Pero ya acabemos con esto y empecemos.
[...]
San Carlos/Venezuela. 25/03/12
-¿En verdad tengo que hacer esto? – Sé quejo un chico sentado a mi lado. Era de estatura promedio y de una contextura de un típico debilucho. Tenia un tonó de piel blanco y con el rostro y todo su cuerpo lleno de pecas. Su pelo era anaranjado y sus ojos eran de color café. En la cara de aquel chico de 16 años se reflejaba una expresión de miedo única, pero comprendía su miedo. Después de todos solo le estábamos pidiendo que saltara de un segundo piso.
-Vamos, Ignacio, solo es un salto pequeño, no te pasara nada. Solo tienes que caer y tratar de rodar, nada difícil –Contesto el chico a su lado, con una sonrisa maliciosa. Este era un poco más bajo que el chico del pelo anaranjado, aunque al contrario de Ignacio, era notablemente más musculoso, además de que era un año menor. Con un color de piel moreno y un cabello tan oscuro como la noche y con unos característicos ojos café. Ese era Edgar.
-Anímate, si yo lo logré, tú también debes poder. Además, mira hay esta Natacha, tal vez tu salto la impresione y puedas conseguir un cita con ella – Le contestó con una sonrisa burlona otro chico que se encontraba a su lado. Este era alto, el más alto de todos los reunidos, tal vez debía medir 1,80 metros- Era delgado, y era mucho más débil que Ignacio; tenía su misma edad. Con un respectivo tono de piel moreno, con un cabello color café y unos profundos ojos verde. Ese era Josué.
-No lo presionen, si no quiere hacerlo que no lo haga, además lo que puede conseguir de Natacha es una burla, solo pensara que es un mono. –Respondí yo, finalmente. Estaba un poco alejado de los otros tres jóvenes, sentado en una banca mientras me miraba en un espejo. Mi pelo era marrón con unos ojos del mismo color. Era el segundo más alto, con una medida de 1,76 metros, aunque era el más gordo de todos y con una condición física casi tan patética como la de Ignacio. Era de piel blanca y casi con toda la cara llena de acné.
-Bah, calla Rivas. Eres el único que no se atreve a practicar Parkour de nosotros, al menos Ignacio tiene el valor de intentarlo –Contesto Edgar, obviamente burlándose de mí-
-Tal vez no practiqué Parkour porque no quiero salir lastimado ¿Díganme con cuantos huesos rotos han salido practicando Parkour? Hasta donde yo sé, con muchos ¿Y cuantos me eh roto yo? Ninguno, porque no me creo un mono como ustedes –Contesté algo furioso mientras guardaba el espejo en mi bolsillo-
-Si, claro. Todos sabemos que por la única razón por la que no practicas Parkour es porque temes pasar más vergüenza de la que pasa todos los días, claro sí eso es posible –Contestó Josué mientras reía
-Al menos a mi no me confunden con un Zombie, Josué –Comencé a reír ante mi chiste, pero esté mato la risa de todos. Me reía yo solo, parecía un loco.
-¿Ya pueden dejar de decir idioteces? Vinimos aquí a saltar –Contestó Edgar con seriedad- Ignacio, salta ya, me estas estresando.
Ignacio no se quejo, ni hablo. Con las piernas temblándole de miedo, el chico tomó un impulso y procedió a lanzarse de la terraza donde nos encontrábamos hasta el patio del liceo. Aterrizo de puntas mientras con su cuerpo se balanceaba para dar un giró sobre si mismo, todo iba bien, no había sufrido ningún daño gracias al rodamiento, pero debió fijarse mejor hacia donde rodaba.
El débil muchacho había rodado directo hacía excremento de perro. Cuando se levanto pudimos observar como los pantalones negro y la camisa marrón que llevaba, además de todo su rostro estaba lleno de caca. Nadie en el lugar pudo evitar reírse del chico, mientras este intentaba quitarse las manchas de defecación de su cuerpo, seguro deseaba ser tragado por la tierra.
Edgar y Josué saltaron inmediatamente para ver como se encontraba el chico. Estos fijándose donde caían dieron un rodamiento perfecto, sin hacerse daño o caer en mierda, como ya había hecho Ignacio.
Yo en cambio, bajé las escaleras, como hacía la gente normal. Además no quería sufrir un destino peor que el de Ignacio, que seguro pasaría si llegara a saltar, aunque esa no era verdadera mi excusa para no saltar.
Bajé las escaleras para llegar al segundo piso de la institución donde nos encontrábamos. Llegué a un extenso pasillo lleno de puertas. Varios, chicos, de un año o dos menores que yo se encontraban afuera de los salones conversando tranquilamente. Comencé a examinarlos a todos, a mirar a cada lado, buscando a alguien en específico.
Duré diez minutos dando vuelta por aquellos pasillos, preguntándome, donde se encontraría. Ya me había olvidado por completo de lo que le había sucedido a mi amigo.
Cuando me había dado por vencido en mi búsqueda, y decidí marcharme a ver como estaba Ignacio. Llegué al final del pasillo y bajé al primer piso. Fui hasta pasillo que daba con el area descanso, cuando la vi recostada en una pared. Estaba tan hermosa como siempre.
Su bello cabello liso y negro caía delicadamente hasta su espalda. Su rostro, tan delicado como el de un bebe, eran de un color moreno igual que el resto de su cuerpo, de una estatura aproximada de un 1,64 metros. Sus ojos eran de un brillante color café, acompañados de unos bellos labios rosas que lucían suaves y delicados en su hermoso rostro. Sus caderas eran un poco anchas y con unas piernas delicadas igual que el resto de su cuerpo. Esa era Laura, la chica más hermosa que había conocido hasta ahora. Cursaba 3er año
Me llené de alegría al verla, la única persona por la que caminaría por los pasillos de los de 3er año. Pero toda felicidad duraba poco. Laura, estaba acompañada de otro chico que tenía una mano posada a contra la pared, justo al lado de la cabeza de la chica.
Ese era Axel, un chico de mi misma edad, y que estudiaba en la misma sección y año que Ignacio, Edgar, Josué y yo. Era de un color de un cabello de color negro, de ojos verdes y de color moreno. Era un poco más alto que Josué, pero al contario de este, tenía un aspecto físico un poco más robusto, que podría intimidar a cualquiera, si no fuera por su estúpida y asquerosa personalidad.
Los dos jóvenes parecían estar a punto de besarse, llenó de rabia caminé hasta donde estaban los dos tortolitos, dispuesto a arruinar su feliz conversación.
-¡Laura! ¿Cómo estas? –Grité con todas mis fuerzas mientras me dirigía a ellos con una risita de satisfacción en la cara, al ver como arruinaba su momento.
Laura le hizo señas a Axel con los ojos para que apartara su mano. Esté un poco molesto quitó la mamo, permitiéndole a la hermosa joven caminar hasta mí.
-¡Rivas! ¡Qué alegría verte! Estoy bien, bien ¿Tú?
-Mejor, ahora que te vi –Le conteste mientras sonreía-
La chica rió un poco y se sonrojo, al contrarió de Axel, que se enojó. Me propuse a seguir hablando con Laura, pero Axel interrumpió.
-Disculpa, Jesús. Estamos en mitad de algo ¿No te das cuenta? Veté que estas molestando –Se coloco firme, mientras se colocaba frente a Laura
-¡Axel! –Gritó Laura, algo molesta.
-Esta bien no era mi intención molestar –Mentí- Ya me voy, no quiero una pelea, hablamos luego, Laura –Le dije mientras me marchaba al área de descanso, con una aparente expresión de tristeza.
Una vez en el “patio de receso” y que verifiqué que estaba lo suficientemente lejos de los dos jóvenes, comencé a reír, todos se me quedaban mirando, pero no me importaba. Había causado una pelea segura entre Axel y Laura y eso me hacía feliz.
Una vez que estaba en el lugar donde había aterrizado Ignacio, me fijé que ya no se encontraba ni Josué, Edgar e Ignacio hay. Aunque aun quedaban por el alrededor muchos estudiantes que seguían riéndose sobre lo sucedido. Dispuse a irme del lugar, seguro se habrían marchado a buscar algo de ropa para el joven de pelo anaranjado.
Fui hasta mi salón que se encontraba en el primer piso, cerca de la entrada que daba al área de descanso, justo donde estaban Axel y Laura. Me fijé que ya los dos estudiantes no se encontraban en el lugar, por lo que rápidamente supuse una sola cosa, que habíamos entado a clase.
Me apresuré a caminar hasta la puerta del salón y la abrí lo más rápido que pude. Adentró de aquel amplio salón, conocido por todo los estudiantes como “4to A” estaban casi todos mis compañeros de clase sentados en sus respectivas mesas, mientras la coordinadora de los 4to año dando una charla.
-Jesús Rivas, ubíquese en su asiento, por favor. Tenemos de que hablar –La coordinadora Verónica, era una mujer alta, de una estatura aproximada de 1,70 M. Era delgada y de un tono de piel blanco. Un planchado cabello rubio caía hasta su cintura y con unos profundos ojos verde. En su cara se veía claramente una facción de vejez, que le daban a aparentar unos 50 años cuando solo tenía 30.
Siguiendo las órdenes de la profesora, fui a sentarme en mi asiento. Era una mesa que se encontraba al fondo del salón, donde lo que hablaban los profesores apenas lograba oírse y lo que escribían en la pizarra apenas se veía. Además que estaba lejos del resto de mis compañeros, era un lugar solitario, aunque a mi se me daba bien, así podría estar tranquilo.
Traté de poner atención a lo que decía Verónica, pero donde estaba se oía muy poco, aunque si lograba escuchar algunas cosas.
-Verán, Alumnos. No sé cuantas veces ya le eh dicho esto, pero la institución no es para practicar ese deporte al que llaman “Parkour”. Aunque para mí saltar desde un segundo piso es más un intento suicida que un deporte –Tomó una pausa, mientras veía a Josué, Ignacio y a Edgar- Ahora, no venía hablar de eso, como sabrán se supondría que cerraríamos el liceo durante unos días por problemas en el drenaje. Bueno la fecha ah sido adelanta, desde hoy ya no tendrán a clase hasta el 14 de Mayo, que esperamos que este listo todo. Ahora sin más que decir, se pueden ir. Es mejor que se vallan lo más rápido posible, dentro de poco comenzaran los trabajos y no queremos a nadie cerca.
Todos comenzaron a gritar, aunque yo no entendí muy bien lo que dijo, sé que nos estaba retirando de clase, por lo que le seguí la corriente al resto. La coordinadora trato de callarnos, pero cuando se dio cuenta de que era algo imposible, se limito a marcharse del salón. Todos salimos corriendo tras de ella, y fuimos hasta el área de descanso, hasta que quedamos unos pocos nada más.
-Muchas gracias por tu ayuda Rivas, si no fuera por ti ahora estaría limpio –Dijo sarcásticamente Ignacio, quien se encontraba sentado sobre una mesa-
-Vamos Ignacio, ya te dije que me encontré con Laura, primero la chica y luego los amigos.
-Esa regla se aplica solo cuando la chica es tu novia. Cuando es solo alguien que siente lastima por ti, olvídalo –Contestó Josué mientras reía-
-Callate al menos de que quieras comer lodo como la otra vez
El chico no volvió a hablar más
-¿Podemos cambiar el tema de conversación? –Se quejó Natacha, quien veía a Ignacio con total disimulo.
Natacha era una chica delgada, con un color de piel blanco. Su cara era como la de una niña que iba al 4to grado de primaria, tierna y delicada. Sus ojos eran de un azul profundo, tanto como el mar. Medía tal vez unos 1,60 m y era tan delgada como Josué además de que era la menor del grupo, teniendo tan solo 14 años.
-¿Y de qué quieres hablar, Natacha? ¿De Glee? Mira que hoy… -Se apresuró decir Ignacio, pero Edgar lo interrumpió-
-Oh, no hablen de Glee por dios, es una serie para chicas más que todo –Burló Edgar
-¿Entonces por qué yo lo veo? –Pregunto Ignacio
-Es que tu aún no estas definido, simplemente por eso –terminé de burlarme yo-
Todos los presente, menos Natacha comenzaron a reír
-Aún no sé que hago juntándome con ustedes
-Es que no puedes estar lejos de mí, lo sabes. Sé que me amas –Contesté-
-Ya desearías tú –Dijo la chica mientras se levantaba y comenzaba a caminar hacia la salida, Ignacio la siguió.
Ahora solo quedábamos Edgar, Josué y yo, además de otros alumnos que rondaban aun por el liceo.
-Creo que deberíamos irnos ya, no quiero quedarme con el espanta chicas, o mejor dicho Rivas –Comentó Josué mientras se colocaba de pies-
-Jajaja ¿Estas seguro que soy yo el que espanta chicas? Porque yo creo que es tu forma de cadáver las que las ahuyenta
-Yo creo que es más bien los pésimos chistes de ambos –Concluyo Edgar- Ahora vámonos quiero ir a practicar Parkour a la plaza
-Váyanse ustedes, yo me quedaré un rato más. Quiero esperar a Laura
-De acuerdo, chupamedia. Quédate esperando a la novia de Axel –Gritaron mis dos compañeros mientras comenzaban a correr –
-¡Que no son novios! O eso creo…
Me quedé sentado en aquella banca, solo. Mientras me quedaba viendo fijamente a la puerta, esperando a que Laura saliera, aunque no sucedía. Pronto el lugar donde estaba comenzó a quedarse sin estudiantes y ya los albañiles comenzaban a llegar. Supuse que ya Laura se había ido, después de todo ya había pasado una hora desde que habían sido retirados todos los estudiantes del liceo.
Pensaba quedarme un rato más cuando me fijé que por la puerta principal del edificio salía Verónica, tal vez iba a supervisar los alrededor a ver si quedaba algún estudiante. El corazón me comenzó a latir de prisa a causa del miedo. Me paré de la mesa y me lancé a tras de esta lo más rápido que pude.
No sé porque no salí corriendo en principio, fue una estupidez lanzarme detrás de la mesa, aunque ya era muy tarde para arrepentimientos. Me fijé como la coordinadora caminaba hacia la mesa donde estaba escondido, si veía que aun estaba aquí, seguro me castigaría o algo peor, debía actuar rápido.
Comencé retroceder lentamente hacia un alcantarilladlo que estaba detrás de mí. Me fijé que no hubiera ningún albañil cerca y luego procedí a quitar la tapa. No sabía que era lo que estaba haciendo, me encontraba a punto de lanzarme directo a las aguas contaminadas del instituto, aunque era peor que nada ¿Qué me harían mis padres si se enteran de que me castigaron? Me matarían, aunque solo haya sido por una idiotez como esta
Bajé lentamente hacía las cloacas y regrese cuidadosamente la tapa a su lugar. Todo estaba débilmente iluminada por un poco de luz que se filtraba entre la tapa de la alcantarilla. Era un amplio lugar, que olía particularmente mal y por donde el agua pasaba atreves un canal diseñado para su conducción.
Contuve la respiración, el lugar de verdad que olía mal. Parecía como si hubieran depositado varios kilos de estiércol de cerdo combinados con los calcetines sucios de mi padre. Sabía que no era mucho tiempo el que debía pasar aquí, pero el olor lo hacía realmente insoportable. Si tan solo me hubiera ido con los muchachos, no estaría pasando por esto ahora.
De pronto comencé a oír un extraño ruido, parecía como si algo se acercara a toda velocidad. Achiqué los ojos para ver de que se trataba y me di cuenta de algo horrible. A duras penas pude ver como una gigantesca ola, de agua de un verde oscuro se acercaba velozmente hacía mí. Traté rápidamente de subir a la superficie, pero mis sudorosas manos no me permitieron quitar la tapa.
La ola me golpeó. Me golpeo lo más fuerte que pudo. Quede inmerso en una turbulenta corriente de agua contaminada, que lentamente comenzaba a tragar. Luché por subir a la superficie, pero era un intento inútil… el agua estaba hasta el tope, no había superficie alguna donde pudiera respirar.
Dejé de luchar, era obvio que mi muerte estaba cerca y pensar que moriría de esta manera, ahogado entre la contaminación del resto del mundo. Pronto mi pecho comenzó a doler y mis ojos se fueron cerrando hasta que perdí el conocimiento.
[/SPOILER]
Eso es todo. No es un capitulo muy largo tal vez. Y puede carecer de sentido, pero ya irá mejorando, gracías a quienes lo lean
Prólogo: The Life Of a Mutant
Spoiler
No es que discrimine a los humanos comunes por no entender nuestra realidad, es mejor que todo sea así, si ellos solo supieran algo sobre nuestra vida privada, nos odiarían al instaste. ¿Qué harían si supieran que muchos de sus súper héroes favoritos sobornan a los villanos para que los dejen ganar? ¿Qué pensarían si supieran que muchos de sus héroes pertenecen a las mafias del mundo? Después de todo, el bien no siempre domina sobre una persona, y muchos héroes no son las excepciones a esto… incluyéndome.
Desde que obtuve mis poderes eh estado luchando contra lo que consideramos el Ying y el Yang. Nunca eh sabido que camino me corresponde, igual que a otros como yo. Siento un impulso para proteger a las personas normales de cualquier amenaza siempre que estoy presente en algún incidente. Pero también siento el impulso de hacer el mal, por culpa de mis codiciosos deseos, aunque nunca eh llegado a caer tan bajo como otros “héroes”. Siempre eh seguido mi propio camino.
Pero creo que ya aburró con todo esta charla ¿no? Ustedes solo quieren saber mi historia ¿cierto? Pues vamos halla, comencemos con el día que obtuve mis poderes.
[/SPOILER]
No es muy largo, lo sé. Pero aquí va el Día/Capitulo 1
Día 1: El comienzo de todo (I)
Spoiler
Todo inició aquel día. Estaba en el liceo donde estudiaba, bien conocido como el “Básico” pero llamado en realidad “Eloy Guillermo Gonzales”. Un nombre curioso, tal vez Guillermo fue el fundador del liceo, no lo sé con claridad, nunca me ah importado la historia del liceo y supongo que a ustedes tampoco.
El “Básico” era un liceo común. En el se daban las etapas de: 1er año, 2do año, 3er año, 4to año y 5to año. Pero para ser más específicos, se cursaba desde la etapa básica hasta salir del bachillerato. Yo cursó el 4to año, solo me falta poco para salir de este lugar e ir al infierno, o mejor conocido como universidad.
La arquitectura del liceo era común. Un edificio de dos plantas, con una amplia terraza a donde los alumnos iban cuando no querían entrar a alguna asignatura, y el lugar preferido de las parejas para hablar… yo digo que hacían algo más que hablar. Tenía un extenso patio, que se dividía en tres sectores: El campo donde los alumnos practicábamos agricultura, horticultura y fruticultura, tres materias que para mi opinión se impartían solo para que hasta los alumnos más vago pudieran superar el grado sin problemas. El sector del Gimnasio, el lugar donde obviamente todos los alumnos practicábamos educación física. Y finalmente el sector preferido de todos, el área de descanso, era un lugar amplio, que como indica su nombre sirve para descansar. Es un lugar abierto, con algunos árboles que sirven a los estudiantes para que no se quemen con el intenso sol y con varias mesas que usan los estudiante para sentarse a conversar o simplemente desayunar o almorzar la comida que trajeron de casa o que compraron en el cafetín
Y esa es toda la descripción del liceo ¿Se ve bien, no? Pues si, es un paraíso. Pero ya acabemos con esto y empecemos.
[...]
San Carlos/Venezuela. 25/03/12
-¿En verdad tengo que hacer esto? – Sé quejo un chico sentado a mi lado. Era de estatura promedio y de una contextura de un típico debilucho. Tenia un tonó de piel blanco y con el rostro y todo su cuerpo lleno de pecas. Su pelo era anaranjado y sus ojos eran de color café. En la cara de aquel chico de 16 años se reflejaba una expresión de miedo única, pero comprendía su miedo. Después de todos solo le estábamos pidiendo que saltara de un segundo piso.
-Vamos, Ignacio, solo es un salto pequeño, no te pasara nada. Solo tienes que caer y tratar de rodar, nada difícil –Contesto el chico a su lado, con una sonrisa maliciosa. Este era un poco más bajo que el chico del pelo anaranjado, aunque al contrario de Ignacio, era notablemente más musculoso, además de que era un año menor. Con un color de piel moreno y un cabello tan oscuro como la noche y con unos característicos ojos café. Ese era Edgar.
-Anímate, si yo lo logré, tú también debes poder. Además, mira hay esta Natacha, tal vez tu salto la impresione y puedas conseguir un cita con ella – Le contestó con una sonrisa burlona otro chico que se encontraba a su lado. Este era alto, el más alto de todos los reunidos, tal vez debía medir 1,80 metros- Era delgado, y era mucho más débil que Ignacio; tenía su misma edad. Con un respectivo tono de piel moreno, con un cabello color café y unos profundos ojos verde. Ese era Josué.
-No lo presionen, si no quiere hacerlo que no lo haga, además lo que puede conseguir de Natacha es una burla, solo pensara que es un mono. –Respondí yo, finalmente. Estaba un poco alejado de los otros tres jóvenes, sentado en una banca mientras me miraba en un espejo. Mi pelo era marrón con unos ojos del mismo color. Era el segundo más alto, con una medida de 1,76 metros, aunque era el más gordo de todos y con una condición física casi tan patética como la de Ignacio. Era de piel blanca y casi con toda la cara llena de acné.
-Bah, calla Rivas. Eres el único que no se atreve a practicar Parkour de nosotros, al menos Ignacio tiene el valor de intentarlo –Contesto Edgar, obviamente burlándose de mí-
-Tal vez no practiqué Parkour porque no quiero salir lastimado ¿Díganme con cuantos huesos rotos han salido practicando Parkour? Hasta donde yo sé, con muchos ¿Y cuantos me eh roto yo? Ninguno, porque no me creo un mono como ustedes –Contesté algo furioso mientras guardaba el espejo en mi bolsillo-
-Si, claro. Todos sabemos que por la única razón por la que no practicas Parkour es porque temes pasar más vergüenza de la que pasa todos los días, claro sí eso es posible –Contestó Josué mientras reía
-Al menos a mi no me confunden con un Zombie, Josué –Comencé a reír ante mi chiste, pero esté mato la risa de todos. Me reía yo solo, parecía un loco.
-¿Ya pueden dejar de decir idioteces? Vinimos aquí a saltar –Contestó Edgar con seriedad- Ignacio, salta ya, me estas estresando.
Ignacio no se quejo, ni hablo. Con las piernas temblándole de miedo, el chico tomó un impulso y procedió a lanzarse de la terraza donde nos encontrábamos hasta el patio del liceo. Aterrizo de puntas mientras con su cuerpo se balanceaba para dar un giró sobre si mismo, todo iba bien, no había sufrido ningún daño gracias al rodamiento, pero debió fijarse mejor hacia donde rodaba.
El débil muchacho había rodado directo hacía excremento de perro. Cuando se levanto pudimos observar como los pantalones negro y la camisa marrón que llevaba, además de todo su rostro estaba lleno de caca. Nadie en el lugar pudo evitar reírse del chico, mientras este intentaba quitarse las manchas de defecación de su cuerpo, seguro deseaba ser tragado por la tierra.
Edgar y Josué saltaron inmediatamente para ver como se encontraba el chico. Estos fijándose donde caían dieron un rodamiento perfecto, sin hacerse daño o caer en mierda, como ya había hecho Ignacio.
Yo en cambio, bajé las escaleras, como hacía la gente normal. Además no quería sufrir un destino peor que el de Ignacio, que seguro pasaría si llegara a saltar, aunque esa no era verdadera mi excusa para no saltar.
Bajé las escaleras para llegar al segundo piso de la institución donde nos encontrábamos. Llegué a un extenso pasillo lleno de puertas. Varios, chicos, de un año o dos menores que yo se encontraban afuera de los salones conversando tranquilamente. Comencé a examinarlos a todos, a mirar a cada lado, buscando a alguien en específico.
Duré diez minutos dando vuelta por aquellos pasillos, preguntándome, donde se encontraría. Ya me había olvidado por completo de lo que le había sucedido a mi amigo.
Cuando me había dado por vencido en mi búsqueda, y decidí marcharme a ver como estaba Ignacio. Llegué al final del pasillo y bajé al primer piso. Fui hasta pasillo que daba con el area descanso, cuando la vi recostada en una pared. Estaba tan hermosa como siempre.
Su bello cabello liso y negro caía delicadamente hasta su espalda. Su rostro, tan delicado como el de un bebe, eran de un color moreno igual que el resto de su cuerpo, de una estatura aproximada de un 1,64 metros. Sus ojos eran de un brillante color café, acompañados de unos bellos labios rosas que lucían suaves y delicados en su hermoso rostro. Sus caderas eran un poco anchas y con unas piernas delicadas igual que el resto de su cuerpo. Esa era Laura, la chica más hermosa que había conocido hasta ahora. Cursaba 3er año
Me llené de alegría al verla, la única persona por la que caminaría por los pasillos de los de 3er año. Pero toda felicidad duraba poco. Laura, estaba acompañada de otro chico que tenía una mano posada a contra la pared, justo al lado de la cabeza de la chica.
Ese era Axel, un chico de mi misma edad, y que estudiaba en la misma sección y año que Ignacio, Edgar, Josué y yo. Era de un color de un cabello de color negro, de ojos verdes y de color moreno. Era un poco más alto que Josué, pero al contario de este, tenía un aspecto físico un poco más robusto, que podría intimidar a cualquiera, si no fuera por su estúpida y asquerosa personalidad.
Los dos jóvenes parecían estar a punto de besarse, llenó de rabia caminé hasta donde estaban los dos tortolitos, dispuesto a arruinar su feliz conversación.
-¡Laura! ¿Cómo estas? –Grité con todas mis fuerzas mientras me dirigía a ellos con una risita de satisfacción en la cara, al ver como arruinaba su momento.
Laura le hizo señas a Axel con los ojos para que apartara su mano. Esté un poco molesto quitó la mamo, permitiéndole a la hermosa joven caminar hasta mí.
-¡Rivas! ¡Qué alegría verte! Estoy bien, bien ¿Tú?
-Mejor, ahora que te vi –Le conteste mientras sonreía-
La chica rió un poco y se sonrojo, al contrarió de Axel, que se enojó. Me propuse a seguir hablando con Laura, pero Axel interrumpió.
-Disculpa, Jesús. Estamos en mitad de algo ¿No te das cuenta? Veté que estas molestando –Se coloco firme, mientras se colocaba frente a Laura
-¡Axel! –Gritó Laura, algo molesta.
-Esta bien no era mi intención molestar –Mentí- Ya me voy, no quiero una pelea, hablamos luego, Laura –Le dije mientras me marchaba al área de descanso, con una aparente expresión de tristeza.
Una vez en el “patio de receso” y que verifiqué que estaba lo suficientemente lejos de los dos jóvenes, comencé a reír, todos se me quedaban mirando, pero no me importaba. Había causado una pelea segura entre Axel y Laura y eso me hacía feliz.
Una vez que estaba en el lugar donde había aterrizado Ignacio, me fijé que ya no se encontraba ni Josué, Edgar e Ignacio hay. Aunque aun quedaban por el alrededor muchos estudiantes que seguían riéndose sobre lo sucedido. Dispuse a irme del lugar, seguro se habrían marchado a buscar algo de ropa para el joven de pelo anaranjado.
Fui hasta mi salón que se encontraba en el primer piso, cerca de la entrada que daba al área de descanso, justo donde estaban Axel y Laura. Me fijé que ya los dos estudiantes no se encontraban en el lugar, por lo que rápidamente supuse una sola cosa, que habíamos entado a clase.
Me apresuré a caminar hasta la puerta del salón y la abrí lo más rápido que pude. Adentró de aquel amplio salón, conocido por todo los estudiantes como “4to A” estaban casi todos mis compañeros de clase sentados en sus respectivas mesas, mientras la coordinadora de los 4to año dando una charla.
-Jesús Rivas, ubíquese en su asiento, por favor. Tenemos de que hablar –La coordinadora Verónica, era una mujer alta, de una estatura aproximada de 1,70 M. Era delgada y de un tono de piel blanco. Un planchado cabello rubio caía hasta su cintura y con unos profundos ojos verde. En su cara se veía claramente una facción de vejez, que le daban a aparentar unos 50 años cuando solo tenía 30.
Siguiendo las órdenes de la profesora, fui a sentarme en mi asiento. Era una mesa que se encontraba al fondo del salón, donde lo que hablaban los profesores apenas lograba oírse y lo que escribían en la pizarra apenas se veía. Además que estaba lejos del resto de mis compañeros, era un lugar solitario, aunque a mi se me daba bien, así podría estar tranquilo.
Traté de poner atención a lo que decía Verónica, pero donde estaba se oía muy poco, aunque si lograba escuchar algunas cosas.
-Verán, Alumnos. No sé cuantas veces ya le eh dicho esto, pero la institución no es para practicar ese deporte al que llaman “Parkour”. Aunque para mí saltar desde un segundo piso es más un intento suicida que un deporte –Tomó una pausa, mientras veía a Josué, Ignacio y a Edgar- Ahora, no venía hablar de eso, como sabrán se supondría que cerraríamos el liceo durante unos días por problemas en el drenaje. Bueno la fecha ah sido adelanta, desde hoy ya no tendrán a clase hasta el 14 de Mayo, que esperamos que este listo todo. Ahora sin más que decir, se pueden ir. Es mejor que se vallan lo más rápido posible, dentro de poco comenzaran los trabajos y no queremos a nadie cerca.
Todos comenzaron a gritar, aunque yo no entendí muy bien lo que dijo, sé que nos estaba retirando de clase, por lo que le seguí la corriente al resto. La coordinadora trato de callarnos, pero cuando se dio cuenta de que era algo imposible, se limito a marcharse del salón. Todos salimos corriendo tras de ella, y fuimos hasta el área de descanso, hasta que quedamos unos pocos nada más.
-Muchas gracias por tu ayuda Rivas, si no fuera por ti ahora estaría limpio –Dijo sarcásticamente Ignacio, quien se encontraba sentado sobre una mesa-
-Vamos Ignacio, ya te dije que me encontré con Laura, primero la chica y luego los amigos.
-Esa regla se aplica solo cuando la chica es tu novia. Cuando es solo alguien que siente lastima por ti, olvídalo –Contestó Josué mientras reía-
-Callate al menos de que quieras comer lodo como la otra vez
El chico no volvió a hablar más
-¿Podemos cambiar el tema de conversación? –Se quejó Natacha, quien veía a Ignacio con total disimulo.
Natacha era una chica delgada, con un color de piel blanco. Su cara era como la de una niña que iba al 4to grado de primaria, tierna y delicada. Sus ojos eran de un azul profundo, tanto como el mar. Medía tal vez unos 1,60 m y era tan delgada como Josué además de que era la menor del grupo, teniendo tan solo 14 años.
-¿Y de qué quieres hablar, Natacha? ¿De Glee? Mira que hoy… -Se apresuró decir Ignacio, pero Edgar lo interrumpió-
-Oh, no hablen de Glee por dios, es una serie para chicas más que todo –Burló Edgar
-¿Entonces por qué yo lo veo? –Pregunto Ignacio
-Es que tu aún no estas definido, simplemente por eso –terminé de burlarme yo-
Todos los presente, menos Natacha comenzaron a reír
-Aún no sé que hago juntándome con ustedes
-Es que no puedes estar lejos de mí, lo sabes. Sé que me amas –Contesté-
-Ya desearías tú –Dijo la chica mientras se levantaba y comenzaba a caminar hacia la salida, Ignacio la siguió.
Ahora solo quedábamos Edgar, Josué y yo, además de otros alumnos que rondaban aun por el liceo.
-Creo que deberíamos irnos ya, no quiero quedarme con el espanta chicas, o mejor dicho Rivas –Comentó Josué mientras se colocaba de pies-
-Jajaja ¿Estas seguro que soy yo el que espanta chicas? Porque yo creo que es tu forma de cadáver las que las ahuyenta
-Yo creo que es más bien los pésimos chistes de ambos –Concluyo Edgar- Ahora vámonos quiero ir a practicar Parkour a la plaza
-Váyanse ustedes, yo me quedaré un rato más. Quiero esperar a Laura
-De acuerdo, chupamedia. Quédate esperando a la novia de Axel –Gritaron mis dos compañeros mientras comenzaban a correr –
-¡Que no son novios! O eso creo…
Me quedé sentado en aquella banca, solo. Mientras me quedaba viendo fijamente a la puerta, esperando a que Laura saliera, aunque no sucedía. Pronto el lugar donde estaba comenzó a quedarse sin estudiantes y ya los albañiles comenzaban a llegar. Supuse que ya Laura se había ido, después de todo ya había pasado una hora desde que habían sido retirados todos los estudiantes del liceo.
Pensaba quedarme un rato más cuando me fijé que por la puerta principal del edificio salía Verónica, tal vez iba a supervisar los alrededor a ver si quedaba algún estudiante. El corazón me comenzó a latir de prisa a causa del miedo. Me paré de la mesa y me lancé a tras de esta lo más rápido que pude.
No sé porque no salí corriendo en principio, fue una estupidez lanzarme detrás de la mesa, aunque ya era muy tarde para arrepentimientos. Me fijé como la coordinadora caminaba hacia la mesa donde estaba escondido, si veía que aun estaba aquí, seguro me castigaría o algo peor, debía actuar rápido.
Comencé retroceder lentamente hacia un alcantarilladlo que estaba detrás de mí. Me fijé que no hubiera ningún albañil cerca y luego procedí a quitar la tapa. No sabía que era lo que estaba haciendo, me encontraba a punto de lanzarme directo a las aguas contaminadas del instituto, aunque era peor que nada ¿Qué me harían mis padres si se enteran de que me castigaron? Me matarían, aunque solo haya sido por una idiotez como esta
Bajé lentamente hacía las cloacas y regrese cuidadosamente la tapa a su lugar. Todo estaba débilmente iluminada por un poco de luz que se filtraba entre la tapa de la alcantarilla. Era un amplio lugar, que olía particularmente mal y por donde el agua pasaba atreves un canal diseñado para su conducción.
Contuve la respiración, el lugar de verdad que olía mal. Parecía como si hubieran depositado varios kilos de estiércol de cerdo combinados con los calcetines sucios de mi padre. Sabía que no era mucho tiempo el que debía pasar aquí, pero el olor lo hacía realmente insoportable. Si tan solo me hubiera ido con los muchachos, no estaría pasando por esto ahora.
De pronto comencé a oír un extraño ruido, parecía como si algo se acercara a toda velocidad. Achiqué los ojos para ver de que se trataba y me di cuenta de algo horrible. A duras penas pude ver como una gigantesca ola, de agua de un verde oscuro se acercaba velozmente hacía mí. Traté rápidamente de subir a la superficie, pero mis sudorosas manos no me permitieron quitar la tapa.
La ola me golpeó. Me golpeo lo más fuerte que pudo. Quede inmerso en una turbulenta corriente de agua contaminada, que lentamente comenzaba a tragar. Luché por subir a la superficie, pero era un intento inútil… el agua estaba hasta el tope, no había superficie alguna donde pudiera respirar.
Dejé de luchar, era obvio que mi muerte estaba cerca y pensar que moriría de esta manera, ahogado entre la contaminación del resto del mundo. Pronto mi pecho comenzó a doler y mis ojos se fueron cerrando hasta que perdí el conocimiento.
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Eso es todo. No es un capitulo muy largo tal vez. Y puede carecer de sentido, pero ya irá mejorando, gracías a quienes lo lean

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Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.




