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David: Bien, pero antes de nada, deseo que la acusación nos muestre las pruebas que tiene en su poder - sugerí un tanto nervioso, ya que nunca había comenzado de esta forma un juicio.
Juez: Como quiera, aunque... bueno, sí. Que de esta forma también me entero yo de las pruebas con las que contamos.
Eloid: La autopsia, el arma homicida... Y una carta. Esas son las pruebas que tenemos de momento, la defensa ya sabía de su existencia, pero si aún así las desea, haré que le den una copia de ellas.
Error: No tenía ni la menor idea de la existencia de una carta.
Uno de los hombres que se encontraba vigilando la entrada y salida del tribunal, se acercó hasta mi posición para así entregarme una copia de cada una de las tres pruebas que había nombrado Eloid. En seguida llegaron a mis manos.
Las revisé detenidamente... La autopsia indicaba la causa, el día y la hora de la muerta. En este caso, había sido culpa de que le clavaron a la pobre Cristine un cuchillo en el pecho y a causa de esto, se desangró. Qué lástima.
Después de leer el informe del autopsia, cogí en mis manos la bolsa de plástico en cuyo interior se encontraba un cuchillo... El arma homicida. Éste, estaba cubierto casi totalmente por sangre y como me esperaba, habían señalado unas huellas dactilares... y cómo no, eran las de mi cliente.
David: Desearía hacerle una pregunta al acusado, si usted lo permite, Su Señoría - rogué.
Juez: Claro, dispare.
David: Este cuchillo contiene huellas de mi cliente, ¿no es así? - Eloid asintió con una sonrisa dibujada en su rostro. - Podría declarar sobre esto, ¿Amaro? - pregunté. Confiaba en mi cliente, por lo que estaba seguro de que contaba con una buena explicación para esto.
Amaro: Claro, es lógico que tenga mis huellas dactilares - contestó con toda la tranquilidad del mundo.
Eloid: Obvio. Tú eres el asesino, por lo que es normal que las tenga - terminó el fiscal.
Amaro: ¡No! ¡Ya he dicho que yo no he matado a la bella Cristine, y si es necesario lo repetiré mil veces más! El cuchillo tiene mis huellas porque efectivamente lo toqué, pero para intentar sacárselo a la profesora del pecho... pensé que así podría volver a hacer que respirase. Y sí, ya sé que fue una estupidez de idea, pero en situaciones como esas no te ocurren muchas cosas más - explicó, así defenfiéndose de las acusaciones de Eloid.
Juez: Entiendo... vaya, pobre hombre...
Eloid: ¡Qué pobre ni que mierdas! ¡Protesto! ¿Por qué hemos de creer esa bobada? ¡No hay pruebas de que en realidad los hechos pasasen así! ¿O sí tiene alguna prueba? - preguntó picaronamente el fiscal.
Juez: ¡¡¡FISCAL!!! Cuide su vocabulario, o sino, tendré que acusarlo de desataco, y ahora, por favor, Amaro, conteste la pregunta de el señor Eloid - gritó enfadado.
Amaro: Me temo que no... No tengo pruebas que demuestren que lo que digo es cierto, pero les juro por lo que más quieran que sí que lo es - tal vez fuese un efecto de la luz, o tal vez fuese de verdad, pero noté como los ojos de mi cliente se comenzaban a humedecer. Tenía el deber de hacer algo, debía ayudarlo.
David: ¡Esperen! ¡¡Un momento!! Yo sí creo lo que está contando Amaro, y tengo una prueba que verifica que es verdad - las personas que se encontraban en la sala se comenzaron a alborotar y a hablar entre ellos, por lo que el juez tuvo que gritar un: "¡Cállense!"
Eloid: ¿A sí? ¿Y cuál es esa prueba de la que hablas? - me preguntó con un tono de voz intimidante.
David: ¡Me refiero al propio cuchillo!
Eloid: ¿¡Qué!? - bien, ahora el tono de voz intimidante se había convertido en un rugido de un feroz león.
David: Lo que oyes. Si te fijas en las huellas del cuchillo, verás que se encuentran en una posición un tanto extraña... Cuando coges uno con la intención de clavárselo a alguien, lo cogerías por la empuñadura, ¿no? Pero aquí las huellas aparecen casi rozando la hoja del arma... ¿No es un tanto extraño? Tiene la pinta de que alguien lo cogió por ahí para tirar con todas sus fuerzas hacia afuera... Oh, ¿y qué es esto? Parecen las huellas de otra mano... ¡Cada vez esto se vuelve más raro! ¿Quién cogería un cuchillo con dos manos para clavárselo a alguien? Si esto se le suma a la posición de las huellas dactilares, ¡es imposible que Amaro lo usase para clavárselo a alguien! - dije con efusividad.
Eloid: ¡AHHH! Pero pero... ¡No es posible!
David: Sí, sí que lo es... ¡Esto demuestra que el acusado no cometió ningún crimen! ¡Al menos no con ese cuchillo! - me defendí.
Eloid: Ja, ja, ja - el fiscal se comenzó a reír de una forma bastante maquiavélica que consiguió asustarme.
Juez: ¿Qué pasa? - preguntó sorprendido.
Eloid: Nada nada, únicamente me hacen gracia estas estúpidas suposiciones. ¿No crees que podría haberlo hecho así aposta? Primero, se puso unos guantes y le clavó el cuchillo a la muchacha, después se los sacó e intentó quitar el cuchillo, una vez que comprobó que Cristine estaba muerta. Y así fue como quedaron las huellas marcadas de esa forma en el arma homicida.
David: No, improbable. Eso es muy rebuscado... tiene mucha más sentido mi argumento. Y por cierto, ¿tienes pruebas para suponer que eso fue así?
Juez: ¡No acuse sin pruebas Eloid! ¿O acaso las tiene?
Eloid: Claro que las tengo, ¡hay un testigo presencial!
Juez: Un testigo...
David: ... ¿¡presencial!?
Eloid: Sí, así es. Se trata de la señorita Ana, tan solo tiene dieciocho años, pero está dispuesta a declarar en contra del acusado. Ella vio todo lo que sucedió y no dudará en contárnoslo.
Amaro: Espere... un momento. ¿Ha dicho usted Ana...? Es como se llama mi hija...
Eloid: Correción, la señorita que va a declarar a continuación es su hija.
Amaro: No... ¡NO ES POSIBLE! Ella no estaba allí, ella no vio nada de lo sucedido - replicó nervioso.
Eloid: Sí, sí es posible. Ella se encontraba allí... ¡Y vio todo lo sucedido!
David: (Perfecto... esto se pone de mal en peor. ¿Por qué no me contó que tenía una hija?)
Juez: ¡Silencio en la sala! ¡¡Silencio!! - el juez pidió silencio acompañando la peteción con unos fuertes golpes de su mazo. - Por favor, acusado, retírese del estrado. Llamo a declarar a la señorita Ana, por favor, alguacil, acompáñela.
Esto va a acabar mal, mi intuición de hombre que conoce a un elfo y que peleó con un vampiro me lo dice.
Etneicapmi res oneub se on, edrat sàm adatnoc res arap airotsih anu se atse.
...
25 de septiembre de 2009, 11:30.
Un ambiente de tristeza se respiraba en la sala en la que ya llevaba media hora metido. Una vez más había demostrado ser un mal abogado, no pude defenderlo como debería haberlo hecho y por culpa de eso... Tendría que pasarse treinta años metido en una cárcel. Sin libertad, sin poder vivir como una persona normal y lo peor, es que sé que él es inocente. ¿Pero de qué me sirve eso si no pude hacer que los demás también lo creyesen? Pobre hombre... No merece eso.
Juez: Después del testimonio de la señorita Ana, no me queda otra que declarar a Amaro Aeno CULPABLE. ¡Se levanta la sesión!
Fui uno de los primeros en abandonar la sala del juicio. No soportaría mirar a la cara a mi ex-cliente, sobretodo tener que contemplar esos ojos llenos de tristeza. Tristeza no por tener que pasar la mayoría del resto de sus días de vida en una cárcel, sino por saber que su hija había sido capaz de traicionarlo de tal forma. De una forma tan cruel...
No tenía destino ahora, pero tampoco quería tenerlo. Lo más probable sería que me fuese a casa a dormir y a intentar olvidarme de este día de perros que ni siquiera había comenzado, pero un fuerte dolor de cabeza me impidió seguir caminando. Fue tan intenso y repentino que hizo que me parase en seco.
- ¡Hola! ¿Qué es de tu vida? Espero que no te haya matado todavía ningún otro vampiro. Ja, ja, ja. Bueno... tal vez te sorprenda que te hable telepáticamente, pero necesito que vayas a tu oficina. Allí nos encontrarás a Romeo y a mí... ¡David! ¡Hoy por fin es el gran día!
Tan de repente como vino, el dolor de cabeza pasó.
Oh, no, hoy no... ¡Hoy no! ¿Por qué justo hoy tiene que serlo? ¿No podría haber sido ayer? No, todo por culpa de la lesión de ese niño de las narices. Desde que apareció sólo consiguió fastidiarme todavía más... Tal vez, si no hubiese parecido, no habría defendido a Amaro en este caso y se habría conseguido a un abogado mejor que lo hubiese librado de la cárcel. Ehh... No, no debo ser tan egoísta. Romeo no tiene la culpa de mi mediocridad.
Mientras pensaba, decidí sentarme en el banco en el que me había quedado dormido esta mañana, y así meditar mejor lo qué hacer.
¿Iré? En la condición psicológica en la que me encuentro no creo que sea de gran ayuda que tengan que cargar con mis repetidas lamentaciones, pero no puedo dejar a Erwin tirado. Le prometí que iría y cumpliré mi promesa... Seré un mal abogado, pero no un faltón. Y seguro que cambiar durante unos días de mundo me viene de perlas... Y pensar que hace unos días decir esto sería tan poco literal...
Me levanté del banco en el que me encontraba sentado y me dispuse a abandonar el tribunal. Cogería un taxi e iría directamente a mi oficina, sin pasar por casa. Quiero olvidarme completamente de este mundo, al menos durante un tiempo.
El primer táxi que me vio en la parada accedió a llevarme a la dirección de trabajo, por tan solo unas 5 monedas. Una vez llegué, abrí la puerta principal y subí las escaleras a todo correr. Abrí la puerta de mi oficina y fui directamente al salón. Como supuse, allí se encontraban Erwin y el niño Romeo, al que había conocido hace un tiempo.
- ¡Hola! ¿Cómo te ha ido el juicio de hoy? - preguntó alegremente el elfo como bienvenida.
- Pss... Lo siento, pero prefiero no hablar de ello. No fue tan bien como esperaba... Entonces, ¿hoy es el día? - contesté, como le dije, no quería hablar de eso ahora.
- Sí, así es. Ahora mismo nos iremos... Y por cierto, Romeo se viene con nosotros... El pobre, después del "accidente" de tus tíos se quedó sin familia... por decirlo de alguna manera somos los únicos que le quedamos. Además tuvo bastante contacto con un vampiro, por lo que es más seguro que venga con nosotros - me explicó Erwin.
- ¡Hola, tío! ¿Cómo te va? - preguntó Romeo a modo de saludo.
- Muy bien, "tío"... Pues que pena, Erwin, pero venga, vámonos ya. Después de hoy no quiero pertenecer más tiempo a este mundo...
- ¿Cómo? Ah, vale vale, el juicio... ¿A qué esperamos entonces? ¡Vámonos! Y por cierto, no hace falta que lleves nada, allí os daré todo lo que necesitáis, para que paséis más desapercibidos - explicó. - ¡Pero ahora! ¡Let's Go! ¡No hay tiempo que perder!
Erwin nos cogió de la mano a los dos (vaya repelús tener que tocarle la mano a un elfo...) y luego comenzó a pronunciar palabras que no entendía, supuse que no estarían en mi idioma. Y enseguida, la habitación comenzó a dar vueltas y vueltas... Haciendo que todo se llenase de una luz blanca y muy intensa.
Esto me mantendría lo suficiente entretenido como para olvidar todo lo que había sucedido en el juicio de hace unos minutos, supongo.