Un Viaje Inesperado [Capítulo 9]
Bueno, después de mucho tiempo vuelvo con otro capítulo, fue dificil ver que hacia de nuevo e interesante para éste y espero que guste...pero antes, publicidad (?
Comentario para Darkito-kun♫
Gracias por tu comentario y porque te haya gustado el fic, creo que por eso me tardo, para tratar de no hacer las cosas igual que el anime y que el fic sea mas entretenido.
Espero que lo sigas leyendo.
Comentario para Drengist
Drengist, gracias por tomarte tu tiempo para leer mi fic, aunque aún te faltan unos capítulos, esos pequeños detalles como un líder con un solo pokémon es lo que hace el fic diferente. No te digo mas porque aun te faltan mas capítulos con sorpresas.
Comentarios para Toryta
I Like Moo Moo♫
Gracias a tí también Tory por unirte a este pequeño grupo de lectores, sé que mi fic tiene algunos detalles tanto de ortografía como de gramática, tratare de arreglar eso mientras avanzo. Me gusto eso de que te imagines las cosas, es el principal objetivo de la forma en que escribo, quiero que el lector se sienta como el protagonista y que ria y llore junto a él.
Comentarios para Anita
Anita! mi lectora más fiel y mi inspiración.
estaba... estaba... estaba (? || creo que mi diccionario está un poco corto, debería ver menos Tv. El capítulo no me quedó tan terrorifico como quería pero por lo menos me sirvió para un cambio de nick (?
No podía estar en Pueblo Lavanda o no integrar a Agatha, es muy rlz... quizas se aprenda algo de como llegó a ser una Elite Four.
Son tantas mini historias que hay en este fic, creo que el Epílogo será otro fic.
Ahora, vamos con el nuevo capítulo
Tsuki estaba contenta por tener el pokémon que tanto había deseado desde pequeña y no ocultaba para nada su emoción, no hacía más que acicalar el tibio pelaje de su nueva compañera. Hiro en cambio no dejaba de verla, algo tenía ésta peculiar chica que no dejaba de sorprenderlo.
Hiro estaba sumido en sus pensamientos cuando fue interrumpido por la enfermera Ino que los llamaba para almorzar; cuando llegaron al comedor se encontraron con el resto de los entrenadores que estaban alojados en el centro, a diferencia de los otros comedores donde había estado éste era mucho más amplio, tenía espacio para unos treinta comensales.
Cuando terminaron de comer regresaron a la sala de estar y aprovecharon para hacer nuevas amistades. Los entrenadores que allí se encontraban provenían de todas partes de Kanto, inclusive un par de chicos extranjeros estaban allí con el deseo de llegar a la Liga Pokémon; el nivel que tenían se podía ver en las medallas que poseían, aunque habían entrenadores novatos que aún no se hacían de su primera medalla habían otros que poseían cinco y hasta seis de ellas.
Si Tsuki hubiera conocido a Hiro antes se habría sorprendido al ver como dejaba de lado su timidez para conversar con los otros entrenadores. La tarde seguía su curso abriéndole paso a la noche; sin haberse percatado del tiempo fueron llamados a cenar, pero Hiro no tenía mucho apetito, en su mente sólo pensaba en su encuentro en el gimnasio de Ciudad Azafran.
Al finalizar de comer se retiró a la terraza ubicada en la planta superior buscando un poco de soledad y para dejar volar sus pensamientos junto a las estrellas del firmamento, de pronto atravesó el cielo de oeste a este lo que parecía ser una estrella fugaz de un extraño color verdoso que desapareció casi al instante dejando una pequeña estela. Hiro no se imaginaba que las estrellas fugaces pudieran ser de colores, cerró los ojos y pidió un deseo, luego se dirigió a la habitación que les habían asignado, mañana sería un largo día.
La mañana llegó y los primeros rayos del sol entraron por la ventana iluminando a un relajado Hiro dormido abrazando a su huevo pokémon. Cuando por fin se despertó bajó a desayunar para tener fuerzas para su encuentro; al terminar les hecho un rápido vistazo a sus pokémon y se dirigió a hablar con las enfermeras.
— Buenos días —dijo al estar frente a la recepción.
— Buenos días —le respondieron las gemelas en coro.
— Disculpen —prosiguió— ¿podrían indicarme dónde queda el gimnasio de Ciudad Azafrán?
— Azafrán no tiene gimnasio —contestó Ane.
— Si quieres competir por la medalla de Azafrán —continúo Ino— tendrás que dirigirte al Dojo Pokémon.
— ¿Dojo Pokémon?
— Así es, en Ciudad Azafrán las cosas son algo diferentes a lo que pudieras pensar.
— Para llegar al dojo sólo tienes que llegar al final de la calle principal en dirección a la ruta que lleva a Lavanda y después tomar hacia la izquierda —indicó Ane.
— Gracias.
Cuando se cercioró de tener todas sus cosas salió del Centro Pokémon rumbo al dojo; no había dado ni cinco pasos fuera del edificio cuando escuchó una voz detrás de él.
— ¡Hiro! —lo llamaba la pequeña Tsuki.
— ¿Tsuki? ¿pasó algo?
— No, nada ¿para dónde vas?
— Me dirijo al Dojo Pokémon para enfrentarme al líder.
— ¿Y pensabas dejarme abandonada?
— No, es que…
— Es de mal gusto dejar a su suerte a una indefensa chica —le reprochó— vamos, iré contigo.
Y así se dirigieron los dos chicos a buscar el Dojo Pokémon y para no perder la costumbre Hiro escoltaba a una muy alegre Tsuki quien a veces tomaba el rumbo equivocado y hacía berrinches cuando era corregida.
Unos quince minutos después se encontraban frente a una gran y maciza puerta de madera flanqueada por altos muros. Hiro se acercó y llamó a la puerta, segundos más tardes ésta se entreabría y un chico de más o menos la edad de ellos con la cabeza rapada los atendía.
— Buenos días estimados visitantes ¿en qué puedo servirles?
— Buenos días —saludó Hiro— soy entrenador y vengo a retar al líder.
— Esperen por favor —indicaba el chico mientras cerraba la puerta.
Esperaron por otros cinco minutos y ya Tsuki estaba armando berrinche por esa falta de cortesía. De pronto se escuchó un rechinar y ambas puertas se abrieron y frente a ellas el joven que los recibió a su llegada.
— Pueden pasar —les indicó mientras hacía una reverencia— Bienvenidos al orgullo de Kanto, el Dojo Pokémon de Ciudad Azafrán.
Tanto Tsuki como Hiro quedaron maravillados al ver el inmenso patio que se hallaba en el interior, un marcado camino de piedras los conducía a un edificio que se erguía en medio.
— En el Dojo Pokémon —prosiguió el guía— no sólo entrenan pokémon sino que también sirve de escuela de artes marciales, aquí recibimos anualmente a muchos jóvenes de kanto y de otras regiones.
Cuando subieron los escalones se encontraron frente a unas puertas de papel que indicaban el acceso al interior del recinto, las puertas se abrieron y pudieron ver el amplio salón que había en el interior que mostraba todo el esplendor de la arquitectura tradicional japonesa.
A los lados del salón se encontraban unos ochenta estudiantes arrodillados de forma ordenada, al fondo se encontraba una estatua de un Buda de piedra que llegaba casi hasta el techo, frente a ella cara a cara y en perfecta posición de loto se encontraba quien al parecer era el líder del dojo. El chico que los acompañaba se acercó a esa persona y le dijo algo al oído.
— Maestro, ya está aquí el entrenador —dijo susurrándole.
El maestro hizo una reverencia a Buda y se puso de pie.
— Acérquense —ordenó.
Hiro y Tsuki obedecieron y al acercarse más quedaron sorprendidos al ver que el líder era la misma persona que había recibido con vítores el día anterior.
— Entonces ¿eres entrenador? —preguntó con voz pausada el maestro.
— Así es —respondió Hiro.
— ¿Y qué haces aquí?
— Vengo a retarlo por la medalla de éste gimnasio.
— ¿crees tener lo suficiente para conseguirlo? —Continuó interrogando el maestro.
— No lo sé —titubeó Hiro— pero daré lo mejor de mí.
— ¿Ves eso? —dijo el maestro señalando a los pies del Buda— es el cinturón del Grand Prix P-1, la competencia más feroz de todo Kanto; mis pokémon y Yo pasamos todo un año entrenando para ganarlo ¿crees que puedes venir aquí y retarme a mí, al Rey del Karate como si fuera un simple líder de gimnasio?
— No fue mí…
— Ya estoy harto de los chicos como Tú —le interrumpió— que salen de sus miserables pueblos y gritan a los cuatro vientos que serán maestros. Si quieres enfrentarte a mí serán con mis reglas. Jugaremos “Todo o Nada”, si ganas te entregaré la medalla y tendrás mi respeto, pero si pierdes volverás a tu casa y te olvidaras de ser entrenador pokémon para siempre, para SIEMPRE ¿comprendes? —preguntó mientras le ofrecía la mano.
— Hiro no lo hagas —decía Tsuki mientras lo tomaba del brazo— ya tendrás otra oportunidad en otro gimnasio.
— Acepto — respondió Hiro estrechando la mano con firmeza.
A la pequeña Tsuki se le llenaron los ojos de lágrimas por el desconsuelo, no podía aceptar que alguien pusiera en juego sus ilusiones de esa manera. El Rey del Karate hizo una seña y rápidamente los alumnos se pusieron de pie y retiraron las alfombras que cubrían el piso dejando al descubierto un Tatami. De entre los presentes salió un hombre algo mayor vestido con un fino kimono blanco y se dirigió a los presentes.
— Yo seré el juez del combate si me lo permite Maestro.
— Por favor Kim, haz los honores.
— ¿Están listos? —preguntó.
— Siempre estoy listo para un combate —dijo entre carcajadas el líder.
— Estoy listo —contestó Hiro.
— Por favor, ubíquense en sus lugares.
Ambos entrenadores se ubicaron en sus respectivas posiciones mientras un tenso silencio llenaba el lugar, Tsuki los miraba de cerca con lágrimas en los ojos.
— Las reglas son las siguientes —prosiguió el juez— será un combate dos contra dos, el retador hará el primer movimiento, si alguno se queda sin pokémon habrán perdido ¿entendido?
— ¡Sí! —dijeron ambos entrenadores.
— Declaro oficial este combate pokémon por la Medalla Valor del Dojo Pokémon de Ciudad Azafrán ¡Comiencen!
— ¡Sal Wartortle!
— ¡Vamos Ebiwalar!
Ambos pokémon aparecieron listos para el combate; el Hitmonchan del líder hizo gala de su fuerza al lanzar unos puñetazos al aire a velocidad casi supersónica. El rival de Hiro era todo un campeón pero si en verdad deseaba esa medalla tendría que dejar el alma en ese combate. La pelea cuerpo a cuerpo no era una opción.
— ¡Wartortle, usa Pistola de agua!
— Ebiwalar, Puño fuego.
El pokémon boxeador fue directamente hacia el ataque de su rival, su puño derecho se encendió en llamas y con un golpe certero evaporó el agua. Hiro quedó sorprendido pero no se rendiría.
— Pistola de agua —ordenó nuevamente.
— Puño fuego —contraataco el líder obteniendo el mismo resultado.
— ¡Rayo hielo, Wartortle! —Hiro logró sorprender a su rival sin darle tiempo para un contraataque.
El helado ataque dio de lleno en su rival congelándolo por completo.
— ¡Sí! —gritó Hiro de la emoción.
— No deberías cantar victoria antes de tiempo —dijo el líder— Foco energía —ordenó.
El hielo que cubría al Hitmonchan comenzó a resquebrajarse hasta que se rompió liberándolo de su prisión. El pokémon brillaba con un resplandor dorado y no mostraba ningún daño por el ataque recibido.
— Es hora de acabar con esto —dijo el amo del dojo.
— Rayo hielo nuevamente, Wartortle —atacó Hiro.
— Puño trueno —contraatacó el líder con voz pausada.
La ancestral tortuga lanzo un potente ataque de hielo el cual su rival esquivó en el último segundo, y con velocidad sorprendente se lanzó sobre él con su puño cargado de electricidad. Al impactarlo el dojo se iluminó por completo y un estruendo estremeció las paredes. El pokémon tortuga fue arrojado por el impacto contra una de las columnas dejándolo fuera del combate.
— Wartortle no puede continuar —señalo el juez— el combate es para el maestro del dojo.
— Regresa a tu pokéball, Wartortle.
— Deberías rendirte, no tienes oportunidad de vencerme —dijo el líder.
— No lo haré. ¡Vamos Scyther!
El pokémon mantis apareció blandiendo sus cuchillas y con su mirada encendida de furia. Hiro aún no lo podía controlar pero no tenía más opción, tenía que ganar como fuere.
— Eres un necio, después no digas que no te lo advertí —señaló el líder— ¡Acabalo con Puño fuego!
— Esquívalo Scyther —ordenó Hiro.
Scyther permaneció inmóvil mientras su rival cargaba sobre él, cuando estaba por impactarlo con su puño ígneo la mantis desapareció para luego reaparecer detrás del pokémon boxeador. El Hitmonchan reaccionó a tiempo girándose para evitar un ataque a traición.
Ambos pokémon quedaron cara a cara, inertes en medio del tatami, parecían dos luchadores estudiándose, buscando las debilidades del contrincante.
— Demuestra todo el poder de tus puños —ordenó el líder.
En ese momento comenzó una fiera batalla donde ambos rivales parecían estar al mismo nivel tanto en poder como en velocidad. Los puños del boxeador eran bloqueados por las cuchillas de la mantis y viceversa; apenas si eran perceptibles al ojo humano los ataques de ambos pokémon. A medida que se iba intensificando el combate daba la impresión de que sus fuerzas aumentaban en vez de disminuir.
— ¡Vamos Scyther! —decía Hiro tratando de animar a su pokémon.
— Es hora de mostrar el ataque definitivo ¡Mega Puño!
Hitmonlee se rodeó de un aura de energía blanca que poco a poco se fue concentrando en sus puños. Con un poder increíble y sin darle tiempo a reaccionar golpeó a Scyther dejándolo fuera de combate al instante.
Hiro sintió que en ese instante algo se rompía dentro de él y a medida que su pokémon caía al suelo parecía que el mundo se movía en cámara lenta. Se dejó caer de rodillas en el suelo, sus sueños e ilusiones caían también como fragmentos de un espejo roto. Cerca de él Tsuki dejaba salir una sentida lágrima de sus ojos.
Su mente se había desconectado, ya no sentía, era como si hubiese muerto, los sonidos se escuchaban distantes apenas eran perceptibles, la voz del juez se escuchaba muy lejana.
— Scyther no puede continuar ¡la victoria es para el Líder del Dojo Pokémon de Ciudad Azafrán!
[¿Continuará?]