En el principio todo era oscuridad y nada existía ni siquiera el tiempo, sólo existía Él; había despertado desde de miles de eones decidido a crear todo de nuevo, su nombre: Arceus.
Primero creo el tiempo y el espacio naciendo así Dialga y Palkia, de inmediato comenzó la batalla entre ambos por la supremacía. Para mantener el equilibrio entre ambas fuerzas Arceus creó a Girantina, capaz de moverse entre el tiempo y el espacio los dominaba con su poder.
Arceus suspiró y de su aliento llenó la nada con galaxias de las más variadas formas; cada galaxia tenía miles de soles de diferentes tamaños y colores: grandes, medianos, pequeños, rojos, amarillos, azules que llenaban todo con su luz. También estaban los planetas, no brillaban como los soles pero al igual que éstos eran diferentes y llenos de colores. Él vio que su obra era grande y le llamó Universo.
Por millones de años se dedicó a disfrutar de su obra viajando de un extremo a otro hasta que llegó a una galaxia muy particular donde encontró un estéril y pequeño planeta y decidió poner en práctica un experimento.
Dividió el planeta en agua y tierra, el agua se convirtió en océanos y mares y la tierra en continentes. Nombró a Kyogre señor de las mareas y le dio control absoluto sobre el agua y a Groudon señor de la corteza terrestre capaz de transformarla a voluntad.
En su afán de controlar el planeta fueron modelando la superficie, para calmar la situación se decidió que cada uno interviniera en los dominios del otro por el bien común y así se crearon las islas, los ríos y los lagos; los resultados no se hicieron esperar: el agua sobre los continentes dio origen a una gran variedad de plantas que llenaron de verde toda la superficie, y las islas en medio de los océanos sirvieron de sustento para las plantas marinas.
Como Arceus no podía estar pendiente de los asuntos de este pequeño planeta le dio a Rayquaza, el Dragón de los Cielos, control absoluto sobre el planeta. Rayquaza con su poder calmó a Kyogre y a Groudon, las lluvias cesaron y los sismos se detuvieron, al final Kyogre se retiró a lo más profundo de los océanos y Groudon a las profundidades del planeta y ambos cayeron en un sueño profundo.
Arceus sacó sus ancestrales tablas, cada una de un elemento diferente, y fue creando seres que ayudaran y complementaran a los grandes señores. De una ventisca nació Articuno: Rey de la Nieve Perpetua, Zapdos: Señor de las Tormentas, Moltres: Custodio de la Llama Eterna. Raikou: Portador del Trueno y del Relámpago, Entei: Amo de los Volcanes, Suicune: El Viento del Norte Purificador de las Aguas. Ho-Oh y Lugia Guardianes del Arcoíris y de los Torbellinos respectivamente; del mundo interdimensional fue convocado Celebí y se le nombró Guardián de los Bosques. También creó criaturas de todos los tamaños y llenaron de vida los cielos, la tierra y los mares.
Arceus admiró su pequeña obra y sintió gran regocijo en su corazón, había logrado transformar una estéril roca espacial en un planeta que latía con vida propia. Después de revisar su obra decidió que era tiempo de volver a su sueño eterno. Con la esperanza de no volver a despertar para destruir todo lo que había creado dio una última mirada al Universo y cerró sus ojos quizás por otros miles de eones, quizás.
Pasaron millones de años y el ciclo de la vida en la tierra seguía con total normalidad, o era lo que parecía. Sin saber ni cómo no por qué apareció un nuevo y extraño ser; al principio caminaba sobre sus cuatro extremidades como las demás criaturas y poco a poco fue cambiando hasta desplazarse sobre sus extremidades traseras. La nueva criatura desarrolló una mal llamada inteligencia y se colocó por encima de las demás criaturas y se auto proclamó dueña del mundo, comenzó a someter a los otros seres que habitaban la tierra, las llamó “Pokémon” y les construyó prisiones esféricas.
El tiempo continuó su camino y humanos y pokémon seguían juntos lado a lado, pero no como iguales sino como amo y sirviente. A pesar del tiempo transcurrido el poder de Arceus aún estaba presente; de los temores y las pesadillas de los humanos nació Darkrai, una sombría criatura que se alimenta de los sueños. A medida que los humanos poblaban el mundo fueron desarrollando sentimientos, algunos puros y otros oscuros, esos sentimientos se materializaron en Reshiram y Zekrom quienes representaban la luz y la oscuridad de las almas.
Los siglos transcurrían y la diferencia entre humanos y “pokémon” eran más evidente, no les bastaba como someterlos para que realizaran simples tareas cotidianas por ellos sino que ahora los utilizaban para su propio y enfermizo entretenimiento haciéndolos pelear entre ellos. Al principio eran sólo los adultos pero después eran los niños a quienes instruían para tal barbarie; con el paso del tiempo los “pokémon” se convirtieron en criaturas sumisas, ya no eran los hijos de Arceus eran, las mascotas de los humanos.
Transcurre el año 2030 de la nueva era humana, la ambición y la sed de dominio han llevado a los humanos a una guerra mundial y han arrastrado consigo a estas inocentes criaturas. Las naciones del mundo luchan entre sí ya sea por recursos o por motivos religiosos, económicos o políticos; el hambre y la miseria reinan en el mundo. El balance y la armonía se han quebrantado y ahora Él ha despertado.
- ¿Quién? ¿Quién ha osado a perturbar mí sueño? –repetía mientras abría los ojos lleno de ira-
Usando su poder distorsionó el tiempo y el espacio y llegó al pequeño planeta, ya no era el paraíso que él había dejado, la tristeza y el dolor se podían percibir. Arceus apareció en los cielos dominado por la cólera, alguien tendría que brindarle una explicación.
- ¡Rayquaza! ¡Rayquaza! Preséntate ante mi patética criatura.
- Ordene mi Señor –decía el poderoso dragón mientras descendía de las nubes.
- ¿Qué está ocurriendo aquí? ¿Quiénes son estas criaturas?
- Mi Señor, no sabemos de dónde han venido, se hacen llamar “humanos” y por la fuerza han dominado a sus criaturas.
- ¿Humanos? ¿Cómo osan a destruir a mí obra y a lastimar a mis criaturas?
Una vez dicho esto bajo a la superficie y usando sus ancestrales poderes se presentó ante toda la humanidad hablándoles en su idioma.
- ¡Humanos! Seres inferiores, soy Arceus el ser supremo creador del Universo y de todas las cosas. He visto como han destruido el planeta que con tanto amor había creado y como han lastimado a los seres que aquí habitan. No sé de donde hayan venido pero pagarán caro esta ofensa; seré su juez y su verdugo y la condena será ¡la destrucción!
Arecus se disponía a lanzar su ataque definitivo y así borrar todo rastro de la humanidad de la faz de la tierra cuando de pronto aparecieron ante él unos niños acompañados de sus “pokémon”.
- ¡Detente! –gritaron todos al unísono.
- ¿Quiénes son ustedes? –preguntó el ser supremo.
- Sabemos que hemos hecho daño al planeta.
- Que los humanos se pelean por cualquier cosa.
- Y que hay personas que lastiman a los pokémon.
- Pero no todos somos así. –fueron hablando uno a uno los niños.
- ¿De qué están hablando? –cuestionó Arceus.
- Los pokémon son nuestros amigos.
- Ellos nos protegen y nos cuidan.
- La humanidad puede cambiar.
- Danos una oportunidad.
- ¿Piensan que se merecen mí perdón?
- ¡Sí! Y si la humanidad no cambia puedes volver y destruirla –dijo entre sollozos una pequeña niña.
Arceus sintió bondad y sinceridad en el corazón de esa niña, era tan fuerte lo que sentía que lo calmó ya no estaba cegado por la rabia, dentro de sí tenía una mezcla de sentimientos ¿valdría la pena perdonarlos?
- Está bien, me has convencido pequeña niña. Les daré la oportunidad de cambiar, de acabar con sus conflictos y de aprender a vivir en armonía con los “pokémon” en condiciones de igualdad. Me retiraré pero los estaré vigilando muy de cerca.
Y así Arceus cumplió su palabra y perdonó de todos sus errores a la humanidad y para asegurarse de que cumplieran con su parte se retiró a descansar muy cerca de ellos, en un lugar que no ha sido tocado por la maldad, el corazón de la pequeña niña.
†...FIN...†