-Sí. Por suerte estuvieron buenas las vacaciones, je, je.
-Pues me alegro por ti. Ahora ya basta de eso, hablemos de mañana.
-¿Ah, te refieres al día de San Valentín?
-¡Claro que sí, mi despistado amigo! Sólo imagínate, los dos solteros más codiciados de la ciudad en la Plaza Central, con tantas chicas solteras en el día de San Valentín.
-Ya, Pablo, no te agrandes tanto. Además yo tenía pensado…
-¿No me dirás que no, verdad?
-Me temo que sí. Planeo invitar a salir a Natalia mañana en la tarde.
-¿Aún piensas en ella? Has rechazado a muchas chicas en el verano y todo por ella. Al parecer la quieres mucho.
-Idiota, claro que la quiero mucho, la amo, te he estado hablando de esto desde el año pasado; y vos decís, "parece que la quieres mucho".
-¡Ya me lo imaginaba! Je, je. ¿Entonces piensas hacer eso? ¿Y no aceptarás salir conmigo a buscar solteritas en la ciudad?
-Tome una decisión. Quiero aprovechar que mañana es esa fecha para salir con ella. Aunque no estoy seguro si…
-¿Si ella aceptara salir con vos después de lo que hiciste ese día, no?
-Si. ¿Tú que dices?. ¿Aceptará mi invitación?
-No lo sé. Ten en cuenta que pasó casi todo un verano desde que se vieron, y no volvieron a hablarse. Y digamos que con lo sucedido el último día de clases, no fue una bonita despedida. Pero en verdad hombre, eres un tonto.
-Tienes razón. Me pregunto si habrá conocido a alguien en las vacaciones. Sólo espero que no tenga novio y haya olvidado ese incidente.
-Seguro tiene novio. No te voy a mentir, es una linda chica. Cabello rubio y lacio, ojos celestes, estatura mediana, 16 años, precioso estado físico…
-Deja de hablar así de ella o colgaré el teléfono, baboso. Igual te faltó decir que ella es tierna, simpática, amable, positiva…
- Está bien, me faltaron unas cuantas cosas. ¿Ves? Por eso mismo seguro ya tiene novio. Y no te olvides de tímida, si es muy tímida, tal como lo eres tú.
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Allí estaba Natalia, caminando por el pasillo repleto de alumnos alborotados por el fin de las clases. Con su delicado andar, como si flotara suavemente al caminar, esbozando una tierna sonrisa. Ella, siempre tan alegre y luciendo más que nunca el uniforme de la escuela, que adornaba su hermoso cuerpo. Seguro se dirigía a su curso, no faltaba mucho para que el último recreo terminara.
Se podría decir que último era la palabra especial de este día. Último día de clases, última clase de matemáticas, últimas bromas en el curso y más importante, la última oportunidad…
-Vamos, esta es tu última oportunidad de hablar con Nati antes de las vacaciones- dijo Pablo alentando a su amigo.
-Si, no te preocupes. Hoy le diré todo lo que siento por ella. Le mande con Cami una carta citándola en la salida del cole. Nos encontraremos al lado de la estatua de Sarmiento donde pintaste esos chistes antes de ayer je, je- dijo muy seguro pero un tanto nervioso.
-Ja, ja, no es un lugar muy romántico pero esta bien, ahí nadie los molestara- terminó palmando el hombro del enamorado.
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-¡Pablo, que malo que eres! ¡Deja de tirarle mala onda a Santi! ¡No te metas, esto es entre él y yo!
-¿Cami, eres tú? ¿Cómo estás? Hace tiempo que no te veo.
-Sí, soy yo, je, je. Espero que no te haya molestado la actitud de mi hermano- dijo con voz más delicada y amistosa.
-Je, je, no te preocupes, ya estoy acostumbrado. ¿Y qué cuentas?
-Bueno, te cuento que tengo una gran noticia mi querido Santi. Es sobre Natalia.
-¿De ella? ¡¿Qué pasa, cuál es la noticia?!- exclamó Santiago.
-Ah, qué tierno, te pusiste como loco cuando la nombré- dijo con un tono más burlón.
-¿Y piensas decírmelo o qué?- preguntó algo sarcástico.
-¡Claro! Me encontré con ella en el Centro Comercial. Hablamos un rato y le pregunté qué haría mañana y me comentó que aún no tenía planes. Y por si fuera poco, escúchame bien Santi, ¡no tiene novio!
Santiago no lo podía creer, Natalia no tenia novio. Una chica como ella sin novio era muy raro, seguro lo había estado esperando todo el verano. Al fin tenía la oportunidad de hacerle saber cuánto la amaba y pedirle perdón por lo que sucedió aquel día.
El asombro fue tan grande que él quedo boquiabierto, paralizado. No encontraba qué decir, sólo podía pensar en ella, en su amada.
-Santi… ¿Santiago, estas ahí? Por favor di algo, me estás preocupando.
-Si, estoy acá… No te imaginas lo feliz que me pone saber eso, Cami ¡Mil gracias, te debo una! Bueno, voy a llamarla para invitarla a salir. ¡Nos vemos, y gracias una vez más!
Con la mayor felicidad del mundo comenzó a buscar en su teléfono celular el número de Natalia. Sin pensar en nada, al encontrarlo se dispuso a marcar en el aparato. El tono se dejó escuchar por dos o tres veces, y una voz dulce y tranquila contestó.
-¿Hola, quién habla?- pronunció la dulce voz.
-Natalia- dijo con un tono emocionado-. No, digo sí… este, soy Santiago.
-Ah, je, je. Hola Santi. ¿Cómo has estado?- preguntó alegre.
-Bien, bien. Te llamaba para…
-¿Sí, para…?
-¡Sí! Lo siento- dijo nervioso.
-Siempre tan gracioso, je, je. Ya extrañaba eso de ti- terminó diciendo casi en voz baja.
-En serio, je, je. Bueno, el punto es que quería invitarte a salir mañana. Me refiero a caminar un poco en la tarde. Si quieres, por supuesto.
-Mañana en la tarde, claro que sí –exclamó con mucha alegría.
-Qué bien. Te paso a buscar a las cinco. ¿Te parece bien?
-Sí, a esa hora esta bien por mí. Entonces nos vemos mañana.
-Sí, hasta mañana. Adiós, Nati.
-Adiós, Santi.
-Te quiero- dijo santiago, pero por el teléfono ya se escuchaba el tono avisando el final de la llamada.
14 de Febrero, ya era el día de san Valentín. Por la mañana había lloviznado un poco, pero hacia el mediodía el cielo se despejó, permitiendo que los finos rayos del sol iluminaran las calles, plazas y parques de la ciudad, que poco a poco comenzaban a llenarse de parejas enamoradas. Algunas almorzando en parques, otras paseando por las plazas o comprando uno que otro regalito en el centro comercial.
Santiago, emocionado y feliz, se despertó a las doce de la tarde como lo hacia siempre en vacaciones. Saludó a sus padres y almorzó con el resto de la familia; tenía la costumbre de levantarse a esas horas, ya que conociendo a su madre, contaría con la comida lista para ese entonces.
No se encontraba muy nervioso. Conocía a Natalia desde un año atrás, se llevaban muy bien y ambos estaban enamorados el uno del otro. Y como muchas parejas, tienen en común ciertos rasgos de personalidades, en el caso de ellos era la gran timidez. Ese era su mayor problema al hablar con su amiga, no se animaba a decirle sus sentimientos hacia ella, a decir “te amo”.
Cuando se hicieron las 4:30 P.M., salió de su casa a paso lento y tranquilo. La casa de Natalia no quedaba lejos y por suerte estaba ubicada a unas tres cuadras de la plaza en donde se conocieron.
-Bueno, al fin llego el momento, y si acepto seguro ya ha olvidado lo tonto que fui aquel 4 de diciembre, por lo que no hay nada de que preocuparse, Santi. Vamos, que todo está saliendo bien- se alentaba a sí mismo mientras esperaba en la puerta del jardín de Natalia.
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-¿Y que harás ahora, Santi? –pregunto Camila con curiosidad.
-La voy a esperar en donde acordamos; según escuche, la profe Hernández esta demorando a 4º “C”. No creo que demore mucho el discurso de fin de año- respondió Santiago, ya nervioso.
-Bueno hasta aquí llegamos nosotros, mi amigo. ¡Suerte con Nati!- exclamo Pablo ya alejándose con su hermana.
No pasaron muchos minutos hasta que 4º C comenzó a salir. Santiago estaba cada vez más nervioso, pero se sentía bastante seguro por dentro. Eso, claro, hasta que vio a la chica de sus sueños cruzar la puerta y dirigirse tímidamente hacia la estatua.
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-¡Ya salgo, Santi!- gritó Natalia desde la puerta y volvió a entrar.
-Esta bien, aquí espero- respondió bajando la cabeza un poco para pensar.
-Ya estoy lista. ¿Vamos?- preguntó sacando a su amigo de sus pensamientos.
-Claro.
La tarde estaba hermosa, contaba con un imponente sol que hacía brillar las plantas y árboles aún bañados por la llovizna de la mañana. Todo se veía tan vivo en esa fecha, se podía oír una bella melodía entonada por las distintas aves que volaban por la ciudad, como cantando a los enamorados en su día. Todo era armonía, paz y tranquilidad combinado con un aire romántico, que aromatizaba el ambiente.
Mientras paseaban por el centro comercial de la ciudad, Santiago no dejaba de admirar la ternura de su amiga cuando ésta miraba los enormes peluches en los comercios, o jugaba con los cachorros de la tienda de mascotas. Ya en el parque hablaron y hablaron. Ninguno de los dos entendía cómo es que tenían tanto de qué hablar y mucho para conocerse. Ambos se estaban enamorando más y más, al fin esa barrera transparente que les impedía mirarse a los ojos, hablar con total confianza o expresar sus sentimientos, había desaparecido.
Luego de unas horas caminando por la Plaza Central, tomaron un helado para refrescarse un poco de la calurosa tarde. Ésta comenzaba a llegar a su fin. Fue entonces cuando Santiago propuso ir volviendo hacia una plaza cercana a la casa de su amiga, esa era la plaza en donde se conocieron. Al llegar Natalia corrió de inmediato a los columpios. Se veía muy bella y dulce, con sus ojos celestes brillosos por la luz del atardecer; y su cabello adornado con una pequeña flor de pétalos blancos que Santiago le había regalado hacía un momento.
Él se sentó en el otro columpio y contemplando el rojizo atardecer, la miro los ojos.
-Nati… yo- comenzó a decir Santiago.
-¿Qué, Santi?
-Yo quería agradecerte por haber aceptado salir conmigo hoy. Pase una hermosa tarde junto a ti. Pero más importante…
-¿Sí?…
-Quisiera pedirte perdón por como me comporte contigo ese día. Sé que no debí dejarte así, te cité al lado de la estatua y cuando te vi, salí corriendo como un idiota. Lo siento mucho si herí tus sentimientos, esa no era mi intención, yo sólo quería hablar contigo, pero me puse tan nervioso que no pude decir…
-Esta bien, Santi… yo no me molesté para nada…- respondió apenada Natalia.
-Uh…- suspiró Santiago un poco confundido.
-Si, es más, estuve agradecida de que eso sucediera, es que estaba tan nerviosa que iba a desmayarme si decías algo, je,je- completó sonriendo dulcemente mientras tomaba la mano de su querido amigo.
Ambos rieron viendo el atardecer por unos segundos, que a pesar de eso, para ellos fueron varios minutos. Se levantaron de los columpios y tomados de la mano emprendieron el regreso a sus hogares, a la par que el brillante astro comenzaba a mermar su luz definitivamente en el horizonte y las primeras luces de la ciudad comenzaban a encenderse, iluminando la noche del 14 de Febrero.
-Nati…
-¿Sí?
-Te amo…
Bueno eso es todo... espero le haya quedado bien ese relato enmarcado que use... Salu-2

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