XII

Meowth.
—¿Te fijaste en la manera en como nos trató esa Vulpix? —pregunté, estupefacto, luego de que ambas se hubieran retirado.
Mako hizo una mueca de desinterés a mi pregunta y dio media vuelta lentamente, retirándose de mí para acomodarse en el filo de la banqueta más próxima.
—¿Y qué? Fue tu idea hablarles, no la mía. Es más, tú quisiste seguirlos, y me forzaste a que yo también lo hiciera. Además, ¿qué nos debe importar lo que piensen de nosotros esas idiotas?
—A mí sí me importa, porque quiero conocerlas, así que continuaré siguiéndolas. Esa Midnight parece ser muy agradable, ¿no crees? De hecho, ya nos dijo dónde encontrarla, antes de que llegara la Vulpix. Entonces qué, ¿vienes?
—No.
E ignorándome decididamente, recogió una porquería del pavimento para comérsela ruidosamente con toda ordinariez. No, era claro que no iba a esperarlo o incluso contar con él, porque parecía molesto conmigo; después de todo, si quería rehacer mi vida en la ciudad, no tenía que depender de nadie. Además, durante el día anterior y éste, sólo había conocido a un par de pokémons: Mako y Midnight, y definitivamente esa última era más agradable que el Raticate. Quizás ella se prestara a ayudarme más amablemente… debía encontrar otra compañía, mejor que la actual.
—Entonces me voy —le anuncié—. Te agradezco tu atención y tu hospitalidad.
—¿Vas a intentar entrar a la mansión? —preguntó, alzando la cabeza de pronto.
—No sé. De hecho, primero voy a buscar algo de comer, después analizaré mis opciones.
Se quedó pensando un momento, cabizbajo. Yo esperé a ver si tomaba alguna resolución positiva, pero me equivoqué.
—Meowth —murmuró bajo—. ¿Sabes? Yo sé dónde encontrar comida. Abundante comida y de la mejor. Pero es peligroso y arriesgado entrar ahí. ¿Qué dices, te atreves? ¿Vas a venir conmigo? Te mostraré el camino. Pero no preguntarás nada, sólo me seguirás.
Titubeé. En realidad quería alejarme de él, porque eso que mencionaba… no me parecía correcto.
—No, gracias. De aquí en adelante voy solo.
—¿En serio?— volvió a inquirir, como incrédulo—. Meowth, sabes que nadie va a ofrecerte una manera más sencilla de sobrevivir. Acompáñame.
—De veras, gracias. Me voy —le dije, con firme determinación.
Noté que Mako musitó una palabra altisonante entre dientes, y luego sonrió.
—Bien. Nos vemos en un rato más, Meowth, no lo olvides. No se te ocurra entrar a la mansión, créeme: no serás bien recibido. Yo sé lo que te digo. Ah, y recuerda que nos veremos de nuevo en la madriguera.
—¿Qué? No, no…
—Sí. Yo sé que vas a llegar, no tienes alternativa. Y mañana me ayudarás a conseguir unas cosas, recuerda.
—¿Unas cosas? —pregunté, contrariado por la manera envolvente en que hablaba—. ¿A qué te refieres?
—Escucha, Meowth —dijo, levantándose y aproximándose un poco hacia mí—. Debes entender que ya eres parte de esto. ¿No te ayudé anoche cuando estabas perdido y necesitabas un refugio? Pues ahora tú me ayudas a mí. Es la ley, ¿comprendes? Yo te veo como un compañero perfecto para infundirles miedo… Y deberías aprovechar de que eres nuevo por la ciudad, porque ninguno de mis enemigos te conoce. Y prepárate, que son pesados, es decir, poderosos.
—¿Qué dices? ¿Tus enemigos? ¿Bromeas? ¡Yo no te ayudaré en esas cosas!
Y di la vuelta para no verlo más y retirarme.
—Oh, sí. Lo harás —escuché que sentenciaba, pero no quise voltear, aunque de hecho, se fue silenciosamente hasta esfumarse por entre los callejones, de modo que nos perdimos de vista.
¡Uf! Al fin ese malvado Raticate se había ido. Sinceramente comenzaba a darme temor la manera en cómo se dirigía hacia mí. Quizás Mako era un malviviente; en ese caso yo no pensaba ayudarlo, ni estaba dispuesto a recibir ningún apoyo de su parte. No lo quería ver de nuevo, me aterrorizaba volvérmelo a encontrar. Yo era un recién llegado a la ciudad, y no iba a meterme en ningún género de líos; era lo mejor alejarse de ese agresivo y problemático pokémon.
Así que de pronto me encontré en medio de la calle nevada. Volteé hacia todos lados, pero ya no lo encontré, realmente se había marchado lejos. Deseé que me hubiera dejado en paz.
Bastante hambriento, recorrí unos cuantos callejones en busca de un bote de basura de donde pudiera extraer algún residuo para alimentarme.
Todo era muy distinto al barrio. No había callejones oscuros y malolientes, tampoco cestos para la basura en las banquetas, lo cual me extrañó. Estaba muy limpia esa ciudad. Era muy difícil encontrar en los bordes de las aceras algún papel, envoltura de dulce o lata de refresco tirados. ¡Entonces supe qué clase de gente era realmente la que residía ahí! Bastante opulento, bastante fino, todo meticulosamente cuidado.
Ya se imaginarán el tiempo que transcurrió hasta que al fin pude encontrar una bolsa con restos de comida. Casi era entrada la tarde, y aún no había encontrado nada, pero absolutamente nada para desayunar. Dicha bolsa de hecho la descubrí en el patio de una casa cercada. Nadie deja su basura fuera, de modo que tuve que ingeniármelas para entrar y, por supuesto, sólo tomar lo que ya no les servía a los humanos. De todas maneras, no estuvo mal. Esta gente sí que sabe de platillos, es decir, tienen muy buen gusto. No era común encontrarme carne de Miltank aún en buen estado, así que tuve mucho que agradecerles a esos humanos. Era todo un manjar; suculento. Me devoré hasta los últimos residuos de la bolsa, luego la saqué del patio —no soy tan sucio ni cínico como para comer y dejarles la bolsa tirada y vacía a los habitantes de la casa—, pero con mucho cuidado, para no hacer ruido y que me descubrieran.
De todas formas, la cerca era de madera y estaba relativamente baja, por lo que la escalé con pericia y pronto pude hallarme fuera de la propiedad. Ahora… ¿dónde iba a tirar la bolsa sucia? Recordaba que en esa ciudad no había botes de basura en las banquetas, lo que sin duda iba a dar mal aspecto. Pero tampoco estaba dispuesto a llevarme cargando esa cosa para donde fuera.
Sé que estuvo mal, pero al final decidí botarla por la reja de una alcantarilla. Espero que no haya causado algún problema o desperfecto en los drenajes por esa acción. Pero es que no se me ocurría una mejor opción; no quería dejarla tirada a la mitad de la calle o en la banqueta, o lo que era peor, echarla en alguna casa; mejor decidí retirarla de la vista.
Y luego, me dirigí hacia la enorme mansión, con la esperanza de que alguien, de preferencia la Eevee, me viera desde adentro y me dejara pasar, porque, si no lo he dicho, hacía mucho frío en la calle y ya no aguantaba más.
Pero comenzaba a perderme entre esas amplias calles y avenidas, por lo que el retorno al punto de partida me costaba más trabajo del que pensé en un principio. Y tampoco vi a ningún pokémon callejero al que le pudiera preguntar cómo llegar allá, así que tuve que arreglármelas yo solo para encontrar el camino de vuelta. Recorrí, creo, el camino por el que anduve, pero hacia atrás, con la esperanza de encontrar algún detalle que me recordara que ya había pasado por ahí antes.
Felizmente, después de algún rato, encontré el camino de vuelta, porque fui viendo casas que me parecían conocidas, incluso crucé por la esquina en donde se encontraba la tienda de pokémons en donde hablé con Midnight hacía ya varias horas. Supe que no faltaba mucho para encontrarme de nuevo desde donde partí.
Un par de vueltas a la derecha me pusieron en la avenida principal, por la cual avancé hasta llegar hasta el final, en donde efectivamente se hallaba la casona.
Ya era de noche cuando arribé a los límites de la casa.
Me aproximé, presa del frío, hasta la reja, con la esperanza de que alguien desde adentro me viera, aunque fuera la Vulpix enojona, y se compadeciera de mí para dejarme entrar. Pero, aunque me colgué del cerco metálico que rodeaba el jardín de la propiedad, no vi a nadie asomándose a las ventanas, que incluso estaban apagadas. ¿Qué iba a hacer ahora? Se supone que ahí era donde nos veríamos, pero no encontraba a la Eevee por ningún lado. ¿Habrían salido?
—¡Meowth!— me gritó alguien desde atrás.
Volteé enseguida, pero la sorpresa no fue muy agradable: Mako me hablaba desde la entrada de su madriguera, haciéndome señas. Me sobresalté, pero supe controlarme.
—¿Qué pasa, Mako?
—¡Ven!— me dijo, haciendo otra seña.
Tuve que bajarme de la reja en donde estaba colgado para caminar lentamente hacia el otro extremo de la calle, en donde se hallaba el hogar del Raticate, pensando en qué hacer o qué decirle ante esa nueva sorpresa. Me había olvidado completamente de él, no recordando que la madriguera por la que evitaba pasar estaba justo enfrente de la mansión.
—¿Dónde habías estado, Meowth? Te estuve buscando —saludó, sonriendo—, porque cuando dijiste que ibas a seguir tu camino solo, no creí que hablabas en serio. Sin embargo ya veo que estás aquí de nuevo.
—Bueno, no venía precisamente para tu madriguera. Verás…
—Ah, no, claro que no —interrumpió—. De hecho, ya veo que te dirigías hacia la casa de esas pokémons que nos encontramos en la mañana. Lo sé, te vi colgado de nuevo ahí en la reja. ¿Esperabas que te abrieran la puerta? Por favor, Meowth, ya te dije que no van a recibirnos ahí nunca.
—Mako, voy a intentar entrar ahí. Es preferible que quedarse aquí afuera en la intemperie, sufriendo de frío —le dije, aún molesto—. Si ya pude hablar con Midnight, es ganancia, porque me aseguró que habría un lugar para mí ahí adentro.
—Mira, no te vas a quedar ahí afuera. No digo que intentes entrar, pero recuerda que aquí, en la madriguera, siempre vas a tener un lugar. Yo no te dejaría dormir en la banqueta. ¡No, no! Eso no hacen los amigos. Ahora, ¿qué esperas? Pasa, pasa, adelante. No nos enfriemos más.
Me quedé parado ahí, porque no quería seguirlo.
—Como ya te dije, me quedaré por ahí. Gracias por tu amabilidad, pero ahora nuestros caminos se separan. Creo que es lo mejor.
—Bah, ¿de qué hablas?— respondió enseguida— No hay nada qué decir. Pasa. Sé que tienes hambre y sueño. ¿Te digo algo? Conseguí unas cosas muy buenas para cenar, y pienso compartirlas contigo. ¿No te basta? ¿O todavía no confías en mí?
Yo lo miraba fijamente a los ojos mientras él hablaba, acción que detectó justo a tiempo.
—Ah, ya entiendo —dijo luego de un rato—. Ya entiendo todo. Sigues molesto por lo que sucedió esta mañana, ¿no es así? Continúas pensando en lo que te dije. Bueno, no hay nada de qué preocuparse, supongo que yo estaba exagerando. Ahora veo que no eres el tipo de pokémon que pensé que eras cuando te conocí. Sé que eres más especial. Y olvídalo, olvídalo todo, ¿quieres? No tienes por qué ayudarme con mis problemas si no quieres. Mañana será un nuevo día; yo iré a resolver mis asuntos solo, sin tu ayuda, y tú te irás a donde quieras. Si no quieres volver, no lo harás. Si lo que más deseas es pertenecer a la familia que habita en la mansión, puedes intentarlo, yo no me opondré. Ahora, por favor, acepta mis disculpas por lo que te he dicho. Quiero compensarlo esta vez. Pasa, te digo nuevamente, pasa que vamos a cenar. Traje bastante comida precisamente porque pensé que quizás volverías hambriento. No es fácil conseguir algo para alimentarse en esta ciudad, lo sé, y tal vez ya te diste cuenta. Hay que ser arriesgado para sobrevivir. ¿Qué esperas, Meowth? Pasa de una vez, sin miedo. ¿O estás esperando aún a que tus amigas se asomen por la ventana y te dejen entrar a la mansión? No lo harán, así que ven conmigo de una vez.
Le hice caso, porque ya estaba más que aturdido por tantas palabras. No sabía si era mentira o no, tampoco sabía si de nuevo estaba cayendo en una trampa. El caso es que entré a la madriguera.
De nuevo estaba todo oscuro, tanto que no se podía distinguir nada alrededor, pero noté apenas cómo el Raticate traía empujando una bolsa bastante grande desde las profundidades de la cueva.
—Ésta es la bolsa de la que te hablé.
—¿De dónde la sacaste, Mako? —pregunté—. Yo no tuve tanta suerte como tú, apenas y por un milagro pude comer esta tarde.
—No fue fácil. Como te dije, uno debe arriesgarse para comer. También enfrentarte a la furia de los humanos. A veces, me sacan a escobazos de sus casas. Es horrible, pero bueno, uno se acostumbra como callejero a ese tipo de vida, ¿o no?
—Mako, ¿robaste esta comida? —pregunté, muy molesto.
—¿Y qué esperabas? ¿De dónde viene la comida, si no de los humanos? Dependemos de ellos, lo quieras o no. Además, ¿qué tiene de malo? Es nuestro estilo de vida, Meowth. De otro modo, nosotros los callejeros no podríamos sobrevivir.
—Yo jamás robé —le dije—. Y he podido sobrevivir todo este tiempo.
Me levanté, muy enfadado con mi compañero por cometer ese tipo de acciones.
—Debemos tener respeto hacia los humanos —le reprendí, sin querer—. Si somos buenos con ellos, hasta nos regalan de sus alimentos de buena fe. ¿Cómo no se van a enojar contigo, si les robas la comida que a ellos les cuesta obtener?
—Ah, vaya. ¿Y qué? ¿A quién demonios les importan los estúpidos humanos? ¿A ti? ¿Por qué? Ellos son malos. No nos quieren. Y no les vamos a perdonar eso. Me han corrido de su casa, me han tirado en la calle, y desde entonces, yo he tenido que arreglármelas solo. Ahora, les tengo que robar para sobrevivir. Es justo, ¿no?
Yo me retiré.
—Lo siento. No comeré eso.
Y me alejé pronto de él. Quise salir de la madriguera. No sabía si iba a conseguir comida allá afuera, o iba a esperarme la noche sin comer. Mako no me detuvo esta vez.
….