La Dama Dormida
El Caballero entró a la recámara de la dama. La encontró dormida, en un presagio de siglos. Recorrió los amplios pasillos donde todos los personajes de la Corte tenían los ojos cerrados; el palafrenero, los ujieres, los guardias, los animales aletargados en las manos somnolientas de un verdugo doméstico.
Se escuchó unos golpes fuertes. Subió las extensas graderías y dejó atrás el espacio de los blasones, que tenían como divisa a águilas bifrontes, en un campo púrpura. Llegó una habitación circular, que supuso como una torre. Encendió una antorcha. Aun lado, el caballero se reflejó en un espejo que produjo una faz distorsionada. No encontró la expresión de su cara y supuso que los años pasaron también por sus ojos.
Abrió la ventana gastada por donde se filtró una luz que le lastimó el penacho. Frente a él se encontraba un ser prodigioso. Tenía patas de buey y cola de serpiente. El monstruo bajó la cabeza. Se acercó con su aliento fétido. En su pupila enorme, esta vez, el hombre distinguió su rostro.
Obra Original: La Dame Endormie - Le Fablier du Dragon
Se escuchó unos golpes fuertes. Subió las extensas graderías y dejó atrás el espacio de los blasones, que tenían como divisa a águilas bifrontes, en un campo púrpura. Llegó una habitación circular, que supuso como una torre. Encendió una antorcha. Aun lado, el caballero se reflejó en un espejo que produjo una faz distorsionada. No encontró la expresión de su cara y supuso que los años pasaron también por sus ojos.
Abrió la ventana gastada por donde se filtró una luz que le lastimó el penacho. Frente a él se encontraba un ser prodigioso. Tenía patas de buey y cola de serpiente. El monstruo bajó la cabeza. Se acercó con su aliento fétido. En su pupila enorme, esta vez, el hombre distinguió su rostro.
Obra Original: La Dame Endormie - Le Fablier du Dragon


