Bueno gente, les dejo un escrito que hice narrando una historia divertida pero que creo deja unos cuantos valores como enseñanza. Es un poco larga, pero creo que no decepcionará a nadie. Sin más se las dejo:
Spoiler
En un profundo bosque donde abetos, robles, olmos y sauces se unen formando una frondosa manta verde, entre los llanos de tierra color miel y un cielo eternamente azul, se hallaba una gran colonia donde muchos Charmander convivían en paz y tranquilidad.
Se trata de un enorme valle totalmente aislado donde rara vez se veía un humano. Allí los jóvenes Charmander, trabajadores Charmeleon y poderosos Charizard descansan en cuevas y madrigueras, juegan y corretean todo el tiempo excepto cuando trabajan en equipo para resolver algún problema o mejorar las estructuras de su comunidad.
Estos abrasivos pokémon habían formado allí un paraíso… sin embargo esta historia no transcurre allí, sino que debemos transportarnos a una acogedora cueva a unos pocos acres de allí para entender como inició todo ese lío.
Corriendo a esa gruta entraban dos Charmander muy peculiares, uno era completamente blanco y el otro negro como la noche.
Maty: ¡Dame esa manzana, lagartija albina!
Maty había salido del cascarón cubierto por una piel muy oscura, tanto que el pequeñín podía fundirse en las sombras como si de un Gastly se tratara. Este lo aprovechaba para molestar a los demás, por lo que irritaba a todo el mundo no paraba de juzgarlo por su apariencia, aspecto muy importante para estos orgulloso pokémon.
White: ¿Qué te de que, Negro? Es mucha cosa para alguien como tú.
Maty: ¡Al menos yo no necesito bloqueador solar para protegerme de mi propia cola!
White era quien se mofaba mientras daba un mordisco a la manzana. Tenía la piel completamente blanca y era el hazmerreir de su especie, ya que era el único Charmander que sentía miedo del fuego, debido a que su cuerpo no lo resistía como el de los demás.
Maty: ¡Más vale que esas patas no te fallen, porque no seré nada amable cuando te alcance!
White: ¡No alcanzarías ni a un Bastiodon de tres patas estreñido!
El pokémon negro aceleró el paso hasta quedar justo por detrás de su congénere y se arrojó sobre este como un fiero Nidoking cazando un Buneary. Le dio un manotazo en la nuca más molesto que doloroso antes de caerle encima. Ambos empezaron a rodar por el descendente suelo rocoso. Como una suerte de símbolo del Yin-Yang viviente avanzaba cada vez más rápido. La situación se salió de control, no podían detenerse.
Seguramente, como tantas veces les había ocurrido, hubiesen acabado estampados contra el muro de la caverna de no haber sido porque chocaron con un imponente Charizard que allí dormía la siesta. Lo golpearon de forma tal que el impacto contra su estomago lo despertó violentamente. Sus ojos se abrieron de par en par, enormes, como los de un Hoot-hoot, al igual que su boca con la que hubiese gritado de quedarle algo de oxígeno en el cuerpo. Curiosamente, este pokémon llevaba sus patas totalmente cubiertas por unas grandes hojas a excepción de su cola que sobresalía por un agujero. A esa ridiculez, motivo de incontables carcajadas para sus conocidos, la llamaba “pantalones”.
El rabo de Maty chocó contra ese tumulto de hojas e incendió ese delito contra la naturaleza de los Charizard. Rápidamente empezó a arder y su dueño no tardó en percatarse de ello.
Jean: ¡Aaaah, mis pantalones! ¡No otra vez!
Y el enorme pokémon comenzó a rodar por el suelo intentando asfixiar las llamas mientras gritaba como loco… aunque su propia cola sólo empeoraba las cosas.
Maty: ¡Por Arceus, quítate esas cosas de una vez, Jean! Eres casi tan ridículo como White… ¿White? ¡White!
Distraído riéndose de las desgracias de su evolucionado amigo, el carbónico pokémon no se había percatado de que durante la bronca White se había tragado la manzana entera, o casi, ya que la tenía atorada en la garganta. De forma desesperada intentaba respirar.
Maty: ¡Descuida, amigo, yo te salvaré!
Se colocó por detrás de él y comenzó a presionar su estómago.
Bil: Oh, Maty y White están haciendo cochinadas.
Nadie se había percatado de su presencia dada su costumbre de no abrir la boca… y por abrirla sólo para decir cosas que no destacan por su brillantez. Era un Charmander huérfano, nadie sabía de donde venía (y eran aún menos los que sabían a donde iría a parar). Su nombre era un misterio también, por lo que lo llamaban “Bilbox” dado a que este lento sujeto llevaba todo el tiempo una caja con dos agujeros en la cabeza, no sé la quitaba ni para dormir.
Instantes después, dos Charmeleon ingresaron en la cueva sólo para hallar a un enorme lagarto anaranjado revolcándose e intentando extinguir el fuego con más fuego; junto a dos minúsculos pokémon, uno enrojecido como trasero de Scizor mientras luchaba por respirar y el otro apretándole la barriga de forma inadecuada.
Mushy: Esto debería sorprenderme… ¿por qué no lo hace?
Mushy era una Charmeleon brillante, dotada de una refulgente piel dorada. Solía vivir relajada y tomarse las cosas con calma. Algunos decían que parecía más un Smeargle porque se pasaba el día pintando con todo tipo de materiales naturales que elaboraba con su fuego.
Facu: Lo mismo me pregunto, parece imposible tener paz en este lugar.
Este otro Charmeleon era un espécimen común y corriente, al menos en aspecto, ya que su optimismo y sentido del humor brillaban por su ausencia con un fulgor sólo equiparable al de su constante depresión… Facu era realmente un pokémon muy emocional.
Mushy: Un día quedaremos sepultados aquí por culpa de esos dos.
Facu: ¿Qué más da? Moriremos de todas formas.
Y al mismo tiempo que acababa esas palabras media manzana roja completamente babeada abandonaba la garganta de White, siendo dirigida directamente a la frente del quejumbroso Charmeleon.
Facu: ¡Auuu! ¡Idiotas! ¿No saben que un golpe en la cabeza podría causar un daño irreparable que me lleve a perder el conocimiento y yacer en estado de muerto viviente hasta dejar de ser capaz de respirar?
Mushy: Cada día es una fiesta contigo, Facu.
Una vez recuperada el aliento y su palidez natural, White golpeó en el rostro a Maty.
White: ¡Casi me matas, negro!
Maty: Nada hubiese ocurrido si me devolvías la manzana cuando te lo pedí. La única víctima aquí soy yo.
Un segundo fue lo que tardaron en volver a estar en el suelo matándose a golpes. Si algo los caracterizaba, era su persistencia infinita, por lo que hubiesen continuado así todo el día. Por fortuna para todos salvo los dos descarriados, dos cortos pero firmes brazos los tomó por la espalda y los dejó tendidos en el aire.
Jean: Ustedes dos… es la última vez que arruinan mis pantalones.
Mushy: Oh, no otra vez Jean, ¿hasta cuando insistirás con esa tontería?
Jean era un viejo Charizard de fuerza y valentía impresionantes, recto y un gran líder. Pero por encima de todas las cosas, era una apasionado por los pantalones. Desde que era un Charmander se las ingeniaba para crear modelos de esta prenda con los que fuere, siempre con pésimos resultados. Si no los desintegraba con su propia cola, los perdería mientras volaba o sencillamente los destruía al moverse en sueños. Sin importar cuanto lo intentase no encontraba forma de satisfacer esa necesidad; más que nada anhelaba vestir un pantalón con la naturalidad de un humano.
Jean: No saben nada, jamás lo entenderían. En cuanto a este par de malcriados…
White: Por favor, Jean, no me mates. Yo no te desperté, fue Mati, mátalo a él.
Maty: ¡Claro que no! Él incendió tus panta-no-sé-que, creo que nadie más que ese adefesio albino merece ser despellejado… o si no a Facu, nadie lo extrañará.
Facu: ¡Oye!
Jean: ¡Silencio! Ya les enseñaré a mostrar algo de respeto y…
Drago: ¡Yo los salvaré, amigos! ¡Tiembla ante mi Cometa Draco!
Otro pequeño Charmander apareció en escena. Este era tan insignificante como cualquier otro, pero su rostro reflejaba un facción dura muy intimidante… intimidante para los Caterpie, como mucho. Llevaba dos cartones pegados a la espalda en forma de triángulos con varios cortes en su parte interior, simulando ser un par de alas. Este descabellado pokémon que prometió un Cometa Draco sólo dejó salir unas Ascuas que a Jean le hicieron cosquillas en la rodilla.
Facu: Drago, eres un Charmander. No eres un dragón ni nunca lo serás. Supéralo.
Drago: Tonterías, cada uno puede ser lo que quiera.
El feroz ser que hubiese preferido nacer con sangre de dragón era nada más ni nada menos que Drago, quién ha sido aislado y tildado de loco por terribles deseos de pertenecer al tipo de las leyendas y por sus desesperados intentos de parecerse a ellos. Así como alas de cartón, era común verlo utilizando rocas afiladas como colmillos falsos o ramas en forma de cuernos entre varios otras frivolidades.
Facu: El chico-dragón tiene un punto. Mati siempre ha querido ser una molestia y White un idiota, y a ambos le sale perfectamente.
Maty y White: ¡Cállate!
Drago: ¡Suéltalos Jean a menos que quieras despertar al dragón!
De pronto la cueva se iluminó de gran manera, de pronto todo era más claro y hasta los rincones envueltos en las más densas tinieblas ahora podían divisarse si uno forzaba la vista. Por la misma boca de montaña por la que entraron absolutamente todos, llegaba otra Charmander arrastrando las patas producto del cansancio acumulado. Era más pequeña que todos los demás, pero era difícil percatarse de ello, la enorme llama que venía detrás suyo la apocaba completamente. La pequeña y frágil Tifu había nacido con la llama más grande que jamás había sido vista, casi la duplicaba en tamaño. Lo que para cualquier Charizard amante del combate sería una bendición para ella es un castigo, pues le cuesta mucha controlarla y moverse con ella sin quemar todo a su paso.
Tifu: ¿Ahora vas a luchar con Jean, Drago? ¿No podemos parar un rato? Llevamos efectuando tu "entrenamiento especial milenario de los dragones sagrados" desde el amanecer... tengo hambre.
Dijo la gigante diminuta. Su voz reflejaba agotamiento y desgano.
Drago: Pero Jean me ha desafiado a duelo a muerto, ¿no?
Jean: Sí, Tifu, yo lo desafié a... espera ¿qué rayos estoy diciendo? ¡Basta de todo esto! ¡Ahora si que me encargaré ustedes dos, malditos demonios!
White: ¡Quiero ver que lo intentes, señor pantalones!
Maty: ¿Qué ataque usarás? ¿Llorar y rodar?
Facu: ¡¿Por qué siempre tanta violencia?!
Drago: ¡Es la hora, pasaré a la historia como aquel que venció a Jean el terrible!
Bil: ¿Esta es mi casa?
Jean: ¡Los haré picadillo a todos!
Tifu: ¿No quedó Picadillo? Tengo hambre.
El sonido de dos rocas chocando con violencia los sobresaltó a todos. Se quedaron petrificados al ver a Mushy sosteniéndolas con sus patas.
Mushy: ¡Se callan todos, me tienen harta, ni siquiera puede oír lo que pienso! ¡Ahora se calman, se alistan para cenar y luego a dormir!
Silenzio Stampa.
Todos: Sí, Mushy.
Y así el conflicto murió con la misma facilidad con que había iniciado. Cuando la paz volvió a reinar esa mixtura de locos se reunió a cenar la gran variedad de alimento que habían recolectado. Una vez saciados y con la Luna imperando el firmemente cada uno se echó a dormir en su lugar correspondiente... y así pasó otro día de rutina en la cueva de esa tribu tan especial.
Por distintas circunstancias todos ellos habían sido marginados de la gran colonia y poco a poco fueron a parar allí. Jean fue el primero que al sentirse incómodo abandonó a los suyos y se instaló en la tranquilidad del bosque. Con el tiempo fueron sumándose los demás. Y allí conviven, pese a que son distintos y a a veces hay conflictos, siempre se ayudan entre si porque son sólo uno... eran una tribu, la tribu Charmander.
Al día siguiente tras un ligero desayuno cada uno regresó a la rutina. Jean sobrevolaba la zona en busca de nuevos materiales resistentes para confeccionar pantalones. En tierra, Mushy quemaba hojas formando una pastosa sustancia negra que solía utilizar para pintar en los enormes murallones de roca en la montaña.
A escasos metros de allí Facu dormía la siesta. Aseguraba que los días soleados lo deprimían casi tanto como los lluviosos. Nadie había visto a Bil, Maty, y White… seguramente estaban molestando al gruñón Torterra que habitaba cerca de allí; o metiéndose en cualquier tipo de problemas… lo habitual.
Pero el Charmander cuya historia nos interesa es Drago. Armado con sus alas de cartón y su cornamenta de ramas cubiertas con fango seco se posaba en lo alto del Monte Azopardo, aunque relativamente pequeña, era la montaña más alta de la región, y se alzaba a un par de horas de camino de la cueva de la tribu Charmander, junto al “Monumento Eterno” que reposa en su cima, una extraña formación rocosa tallada en tiempos inmemorables y venerada por todos los pokémon.
Desde hace tiempo insistía con que el “entrenamiento especial milenario de los dragones sagrados”, obra de su propia autoría que tenía de milenario lo que él de dragón y de sagrado lo que los Onix de voladores, era justo lo que necesitaba para llegar a convertirse en un gran dragón.
La pobre Tifu otra vez había sido arrastrada a sus locuras. Como si no fuera suficiente haber tenido que caminar y escalar tanto, ahora debía soportar ver como su descabellado compañero intentaba cosas imposibles.
Tifu: Drago, si valoras un poco tu vida, bájate de ahí.
Drago: ¡Jamás, ya verás como lo consigo!
Tifu: ¿Cuándo rayos entenderás que no eres un… ¡Drago, no!
Y desde un alto acantilado el aspirante a dragón se arrojó al interior de la montaña que formaba un gran círculo con nada en el medio más que el monumental santuario, un obelisco tallado en roca lleno de extraños símbolos que se extendían hasta la base del mismo y a lo largo del suelo hasta ir amalgamándose con la rocosa superficie.
Nadie podía negar que Drago era un pokémon con una voluntad de hierro; pero esta no compensaba su falta de conocimientos y de sentido común. Ni con toda la esperanza del mundo hubiese hecho volar a esos dos cartones húmedos y sucios.
Con los ojos cerrados comenzó a caer directamente hacia el suelo. Afortunadamente, la época más ventosa del año ya había arribado y una violenta ventisca desvió la dirección de su caída. Al ver que carecía totalmente de control, empezó a entrar en pánico.
Drago: ¡Tifuuu, ayúdame!
Tifu: ¡¿Qué quieres que haga yo?! ¡Intenta sostenerte de donde puedas!
Se movía con desesperación dentro de la masa de aire intentando manejar la situación. Al mismo tiempo que veía sus “alas” y “cuernos” salir volando logró posicionarse de forma tal que pudo empujar su cuerpo hasta lograr aferrarse de una de las grietas que formaban los símbolos que engalanaban el “Monumento Eterno”. Era muy fina y a duras penas lograba meter sus garras dentro de esta.
Tifu: Gracias al cielo. ¡Ahora deberías bajar de allí!
Drago: ¡¿Lo dices en serio?! ¡Yo tenía pensando quedarme aquí a descansar y hasta tal vez tomar un bocadillo mientras tiendo a diez metros de altura!
Aún no estaba a salvo. Las ráfagas seguían danzando con violencia y sus pequeñas patas no resistirían mucho colgando en esa posición. De pronto vio una roca sobresaliente, era lo suficientemente pequeña y con bordes filosos como para aferrarse bien. Administrando su peso con la cola se balanceó hasta generar suficiente empuje y se arrojó luchando por no cerrar los ojos del susto. En cuanto sintió la piedra rozar con su piel se aferró a ella como Kangaskhan a su cría.
Drago: Bueno, eso estuvo cerca. Ahora intentaré ba…
Se detuvo en seco. El obelisco empezó a temblar sin detenerse y la roca en la que se sostenía fue succionada por el interior de la estructura. Arañó la pared para no caerse hasta que no pudo seguir. No por cansancio, sino porque no había más pared. El monumento cedió y se desmoronó con la facilidad con que el viento vuela una pila de hojas. Aunque sufrió un susto de muerte, cayó encima de los escombros con nada más que unos cuantos raspones que al otro día le dolerían a más no poder. Se sacudía el polvo mientras el mundo dejaba de darle vueltas.
Drago: Eeeh… Ya estaba así cuando llegamos, tú lo viste.
Tifu: Drago, justo cuando creí que no podías ser más idiota… ¡Llegas y derrumbas un santuario histórico para todos los pokémon! ¿Tienes alguna idea de lo que te harán los de las colonia si descubren esto? Lograrán que vueles como tanto quieres, porque te llevaran volando al medio del océano y te soltaron allí para que te coman unos Sharpedo.
La enorme llama de Tifu, incluso más grande de lo habitual, reflejaba lo enojada que estaba. Siempre había tenido mucha paciencia con los caprichos de su amigo pero aquella vez había ido demasiado lejos.
Drago: No digas nada, por favor, ya he tenido suficiente problemas con ellos, si se entera… eh… yo… ¡por favor, por favor, por favor, por favor, por favor…
Tifu: ¡Bueno ya! No diré nada, pero con una condición, dejarás de una vez por todas esas tonterías de ser un dragón y esos entrenamientos inventados. Además tendrás que hacer mis tareas por dos semanas. Ah, y me alegro de que estés bien. Idiota, casi me da un ataque al verte caer.
Drago: Gracias, eres una gran amiga. Y ya dejaré el “entrenamiento especial mile…
Ella lo fulminó con la mirada.
Drago: … el entrenamiento, dejaré el entrenamiento. Supongo que Facu y los demás tienen razón, jamás seré un dragón.
Tifu: No te preocupes, que no seas un dragón no quiera decir que no puedas ser especial.
Drago: Pero…
Tifu: Calla. Salgamos de aquí antes de que llegue alguien.
Tan rápido como sus cansadas patas se lo permitían los dos Charmander descendieron la montaña y emprendieron el regreso a su cueva, dulce cueva.
De vuelta en su hogar los dos Charmander que habían protagonizada tan magna calamidad actuaban de forma extraña producto de los nervios y esa insoportable sensación de creer que todos te miran con mala cara y saben el mal que has hecho. El día siguió con su curso y la acción se trasladó a la noche cuando todos los moradores de dicho lugar volvieron a reunirse para cenar.
Bil: ¿Creen que si abrazo a la cueva esta nos protegerá de la lluvia?
Jean: Bil, por todos los cielos, quítate esa estúpida caja de la cabeza y ven a comer con nosotros.
Si hizo alguna mueca jamás nadie lo supo, ya que mientras recibía esas palabras a través de la gran caja sólo abrazaba la pared de la cueva como sin percatarse de la presencia de los demás.
Maty: Jamás entenderé a este chico. Hoy pasó cuatro horas inmóvil viendo a los Metapod tomar sol.
Mushy: Déjalo ser. Algún día nos dirá algo. Supongo.
Habían recolectado una gran variedad de frutas que devoraban con rapidez, algunas crudas y otras asadas con su fuego. Los beneficios de ser un pokémon de este tipo. Maty aunque pequeño, competía en apetito con el gran Charizard por ser el más glotón. Cuando recién llegó a la tribu los miembros originales creyeron que eso sería un alivio, al menos masticando se callaría un rato. Mala suerte para ellos... le encantaba hablar con la boca llena.
Maty: ¿Qué pasa con ustedes dos? Han estado muy callados todo el día. ¿Qué tal su día?
Drago se atragantó con el trozo de manzana que tenía en la boca y Tifu sólo podía ver el piso avergonzada.
Drago: Eeeh... eeeh... estuvimos jugando... eh... ¿Tifu?
Tifu: ¿Ah? ¡Ah, sí! Estuvimos jugando cerca del Monte Azopardo... ayudando a
Drago con su, eh, entrenamiento.
Maty: Mmm creo que ustedes andan en algo raro.
Facu: ¿Podrías dejar de escupirme trozos de fruta en la cara, pedazo de negro roñoso? Déjalos en paz y limítate a comer.
Maty: Pero están tramando algo. Siempre me doy cuenta cuando la gente trama algo, son años de experiencia.
Jean: Ya Maty, deja a la parejita en paz.
Tifu: ¡No somos pareja! Eso es tan ridículo como esas cosas apestosas que llevas puestas.
El gran Charizard había confeccionado un nuevo par de pantalones con una vieja red abandonada por pescadores cerca del mar. Era mucho más resistente que las hojas, pero alejaban a todo el mundo por estar estar impregnadas con un insoportable hedor a Magikarp podrido.
Jean: No podrían tener menos sentido de la moda. Y sí, apestan, pero en un par de semanas sus olfatos se acostumbrarán.
Mushy: Bueno, ya basta.
La Charmeleon variocolor intervino viendo que se avecinaba otro conflicto de conclusión tan inexistente como su razón de ser. Una vez saciados se quedaron allí echados en ronda digiriendo la cena disfrutada.
White: ¿Soy yo o está haciendo demasiado calor?
Mushy: White, en todos mis años jamás había oído a un Charmander quejarse del calor. Sí que eres especial. Muuuy especial.
Bil: Mi caja tiene calor.
Como era habitual todos enmudecieron para oír lo que su callado amigo tenía que decir mirándolo petrifacados. Pasado el efecto, retornaban el tema con naturalidad.
Facu: De hecho yo también creo que hace demasiado calor. Eso es muy peligroso para nosotros que nos cuesta detectar las temperaturas altas. Podríamos deshidratarnos sin darnos cuenta y acabar convertidos en polvo y repugnantes restos que luegos los Mandibuzz comerán y...
White: Ya entendimos, Facu, gracias. ¿A que se deberá? No es algo común de esta parte del año, y mucho menos en esta parte de la región.
Mushy: Puede ser qu...
Y la tierra tembló. Un fuerte terremoto se desenvolvió con toda su furia. Jean, el mayor de la tribu y quién se había visto envuelto en situaciones similares en el pasado sabía bien que hacer. Aún así tenía mala espina, jamás había sentido un sismo tan poderoso.
Jean: ¡Todos afuera, rápido, esto puede derrumbarse en cualquier momento!
En fila comenzaron a marchar fuera. No fue una tarea fácil, el terremoto no cesaba y los más pequeños se caían constantemente. el valiente Charizard iba por detrás alerta de que ningún derrumbe sepultara a sus amigos. Tardando el doble del tiempo normal al final lograron abandonar la cueva.
Mushy: Increible.
Era la única capaz de gesticular palabra, todos miraban horrorizados lo que sucedía. Desde el Monte Azopardo, o mejor dicho Volcán Azorpardo como se lo conoce desde entonces, emanaba un colosal río de magma.
Tifu: ¡Mira lo que has hecho, Drago!
Drago: ¡No fue mi culpa, yo sólo toqué el monumento, no quería que nada de esto pasara!
El temblor comenzaba a pasar, pero ahora el principal peligro era la arrazadora lava que todo a su paso se llevaba y reducía a quien se cruzara en su camino a cenizas. Con un fugaz movimiento Jean tomó por la piel de la espalda a Tifu y Drago como solía hacer al enfadarse y los puso junto a su rostro.
Jean: ¿Qué han hecho ustedes dos?
Drago: No vayas a enojarte, no hicimos nada, sólo... destruir sin querer el Monumento Eterno.
Todos: ¡¡¿Qué?!!
Jean: ¿¿Q-q-qué hicieron qué?!
Tifu: ¡Ey, yo no hice nada malo!
Drago: Es verdad, ella no tiene la culpa de nada. Fui yo, intenté volar sobre el
Monte y un viento me desvió hacia el monumento. No hice nada, sólo aferrarme a él y se derrumbo como si nada.
Mushy: ¿Qué haremos ahora?
Facu: Disfrutar nuestros últimos momentos... le diré a mamá que la amo.
White: ¿Cual es el problema? Ejem... es fuego, somos tipo fuego...
Jean: ¿Qué nunca han oído la historia? Estos chicos de hoy. La leyenda cuenta que hace cientos de años el señor de estos dominios, un gran pokémon d fuego desató su ira de repente. Según se cuenta es el pokémon más temible que ha existido. Un famoso guerrero enmascarado logró controlarlo y sellarlo en el Monte Azoporardo. A través de poderosa magia ancestral se levantó el Monumento Eterno como símbolo del poder del pokémon que logró derrotarlo asegurando que este ser no pudiera escapar... y si ese sello es destruido, la bestia despertará y sólo el gran guerrero a su regreso logrará frenarlo.
Drago: Ups.
Mushy: Sí. Ups.
Maty: ¡Miren!
Una extraña figura emergía del cráter recientemente formado en la cima de la montaña. Como una espectral sombra de largas patas descendió a toda velocidad por la ladera dejando a su paso una estela de fuego y destrucción. Afortunadamente, corría en dirección contraria a la cueva.
Tifu: ¿Qué vamos a hacer?
Maty: Fácil, correr tan rápido como podamos en distintas direcciones. Que tengan una buena vida muchachos.
Jean: Maty, please. Nadie irá a ninguna parte, uno de los nuestros desató todo esto así que es deber nuestro detenerlo. Pelearemos con ese monstruo y lo acabaremos o moriremos en el intento.
Mushy: Jean tiene razón, se dirige hacia la Colonia, hará un desastre allí si no hacemos algo pero...
White: Yo lucharía sin problemas, pero hay demasiado fuego.
Facu: Y yo que pensaba que era quien menos valoraba su vida.
Bil: ¿Nadie vio al amigo de mi caja? Es peludo.
Maty: Yo me quedaría a pelear per... ¿a quien engaño? salgamos de aquí ahora que tenemos la oportunidad.
Tifu: No tenemos oportunidad...
Jean: ¡Basta! ¿A que se debe este egoísmo? Tenemos que ayudar a la Colonia, no saben el peligro que se avecina. Se salvarán vidas si actuamos rápido.
Facu: ¿Y debería importarnos lo que les pase?
Drago: Jamás nos aceptaron, se rieron de nosotros toda la vida sólo por ser diferentes ¿y ahora esperas que pongamos en peligro nuestro pellejo para ayudarlos?
Jean: ¿Y rebajarnos a su nivel es lo que consideran mejor? Le pese a quien le pese esa gente es de los nuestros y debemos ayudarlos. ¿Por qué? Para demostrarles de una vez y para siempre que uno no es mejor ni peor por su color, sus gustos o forma de ser, sino por lo que hace y decide hacer. Nos alejaron de su Colonia. ¿Sabes qué? No me importa, porque gracias a esto se forma esta tribu que aunque no es perfecta no cambiaría por nada. Siempre hemos trabajado juntos para sacar lo mejor de cada situación, y esta no es la excepción. Entre tantos defectos que tenemos existe una virtud que nos caracteriza. Esta tribu siempre estará dispuesta a ayudar.
Todos se miraron unos a otros y de a poco sonrisas comenzaron a divisarse en cada rostro. La vergüenza de haber sido tan egoístas duró poco pues las palabras de su líder no pudieron haber sido más motivantes.
Drago: Jean no podría estar más en lo cierto. Todo esto ha sido mi culpa y voy a remediarlo cueste lo que cueste.
Mushy: Nadie te culpa, Drago, y...
Facu: Yo sí.
Mushy: ¡Calla, emo! Como decía, fue un accidente, posiblemente el peor accidente de la historia, pero no por eso sigue careciendo de intención. Te ayudaremos.
Facu: mmm supongo que quizá podremos sobrevivir con varios huesos rotos, hay que ser optimistas.
Maty: ¡Ánimo, amigos! Si Jean es tan valiente como para salir en público vistiendo esas redes apestosas, nosotros podemos serlo de sobra para enfrentar a esa bestia.
Explotaron a carcajada limpia. Parecía mentira que fuesen capaz de reir de esa forma ante semejante desastre.
Jean: ¡Andando, hay que detener a ese ser legendario!
Siguiendo los vestigios de destrucción avanzaban tras el maléfico ser. Avanzar por ese bosque incendiado hubiese resultado mucho más complicado de tratarse de otra clase de pokémon. Evadiendo troncos caidos, sujetándose para resistir los temblores y ayudándose entre si iban acercándose a la imponente figura que camina a paso lento.
White: ¡Ya casi lo tenemos!
Segundos después estuvieron finalmente cara a cara contra el endemoniado ser. Se trataba de una gran mole de hierro de fiera mirada encendida emanando vaporo por todo su cuerpo. Con cada paso de sus cuatro patas hacía temblar la tierra y la hierba no volvería a crecer por muchos años en los sitios donde pasara… En señor del fuego había sido despertado; Heatran desplegaba su furia.
Heatran: ¡Pagarán lo que han hecho! ¡Me vengaré de ese maldito que osó encerrarme!
Con una impotente brasa de fuego calcinó varios árboles mientras reía.
Heatran: ¡Recuperaré lo que es mío por derecho! ¡Este bosque volverá a ser lo que nunca debió dejar de ser, una meseta digna del señor del fuego!
Sus enormes ojos anaranjados se posaron sobre la tribu que de lejos lo observaba atónita y los posó totalmente en Jean. Cuando este abrió sus fauces metálicas a más de uno le temblaron las piernas.
Heatran: ¡Tú!
Bil: Jean, creo que te llaman.
Heatran: ¡Fuiste tú él que me encerró a tanto tiempo! ¡Me las pagarás todas!
Jean: Eso es una tontería, yo no… ¡Aaah!
Sin siquiera escuchar lo que el Charizard tenía para decirle usó su ataque de Lluvia ígnea esparciendo centenares de litros de lava alrededor que el grupo pudo evadir por centímetros. Pueden soportar el ser salpicados por tan ardiente sustancia, pero ni ellos tolerarían quedar sepultados por esta.
Jean: ¡Mis pantalones, no otra vez!
Mushy: ¡Sepárense!
Heatran: ¡Nadie irá a ninguna parte!
El legendario pokémon alzó ambas patas en el aire y las golpeó con violencia en el suelo, abriendo una gigantesca grieta en la tierra que parecía tener varios kilómetros de profundidad y ancha como un Wailord. Se extendía hasta perderse en el horizonte y pude haber sido la tumba para más de uno de los Charmander que tambalearon peligrosamente cerca.
White: ¡Tifu!
El suelo donde esta se posaba había cedido y ahora caía hacia el vacío. Terminando de quitarse las carbonizadas redes de sus patas trasera se arrojó en picada a toda velocidad y casi doscientos metros más abajo logró aferrarse a su amiga y emprender el vuelo de regreso.
Aquel ascenso se les hizo eterno y al volver a la superficie encontraron a todos sus amigos evadiendo los ataques del monstruoso enemigo peligrosamente cerca de la gran gruta.
Jean: Cúidate, Tifu, iré a luchar con él.
De pie en el suelo la dejó y volvió a emprender vuelo rumbo hacia Heatran y por la espalda lo golpeó con su imponente Llamarada sólo para ver como esta era absorbida por el metálico individuo que sólo parecía ponerse más furioso.
Heatran: ¡Idiotas! ¡¿Acaso creen que destruirán al rey de las llamas usando fuego?!
Eran perturbadoras las carcajadas que siguieron a esas palabras.
White: ¡¿Qué?!
Facu: Bien hecho, Jean, ¿por qué no intentes también apagar los árboles con tu Lanzallamas?
Otro ataque de Lluvia ígnea les hizo pasar la vida completa por sus ojos, esa vez todos recibieron más daño, excepto White que afortunadamente fue protegido por sus pares; sería desastroso que recibiera ese ataque.
Jean volvió a contraatacar utilizando su Cola Férrea sobre la pata trasera de Heatran. Si bien este trastabilló no recibió mucho daño. Con unos reflejos admirables para su tamaño, levantó unas rocas del suelo y violentamente las disparó sobre el Charizard que cayó al suelo rodando. Logró levantarse, pero no resistiría mucho más.
Drago: ¡Jean está herido, no podemos dejarlo solo!
Maty: ¡Vamos!
Y se olvidaron completamente del miedo o el peligro. Absolutamente todos fueron atacar en conjunto utilizando las distintas técnicas carentes de fuego que conocían. Sus feroces movimientos golpearon lo golpearon en todas partes. Desgraciadamente las grandes dotes de valentía no compensan la falta de fuerza. Heatran continuaba casi ileso y no paraba de mofarse de sus rivales.
Heatran: ¡Ilusos!
Pisó fuerte y la onda expansiva los arrojó a todos nuevamente al borde de la terrorífica gruta.
Heatran: ¡Te dije que pagarías, guerrero enmascarado! ¡Ahora tú y los amiguitos caerán en este abismo que baja directamente hasta el centro de la Tierra! Pero primero debo encargarme de que no puedas volar más.
No tardó un segundo en arrojar otra gigantesca roca que el debilitado Jean fue incapaz de evitar. El duro golpe en la cabeza hizo que quedara al borde del desmayo.
Heatran: ¡Y ahora, prepárense a morir!
Lentamente, como disfrutando el momento, se acercó hasta el borde para dar el golpe de gracia.
Bil: ¡No, deja a mis amigos en paz!
Heatran: ¡¿Qué dices, insecto insignificante?!
Bil: ¡Me tienes cansado, toma esto maldito animal!
De nuevo explotaba en carcajadas. Bil, enojado como no se lo había visto ni se lo volvería a ver, se quitó la gran caja de la cabeza y la arrojó dentro de la boca del enorme monstruo. La risa cesó y dio pie a una fuerte tos. Luchaba por escupir ese gran pedazo de cartón pero era incapaz. Ni siquiera podía quemarla por el incómodo punto en que esta se había quedado atascada. Iba quedándose sin aire, lo que significaba que además de dificultad para respirar tendría problemas para hacer fuego.
Todos miraban atónitos a Bil. Irreconocible, por nunca haber sido visto sin la caja y por su magnífico comportamiento a partes iguales. El pequeñín no se detenía. Corrió hacia Heatran mientras un grisáceo brillo cubría las garras de su pata y usando toda su fuerza la clavó en el suelo, la sacó y volvió a clavarlo. Así reiteradas veces.
Fue Mushy quien se percató de lo que hacía su amigo.
Mushy: ¡Vamos todos, hagan lo mismo que Bil!
Segundos después el bastión de Charmander y Charmeleon arremetían con su Garra Metal el suelo en forma de semicírculo alrededor de Heatran y el abismo. La tierra comenzaba a ceder mientras los tosidos del Señor del Fuego continuaban en ascenso.
Mushy: ¡Un poco más, ya casi lo tenemos!
Todos se sobresaltaron al ver la férrea cola de Jean golpear justo entre White y Drago acelerando totalmente las cosas. Ese fue el último esfuerzo del Charizard antes de caer completamente debilitado.
El semicírculo cedió junto con Heatran y el gran golem de acero cayó en la grieta que el mismo aseguraba llegaba al centro de la tierra. Su ronca tos se oyó varios minutos más hasta fundirse en el vacío.
Tan agotados estaban todos que se arrojaron al suelo intentando recuperar algo de energía. Tan exhaustos se hallaban que incluso con la adrenalina por las nubes y rodeados de un bosque incendiados todos se quedaron profundamente dormidos.
Despertaron al otro día, nada más y nada menos que en la gran Colonia de los Charmander. Los esperaban con un banquete musicalisado con aplausos. Aquellos que una vez se mofaron de los miembros de la tribu ahora los consideraban héroes, ya que se había corrido el rumor de que fueron ellos quienes detuvieron al terrible Heatran, aunque no sabían bien como.
Durante dos días fueron agasajados con regalos y comidas en su honor, todo el mundo quería conocer a los grandes salvadores. Así como se les pidió que contaran su historia, también oyeron la de cómo se salvó el bosque con la ayuda de unos trabajadores Squirtle y sus evoluciones que habitan más al Sur y que apagaron todo el incendio trabajando arduamente sin descansar. Ahora una tribu de Bulbasour se encarga de recomponer los árboles caídos y las extensiones de hierba calcinadas.
Caída la tercera noche, decidieron descansar un poco de los festejos y estar un rato a solas. Cenaron en paz y tranquilidad como siempre solían hacerlo, y luego cada uno fue a descansar por su cuenta.
Jean y Mushy antes de dormir visitaron a Bil, que jugaba afuera. Parecía no extrañar para nada su caja.
Mushy: Hola Bil, ¿qué haces?
Bil: Espanto fantasmas.
Jean: Pero si no hay ningún fan…
Bil: Porque los estoy espantando.
Jean: Oh. Y dime una cosa, amigo. ¿Por qué decidiste deshacerte de tu caja?
Bil: Para ayudar a mis amigos.
Mushy: ¿Y cómo te sientes?
Bil: Extraño.
Jean: ¿Por qué?
Bil: Quisiera tener tentáculos. Sería genial.
Moviendo de forma holgaba sus patas el Charmander imitaba a un Octillery.
Jean: Bien. Hasta luego.
Ambos lo dejaron jugando y retornaron a la cueva que les habían asignado temporalmente. Les habían ofrecido quedarse todo lo que quisieran, pero todos estuvieron de acuerdo en regresar a su cueva querida, el lugar al que pertenecen.
Mushy: ¿Qué piensas?
Jean: Pienso que el legendario guerrero enmascarado ha elegido un pokémon muuuuy especial para reencarnar en él.
Mushy: No seas malo.
Jean: Lo digo en serio. Existen millones de guerreros con infinitas virtudes y defectos, pero ninguno con la que tiene este pequeño. La pureza y total desinterés, el deseo de ayudar al prójimo y la voluntad para colaborar siempre sin importar las consecuencias. ¿Sabes? Llevamos mucho tiempo intentando enseñarle cosas, cuando en realidad creo que la Tribu debería aprender varias cosas de él.
Ambos sonrieron y regresaron con el resto. Por fin la paz había regresado.
Y he aquí la historia de la Tribu de los Charmander, siempre dispuestos a dejar todo por el bien del resto y a proteger a los que más quieren. Sí, todos ellos son muy distintos pero en esencia son iguales, como todos los seres vivos. No importa quien uno sea, sino quien quiere ser.
Con el tiempo el furor por los héroes se calmó y su vida volvió a ser tal cual era. Todos continuaron habitando en conjunto la misma cueva por muchos años y llegaron a ser completamente felices. Bueno, excepto Jean, que jamás fue capaz de hallar un par de pantalones que le durasen más de un día.