salvando el mundo
Spoiler
Prólogo:
Farial , el país, estaba rodeado por hermosas aguas y dentro estaba repleto de flores y valles.
El mar, que generalmente se encontraba en calma, dejaba ver el agua cristalina y transparente, donde se observaban dulces peces nadando con tranquilidad, en una costa arenosa.
Con solo una por kilómetro cuadrado, las casas eran chozas.
Había pueblos y una ciudad de comerciantes, pero los pueblos en verdad eran muy pocos y estaban separados, aunque había chozas que estaban en el campo.
Era un país sin gobernante, donde todo el mundo era pacifico;
la gente, aparte, ayudaba a otros en lo que podían, no había hospitales ya que también sabían algo de medicina (aunque había personas que se encargaban de eso),se movían en carros y tenían rutas especiales para ir a cada pueblo o ciudad: de no ser así chocarían de lleno con algunas montañas.
Sin embargo, todo esto se vio arruinado debido al último acontecimiento.
En un lejano lugar se escuchaba el caminar incesante de una tropa. Se oían con claridad los caballos e incluso algunos disparos, sin mencionar el chasquido de los latigazos.
También se olía un olor a muerte, a dolor y a sangre.
Aquella tropa formada por una compañía y un capitán habían ganado ya muchas conquistas.
Pero todavía le quedaban ansias de poder a aquél rey.
La guerra apenas comenzaba.
Farial , el país, estaba rodeado por hermosas aguas y dentro estaba repleto de flores y valles.
El mar, que generalmente se encontraba en calma, dejaba ver el agua cristalina y transparente, donde se observaban dulces peces nadando con tranquilidad, en una costa arenosa.
Con solo una por kilómetro cuadrado, las casas eran chozas.
Había pueblos y una ciudad de comerciantes, pero los pueblos en verdad eran muy pocos y estaban separados, aunque había chozas que estaban en el campo.
Era un país sin gobernante, donde todo el mundo era pacifico;
la gente, aparte, ayudaba a otros en lo que podían, no había hospitales ya que también sabían algo de medicina (aunque había personas que se encargaban de eso),se movían en carros y tenían rutas especiales para ir a cada pueblo o ciudad: de no ser así chocarían de lleno con algunas montañas.
Sin embargo, todo esto se vio arruinado debido al último acontecimiento.
En un lejano lugar se escuchaba el caminar incesante de una tropa. Se oían con claridad los caballos e incluso algunos disparos, sin mencionar el chasquido de los latigazos.
También se olía un olor a muerte, a dolor y a sangre.
Aquella tropa formada por una compañía y un capitán habían ganado ya muchas conquistas.
Pero todavía le quedaban ansias de poder a aquél rey.
La guerra apenas comenzaba.
Spoiler
Capítulo 1: El despertar
El romper de las olas en la playa era lo único que se oía en ese momento.
Cerca de la orilla un chico se encontraba tumbado bocabajo en la arena, y además estaba mojado y herido.
El chico despertó, algo desconcertado, y observó el lugar donde se encontraba.
Tosió al sentir lo reseca que tenía la garganta.
Era un chico con pantalones rotos y grises, y una camisa rota y blanca, en su cuerpo se veían heridas no muy pequeñas y arañazos y alguna que otra rozadura seguramente por las piedras del mar, que, aunque eran pocas, era difícil evitarlas y llevarse rozaduras; también pelo semicorto, castaño y liso que dejaban ver pequeñas heridas en su frente, seguramente tendría unos quince años de edad.
— ¿Dónde estoy?—se preguntó a sí mismo con temor.
Parecía no recordar nada.
Sus intentos de levantarse acabaron fracasando, ya que cada vez que lo hacía volvía a caer, quedando tumbado boca abajo en la cálida arena. Estuvo largo rato consciente, despierto, sin embargo, su mente estaba totalmente en blanco.
De pronto notó que algo tiraba de su camiseta.
Una presión le hizo que cerrara los ojos, pero aún notaba como alguien lo llevaba colgando de su camiseta; escuchó un leve ruido como un crujido de una puerta y le pareció que estaba aún más oscuro que antes; cuando notó que algo lo dejó sobre algo blando y caliente, se intento incorporar.
Se escucho una voz grave.
—¡Detente, hombre! —exigió una voz ronca, dura y severa—, te vas a hacer daño.
Vio la cara del hombre acercándose con ropa. Era un hombre algo musculoso, tenia un pelo castaño oscuro y
vestía con una camiseta blanca y con un chaleco marrón, pantalones marrones y zapatos de cuero marrones;
parecía tener unos cuarenta y dos años más o menos.
El hombre lo incorporó suavemente.
—¡¿Qué haces?! —preguntó desconcertado y gritando el joven. ¡¡Déjame en paz!! —chilló con fuerza, haciendo que su voz resonara en el lugar.
El hombre hizo caso omiso a las peticiones del muchacho.
Le cambió la ropa con increíble rapidez y le curó las diversas magulladuras que tenía a lo largo de su cuerpo, colocándole luego unos vendajes.
Le ofreció un poco de agua y se volvió a dormir por el cansancio.
Luego de tres horas despertó.
Aquel hombre desconocido para él lo ayudó a levantarse, comprobando antes si podía andar por sí solo.
Torpemente se levantó ayudado por el hombre e intentó dar uno o dos pasos. Estaba bastante débil.
¿Pero qué haría un chico sin memoria en este mundo?
Se sentó en una silla enfrente de la mesa, levantó la cabeza, mostrando sus ojos de color castaño claros casi ámbar y mirando fijamente a aquel hombre.
Volvió a bajar la cabeza y preguntó:
— ¿Quién soy?, ¿Qué soy?, ¿De dónde vengo?, ¿Qué me ha pasado?—soltó con increíble rapidez, con habilidad, sin esperar respuesta.
De pronto levantó el puño e hizo ademán de apretarlo con fuerza, aunque lo hubiese hecho si no estuviese magullado.
Le dirigió una mirada cargada de furia y profunda tristeza, manteniendo su puño aún levantado.
De pronto una lagrima le cayó del ojo izquierdo y bajó el puño echándose las manos a la cara y llorando hasta caer dormido sobre la mesa.
En el horizonte , aquellas tropas ya se preparaban para el ataque, pensaban en que era mejor acabar por esa zona casi despoblada antes que seguir por otras zonas. Solo le quedaban trece horas para llegar a aquella casucha. Sonaron las melodías de la guerra.
El hombre, al escuchar las trompetas, cogió al muchacho que en ese momento dormía profundamente, cogió una mochila y metió comida , algo de ropa, una brújula y un pequeño catalejo.
Luego de preparar las cosas, cogió al chico y se fueron.
Al cabo de un tiempo el chico despertó, algo confuso de no encontrarse en la choza.
— ¿Dónde estoy? —preguntó totalmente desconcertado.
Era una cueva oscura, en algunas partes bañadas por el agua, y en algunos trozos de pared había como pintadas como si quien lo hubiera dibujado fuera algún niño.
El hombre contestó:
—Estás en una cueva donde las tropas de la guerra no podrán llegar, es casi imposible que alguien que no es de esta zona pueda descubrir la cueva, está tapada por un acantilado y solo se puede entrar por el agua.
Se miró.
—¡No estoy mojado!
—Eso es porque hemos venido en barca, muchacho.
—¿Nos persiguen?
— No, es una guerra y en las guerras hay que hacer todo lo posible por sobrevivir. Chaval, ¿podrías decirme si recuerdas algo?
—No recuerdo nada, señor —dijo apenado, bajando la cabeza—. Ni siquiera recuerdo mi nombre.
—¿Te molesta que te llame Eric?
—No, en absoluto —respondió con un deje de tristeza en su voz.
— ¿Qué te pasa? ¿No te gusta?
—Sí me gusta, señor , gracias — poniendo una emotiva sonrisa esforzándose por sonreír.
—Por cierto llámame Eizen —mirando hacia el techo—¿sabes, Eric?, será mejor que nos vayamos a otro lugar lejos de aquí si queremos salir de esta cueva o queremos comida ya que solo traje para un pequeño tiempo, seguro que caminar te hará bien y a lo mejor te hace recordar algo.
—De acuerdo.
—Partiremos en unas dos horas. Mientras tanto, duerme un poco e intenta reponer fuerzas.
El romper de las olas en la playa era lo único que se oía en ese momento.
Cerca de la orilla un chico se encontraba tumbado bocabajo en la arena, y además estaba mojado y herido.
El chico despertó, algo desconcertado, y observó el lugar donde se encontraba.
Tosió al sentir lo reseca que tenía la garganta.
Era un chico con pantalones rotos y grises, y una camisa rota y blanca, en su cuerpo se veían heridas no muy pequeñas y arañazos y alguna que otra rozadura seguramente por las piedras del mar, que, aunque eran pocas, era difícil evitarlas y llevarse rozaduras; también pelo semicorto, castaño y liso que dejaban ver pequeñas heridas en su frente, seguramente tendría unos quince años de edad.
— ¿Dónde estoy?—se preguntó a sí mismo con temor.
Parecía no recordar nada.
Sus intentos de levantarse acabaron fracasando, ya que cada vez que lo hacía volvía a caer, quedando tumbado boca abajo en la cálida arena. Estuvo largo rato consciente, despierto, sin embargo, su mente estaba totalmente en blanco.
De pronto notó que algo tiraba de su camiseta.
Una presión le hizo que cerrara los ojos, pero aún notaba como alguien lo llevaba colgando de su camiseta; escuchó un leve ruido como un crujido de una puerta y le pareció que estaba aún más oscuro que antes; cuando notó que algo lo dejó sobre algo blando y caliente, se intento incorporar.
Se escucho una voz grave.
—¡Detente, hombre! —exigió una voz ronca, dura y severa—, te vas a hacer daño.
Vio la cara del hombre acercándose con ropa. Era un hombre algo musculoso, tenia un pelo castaño oscuro y
vestía con una camiseta blanca y con un chaleco marrón, pantalones marrones y zapatos de cuero marrones;
parecía tener unos cuarenta y dos años más o menos.
El hombre lo incorporó suavemente.
—¡¿Qué haces?! —preguntó desconcertado y gritando el joven. ¡¡Déjame en paz!! —chilló con fuerza, haciendo que su voz resonara en el lugar.
El hombre hizo caso omiso a las peticiones del muchacho.
Le cambió la ropa con increíble rapidez y le curó las diversas magulladuras que tenía a lo largo de su cuerpo, colocándole luego unos vendajes.
Le ofreció un poco de agua y se volvió a dormir por el cansancio.
Luego de tres horas despertó.
Aquel hombre desconocido para él lo ayudó a levantarse, comprobando antes si podía andar por sí solo.
Torpemente se levantó ayudado por el hombre e intentó dar uno o dos pasos. Estaba bastante débil.
¿Pero qué haría un chico sin memoria en este mundo?
Se sentó en una silla enfrente de la mesa, levantó la cabeza, mostrando sus ojos de color castaño claros casi ámbar y mirando fijamente a aquel hombre.
Volvió a bajar la cabeza y preguntó:
— ¿Quién soy?, ¿Qué soy?, ¿De dónde vengo?, ¿Qué me ha pasado?—soltó con increíble rapidez, con habilidad, sin esperar respuesta.
De pronto levantó el puño e hizo ademán de apretarlo con fuerza, aunque lo hubiese hecho si no estuviese magullado.
Le dirigió una mirada cargada de furia y profunda tristeza, manteniendo su puño aún levantado.
De pronto una lagrima le cayó del ojo izquierdo y bajó el puño echándose las manos a la cara y llorando hasta caer dormido sobre la mesa.
En el horizonte , aquellas tropas ya se preparaban para el ataque, pensaban en que era mejor acabar por esa zona casi despoblada antes que seguir por otras zonas. Solo le quedaban trece horas para llegar a aquella casucha. Sonaron las melodías de la guerra.
El hombre, al escuchar las trompetas, cogió al muchacho que en ese momento dormía profundamente, cogió una mochila y metió comida , algo de ropa, una brújula y un pequeño catalejo.
Luego de preparar las cosas, cogió al chico y se fueron.
Al cabo de un tiempo el chico despertó, algo confuso de no encontrarse en la choza.
— ¿Dónde estoy? —preguntó totalmente desconcertado.
Era una cueva oscura, en algunas partes bañadas por el agua, y en algunos trozos de pared había como pintadas como si quien lo hubiera dibujado fuera algún niño.
El hombre contestó:
—Estás en una cueva donde las tropas de la guerra no podrán llegar, es casi imposible que alguien que no es de esta zona pueda descubrir la cueva, está tapada por un acantilado y solo se puede entrar por el agua.
Se miró.
—¡No estoy mojado!
—Eso es porque hemos venido en barca, muchacho.
—¿Nos persiguen?
— No, es una guerra y en las guerras hay que hacer todo lo posible por sobrevivir. Chaval, ¿podrías decirme si recuerdas algo?
—No recuerdo nada, señor —dijo apenado, bajando la cabeza—. Ni siquiera recuerdo mi nombre.
—¿Te molesta que te llame Eric?
—No, en absoluto —respondió con un deje de tristeza en su voz.
— ¿Qué te pasa? ¿No te gusta?
—Sí me gusta, señor , gracias — poniendo una emotiva sonrisa esforzándose por sonreír.
—Por cierto llámame Eizen —mirando hacia el techo—¿sabes, Eric?, será mejor que nos vayamos a otro lugar lejos de aquí si queremos salir de esta cueva o queremos comida ya que solo traje para un pequeño tiempo, seguro que caminar te hará bien y a lo mejor te hace recordar algo.
—De acuerdo.
—Partiremos en unas dos horas. Mientras tanto, duerme un poco e intenta reponer fuerzas.



















Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.


Me encanta la trama , pero todavía te voy a poner algunos fallitos :P :

