Spoiler
La intensa luz había sido sustituida por una densa oscuridad, aunque tal vez eso se debía a que tenía los ojos cerrados... Por lo que imaginé que la situación era normal. Pero aún no me decidí por abrirlos, si no que pensaba comenzar por activar el resto de mis sentidos, aunque era complicado. Me sentía cansado, como si ayer a la noche hubiese salido de juerga y luego no hubiese dormido nada. Aunque al menos, estaba tumbado. Pero no en ninguna cama... era una superficie más bien dura. Con cuidado, comencé a deslizar mis manos sobre el terreno. No era del todo irregular, pero sí lo suficiente como para que fuese medianamente cómodo. De repente, abrí mis ojos, aunque todavía continué acostado, simplemente para contemplar el cielo. Era azul y tan bello como el de La Tierra. Había una cantidad considerable de nubes, pero, al contrario que en mi planeta, todas se parecían a algo. Una era como un perro a dos patas, otra como un... ¿como un tridente? Sí, eso fue lo que me pareció. Y otra como... las orejas de un elfo.
¡Erwin! Ahora recuerdo todo a la perfección, seguro que el viaje a este mundo, del cual no recuerdo nada, me dejó inconsciente por un buen rato... Y a saber qué habrá hecho él en ese tiempo.
Me erguí con torpeza, pues todavía no estaba del todo espabilado y comencé a ver de un lado para otro.
- ¿Erwin? - pregunté con un hilo de voz.
Si bien después de mi pregunta escuché ruidos extraños detrás de mí a los que no les presté demasiada antención, no recibí ninguna contestación por parte de Erwin. Volví a llamarlo, esta vez con un tono de voz firme, pero no recibí respuesta alguna. Comencé a preocuparme, ¿¡dónde narices se metió!?
Ahora, me levanté del todo. Vi que mis ropas estaban rasgadas, no sé por qué, y que también se encontraban algo sucias, pero eso no me importaba ahora para nada. Miré de un lado para el otro. Pude ver un río a la derecha; un bosque con una gran montaña delante de mí; y a mi izquierda... varias casas. Algunas tenían chimenea y hasta salía un humo verdoso de ellas. ¿Verdoso? Ah, es verdad, no debía olvidarme de que estaba en un mundo mágico.
Pensé en encaminarme hacia ellas, pero antes decidí darme la vuelta y ver lo que tenía a mis espaldas.
Nada, simplemente más bosque. Vale, era hora de que comenzase a caminar hacia las casas y así lo hice. Espero encontrar allí a Erwin, porque si no, sí que estaré completamente perdido. Pero hablando de Erwin... ¿Y Romeo? Mierda. Él tampoco está por ningún lado.
No había demasiada distancia entre las casas y el punto en el que me encontraba, por lo que en poco tiempo llegué hasta una de ellas. Sin pensarlo dos veces, porque sino no lo haría, peté en la primera que vi. ¿Qué aparecería detrás de la puerta? ¿Un monstruo?
- ¡Ya voy, ya voy! - escuché como una voz femenina gritaba detrás de la puerta. También llegué a escuchar unos pasos apresurados. La puerta se abrió, haciendo un pequeño ruido. - ¡Wilon! ¡Wilon! Por fin has llegado, te estaba esperando. Espero que me hayas comprado los ingredientes que te pedí que me trajeses de la ciudad, pero antes quiero que pruebes una cosa... Rápido, pasa, antes de que se queme.
Una mujer que llevaba puesto un vestido violeta abrió la puerta. Encima del vestido, había una especie de delantal de cocina blanco. Me fijé en la cara, tenía abundantes arrugas, aunque lo que más destacaba de ella era el tamaño de su nariz. Era anormalmente grande. Tenía una cabellera grisácea y enmarañada, imagino que llevaría días sin peinarse su largo pelo.
Me quedé quito viendo sus facciones, pero tampoco eran tan extrañas. Me pregunto a qué clase de criatura mágica pertenece. Pensé en preguntárselo, pero cuando me di cuenta, la mujer me estaba empujando, para que entrase dentro de la casa.
- Venga Wilon, sé que el viaje que hiciste desde la ciudad hasta aquí ha debido cansarte, pero después de que pruebes esto te daré un plato de gusanos asados, sí, ese que tanto te gusta - me animó la mujer. Si fuese un dibujo animado, ahora mismo mi cara estaría verde.
Debía intentar explicarle que me estaba confundiendo con otra persona, pero no me daba oportunidad. No paraba de arrastrarme por el poco elegante y sucio pasillo hasta una especie de cocina. Parecía muy rústica, como si no existiese la tecnología en esta casa. Al igual que el pasillo, parecía que llevaba meses sin limpiarse. Hasta podía verse a una araña tejiendo su tela en una de las esquinas. Había dos ollas encima de unos troncos que ardían. De ellas salía un vapor verde que se iba por un conducto. Imagino que esta sería la casa que tenía la chimenea de la que salía aquél humo verdoso.
La mujer se sentó en una silla de madera y cogió una cuchara hecha por el mismo material. Aproveché la oportunidad para hablar.
- Huy, ¡qué buena pinta tiene eso! - exclamé. - Ardo en deseos de probarlo y después tomar mi plato de gusanos, pero no puedo aguantarme las ganas de ir al baño... - mentí.
- Entiendo. Seguro no orinaste en todo el viaje, pobre. ¡Ve! ¡Pero no tardes! ¡Un batido de heces de pez te espera! - me dijo la mujer, dándome permiso para ir "al baño".
Sí, creo que ya sé por qué esta tía está en este mundo... Por psicópata.
Casi corriendo, salí a hurtadillas de la casa. Estaba claro que aquí no vivía Erwin, y si vive aquí no quiero volver a saber nada de él; por lo que no me quedaría más remedio que ir preguntando por las demás casas. Aunque desde mi posición de inicio solo se veía la primera fila, desde aquí se veía todas las que había por detrás. Había varios caminos, los cuales llevaban a diferentes viviendas. La estructura de todas era parecida, como máximo dos pisos, tejados azules y ningún edificio. Todo casas. Me puse a andar por una de las "calles".
Mientras caminaba, me fijé en que el cielo ya no estaba tan iluminado como lo estaba cuando desperté, parece que ya se está haciendo de noche... Pero es extraño que oscurezca tan pronto, dudo que lleve más de una hora en este mundo. Imagino que aquí eso funcionará de forma distinta que en La Tierra...
Aunque distraído, no dejaba de buscar alguna señal que me indicase que dicha casa era la de Erwin. No... No... Esta tampoco...
Terminé de recorrer todos los caminos posibles, únicamente me quedaba una casa por comprobar, aparta de las demás y con huerto trasero. Si esta tampoco tenía ningún indicador, tendría que comenzar a llamar y petar en la puerta de cada una de ellas; cosa que no me apetecía, para nada.
Me dirigí hasta esta última. Era como las demás, excepto porque había un pequeño cartel que ponía "Aquí vive Elliadora, la mejor diseñadora". ¿Elliadora? ¿Quién es Elliadora? Detrás de la pequeña tabla de madera se encontraba una ventana, bastante grande. Con cuidado, me arrimé a ella para ver si podía ver algo del interior de la casa; claro está, con cuidado de que no me viesen.
La persiana, o lo que quiera que fuese, no la tapaba por completo, por lo que todavía me quedaba un suficiente espacio por el que ojear el interior. Veía una mesa grande, de madera, cubierta por un mantel de encaje blanco con toques rosas. Había dos sillas vacías y tres ocupadas, rápidamente, vi quienes se sentaban en ellas. En la primera silla estaba un... una elfa. Llevaba puesto unas ropas bastante modernas y a la vez clásicas. La parte superior, que era la única que podía ver, estaba vestida por una camisa marrón por debajo y una túnica verde clara por encima. Ésta tenía varios dibujos, aparentemente abstractos. El pelo de la elfa era liso y de un color marrón, el cual combinaba con la camisa que llevaba debajo de la túnica. Sin duda, lo que más resaltaba de ella, al igual que de Erwin, eran sus enormes y puntiagudas orejas.
En la silla de al lado se sentaba otro elfo, muy parecido a Erwin. Vestía su misma túnica blanca y sus rasgos eran iguales... Oh, genial, era Erwin. Claro, ahí estaba el elfo de las narices, tan tranquilito en su casita con su mujer, mientras yo perdido por un pueblo de un mundo mágico habitado por criaturas extrañas y siniestras lo busco desesperadamente. Hay que fastidiarse... Y ahora, claro, si giro mi cabeza en busca de la otra silla veré que en ella está sentado Romeo, ¿a que sí? Pues sí, ahí estaba en otra silla Romeo, aunque con distintas ropas. Ahora también llevaba él una túnica, de color rojo, el cual resaltaba el negro azabache de su corta melena.
Peté en la puerta con tranquilidad, al menos sabía que ahí se encontraba gente conocida, excepto esa elfa. Rápidamente me abrieron y fue Erwin el encargado.
- ¡ERWIN! ¡ASQUEROSO Y MALDITO ELFO! - exclamé mientras colocaba mis brazos al rededor de su cuello para extrangularlo, aunque de broma, supongo. Pero como era de esperar, rápidamente una fuerza me empujó hacia atrás.
- ¡Papi! ¡Papi! ¿Qué pasa? - una voz infantil gritaba entrecortadamente en busca de una respuesta. Pronto, una cabeza apareció al lado de la de Erwin.
Se trataba de un niño, o al menos tenía aspecto de tal. Al igual que Erwin y la elfa a la que antes había visto, también tenía unas orejas descomunales, por lo que sería también un elfo. No tenía mucho pelo, pero el que tenía era rubio.
- Nada, Isre. Simplemente se trata de la visita de la que ya te he hablado, únicamente está alterado. Súbete a tu habitación a terminar los deberes, luego te presentaré a nuestro invitado - le indicó Erwin a su retoño. El niño obedeció y se fue tal y como vino, sin hacer ningún otro comentario.
- (¿Alterado? Sí hombre) ¿Se trata de tu hijo? - pregunté.
- Sí, así es. Se llama Isre y tiene siete años... Es un niño un tanto especial. Por cierto, ¿qué tal lo has pasado hasta llegar aquí?
- Pues... ¡¿Qué narices esperas que te diga?! Oh sí, fue maravilloso. Sobre todo cuando una señora psicópata me confundió con no se quien y casi me hace probar sus cucarachas o zumo de heces o lo que quiera que fuese... Fue lo más divertido de mi vida - repliqué sarcásticamente.
- Exacto ja, ja, ja. Te dejé solo simplemente para ver si eras capaz de sobrevivir unos minutos en este mundo, y... ¡Sorpresa! ¡Prueba superada! Has conseguido llegar hasta mi casa sin ningún tipo de ayuda, para ser el primer día creo que está bastante bien... Ah, e imagino que la persona de la que hablas será Elliadora, es una bruja de este pueblo. Siempre está con sus cosas raras... pero aún así, es maja, claro, siempre y cuando no te haga probar alguna de sus recetas - respondió con una risa. - Venga, pasa. Tus ropas están sucias y rotas, e imagino que el viaje te habrá cansado lo suyo. Esta noche dormiremos todos aquí, en mi casa, y mañana ya partiremos hacia las montañas - me informó mientras me invitaba a pasar.
El enfado por haberme "abandonado" ya se me estaba pasando, al menos de momento. Entré dentro de la casa y rápidamente nos metimos en la cocina que había visto por la ventana, por lo que no pude ver demasiado de la vivienda. Sentados en las mismas sillas de antes, estaban Romeo y la elfa.
- Hola... - dije tímidamente. La elfa se levantó de su asiento y me saludó, respondiendo con un "¡Bienvenido!" Por su parte, el niño permació sentado, saludándome con un "¡Hey! Ya creía que te habían rapatado... Sí que tardaste".
- Bien, hora de las presentaciones... Ella es mi mujer, Elliadora - dijo señalando a la elfa. - Trabaja como diseñadora de moda, es una profesión un tanto extraña para un elfo, pero se le da bastante bien - la mujer respondió con una pequeña sonrisa. - Bien, la hora de las presentaciones se ha acabado - dijo intentando hacer un chiste. Nadie se rió, excepto Elliadora.
- Y bueno, ¿puedes explicarnos de una vez lo que vamos a hacer? - preguntó Romeo impaciente.
- Claro - respondió Erwin. - La cosa es sencilla... Ya he avisado de vuestra falta en el mundo humano, ambos estáis de viaje. Mientras estemos aquí, tendréis que comportaros como yo.. Es decir, seréis elfos.
- ¿¡Cómo!? - exclamé.
- Pues lo que dije... Seréis elfos. Os disfrazaré como tal y vistiréis con las mismas ropas que nosotros. Así será todo más fácil, no es recomendable que toda la gente sepa que sois humanos. El único problema es tu altura, David. Los elfos somos bastante más bajos... por lo que lo único que se me ocurre es decir que eres una mezcla entre elfo y gigante... Pero bah, eso ya lo pensaré cuando lo necesitemos, ja, ja, ja.
- ¡Mola!
- Sí, esa es la actitud. ¡Muy bien, Romeo! Y qué más... Bueno, nada más, jaja. Esta noche la pasaréis aquí, en casa. Mañana partiremos temprano hacia las montañas. Los vampiros viven bastante lejos de aquí, por lo que tendremos un largo viaje. Y además, quiero pasar antes por la ciudad, para... bueno, para buscar unas cosas - informó Erwin. Yo, cogí una silla y me senté en ella, para así unirme a la conversación.
Esta será la primera noche que pasaré fuera, en el mundo mágico... Espero que aquí, no existan las pesadillas.