La sangre de aventurero de Elwood sacudía con fuerza su interior; sentía como el traje de vigilante que le habían brindado le apretaba como una prisión, impidiéndole poder moverse con libertad. Haber elegido a él, el más aventurero de entre todos los estudiantes, en particular para cubrir de noche la entrada al bosque, no había sido la mejor idea.
Karla Reed, la compañera asignada de Elwood para hacer turno, se encontraba meditando sobre como ella era una de las que también, en anteriores veces, había estado del lado de los alumnos a los que se suponía que ahora mismo debía detener.
— Oye, ¿seguro que estás bien? Quiero decir... — Pregunto ella de repente, para romper el silencio que apoderaba el vació de aquella noche
Elwood no respondió aquella pregunta, pues estaba más concentrado en resistir el impulso que le gritaba, no… que le suplicaba arrojarse sobre las rejas que se alzaban detrás de él para adentrarse en las profundidades del bosque tal cual Pokémon salvaje. Claro, los Pokémon a diferencia de él, que solo era un niño con pésimo sentido de la orientación, sabrían cómo defenderse de los peligros que allí albergaban.
—“Por qué me haces esto a mí, santísimo Arceus” —Pensó a punto de llorar—
— Se me hace incomodo todo esto, ¿sabes? Yo normalmente soy a quien tendrían que detener. — ¿¡Qué!? ¿¡Ella también!? Y pensar que Elwood tendría la suerte de conseguirse con una chica con los mismos gusto que él… pensó en insinuársele, pero vamos ¿qué oportunidad tendría él un chico con estatura de Hobbit y el coeficiente de un ogro con ella? Desechó la idea inmediatamente — Y uhm, ¿cómo decías que te llamabas? Lo siento, soy medio len... twaa. — Agregó luego de un rato, rompiendo la línea de pensamiento del muchacho. Pocos segundos después se refregó el pelo e hizo una mueca de los mil demonios pero que irónicamente a Elwood le pareció la cosa más tierna del mundo. Era de entender, el chico estaba con sus hormonas pre púber a millón y en esos momentos incluso la señora de la cafetería le parecería una hermosa princesa sacada de cuentos de hadas.
— No te he visto antes por la división Slowpoke, ¿acaso eres de la Abra? Por favor, dime que eres Abra, los Gastly suelen ser muy serios y poco amigables, algunos hasta te gastan bromas fuertes… aunque no todos son así. Lamento el prejuicio. —
—Meh, soy Abra; aunque de serte sincero, no sé cómo fui a parar ahí. La definición de un Abra es ser un cerebrito... yo no podría estar más alejado de eso, si hasta me pierdo yendo de la cama al baño. Yo digo que se equivocaron al colarme los papeles. —Confesó él mientras se acariciaba penosamente el cabello—
— ¡Uh, te entiendo perfectamente! Yo soy re distraída también, a veces ni se cuál es la derecha ni cuál es la izquierda —le respondió, aunque Elwood sintió que más bien, decía aquello para que él no se sintiera tan mal.
Duraron un rato más hablando, ambos hablaron sobre como los dos disfrutaban explorando biomas y también durmiendo como Arceus manda durante las noches. La conexión entre los dos fue tal, que un momento mencionaron algo sobre formar un clan, pero así como la idea apareció de repente, se desvaneció al instante por un inoportuno suceso.
Los ladridos de Genos, el Growlithe de Karla, surcaron el aire dando evidencia de que había hallado a un intruso.
— ¡Venga, amigo, sé que por aquí debe haber algo! —Me gritó antes de echarse a correr por dónde venían los ladridos.
—“¿Amigo? ¿Qué acaso no recuerda mi nombre? ¡Que olvidadiza” —Pensó Elwood, quien ni siquiera recordaba que no se había presentado en ningún momento, antes de echarse a correr tras la muchacha.
Ambos llegaron al lugar donde provenían los aullidos y descubrieron la razón de ellos: Un chico se encontraba encaramado en las verjas, que daban con el espeso mar verdoso, siendo retenido únicamente por la fiera y firme de mordida de un perro de un extraño y elegante pelaje amarillo. Y más allá, casi sumergiéndose en las sombras, iba una chica corriendo como alma que llevaba Darkray.
— ¡JODER, SE ESCAPA LA MALDITA LISIADA! — Exclamó, alarmada, Karla.
— ¡CORRE, CORRE! ¡Y CORRE, LUCY, NO DEJES QUE LA LOCA TE ATRAPE! — Fue lo que dijo la víctima de Growlithe, tratando de quitarse de encima al de pelaje dorado chillón. — ¡Y deja de morderme, perro feo!
— ¡¿Pero qué te has creído...?! –tú que yo no valgo, que tengo el corazón en carne viva… Ah, que Elwood divagó con la letra de la canción por un momento- ¡Debes respetarme, enano malcriado, o mi Cerberos y yo te enviaremos a las profundidades del...! ¡No, espera! ¡Agh, cómo sea! ¡Ve a por ella! Yo me quedo vigilando a este fulano. Si quieres, puedes tomar prestado a uno de mis amigos. —¡Y pensar que podía ser tan espezlunante, tan aterradora! Con el rabo entre las patas Elwood corrió como un perro antes de que lo azotaran, directo a la chica que se había ido por el bosque.
Se encaramó como pudo por las valla, dejándose medio hilacho del uniforme guindado ahí –y también parte de la parte trasera del pantalón, dejando ver su bóxer de Swablu—.
—¡Anda, Growtlihte! —gritó Elwood liberando al perro que se le fue asignado como su compañero para la misión. Rápidamente el entrenado sabueso corrió hacia donde sentía el rastro de la joven, mientras su joven acompañante le seguía torpemente iluminando con la linterna su camino.
—¡Agh, suéltame estúpido perro pulgoso! ¡Estúpido, mi ropa, idiota! —chilló la muchacha Lucy, como la llamó su rufián compañero, luego de que cayera bajo el peso de Growlithe
—Y vaya que si esta pulgoso, yo diría que el más pulgoso de toda la perrera de la academia. Seguro los bichos te estarán picando por días —le dijo Elwood tras alcanzarlos, molesto por la forma en la que llamó a Growlithe—
—¡Ains, no! ¡No digas eso! ¿Sabes lo que cuesta mantener este cuerpo para que vengan unas feas pulgas a dañarlo?
—Debiste pensarlo antes de venir al bosque… en mi guardia —Eso último solo lo agregó para sonar más épico. Y luego— Ahora Growlithe… ¿podrías llevarme del camino de vuelta? No tengo ni la más minima idea de a donde debemos ir.
…….
Elwood llamó a Bross, su Bulbasaur, para que le ayudara a arrastrar el cuerpo de la chica que aún se quejaba por las pulgas. Al poco tiempo llegaron a la valla para descubrir que Karla y el muchacho seguían en la misma situación soltando insultos el uno con el otro.
—¡Deberías estar en el manicomio, psicópata!
—¡Oooh, te vas arrepentir de eso chaval! No deberías meterte conmigo en una noche donde no he podido conciliar el sueño, me vuelvo peor que el demonio — Y dicho eso, de un jalón por la parte trasera del cuello la chica tiró al muchacho al piso donde se revolcó quejándose.
Ambos fueron atados con unas sogas para ser entregado a la autoridades cuando su turno acabara. Y por suerte aquella noche no hubo ningún otro altercado por lo que Teo… Elwood finalmente pudo descansar sin preocupación de que lo asesinaran por irresponsable. Fin.
Post para el pedido de vigilancia con
@Overly.