Aquí está, con un día de sobra y todo! Espero que tengamos suerte!!
La Liga del Maestro: Reto Hoenn
Volver al combate luego de unas merecidas vacaciones tras ganar la Liga Pokemon y vencer al anterior campeón tenía sus cosas buenas y malas. Una buena eran volver a rememorar todo mi viaje por mi amada región de Hoenn, terminado satisfactoriamente meses antes… Había requerido mucho esfuerzo, dedicación, concentración y noches de insomnio, pero al fin podía portar el nombre de Campeón de Hoenn.
Ya se había hablado de la Liga del Maestro antes de que me hiciera con la victoria, pero no se había llevado a cabo por las constantes intromisiones de grupos terroristas como el Equipo Magma y Aqua. Claro que no los volví a ver desde que mi Sceptile los hizo pomada en la Calle Victoria…
Y ahora, aquí me encuentro, en proceso de ir a disputar la ansiada liga. Dicen que asistirán los mejores entrenadores, de esta región y otras… claro que ninguno podrá vencerme. Aunque últimamente estuve un poco ocioso, pero es que ¿nos dan tan sólo una semana para prepararnos? Claro, es un evento organizado medio a la rápida pero… Creo que no tuve el suficiente tiempo como para que Sceptile y Aggron volvieran a estar en la misma forma que estaban cuando ganamos la Liga… Ahí si que eran campeones natos… Invencibles, imparables, demoledores… Espero que todavía recuerden como se hacían las cosas, estos combates no serán para nada fáciles.
Descendí en la isla de Colosalia montado en Flygon, que también había sido una pieza muy importante en el campeonato, muy leal y siempre a mi servicio.
Lo guardé en su pokebola y comencé a caminar por los alrededores de la ciudad para ver de qué se trataba… Había muchos turistas, seguramente atraídos por el reciente evento… Las calles circundantes al gran estadio abierto donde se desarrollaría la competencia estaban abarrotadas de gente, de tienditas callejeras que vendían recuerdos y baratijas y también de rivales, por que se notaba en la mirada de muchos la ilusión de un nuevo desafío.
Deambulé un poco por esos lugares para ver qué cosas y a quién podría encontrar, después de todo había visitado tantas ciudades y pueblos que ya conocía mucha gente. No tardé en encontrarme con dos grandes amigos, Andrés y Yanina, que ya no recuerdo cuando fue la última vez que los vi. Me quité la gorra, me acomodé un poco mis cabellos castaños, organicé bien mi indumentaria y me acerqué, Yanina era de esas chicas que siempre te hacen quedar mal cuando no vas bien vestido.
- ¡Hey, chicos!- grité con potencia mientras me acercaba a ellos. Los dos juntos se voltearon y me sonrieron sin dejar de abrazarse. Ambos eran novios, y yo tampoco había recordado eso.
- ¡Ulises! A ti te buscábamos, sabíamos que deberías estar aquí- se alegró Andrés mientras soltaba a su chica y me daba la mano con afán.
- Hola, Oddy- me saludó Yanina, besándome.
Eran el uno para el otro… Casi podría decirse que eran iguales. Los dos rubios, casi de la misma altura, él de físico atlético, ojos celestes, nariz un poco aguileña, y una sonrisa blanquecina y radiante. Ella tenía un cuerpo escultural, delgado y muy desarrollado; su rostro era cordial, salvo cuando de criticar ropa se hablaba, sus ojos verdes, su nariz respingada y sus labios gruesos que muy difícilmente dejaban ver sus dientes, ya que su sonrisa era una curva apenas pronunciada. Y en cuanto al interior… Mejor no hablar de ello, ninguno era bueno usando la cabeza, será por eso que se llevaban tan bien.
- Sí… ¡Pero cuanto tiempo! No vinieron a verme ganar el Campeonato…- promulgué, ofendido.
- Es que estuvimos ocupado, tú sabes…- comentó sonrojado, Andrés.
- Sí, lo sé, por eso es que dejé que me abandonaran a mitad del camino. Igualmente, es bueno que hayan venido, hoy así lavan sus culpas.
- ¿Sí? Así como deberías lavar tus pantalones, Oddy, están llenos de tierra- comentó Yanina.
- ¡Oh! Es que vine montado en Flygon…- expliqué mientras sacudía mis jeans negro y las pequeñas manchas marrones se convertían en polvo.
- ¿Y eso que es?- preguntó asombrado Andrés señalando un tumulto de jóvenes que rodeaban a otros dos.
Los tres nos acercamos a ver quienes eran… Lo único que podíamos visualizar eran un Charizard y un Empoleon riñendo con la mirada y sus dos entrenadores tratando de calmarlos. El dueño del Charizard era un joven de rasgos asiáticos, físico desgarbado y voz fina. Sus ojos eran negros y su pelo del mismo color, con un peinado erizado. El dueño del Empoleon era un chico de baja estatura, pelo de color marrón y ojos negros. Era de cuerpo pequeño, pero atlético.
Ninguno de los presentes sabía por qué esos dos se habían enfrentado, pero sería una locura que los pokémon se cansaran a tan sólo unos minutos del comienzo de la competencia.
- Mmm… Esos pokémon parecen fuertes, Ulises, ¿podrás vencerlos?- preguntó Andrés mientras la gente se dispersaba poco a poco.
- Sí, no habrá ningún problema. Tengo un equipo imbatible- presumí.
- Sí, pero tu Sceptile es muy débil a cualquier ataque de ese Charizard- puntualizó Yanina.
- Olvidan a Aggron. Escúchenme, tortolitos, no van a decirme a mí como hacer una estrategia. Soy el campeón del pueblo- les recordé con orgullo.
- Sí, lo sabemos… Pero igual no está de más decírtelo- soltó Andrés.
El joven bajito dueño del Empoleon pasó cerca de allí y lo detuve con cordialidad, interesado en descubrir más a cerca de mis rivales.
- Buenos días, me llamo Ulises, ¿podrías decirme porque se armó todo ese tumulto?
- Mi nombre es Esteban…- el muchachito saludó con la mano a todos y luego se dirigió a mi con calma-. ¿Acaso no conoces a DD?
- ¿DD?- pregunté completamente perdido.
- Sí, es ese joven asiático. Así con esa cara de bueno que le ves es el entrenador más fuerte de nuestra época, y es el favorito para ganar la Liga del maestro- respondió Esteban.
- ¿Y eso quien lo dice?- pregunté, muy desconfiado de que esa sea la verdad.
- Pues lo dice él, y lo avalan sus victorias. Es en entrenador que más allá de sus estrategias está educado para torturar a sus competidores. O sea, no le basta vencerte, además te hace sufrir y no tiene ni el más mínimo pudor a la hora de avergonzarte. Lo conocí cuando viajaba por Kanto buscando pokémon… Allí tuve la mala suerte de enfrentarme a él… Empoleon no puede ni olerlo sin estallar en odio.
Los cuatro nos fuimos a sentar a un banquito mientras el pequeño joven comentaba todo lo que sabía de la Liga.
- Dicen que los competidores son dieciseis. Yo solo conozco a los doce de Kanto, Johto y Sinnoh. Cuando venía de viaje para Hoenn recibí la noticia del torneo y vine directo aquí por lo que eres al primero que conozco. Pero puedo contarte algunos rivales especiales que puedes llegar a tener.
- Sí, cuéntame, me interesa- comenté emocionado.
- Bien. De Kanto sólo él es remarcable, y también Nerea, no te dejes llevar por su apariencia de chica, es una verdadera entrenadora y sus pokémon son gladiadores, no se rinden ante nada, sobre todo su Poliwrath.
>> Tienes que tener mucho cuidado con Héctor, el joven sombrío de Johto… Tiene un solo pokémon fuerte, su Heracross, pero suele acompañarlo con pokémon que tienen mucha defensa y otros que pueden envenenar o paralizar… Es muy preocupante.
>> El otro Johto que te resalto es Kevin… Es un niñito con suerte. No hace estrategias, sus tres pokémon son fuertes y va a atacar sin piedad. Tiene mucha suerte, esa es su mayor virtud, es capaz de vencer con un pokémon débil si está en racha.
>> Aparte de mi, ejem, hay otro Sinnoh que solía ser mi rival número uno, pero que ya vencí unas cuantas veces, por eso ahora pasó a ser DD ese rival. Su nombre es Lorenzo, pero aquí lo conocerás con el apodo de Lencho. Es de temer solamente si su Infernape se enoja, si no, no hay cuidado con él.
Me quedé un rato sopesando lo que el joven me había dicho. Aun no me caía la ficha de que en verdad hubieran rivales tan fuertes que hayan recorrido tanto el planeta y yo aquí como un tonto “tomándome unas vacaciones”. Me aplastarán, me harán sufrir y luego se reirán de mí. Esteban se despidió y se fue corriendo a prepararse, ya faltaba poco para que seleccionaran los grupos contrincantes. Me levanté también y comencé a caminar repasando una y otra vez estrategias en mi cabeza… Sí, lo sé, luego quedarían sin usar porque una vez en batalla improvisaría, pero igual no podía dejar de hacerlo, era imposible, y menos si sabía que algunos de los luchadores eran muy buenos estrategas.
Mis amigos me acompañaron al gran domo y ellos se dieron la vuelta para dirigirse a las gradas. Yo debía entrar a los vestidores donde estarían todos los concursantes y donde podría ver por una pantallita como se decidían los grupos.
El gran cuarto donde estaban todos, con sus pokémon fuera de su pokebola, estaba adornado de manera muy vistosa para recibir a los entrenadores. La mayoría de estos alentaban a sus pokémon y trataban de incentivarlos para la batalla de cualquier forma, con comida, con halagos, incluso algunos usando amenazas… Cada quien tenía su estrategia y su forma de trabajar, yo había aprendido hace mucho que, aunque me diera bronca ver a esos entrenadores exigentes maltratando a los pokémon, no podía cambiar su forma de pensar más que demostrándole que estaban equivocados y que la única manera de ganar todo lo que se propusieran era tratando a los Pokémon como amigos. Yo lo sabía porque en Hoenn sólo se entrena así. En Hoenn se aprende a amar lo que se tiene y se pelea con y por ello. Es por eso que mis pokémon y yo en batalla somos uno, no somos entrenador y pokémon, somos guerreros, luchamos por la gloria, por la inmortalidad y por nuestro amado hogar que es Hoenn. La pantalla se prendió, debo ir a verla…
La mayor parte de los entrenadores se acercaron mucho al televisor mientras poco a poco iban apareciendo en pantalla los nombres agrupados y escalonados de cada participante. La emoción colmaba mis venas, mi corazón latía sin cesar, mis pulmones inflaban mi cuerpo… Mi nombre llegó en quinto lugar, y el sexto fue el nombre de Kevin, el niño de Johto que luchaba a todo o nada sin estrategia. Eso me dejó un poco más tranquilo… aunque Esteban había mencionado algo de que tenía mucha suerte en las batallas. Lo contemplé y el jovencito rubio me miraba con imparcialidad. Parecía confiado en si mismo. Me acerqué a hablarle.
- ¡Hola! Te deseo suerte en nuestra batalla.
- No te preocupes- me dijo-. La tendré.
Sin decir más se dio vuelta y se fue. Yo creo haber vencido una centena de tipos con esa actitud. Se matan solos al pensar que el torneo es como la Liga Pokémon. Así mismo, no he de confiarme, no vaya a ser que su suerte sea real.
Las batallas empezaron al instante y no creo que haya nada más insoportable que un locutor generando suspenso segundos antes de cada batalla y mencionando patrocinadores a cada rato. Estaba cansado de esperar y eso que mi combate era el tercero.
Luego de ver los primeros dos combates, las piernas comenzaron a temblarme. En el primero compitió Romina, una conocida mía de ciudad Portual, había ganado la liga hacía unos años y pasó a la siguiente ronda tras vencer a un chico de Kanto, claro que no parecía estar muy en forma, pues le costó mucho vencer a ese muchacho que tenía un Pikachu como pokémon más fuerte…
El segundo lo luchó Esteban contra su rival de su propio pueblo. Lógicamente, como él me dijo, venció con mucha facilidad a su enemigo, ya que se conocía de memoria la forma en que luchaba.
Era mi turno y estaba muy ansioso… No sería fácil, para nada, ya había visto luchas muy parejas y todos los pokémon estaban en sus máximos, daban todo en batalla y muchos habían terminado muy exigidos, con lastimaduras graves. La voz de locutor mencionando mi nombre me despertó de mis cavilaciones. Caminé pausadamente hasta el centro del domo donde la pista de batalla era de tierra, por suerte… Si la pista era de tierra quería decir que los pokémon de mi rival no nadaban, porque si hubiera alguno que nadara tendría que haber en el medio un gran circulo de agua para que pudiera desenvolverse en el entorno.
Me asenté en el extremo que daba a la entrada principal del domo, ubicada al oeste del lugar. Mi rival hizo lo mismo, pero en el lugar opuesto. Se lo notaba tranquilo, pero eso no le iba a ayudar en nada a vencerme.
- ¡Hora del tercer combate, espectadores!- bramó el locutor que presenciaba el combate en una alta torre ubicada a un costado del terreno de juego- ¡El participante Ulises Alarcón, de Hoenn, contra el visitante Kevin Lastou, de Johto! ¡Como se acostumbra, el local comenzará!
Mis manos temblaron buscando la pokebola de Sceptile. La gente en las tribunas se había callado de repente. No encontré a mis compañeros con la mirada por lo que dejé de buscarlos y me fijé en la zona de batalla. Era el momento de comenzar mi máximo desafío.
- ¡Sceptile, ve!- ordené lanzando la pokebola al medio de la arena. Mi pokémon salió de ella exhalando un furioso grito de batalla, exponiendo su ágil cuerpo ante el público. Lo bueno que tenía mi Sceptile es que era un poco más alto de lo normal, su cuerpo medía casi dos metros y eso le daba un poco más de resistencia contra los pokémon voladores.
- ¡Ja! ¡Ve, Typhlosion!- llamó Kevin y el feroz pokémon de fuego se plantó ante Sceptile con brutalidad.
Ambos se miraron maliciosamente. No eran pokémon eléctricos, pero se iban a sacar chispas…
- ¡Sceptile, ve por él con agilidad!- al decir mi orden el pokémon de hierba movió sus pies con tanta rapidez que a Typlosion le costaba incluso verlo.
- ¡Typhlosion, usa Llamarada!
- ¡Sceptile, Doble Equipo!
Además de tener una velocidad admirable, Sceptile comenzó a confundir a Typhlosion con sus ilusiones por rapidez y la Llamarada del enemigo se estampó en la tierra levantando una gran polvareda.
- ¡Nuevamente, Llamarada!
- Sceptile, creo que puedes detectar eso.
El pokémon de fuego, furioso, volvió a resoplar su terrible cruz de fuego sobre Sceptile, pero el pokémon muy ágilmente lo evitó y se preparó para el ataque.
- ¡Portazo ahora, amigo!
- ¡Typhlosion, Rueda de Fuego!
Los dos se lanzaron al ataque y chocaron en el aire. El portazo de Sceptile dañó a Typhlosion en su rostro y el del pokémon de fuego azotó irasciblemente el cuerpo del mío.
- ¡Sceptile! ¿Estás bien?- le pregunté y el pokémon se repuso instantáneamente sin dar señal de cansancio. Typhlosion sonrió al ver que tenía la batalla controlada- ¡Usa un Terremoto!
Sceptile pegó un salto con todas sus fuerzas y desde el aire amenazó a Typhlosion con la mirada.
- ¡Sofócalo, Typhlosion!
Cuando Sceptile cayó el suelo se sacudió y Typhlosion sintió el temblor retumbar por todo su esqueleto. Sin embargo, el pokémon de fuego ya tenía preparado su ataque y sólo tuvo que soportar un poco para poder lanzar las nocivas llamas que rodeaban su cuerpo a escaldar a Sceptile. Mi pokémon cayó totalmente vapuleado y Typhlosion intentó mantenerse erguido luego de semejante ataque de tierra.
Mis opciones no eran muchas, pero mis dos pokémon eran muy fuertes contra ese oponente por lo tanto no habría problemas. La idea era elegir un pokémon que no fuera débil contra el siguiente de mi oponente. Yo prefería elegir a Aggron, pero sería más indicado usar a Flygon ya que tenía menos debilidades, y era mucho más probable que el enemigo tuviera pokémon de tipo lucha, tierra o agua, que pokémon de hielo o dragón…
- ¡Regresa, Sceptile! ¡Ve, Flygon!
- ¡Vuelve, Typhlosion! ¡Ve, Weavile!
Eso estaba muy mal. Se me venía la noche y al chico se lo veía muy confiado… Había una única estrategia que funcionaría contra él, pero Flygon debía ser muy rápido y sobrevivir a cualquier ataque del pokémon.
- ¡Weavile, Rayo de Hielo!
- ¡Flygon, resiste y usa Ida y Vuelta!
El pokémon de hielo arrojó desde su estomago un halito tan helado que el cuerpo de Flygon casi crujió del frío. En el aire intentó soportar ese terrible tormento que sufría al recibir ese ataque.
- ¡Fuerza Flygon! ¡Vamos, confío en ti, amigo!
- ¡Acábalo con Tajo Nocturno!
El pokémon siniestro saltó para golpear al pokémon en el aire y amenazaba con acabar rápidamente con él. Sin embargo, Flygon enderezó su cuerpo, batió sus alas para liberarse de ese estado de semicongelamiento. Estaba muy lastimado, su cuerpo estaba duro y su sangre poco a poco se iba a convirtiendo en pequeñas astillas que se le clavaban en las venas. El pokémon dragón atacó a Weavile golpeándolo con su cabeza y luego volvió hacia mí mientras la pokebola de él se abría y volvía a resguardarlo dentro. Instantáneamente, Aggron salió. El muchacho parecía un poco intimidado ante el robusto pokémon de acero. Posiblemente él era mi mejor elección, debía tratar de que soportara lo más posible.
- ¡Usa Desquite, Weavile! ¡Acábalo!- indicó mi oponente.
- ¡Cabeza de hierro, Aggron, terminemos con él!- sentencié.
Los pokémon corrieron a enfrentarse. El ágil Weavile saltó para golpear en pleno pecho al Aggron, y aunque el ataque era muy fuerte, la defensa de Aggron era envidiable y pudo soportar lo suficiente como para asentarle un fuerte cabezazo que dejó a su oponente totalmente desmayado en el suelo. Por fin me alegré al ver que al menos hacía caer un pokémon de mi oponente. Sólo le quedaba uno, y estaba seguro que Aggron podría vencerlo.
- ¡Ve, Skarmory!- llamó el sujeto.
El pokémon de acero planeó por los aires enfrentando con su cruda mirada al pokémon de su mismo tipo. Sería una batalla dura y larga. Espero que estar un poco más cansado no le juegue en contra a mi pokémon.
- ¡Skarmory, usa tus alas!- indicó Kevin mientras su pokémon volaba muy rápido para golpear a Aggron.
- ¡Aggron, Lanzallamas!- le grité a mi pokémon para que actuara rápido.
Mientras el pokémon volador atacaba una y otra vez con sus alas de acero a Aggron sin poder hacerle nada, éste abrió su boca y arrojó un largo chorro de llamas que calcinaron el cuerpo de su contrincante haciéndole un gravísimo daño.
- ¡No te rindas, Skarmory, sigue con Ala de Acero!
- ¡Amigo, acábalo, usa lanzallamas otra vez!
El pokémon volador se movía de un lado a otro a ultra-velocidad para intentar esquivar al mío. Era muy ágil, pero mi Aggron estaba bien entrenado y era certero. Sólo debía vencerlo ahora y luego acabaría sin problemas con Typhlosion.
Las alas del Skarmory golpearon el duro cuerpo rocoso de Aggron y éste a la vez arrojó su potente ataque de fuego. Los pokémon habían luchado con ferocidad y yo mismo me sorprendía de la batalla que estaba dando Aggron luego de tanto tiempo sin hacer nada. Estaba fuerte, resistente. Sí, los ataques de ese Skarmory no eran muy duros, pero ya había recibido unas cuatro alas de acero y además ese ataque de Weavile… Y allí estaba luchando sin piedad, lanzando ese mortífero lanzallamas que en el cuerpo de Skarmory se convertía en vapor y poco a poco dejaba al pokémon volador en el suelo. Ya iban dos menos, y mi oponente no tenía más que su Typhlosion.
- ¡Veamos que puedes hacer, Typhlosion!
El pokémon de fuego volvió a salir de la pokebola y se lo veía más repuesto. Fue por eso que no quise arriesgar a Aggron a un combarte con él, si bien tenía ventaja, prefería que Flygon lo intentara antes.
- ¡Regresa compañero, lo hiciste perfecto! ¡Flygon, termina lo que empezaste!
El pokémon dragón sobrevoló la zona de combate, aun con el cuerpo bastante mojado, pero con el espíritu en profundo ánimo al saber que había logrado ayudar.
- ¡Typhlosion! ¡Usa tu Garra Brutal!
- ¡Flygon, despliega tu Tormenta de Arena!
El pokémon de fuego se lanzó directamente al ataque con sus furiosas zarpas en alto. Mientras el cuerpo de Flygon destilaba arena que comenzaba a pasearse por todo el campo de batalla nublando la visión de los presentes, e incluso de los entrenadores, Typhlosion terminaba de acercarse al dragón para asentarle un golpe terrible que rasgó su cuerpo de un lado al otro.
- ¡No, Flygon!
No podía creer que ese ataque fuera tan fuerte, era increíble. Pero esa tormenta de arena no era en vano, tenía una función que era la maximizar la gloria de Aggron.
- ¡Ve, Aggron, ahora el campo es apto para ti!
Había entrenado a ese Aggron en tormentas de arena desde que era un Aron. En tormenta, mi pokémon aumentaba su fortaleza física, aumenta de su velocidad y su precisión. Era su terreno de batalla y él lo sabía. No podía perder.
- ¡Typhlosion, usa Demolición!
- ¡Aggron, Rodada!
El pokémon de fuego fue a partir a Aggron con el filo de sus manos. Sin embargo, mi pokémon sabía desenrollarse como si fuera una pesada roca cayendo desde una montaña y se abalanzó sobre él. El golpe fue terrible, Typhlosion no pudo sostener el imponente cuerpo del pokémon de acero y tampoco pudo golpearlo porque no veía un buen punto para hacerlo.
Thyplosion quedó a un costado, incapaz de levantarse y Aggron rugió con furia demostrando lo potente que era. El estadio se alzó en aplausos y yo, sonrojado, no podía hacer otra cosa más que mirar maravillado a mí alrededor… No sería fácil llegar a la final, pero el primer paso lo había dado. Ser un maestro pokémon era un reto muy difícil, pero el desafío máximo lo habíamos superado: empezar algo nuevo siempre cuesta y los primeros pasos son los más difíciles, si logras superarlos luego el desafío no se convierte en más que una simple rutina, y más aún cuando tienes de compañeros a seres queridos o amigos.