Sherlock Holmes: La espada de los Dioses. [Capítulo 1.]
YO! Con un Fic! Si, no se lo esperaban.... Esperen Yo anduve diciendo toda la semana (?)
El título lo dice todo, no creo que necesite más presentación que esa.
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El título lo dice todo, no creo que necesite más presentación que esa.
[Introducción.]
Reimpresión de las memorias de John H. Watson, Doctor en medicina.
Reimpresión de las memorias de John H. Watson, Doctor en medicina.
Spoiler
Hace ya varios años que llevo viviendo en el 221 de Baker Street con mi buen amigo y compañero el Sr. Sherlock Holmes, y he presenciado innumerables actos de sus dotes deductivos, no obstante, he sido igualmente víctima indirecta de sus vicios, las necesidad de saciar su inexplicable y brillante mente lo ha llevado a los extremos de estos mismos vicios que, por desgracia, tengo la desdicha de presenciar diversas veces al día; indiferentemente, después de tantos años dejó de incomodarme de manera tan magna, ya que a decir verdad, no encuentro cabida a la mente de mi compañero en un simple estado de dejadez.
Junio de 1894, Justo estaba por empezar el verano en Londres, eran alrededor de las 9 de la mañana, logré levantarme temprano, tomé mi desayuno y, luego de terminar este me senté a leer el periódico, luego de esto, me dispuse a ir a la oficina de telégrafos, donde casualmente, encontré a mi compañero de departamento, el señor Sherlock Homes, estaba acompañado por el líder de la pandilla de los irreverentes de Baker street: Wiggins; estos chicos lo ayudaban en los casos que resolvía como detective consultor, a cambio de una mísera cantidad, la cual nunca excedía los 5 chelines, mi amigo era fácil de distinguir entre la gente, su nariz, escarpada, su notable altura y a la vez tan enjuto… Me dispuse a hacer mi cometido, sin prestarle mucha atención los movimientos de mi amigo y su seguidor. Una vez listo todo lo que venía a hacer, ya poco después de haber llegado y a punto de irme, escuché a Sherlock Holmes diciéndome:
-Doctor –Dijo Holmes vehemente- ¿A dónde se dirige?
-Hacia el apartamento ¿Va usted también en ese rumbo?
-En efecto, mi amigo.
Siguiendo nuestro camino hacia el lugar donde habitábamos, el 221 de Baker street, íbamos caminando por las calles, secas, pero a la vez con cierta humedad en el aire, que caracterizaba a Londres en dicha época del año. Para ambos, tanto para Holmes como para mí, parecía un día normal, el pequeño viaje se hizo corto y falto de conversación; según Holmes, que durante los últimos días no había de frecuentar mucho tiempo en casa, estaba trabajando en una investigación acerca de la desaparición de unas joyas pertenecientes a una dama de extensa riqueza, a petición de uno de los oficiales de Scotland Yard, que había tenido la oportunidad de conocer en ocasiones anteriores: Tobías Gregson. Acorde con la historia de Sherlock Holmes, ya estaba muy cerca de la pista del delincuente que hurtó deliberadamente las joyas, y, que por lo tanto, fue a la oficina de telégrafos a mandar un mensaje con el fin de informar a Gregson y, dar por culminada su tarea.
Al llegar a casa, Holmes se sentó en el sillón de la sala, donde usualmente lo hace, para disfrutar los placeres de algún libro o tocar su violín, en efecto, tomó su violín del estuche sobre la mesa de la sala, y comenzó a tocar; haciendo de estas habilidades para empezar tocando unas notas tristes y melancólicas, con sus ojos cerrados, y una sonrisa neutra en su rostro, toco durante alrededor de una hora, cambiando las tonadas, desde unas con notas vibrantes y melancólicas, hasta otras de aire fantasioso y alegre.
-Interesante –Dije- ¿Qué ha tocado esta vez?
-Es algo de mi propia composición –Dijo, mientras dejaba el violín en su estuche abierto y caminaba hacia la Repisa de la cocina-
Tomó así, un frasco de esta repisa, moviendo el estuche con su violín dentro, para hacer espacio al frasco; así mismo tomó de su tafilete una jeringuilla hipodérmica, era obvio que buscaba, después de todo, recaer de nuevo en sus sucios vicios, que deja entre caso y caso.
-¿No cree usted que ya es suficiente? –Dije bruscamente-, Acaba ya de terminar usted un caso, y a tan tempranas horas de haber dejado de “retar” su mente, ¿Empezará usted de nuevo con eso?
Holmes sonrió ante mi arrebato.
-Mi querido amigo, me sorprende que después de tantos años, siga usted sin comprender cuan estimulante encuentro este acto, sus efectos físicos no generan relevancia alguna en mí, pero, como dije anteriormente, encuentro que estimula y aclara mi mente de una forma tan trascendental…
-Bueno, quién soy yo para entrometerme en su vida, pero como amigo suyo, me veo en la obligación de hacerlo desistir de esta ridiculez, que podría hasta matarlo a usted.
Holmes sonrió de nuevo ante mi vehemencia.
-No se preocupe usted-Dijo sutilmente-, doctor, no hay nada de qué preocuparse.
En ese momento, supe que no habría nada que lo hubiera hecho desistir de tal barbárica estupidez, así que pregunte:
-¿Que será esta vez, morfina, o cocaína al 7%?
-Cocaína-Respondió-¿Le gustaría probar?
-¡Para nada!-Respondí bruscamente.
Holmes tomó la aguja, y tomó parte del líquido de la botella, llenando la jeringa, se remangó la manga izquierda de su camisa, enseñando su brazo, cubierto ya de numerosos puntos por acción de este mismo procedimiento, cuando estaba a punto de introducir la aguja, se ha escuchado unos pasos por las escaleras, lo cual hizo que el señor Sherlock Holmes se detuviera, y finalmente, por el pasillo, acercándose,hasta que en la puerta se sintieron unos leves golpecitos, entró nuestra patrona.
-Señor sherlock Holmes, un hombre pregunta por usted –dijo-, Se hace llamar Peter D´njoy.
-No me resulta conocido ese nombre ni apellido, dígale que pase, por favor doctor, me gustaría que se quede.
Junio de 1894, Justo estaba por empezar el verano en Londres, eran alrededor de las 9 de la mañana, logré levantarme temprano, tomé mi desayuno y, luego de terminar este me senté a leer el periódico, luego de esto, me dispuse a ir a la oficina de telégrafos, donde casualmente, encontré a mi compañero de departamento, el señor Sherlock Homes, estaba acompañado por el líder de la pandilla de los irreverentes de Baker street: Wiggins; estos chicos lo ayudaban en los casos que resolvía como detective consultor, a cambio de una mísera cantidad, la cual nunca excedía los 5 chelines, mi amigo era fácil de distinguir entre la gente, su nariz, escarpada, su notable altura y a la vez tan enjuto… Me dispuse a hacer mi cometido, sin prestarle mucha atención los movimientos de mi amigo y su seguidor. Una vez listo todo lo que venía a hacer, ya poco después de haber llegado y a punto de irme, escuché a Sherlock Holmes diciéndome:
-Doctor –Dijo Holmes vehemente- ¿A dónde se dirige?
-Hacia el apartamento ¿Va usted también en ese rumbo?
-En efecto, mi amigo.
Siguiendo nuestro camino hacia el lugar donde habitábamos, el 221 de Baker street, íbamos caminando por las calles, secas, pero a la vez con cierta humedad en el aire, que caracterizaba a Londres en dicha época del año. Para ambos, tanto para Holmes como para mí, parecía un día normal, el pequeño viaje se hizo corto y falto de conversación; según Holmes, que durante los últimos días no había de frecuentar mucho tiempo en casa, estaba trabajando en una investigación acerca de la desaparición de unas joyas pertenecientes a una dama de extensa riqueza, a petición de uno de los oficiales de Scotland Yard, que había tenido la oportunidad de conocer en ocasiones anteriores: Tobías Gregson. Acorde con la historia de Sherlock Holmes, ya estaba muy cerca de la pista del delincuente que hurtó deliberadamente las joyas, y, que por lo tanto, fue a la oficina de telégrafos a mandar un mensaje con el fin de informar a Gregson y, dar por culminada su tarea.
Al llegar a casa, Holmes se sentó en el sillón de la sala, donde usualmente lo hace, para disfrutar los placeres de algún libro o tocar su violín, en efecto, tomó su violín del estuche sobre la mesa de la sala, y comenzó a tocar; haciendo de estas habilidades para empezar tocando unas notas tristes y melancólicas, con sus ojos cerrados, y una sonrisa neutra en su rostro, toco durante alrededor de una hora, cambiando las tonadas, desde unas con notas vibrantes y melancólicas, hasta otras de aire fantasioso y alegre.
-Interesante –Dije- ¿Qué ha tocado esta vez?
-Es algo de mi propia composición –Dijo, mientras dejaba el violín en su estuche abierto y caminaba hacia la Repisa de la cocina-
Tomó así, un frasco de esta repisa, moviendo el estuche con su violín dentro, para hacer espacio al frasco; así mismo tomó de su tafilete una jeringuilla hipodérmica, era obvio que buscaba, después de todo, recaer de nuevo en sus sucios vicios, que deja entre caso y caso.
-¿No cree usted que ya es suficiente? –Dije bruscamente-, Acaba ya de terminar usted un caso, y a tan tempranas horas de haber dejado de “retar” su mente, ¿Empezará usted de nuevo con eso?
Holmes sonrió ante mi arrebato.
-Mi querido amigo, me sorprende que después de tantos años, siga usted sin comprender cuan estimulante encuentro este acto, sus efectos físicos no generan relevancia alguna en mí, pero, como dije anteriormente, encuentro que estimula y aclara mi mente de una forma tan trascendental…
-Bueno, quién soy yo para entrometerme en su vida, pero como amigo suyo, me veo en la obligación de hacerlo desistir de esta ridiculez, que podría hasta matarlo a usted.
Holmes sonrió de nuevo ante mi vehemencia.
-No se preocupe usted-Dijo sutilmente-, doctor, no hay nada de qué preocuparse.
En ese momento, supe que no habría nada que lo hubiera hecho desistir de tal barbárica estupidez, así que pregunte:
-¿Que será esta vez, morfina, o cocaína al 7%?
-Cocaína-Respondió-¿Le gustaría probar?
-¡Para nada!-Respondí bruscamente.
Holmes tomó la aguja, y tomó parte del líquido de la botella, llenando la jeringa, se remangó la manga izquierda de su camisa, enseñando su brazo, cubierto ya de numerosos puntos por acción de este mismo procedimiento, cuando estaba a punto de introducir la aguja, se ha escuchado unos pasos por las escaleras, lo cual hizo que el señor Sherlock Holmes se detuviera, y finalmente, por el pasillo, acercándose,hasta que en la puerta se sintieron unos leves golpecitos, entró nuestra patrona.
-Señor sherlock Holmes, un hombre pregunta por usted –dijo-, Se hace llamar Peter D´njoy.
-No me resulta conocido ese nombre ni apellido, dígale que pase, por favor doctor, me gustaría que se quede.


Están como de moda. . . estas imágenes (?)
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Gracias negrooo (?)






Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.


















