Acechador de Dragones [Capítulo 1]
Bueno, aquí vengo con el intento numero 123567876543125678. Pasé la evaluación con un puntaje que me sorprendió mucho, así que espero que les guste.
Evaluación(muchas gracias a Demian):
Y aquí les dejo el fic, aunque por ahora sólo es la introducción, que en realidad viene a ser un primer cap cortito:

Introducción:
La vasta oscuridad de la noche reinaba en Dragoncradle. No había nada más que hacer. Apagó el último candelabro que iluminaba su pequeña y humilde casa y ni siquiera se molestó en cerrar la puerta, nadie entraría a robar, es más, no había nada para robar. Había llegado al máximo nivel de pobreza que un hombre pudiera alcanzar, conservaba su casa sólo porque era lo único que en algún lugar de su retorcida mente, le hiciera recordar los momentos buenos que tuvo con sus padres. Llevaba meses pasando hambre y no había quien pueda ayudarle, ya que la mayoría de las personas en su pueblo vivían la misma situación. En esos momentos, unas pocas monedas de plata hubieran saciado su hambre por unas pocas horas, o al menos dejarle pasar una noche en paz sin los sobresaltos que sufría por las bajísimas temperaturas que solían haber en su pueblo.
Herald levantó su mochila del suelo y la colgó a sus hombros En ella no tenía más que unos pocos harapos que usaría como ropa, un odre lleno de agua y algunas otras pocas cosas más que podrían serle útiles. Abrió un pequeño pedazo de tela atado con una cuerda y contó todo el dinero que tenía.
-Cuatro monedas de oro…-dijo para si mismo-.Supongo que Eberk podrá darme algo con esto-se dijo dirigiéndose de inmediato a la casa del joven herrero.
Eberk era el único herrero en el pueblo, llevaba exactamente cincuenta y cuatro años en su profesión, y no pararía hasta su muerte, solía decir. Era de raza enana, pero a su vez, uno de los más altos, superaba holgadamente el metro cuarenta. Tenía el pelo muy largo como la mayoría de los enanos y, además, tenía dos trenzas que colgaban de su voluminosa barba y se apoyaban sobre su pecho.
A pocos metros de la humilde caza de barro, podía verse al joven herrero parado en la puerta esperando. Herald tenía planeada esta huida con la complicidad de Eberk hacía meses; con la condición de que no le contara nada al padre Sydro acerca de su huida, trabajaba para él en la herrería, pero el día había llegado y él estaba esperándolo en la puerta como habían acordado dos días antes.
-Herald, ¿estás listo?-preguntó Eberk sosteniendo en sus manos un gran paquete.
-Sí, pasaré por la iglesia para despedirme, nada más- respondió sacando las pocas monedas de su bolsillo.
-Me parece bien que hayas recapacitado en cuanto a eso, el padre Sydro hizo mucho por ti, al menos merece una despedida… y guarda esas monedas, por favor.
-Eso haré, Eberk, sabes que no me olvidaré de él-dijo insinuando una leve sonrisa-¿Qué tienes para mí?
El otro sacó de un paquete que él mismo había hecho una nueva y reluciente armadura de cuero que él mismo había estado haciendo, aunque Eberk no solía trabajar con cuero, sino que compraba los productos ya manufacturados a los mercaderes nómades enanos del sur que pasaban mensualmente por el pueblo.
-Toma, es lo máximo que puedo darte-respondió dándole el paquete en sus manos.
-Muchas gracias por todo, Eberk, de veras-agradeció dándole un cálido abrazo de despedida a su fiel cómplice-.No te preocupes, volveré algún día.
Eberk se limitó a sonreírle, sabiendo que su llanto estallaría en segundos y luego de un simple “Adiós, Herald”, entró a su casa, donde trabajaría por toda la noche.
Ya estaba listo para irse, sólo pasaría por la iglesia para recibir la bendición, venía de una familia muy creyente, además esa bendición tal vez sería la última de su vida.
La iglesia estaba exactamente en el centro del pueblo, y tal vez era el edificio más grande. Cualquiera que llegara al pueblo, sería atraído por el gran símbolo del Dios San Cuthbert, que cubría toda la parte delantera del inmenso edificio.
Al llegar a la iglesia, golpeó la gran puerta de la misma y esperó que el cura salga de la misma. Luego de unos minutos, un cura algo encorvado y de baja estatura salió de la iglesia. Era calvo, sólo tenía algo de pelo en los costados de la cabeza y estaba muy avejentado.
-Herald, hijo, ¿cómo estás? ¿Qué es esa mochila?-preguntó algo asustado el padre Sydro mirando desde abajo el metro ochenta y tres de Herald. Era el único cura que había en el pueblo, era muy amabe con todos, en especial con Herald, ya que desde la muerte de sus padres lo consideraba casi como un hijo.
-Es una decisión tomada para mí, no tengo más nada que hacer en éste pueblo. Aquí solo me aguarda la pobreza y la miseria, además sabes que necesito hacerlo-respondió Herald duramente, a pesar de notar la preocupación en el otro.
-Ah, ya entiendo, sigues con eso de tu venganza, ¿no?- preguntó el otro resignado.
-Si… eso es lo que exige nuestro Dios, ¿no? Venganza y justo castigo para quienes lo merecen, dijo tocando con sus frías manos la medalla que colgaba de su cuello.
-Es cierto, Herald, sólo que no quiero que te vallas, sabes que lo que te espera no es nada fácil, ¿no? Además, nada te garantiza volver, y lo sabes-preguntó el astuto padre Sydro, intentando en vano impedir la partida de Herald.
-Sé muy bien en que me meto, créeme, estaré bien-dijo Herald intentando calmar al padre Sydro.
-Bien, creo que no hay más nada que hacer-dijo el otro sacando de uno de sus bolsillos una vieja y sobada hoja de papel-.Esto me lo dejó tu padre antes de irse el día en que se fue en su aventura-dijo entregándole la hoja que de tan vieja había tomado un color amarillento-.No la leas ahora, ya debes irte-dijo mostrando una sonrisa que, aunque fingida, demostraba un gran cariño de su parte.
-Gracias, padre-se despidió por último.
A todo esto, ya era tarde de la noche. Luego de recibir su bendición, y despedirse una vez más del padre Sydro, Herald partiría de su querido pueblo en su propia aventura, dejando atrás no sólo el pueblo en el que se crió, sino que abandonaba, por más pocos que hayan sido, los pocos recuerdos de su familia. Pensar en esto, le hizo llorar por unos cuantos minutos.
-¡Ah!-exclamó Herald sacando la hoja que horas atrás le había entregado el padre Sydro. Había olvidado leerla desde el momento en que le dijo que la guardara, prácticamente se había borrado de su mente. El muchacho abrió el papel doblado en cuatro y empezó a leer la carta siguiendo su camino. La fría brisa nocturna secaría sus lágrimas.
Listo, espero que les haya gustado y desde ya, agradezco sus comentarios.
Evaluación(muchas gracias a Demian):
Spoiler
Acechador de Dragones (Bilbox)
1. El tema del fic y su trama - 12/15 puntos
Está muy bien esto. Es original, y se puede ver que deja mucho para contar. Sólo espero que lo hagas y no lo abandones.
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura - 23/25 puntos
Minusculos errores. Más sin acento, valla que debería ser vaya, tal vez pegados, y algunos errores de repetición. Nada que con otra miradita no pueda ser correjido.
3. La madurez del fic - 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor - 18/20 puntos
Bueno, está muy bien narrado, las repeticiones bajan un poco esto, pero de verdad te digo que la organización es muy buena y nadie tendría problemas en leer esto.
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 2/5 puntos.
Me gustó mucho la imagen, y quedó muy bien de intro.
Puntaje total: 60/70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fan Fic apto para la publicación, ¡felicidades!
Comentarios: Bueno, no puedes estar más orgulloso de este fic... Es fantastico, está muy bien escrito y además se nota la aventura que lleva consigo desde el primer capítulo. Espero que te sientas realizado y que lo explotes como se debe. Dale continuidad. Nos vemos.
1. El tema del fic y su trama - 12/15 puntos
Está muy bien esto. Es original, y se puede ver que deja mucho para contar. Sólo espero que lo hagas y no lo abandones.
2. La gramática, ortografía y estructura de la escritura - 23/25 puntos
Minusculos errores. Más sin acento, valla que debería ser vaya, tal vez pegados, y algunos errores de repetición. Nada que con otra miradita no pueda ser correjido.
3. La madurez del fic - 5/10 puntos
4. El desarrollo del fic, es decir, la forma de expresar del autor - 18/20 puntos
Bueno, está muy bien narrado, las repeticiones bajan un poco esto, pero de verdad te digo que la organización es muy buena y nadie tendría problemas en leer esto.
5. Apoyo visual (Si es que lo tiene, es decir, opcional) - 2/5 puntos.
Me gustó mucho la imagen, y quedó muy bien de intro.
Puntaje total: 60/70 (Siendo 40 el mínimo)
Conclusión: Fan Fic apto para la publicación, ¡felicidades!
Comentarios: Bueno, no puedes estar más orgulloso de este fic... Es fantastico, está muy bien escrito y además se nota la aventura que lleva consigo desde el primer capítulo. Espero que te sientas realizado y que lo explotes como se debe. Dale continuidad. Nos vemos.
Y aquí les dejo el fic, aunque por ahora sólo es la introducción, que en realidad viene a ser un primer cap cortito:

Spoiler
Acechador de Dragones
Introducción:
La vasta oscuridad de la noche reinaba en Dragoncradle. No había nada más que hacer. Apagó el último candelabro que iluminaba su pequeña y humilde casa y ni siquiera se molestó en cerrar la puerta, nadie entraría a robar, es más, no había nada para robar. Había llegado al máximo nivel de pobreza que un hombre pudiera alcanzar, conservaba su casa sólo porque era lo único que en algún lugar de su retorcida mente, le hiciera recordar los momentos buenos que tuvo con sus padres. Llevaba meses pasando hambre y no había quien pueda ayudarle, ya que la mayoría de las personas en su pueblo vivían la misma situación. En esos momentos, unas pocas monedas de plata hubieran saciado su hambre por unas pocas horas, o al menos dejarle pasar una noche en paz sin los sobresaltos que sufría por las bajísimas temperaturas que solían haber en su pueblo.
Herald levantó su mochila del suelo y la colgó a sus hombros En ella no tenía más que unos pocos harapos que usaría como ropa, un odre lleno de agua y algunas otras pocas cosas más que podrían serle útiles. Abrió un pequeño pedazo de tela atado con una cuerda y contó todo el dinero que tenía.
-Cuatro monedas de oro…-dijo para si mismo-.Supongo que Eberk podrá darme algo con esto-se dijo dirigiéndose de inmediato a la casa del joven herrero.
Eberk era el único herrero en el pueblo, llevaba exactamente cincuenta y cuatro años en su profesión, y no pararía hasta su muerte, solía decir. Era de raza enana, pero a su vez, uno de los más altos, superaba holgadamente el metro cuarenta. Tenía el pelo muy largo como la mayoría de los enanos y, además, tenía dos trenzas que colgaban de su voluminosa barba y se apoyaban sobre su pecho.
A pocos metros de la humilde caza de barro, podía verse al joven herrero parado en la puerta esperando. Herald tenía planeada esta huida con la complicidad de Eberk hacía meses; con la condición de que no le contara nada al padre Sydro acerca de su huida, trabajaba para él en la herrería, pero el día había llegado y él estaba esperándolo en la puerta como habían acordado dos días antes.
-Herald, ¿estás listo?-preguntó Eberk sosteniendo en sus manos un gran paquete.
-Sí, pasaré por la iglesia para despedirme, nada más- respondió sacando las pocas monedas de su bolsillo.
-Me parece bien que hayas recapacitado en cuanto a eso, el padre Sydro hizo mucho por ti, al menos merece una despedida… y guarda esas monedas, por favor.
-Eso haré, Eberk, sabes que no me olvidaré de él-dijo insinuando una leve sonrisa-¿Qué tienes para mí?
El otro sacó de un paquete que él mismo había hecho una nueva y reluciente armadura de cuero que él mismo había estado haciendo, aunque Eberk no solía trabajar con cuero, sino que compraba los productos ya manufacturados a los mercaderes nómades enanos del sur que pasaban mensualmente por el pueblo.
-Toma, es lo máximo que puedo darte-respondió dándole el paquete en sus manos.
-Muchas gracias por todo, Eberk, de veras-agradeció dándole un cálido abrazo de despedida a su fiel cómplice-.No te preocupes, volveré algún día.
Eberk se limitó a sonreírle, sabiendo que su llanto estallaría en segundos y luego de un simple “Adiós, Herald”, entró a su casa, donde trabajaría por toda la noche.
Ya estaba listo para irse, sólo pasaría por la iglesia para recibir la bendición, venía de una familia muy creyente, además esa bendición tal vez sería la última de su vida.
La iglesia estaba exactamente en el centro del pueblo, y tal vez era el edificio más grande. Cualquiera que llegara al pueblo, sería atraído por el gran símbolo del Dios San Cuthbert, que cubría toda la parte delantera del inmenso edificio.
Al llegar a la iglesia, golpeó la gran puerta de la misma y esperó que el cura salga de la misma. Luego de unos minutos, un cura algo encorvado y de baja estatura salió de la iglesia. Era calvo, sólo tenía algo de pelo en los costados de la cabeza y estaba muy avejentado.
-Herald, hijo, ¿cómo estás? ¿Qué es esa mochila?-preguntó algo asustado el padre Sydro mirando desde abajo el metro ochenta y tres de Herald. Era el único cura que había en el pueblo, era muy amabe con todos, en especial con Herald, ya que desde la muerte de sus padres lo consideraba casi como un hijo.
-Es una decisión tomada para mí, no tengo más nada que hacer en éste pueblo. Aquí solo me aguarda la pobreza y la miseria, además sabes que necesito hacerlo-respondió Herald duramente, a pesar de notar la preocupación en el otro.
-Ah, ya entiendo, sigues con eso de tu venganza, ¿no?- preguntó el otro resignado.
-Si… eso es lo que exige nuestro Dios, ¿no? Venganza y justo castigo para quienes lo merecen, dijo tocando con sus frías manos la medalla que colgaba de su cuello.
-Es cierto, Herald, sólo que no quiero que te vallas, sabes que lo que te espera no es nada fácil, ¿no? Además, nada te garantiza volver, y lo sabes-preguntó el astuto padre Sydro, intentando en vano impedir la partida de Herald.
-Sé muy bien en que me meto, créeme, estaré bien-dijo Herald intentando calmar al padre Sydro.
-Bien, creo que no hay más nada que hacer-dijo el otro sacando de uno de sus bolsillos una vieja y sobada hoja de papel-.Esto me lo dejó tu padre antes de irse el día en que se fue en su aventura-dijo entregándole la hoja que de tan vieja había tomado un color amarillento-.No la leas ahora, ya debes irte-dijo mostrando una sonrisa que, aunque fingida, demostraba un gran cariño de su parte.
-Gracias, padre-se despidió por último.
A todo esto, ya era tarde de la noche. Luego de recibir su bendición, y despedirse una vez más del padre Sydro, Herald partiría de su querido pueblo en su propia aventura, dejando atrás no sólo el pueblo en el que se crió, sino que abandonaba, por más pocos que hayan sido, los pocos recuerdos de su familia. Pensar en esto, le hizo llorar por unos cuantos minutos.
-¡Ah!-exclamó Herald sacando la hoja que horas atrás le había entregado el padre Sydro. Había olvidado leerla desde el momento en que le dijo que la guardara, prácticamente se había borrado de su mente. El muchacho abrió el papel doblado en cuatro y empezó a leer la carta siguiendo su camino. La fría brisa nocturna secaría sus lágrimas.
Listo, espero que les haya gustado y desde ya, agradezco sus comentarios.
¡BANZAI!
DEAL WITH IT














Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.