Prologo: Un encuentro inesperado
Esto es solo un prólogo, para presentar al protagonista y mostrar como conoció a us pokemon, es un capitulo piloto para saber que es lo que le gusta la lector fanático de pokemon. Todas las críticas son recibidas siempre que sean dichas con educación, por lo demás, disfruten!
Capitulo 1: Un encuentro inesperado
Matías era ya un hombre adulto, no era un señor pero ya había pasado la adolescencia y ya se podía decir que tenía "veintitantos", en realidad tenía 22, pero él se sentía más viejo o mas maduro depende de quien lo mire.
Los pokemon lo habían encontrado fuera de lugar. Si, conocía a los pokemon. Si, los conocía uno por uno y mucho. Desde la infancia los conocía, pero durante su infancia no estuvo en contacto con los pokemon, devoro libros y libros, entendiendo su naturaleza, conociendo sus características y estudiándolos a fondo, no era un erudito, pero con el conocimiento que tenía, veía a los pokemon de una manera diferente que muchos de los entrenadores jamás comprenderían.
Comprendió esto durante su adolescencia, cuando quería hablar con sus amigos sobre la forma de pararse del Chimchar que de esta manera evitaba quemarse con su cola, los puntos eléctricos de Pikachu en su cara que generaban una corriente de la punta de los pies hasta sus orejas, ante esta ideas, sus compañeros solamente eran capaces de balbucear los distintos tipos de ataques que podían realizar. Una frustración total.
Matías se encontró con los pokemon de casualidad, si es que la casualidad tiene que ver algo con el destino. Matías estaba inmerso en su mundo, tenia trabajo y estudiaba pero nada relacionado con pokemon. Ese día llovía mucho, y las calles estaban inundadas, varias cuadras estuvo caminando hasta que llego a la intersección que tenia que cruzar, justo enfrente se encontraba el local donde Matías trabajaba, pero la calle entera se encontraba inundada.
Sin pensarlo mucho, Matías empezó a cruzar la calle, todo iba bien hasta que tropezó, aterrado se dio cuenta de que no era que había tropezado sino que su pie se había hundido en una bocacalle abierta: el agua le había impedido verla. Tratando de tranquilizarse trato de acomodarse para sacar el pie, pero perdió el equilibrio y cayo sobre la calle inundada y ahí se dio cuenta de que su pie era succionado por la corriente que había en los caños.
Trato de zafarse desesperadamente, pero a la vez que lo hacia perdía equilibrio hasta que tubo la mitad del cuerpo introducido en la bocacalle y solo sus brazos impedían que la corriente lo llevara. Con el agua casi hasta el cuello, sus brazos cedieron y la corriente lo arrastro. Lo último que recuerda es la sensación de sentirse arrastrado en la oscuridad y después no recuerda más.
Despertó, seminconsciente y se dio cuenta de que se había quedado trabado en unas escaleras de salida a la calle. La corriente ahora no existía por lo que pudo incorporarse lastimosamente debido a los golpes que había recibido, miro alrededor y se dio cuenta de que estaba en una especie de cámara donde la gente que trabajaba en los túneles usaba para apilar maquinaria, sin duda la fuerza de la corriente lo arrastro hacia allí milagrosamente vivo.
Se dirigió entonces hacia la escalera, para tratar de salir a la calle. Camino unos pasos cuando un ruido sonó a sus espaldas, un ruido seco y una multitud de pequeñas piernas corrieran. Se dio vuelta, y allí a un par de metros vio a un Venipede, el pokemon se acercaba hacia él y dios sabe por que, con la clara intención de por lo menos hacerle daño.
- Wow, espera un momento… - dijo Matías.
Pero el Venipede siguió su marcha cada vez más rápido.
Sin esperar un momento Matías corrió tanto como pude tratando de alejarse lo mas rápido posible de su potencial asesino, Matías no olvidada a pesar de los golpes que el veneno del Venipede es mortal y él no estaba en condiciones de tratar de disuadirlo, así que doliéndole todo el cuerpo, Matías empezó a correr por el túnel.
Corrió y corrió hasta que su maltrecho cuerpo no dio mas y cayó en un charco de agua sucia, se dio media vuelta y vio como el pokemon iba hacia el a toda velocidad, miro a su alrededor buscando algún tipo de arma para defenderse, cuando lo vio. En un recoveco vio a un pequeño y asustado Charmander, estaba totalmente sucio y el fuego de su cola casi extinguido, ese pokemon sin duda estaba en las últimas.
- ¡Ayúdame, Charmander! – imploró el chico.
Y entonces Charmander levantó la cabeza que ocultaba entre sus garras, y observó como el Venipede se acercaba a toda velocidad. Si le preguntaran a Matías por que el Charmander hizo lo que hizo, no encontraría explicación y si le pudiéramos preguntar al pokemon porque lo hizo creo que él tampoco podría saberlo, pero un gruñido surgió de la garganta de Charmander, y el Venipede se detuvo de seco y pareció mas reacio a atacar, Matías lo reconoció: era gruñido, un movimiento para hacer que los pokemon pensaran dos veces antes de atacar.
De un salto, Charmander se puso de pie y el Venipede se dirigió hacia el lanzando un picotazo venenoso que Charmander pudo esquivar. La fina “aguja” fue a clavarse a la pared.
- ¡Quémalo, Charmander! – gritó nervioso Matías, pero el pokemon no se movió. - ¿Que digo? ¡Ascuas Charmander! – dijo victorioso Matías, pues sabia que los pokemon bicho son buena madera para el fuego.
Pero el pokemon tipo fuego se quedo quieto.
- Diablos, no debe haberlo aprendido todavía ese movimiento – pensó rápidamente Matías.
- !Entonces haz arañazo!– grito desesperado Matías al ver a Venipede tan cerca de Charmander.
Y entonces lo hizo, con un grácil movimiento Charmander golpeo a su oponente con sus garras en medio del rostro y lo hizo volar un par de metros. Fue un golpe crítico, la buena fortuna y sobre todo el poder de Charmander habían vencido a ese Venipede.
Charmander miro a Matías y su pequeña flama se encendió aun más. Matías se acercó y se arrodillo junto a charmander y apoyo su cabeza contra la de él.
- Gracias, simplemente gracias – alcanzo a decir.
No tuvo tiempo ni de completar la frase cuando escucho algo en el túnel, miro hacia allí y el alma casi se le cae a los pies: decenas de venipede se acercaban hacia ellos, por las paredes por el techo y por el suelo.
Solo gracias a la suerte habían vencido a ese venipede y Matías sabia que no podían vencer a otro y mucho menos a decenas, por lo que subió a sus espaldas al dañado pokemon tipo fuego y corrió (mas bien camino rápidamente arrastrando una pierna) hacia la escalera mas cercana.
Una escalera nunca se le había hecho tan larga, subió y subió y vio la luz del sol, la tapa de la bocacalle estaba abierta. Cuando salió, rápidamente tapó ese agujero infernal con la tapa que estaba al costado, no la levanto, era demasiado pesada, simplemente la arrastro.
Habían sobrevivido, el sol los miraba desde arriba y podía sentir el viento fresco mientras yacía acostado junto a Charmander. Se incorporó y miro a su alrededor, la tienda donde trabajaba estaba al otro lado de la calle, había vuelto a donde había comenzado.
Capitulo 2: Sorpresa Hogareña
Respirando profundamente Matías se incorporó, algunos transeúntes lo miraban extrañados. Miro al costado y vio a Charmander sentado, observando todo a su alrededor extrañado y confundido.
- Ey, amigo, estas bien, ¿No? – le pregunto Matías al confundido pokemon.
- Char, char – respondió Charmander afirmando con la cabeza.
- Emm, bueno, lo primero que haremos será llevarte al centro pokemon… o quizá sea mejor que primero vaya a un hospital.
-
En ese instante Charmander cayo, y se golpeo duramente contra el piso.
Matías desesperado se arrodillo junto a él y pudo observar en el brazo de Charmander un rasguño y ahí comprendió. El ataque de Venipede lo había rozado y el veneno estaba circulando.
Lo tomo entre sus brazos y grito pidiendo ayuda. Los transeúntes lo miraron mas extrañados todavía.
- Ayuda! – pidió a gritos – Charmander esta envenenado.
Y un muchacho que pasaba por allí le dijo socarronamente:
- Amigo, dale un antídoto o llévalo al centro pokemon, sos idiota si no sabes eso – y rio a carcajadas junto a sus amigos.
-
Matías no lo comprendió. ¿Tan poco serio era que Charmander estuviera sufriendo y agonizando quizás?
- Pero esta muy delicado, necesito ayuda por favor – dijo Matias.
- Oye amigo, si no sabes cuidar a tus pokemon eso no es problema mio, la próxima vez ten mas cuidado, y si no te servirá de experiencia para el próximo pokemon.
- Ey, déjalo en paz – una voz sonó entre el publico – el centro pokemon esta a 2 cuadras yendo por esa calle.
-
Antes de que terminara la frase, Matías ya estaba corriendo a mitad de la calle con el herido pokemon en sus brazos.
- Hola, buen día, bienvenido al cen… - empezó a decir la enfermera de guardia.
- Charmander esta envenenado, tuvo una pelea con Venipede y por eso…
- Muy bien, dame un momento y estará como nuevo. – dijo tomando a Charmander y llevándolo detrás de una puerta.
-
Matías espió a ver lo que hacia para justo poder observar que la enfermera le suministraba una bebida a charmander.
- Listo – dijo cuando volvió. – ya le di un antídoto y en pocas horas estará listo.
Matías se dejo caer pesadamente sobre uno de los asientos del centro, no sabe cuanto tiempo paso, quizá una hora, quizás dos. Después de rechazar insistentemente las propuestas de un hombre que quería venderle un Magikarp por 500 pesos Matías cayó profundamente dormido.
Al despertarse se dio cuenta de que el pokemon estaba parado frente suyo.
- Char, charmander – dijo dulcemente.
- Bueno, supongo que esta es tu manera de decir “gracias”. – dijo Matías – Emm, vamos para casa entonces. Necesito descansar un poco.
Matías vivía solo, se había mudado de la casa de sus padres cuando empezó a estudiar en la universidad, se mudo lo mas cerca que pudo de la misma, dado que para lo que cobraba ni siquiera tenia para gastar en viajes. Ahora ni siquiera sabia como iba a alimentar a Charmander, dado que como el bien sabia, había pokemon que era una fortuna alimentarlos, y charmander se encontraba entre ellos.
Recordó también que el alimento que charmander consumía debía ser rico en proteínas, esto era porque debía mantener su cola prendida indefinidamente. Una vez digerido el alimento, las proteínas y demás nutrientes iban a un segundo estomago situado en la parte baja donde esos nutrientes estimulaban una glándula que generaba suficiente “combustible” para que la llama se mantuviera prendida. Si la glándula fallaba el pokemon moría, pero también era al revés, si la llama se apagaba, el pokemon moría congelado ya que era la llama lo que mantenía su temperatura corporal.
Por fin llegaron a su casa y Charmander lo siguió hasta la puerta.
- Bueno, hogar dulce hogar, Charmander este es mi hogar. – dijo Matías señalando la casa.
Charmander miro con mirada fija la casa y gruño.
- ¿Que pasa Charmander? – dijo extrañado Matías.
Matías observo hacia su casa y se sorprendió de encontrar la puerta abierta.
- ¿Qué paso aca? – dijo mientras empujaba la puerta para entrar.
- ¡Zubat, supersónico!
Matías se llevo tal sorpresa que trastabillo hacia atrás y cayó. Puedo observar como el espacio se doblaba y volvia a la normalidad al pasar el ataque del pokemon.
- ¡Que diablos! Ladrones! – grito Matías.
Charmander entro corriendo a la casa, y usando a Matías como trampolín le dio un arañazo limpio a Zubat, este desorientado choco contra las paredes hasta que pudo remontar vuelo en el limitado espacio de la casa.
- Charmander! Ascuas! – grito histérico Matías. – Ah, cierto que toda…
El pokemon cerro su boca, hincho su estomago y Matías pudo sentir el increíble calor incluso antes de que el fuego saliera de su boca. El combate con Venipede le permitió mejorar sus habilidades.
Charmander vomito una bocanada de fuego que quemo a Zubat. El pobre pokemon prendido fuego, choco contra la pared y aterrado de dolor fue recorriendo toda la casa.
Matías vio como una silueta salía corriendo por encima suyo dejando caer el fajo de billetes que Matías guardaba en un cajón.
Mientras, el aterrado zubat iba incendiando toda la casa, hasta que cayó en un rincón, ya carbonizado. Pero la casa estaba prácticamente en llamas, tomo el fajo de billetes y salió corriendo hacia afuera. Charmander lo siguió y juntos observaron como su humilde hogar era reducido a cenizas.
Matías no podía creerlo, todas sus pertenencias estaban allí. Sus apuntes de la universidad, sus libros, su computadora, pero por lo menos estaban bien. Siempre podía volver a casa de sus padres.
Resignado, guardo la plata en el bolsillo y empezó a caminar para ir a buscar un ómnibus que lo dejara cerca de la casa de sus padres, no valía la pena esperar a los bomberos, el fuego ya estaba consumiendo todo y los bomberos tardaban horas en llegar a esa zona.
Camino por cerca de media hora cuando un vehículo se detuvo bruscamente. Cuando la puerta de la camioneta se abrió bajo un hombre enteramente de negro y cuya única comunicación fue un garrotazo en la cabeza.
Capitulo 3: La razón de la locura
La luz de la bombilla titilo. La fina cuerda se le clavaba en la carne. La malévola forma de atarlo así, sin duda fue hecha para maximizar el dolor y no permitirle ni un momento de descanso. Matías se hallaba tirado en el piso, de costado con una cuerda que le pasaba por el cuello e iba hasta los tobillos, de esta manera tenia que arquear la espalda hacia atrás para no ahorcarse con la cuerda y también debía mantener las piernas echadas para atrás, arqueando la espalda.
Un hombre en un carísimo traje le pregunto la misma pregunta que le venia haciendo hace horas. La pregunta era simple.
- ¿Quién te dio ese Charmander?
Matías otra vez le conto la historia, de que lo había encontrado en las alcantarillas y que le había salvado la vida. Y una y otra vez el hombre se enfurecía y lo pateaba furiosamente. Matías ya no sabia ni siquiera donde estaba ni cuanto tiempo había pasado, lo único que le importaba era que se detuvieran.
- ¿Dónde están los apuntes? ¿Y las muestras? – gritaba desaforado ese hombre.
Matías balbuceaba que no sabia de que le estaban hablando pero el hombre seguía el interminable interrogatorio.
Cada vez veía peor la luz, ya no escuchaba nada y lo poco que podía ver se le estaba haciendo cada vez más borroso, iba a desmayarse de nuevo.
Y muy débilmente escucho lo siguiente:
- ¡Haxorus, pulso dragón! – y todo se vino abajo.
Una gran roca golpeó al hombre de traje en la cabeza y lo dejo fuera de combate.
Matías observo como un gran trozo de pared caía y pudo ver como una mujer entraba por el boquete.
- Dios… - murmuró horrorizada al ver el estado en que se encontraba Matías.
Saco un cuchillo y empezó a cortar la fina, aunque resistente soga. Mientras se escuchaban voces del exterior, gritos de pokemon, explosiones, gritos de dolor tanto de entrenadores como de pokemon.
- Listo – dijo liberando a Matías - Gimió al volver su cuerpo a la posición original, pero por lo menos el dolor había cedido bastante.
- Vamos, rápido, no tenemos mucho tiempo – dijo la mujer levantándolo y arrastrándolo por la entrada.
Afuera era un caos, explosiones y haces de luz por todos lados, junto a ellos se estrello un Corphis, dejando un gran cráter en la pared.
Matías pudo ver a un enorme hombre que dirigía a un aún mas grande Ursaring, el entrenador al mismo tiempo que daba ordenes a su pokemon daba golpes a diestra y siniestra tanto a pokemon que se cruzaban en su camino como a entrenadores.
- ¡Michael! ¡Nos vamos! – gritó la mujer dirigiéndose a un adolescente que estaba peleando con su Pidgeot contra un venusaur.
- ¡Enseguida Alessa! – le respondió el chico - ¡Pidgeot! ¡Ataque Aéreo! – y el Venusaur salió despedido.
A toda velocidad se acercaron, tanto pokemon como entrenador y subieron a Matías arriba del Pidgeot, el chico y Alessa subieron detrás.
El Pidgeot se elevó majestuosamente y Matías pudo ver donde había estado encerrado, era una especie de pequeña fortaleza de varios pisos, y había luchas por todo alrededor.
- ¡Retirada! ¡Nos vamos! – gritó Alessa mientras el Pidgeot sobrevolaba el campo de batalla.
Matías pudo observar, como los entrenadores con los pokemon que se encontraban en el exterior se retiraban a toda velocidad. Matías no pudo aguantar mas, las horas de tortura, los golpes que había recibido en la alcantarilla lo habían llevado a su límite, recostado sobre la cola de Pidgeot vio como Alessa arrodillada se acercaba hacia él.
- ¡Espera! ¡No te desmayes! ¡Dime donde esta el Pokerús! – fue lo último que alcanzo a escuchar Matías antes de sumirse en la oscuridad.
Capitulo 1: Un encuentro inesperado
Matías era ya un hombre adulto, no era un señor pero ya había pasado la adolescencia y ya se podía decir que tenía "veintitantos", en realidad tenía 22, pero él se sentía más viejo o mas maduro depende de quien lo mire.
Los pokemon lo habían encontrado fuera de lugar. Si, conocía a los pokemon. Si, los conocía uno por uno y mucho. Desde la infancia los conocía, pero durante su infancia no estuvo en contacto con los pokemon, devoro libros y libros, entendiendo su naturaleza, conociendo sus características y estudiándolos a fondo, no era un erudito, pero con el conocimiento que tenía, veía a los pokemon de una manera diferente que muchos de los entrenadores jamás comprenderían.
Comprendió esto durante su adolescencia, cuando quería hablar con sus amigos sobre la forma de pararse del Chimchar que de esta manera evitaba quemarse con su cola, los puntos eléctricos de Pikachu en su cara que generaban una corriente de la punta de los pies hasta sus orejas, ante esta ideas, sus compañeros solamente eran capaces de balbucear los distintos tipos de ataques que podían realizar. Una frustración total.
Matías se encontró con los pokemon de casualidad, si es que la casualidad tiene que ver algo con el destino. Matías estaba inmerso en su mundo, tenia trabajo y estudiaba pero nada relacionado con pokemon. Ese día llovía mucho, y las calles estaban inundadas, varias cuadras estuvo caminando hasta que llego a la intersección que tenia que cruzar, justo enfrente se encontraba el local donde Matías trabajaba, pero la calle entera se encontraba inundada.
Sin pensarlo mucho, Matías empezó a cruzar la calle, todo iba bien hasta que tropezó, aterrado se dio cuenta de que no era que había tropezado sino que su pie se había hundido en una bocacalle abierta: el agua le había impedido verla. Tratando de tranquilizarse trato de acomodarse para sacar el pie, pero perdió el equilibrio y cayo sobre la calle inundada y ahí se dio cuenta de que su pie era succionado por la corriente que había en los caños.
Trato de zafarse desesperadamente, pero a la vez que lo hacia perdía equilibrio hasta que tubo la mitad del cuerpo introducido en la bocacalle y solo sus brazos impedían que la corriente lo llevara. Con el agua casi hasta el cuello, sus brazos cedieron y la corriente lo arrastro. Lo último que recuerda es la sensación de sentirse arrastrado en la oscuridad y después no recuerda más.
Despertó, seminconsciente y se dio cuenta de que se había quedado trabado en unas escaleras de salida a la calle. La corriente ahora no existía por lo que pudo incorporarse lastimosamente debido a los golpes que había recibido, miro alrededor y se dio cuenta de que estaba en una especie de cámara donde la gente que trabajaba en los túneles usaba para apilar maquinaria, sin duda la fuerza de la corriente lo arrastro hacia allí milagrosamente vivo.
Se dirigió entonces hacia la escalera, para tratar de salir a la calle. Camino unos pasos cuando un ruido sonó a sus espaldas, un ruido seco y una multitud de pequeñas piernas corrieran. Se dio vuelta, y allí a un par de metros vio a un Venipede, el pokemon se acercaba hacia él y dios sabe por que, con la clara intención de por lo menos hacerle daño.
- Wow, espera un momento… - dijo Matías.
Pero el Venipede siguió su marcha cada vez más rápido.
Sin esperar un momento Matías corrió tanto como pude tratando de alejarse lo mas rápido posible de su potencial asesino, Matías no olvidada a pesar de los golpes que el veneno del Venipede es mortal y él no estaba en condiciones de tratar de disuadirlo, así que doliéndole todo el cuerpo, Matías empezó a correr por el túnel.
Corrió y corrió hasta que su maltrecho cuerpo no dio mas y cayó en un charco de agua sucia, se dio media vuelta y vio como el pokemon iba hacia el a toda velocidad, miro a su alrededor buscando algún tipo de arma para defenderse, cuando lo vio. En un recoveco vio a un pequeño y asustado Charmander, estaba totalmente sucio y el fuego de su cola casi extinguido, ese pokemon sin duda estaba en las últimas.
- ¡Ayúdame, Charmander! – imploró el chico.
Y entonces Charmander levantó la cabeza que ocultaba entre sus garras, y observó como el Venipede se acercaba a toda velocidad. Si le preguntaran a Matías por que el Charmander hizo lo que hizo, no encontraría explicación y si le pudiéramos preguntar al pokemon porque lo hizo creo que él tampoco podría saberlo, pero un gruñido surgió de la garganta de Charmander, y el Venipede se detuvo de seco y pareció mas reacio a atacar, Matías lo reconoció: era gruñido, un movimiento para hacer que los pokemon pensaran dos veces antes de atacar.
De un salto, Charmander se puso de pie y el Venipede se dirigió hacia el lanzando un picotazo venenoso que Charmander pudo esquivar. La fina “aguja” fue a clavarse a la pared.
- ¡Quémalo, Charmander! – gritó nervioso Matías, pero el pokemon no se movió. - ¿Que digo? ¡Ascuas Charmander! – dijo victorioso Matías, pues sabia que los pokemon bicho son buena madera para el fuego.
Pero el pokemon tipo fuego se quedo quieto.
- Diablos, no debe haberlo aprendido todavía ese movimiento – pensó rápidamente Matías.
- !Entonces haz arañazo!– grito desesperado Matías al ver a Venipede tan cerca de Charmander.
Y entonces lo hizo, con un grácil movimiento Charmander golpeo a su oponente con sus garras en medio del rostro y lo hizo volar un par de metros. Fue un golpe crítico, la buena fortuna y sobre todo el poder de Charmander habían vencido a ese Venipede.
Charmander miro a Matías y su pequeña flama se encendió aun más. Matías se acercó y se arrodillo junto a charmander y apoyo su cabeza contra la de él.
- Gracias, simplemente gracias – alcanzo a decir.
No tuvo tiempo ni de completar la frase cuando escucho algo en el túnel, miro hacia allí y el alma casi se le cae a los pies: decenas de venipede se acercaban hacia ellos, por las paredes por el techo y por el suelo.
Solo gracias a la suerte habían vencido a ese venipede y Matías sabia que no podían vencer a otro y mucho menos a decenas, por lo que subió a sus espaldas al dañado pokemon tipo fuego y corrió (mas bien camino rápidamente arrastrando una pierna) hacia la escalera mas cercana.
Una escalera nunca se le había hecho tan larga, subió y subió y vio la luz del sol, la tapa de la bocacalle estaba abierta. Cuando salió, rápidamente tapó ese agujero infernal con la tapa que estaba al costado, no la levanto, era demasiado pesada, simplemente la arrastro.
Habían sobrevivido, el sol los miraba desde arriba y podía sentir el viento fresco mientras yacía acostado junto a Charmander. Se incorporó y miro a su alrededor, la tienda donde trabajaba estaba al otro lado de la calle, había vuelto a donde había comenzado.
Capitulo 2: Sorpresa Hogareña
Respirando profundamente Matías se incorporó, algunos transeúntes lo miraban extrañados. Miro al costado y vio a Charmander sentado, observando todo a su alrededor extrañado y confundido.
- Ey, amigo, estas bien, ¿No? – le pregunto Matías al confundido pokemon.
- Char, char – respondió Charmander afirmando con la cabeza.
- Emm, bueno, lo primero que haremos será llevarte al centro pokemon… o quizá sea mejor que primero vaya a un hospital.
-
En ese instante Charmander cayo, y se golpeo duramente contra el piso.
Matías desesperado se arrodillo junto a él y pudo observar en el brazo de Charmander un rasguño y ahí comprendió. El ataque de Venipede lo había rozado y el veneno estaba circulando.
Lo tomo entre sus brazos y grito pidiendo ayuda. Los transeúntes lo miraron mas extrañados todavía.
- Ayuda! – pidió a gritos – Charmander esta envenenado.
Y un muchacho que pasaba por allí le dijo socarronamente:
- Amigo, dale un antídoto o llévalo al centro pokemon, sos idiota si no sabes eso – y rio a carcajadas junto a sus amigos.
-
Matías no lo comprendió. ¿Tan poco serio era que Charmander estuviera sufriendo y agonizando quizás?
- Pero esta muy delicado, necesito ayuda por favor – dijo Matias.
- Oye amigo, si no sabes cuidar a tus pokemon eso no es problema mio, la próxima vez ten mas cuidado, y si no te servirá de experiencia para el próximo pokemon.
- Ey, déjalo en paz – una voz sonó entre el publico – el centro pokemon esta a 2 cuadras yendo por esa calle.
-
Antes de que terminara la frase, Matías ya estaba corriendo a mitad de la calle con el herido pokemon en sus brazos.
- Hola, buen día, bienvenido al cen… - empezó a decir la enfermera de guardia.
- Charmander esta envenenado, tuvo una pelea con Venipede y por eso…
- Muy bien, dame un momento y estará como nuevo. – dijo tomando a Charmander y llevándolo detrás de una puerta.
-
Matías espió a ver lo que hacia para justo poder observar que la enfermera le suministraba una bebida a charmander.
- Listo – dijo cuando volvió. – ya le di un antídoto y en pocas horas estará listo.
Matías se dejo caer pesadamente sobre uno de los asientos del centro, no sabe cuanto tiempo paso, quizá una hora, quizás dos. Después de rechazar insistentemente las propuestas de un hombre que quería venderle un Magikarp por 500 pesos Matías cayó profundamente dormido.
Al despertarse se dio cuenta de que el pokemon estaba parado frente suyo.
- Char, charmander – dijo dulcemente.
- Bueno, supongo que esta es tu manera de decir “gracias”. – dijo Matías – Emm, vamos para casa entonces. Necesito descansar un poco.
Matías vivía solo, se había mudado de la casa de sus padres cuando empezó a estudiar en la universidad, se mudo lo mas cerca que pudo de la misma, dado que para lo que cobraba ni siquiera tenia para gastar en viajes. Ahora ni siquiera sabia como iba a alimentar a Charmander, dado que como el bien sabia, había pokemon que era una fortuna alimentarlos, y charmander se encontraba entre ellos.
Recordó también que el alimento que charmander consumía debía ser rico en proteínas, esto era porque debía mantener su cola prendida indefinidamente. Una vez digerido el alimento, las proteínas y demás nutrientes iban a un segundo estomago situado en la parte baja donde esos nutrientes estimulaban una glándula que generaba suficiente “combustible” para que la llama se mantuviera prendida. Si la glándula fallaba el pokemon moría, pero también era al revés, si la llama se apagaba, el pokemon moría congelado ya que era la llama lo que mantenía su temperatura corporal.
Por fin llegaron a su casa y Charmander lo siguió hasta la puerta.
- Bueno, hogar dulce hogar, Charmander este es mi hogar. – dijo Matías señalando la casa.
Charmander miro con mirada fija la casa y gruño.
- ¿Que pasa Charmander? – dijo extrañado Matías.
Matías observo hacia su casa y se sorprendió de encontrar la puerta abierta.
- ¿Qué paso aca? – dijo mientras empujaba la puerta para entrar.
- ¡Zubat, supersónico!
Matías se llevo tal sorpresa que trastabillo hacia atrás y cayó. Puedo observar como el espacio se doblaba y volvia a la normalidad al pasar el ataque del pokemon.
- ¡Que diablos! Ladrones! – grito Matías.
Charmander entro corriendo a la casa, y usando a Matías como trampolín le dio un arañazo limpio a Zubat, este desorientado choco contra las paredes hasta que pudo remontar vuelo en el limitado espacio de la casa.
- Charmander! Ascuas! – grito histérico Matías. – Ah, cierto que toda…
El pokemon cerro su boca, hincho su estomago y Matías pudo sentir el increíble calor incluso antes de que el fuego saliera de su boca. El combate con Venipede le permitió mejorar sus habilidades.
Charmander vomito una bocanada de fuego que quemo a Zubat. El pobre pokemon prendido fuego, choco contra la pared y aterrado de dolor fue recorriendo toda la casa.
Matías vio como una silueta salía corriendo por encima suyo dejando caer el fajo de billetes que Matías guardaba en un cajón.
Mientras, el aterrado zubat iba incendiando toda la casa, hasta que cayó en un rincón, ya carbonizado. Pero la casa estaba prácticamente en llamas, tomo el fajo de billetes y salió corriendo hacia afuera. Charmander lo siguió y juntos observaron como su humilde hogar era reducido a cenizas.
Matías no podía creerlo, todas sus pertenencias estaban allí. Sus apuntes de la universidad, sus libros, su computadora, pero por lo menos estaban bien. Siempre podía volver a casa de sus padres.
Resignado, guardo la plata en el bolsillo y empezó a caminar para ir a buscar un ómnibus que lo dejara cerca de la casa de sus padres, no valía la pena esperar a los bomberos, el fuego ya estaba consumiendo todo y los bomberos tardaban horas en llegar a esa zona.
Camino por cerca de media hora cuando un vehículo se detuvo bruscamente. Cuando la puerta de la camioneta se abrió bajo un hombre enteramente de negro y cuya única comunicación fue un garrotazo en la cabeza.
Capitulo 3: La razón de la locura
La luz de la bombilla titilo. La fina cuerda se le clavaba en la carne. La malévola forma de atarlo así, sin duda fue hecha para maximizar el dolor y no permitirle ni un momento de descanso. Matías se hallaba tirado en el piso, de costado con una cuerda que le pasaba por el cuello e iba hasta los tobillos, de esta manera tenia que arquear la espalda hacia atrás para no ahorcarse con la cuerda y también debía mantener las piernas echadas para atrás, arqueando la espalda.
Un hombre en un carísimo traje le pregunto la misma pregunta que le venia haciendo hace horas. La pregunta era simple.
- ¿Quién te dio ese Charmander?
Matías otra vez le conto la historia, de que lo había encontrado en las alcantarillas y que le había salvado la vida. Y una y otra vez el hombre se enfurecía y lo pateaba furiosamente. Matías ya no sabia ni siquiera donde estaba ni cuanto tiempo había pasado, lo único que le importaba era que se detuvieran.
- ¿Dónde están los apuntes? ¿Y las muestras? – gritaba desaforado ese hombre.
Matías balbuceaba que no sabia de que le estaban hablando pero el hombre seguía el interminable interrogatorio.
Cada vez veía peor la luz, ya no escuchaba nada y lo poco que podía ver se le estaba haciendo cada vez más borroso, iba a desmayarse de nuevo.
Y muy débilmente escucho lo siguiente:
- ¡Haxorus, pulso dragón! – y todo se vino abajo.
Una gran roca golpeó al hombre de traje en la cabeza y lo dejo fuera de combate.
Matías observo como un gran trozo de pared caía y pudo ver como una mujer entraba por el boquete.
- Dios… - murmuró horrorizada al ver el estado en que se encontraba Matías.
Saco un cuchillo y empezó a cortar la fina, aunque resistente soga. Mientras se escuchaban voces del exterior, gritos de pokemon, explosiones, gritos de dolor tanto de entrenadores como de pokemon.
- Listo – dijo liberando a Matías - Gimió al volver su cuerpo a la posición original, pero por lo menos el dolor había cedido bastante.
- Vamos, rápido, no tenemos mucho tiempo – dijo la mujer levantándolo y arrastrándolo por la entrada.
Afuera era un caos, explosiones y haces de luz por todos lados, junto a ellos se estrello un Corphis, dejando un gran cráter en la pared.
Matías pudo ver a un enorme hombre que dirigía a un aún mas grande Ursaring, el entrenador al mismo tiempo que daba ordenes a su pokemon daba golpes a diestra y siniestra tanto a pokemon que se cruzaban en su camino como a entrenadores.
- ¡Michael! ¡Nos vamos! – gritó la mujer dirigiéndose a un adolescente que estaba peleando con su Pidgeot contra un venusaur.
- ¡Enseguida Alessa! – le respondió el chico - ¡Pidgeot! ¡Ataque Aéreo! – y el Venusaur salió despedido.
A toda velocidad se acercaron, tanto pokemon como entrenador y subieron a Matías arriba del Pidgeot, el chico y Alessa subieron detrás.
El Pidgeot se elevó majestuosamente y Matías pudo ver donde había estado encerrado, era una especie de pequeña fortaleza de varios pisos, y había luchas por todo alrededor.
- ¡Retirada! ¡Nos vamos! – gritó Alessa mientras el Pidgeot sobrevolaba el campo de batalla.
Matías pudo observar, como los entrenadores con los pokemon que se encontraban en el exterior se retiraban a toda velocidad. Matías no pudo aguantar mas, las horas de tortura, los golpes que había recibido en la alcantarilla lo habían llevado a su límite, recostado sobre la cola de Pidgeot vio como Alessa arrodillada se acercaba hacia él.
- ¡Espera! ¡No te desmayes! ¡Dime donde esta el Pokerús! – fue lo último que alcanzo a escuchar Matías antes de sumirse en la oscuridad.







