~"Reflejo"~ -- Cap. 5
Buen día!
Aquí dejo la evaluación de mi nuevo fic:
Muchas gracias de antemano a todos los que abrieron este tema con la intención de leer el fic. Espero que les guste (quizá ahora no, pero verán cómo la trama va agarrando forma poco a poco).
Pido mucha paciencia al leer, no se desesperen...
Y les recomiendo que, para entender la historia, lean lentamente... hay muchas palabras, mucha expresión de sentimientos, mucha historia oscura, que en un principio quizá no se entienda bastante, pero si leen con atención, seguro que no les aburrirá.
Bueno, espero que lo disfruten y no se desesperen, como les dije. Prometo ir posteando pronto para despejar las dudas iniciales.
Aquí va el capítulo 1.
Capítulo 1: Devaneos.
De pronto, una curiosa araña blanca con múltiples patas enredadas cortó mis pasos y se plantó en mi cara con tesón, sobre mis ojos, y de pronto tuve una importante sensación de asfixia, algo terrible.
Era una red; había visto varias antes, no sé en dónde, pero no era algo desconocido para mí. Y no fueron muy delicados conmigo ni se hicieron consideraciones; no les importó que me precipitara al suelo y rodara varias veces sobre mí mismo, levantando una polvareda al impacto. ¡Y la red, no podía apartarla de mis ojos! Ya no, en esta condición, en esta nueva condición no podía, ya no sabía. ¡Y sentía la asfixia al punto del agobio febril!
Escuché pasos atentamente, con la cabeza casi hundida en la tierra. Mi vista no era aguda, pero aunque lo hubiera sido aún, no podía abrir los ojos. Los pasos que oía se aproximaban, apresurados, chocando sus zapatos con estrépito contra las piedras angulosas. ¿Cuántos serían? Mis oídos estaban poco aptos para determinarlo con exactitud; mi olfato se hallaba totalmente inhabilitado, seguro que por la revuelta. Uno de los hombres escupió. Todos me estaban rodeando, lo sabía, me contemplaban en movimiento, y yo estaba tan agitado, incapaz de mantenerme sereno al menos por un instante. ¿Por qué? ¿Por qué me habían capturado? Todos éramos amigos, ¿o no? ¿Por qué? ¡La red, la red en la cara me sofocaba! ¡Que alguien me la quitara! Imploraba piedad con mudez.
Jadeaba. La red parecía aflojarse, pero los hombres se aproximaban a mi cuerpo, a este cuerpo extraño y desfallecido. ¿Cómo me veía? De forma ridícula, supongo. Pero ya nada me sorprendía, ya nada era raro después de mi proceso y del descubrimiento que, sin tanta sorpresa, me hice al despertar.
Los hombres que apresan a otros así a la fuerza son los policías o los soldados, en caso de ocupación militar de un país. Pero en aquellos momentos no había guerra, hasta lo que mi intuición me decía, ni los hombres captores vestían con sus tradicionales uniformes de colores verdes. Lo supe, porque al abrir los ojos dolorosamente, noté que sus ropajes eran grises, absolutamente grises, sin ninguna distinción entre sus rostros y la vestimenta.
¡Pero qué tonto! No recordaba que ahora todo lo veía gris. No recordaba que ya lo había notado. Había olvidado que no era una sorpresa para mí.
Y reí de pronto, me divertí con mis pensamientos tontos, zafados, mientras los apresadores retrocedían intimidados. Adelantaron sus manos instintivamente, intentando cubrirse las caras; sus facciones se endurecieron, vacilaban, sus movimientos eran inciertos. Todo lo notaba desde el ardor del terregal.
Entre flaquezas, uno de ellos se aproximó con cautela y tensó más mi red con un movimiento que fue más llevado por el miedo que por la prudencia. ¡Tanto había de intimidar mi sonrisa, esa que aparecía ante mi diversión! ¡Y tanto miedo infundiría mi risueño actuar, que ellos trocaban por gañidos descompuestos!
La red, al instante, volvió a oprimir mi prominente nariz. El sufrimiento renacía. Pero no del todo, lo sabía, no ignoraba que venía lo peor, de forma esotérica yo entendía todo, lo vivía otra vez, volvía a nacer, era una víctima. Era un mártir. Iba a sufrir, iba a morir, ¿cómo lo sabía? Entre bruma, vi sangre corriendo por mi cuerpo, sentí su olor junto a mi boca, me desmayaba y mi mente se separaba de mi cuerpo desahuciado, fallecía en fin. Los pasos volvían a aproximarse.
¡Todo era tan gris!
Pero… pero la red era tan blanca… Y esos zapatos que resonaban a mi alrededor eran tan negros… ¡Y el cielo, esa bóveda luminosa se volvía azul, decolorándose gradualmente, y luego gris, y luego caía sobre mí en un estruendo, y las nubes estallaban como bombas, y yo volvía a sangrar, y volvía a morir! ¡Gris, gris, gris, todo tan gris! ¡Todo era un horror! ¡Quería salir de la trampa!
Y luego, con ademán de resignación, agitaba la cabeza, y el olor desagradable de la sangre desaparecía, y mis heridas sanaban, y mi cuerpo estaba limpio, pero lleno de tierra, y los zapatos negros a mi alrededor pateaban las piedras, y la red blanca me reventaba la nariz, y yo jadeaba, me convulsionaba dentro de mi mente, y mil pensamientos resurgían desde las cenizas de la confusión ejecutando una danza mortífera. Mi historia, mi pasado, mi ayer, todo lo estaba derramando por los poros, cada segundo recordaba menos y enloquecía más.
—Tiene rabia —escuché a mi izquierda, arriba.
—¿Cómo lo sabes?
—¿No ves su saliva espesa? ¿No ves la espuma blanca?
Y volví a cerrar los ojos, presa del pánico y del aturdimiento cegador; quería olvidar y recordar, no saber nada y saberlo todo, mi pasado, lo que yo era; quería todo a la vez, quería todo, quería nada. Con esfuerzos veía mis manos, estaban ahí en su lugar natural, pero eran diferentes, no eran manos normales, no eran mis manos. ¿Qué les había pasado a mis dedos? ¿Quién los había cortado?
—No es rabia. Es locura —intervino un tercero.
—¿Locura?
—Locura canina.
—No puede ser.
—Pero existe. No somos los humanos los únicos seres con mentes embrolladas.
¿Locura canina? ¿Canina? Lo de locura no me sorprendía, porque estaba loco desde que desperté hoy por la mañana, ¿pero canina? ¡No estaba soñando! ¡No tenía un complejo psiquiátrico! ¿Pero canina? ¡Realmente era un perro, mis sospechas quedaron constatadas! ¿Pero por qué? ¿De dónde? ¿Desde cuándo?
Me inquietaba sobremanera el darme cuenta que tenía un pensamiento sumamente arraigado en lo más profundo de mi mente, y era una creencia inverosímil que en este extraño cerebro canino se aferraba con dureza…
No, no siempre fui un can, no lo creía, no era posible, no siempre lo fui, me mareaba, ¿desde cuándo cambié de cuerpo? ¿Desde cuándo no soy yo?
Tenía un pasado, una historia borrosa, pero era como una tormenta de nieve que me ofuscaba la visión, y no podía recordar nada, por más esfuerzos que realizara, por más que maquinara un poco más allá de lo que aquel día por la mañana. Si desde siempre fui un perro, ¿entonces qué había comido un día anterior, qué había cenado, qué había hecho antes de dormirme? Esa clase de preguntas las retorcía en mi cabeza como trapos, y es que no, no podía recordar nada de mí que fuera antes de despertar esa misma mañana.
¡Pero por Dios, sólo pedía que me quitaran esa red arácnida, ese laberinto blanco del rostro!
Me di cuenta que jadeaba, que mi monstruosa lengua colgaba, y se apretaba singularmente contra la malla.
—Llévalo, llévalo.
—¿Yo?
Bufé con desesperación. No quería escuchar las conversaciones de los hombres que me rodeaban, pero era inevitable; de haber podido taparme las orejas lo hubiera hecho, pero mis manos estaban tensas en la red.
Tenía lastimado el cuerpo por la caída brusca, por la revolcada sobre las rocas angulosas y por la malla blanca que ceñía mi rostro, pero me lastimaba aún más mi mente, que parecía que bailaba dentro de mi cabeza, de mi ser, y las situaciones confusas que gestaba imaginariamente me traspasaban como cuchillos punzocortantes, y yo enloquecía.
—¡Sí, tú, holgazán! ¡Recógelo, que no te pasará nada! ¡No muerde, la red le ha asegurado las fauces!
Intentaba yo enderezar las orejas picudas, pero era imposible, estaban entalladas bajo la trampa. Había varias voces de hombres cortando el ambiente; la más potente insultaba y daba órdenes como si en ello se le fuera la vida.
—¡Súbelo, súbelo al camión! ¡Arrástralo! ¡Vamos, holgazán!
Y todos los diálogos eran prontos, juntos, las voces se atropellaban y herían mis oídos, demasiado sensibles a mi parecer.
Como un bulto tirado por un trineo de fuerzas descomunales, sentí que me jalaban con una cuerda, bien atada a la maldita red; mi cuerpo parecía desbaratarse mientras se arrastraba con cada golpe que me daba en las piedras. No fue un tramo largo, pero yo no tenía conciencia de nada, ni del espacio ni del tiempo.
Aparentemente, mis cavilaciones fueron prolongadas, pero desde mi captura hasta el momento en que me arrastraban sólo había transcurrido cerca de un minuto, como máximo. ¿Pero un minuto? ¿Cómo un perro como yo tenía noción del tiempo, con esas medidas propias de los humanos? ¡No cabía duda que yo era un perro singular!
No puse resistencia en fin; estaba cansado y además, este nuevo cuerpo lo sentía un tanto decrépito. Ni siquiera gruñí cuando me levantaron para subirme a esa caja gris del camión, ni cuando el hombre que tiraba de mí me lanzó como un peso muerto dentro de una comprimida jaula de rejas oxidadas.
Tardé en incorporarme, y al hacerlo, noté que mi cabeza daba contra el techo de la jaula.
La mano del hombre, embutida en un guante de piel, se introdujo entre dos barras, y con unas tijeras con las que bien podría cortarse el césped del jardín, fue trozando poco a poco la ceñida malla que me oprimía. Sólo acabó con los hilos que prensaban mi rostro, quedando con una gran sensación de libertad. El aire entró a mi nariz.
—Vamos, amigo, ahora puedes respirar mejor. Termina el trabajo —sonrió el hombre frente a mi prisión.
Con mis fauces, lentamente fui deshilachando el resto de la red que cubría mi cuerpo.
No me gustaba la idea de ir en un camión oscuro lleno de cosas raras, ¿a dónde me llevaban? Sentí un escalofrío que me recorrió por completo, llenándome de miedo auténtico. El hombre tenía mirada gris. Afuera del camión, entre la luz cegadora del día, dos hombres más dialogaban a gritos, divertidos insultándose mutuamente, pero no los veía, sólo escuchaba sus voces roncas y desagradables. Cerré mis ojos, mi mente estaba destrozada, incapaz de seguir intentando indagar más en la oscuridad tétrica de los misterios.
Carraspeé grotescamente, pero no exhibí movimiento alguno mientras mi captor analizaba otras jaulas contiguas y frontales a la mía. Probablemente habría más criaturas dentro de ellas. ¿Otros perros?
El hombre afirmó su gorra con rapidez, que se le resbalaba por la frente; unos ligeros rayos de luz provenientes del exterior que se colaban por un agujero del techo denotaban que sudaba en la cara y entre el cabello, demasiado corto.
Mis ojos giraron de un lado a otro; la puerta trasera del camión continuaba toda abierta, lo que mataba las tinieblas parcialmente.
Había vida fuera de mi nueva prisión.
Alguien abrió la puerta delantera del camión, y luego una brutal sacudida de mi entorno me indicó que una persona se estaba acomodando en el asiento correspondiente al conductor. Otra lo imitó, sentándose en el lugar contiguo.
—Nos vamos —dijeron desde la cabina.
El hombre que me había enjaulado terminaba su revisión tan singular y se preparaba para bajarse. Habría de instalarse enfrente también, en la banca de la cabina. La caja del camión les correspondía a los animales.
Enrollé mi lengua, porque ésta colgaba de mi hocico con una longitud tremenda. Moría, entre otras cosas, de sed.
El joven dio un salto desde la puerta y pronto se halló en el exterior.
Inhalé lento, porque pronto iba a extraviarse el resplandor externo.
Así fue. Dos puertas se cerraron a la par, bañándome en un mar negro de calígine, con oleadas de soledad.
De antemano, muchas gracias. Espero que no se hayan dormido con el relato dramático/trágico/oscuro/psicópata (?).
Saludos.
Aquí dejo la evaluación de mi nuevo fic:
Spoiler
Reflejo (Cygnus)
1. El tema del fic y su trama - 12/15 puntos
Me pareció confuso si lo evalúo en una mirada presente. Pero si miro hacia el futuro, creo que puedo ver un fic muy original, bien de tu estilo. Tendré que seguir leyendo más para ver si este ítem llega al máximo.
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura - 25/25 puntos
¿Que podría decirte yo en este apartado? No vi explícitamente ningún error, si se te escapó alguno realmente fue tan poco notorio que se me escapó a mi también. Estructura casi perfecta salvando un error que te comento más abajo, aunque no estoy seguro que sea error, por eso lo paso por alto.
3. La madurez del fic - 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor - 18/20 puntos
Bueno, Cyg, sabes que está muy bien esto, pero siempres cometes el mismo error, y no se debe a que seas malo escribiendo sino que eres demasiado bueno. Tu forma de expresarte es muy elegante, hasta demasiado, y en ciertas partes se vuelve tan intrincada la lectura que ciertos usuarios con pocas competencias no llegarían a entender. Supongo que a ti te da igual esto, pero a veces ni siquiera los autores reconocidos escriben con tanto perfeccionismo.
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 0/5 puntos.
Puntaje total: 60/70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fan Fic apto para la publicación, ¡felicidades!
Comentarios: La repetición del primer párrafo me pareció algo malsonante... raro de tu parte. Bueno, pero se perdona porque parece un recurso muy utilizado el de la repetición en todo el fic. No tengo mucho más que decirte sobre este fic, a mí en lo particular no me aburre para nada, me parece muy interesante, pero quizá sí pueda parecerle pesado a otros usuarios que no consideren entretenido el tema.
1. El tema del fic y su trama - 12/15 puntos
Me pareció confuso si lo evalúo en una mirada presente. Pero si miro hacia el futuro, creo que puedo ver un fic muy original, bien de tu estilo. Tendré que seguir leyendo más para ver si este ítem llega al máximo.
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura - 25/25 puntos
¿Que podría decirte yo en este apartado? No vi explícitamente ningún error, si se te escapó alguno realmente fue tan poco notorio que se me escapó a mi también. Estructura casi perfecta salvando un error que te comento más abajo, aunque no estoy seguro que sea error, por eso lo paso por alto.
3. La madurez del fic - 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor - 18/20 puntos
Bueno, Cyg, sabes que está muy bien esto, pero siempres cometes el mismo error, y no se debe a que seas malo escribiendo sino que eres demasiado bueno. Tu forma de expresarte es muy elegante, hasta demasiado, y en ciertas partes se vuelve tan intrincada la lectura que ciertos usuarios con pocas competencias no llegarían a entender. Supongo que a ti te da igual esto, pero a veces ni siquiera los autores reconocidos escriben con tanto perfeccionismo.
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 0/5 puntos.
Puntaje total: 60/70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fan Fic apto para la publicación, ¡felicidades!
Comentarios: La repetición del primer párrafo me pareció algo malsonante... raro de tu parte. Bueno, pero se perdona porque parece un recurso muy utilizado el de la repetición en todo el fic. No tengo mucho más que decirte sobre este fic, a mí en lo particular no me aburre para nada, me parece muy interesante, pero quizá sí pueda parecerle pesado a otros usuarios que no consideren entretenido el tema.
Muchas gracias de antemano a todos los que abrieron este tema con la intención de leer el fic. Espero que les guste (quizá ahora no, pero verán cómo la trama va agarrando forma poco a poco).
Pido mucha paciencia al leer, no se desesperen...
Y les recomiendo que, para entender la historia, lean lentamente... hay muchas palabras, mucha expresión de sentimientos, mucha historia oscura, que en un principio quizá no se entienda bastante, pero si leen con atención, seguro que no les aburrirá.
Bueno, espero que lo disfruten y no se desesperen, como les dije. Prometo ir posteando pronto para despejar las dudas iniciales.
Aquí va el capítulo 1.
Spoiler
Reflejo.
Capítulo 1: Devaneos.
De pronto, una curiosa araña blanca con múltiples patas enredadas cortó mis pasos y se plantó en mi cara con tesón, sobre mis ojos, y de pronto tuve una importante sensación de asfixia, algo terrible.
Era una red; había visto varias antes, no sé en dónde, pero no era algo desconocido para mí. Y no fueron muy delicados conmigo ni se hicieron consideraciones; no les importó que me precipitara al suelo y rodara varias veces sobre mí mismo, levantando una polvareda al impacto. ¡Y la red, no podía apartarla de mis ojos! Ya no, en esta condición, en esta nueva condición no podía, ya no sabía. ¡Y sentía la asfixia al punto del agobio febril!
Escuché pasos atentamente, con la cabeza casi hundida en la tierra. Mi vista no era aguda, pero aunque lo hubiera sido aún, no podía abrir los ojos. Los pasos que oía se aproximaban, apresurados, chocando sus zapatos con estrépito contra las piedras angulosas. ¿Cuántos serían? Mis oídos estaban poco aptos para determinarlo con exactitud; mi olfato se hallaba totalmente inhabilitado, seguro que por la revuelta. Uno de los hombres escupió. Todos me estaban rodeando, lo sabía, me contemplaban en movimiento, y yo estaba tan agitado, incapaz de mantenerme sereno al menos por un instante. ¿Por qué? ¿Por qué me habían capturado? Todos éramos amigos, ¿o no? ¿Por qué? ¡La red, la red en la cara me sofocaba! ¡Que alguien me la quitara! Imploraba piedad con mudez.
Jadeaba. La red parecía aflojarse, pero los hombres se aproximaban a mi cuerpo, a este cuerpo extraño y desfallecido. ¿Cómo me veía? De forma ridícula, supongo. Pero ya nada me sorprendía, ya nada era raro después de mi proceso y del descubrimiento que, sin tanta sorpresa, me hice al despertar.
Los hombres que apresan a otros así a la fuerza son los policías o los soldados, en caso de ocupación militar de un país. Pero en aquellos momentos no había guerra, hasta lo que mi intuición me decía, ni los hombres captores vestían con sus tradicionales uniformes de colores verdes. Lo supe, porque al abrir los ojos dolorosamente, noté que sus ropajes eran grises, absolutamente grises, sin ninguna distinción entre sus rostros y la vestimenta.
¡Pero qué tonto! No recordaba que ahora todo lo veía gris. No recordaba que ya lo había notado. Había olvidado que no era una sorpresa para mí.
Y reí de pronto, me divertí con mis pensamientos tontos, zafados, mientras los apresadores retrocedían intimidados. Adelantaron sus manos instintivamente, intentando cubrirse las caras; sus facciones se endurecieron, vacilaban, sus movimientos eran inciertos. Todo lo notaba desde el ardor del terregal.
Entre flaquezas, uno de ellos se aproximó con cautela y tensó más mi red con un movimiento que fue más llevado por el miedo que por la prudencia. ¡Tanto había de intimidar mi sonrisa, esa que aparecía ante mi diversión! ¡Y tanto miedo infundiría mi risueño actuar, que ellos trocaban por gañidos descompuestos!
La red, al instante, volvió a oprimir mi prominente nariz. El sufrimiento renacía. Pero no del todo, lo sabía, no ignoraba que venía lo peor, de forma esotérica yo entendía todo, lo vivía otra vez, volvía a nacer, era una víctima. Era un mártir. Iba a sufrir, iba a morir, ¿cómo lo sabía? Entre bruma, vi sangre corriendo por mi cuerpo, sentí su olor junto a mi boca, me desmayaba y mi mente se separaba de mi cuerpo desahuciado, fallecía en fin. Los pasos volvían a aproximarse.
¡Todo era tan gris!
Pero… pero la red era tan blanca… Y esos zapatos que resonaban a mi alrededor eran tan negros… ¡Y el cielo, esa bóveda luminosa se volvía azul, decolorándose gradualmente, y luego gris, y luego caía sobre mí en un estruendo, y las nubes estallaban como bombas, y yo volvía a sangrar, y volvía a morir! ¡Gris, gris, gris, todo tan gris! ¡Todo era un horror! ¡Quería salir de la trampa!
Y luego, con ademán de resignación, agitaba la cabeza, y el olor desagradable de la sangre desaparecía, y mis heridas sanaban, y mi cuerpo estaba limpio, pero lleno de tierra, y los zapatos negros a mi alrededor pateaban las piedras, y la red blanca me reventaba la nariz, y yo jadeaba, me convulsionaba dentro de mi mente, y mil pensamientos resurgían desde las cenizas de la confusión ejecutando una danza mortífera. Mi historia, mi pasado, mi ayer, todo lo estaba derramando por los poros, cada segundo recordaba menos y enloquecía más.
—Tiene rabia —escuché a mi izquierda, arriba.
—¿Cómo lo sabes?
—¿No ves su saliva espesa? ¿No ves la espuma blanca?
Y volví a cerrar los ojos, presa del pánico y del aturdimiento cegador; quería olvidar y recordar, no saber nada y saberlo todo, mi pasado, lo que yo era; quería todo a la vez, quería todo, quería nada. Con esfuerzos veía mis manos, estaban ahí en su lugar natural, pero eran diferentes, no eran manos normales, no eran mis manos. ¿Qué les había pasado a mis dedos? ¿Quién los había cortado?
—No es rabia. Es locura —intervino un tercero.
—¿Locura?
—Locura canina.
—No puede ser.
—Pero existe. No somos los humanos los únicos seres con mentes embrolladas.
¿Locura canina? ¿Canina? Lo de locura no me sorprendía, porque estaba loco desde que desperté hoy por la mañana, ¿pero canina? ¡No estaba soñando! ¡No tenía un complejo psiquiátrico! ¿Pero canina? ¡Realmente era un perro, mis sospechas quedaron constatadas! ¿Pero por qué? ¿De dónde? ¿Desde cuándo?
Me inquietaba sobremanera el darme cuenta que tenía un pensamiento sumamente arraigado en lo más profundo de mi mente, y era una creencia inverosímil que en este extraño cerebro canino se aferraba con dureza…
No, no siempre fui un can, no lo creía, no era posible, no siempre lo fui, me mareaba, ¿desde cuándo cambié de cuerpo? ¿Desde cuándo no soy yo?
Tenía un pasado, una historia borrosa, pero era como una tormenta de nieve que me ofuscaba la visión, y no podía recordar nada, por más esfuerzos que realizara, por más que maquinara un poco más allá de lo que aquel día por la mañana. Si desde siempre fui un perro, ¿entonces qué había comido un día anterior, qué había cenado, qué había hecho antes de dormirme? Esa clase de preguntas las retorcía en mi cabeza como trapos, y es que no, no podía recordar nada de mí que fuera antes de despertar esa misma mañana.
¡Pero por Dios, sólo pedía que me quitaran esa red arácnida, ese laberinto blanco del rostro!
Me di cuenta que jadeaba, que mi monstruosa lengua colgaba, y se apretaba singularmente contra la malla.
—Llévalo, llévalo.
—¿Yo?
Bufé con desesperación. No quería escuchar las conversaciones de los hombres que me rodeaban, pero era inevitable; de haber podido taparme las orejas lo hubiera hecho, pero mis manos estaban tensas en la red.
Tenía lastimado el cuerpo por la caída brusca, por la revolcada sobre las rocas angulosas y por la malla blanca que ceñía mi rostro, pero me lastimaba aún más mi mente, que parecía que bailaba dentro de mi cabeza, de mi ser, y las situaciones confusas que gestaba imaginariamente me traspasaban como cuchillos punzocortantes, y yo enloquecía.
—¡Sí, tú, holgazán! ¡Recógelo, que no te pasará nada! ¡No muerde, la red le ha asegurado las fauces!
Intentaba yo enderezar las orejas picudas, pero era imposible, estaban entalladas bajo la trampa. Había varias voces de hombres cortando el ambiente; la más potente insultaba y daba órdenes como si en ello se le fuera la vida.
—¡Súbelo, súbelo al camión! ¡Arrástralo! ¡Vamos, holgazán!
Y todos los diálogos eran prontos, juntos, las voces se atropellaban y herían mis oídos, demasiado sensibles a mi parecer.
Como un bulto tirado por un trineo de fuerzas descomunales, sentí que me jalaban con una cuerda, bien atada a la maldita red; mi cuerpo parecía desbaratarse mientras se arrastraba con cada golpe que me daba en las piedras. No fue un tramo largo, pero yo no tenía conciencia de nada, ni del espacio ni del tiempo.
Aparentemente, mis cavilaciones fueron prolongadas, pero desde mi captura hasta el momento en que me arrastraban sólo había transcurrido cerca de un minuto, como máximo. ¿Pero un minuto? ¿Cómo un perro como yo tenía noción del tiempo, con esas medidas propias de los humanos? ¡No cabía duda que yo era un perro singular!
No puse resistencia en fin; estaba cansado y además, este nuevo cuerpo lo sentía un tanto decrépito. Ni siquiera gruñí cuando me levantaron para subirme a esa caja gris del camión, ni cuando el hombre que tiraba de mí me lanzó como un peso muerto dentro de una comprimida jaula de rejas oxidadas.
Tardé en incorporarme, y al hacerlo, noté que mi cabeza daba contra el techo de la jaula.
La mano del hombre, embutida en un guante de piel, se introdujo entre dos barras, y con unas tijeras con las que bien podría cortarse el césped del jardín, fue trozando poco a poco la ceñida malla que me oprimía. Sólo acabó con los hilos que prensaban mi rostro, quedando con una gran sensación de libertad. El aire entró a mi nariz.
—Vamos, amigo, ahora puedes respirar mejor. Termina el trabajo —sonrió el hombre frente a mi prisión.
Con mis fauces, lentamente fui deshilachando el resto de la red que cubría mi cuerpo.
No me gustaba la idea de ir en un camión oscuro lleno de cosas raras, ¿a dónde me llevaban? Sentí un escalofrío que me recorrió por completo, llenándome de miedo auténtico. El hombre tenía mirada gris. Afuera del camión, entre la luz cegadora del día, dos hombres más dialogaban a gritos, divertidos insultándose mutuamente, pero no los veía, sólo escuchaba sus voces roncas y desagradables. Cerré mis ojos, mi mente estaba destrozada, incapaz de seguir intentando indagar más en la oscuridad tétrica de los misterios.
Carraspeé grotescamente, pero no exhibí movimiento alguno mientras mi captor analizaba otras jaulas contiguas y frontales a la mía. Probablemente habría más criaturas dentro de ellas. ¿Otros perros?
El hombre afirmó su gorra con rapidez, que se le resbalaba por la frente; unos ligeros rayos de luz provenientes del exterior que se colaban por un agujero del techo denotaban que sudaba en la cara y entre el cabello, demasiado corto.
Mis ojos giraron de un lado a otro; la puerta trasera del camión continuaba toda abierta, lo que mataba las tinieblas parcialmente.
Había vida fuera de mi nueva prisión.
Alguien abrió la puerta delantera del camión, y luego una brutal sacudida de mi entorno me indicó que una persona se estaba acomodando en el asiento correspondiente al conductor. Otra lo imitó, sentándose en el lugar contiguo.
—Nos vamos —dijeron desde la cabina.
El hombre que me había enjaulado terminaba su revisión tan singular y se preparaba para bajarse. Habría de instalarse enfrente también, en la banca de la cabina. La caja del camión les correspondía a los animales.
Enrollé mi lengua, porque ésta colgaba de mi hocico con una longitud tremenda. Moría, entre otras cosas, de sed.
El joven dio un salto desde la puerta y pronto se halló en el exterior.
Inhalé lento, porque pronto iba a extraviarse el resplandor externo.
Así fue. Dos puertas se cerraron a la par, bañándome en un mar negro de calígine, con oleadas de soledad.
De antemano, muchas gracias. Espero que no se hayan dormido con el relato dramático/trágico/oscuro/psicópata (?).
Saludos.



Spoiler






o mentales, y también en donde el personaje se enfoca en solucionar algo que no puede controlar. Muy al estilo de Franz Kafka, con respecto a las situaciones que afectan directamente al principal sin que puedan remediarse. Siento que redundo, pero es lo que pude notar. 




Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.
(?) xD bien te dejo mi critica Cyg :3


















