~[ Evento III: Legión Pokémon, la historia II (Hoenn) ]~
Hoenn, cuna de Héroes: No secarán el mar ni opacarán al arcoiris.
El campeonato había sido genial. Si bien no había podido tener el lujo de ganar, estuve entre los tres primeros e hice muchos amigos. Los duelos para ser llamado maestro pokémon habían sido los más difíciles que me tocaron luchar, y realmente había aprendido mucho. Pero ya era hora de regresar a casa y ver que me tenía preparado mi madre para que comiera, luego de tan terribles batallas.
Sin embargo, no volvía solo, Esteban me acompañaba. El joven de Sinnoh había decidido pasar unos días en Hoenn para conocer y le ofrecí mi casa para que se hospede el tiempo que quisiese. Me dijo que se sentía honrado, pero declinó mi oferta diciendo que alquilaría algo para no molestar. Igualmente, lo invité a comer a casa, sus pokémon también eran muy fuertes y si bien no tuve la oportunidad de luchar contra él, me interesaba saber más de sus pokémon tan diferentes. Mientras yo montaba mi Flygon, él iba a lomos de su Staraptor, sin dejar pasar nada del paisaje.
- No tardaremos mucho en llegar, Esteban, es una región pequeña, y hacia Hojaverde hay que seguir una trayectoria casi recta- le indiqué.
- Es una región con mucho agua por lo que veo- comentó el joven acompañante.
Yo lo observé y sonreí mientras asentía.
- Sí, no es el hogar de Kyogre por nada.
El chico me admiró un poco intimidado por lo que acababa de decir.
- ¿De Kyogre?- repitió-. Pensé que sólo era una leyenda.
- Sí, es lo que todos dicen, pero puedo asegurarte que… ¿Qué es eso?
A lo lejos pude divisar el brillo de algo que se movía. Era una luz potente, algo que refulgía sin piedad sobre la basta Arrecipolis.
- ¿Es un pokémon?- pregunto Esteban.
- No lo sé. Esta revoloteando sobre Arrecipolis, ¿qué pokémon podría brillar de esa manera tan potente.
- Alguno de tipo eléctrico, quizá. Un Magnezone, tal vez- arriesgó mi compañero.
- No lo creo. Aquí no es tan fácil ver Magnezone, presiento que algo ocurre en esa isla. Debo ir a ver.
- Te acompaño.
Ambos le ordenamos a nuestros pokémon mucha velocidad para llegar rápido al lugar. Staraptor era un pokémon extremadamente veloz, y parecía fuerte también. Sin duda Esteban lo tenía bien entrenado. Pero mi Flygon también lo era y estaba acostumbrado a ese lugar. Nuestros pokémon volaron a una velocidad exorbitante que hacía oír el ruido del viento chillar como si estuviera agonizando. Nos frenamos cuando grandes rocas pasaron al lado nuestro y nos pusimos a ver de qué se trataba. Era un sujeto que se encontraba volando sobre un Mantine, con un Aerodactyl a su lado y un Salamence del otro. Y frente a ellos, totalmente arrinconado, se encontraba el legendario Ho-Oh, pokémon del cual sólo había podido oír hablar unas pocas veces, y pensé siempre que era uno de los legendarios más difíciles de hallar. El pokémon parecía incapaz de escapar, ese Aerodactyl se veía terrorífico, ni hablar del Salamence, y ese Mantine era enorme. El tipo que estaba sobre él llevaba un par de gafas negras, era corpulento y rudo. Trataba a sus pokémon bastante mal, les gritaba, les ordenaba una y otra vez que se acomodaran bien para no dejarlo escapar y los insultaba. Tenía puesta una llamativa ropa de color negro, y llevaba un cinturón con objetos extraños en él y una mochila donde posiblemente tenía sus cosas personales.
El pokémon de fuego intentó escapar por todos los medios, no quería dañar a nadie, sólo quedar fuera del alcance de ellos. Pero no podía. Ese tipo estaba decidido a atraparlo.
- ¡Ahora serás mío! ¡Aerodactyl, Avalancha! ¡Salamence, Acua Cola! ¡Mantine, Hidrobamba!
Vi como el pokémon legendario sufría los tres fuertes ataques y quedaba totalmente golpeado. No podía creer lo que le estaba haciendo a ese pobre y hermoso ser. Una vez que terminó de golpearlo sacó de su cinturón una pokeball y la arrojó con fuerzas hacia el ave. La misma se abrió y de ella salió una gran red electrificada que lo envolvió mientras le daba pequeñas descargas. Tanto yo como Esteban no pudimos reaccionar hasta que vimos al sujeto llevarse al pokémon atado a la cola del Mantine quien sobrevoló el terreno a una velocidad increíble, impulsado por su habilidad y por haber usado Agilidad.
- Esteban… ¿Acabas de ver lo mismo que yo?
- ¿Capturaron a Ho-Oh?
- Sí. Estoy totalmente paralizado.
Ambos nos miramos sin saber que hacer. Ese sujeto parecía tener pokémon muy fuertes, y Ho-Oh había caído en sus manos… Eso era muy peligroso, esa ave era vital para el comienzo del viaje de muchos entrenadores, simboliza la esperanza, el valor. No podía ser posible el hecho de que estuviera en malas manos.
- Tenemos que seguirlo, Ulises.
- Yo creo que ya escapó… Pero bueno, hagamos el esfuerzo.
- Mi Staraptor sabe Agilidad, iré más rápido que tú. Te llamaré donde sea que el tipo se detenga.
- Bien, hazlo.
El pokémon de Esteban desplegó un vuelo atronador con intensiones de hallar a ese sujeto que pensaba escapar.
Yo por el momento no podía hacer mucho, sólo seguí viajando con Flygon por los aires en la dirección en que se habían ido. No tenía ni idea de lo que ese cazador de pokémon quería, pero estaba seguro que lo detendríamos.
Hacía mucho que no viajábamos tanto, Flygon estaba cansado, y yo también, no podíamos seguir en el aire. Había estado más de una hora y media volando a un promedio de 200 kilómetros por hora y eso es mucho. Ya no sabía ni donde estábamos, habíamos dejado Hoenn hacía rato, mi región natal ya no se veía y eso me ponía un poco nervioso, nunca había salido de ella.
Recibí un llamado y contesté instantáneamente. Era Esteban, como suponía.
- “¡Hola, Ulises! Estoy en Johto, en el Centro Pokémon de Ciudad Orquídea. El cazador se detuvo en unas montañas en esta región. Por lo que tengo entendido irá a las Islas Remolino.”
- Bien, me alegra que lo encontraras. ¿Ahora cómo hacemos para rescatar a Ho-Oh?
- “Creo que antes de rescatar a Ho-Oh vamos a tener que buscar la forma de evitar que atrape a Lugia.”
- ¡¿Lugia?! ¿Pero de qué estás hablando?
- “No sé como lo hace, pero este tipo tiene una especie de imán atrayente para pokémon legendarios. Es como si tuviera el cuerpo cubierto de miel y los pokémon lo siguen.”
- ¿Cómo hago para llegar a donde estás?
- “Las coordenadas son 39 norte, 125 oeste. Búscalo en tu Pokenav. Te espero, no tardes.”
Corté la llamada y busqué el lugar en mi navegador. No estaba muy lejos, pero me había desviado mucho hacia el norte, por lo tanto tendríamos que cambiar de dirección. Impulsado por la sensación de que iba a poder descansar, Flygon voló muy rápido esperando encontrar la isla donde se emplazaba ciudad Orquídea.
Cuando la isla apareció ante nuestros ojos nos sentimos muy aliviados. Un inmenso mar la rodeaba, y por allí debían encontrarse esas Islas Remolino que según Esteban era la morada de Lugia. Ahora me pongo a recordar el momento en que me encontré con Kyogre. Había gente que nunca en su vida vio un pokémon legendario y yo en lo que llevo de la mía ya he visto a tres. La vez que el equipo Magma y el equipo Aqua se dieron a la tarea de despertar a los dos superpokémon yo tuve que correr riesgos fuera de serie, después de todo casi me ahogo intentando detener al equipo Aqua en el mar y casi me calcina la lava cuando tuve que ir al volcán para impedir que despierten a Groudon. Al único que vi despierto fue a Kyogre, pero por suerte en ese momento tenía a Slowking y lo pude dormir de un Bostezo porque sino no se que hubiese pasado.
Ahora me encuentro con Ho-Oh, y sinceramente creo que me conviene quedarme al margen. Pero bueno, ya estoy metido, con mi talento especial para meterme en líos.
Flygon descendió en la isla y lo guardé en su pokeball para que descanse.
- ¡Ulises! ¡Ven que te tengo que presentar a alguien!- me llamó Esteban cuando llegaba al Centro Pokémon.
- Siento haber llegado tan tarde.
- No te preocupes, el cazador anda como loco en el puerto buscando un barco. Mira, tenemos compañía.
Una chica morocha, de pelo bien lacio y piel blanca hizo acto de presencia. Tenía rasgos Orientales, unos penetrantes y finos ojos marrones, labios rojos y delicados contrastantes con su piel, nariz pequeña y redonda, cuello refinado y largo y cuerpo delgado. Se vestía con un largo vestido de color verde que le dejaba descubierto los hombros. Llevaba un sombrerito blanco en la cabeza, y una calza del mismo color que le cubría las piernas hasta la mitad del muslo. Dos sandalias verdes terminaban de adornar su cuerpo y yo me quedé mirando sus piernas desnudas como el bobo que soy.
- Ulises, ella es mi prima Antonela. Anto, él es el chico de Hoenn que te comenté, su nombre es Ulises.
Yo me quedé duro como el cerebro de un Slowpoke en primavera. Ella avanzó hacia mi un poco divertida por verme tan distraído y me beso la mejilla. Instantáneamente, la imité.
- Sí, hola, yo soy Ulises, para servirte en lo que necesites- le indiqué mientras le hacía una reverencia.
- Je, bueno, gracias. Tu amigo es simpático, Steve.
- Sí, no conocía esa faceta de él- dijo Esteban con un gesto de desaprobación.
Yo me sonrojé completamente y no dije más nada. Miré hacia un costado para no tener que mirar a la cara a la chica y llegué a presenciar la figura del cazador subiendo a un bote.
- ¡Oigan! ¡Está escapando!- grité para llamar la atención de los primos.
- No escapará. Cuando llegue a la isla lo encontraremos e impediremos que capture a Lugia- dijo Esteban sacando a su Empoleon-. Vamos a nadar, amigo.
El pokémon de agua salió de la ball del chico, dispuesto a surfear para llegar hasta las islas.
- ¡Sal, Kingdra!- llamó la chica ante mi asombro. Era un pokemon muy fuerte y parecía muy bien cuidado.
- ¡Vamos por ellos, Aggron!- ordené y mi pokémon salió, sin ningún miedo a navegar por el mar.
- Espero que puedan alcanzar a mi Kingdra, chicos- se mofó la muchacha mientras su pokémon la llevaba a una velocidad impresionante por el mar.
Esteban y yo nos quedamos mirando con vergüenza la escena. Nuestros pokémon de acero no podrían alcanzar tal velocidad.
Luego de mucho andar por el mar, llegamos hasta las islas. No había sido fácil, si no fuera por el Kingdra de Antonela que sabía usar Torbellino habríamos quedado durmiendo con los Remoraid.
Pisar tierra firme fue genial. Yo odio el mar desde que casi me ahogo cuando ese Huntail me atrapó cuando intentaba calmar a Kyogre. Desde entonces trato de viajar por tierra o por aire, pero como Flygon y Staraptor estaban muy cansados debimos viajar por el mar. El barco del sujeto no estaba allí, pero lo vimos volver hacia Ciudad Orquídea, posiblemente el cazador ya estuviera allí.
- Vengan, entremos a las cavernas de la isla. Y tengan cuidado, los pokémon de hielo, lucha y agua que hay aquí son muy peligrosos- informó Esteban.
¿Pokemon de hielo y lucha? Genial, los que más odio. Creo que terminaré pidiendo por favor salir de allí. No puede que desde que llegué a Johto todo me salió mal. Ahora faltaría que me encuentre con un Machamp y con un Jinx que me trituren los huesos.
Comenzamos a caminar dentro de las profundas cavernas submarinas que unían una isla con otra. Al parecer era la zona de reposo de Lugia, un lugar muy húmedo donde además hacía mucho frío. Sabía que allí las cosas no iban a salir como yo quería que salieran.
Nos internábamos cada vez más, y los pokémon de hielo y agua que habíamos encontrado huían rápidamente. Había algunos Machop y Machoke que nos hacían frente, pero ya fuera Esteban con su Staraptor, Antonela con su Skarmory o yo con Flygon los espantábamos sin problemas. Llegamos a un lugar donde ya no se podía avanzar a pie porque había agua.
- Estamos en la parte más baja de las cuevas. Debe de estar cerca, suponemos que estará en un lugar con agua- arriesgó Esteban.
- ¡Miren allí!- señaló Antonela.
Mucho más lejos, montado sobre un Lanturn, estaba el sujeto. Parecía estar viendo desde allí donde podía encontrarse el pokémon psíquico, y con la luz del pokémon agua indagaba en el oscuro fondo marino de la cueva.
- Despacio, no hagan ruido. Esperemos a que se canse de buscar y salga del agua, cualquiera de nuestros pokémon será un blanco fácil contra ese Lanturn- les propuse.
- Excepto tu Flygon- me recordó Esteban.
Ahí tenía razón. Mi Flygon podría tanto contra su tipo agua como contra su tipo eléctrico. Desgraciadamente no podría usar un terremoto en un lugar así, pero podía usar Gigadrenado, así que tenía la esperanza de poder hacer algo.
Ellos se quedaron en sus lugares y yo, muy suspicazmente, comencé a avanzar hacia el cazador. Muy lentamente me sumergí por un costado con ánimos de llegar hasta un islote cercano. El tipo estaba tan concentrado que seguramente no me vería. Y Esteban y Antonela estaban expectantes para mandar a sus pokémon a atacar si llegaba a suceder algo.
El cazador no se dio ni cuenta. Seguramente pensó que estaba sólo en la cueva. Y cuando me iba a subir al pequeño islote, el lugar se sacudió. Fue un pequeño sacudón como si algo hubiera chocado contra la caverna. Traté de ocultarme, porque el tipo comenzó a mirar hacia todos lados, posiblemente esperando que fuera un pokémon. De repente, el agua comenzó a agitarse y tanto el cazador como yo nos pusimos en alerta. Una sombra apareció desde lo más profundo de la zona submarina del lugar. Y por el tamaño era más que obvio que un Magikarp no era. Con la velocidad del rayo me lancé sobre el islote, casi en un impulso inconciente. En ese momento el cazador se dio cuenta de mi presencia y se distrajo para verme. Un segundo después, la figura del imponente Lugia se elevó en los aires, con furia, totalmente hastiado de nuestra presencia. Con un Tornado intentó hundir al cazador, pero su Lanturn dispersó el ataque con su Hidrobomba. Sabía que si no hacía algo todo iba a terminar como antes. El sujeto sacó un Absol y Gengar para que lucharan contra el pokemon legendario. Eso no podía quedar así.
- ¡Chicos!- grité-. Controlen a Lugia, protéjanlo, yo me encargo de él. ¡Vayan!
Flygon ya estaba fuera de su pokeball. Aggron y Sceptile aparecieron con mala cara, dispuestos a darle una lección a ese sujeto.
El cazador sonrió. Parecía que esperaba que algo así ocurriera.
- No tienes idea de con quien te estás metiendo, niño- me habló.
- Sí, con un delincuente. ¡Sceptile, prepara tu Lluevehojas para bajar a ese Lanturn!
El cazador rió. Parecía estar muy confiado. Yo tenía mucha confianza en mi mismo, y los chicos estaban allí, a unos metros, intentando calmar a Lugia con todos sus pokémon. El ataque de Sceptile se disparó, y la caverna en su totalidad se llenó de filosas hojas que revoloteaban sin parar alrededor del cazador y su pokémon de agua.
- ¡No podrás vencerme, niño! ¡No sabes con quien te enfrentas! Bajo el agua, Lanturn. Gengar, Bomba de Lodo.
El tipo saltó del lomo del pokémon y nadó hacia una roca cercana. El ataque de hojas de Sceptile apenas llegó a rasgar el cuerpo del pokémon que intentaba escapar y cuando Gengar arrojó su ataque de lodo sabía que no sería fácil de parar.
- ¡Aggron!- le reclamé y el pokemon instantáneamente detuvo la bomba con su férreo cuerpo.
- ¡Ah!- exclamó el cazador-. Parece que sabes lo que haces. ¡Absol, una Llamarada!
- ¡Flygon, intercéptala con Dragoaliento!
Los ataques se golpearon y estallaron haciendo crujir la cueva.
Lugia estaba muy nervioso. El Kingdra de Antonela y el Gallade de Esteban intentaban calmarlo, pero era imposible, los ataques psíquicos del pokémon volador los mantenía a raya, sin dejarlos acercarse a hacerle entender razones. Estaba fuera de control, teníamos que irnos de allí antes de que pasara algo peligroso, no confiaba en la resistencia del techo de esa cueva.
- ¡Lanturn, dale un Rayo de Hielo a ese Flygon!
- ¡Maldición!- exclamé. Me había distraído y ya era tarde para Flygon. Pero debía aprovechar la concentración del cazador en mi pokémon dragón para no dejarme vencer- ¡Sceptile, usa tus hojas!
En el momento en que el rayo de hielo vapuleaba el cuerpo de Flygon, Sceptile se lanzó como una flecha con sus hojas agudas para golpear al pokémon. El daño que le infringió fue terrible, al igual que el rayo de hielo a Flygon, por lo tanto, el pokémon de agua y el de tierra cayeron. Yo me acerqué a ayudar al mío. Mi rival devolvió el suyo a la pokeball.
- ¡Absol, ahora sí, Llamarada a ese bicho de hierba!
- ¡No! Resiste Flygon, en un momento estaré contigo. ¡Sceptile!
Mi pokémon detectó el ataque y saltó a un costado, evitándolo.
- ¡Oh, genial, amigo!- suspiré-. Aggron, tomemos la delantera. Aplasta a Absol con tu Demolición.
Mi pokémon se cayó sobre el siniestro con el filo de su mano extendido, pero el Absol imitó a mi Sceptile y con su Detección se deshizo del ataque.
- ¡Bien, Absol! ¡Gengar Onda Certera!- bramó el cazador.
Estaba perdido. Mi Aggron no sabía protegerse, y era muy lento como para evitar ese ataque en ese momento, debía tomar ventaja con algo, Sceptile estaba libre.
- ¡Sceptile, Tajo Umbrío a Gengar!
La Onda de poder que salió de los brazos del pokémon fantasma golpeó a Aggron y lo dejó instantáneamente debilitado, incapaz de volver a levantarse. Pero el corte que mi pokémon propinó, hizo estragos sobre el cuerpo del Gengar. Nunca había visto a Sceptile hacer un tajo de ese calibre, estaba luchando desde lo más profundo de su corazón y eso era notable. Desde el comienzo de nuestro viaje, Sceptile siempre había demostrado gran predilección por la justicia, y no soportaba que un tipo como ese mandara a tres pokémon juntos a luchar contra un legendario. El Gengar no soportó la frialdad de ese ataque y cayó. Se hundió en el agua, como un bote en pleno naufragio, y su entrenador lo regresó a la pokeball.
- Tienes agallas, niño, hay que decirlo. Pero no saldrás de esta.
- El que no saldrá de esta eres tú. ¿Piensas que podrás derrotar a mi Sceptile y luego a Lugia sólo con un Absol? Estás muy equivocado- le recordé.
- ¡Ja! ¡Idiota! Éste no es el último pokémon que tengo. ¡Aun tengo a mi arma secreta! ¡Ho-Oh!
En ese momento mi cabeza se activó. ¿Así que Ho-Oh? ¿Podría usarlo? Si era así no tenía salida… A menos que…
- ¡Sceptile, no podremos vencerlo, regresa!
Mi pokémon quedó totalmente impresionado por mi actitud, pero volvió a su pokeball a descansar.
- Jeje, niño llorón. Ahora veme en acción. ¡Sal, Ho-Oh!
El tipo arrojó una gran bola negra con detalles dorados que yo jamás había visto. El pokémon de fuego salió a luchar con los ojos cerrados y batiendo las alas con dificultad. La cueva ya se estaba quedando chica para tantos legendarios. Pero Ho-Oh se notaba extraño, no era el mismo que había visto hacia unas horas atrás.
Ambos pokémon se admiraron con furia y Lugia aulló, como reclamándole el haberse dejado capturar. Mis compañeros retrocedieron y se acercaron a preguntarme que pasaba.
- Es simple- les comenté-. Si lo derrotamos buscará la forma de escapar y llevarse a Ho-Oh consigo, otro día volverá por Lugia. De esta manera sólo debemos romper la ball que tiene en su mano y Ho-Oh quedará libre.
El pokémon psíquico y el de fuego chocaron en el aire sacudiendo aun más la cueva.
- Eh… Ulises, ¿crees que podamos llevar a cabo el plan antes de que la caverna se desmorone?
En ese momento me di cuenta de que tenía actuar rápido. El cazador era grande, pero estaba muy concentrado en la pelea, solo debía acercarme sigilosamente y golpearlo para que soltara la ball. Además, aun tenía a Sceptile en forma para luchar.
Caminé hacia él muy despacio intentando no hacer ruido. Tenía una sola oportunidad, debía golpearlo y hacerlo arrojar la esfera hacia algún lado. Si no hacía eso, de una trompada me podía ahogar en el fondo de la cueva. Estaba a tan sólo un metro. De un salto, con una patada voladora lo iba a dejar tirado en el agua y la bola saldría a flote en un segundo. Me coloqué en una buena posición, tomé aire y salté. Con tanta mala suerte que justo se corrió hacia delante y apenas le di un empujón y yo casi me parto al medio.
- ¡¿Pero qué diablos…?! ¡Tú!
- ¡Sceptile, sal! ¡Usa tu Falsotortazo!
Sin darle tiempo a reaccionar, el cazador se vio con Sceptile a su lado, ya en posición de ataque. Con su pie derecho barrió el cuerpo del sujeto y lo hizo caer al agua. Claro que antes de eso extendió sus manos para agarrarse de algo y me arrastró a mí junto con él.
Apenas caí en ese laguito creo que me tragué la mitad del agua que había. Estaba fría y salada. Me entró en los ojos y por la nariz. En ese momento vi al cazador que intentaba escaparse. Nadé como pude hacia él buscando golpearle su mano que aun tenía la pokeball. Llegué a su lado y con un puñetazo le hice perder el control de la esfera que rápidamente se elevó a la superficie. Sin embargo, cuando sintió eso se volteó y me pegó la trompada de mi vida. No me hizo tanto daño porque estábamos en el agua, pero igual lo sentí y quedé un poco desenfocado, oportunidad que el tipo aprovechó para empujarme, me golpeó contra una de las paredes y mi cabeza comenzó a dar vueltas. Le mordí un dedo justo cuando mi cuerpo se desvanecía a causa de la falta de oxigeno y del golpe sufrido. Ya no supe que pasaba.
Desperté no sé cuanto tiempo después en el hospital. Esteban y Antonela estaban allí esperando a que me repusiera.
- ¡Ulises! ¡Nos tenías bien asustados!- comentó Estaban mientras se levantaba, sonriente.
- ¿Qué pasó?- pregunté- ¿Lugia? ¿Ho-Oh? ¿El cazador?
Los dos chicos sonrieron y me admiraron con tranquilidad.
- Un Rayo Solar del Meganium de Antonela rompió el techo de caverna y Ho-Oh huyó por ahí. Lugia se sumergió y no volvimos a verlo. La ball de Ho-Oh quedó destrozada cuando las rocas del techo de la cueva les cayeron encima. Sceptile te sacó del agua y Kingdra y Empoleon atraparon al cazador, que ya está tras las rejas. Creo que todo salió bastante redondo- comentó Esteban.
- ¡Sí! Habla por ti que no estuviste a punto de ahogarte.
Los tres reímos tranquilamente. De seguro ahora iríamos a la casa de Antonela y luego a vivir algunas aventuras de alto riesgo, como las que solía tener. Aun quedaba mucho por vivir, junto a mis pokémon, junto a mis amigos y siempre con la ilusión de ser Maestros Pokémon.