XXXI

Marriot
¡Ah, todo había salido como yo lo deseaba, todo color de rosa, todo magnífico! Podía asegurar que era el primer sentimiento de felicidad que había experimentado en toda mi vida, ¡claro que sí, sin temor a equivocarme! Nunca había sentido este regocijo, y esta sonrisa nunca se había esbozado involuntariamente. Me habían aceptado, ¡esos foráneos me habían aceptado en su comunidad, ahora formaría parte de ellos! En ese momento, casi no tuve tiempo preciso para reflexionar sobre el importante cambio de aires que le estaba ofreciendo a mi espíritu, a mi ser, a mi vida plenamente dicha como quien ofrece un gran tesoro brillante. ¡Era toda una variante en mi futuro! ¡Y me sentía realmente dichosa de poder permitirme este magnífico cambio! Qué felicidad… ¡qué felicidad poder pertenecer al bosque, al hermoso bosque, a aquel lugar tan idealizado, a esos parajes encantados que yo tanto soñé conocer! La simple idea de verme rodeada de frondosos árboles, de flores bellas, de multitud de vegetación me extasiaba. Vivir en un lugar de esmeralda… era todo un ensueño. ¡Ah, y tanto pokémon nuevo que iba a conocer! ¡Tantos amigos que habría de tener! Era… era lo que yo tanto deseé siempre. En casa, tenía que contentarme con ver siempre los mismos rostros desabridos y mustios, casi huraños, que terminaron por amargarme el carácter al grado de ya no reconocerme ni yo misma. ¡En efecto, un cambio de aires sería el mejor remedio a todos mis males! La idea de no volver a ver al estúpido de Rey, o a la ingrata de Emily y dejarla con la intriga y la preocupación sobre mi paradero era simplemente genial. ¡Ahora yo era la que tomaba venganza contra ella! ¡Ah! ¡Ni creería que yo era una pobre tonta e ingenua como para no darme cuenta de la polaridad que presentaba su personalidad hacia conmigo! Pero… pero tenía que darse cuenta que yo ya estaba harta. Tenía que darse cuenta, ¡tenía que hacerlo! ¡Harta! ¡No soportaría volver a verla! ¡Malvada niña ingrata! Y tantos pensamientos rodeaban mi mente en aquellos momentos, que me desconecté del resto del mundo. ¡Sólo pensaba en el bosque! ¡Ya me veía entre los árboles más majestuosos, rodeada de murmullos nocturnos que llevaba el viento cuando cayera el sol! Esos lugares que sólo veía en las fotografías de los libros que había en casa, ahora iban a ser mi destino, mi hogar.
En fin, la oportunidad de oro se me había presentado de forma tan singular como una Butterfree dorada se aparece ante uno, y no iba a soltarla sin más. ¡Adiós a la ciudad, y hola al bosque!
—Síguenos, por aquí —me indicó Mooth, la Dustox—. Por favor, confía en nosotros.
—¿Tienen algún medio para regresar? —pregunté.
—Sí. Por favor, sólo confía —me volvió a repetir.
Habíamos avanzado por toda la acera hasta llegar al punto en el que la calle doblaba hacia ambos lados. Giramos por la derecha, guiándonos siempre la Dustox y yo la más retrasada del grupo. Cuando dimos vuelta, no quise volver la cabeza para mirar por última vez la casa en donde había vivido desde siempre; la melancolía me atrapaba en ocasiones y no quería que ésta fuera una de ellas. Mantuve la vista al frente, decidida, mientras daba firmes pasos rápidos, como si subconscientemente quisiera alejarme pronto de aquellos lugares.
Entonces fue cuando nos topamos todos con un par de humanos, que presuntamente nos estaban esperando del otro lado de la calle. ¿Humanos?
—¿Qué hacen? ¿A dónde vamos? —preguntó Fyrus, un poco inquieto.
—No te preocupes, son amigos —le dijo Ruz.
—¿Amigos, ellos?
Ambos humanos se interesaron bastante en nosotros. Era un hombre y una mujer, y sus facciones se veían dulces, como si fueran incapaces de causarnos algún daño.
—Hola, pokémon. ¿Todo salió bien? —preguntó el hombre—. Ah, vaya, veo que ya tienen el Raichu del que hablaban…
—Fueron muy rápidos —complementó la mujer.
—Todo salió perfecto, muchas gracias —dijo Roover, esforzándose por hablar con claridad. Luego, me señaló a mí suavemente con una de sus navajas—. Miren, también traemos a ella, nos acompañará en nuestro viaje.
Los dos humanos, que se encontraban abstraídos inspeccionando al Raichu, voltearon de una sola vez para mirarme con curiosidad.
—¿Quién es ella, Roover? —le preguntó el hombre en un tono bastante familiar—. Me habían comentado que sólo vendríamos por un Raichu.
—Claro, pero ella también quiso venir con nosotros —explicó Roover.
La mujer comenzó a observarme de cerca.
—Un Vulpix, no esperaba que uno como estos quisiera venir al bosque. Hola, Vulpix, ¿cómo estás? —luego se fijó en mí aún más—. ¿Qué tienes en tu ojo? Parece que te duele.
Yo la miraba fijamente, sin mucho miedo. Después de todo, no se veía con intenciones malvadas. Además, aunque me fuera a querer hacer daño, yo ya sabía dominar el fuego. Y más le valía que no me saliera con lástima por mi dolor, porque no pensaba responderle a eso.
—Mi nombre es Marriot y quisiera ir con ellos al bosque, porque es un lugar a donde he querido ir desde siempre. Además, durante este tiempo en el que nos han estado buscando, me he hecho muy amiga de Fyrus y ahora deseo ir con él; no quiero quedarme en casa sola. Ahora, ¿pueden decirme quiénes son ustedes? Nadie mencionó nunca que tendríamos contacto con humanos en el bosque —dije.
—Tranquila, Marriot —me contestó el hombre, sorpresivamente, porque no esperaba que éste también, como Emily, supiera utilizar mi lenguaje—. Tranquila, que nadie te va a hacer daño. Sólo queremos ayudarlos.
—Somos investigadores pokémon —complementó la mujer—. Teníamos programado visitar el bosque para continuar con un proyecto científico que estamos llevando a cabo desde hace varios meses. Casualmente, el bosque al que pretendemos ir es al mismo al de ustedes. Y ya que la situación se ha prestado, nos gustaría ayudarlos con el viaje para volver.
—¿Ustedes van a hacer una investigación al bosque? —reprochó Fyrus enseguida—. ¿Y qué clase de investigación, si se puede saber? No tengo muy gratos recuerdos de las personas como ustedes que han ido sólo a llevarse cosas de ahí y a invadirnos.
—No te preocupes para nada, Fyrus. Nosotros no pretendemos hacerles daño de ninguna manera, ni a ti, ni a tus amigos, ni a la comunidad que radica en tu bosque. Será una investigación sencilla y sin nada de consecuencias para ustedes, sólo deseamos observar el comportamiento pokémon dentro de sus hábitats naturales para ampliar el pokédex y la información marginal de cada uno. ¿Has oído hablar del pokédex?
Fyrus negó con la cabeza lentamente, como si hiciera un esfuerzo por recordar si alguien ya le había mencionado esa palabra con antelación, o si la había escuchado de algún humano.
—Bueno, es una herramienta que se está llevando a cabo por los científicos pokémon para ampliar nuestros conocimientos sobre ustedes y que exista una interrelación sana entre ambas especies. Entre más conozcamos sobre cada uno de ustedes, mejor será la relación social entre humanos y pokémon. Así, entenderemos más sobre sus características y sabremos cómo tratar específicamente a cada especie. Como ves, no representa nada de riesgo para nadie, ni para el bosque, sólo estaremos un par de días de visita con ustedes, observaremos a tu comunidad e iremos registrando los datos que obtengamos de ello. Luego, nos marcharemos como si nada hubiera pasado. ¿De acuerdo?
Fyrus estaba meditando sobre toda la información que le había proporcionado el humano, que amablemente se había tomado el tiempo de explicarle; sin embargo, se veía que el Raichu aún desconfiaba. Nunca se había creído todas las cosas de los humanos, y hasta hace unos días, los aborrecía. ¡Pero se trataba de estos humanos, no de los otros!
—¿En qué piensas, Fyrus? —intervine, un poco contrariada—. ¿No te das cuenta que nos van a llevar al bosque? ¿Por qué aún desconfías de ellos?
—De acuerdo, de acuerdo. Vamos —dijo Fyrus, no muy convencido pero evidentemente sin ninguna razón más para seguir adoptando esa actitud precautoria.
—¡Qué bueno que confíen en nosotros, pokémon! —exclamó la mujer, que se levantaba del suelo en donde estaba agachada—. Verán, lo más importante para nosotros es entablar una buena relación con los pokémon, ya que muchos creen que todos los humanos, como especie, somos crueles hacia ustedes. De verdad me da gusto que, en este caso, se dé una retroalimentación favorable de parte de ustedes. ¡Ambos vamos a ayudarnos! Nosotros los llevamos hasta su bosque, terminando con el problema del viaje, y ustedes nos dejan trabajar unos días.
¡Qué bien, el asunto estaba resuelto! ¡Ahora nada podría impedir que nos fuéramos al bosque, a donde tanto yo soñaba! ¡Ya nada podría evitar los planes! Ah, gracias a estos humanos que habíamos encontrado y que, por causas del destino, iban hacia donde nosotros.
Los seguimos, ahora todos convencidos de su honestidad.
El viaje fue muy poco agradable, a decir verdad. Quiero decir, el trayecto que separaba la ciudad del gran bosque. Lo primero que hicieron los humanos fue meternos en esas horribles pokebolas, de esas esferas tontas que se compran en las tiendas pokémon. ¡Qué incomodidad estar ahí adentro! No se siente nada, pero es horrible la sensación de encogerte para caber en una de esas cosas. Ya adentro, uno no sabe qué está pasando a su alrededor, o por lo menos yo, ya que caí sumida en un profundo sueño que no me despertaba con nada. Y qué bueno que así fue, no me hubiera gustado despertar y verme rodeada como en una gran burbuja, y pequeña.
No sé si el trayecto fue corto o largo, porque no tenía noción del tiempo, pero al final, como todo, tuve que despertar, y fue de una manera bastante brusca, porque al parecer estos humanos impiadosos lanzaron la pokebola en donde yo dormía hacia el piso. La caída fue terrible, porque la burbuja en donde supuestamente estaba encogida desapareció de repente y de pronto me sentí como si recobrara el conocimiento de repente. Abrí los ojos mientras percibía claramente cómo todo mi cuerpo se agrandaba para volver a tener el mismo tamaño y la misma forma original, aparte de que saltaba un destello rojo de todos lados que no supe a qué se debía. Fue muy poco ético de parte de esos humanos, supongo. El caso es que caí rodando por la tierra, sintiéndome desorientada.
Todo me daba vueltas alrededor en un principio. Pero supongo que es normal; es la primera vez que me encogen en una de esas pokebolas, y creo que después de cierto tiempo uno se ha de acostumbrar.
Agité la cabeza un par de veces, de un lado a otro, rápidamente. Eso me sirvió bastante para recobrar la orientación, y de pronto, me di cuenta que el paisaje había cambiado drásticamente desde la última vez que tuve los ojos abiertos. Ya no estaba en la ciudad, ya estaba en… ¿el bosque? ¡Vaya!
Todo a mi alrededor era verde. Estaba dentro de una gran masa de árboles altísimos que llegaban hasta el cielo; me hallaba sentada en la tierra húmeda que yo tanto imaginé. El ambiente era cálido, muy cálido para mi antojo, como cuando en la ciudad es pleno verano. Qué raro el cambio tan drástico, de la nieve al calor.
Apenas recobré el sentido, me levanté y comencé a correr de un lado a otro, extasiada. ¿Éste era el bosque, de verdad? ¿Éste era mi nuevo hogar? ¿No era todo un sueño? ¡Era un verdadero paraíso terrenal!
Empezaba a experimentar una sensación que nunca antes había tenido. Ahora, esto era lo que deseaba. Ante mis ojos, se presentó lo que yo tanto había anhelado en mi vida, esto, lo maravilloso, lo único.
Me olvidé de los humanos y los demás. Yo continuaba contemplando esos árboles con gruesos troncos que soportaban su inmensidad, esa maleza que me rodeaba que tenía colores tan dulces, ese aroma que me llenaba por dentro, esos sonidos que en el fondo se percibían, sonidos bellos y reales, sonidos de vida. No podía dejar de correr.
Y de pronto, me detuve a observar una flor hermosa que encontré en mi camino. ¡No había visto otra igual! Sus colores eran tan bellos, el rosa pálido, el verde de la esmeralda, el rojo como el fuego vivo. No podía dejar de verla, la quería, necesitaba fundir mi alma con esa y con otras tantas que se hallaban alrededor y que disputaban entre sí el título de la más hermosa. Comencé a preguntarme si me ajustaría el tiempo de mi vida para ver todo lo que me rodeaba, para disfrutar de todos los detalles que me ofrecía el bosque, ese ansiado bosque, ¡el que tantas veces vi en las fotografías y por el que tanto suspiré! Ahora era mi hogar, ¡era mío, y nadie, absolutamente nadie, lograría sacarme de ahí!
Era cuestión de perderse en la sutilidad que me ofrecía. Todo era tan sublime, que me extasiaba. No iba a ajustarme el día para aspirar cada uno de los aromas que despedían esas florecillas, no iba a querer retirarme a la madriguera, o a donde fuera a vivir.
Y me sorprendí de lo que pensaba, de lo que sentía, de lo que vivía. Me sorprendí de hallarme en el lugar que tanto quería, sin conocerlo de verdad. ¡Era que nunca había salido de la ciudad! Y ahora, parecía como si toda la vida hubiera vivido aquí, como si mi alma hubiera sido creada para encontrarse con este lugar, como si mi destino fuera vivir en el bosque. ¡Esto era para mí! La ciudad es un asco, ¡quería vivir para siempre acá, pasara lo que pasara, así me fuera a buscar Emily y me quisiera arrastrar de nuevo hacia ella!
Había vida a mi alrededor. Había paz, pero también movimiento. Espíritus, comunidad, vida. Lo sabía al voltear hacia todos lados. Todo, hacia donde yo volteara, estaba vivo. Me maravillaba de sentirme tan comprendida, tan a gusto. Ahora, ya no me sentía tan sola.
Los Pachirisu corriendo a mi alrededor para trepar al árbol de mi izquierda; los Rattata que buscaban alimento, olfateando con cuidado; los Oddish que se prepararían para salir a los primeros rayos de la luna.
¡Todo era tan bonito!
—¿Te gusta el bosque? —preguntó una voz familiar detrás de mí.
—¡Me encanta! ¡Me fascina! —exclamé, con felicidad sin contener, mientras volteaba a verlo.
Era Fyrus, claro, que me miraba sonriente, feliz de que compartiéramos el mismo gusto.
—No sabes cuánto me alegro —contestó, con sinceridad notoria—. Pero ven, te voy a mostrar algo que te va a encantar.
Me llevó lentamente hacia la cima de un pequeño montecito que se alzaba a varios metros delante de nosotros. Era sólo una elevación mínima, que nos llevó poco rato andar.
Al llegar al punto más alto, me señaló todo lo que mis ojos podían ver a la lejanía.
Desde ahí, se podía contemplar una grandísima parte del bosque, sus montañas a lo lejos, sus congregaciones de árboles, pero lo más hermoso, su lago tranquilo, que estaba justo debajo de nosotros.
—¡Es una belleza! —comenté.
—Lo es, de verdad. Yo nunca me canso de sorprenderme las cosas que la naturaleza ha creado para nosotros.
Me dejé llevar por la emoción que sentía e intenté aproximarme más hacia la cima, para ver mejor el paisaje. De verdad que era algo único, una experiencia maravillosa. Mientras sentía el aire silbar a mis oídos, me deleitaba en ver el reflejo del sol en el agua cristalina que se batía con majestuosidad justo ahí abajo, donde varios grupos de pokémon nadaban con despreocupación.
Así transcurrieron varios minutos. Mi acompañante respetó con paciencia el tiempo que necesité para alimentar mi alma de esas bellezas, hasta que al fin, recobré la noción de la situación y volteé a verlo. Seguía ahí atrás, a pesar del rato que me tardé en volver a la realidad.
—¿Dónde están los demás? —pregunté.
—Supongo que allá abajo aún, con los humanos. Roover y yo tuvimos que guiarlos hasta aquí, que era donde queríamos llegar.
—¿Ahí siguen? Espero que no nos hayamos alejado mucho.
—Tranquila, que no nos perderemos, conozco bien el camino a través de estos senderos. Cuando quieras, volvemos.
—Vamos ahora. Quisiera que nos despidiéramos de ellos, además de agradecerles nuevamente que nos hayan traído.
—Te acompaño solamente, porque yo ya lo hice hace buen rato, mientras tú estabas embelesada mirando las flores, sin darte cuenta de lo que sucedía a tu alrededor —me dijo sonriente.
Me avergoncé un poco, pero sonreí también.
—Quiero agradecerte sobre todo a ti, amigo. Sin ti, nunca hubiera tenido esta experiencia maravillosa.
—¿Experiencia? Será tu vida de ahora en adelante.
Noté que tenía razón, pero por algún motivo, aún no podía hacerme a la idea de que viviría en este lugar paradisíaco por el resto de mi vida.
—Gracias, en verdad.
—No hay nada qué agradecer. Después de todo, tú también has hecho mucho por mí. Supongo que nuestros destinos estaban unidos. Teníamos que encontrarnos. Así debían ser las cosas.
—Supongo que sí —le respondí, con mi mente perdida.
Las aves cantaban a nuestro alrededor con suma gracia.
—Vamos a reunirnos con los demás —propuso Fyrus.
—Sí, vamos.
Al final, resultó que los humanos se hallaban bastante ocupados tendiendo por el suelo sus instrumentos de trabajo, y que el resto de nuestros compañeros ya se había despedido de ellos. Después de darles sus respectivos agradecimientos una y otra vez al par de investigadores, nos dedicamos a buscar a los otros.
Estaban no muy lejos de ahí, a unos cuantos metros de distancia. Claro que nos estaban esperando.
Aparentemente, fue mucho el rato en el que estuve sola viendo a mi alrededor e imaginándome cosas, porque le dio tiempo a Fyrus y a sus amigos de dialogar tendidamente sobre el reencuentro y el regreso a casa.
—Y bien, Marriot, éste es tu nuevo hogar —dijo Ruz.
—Muchas gracias por aceptarme, muchachos, de verdad me encanta. No voy a causarles ningún género de problemas, se los prometo.
—Espero que así sea —volvió a contestar el Bulbasaur—. Siéntete totalmente bienvenida en nuestra comunidad.
—Cuando quieras, podemos dar un recorrido por ahí, para que te habitúes mejor —dijo Lyra muy amablemente.
—Gracias, lo tomaré en cuenta —le respondí sonriendo.
—Nosotros vamos a ocuparnos de elaborarte una madriguera para ti —se apresuró a complementar—. La haremos en donde tú quieras; si gustas, cerca de aquí. Será necesaria para poder dormir segura por la noche.
—Eres muy amable —le respondí—. La haríamos entre las dos, por estos lugares.
Luego, me quedé pensando un buen momento, y después rectifiqué.
—No, mejor por aquél montecito —y le señalé el lugar en donde había estado y desde donde se podía contemplar el lago maravilloso.
—Ahí será, si tú lo deseas —me respondió amistosamente —. No hay muchos viviendo por ahí, así que será fácil.
—Muchas gracias a todos, de verdad.
—No hay por qué agradecernos —me dijo el Bulbasaur—. Has demostrado ser una buena Vulpix, y te aceptamos completamente; de ahora en adelante, consideraremos abrir más las puertas a los foráneos para recibirlos cuando sea necesario. Sobre ti, yo hablaré con mi abuelo, que es el jefe de la comunidad. Tendrás que conocerlo.
—Por supuesto —contesté.
Ese día fue genial. Bueno, ése y todos los subsecuentes, hasta el momento en el que estoy relatando mi historia. Desde entonces, nunca he recibido más que sorpresas agradables. El bosque es fenomenal, sigo opinando lo mismo hasta ahora.
Resumiendo, podría resaltar que ese mismo día, por la noche, Lyra y yo comenzamos la construcción de la madriguera que me serviría para dormir. Era un trabajo difícil, ya que la Pikachu tuvo que adaptar el agujero en la tierra para una Vulpix, pero al final pudimos. Yo no hice casi nada, lo acepto, pero pretendí ayudar en la mayor medida posible. Resultó que Lyra me demostró que era una excelente excavadora y tiene mucha habilidad para formar madrigueras. Además, es una extraordinaria amiga, ya que a partir de ese momento, llevamos una relación maravillosa, y aún nos seguimos visitando con regularidad para pasear juntas por el bosque.
Lo mismo podría decir de Don, su hermano. Resultó bastante simpático, y me daba mucha risa cómo Roover se desesperaba con tal sólo oír hablar al pobre pequeño. A mí me parece un muy buen chico, creativo y con mucho interés de aprender. Muchas noches le conté cómo era la vida en la ciudad; le hablaba de Rey y de Mid, a veces con un alto toque de melancolía al hablar de ella.
Lo de Ruz quedó todo bien. Al día siguiente del que relaté, fuimos a visitar al jefe del bosque, su abuelo, que era un Venusaur formidable, muy anciano y grande, pero bastante amable hacia conmigo. Para suavizar las cosas, Ruz le contó joyas acerca de mí, que nunca había conocido a una pokémon más buena y más atenta que yo, entre otras cosas. Toda esa palabrería hizo que el Venusaur diera pronto la aprobación de que yo viviera en su comunidad. Me sentí muy dichosa de que, esta vez de forma oficial, todos me aceptaran en el bosque, como lo constató la asamblea pokémon que se celebró un día después y en el que el gran Venusaur me presentaba ante todos los habitantes del bosque como su nueva vecina. Juro que no podía desvanecer la sonrisa de mi rostro, aún después de que se hubo acabado la reunión.
Acerca de Mooth, la Dustox, fue un poco diferente. No tuve demasiada oportunidad de socializar con ella, porque casi nunca estaba con nosotros, aunque me parece bastante amable. A pesar de que el primer encuentro que tuvimos no fue de lo mejor, después comenzó a estimarme. Pronto comprendí que ella no pertenecía el bosque como todos los demás, sino que formaba parte de una comunidad extranjera que iba de visita cada invierno y con la que pasaba la mayor parte del tiempo. Así fue como, al cabo de un par de meses, hubo de irse, con la promesa de volver al finalizar el año nuevamente. Me expresó el gusto que tuvo de conocerme y todo lo demás. Ojalá hubiera podido haber tratado un poco más con una de mis salvadoras, pero supongo que eso será hasta el otro año, que ya no falta mucho.
De Roover, ¿qué puedo decir? No es un mal pokémon, pero todo le molesta con frecuencia. Sin embargo, generalmente me causan gracia sus corajes constantes. Que si estoy rompiendo tal regla del bosque, que si no debo entrar a esos lugares, en fin, tantas cosas con las que sale. Supongo que me quiere, aunque no lo exprese, y a pesar de que se opuso en un principio a que yo llegara al bosque con ellos.
Además de ellos, fui conociendo a varios pokémon más. Hay un Linoone llamado Canon, que atrajo mi atención de un modo diferente, porque es un pokémon muy especial, demasiado atento y amable hacia conmigo. Cuando puedo, me reúno con él, porque me agrada mucho su compañía. Las cosas que me platica son muy interesantes, y siempre me da mi lugar y me respeta bastante.
Luego había otra pokémon, la pobre Christmon, una pequeña Roselia que conocí cuando se estaba debatiendo entre la vida y la muerte. Sólo al momento de conocerla me dio mucha pena, porque todos fueron a visitarla al recordar su estado y yo fui con ellos ese día. La pequeñita estaba bastante mal desde entonces, y aunque me presenté y le dije quién era yo, me da mucha lástima no haber podido haber hablado más con ella. Yo la visitaba diario, incluso más veces que los demás, porque en ocasiones me quedaba casi todo el día a su lado. En el fondo, sabía que era una pokémon muy especial y agradable.
Lloré mucho el día en que el bosque entero se ensombreció a la postre por su funesto aunque ya esperado final. ¡Íbamos a ser amigas!
Aquél fue el único recuerdo triste que tengo, creo. Por todo lo demás, me la he pasado de maravilla. Canon me cuidaba a diario la herida que tenía en mi ojo con sus plantas medicinales; aparentemente nadie dominaba mejor ese arte que él. Al final, nunca me quedó bien y aún me sigue costando trabajo ver con ese ojo, supongo que será parte del recuerdo que me dejó el maldito de Rey antes de venirme al bosque.
Hablando de ese Persian, me hace recordar, una vez más, a la casa de la ciudad. ¿Cómo estará ahora? ¿Qué pensarán de mí? ¿Qué estará haciendo Emily? ¿Aún me seguirá buscando por la calle y por los alrededores de la casa? ¿Aún seguirá gritando mi nombre en el jardín, esperanzada de que aparezca? ¿O se habrá olvidado de mí desde el primer día?
A la que le tengo mucha nostalgia es a Midnight, esa pequeña Mid. ¡Ah, cuánto he extrañado a la buena Eevee! Sinceramente, nunca he conocido a nadie más virtuoso y sensible que ella. Era simplemente fenomenal, y una pareja perfecta para el Meowth, que seguro debe andar todavía por ahí.
Sólo espero que sea feliz.
Y bueno, creo que ahora termino mi relato de la mejor manera. He dicho lo que ha sucedido desde entonces hasta la fecha en mi vida. Sigo pensando que es algo increíble lo que ha pasado con mi vida; de verdad es fenomenal. ¡Nuestros destinos estaban atados! Si no hubiera conocido al Meowth y, sobre todo, a Fyrus, nada de esto estuviera viviendo. ¡Por eso les agradezco tanto! Ellos me enseñaron a vivir la vida de verdad, a suavizar mi carácter y tomarme las cosas más a la ligera. Gracias al Meowth aprendí el valor de las cosas materiales y el desprecio que se les debe tomar a otras; Fyrus me enseñó el valor de las cosas espirituales, y la relevancia que tienen en la vida de cualquiera, o al menos, de las grandes almas.
Además, fue gracias a ellos, específicamente al Meowth, que aprendí a usar el fuego. ¡Eso, que nunca había logrado conseguir, y ahora lo descubro por una casualidad! Fyrus, por su parte, ayudó a escaparme de la casa, a no seguir viviendo en medio de la hostilidad, donde constantemente amenazaban con evolucionarme y, ultimadamente, con venderme en la tienda pokémon. ¡Qué horror! También ayudó a deshacerme de una ingrata compañía como era el Swellow y aprender el valor de la amistad. Y por si fuera poco, si él no hubiera estado en el momento preciso, ¡quizás ahora ni siquiera estaría viviendo! No puedo olvidar cuando me rescató de la nieve y me curó, y lo poco agradecida que estuve en ese momento. ¡Cuánto arrepentimiento!
Por eso, a partir de mi llegada al bosque, he decidido cambiar mi vida. Ya soy otra Marriot, más desenvuelta, más sensible, más agradable… una Vulpix con más valores.
Gracias, gracias.
Les agradezco a mis amigos, a la vida, al destino.
Pero sobre todo, a mis amables lectores, porque por ellos se ha dado a conocer mi historia tan singular, sobre la vida de una Vulpix más en este mundo, que ha corrido con una fortuna insólita.
De verdad, muchas gracias.
Espero volver a vernos pronto.
***MARRIOT***
******* FIN *******