[+13] H*rny God ! [Capítulo 2]
Aquí tienes otro Demian O: ! El Harem Ecchi de Monjas
. Listo, título censurado q__q Por cierto, nada erótico directamente aunque mi recientemente editado título lo sugiera, es un simple juego de palabras.
Advertencia: Personas extremadamente religiosas pueden ofenderse en algún punto del fic.
Espero comentarios O: Tan duros y críticos como deseen.
PD: Sí, 1500 justitas de nuevo. Si hasta le tengo que meter relleno q__q. Pero bueno D: S*ckeo en descriptiva, si no sería un poquito más largo XD.
Advertencia: Personas extremadamente religiosas pueden ofenderse en algún punto del fic.
H*rny God !
Capítulo 1
Capítulo 1
Spoiler
¡Genial! Yo... José Francisco Montalvo ¡Cómo odio mi nombre! Ah sí como decía al fin tendré el dinero para conseguir aquel videojuego tan ridículamente costoso y que mis incomprensibles padres se niegan a comprarme. Estas monjitas pagan bien por simplemente cortarles el césped. Vaya trabajo más fácil para mí, en el verano hacía ese tipo de tareas para mi madre, y para unos cuantos vecinos perezosos.
-Ahh soy un tipo afortunado- suspiré justo antes de cruzar la enorme puerta del colegio para monjas. Ya entiendo por qué pagan tan bien, las limosnas son un gran negocio, esa puerta no debía de ser nada barata...
Lo primero que vi al entrar... ¡El gigantesco patio! Se veía más pequeño por fuera. Mi cara de desagrado y sorpresa eran inocultables ¿Yo cortar todo esto solo? Ya hasta empezaban a parecer tacañas con el pago.
-Jovencito...- oí decir con una voz ronca y desgastada. Volteé al instante, era la madre superiora. Intenté cambiar mi expresión, no se qué cosas pueda llegar a creer si me ve así, y más importante aún no quiero perder este trabajito.
-Eh-eh buenos días- dije algo titubeante, su presencia me abrumaba por alguna razón.
-Pero si es ya media tarde niño- me respondió algo agitada.
-S-sí, disculpe, estaba algo nervioso
-Bueno, lo que sea, pasa por aquí por favor- Me llevó hasta el fondo del lugar por un enorme pasillo, yo me distraía mirando a los lados. Aquel ridículamente grande patio, se notaban grandes matas por todos lados, parece que no será tan fácil como pensé...
De repente, volteé al otro lado, justo donde creía vería a un montón de santurronas sentadas en sus escritorios atentas tomando nota como todas unas nerds.
¿¡Qué rayos?! Ahí estaban, una serie de monjas, jóvenes, de mediana edad, y unas que otras ya por desfallecer, pero... todas me miraban. Más que una mirada amenazadora era... ¿Una mirada lujuriosa? ¡Estaba loco! Seguro que el sofocante calor que hacía hoy y me estaba jugando una mala pasada. Regresé mi mirada al frente ruborizado, tratando de ignorar a mis alucinaciones.
Al fin habíamos llegado, la bodega de mantenimiento, sacó sus llaves, abrió la puerta y me señaló un par de pinzas, un sombrero y un overol de mezclilla. ... ¿Sin podadora? ¿¡Espera que corte el pasto con estas pinzas?! Ya me estoy arrepintiendo... Y ¿Un overol y sombrero? ¿Viene con disfraz y todo pero sin podadora?
-¿Qué esperas?- me preguntó. Se notaba molesta, será mejor que me apure.
Lo tomé algo nervioso, teniendo que agacharme para tomarle del suelo. Sentí que algo me tocaba el trasero, una inusual sensación que me hizo reaccionar asustado dándome una palmada, temí que fuera alguna araña o insecto. Pero... era algo más que un insecto, era algo... grotesco y arrugado lo que sintió mi mano al tocarle...
Levanté la mirada. El temor y la vergüenza me agobiaban. Era... la mano de la madre superiora la que había tocado... o mejor dicho lastimado.
-Niño insolente- me dijo y se retiró con un gesto de enojo.
-Disculpe por favor, ¡Le ruego me disculpe!- decía arrepentido. Pero... ¿Qué hacía su mano en mi trasero? ¿Por qué lo hizo? Decidí dejar de pensar en el asunto, por más que lo pensara no daba con ninguna resolución lógica... todo me llevaba a cosas ridículas como "¿Le gusto?" "¿Será una de esas monjas de películas porno que le tocan el trasero a los jardineros descuidados?" y similares.
Tomé esa "herramienta" apenas y le podía llamar así... Me puse el sombrero en la cabeza, necesitaría aminorar el horrible calor de hoy, pero... ¿Ese overol? ¿Para qué lo quiero?
-Qué sexy eres- alguien mencionó de repente.
-¡¿Qué?!- pregunté confundido buscando de donde venía esa voz y por qué decía esas palabras tan raras ¿Sexy? ¿De qué habla? ¡Seguro se confundió de persona! Eso debe ser...
-Aquí.
-¿Dónde?
-Aquí tontito.
Volteé a todos lados, hasta dar con alguien, una señorita... mejor dicho una monja, una joven monja me miraba libidinosa, al instante retrocedí, llegándome a caer con una escoba llevándome conmigo otros utensilios de esa bodega.
-Ven, te ayudaré- dijo tratando de no romper en carcajadas al verme tirado sobre media bodega.
Tenía el cabello castaño, o eso llegué a ver por lo poco que salía de su traje de monja, una hermosa sonrisa, y unos ojos azules contrastantes con su cabello, no podía ver más, estaba embobado, y su maldito traje no me dejaba.
-E-está bien- respondí a sus amables palabras. Me levanté con ayuda de una de sus manos, aunque me podría levantar solo, no iba a despreciar tocar sus manos. Eran suaves, tal y como lo imaginé.
-Vamos, estoy aburrida, te ayudaré a cortar el cesped- me dijo sonriente.
-¡No, no!- rechacé su ayuda al instante- Una señorita no tiene por qué hacer ese tipo de trabajos ¡Para eso estamos los hombres!- sentí un poco de vergüenza al decir eso, sólo soy un chico de 16 años, flacucho.- O bueno...- agregué sonrojado.
-Jaja, eres todo un hombre, y yo toda una mujer, no soy una diva mimada que no tocaría algo sin guantes.
-Pero...
-Vamos, déjame ayudarte.
-No insistas... yo puedo solo- miraba el piso algo apenado. ¿Estaba bien decir esto? ¿La estoy insultando? ¿Me estoy haciendo el caballeroso? ¡¿O qué?! Mil dudas me pasaban por la cabeza.
-Los hombres... siempre tan testarudos.
-¡Oye! Yo no...
Me tomó de la mano llevándome por el patio contra mi voluntad.
-¡Espera! ¿Qué haces?- fue lo único que decir. Podría haberme liberado, pero me gustaba tener ese mínimo pero agradable contacto.- ¡Al menos dime a donde vamos!- grité agitado.
-Espera y verás- me dijo con una voz risueña. Más de una vez casi me tropiezo con las piedras que se cruzaban en mi amino..
Por fin llegamos, yo algo exhausto tomé un poco de aire, realmente odiaba cosas como correr.
-¿Y así esperabas cortar tú solo el césped de este lugar?- preguntó al notar mi cansancio. Soltó una carcajada apenas terminó de decir eso.
Yo sólo sonreí, me sentía avergonzado por ello, dudaban de mi hombría y fortaleza, pero no me atrevía a decirlo.
-¡Mira!- exclamó señalando un enorme árbol ubicado al fondo del patio, cerca de los rosales.
-¿Eh?- expresé confundido. ¿Un árbol?
-¡Atrás de él!
Al ver que no me movía ni un centímetro me empujó.
-¡Eh!- respondí por reflejo.- Supongo que no tengo otra opción...- resignado caminé hasta él.
Mi sorpresa fue... atrás de ese árbol ¡La podadora de la que tanto me quejé! Sonreí apenas la vi.
-Veo que te gustó.
-¡Y cómo no va a gustarme! Esto me facilitará bastante el trabajo- respondí feliz- ¡Gracias!- por impulso la abracé. Acostumbraba a abrazar como muestra de gratitud, incluso a... hombres.
-Oye qué te pasa- dijo cortante. Yo disfrutaba el abrazo, pero parece que ella en lo absoluto. Me separé de ella apenas lo oí, me sentía raro, como... ¿Rechazado? Miraba el suelo, quería estar en otro lugar, el ambiente se tornó incómodo.
-¡Estaba bromeando tonto!- sentí sus brazos en mi espalda, esta vez era ella la que me abrazaba, estaba totalmente sonrojado, gracias a Dios no podía ver mi cara.
-Rápido, tómala.
-¿El qué?- respondí.
-¡La podadora idiota!-
-Ah sí, sí. Perdón hoy estoy muy distraído... tú sabes, nuevo trabajo- mencioné nervioso.
La tomé firmemente, quería demostrar mi fuerza, no quería que se quedara con la imagen que di al correr.
-Trae acá- ni terminó de decirlo y ya tenía la podadora en sus manos. Ella también la sostenía sin problemas, incluso... mejor que yo.- Yo la usaré...
¡No habrás creído que era para ti! Sólo era para ver qué tan debilucho eras- sonreía burlona.
-¡No soy debilucho!- expresé indignado.
-Sí que lo eres.
-¡No lo soy!
Y así continuamos por un rato, hasta que mi debilucha persona cedió ante ella.
-Entonces... ¡Empece...!- fui interrumpido, sentí una mano en mi espalda.Un escalofrío recorrió mi espalda y otros sitios... seguro que era la madre superiora ¡No he hecho nada! Van como 30 minutos que estoy aquí, seguro que me despiden.
-¿Qué se cree que hace señorita? Usted debería estar ahora en clase.
Me quitó del camino para llevarsela.
-¿Qué es eso que lleva en su mano?- preguntó enojada. Casi se le salían los ojos de lo enojada que estaba.
-¡Lo que usted no lo quiso dar a este debilucho!- gritó rebelde.
¿De-debilucho? ¡¿Qué se cree diciéndolo frente a otra persona?!
-Venga acá, impertinente- la tomó firmemente de la mano. Se intentó liberar pero no pudo.
-¡Hey tú! Debilucho ayúdame- dijo imponente aún con inútiles intentos de liberarse.
E insiste con llamarme así... ya me está empezando a hacer enojar. No hice nada, no podía... yo quería, pero no estaba dispuesto a perder el trabajo. No dije nada... sólo la vi irse contra su voluntad, esta vez sí me sentía todo un debilucho. Intentaba ocultar mi desdichada cara mirando los rosales, ignorando sus gritos.
Ya que estaba fuera de mi vista... Preferí concentrarme en lo que se supone vine a hacer, ¡Cortar el maldito césped! Pero quedé como en el principio... sin podadora, lo tendré que hacer con estas pinzas y mis manos. No pude evitar dar un suspiro observando de cabo a rabo el "patio".
Continuará...
-Ahh soy un tipo afortunado- suspiré justo antes de cruzar la enorme puerta del colegio para monjas. Ya entiendo por qué pagan tan bien, las limosnas son un gran negocio, esa puerta no debía de ser nada barata...
Lo primero que vi al entrar... ¡El gigantesco patio! Se veía más pequeño por fuera. Mi cara de desagrado y sorpresa eran inocultables ¿Yo cortar todo esto solo? Ya hasta empezaban a parecer tacañas con el pago.
-Jovencito...- oí decir con una voz ronca y desgastada. Volteé al instante, era la madre superiora. Intenté cambiar mi expresión, no se qué cosas pueda llegar a creer si me ve así, y más importante aún no quiero perder este trabajito.
-Eh-eh buenos días- dije algo titubeante, su presencia me abrumaba por alguna razón.
-Pero si es ya media tarde niño- me respondió algo agitada.
-S-sí, disculpe, estaba algo nervioso
-Bueno, lo que sea, pasa por aquí por favor- Me llevó hasta el fondo del lugar por un enorme pasillo, yo me distraía mirando a los lados. Aquel ridículamente grande patio, se notaban grandes matas por todos lados, parece que no será tan fácil como pensé...
De repente, volteé al otro lado, justo donde creía vería a un montón de santurronas sentadas en sus escritorios atentas tomando nota como todas unas nerds.
¿¡Qué rayos?! Ahí estaban, una serie de monjas, jóvenes, de mediana edad, y unas que otras ya por desfallecer, pero... todas me miraban. Más que una mirada amenazadora era... ¿Una mirada lujuriosa? ¡Estaba loco! Seguro que el sofocante calor que hacía hoy y me estaba jugando una mala pasada. Regresé mi mirada al frente ruborizado, tratando de ignorar a mis alucinaciones.
Al fin habíamos llegado, la bodega de mantenimiento, sacó sus llaves, abrió la puerta y me señaló un par de pinzas, un sombrero y un overol de mezclilla. ... ¿Sin podadora? ¿¡Espera que corte el pasto con estas pinzas?! Ya me estoy arrepintiendo... Y ¿Un overol y sombrero? ¿Viene con disfraz y todo pero sin podadora?
-¿Qué esperas?- me preguntó. Se notaba molesta, será mejor que me apure.
Lo tomé algo nervioso, teniendo que agacharme para tomarle del suelo. Sentí que algo me tocaba el trasero, una inusual sensación que me hizo reaccionar asustado dándome una palmada, temí que fuera alguna araña o insecto. Pero... era algo más que un insecto, era algo... grotesco y arrugado lo que sintió mi mano al tocarle...
Levanté la mirada. El temor y la vergüenza me agobiaban. Era... la mano de la madre superiora la que había tocado... o mejor dicho lastimado.
-Niño insolente- me dijo y se retiró con un gesto de enojo.
-Disculpe por favor, ¡Le ruego me disculpe!- decía arrepentido. Pero... ¿Qué hacía su mano en mi trasero? ¿Por qué lo hizo? Decidí dejar de pensar en el asunto, por más que lo pensara no daba con ninguna resolución lógica... todo me llevaba a cosas ridículas como "¿Le gusto?" "¿Será una de esas monjas de películas porno que le tocan el trasero a los jardineros descuidados?" y similares.
Tomé esa "herramienta" apenas y le podía llamar así... Me puse el sombrero en la cabeza, necesitaría aminorar el horrible calor de hoy, pero... ¿Ese overol? ¿Para qué lo quiero?
-Qué sexy eres- alguien mencionó de repente.
-¡¿Qué?!- pregunté confundido buscando de donde venía esa voz y por qué decía esas palabras tan raras ¿Sexy? ¿De qué habla? ¡Seguro se confundió de persona! Eso debe ser...
-Aquí.
-¿Dónde?
-Aquí tontito.
Volteé a todos lados, hasta dar con alguien, una señorita... mejor dicho una monja, una joven monja me miraba libidinosa, al instante retrocedí, llegándome a caer con una escoba llevándome conmigo otros utensilios de esa bodega.
-Ven, te ayudaré- dijo tratando de no romper en carcajadas al verme tirado sobre media bodega.
Tenía el cabello castaño, o eso llegué a ver por lo poco que salía de su traje de monja, una hermosa sonrisa, y unos ojos azules contrastantes con su cabello, no podía ver más, estaba embobado, y su maldito traje no me dejaba.
-E-está bien- respondí a sus amables palabras. Me levanté con ayuda de una de sus manos, aunque me podría levantar solo, no iba a despreciar tocar sus manos. Eran suaves, tal y como lo imaginé.
-Vamos, estoy aburrida, te ayudaré a cortar el cesped- me dijo sonriente.
-¡No, no!- rechacé su ayuda al instante- Una señorita no tiene por qué hacer ese tipo de trabajos ¡Para eso estamos los hombres!- sentí un poco de vergüenza al decir eso, sólo soy un chico de 16 años, flacucho.- O bueno...- agregué sonrojado.
-Jaja, eres todo un hombre, y yo toda una mujer, no soy una diva mimada que no tocaría algo sin guantes.
-Pero...
-Vamos, déjame ayudarte.
-No insistas... yo puedo solo- miraba el piso algo apenado. ¿Estaba bien decir esto? ¿La estoy insultando? ¿Me estoy haciendo el caballeroso? ¡¿O qué?! Mil dudas me pasaban por la cabeza.
-Los hombres... siempre tan testarudos.
-¡Oye! Yo no...
Me tomó de la mano llevándome por el patio contra mi voluntad.
-¡Espera! ¿Qué haces?- fue lo único que decir. Podría haberme liberado, pero me gustaba tener ese mínimo pero agradable contacto.- ¡Al menos dime a donde vamos!- grité agitado.
-Espera y verás- me dijo con una voz risueña. Más de una vez casi me tropiezo con las piedras que se cruzaban en mi amino..
Por fin llegamos, yo algo exhausto tomé un poco de aire, realmente odiaba cosas como correr.
-¿Y así esperabas cortar tú solo el césped de este lugar?- preguntó al notar mi cansancio. Soltó una carcajada apenas terminó de decir eso.
Yo sólo sonreí, me sentía avergonzado por ello, dudaban de mi hombría y fortaleza, pero no me atrevía a decirlo.
-¡Mira!- exclamó señalando un enorme árbol ubicado al fondo del patio, cerca de los rosales.
-¿Eh?- expresé confundido. ¿Un árbol?
-¡Atrás de él!
Al ver que no me movía ni un centímetro me empujó.
-¡Eh!- respondí por reflejo.- Supongo que no tengo otra opción...- resignado caminé hasta él.
Mi sorpresa fue... atrás de ese árbol ¡La podadora de la que tanto me quejé! Sonreí apenas la vi.
-Veo que te gustó.
-¡Y cómo no va a gustarme! Esto me facilitará bastante el trabajo- respondí feliz- ¡Gracias!- por impulso la abracé. Acostumbraba a abrazar como muestra de gratitud, incluso a... hombres.
-Oye qué te pasa- dijo cortante. Yo disfrutaba el abrazo, pero parece que ella en lo absoluto. Me separé de ella apenas lo oí, me sentía raro, como... ¿Rechazado? Miraba el suelo, quería estar en otro lugar, el ambiente se tornó incómodo.
-¡Estaba bromeando tonto!- sentí sus brazos en mi espalda, esta vez era ella la que me abrazaba, estaba totalmente sonrojado, gracias a Dios no podía ver mi cara.
-Rápido, tómala.
-¿El qué?- respondí.
-¡La podadora idiota!-
-Ah sí, sí. Perdón hoy estoy muy distraído... tú sabes, nuevo trabajo- mencioné nervioso.
La tomé firmemente, quería demostrar mi fuerza, no quería que se quedara con la imagen que di al correr.
-Trae acá- ni terminó de decirlo y ya tenía la podadora en sus manos. Ella también la sostenía sin problemas, incluso... mejor que yo.- Yo la usaré...
¡No habrás creído que era para ti! Sólo era para ver qué tan debilucho eras- sonreía burlona.
-¡No soy debilucho!- expresé indignado.
-Sí que lo eres.
-¡No lo soy!
Y así continuamos por un rato, hasta que mi debilucha persona cedió ante ella.
-Entonces... ¡Empece...!- fui interrumpido, sentí una mano en mi espalda.Un escalofrío recorrió mi espalda y otros sitios... seguro que era la madre superiora ¡No he hecho nada! Van como 30 minutos que estoy aquí, seguro que me despiden.
-¿Qué se cree que hace señorita? Usted debería estar ahora en clase.
Me quitó del camino para llevarsela.
-¿Qué es eso que lleva en su mano?- preguntó enojada. Casi se le salían los ojos de lo enojada que estaba.
-¡Lo que usted no lo quiso dar a este debilucho!- gritó rebelde.
¿De-debilucho? ¡¿Qué se cree diciéndolo frente a otra persona?!
-Venga acá, impertinente- la tomó firmemente de la mano. Se intentó liberar pero no pudo.
-¡Hey tú! Debilucho ayúdame- dijo imponente aún con inútiles intentos de liberarse.
E insiste con llamarme así... ya me está empezando a hacer enojar. No hice nada, no podía... yo quería, pero no estaba dispuesto a perder el trabajo. No dije nada... sólo la vi irse contra su voluntad, esta vez sí me sentía todo un debilucho. Intentaba ocultar mi desdichada cara mirando los rosales, ignorando sus gritos.
Ya que estaba fuera de mi vista... Preferí concentrarme en lo que se supone vine a hacer, ¡Cortar el maldito césped! Pero quedé como en el principio... sin podadora, lo tendré que hacer con estas pinzas y mis manos. No pude evitar dar un suspiro observando de cabo a rabo el "patio".
Continuará...
Espero comentarios O: Tan duros y críticos como deseen.
PD: Sí, 1500 justitas de nuevo. Si hasta le tengo que meter relleno q__q. Pero bueno D: S*ckeo en descriptiva, si no sería un poquito más largo XD.



Sólo tengo buenos recuerdos de ustedes y de este agradable lugar también.







XD XD XD XD XD XD, ¿qué? Las tramas no sobresaldrán mucho, pero la chicas están bien bue… bonitas 











