¡¡¡¿¿¿Pero qué f*ck hace Morde presentándose a los cortos de Halloween???!!! (?) Ah re xD
Les adelanto que es un corto para lectores mayores de 15 años, que no tengan miedo, que no les afecte mentalmente la muerte explícita de los seres humanos. Tiene mucha sangre y otras cosillas interesantes. Se los recomiendo, es buen corto!
Spoiler
El verano estaba en su última recta y la curva del otoño comenzaba a hacerse visible. Es el momento en que los jóvenes, habiéndose ya divertido de todas las maneras posibles, terminan buscando las más raras opciones para poder sentir esa última inyección de adrenalina. Se había hablado mucho los últimos días sobre un espacio vacacional abierto recientemente en Pueblo Lavanda. Era un complejo con muchas habitaciones y juegos para divertirse. Además, contaba con una gran diversidad de especies pokémon para que los inquilinos los utilizaran en batallas hasta cansarse. En cuanto lo escucharon, el grupo de adolescentes egresados del Colegio Pokémon de ciudad Verde comenzaron a planificar para tomarse unos días y disfrutar así el último aliento de las vacaciones.
Como los egresados se encontraban en distintas regiones del continente, se pusieron de acuerdo telefónicamente y fueron llegando todos al famoso lugar.
Eran quince en total, todos se conocían y no había ninguna otra persona porque el furor del lugar ya se había apaciguado. Los encargados del sitio eran una pareja. Una mujer regordeta, risueña y de cabello rubio. De lejos se notaba que era la típica mujer habladora que sabía hacer comidas para chuparse los dedos y que apretaba las mejillas de cualquier persona más joven que ella. El marido era un sujeto de mirada ruda y cuerpo fornido y firme. Era un tipo seco, que no decía muchas palabras, pero parecía experto en trabajos manuales y en manejo de pokémon.
-Pasen chicos, pasen, sean bienvenidos al hogar vacacional Ilusión, donde el nombre es justamente lo que sentirán cuando disfruten de todas las actividades que aquí pueden realizar- introdujo Berta, la mujer regordeta.
Un grupito de cinco jóvenes le hicieron burla como si creyeran que no sería más que un juego de niños. Entre los inquilinos había muchas mujeres que parloteaban entre sí, la mayoría no se veían desde hacía mucho.
Fueron pasando de a uno al hogar y Berta los condujo a todos a sus habitaciones, separándolos en cinco grupos de tres personas. Como la mujer armó los grupos, hubo algunas quejas.
-Yo no dormiré en la misma habitación que este idiota- dijo uno de los chicos que formaba parte del grupo burlón, se llamaba Luis, era rubio, atlético y de mirada perversa.
El muchacho al que discriminaba de tal manera, era un pobre flacucho de rostro salpicado por los granos y las pecas que abrazaba con miedo a un Shroomish. Se llamaba Genaro.
-Yo no dormiré lejos de mi novia- alegó un guapo chico de cabello negro alborotado abrazando a una muchacha de su edad de mirada distraída, pelo enrulado de color rojizo y curvas pronunciadas. Sus nombres eran Jonathan y Silvia.
La dueña del recinto se dio vuelta sonriente y sin perder la gracia los hizo callar:
-Aquí las cosas se hacen como yo digo, jovencitos. Irán a los cuartos como yo los organicé…
Por miedo a ser estrujados de las mejillas hasta morir, nadie más emitió queja.
-Hace años que no duermo en una cama así- festejó sonriente, tumbándose en el blando colchón, un joven de rostro blanquecino y rizos castaños. Se llamaba Diego-. Llevo años durmiendo en el piso sobre la bolsa de dormir, es dura la vida de un exitoso maestro pokémon como yo.
-Me voy a ir a echar un chapuzón a la piscina, oí que Carla va a estar ahí- dijo uno de los tres chicos que ocupaban la primer pieza, era bajito, de ojos celestes y cabello largo y rubio. Tenía un físico bien trabajado. Su nombre era Ramiro.
-Yo iré a ver qué pokémon hay aquí- comentó el tercero, moreno, alto, flacucho y risueño. Se llamaba Carlos.
-¡Santo cielo! No puedo creer cuánto creció Ramiro…- comentó soñadora una de las chicas de la segunda habitación. Era alta, grácil, de largo y lacio cabello morocho. Erika era su nombre de pila.
-Bueno, yo creo que no creció tanto… serán dos o tres centímetros como mucho- dijo la segunda, de rostro bello y ojos verdes. Tenía dos trenzas en su largo cabello castaño y era algo rellenita.
-Ay, Gabriela, yo hablo de sus bíceps y sus pectorales, no de su estatura…- completó Erika abrazando un pequeño Skitty.
-Chicas, iré con Jony, luego regreso- dijo Silvia, la muchacha enamorada de pelo rojizo. Las otras dos le hicieron gestos de burla en cuanto se retiró de la habitación.
-Y más te vale que no te acerques a mis cosas, o serás nerd muerto-le amenazaba Luis a Genaro, que asentía con los ojos cerrados como si estuviera siendo apuñalado varias veces.
-Y a las mías tampoco, ¿eh? O Luis te hará papilla- añadió otro chico riendo, de piel trigueña, delgado, con grandes ojeras y aspecto desalineado. Se llamaba Lucas.
Ambos bravucones salieron de la habitación con aires de superioridad, dejando al pobre muchacho abrazando a su Shroomish con impotencia.
Las tres chicas que ocupaban la cuarta habitación ni siquiera llevaron allí su equipaje. Fueron directamente a la piscina, donde se quedaron en traje de baño a tomar sol mientras un Exeggutor las abanicaba con sus hojas.
-Yo no sé ustedes, pero no me moveré de aquí ni aunque una Volcarona use Vendaval- dijo Carla, la despampanante muchacha rubia de rostro y cuerpo perfectos, con curvas delicadas y delineadas por el ejercicio, con piel suave y tersa. Tenía los labios más sensuales y el cabello más sedoso. Atrapaba a todos los muchachos la veían.
-Yo te seguiré, compañera- dijeron al unísono Victoria y Virginia, las gemelas de piel morena y cabello negro y ondulado. Tenían un cuerpo muy bien cuidado también, aunque la expresión disgustada de sus rostros daba la impresión de que era mejor no hablar con ellas.
Las tres se relajaron aún más en las sillas reclinables de lona, ejecutando el único movimiento de voltearse de un lado a otro cada quince minutos para que el cuerpo se dorara de forma pareja y así aguantara todo lo posible en el invierno que se avecinaba.
El último cuarto tenía a Jonathan, quien esperaba a su novia fuera de la habitación. Y también tenía a otros dos jóvenes que iban al sector de batallas. El primero era bastante gordo, casi obeso, cabello corto y rubio y rostro sonriente. El segundo era escuálido y de físico desgarbado, con el cabello morocho y grasiento peinado hacia atrás. Se llamaban Bruno y Kevin, respectivamente.
Llegaron a un gran salón con líneas que definían la superficie de combate. En las paredes habían grandes estantes con pokebolas de color negro y blanco. Era un lugar sensacional, el sueño de todo entrenador.
-Ey, estos pokémon son cool, busquen una pokeball y los probamos- habló Carlos, el chico moreno de dientes llamativamente blancos que ocupaba la habitación número uno y había llegado allí hacía un momento.
-Sufrirás una terrible derrota- dijo Bruno, el gordito, tomando una pokebola de los estantes. Debajo de ella tenía una pequeña cinta con el nombre de Banette.
-¡Eso ya lo veremos, Bruno! ¡Ve, Zoroark!
-¡Al ataque, Banette!
Los pokémon se asentaron firmemente en el campo de batalla, con las miradas puestas cada uno en el otro. Estaban listos para una cruda batalla.
-¡Zoroark, comienza, Persecución!
-¡Ja, a ver que tal esto, Maldición, Banette!
El pokémon ilusión corrió sin dificultad hasta donde estaba el fantasma y le asentó un fuerte golpe en la cabeza con su pata derecha envestida en negras tinieblas. Banette sufrió el ataque en carne viva y, enojado, hizo brillar sus ojos a la vez que recitaba una silenciosa maldición. Zoroark sintió como si alguien comenzara a tirar de su columna vertebral para arrancársela y se retorció.
-¡Esto durará muy poco, Bruno! ¡Pulso Nocturno, Zoroark!
-¡Si, poco para ti! ¡Infortunio, Banette!
Los pokémon olvidaron el dolor de los ataques anteriores y se prepararon para ejecutar los nuevos. El ambiente se puso denso y se tiñó de repente de un oscuro pesar, como si esos dos ataques le quitaran al mundo un poco de felicidad. Zoroark comenzó a hacer complicados movimientos de manos, generando con cada uno de ellos una cantidad de energía más poderosa. Al final terminó de gestar en sus poderosas zarpas una terrible esfera de energía violeta, dispuesto a lanzarla contra su rival. Pero Banette no estaba desarmado, tenía con qué contraatacar. Había levantado los brazos y absorbía energía fantasmal. Logró crear una densa nube de partículas de dudosa composición. En la habitación se podía sentir el poder de esos dos ataques absorbiendo cada vez más energía del ecosistema.
Lanzaron los ataques con agresividad y ambos chocaron. Colapsaron y una onda expansiva bañó completamente el lugar. Los entrenadores cayeron al suelo por el impulso. Las pokebolas de los estantes quedaron flotando en el aire como por arte de magia. Los pokémon siguieron parados en el centro del campo como si no hubieran sido afectados en absoluto, con los ojos rojos brillando por la ira.
-¡Oau! Estos pokémon son de lo mejor, ya quisiera que fueran míos- dijo Bruno.
-Es cierto, no puedo creer que estos viejos hayan podido entrenar a todos y cada uno de ellos- dijo Carlos dándose vuelta a ver las pokebolas de los estantes, las cuales habían dejado de levitar mágicamente para volver a posarse donde correspondía. El joven no le dio importancia-. Iré a comer, tengo hambre.
-Sí, yo igual- dijo Bruno.
Regresaron los pokémon a las pokeball y fueron los tres a comer, cerrando completamente el salón de batallas.
Poco tiempo después, todos se encontraban conversando animadamente en la cena, acerca de las aventuras que habían vivido. La mayoría había tomado un poco de alcohol y estaban llenísimos de comida. La atención de todos se había detenido en Diego, quien contaba una historia que había sucedido hace tiempo.
-Habíamos ido con un amigo a una cabaña porque al otro día debíamos luchar en un campeonato. Y no pudimos dormir en toda la noche por los gritos que se escuchaban. Era algo realmente siniestro, porque estábamos tranquilos y de repente los oíamos, muy fuerte. Y nos levantábamos, buscábamos por toda la casa y no entendíamos de donde salían. La cosa es que no pegamos un ojo en toda la noche y tuvimos que quedarnos despiertos junto a nuestros pokémon por cualquier cosa que pasara. Al otro día estábamos tan cansados que perdimos en la primera ronda.
-Eso no significa nada, es sólo para justificar que perdiste, ya no mientas, Diego- dijo Luis aireando su cabello rubio-. No existen gritos que salgan de la nada…
-¡AAAAYYYYYY!
Todos los comensales saltaron de su silla y se pusieron contra la pared, aterrados por el desgarrador grito.
-¿Qué diablos fue eso? ¿QUÉ DIABLOS FUE?- preguntó Ramiro respirando como podía.
-¡Maldito Diego, aléjate de nosotros!- lo ahuyentó Carla abrazándose a sus dos amigas con todas sus fuerzas.
-¡Oye! Yo no tengo la culpa de que los fantasmas me sigan- se defendió Diego, quien cubría su rostro con un plato.
-¡AAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYYYY!
Volvió a oírse el ruido y ya todos tenían el corazón en la garganta.
-¡Esta casa está embrujada, totalmente embrujada!- expresó con temor Carlos-. ¿Dónde están los caseros?
-Aquí- dijo Berta asomándose sonriente por el pasillo con un gran cuchillo en las manos, las cuales estaban cubiertas de sangre.
-¡AAAAAAAAAAAH!
El grito de todos fue desgarrador. Las gemelas se desmayaron al instante. Algunos chicos hubieran preferido llevar pañales en ese momento. No entendían qué era lo que ocurría en ese complejo del horror.
-¿Qué les pasa a todos? Acabo de matar el pollo que comerán mañana y gritan como si fueran vegetarianos- dijo Berta sin comprender.
-E… ¿es sangre de pollo?- preguntó Lucas, el compañero inseparable de Luis.
-Claro que sí- confirmó Berta yendo hacia la cocina a lavarse las manos.
-¿Y qué fue ese grito que oímos antes?- preguntó Kevin, aún tapándose los oídos como si eso fuera a protegerlo.
-¡AAAAAAYYYYYYYYYY! ¡Saquen este Spinarak del baño!
Era la voz de Gabriela a quien encontraron en el baño subida al inodoro. Había un pequeño Spinarak recién nacido allí, que sacaron al instante sin problemas. Las pulsaciones de todos bajaron. Quizá el cuento de Diego les había afectado más de lo que pensaban. Ya habían tenido suficiente acción por ese día, era hora de irse a dormir…
-Pss, ven, Lucas- habló despacio Luis. Por la noche se habían levantado sospechosamente a buscar pokebolas en el salón de batallas-. Es simple lo que haremos. Pondremos unas pokebolas en el bolso de Genaro y diremos que las robó. Así lo correrán del lugar y no tendremos que soportar sus ronquidos toda la noche.
Juntos ingresaron al lugar. Estaba oscuro y apenas podían ver donde pisaban. Sin embargo, pudieron observar como había dos pokebolas que brillaban con luz propia. La atención de ambos se centró en ellas.
-¿Qué diablos? Sin dudas es el destino el que nos llama a buscarlas. Nos las llevaremos- dijo Luis.
Lucas las tomó y las observó bien.
-Veamos qué pokémon tienen adentro, ¿quieres?
-¿Eh? ¿Para qué rayos quieres hacer eso? Sólo son unas pokebolas, llevémoslas, las ponemos en su mochila y asunto terminado- sentenció Luis.
Ambos comenzaron a caminar, pero Lucas no podía evitar la tentación de abrirlas. Era como si algo dentro de ellas lo llamara. ¡Tenía que saber qué pokémon eran! Sólo sería un segundo.
-Sólo será un segundo- dijo firmemente en voz baja cuando Luis había abandonado el salón.
Luis caminó hasta su habitación y cuando estaba por entrar se dio cuenta que Lucas no iba con él.
-¿Qué rayos hizo este idiota?- apretó firmemente su gran puño derecho y con la mano izquierda acomodó su lacio cabello rubio. Caminó con determinación hacia el salón.
La puerta había quedado abierta, tal como él la había dejado. Lo más probable era que ese tonto se hubiera quedado a buscar pokebolas para él o a ver los pokémon que habían llevado para ponerle a Genaro-. ¡Lucas! No seas tonto, no robes pokebolas para ti. Cuando termine nuestro período revisarán todas nuestras cosas. Que ha…
Luis ingresó al salón. Lo primero que vio fue a Lucas, colgando del techo como si fuera una marioneta, con la mandíbula destajada, colgándole hasta el pecho con una gran cantidad de sangre chorreándole. Luis sintió como el corazón se le salía del pecho, tenía ganas de gritar de terror y lo hubiera hecho si no hubiera creído que las que gritan de miedo son las mujeres.
-¿Qué… qué rayos es esto? Lucas, no me asustes, a mi las bromas no me afectan- a cada palabra que decía retrocedía un poco más.
En ese instante, la puerta se cerró de golpe… ¡PAF!
Lucas dio un salto que casi chocó contra el techo.
-¡Basta! ¡A mi no me quieran jugar ninguna broma! ¡El de las bromas aquí soy yo! ¡Abran esa puerta!
Estaba desesperado, respiraba a todo pulmón y miraba a todas partes, nervioso e histérico. De pronto, vio algo en las paredes que lo puso más neurótico. Las pokebolas estaban en su sitio, pero estaban abiertas. Todas ellas. Al igual que las dos pokebolas que Lucas llevaba y que ahora se encontraban en el suelo.
-¿Quién… quien abrió las pokebolas? No es hora de luchar. ¡¿Quién hay aquí?! ¡Dígamelo!
De repente, un destello se encendió a sus espaldas. Rápidamente se dio vuelta y se cubrió la cara… pero no era más que un Litwick.
-Ahhhh- suspiró aliviado al ver al pequeño pokémon mientras se tomaba el pecho con fuerza tratando de detener su ritmo cardíaco-. Hola, Litwick. ¿Qué está pasando? ¿Qué le pasó a mi compañero? ¿Hay alguien aquí?
El pokémon fantasma comenzó saltar alegremente repitiendo su nombre de manera obsesiva. De un momento a otro, un destello más apareció a espaldas de Luis, quien se dio vuelta muy confiado de que fuera otro Litwick. Lo que no sabía, es que se encontraría cara a cara con un Charizard.
-¡CHAAAAAAAAAAAR!- chilló furioso el pokémon a tan sólo unos centímetros.
-¡AAAAAA…!- quiso gritar Luis, pero el pokémon de fuego le tapó la boca con una de sus garras mientras con la otra lo tomaba del cuello y lo levantaba como si fuera tan liviano como un papel.
Luis quería gritar, sus lágrimas desfilaban como cataratas de terror puro por sus ojos. La fuerza que imprimía el dragón sobre su cuello y su boca era tal que hacía que sus tripas se revolviesen como si hubiese comido una bolsa de bayas podridas. En ese momento, Luis sintió que a la respiración cálida del pokémon de fuego la acompañaban otras respiraciones furiosas. Alcanzó a ver de reojo a un Salamence, un Haxorus, un Druddigon, un Garchomp y un Hydreigon. Los pokémon dragón se acercaron a él, al punto que sintiera el aroma sulfúrico de todos ellos. Intentó gritar nuevamente pero su voz quedó opacada por la firme piel escamosa del Charizard. Sintió como se posaba una fría garra con escamas turquesas en su frente, cubriéndole los ojos. Salamence lo había sujetado del cráneo y Charizard tiró de la mandibula, dividiéndola en dos como la de su amigo. La boca de Luis quedó al fin libre y goteando sangre en cantidades industriales.
-¡¡¡AAAAAAH!!!- gritó desaforado mientras sentía una terrible presión en su espalda, al punto que sintió como si su columna se partiera en dos. Y no era para menos, porque Haxorus lo había penetrado con sus superdesarrollados cuernos faciales. La sangre comenzó a correr a chorros por su ropa… la energía se le terminaba… se le escapaba con cada suspiro que daba. Antes de que cerrara los ojos pudo ver a Hydreigon delante de él, con su fauce principal abierta. No sabía qué iba a hacer… pero ya no le quedaban fuerzas ni para sentir terror. Un despiadado Dragoaliento emanó desde su garganta hacia la de Luis, destrozando su faringe y laringe, haciendo estragos en su estomago y reduciendo sus intestinos a ceniza…
Dos de los adolescentes se estaban besando salvajemente en el sótano de la casa. El chico, Jonathan, ya se había quitado la camisa y el pantalón, quedándose vestido con unos simpáticos calzoncillos con Buneary’s y unas apestosas medias lisas. Silvia, aún vestida íntegramente, pero con la camiseta a medio quitar y la falda semilevantada, gemía de placer ante los calurosos besos del extasiado muchacho.
-Que gran idea venir al sótano- dijo Jonathan en estado de alucinación. Hervía con su calor humano
-Jony… quítame la ropa, por favor. Tengo mucho calor…
En seguida el chico cumplió el pedido de su amada y le arrancó de un tirón la camiseta dejando su piel blanca y suave desnuda a sus endiablados besos. Quiso hacer lo mismo con la falda, pero de repente sintió en su espina dorsal un frío que le cortó todo tipo de excitación. Se abrazó a su novia y comenzó a temblar.
-Si… ¿sientes eso?- preguntó Jony.
-¿Qué cosa? Tengo calor, amor, sácame todo, por favor.
-¡Yo me estoy helando! Hace un frío terrible.
-¡Ay, me quemo, Jony, haz algo!
-¡No puedo!- decía el joven mientras sus cabellos se ponían blancos como si estuviera en un frío polar.
-¡Ahhhh! ¡Mis manos están calientes! ¡Mis pies arden!
-¡Cof, cof, cof!- fue lo único que pudo decir el muchacho, exhalando una gran bocanada de aire humeante.
En cuanto él levantó la vista, pudo verlos. Eran un Magmortar, un Infernape, un Emboar, un Houndoom y un Volcarona. Estaban en un lado del sótano, a espaldas de su novia, riendo al verlos. Y ella también los vio, detrás de él, a un Glalie, un Beartic, un Weavile, un Abomasnow y un Mamoswine, que parecían divertidos con la escena.
-Esos pokémon de hielo… ¡ayúdenme! ¡Tengo mucho calor!- dijo Silvia desesperada.
Jonathan negó con la cabeza, sin poder hablar con su garganta congelada. Los pokémon de hielo se sonrieron maliciosamente… e hicieron lo que la chica pedía.
Se lanzaron con sus ataques de Puño Hielo y Colmillo Hielo hacia ellos. Cuando llegaron hasta el dúo, descargaron sus ataques. Uno de los colmillos del Mamoswine atravesó el vientre desnudo de Jonathan logrando que las vísceras y la sangre comenzaran a desprenderse en cantidad. El Glalie atravesó su pulmón derecho con uno de sus cuernos salvajes. Beartic y Weavile asentaron sus puños hielos en el rostro del muchacho, haciéndole saltar los dientes y un ojo. En último lugar, el despiadado Abomasnow, utilizó su Frío Polar, congelando sus venas y arterias, haciendo que la sangre se le convierta en espinas que fueron poco a poco perforando cada una de sus células, haciéndolo sangrar internamente hasta la muerte.
Silvia contempló todo esto en shock. Totalmente desquiciada al ver tal acto salvaje, de pokémon totalmente corrompidos. Por instinto se volteó ya que le pareció sentir una presencia. Los pokémon de fuero estaban allí, con sus calurosos puños preparados, sus colmillos ígneos destellando fuego… sus llamaradas a flor de piel.
-¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHH!!
-¡Wow!- dijo Erika, sorprendida al escuchar detrás de la puerta del sótano-. Jony sí que sabe hacer gritar a Silvita.
-Vaaa, ni me lo recuerdes… ellos haciendo esas cosas aquí y nosotras con un insomnio terrible. ¿Y si vamos a despertar a Diego y Ramiro? Quizá quieran charlar con nosotras… o algo más.
-Eso espero. Esta situación me puso muy cachonda- dijo Erika con las mejillas enrojecidas.
Juntas comenzaron a caminar, emocionadas, hasta la habitación de los chicos, que dormían con tranquilidad. En un momento, Gabriela oyó un ruidito, como si fueran golpecitos en la pared.
-¿Oíste eso, Eri?
-¿Qué cosa? No pasa nada, vamos rápido.
Erika avanzó un poco más rápido y Gabriela lo hizo con más lentitud, atenta a cualquier ruido. De la nada, cuando Erika subió la pequeña escalerita que ayudaba a pasar del suelo a los cimientos de la casa, Gabriela se tropezó y cayó torpemente.
-Ja, vamos, Gabriela, no puedes ni caminar de tanto que piensas en Diego.
-No te rías…- Gabriela, totalmente avergonzada, intentó levantarse, pero parecía estar pegada al suelo-. Oye… Eri… algo me impide levantarme.
-¡Vamos, apresúrate o te quedarás sin chico!
-¡No puedo levantarme, ven a ayudarme!
-¡Vamos, no quieras llamar la…! ¿Atención?
En ese momento, dos o tres Galvantula aparecieron, caminando firmemente por las paredes del pasillo. A Erika casi le da un infarto.
-¡Gabi! ¡Cuidado!
-¿Qué? ¿Qué pasa? ¡No puedo ver hacia arriba, algo invisible me lo impide! ¡No me asustes, por favor!
-¡Quédate quieta, no te muevas!
-¡Claro que no me moveré! ¡No puedo hacerlo!
En ese instante, aparecieron también varias Ariados, que empezaron a tejer una espesa red sobre Gabriela.
-¡Ayyy, que es esto viscoso!- preguntó asombrada la chica de trenzas castañas.
Antes de que Erika pudiera reaccionar, su amiga ya estaba totalmente envuelta en telaraña. En ese instante, un Kriketune y un Pinsir aparecieron. Parecían provenir desde el sótano… pero estaba cerrado y no había sentido la puerta… además de que eran muchos pokémon como para salir así como así de un lugar como ese. El Kriketune comenzó a cortar salvajemente el bulto de telaraña que era su amiga. La sangre empezó caer, gota por gota, del capullo. Hasta que le tocó el turno al Pinsir… Erika, aterrorizada, no quiso ni ver. Con sus cuernos como pinzas comenzó a cortar pedazos de la chica envuelta. Los pies, las pantorrillas, los muslos… el pokémon insecto cortaba de a poco y las arañas se iban comiendo cada pedazo, succionando hasta la última gota de líquido corporal.
Erika ya no pudo soportar más y salió corriendo hacia la habitación de los chicos. Apenas la vio, se abalanzó sobre la puerta y la golpeó con todas sus fuerzas.
-¡Chicos, ayúdenme, por favor, salgan! ¡Levántense!
No había respuesta. La chica siguió golpeando, aterrada, ya lloraba. De pronto, oyó ruido. “Ya voy” se oyó la voz de Carlos.
-¡Carlos, ven, por favor, nunca me alegré tanto de oír tu voz!
En ese momento, un Golem pasó rodando a toda velocidad por el pasillo, embistiendo a la chica hacia delante, quebrándole varios huesos y aplastándola contra la pared final que quedaba a unos metros de donde estaba. La puerta se abrió y salió Carlos, colocándose sus lentes.
-¿Erika? ¿Será que al fin has descubierto que me amas?- no había nada. Admiró bien en el pasillo y no vio más que oscuridad.
-¿Qué pasa, Carlos?- preguntó Ramiro, refregándose los ojos y la entrepierna.
-Erika vino a golpear la puerta… y ya no está.
-Ah, no empieces otra vez con los cuentos de fantasmas, ya bastante me costó dormirme… pero ahora que estoy despierto… creo que iré a hacer una visita corta a la linda Carla.
Ramiro despertó a Diego y le comentó de su plan de ingresar a hurtadillas a la habitación de las chicas. Una vez allí, debían meterse ambos a la cama de Carla para ver cómo reaccionaba entre sueños.
-¿Quieres venir, Carlos? Puedes quedarte con las gemelas si quieres- lo invitó Ramiro. El joven rechazó cortésmente la invitación y se volvió a dormir. Los otros dos, comenzaron a poner en práctica el plan.
La habitación de esas tres chicas era la más cercana al patio exterior, la más alejada de las demás. Ellos fueron hasta allí y abrieron la puerta con cuidado, dejándola entreabierta. Las gemelas dormían como troncos en una cama marinera y Carla descansaba en una cama individual, tapada con mantas hasta la frente porque por la ventana entraba un aire muy fresco.
Diego y Ramiro casi no aguantaban las risas, apenas pudieron llegar hasta donde ella estaba. Levantaron las sábanas provocando que a la chica se le pusieran los pelos de punta, comenzara a temblar y se acurrucara para no sentir frío. Casi al borde del estallido de risas, cada uno se colocó a un lado de la bella joven, quien se abrazó a Ramiro en cuanto sintió el calor de su cuerpo aplacando el frío que sentía.
-Oh, sí, aquí quédate…- susurró entré sueños.
Ramiro y Diego ahogaron una catarata de risas por las que temieron que alguna se despertara, pero nada pasó. Los tres entraban por poco en la pequeña cama y los pobres chicos estaban con mitad del cuerpo fuera del colchón. Diego puso todo su esfuerzo en cubrirlos con la manta. Carla abrazó a Ramiro a quien tenía adelante y Diego la abrazó a ella por la espalda.
-Mmm…- gimió contenta la chica sin abrir los ojos.
-Esto es genial- susurró Ramiro acariciando el cabello de la muchacha.
-Creo que después de tu idea de robarnos esos pollos asados en Ciudad Esmalte, esta es la mejor- le contestó Diego acariciando la cintura de ella.
De repente, Ramiro sintió un leve picor en su entrepierna.
-Vaya, esta chica es candente en sueños- el joven observó hacia abajo y pudo notar que una rama fina y verde frotaba sus calzoncillos-. Oye, Diego… hay algo aquí abajo.
-Ramiro, es lo que tienen todas las chicas, no me digas que nunca viste uno- le respondió Diego sin prestarle importancia mientras acariciaba la suave espalda de la chica.
-Mmm, pues nunca vi uno de estos…- de repente, sintió como un objeto fino y áspero circulaba por su espalda, arañándolo despacio. Comenzó a ponerse muy pero muy nervioso.
Mientras tanto, la espalda desnuda de Diego, que había quedado sin cobertura, comenzó a picarle y no le quedó otra opción que abandonar su tarea de masajes para rascar su propio cuerpo.
-¡Auch! ¿Será este el virus que les da a los hombres cuando están con ciertas mujeres?
-Mmm… mmm…- gruñó entre sueños Carla, un poco incómoda por el aplastamiento que le producían los chicos.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!
El grito de Ramiro las despertó a las tres. Tanto que dieron un salto en la cama. Resulta ser que esa extraña rama era parte de un Carnivine que se encontraba apostado en la ventana. Y el pokémon ya lo había atado con ellas por las piernas, los brazos y el cuello. Y lo peor es que tenía espinas y el chico se desangraba de a poco al tratar de liberarse. Carla y las gemelas lo vieron sostenido en el aire por esas extrañas lianas y no pudieron evitar hacer lo que todas las mujeres hacen.
-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy!
Emitieron un grito agudo a medida que Ramiro era arrastrado hacia la ventana donde estaba el Carnivine.
Recién cuando se levantó de la cama, Carla se dio cuenta que también estaba Diego allí, semidesnudo, con la boca chorreándole espuma y un asqueroso sarpullido en su piel, producto de los vapores de un Swalot. Y entonces, ellas volvieron a hacerlo.
-¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYYY!
Las tres salieron de sus camas a gran velocidad y retrocedieron hacia las puertas, sin dejar de ver como Ramiro era engullido por el Carnivine que lo masticaba con sus largos dientes y como Diego se convertía poco a poco en piel y huesos gracias al horrible ácido de Swalot.
Ellas retrocedieron hasta que no pudieron más. Sin embargo, no había sido la pared o la puerta lo que estaba a sus espaldas. Al sentir superficies irregulares, tuvieron que voltearse, atemorizadas. Se encontraron frente a un Seismitoad, un Electabuzz y un Hypno. Las tres chicas, lo único que atinaron a hacer, fue cubrir con sus débiles manos su cuerpo vestido sólo por ropa interior.
-¡Aléjense, le diremos a la casera!- dijo Virginia, una de las gemelas.
-¡Están bien feos ustedes, pokémon malos!- dijo Victoria, enojada.
-Creo que no deberían hacerlos enojar…
Los tres pokémon sonrieron con malicia y se abalanzaron sobre ellas. El Seismitoad tomó a Virginia de sus manitas, la levantó hasta que ella pudo patalear en el aire y le disparó un chorro de agua lodosa a la boca. La chica gritaba y no paraba de gritar mientras el agua ingresaba a su sistema en cantidad. Su estomago se fue hinchando como un gran globo y sus pulmones también. A los pocos minutos, ya era una gran pelota de agua con los ojos hinchados por la sorpresa y los órganos destruidos por la presión del líquido.
El Electabuzz se abrazó a Victoria que le gritaba con terror y enojo.
-¡Suéltame bicho feo, horroroso, bruto, ignorante, inconciente, cavernícola…!
Una gran infinidad de adjetivos salieron de su boca, pero el pokémon eléctrico no estaba dispuesto a escucharlos a todos. Cargó su Puño Trueno mientras Victoria seguía escupiendo sus insultos y lo descargó con potencia en su pecho, provocando que la piel se le quemara y el corazón se le agitara como si le hubieran aplicado un electrochoque. El pokémon eléctrico descargó otro golpe más y la chica dejó de insultar y comenzó a gritar al sentir a su corazón latiendo a una velocidad mayor a la que podían soportar sus venas. Electabuzz la siguió golpeando a mayor velocidad y con una siniestra sonrisa. El torrente sanguíneo de la chica fluyó con una fuerza brutal y sus venas y arterias comenzaron a explotar. Una por una empezaron a reventarse, provocándole una dolorosa y lenta hemorragia interna.
Hypno fue piadoso con Carla, quizá por su belleza, o porque había sido la única que no insultó.
-Por favor, no me hagan nada, yo nunca hice nada malo en mi vida y…
El péndulo de Hypno la hechizó. La chica se levantó y tomó del suelo un abanico que siempre llevaba que tenía un fino mango de metal con trozos de piedras preciosas. La chica, poseída, estiró la mano con el abanico en ella y luego la retrajo, clavándolo muy profundo en su pecho. La sangre empezó a emanar y manchar completamente su piel semidesnuda. Luego de esto, extrajo el abanico, volvió a estirarlo y nuevamente se autodañó, esta vez clavándoselo en un ojo.
Hypno rió divertido y Seismitoad lo acompañó. Electabuzz los admiró como si no fuera gracioso. El pokémon psíquico al ver que su chiste no había sido completamente exitoso, siguió manipulando el cadáver ya desangrado de la muchacha. Ella abrió el abanico clavado en su ojo y movió la cabeza como si estuviera negando, así arrojaba viento con él.
Seismitoad se despatarró de risa y esta vez Electabuzz rió con serenidad. Hypno, satisfecho, le hizo una señal a la chica poseída para que lo siguiera.
-Mmm, están ricos estos huevos- decía Genaro.
-¿Alguien ha visto a Diego y Ramiro?- preguntó Carlos que recién llegaba a la mesa del desayuno.
-No… nosotros tampoco encontramos a Jonathan. Es raro… siempre son los primeros en sentarse a comer- dijeron Kevin y Bruno.
-Es cierto… Luis y Lucas ya deberían estar golpeándome- comentó Genaro muy extrañado.
-Quien sabe… quizá salieron a dar un paseo. No es la primera vez que pasa, generalmente los que vienen a esta posada no aguantan y se marchan… quizá es demasiado reto para ellos- dijo Berta, sonriente como siempre-
-No entiendo quién se iría de este lugar. ¡Es genial! Iré a hacer una batalla- dijo Bruno.
-¿Alguien quiere Hot Cackes con trozos de bayas?
-Mmm, mejor me quedo, ja. Puedo ir luego.
Los jóvenes nerds rieron con ganas y saludaron sonrientes al marido de Berta quien cavaba en el patio con gran esfuerzo, once profundos y oscuros pozos.
Bueno, decidí terminarlo ahí porque para darle un mejor final tenía que escribir como tres mil palabras más y eso sería demasiado para leer en un corto. Creo que está bastante bien, me parece que tiene bastante terror y sangre, no es de Halloween, pero cortos así están permitidos. Espero que les haya gustado, a mi me gustó escribirlo más de lo que pensaba. Gracias a todos los que lean y suerte para los participantes.